La evolución de un "10 en la sociedad"... a un "10 y medio" en lo personal :)
(Cuquina, para ti. Publico este archivo porque tus comentarios me han recordado este texto que escribí hace ya unos cuantos meses...)
Mi historia personal no tiene nada más especial que la de cualquier otra persona en mi situación actual. Pero es cierto que para recorrer y vivir en mi situación personal actual se requiere tiempo, fuerza de voluntad, un poco de suerte... y sobretodo sinceridad.
Yo siempre he vivido como un chico modelo en esta sociedad. Me he criado con esa presión de crear unas buenas expectativas sobre mi vida en general, y por ello, nunca me había planteado estilos de vida que se alejaran de lo que se consideraba “diez”, y lo hice hasta tal punto, que ni siquiera me permitía sentir lo que desde mi interior salía. En mi día a día, parecía que disfrutar era pecado, que mi único objetivo consistía en hacer feliz a mi familia alcanzando esos cánones que ellos mismos me habían propuesto, independientemente de lo que yo pensara o sintiera. Cualquier decisión propia no era bien aceptada, y negación tras negación, acabé por no intentarlo más y probar de ser feliz con esas reglas impuestas por mis padres, creyendo que, al fin y al cabo, si tanto me querían, no debían de ser tan malas ya que se supone que ellos quieren lo mejor para sus hijos.
Poco a poco fui creciendo con esa mentalidad tan equivocada. Existía una felicidad superficial que hizo que me conformase durante unos años. Mi vida cuadraba perfectamente hasta entonces en una rutina diaria bien programada y “sin errores” dentro de ese estilo de vida tan “perfecto” que se me había propuesto. Sin embargo, como cualquier persona que crece intelectualmente con los años, llegó un momento en el que supe que me estaba equivocando, que debía rectificar urgentemente y revisar esa normativa en la que me veía sumergido, ya que había opciones en la vida que no se me habían permitido abordar, pero que realmente me aportaban una felicidad duradera (esa es la buena) que jamás había experimentado antes (podría decir que no fui capaz de sentir hasta pasar los años de adolescencia...).
Mi cabeza siempre ha dado vueltas, intentando aprender sobre la vida, con tal de alcanzar el objetivo por el cual creo que todos nos movemos, y que consiste en “SER FELIZ”. Parece ser algo muy obvio, pero también parece ser que en la sociedad en la que nos movemos hoy en día no se nos permite demasiado e incluso dejamos de pensar en algo tan importante como esto. Así pues, teniendo esto claro y con algunas herramientas ya en mi consciencia (sinceridad, transparencia y algo de autoestima) se me permitía llegar más allá en estos pensamientos que cada día pasaban por mi cabeza... y poco a poco fui dejándome llevar (con los pies en el suelo y usando la razón como se debe) con tal de conseguir ese objetivo, aunque fuese alejándose de mi estilo de vida anterior.
Así pues, un lunes por la noche estando en casa, pensando como de costumbre, me di cuenta de lo que en mi interior llevaba escondido desde hacía tanto tiempo. Yo estaba mal, derrotado, sin ganas de hacer nada... simplemente me desahogaba cada día derramando más y más lágrimas, inmerso en la ansiedad y la depresión. Tuve varios problemas personales (dejar una relación con una chica después de 2 años, entre otros) pero ya hacía tiempo que habían ocurrido y sabía perfectamente que estaban superados, con lo cual, debía existir algo nuevo de lo que no me había dado cuenta y que, sin embargo, provocaba ese estado de ánimo en mí. Cuando me di cuenta, debía empezar por aceptar una “nueva” sexualidad. Es un proceso muy largo en el cual se encuentran inmersas muchas personas y en el que, por desgracia, la mayoría de gente deja de luchar y se resignan a su infelicidad por el resto de sus días.
Nadie debería dejar de luchar por las cosas buenas en la vida que consiguen una felicidad a largo plazo, y por ello, yo no iba a abandonar el proceso de aceptación y adaptación en una sociedad que aún no contempla la homosexualidad como algo totalmente natural (también es cierto que cada día se avanza más, pero está claro que aún falta mucho por recorrer). Había valores en mi interior que habían cambiado, o mejor dicho, que habían salido hacia mi consciente. Porque ahora que lo sé, miro atrás y me doy cuenta de todas esas señales que apuntaban a que yo era homosexual; pero claro, en la vida en la que yo anteriormente estaba cuadrado, automáticamente se almacenaban en el inconsciente y tiraba para adelante con tal de no defraudar a nadie.
Después de un año de depresión y ansiedad (en tratamiento por el médico de cabecera) me di cuenta que se podía ser como uno es, sin limitar su vida personal, profesional o estudiantil, pero siendo homosexual. Es decir, que podía ser como una persona cualquiera frente a la sociedad, con esa única diferencia de tener la capacidad de que mis sentimientos se despertaran hacia una persona del mismo sexo y no del contrario. Es bastante obvio que se puede ser así, y también está claro que es lo mejor para cualquier persona, así que no tardé en llevar a cabo ese estilo de vida con total naturalidad. Estudio y trabajo, y no pienso descuidar de nuevo ambas cosas como lo hice en su día por culpa de una decisión errónea. Hoy en día rindo más que nunca en ambos aspectos, pero sobretodo, soy más feliz y me siento más lleno que nunca.
En mi caso, he adquirido una forma de vivir esta homosexualidad que creo muy positiva. Siempre he presumido de ser una persona transparente y sincera, y como tal, no niego mi condición, aunque tampoco lo llevo escrito en la frente y gritándolo a los cuatro vientos (los heterosexuales no van diciendo día a día que son así, heterosexuales; simplemente viven su condición). Mis amigos lo saben todos, en mi clase también, mi trabajo, mi equipo... todo mi entorno que me conoce mínimamente lo sabe.
La homosexualidad no es una opción. Se crece con ello y desde el momento en que tenemos uso de razón podemos darnos cuenta de nuestra condición. Por desgracia, en esta sociedad hay grupos (cada vez más pequeños por suerte) de personas que se rigen por unas normas totalmente contrarias a algo que no es de elección sino que se lleva (es como reprimir a las personas que tienen los ojos azules, o tienen pecas... una gran estupidez). Esto no es una mera cuestión de sexo como mucha gente piensa (muchos de los que no lo aceptan creen que se trata de morbo y lujuria), sino que es una cuestión de sentimientos, de eso que puede crecer en nuestro interior y hacernos más feliz que nada. Algo con un poder tan grande como eso no se debe pasar por alto, ya que todos debemos ser merecedores de sentir y ser felices... seamos guapos o feos, altos o bajos, rubios o morenos, blancos o negros, homosexuales o heterosexuales. Después de todo, en la vida se debe de ser uno mismo y ser feliz.
Mi historia personal no tiene nada más especial que la de cualquier otra persona en mi situación actual. Pero es cierto que para recorrer y vivir en mi situación personal actual se requiere tiempo, fuerza de voluntad, un poco de suerte... y sobretodo sinceridad.
Yo siempre he vivido como un chico modelo en esta sociedad. Me he criado con esa presión de crear unas buenas expectativas sobre mi vida en general, y por ello, nunca me había planteado estilos de vida que se alejaran de lo que se consideraba “diez”, y lo hice hasta tal punto, que ni siquiera me permitía sentir lo que desde mi interior salía. En mi día a día, parecía que disfrutar era pecado, que mi único objetivo consistía en hacer feliz a mi familia alcanzando esos cánones que ellos mismos me habían propuesto, independientemente de lo que yo pensara o sintiera. Cualquier decisión propia no era bien aceptada, y negación tras negación, acabé por no intentarlo más y probar de ser feliz con esas reglas impuestas por mis padres, creyendo que, al fin y al cabo, si tanto me querían, no debían de ser tan malas ya que se supone que ellos quieren lo mejor para sus hijos.
Poco a poco fui creciendo con esa mentalidad tan equivocada. Existía una felicidad superficial que hizo que me conformase durante unos años. Mi vida cuadraba perfectamente hasta entonces en una rutina diaria bien programada y “sin errores” dentro de ese estilo de vida tan “perfecto” que se me había propuesto. Sin embargo, como cualquier persona que crece intelectualmente con los años, llegó un momento en el que supe que me estaba equivocando, que debía rectificar urgentemente y revisar esa normativa en la que me veía sumergido, ya que había opciones en la vida que no se me habían permitido abordar, pero que realmente me aportaban una felicidad duradera (esa es la buena) que jamás había experimentado antes (podría decir que no fui capaz de sentir hasta pasar los años de adolescencia...).
Mi cabeza siempre ha dado vueltas, intentando aprender sobre la vida, con tal de alcanzar el objetivo por el cual creo que todos nos movemos, y que consiste en “SER FELIZ”. Parece ser algo muy obvio, pero también parece ser que en la sociedad en la que nos movemos hoy en día no se nos permite demasiado e incluso dejamos de pensar en algo tan importante como esto. Así pues, teniendo esto claro y con algunas herramientas ya en mi consciencia (sinceridad, transparencia y algo de autoestima) se me permitía llegar más allá en estos pensamientos que cada día pasaban por mi cabeza... y poco a poco fui dejándome llevar (con los pies en el suelo y usando la razón como se debe) con tal de conseguir ese objetivo, aunque fuese alejándose de mi estilo de vida anterior.
Así pues, un lunes por la noche estando en casa, pensando como de costumbre, me di cuenta de lo que en mi interior llevaba escondido desde hacía tanto tiempo. Yo estaba mal, derrotado, sin ganas de hacer nada... simplemente me desahogaba cada día derramando más y más lágrimas, inmerso en la ansiedad y la depresión. Tuve varios problemas personales (dejar una relación con una chica después de 2 años, entre otros) pero ya hacía tiempo que habían ocurrido y sabía perfectamente que estaban superados, con lo cual, debía existir algo nuevo de lo que no me había dado cuenta y que, sin embargo, provocaba ese estado de ánimo en mí. Cuando me di cuenta, debía empezar por aceptar una “nueva” sexualidad. Es un proceso muy largo en el cual se encuentran inmersas muchas personas y en el que, por desgracia, la mayoría de gente deja de luchar y se resignan a su infelicidad por el resto de sus días.
Nadie debería dejar de luchar por las cosas buenas en la vida que consiguen una felicidad a largo plazo, y por ello, yo no iba a abandonar el proceso de aceptación y adaptación en una sociedad que aún no contempla la homosexualidad como algo totalmente natural (también es cierto que cada día se avanza más, pero está claro que aún falta mucho por recorrer). Había valores en mi interior que habían cambiado, o mejor dicho, que habían salido hacia mi consciente. Porque ahora que lo sé, miro atrás y me doy cuenta de todas esas señales que apuntaban a que yo era homosexual; pero claro, en la vida en la que yo anteriormente estaba cuadrado, automáticamente se almacenaban en el inconsciente y tiraba para adelante con tal de no defraudar a nadie.
Después de un año de depresión y ansiedad (en tratamiento por el médico de cabecera) me di cuenta que se podía ser como uno es, sin limitar su vida personal, profesional o estudiantil, pero siendo homosexual. Es decir, que podía ser como una persona cualquiera frente a la sociedad, con esa única diferencia de tener la capacidad de que mis sentimientos se despertaran hacia una persona del mismo sexo y no del contrario. Es bastante obvio que se puede ser así, y también está claro que es lo mejor para cualquier persona, así que no tardé en llevar a cabo ese estilo de vida con total naturalidad. Estudio y trabajo, y no pienso descuidar de nuevo ambas cosas como lo hice en su día por culpa de una decisión errónea. Hoy en día rindo más que nunca en ambos aspectos, pero sobretodo, soy más feliz y me siento más lleno que nunca.
En mi caso, he adquirido una forma de vivir esta homosexualidad que creo muy positiva. Siempre he presumido de ser una persona transparente y sincera, y como tal, no niego mi condición, aunque tampoco lo llevo escrito en la frente y gritándolo a los cuatro vientos (los heterosexuales no van diciendo día a día que son así, heterosexuales; simplemente viven su condición). Mis amigos lo saben todos, en mi clase también, mi trabajo, mi equipo... todo mi entorno que me conoce mínimamente lo sabe.
La homosexualidad no es una opción. Se crece con ello y desde el momento en que tenemos uso de razón podemos darnos cuenta de nuestra condición. Por desgracia, en esta sociedad hay grupos (cada vez más pequeños por suerte) de personas que se rigen por unas normas totalmente contrarias a algo que no es de elección sino que se lleva (es como reprimir a las personas que tienen los ojos azules, o tienen pecas... una gran estupidez). Esto no es una mera cuestión de sexo como mucha gente piensa (muchos de los que no lo aceptan creen que se trata de morbo y lujuria), sino que es una cuestión de sentimientos, de eso que puede crecer en nuestro interior y hacernos más feliz que nada. Algo con un poder tan grande como eso no se debe pasar por alto, ya que todos debemos ser merecedores de sentir y ser felices... seamos guapos o feos, altos o bajos, rubios o morenos, blancos o negros, homosexuales o heterosexuales. Después de todo, en la vida se debe de ser uno mismo y ser feliz.
Comentario:
te quieres casar conmigo? jijiji