La envidia me corroe
Últimamente me he dado cuenta de que me corroe una envidia muy podrida, muy poco sana, y me hace sentir bastante miserable.
Parece ser que ya es oficial, soy un amargado. No sé si a alguno de vosotros os habrá pasado alguna vez, pero espero que no. Es un sentimiento asqueroso.
No sé muy bien cómo empezar a explicarlo. Me he quedado parado al final del párrafo. Normalmente, cuando estoy en MSN (mi única vida social, aparentemente) y hablo con mis amistades, hay veces en las que me empiezan a contar vida y milagros. Que si han estado haciendo esto, que si mañana tienen que hacer lo otro, que si un amigo le dijo tal, que si una amiga le contó lo otro... En fin, lo típico. Pues lo típico me da envidia.
Me da como rabia ver a la gente feliz. No les deseo desgracia, no vayáis a pensar mal. Me doy rabia de mí mismo. Todo el mundo parece tener una vida social menos yo, que estoy aquí, pudriéndome en mi casa, con un futuro incierto, sin saber siquiera qué es lo que me gustaría hacer llegados al punto de necesitar un trabajo o tener que estudiar algo.
Ahora parece ser una mala época para esta envidia tan asquerosa que tengo, pues muchas de las personas que conozco, que son más o menos de mi edad, andan de exámenes finales y acabando el colegio (por lo menos mis amigos ingleses). Que si tienen fiesta, que si les han dejado no sé cuantos mensajes de despedida en su MySpace, que si luego irán a no sé dónde... En fin, me siento como si me lo estuviesen restregando por toda la cara, aunque sé que eso no es así. Tampoco les puedo decir que paren de hablarme de su gente o de sus cosas... Quedaría fatal, y lo único que conseguiría con eso es que la gente me evitase.
Y nada, eso es lo que estaba pensando ahora mismo.
Quería soltarlo, pero no sé si sirve de mucho. Sigo siendo un envidioso asqueroso.
Parece ser que ya es oficial, soy un amargado. No sé si a alguno de vosotros os habrá pasado alguna vez, pero espero que no. Es un sentimiento asqueroso.
No sé muy bien cómo empezar a explicarlo. Me he quedado parado al final del párrafo. Normalmente, cuando estoy en MSN (mi única vida social, aparentemente) y hablo con mis amistades, hay veces en las que me empiezan a contar vida y milagros. Que si han estado haciendo esto, que si mañana tienen que hacer lo otro, que si un amigo le dijo tal, que si una amiga le contó lo otro... En fin, lo típico. Pues lo típico me da envidia.
Me da como rabia ver a la gente feliz. No les deseo desgracia, no vayáis a pensar mal. Me doy rabia de mí mismo. Todo el mundo parece tener una vida social menos yo, que estoy aquí, pudriéndome en mi casa, con un futuro incierto, sin saber siquiera qué es lo que me gustaría hacer llegados al punto de necesitar un trabajo o tener que estudiar algo.
Ahora parece ser una mala época para esta envidia tan asquerosa que tengo, pues muchas de las personas que conozco, que son más o menos de mi edad, andan de exámenes finales y acabando el colegio (por lo menos mis amigos ingleses). Que si tienen fiesta, que si les han dejado no sé cuantos mensajes de despedida en su MySpace, que si luego irán a no sé dónde... En fin, me siento como si me lo estuviesen restregando por toda la cara, aunque sé que eso no es así. Tampoco les puedo decir que paren de hablarme de su gente o de sus cosas... Quedaría fatal, y lo único que conseguiría con eso es que la gente me evitase.
Y nada, eso es lo que estaba pensando ahora mismo.
Quería soltarlo, pero no sé si sirve de mucho. Sigo siendo un envidioso asqueroso.
Y después, le cargo la burra al vecino
Bueno, qué queréis, me ha dado por hacer frasecitas con la burra.
En fin, anoche no dormí nada. Pero lo que es nada, ni lo intenté. En realidad, no es porque estuviese nervioso, sino simplemente porque no quise. Tuve esa venada, y además me apetecía pensar un poco más en mis cosas (y mira que pienso demasiado al cabo del día). Para que veais las tonterías que hago.
Por la mañana vino un pavo a instalarnos un teléfono fijo, porque había una promoción o no sé qué rollos con la compañía que me tiene Internet puesto. Mi madre, que es muy habladora, le empezó a contar vida y milagros, y claro, con tanto dato, el tío cayó en que conocía a mi madre y también a mi padre. Resulta que el tío este era de mi pueblo. El mundo es un pañuelo, y nosotros, los mocos. Aunque a mí esa ley cósmica no me furrula, porque a mí las coincidencias raramente me ocurren. Claro que tampoco voy a esperar a que llamen a la puerta de mi casa.
Luego llegó mi padre. Serían las dos. El pavo del teléfono seguía aquí y bueno, lo típico... "¡Hombre! ¡Cuánto tiempo! Blablabla...". Yo estaba que me comía las uñas, los dedos y las manos directamente, porque quería soltarlo YA.
Nada más que se fue el tío este, y mi madre le iba a servir la comida a mi padre, yo ya le dije "¿Qué tal andas de estómago?". Mi padre, que no es tonto, ya se olía que le iba a soltar alguna. Vacilaba en contestar la pregunta, se la tuve que repetir dos veces. Y yo, que soy tan delicado y tengo tanto tacto, le suelto "¿Te hace ilusión ser abuelo?". La cara que me puso fue un poema. Éste se pensaba que había dejado preñada a alguna tronca, así que antes de que dijese nada, mi madre ya saltó "Piensa en la pregunta, que no es que tu hijo haya dejado a alguna preñada".
Aquí yo ya estaba pensando, ¿qué coño de salida de armario de mis narices es esta? Si parece que estamos jugando al Trivial Pursuit ese... "Piensa la pregunta". Ay, qué cutre-salchicheros que somos a veces. En fin, al final se lo solté de golpe, a mi manera.
"¡Que soy gay, leche!".
¡Shock, horror! Bueno, shock sí, horror no. Él no se lo esperaba, lógicamente, pero no le pareció mal. Tampoco le pareció bien. Simplemente era una cosa normal. De ahí empezamos a hablar del tema, de lo que he estado pasando todos estos años, de lo que ha estado pasando mi madre viéndome mal cada dos por tres, de mis luchas internas cuando me lo tuve callado para mí solo cuando era pequeño, de mis filosofías de la vida y todos los rollos repollos estos.
Mi madre, tan cojonuda ella, se dedicó a poner a la gente en dos grupos: Salidos y no-salidos, porque claro, tenía que dejar claro que su hijo no era gay por vicio o alguna chorrada parecida. También mi padre me preguntó si estaba seguro (la misma pregunta que me hizo mi madre en su día), y que si no había probado, que cómo lo sabía. Yo claro, para dejar las cosas claras, lo dije de una forma muy fácil de entender. "Si veo una tía en pelotas, me quedo igual. Si veo un tío en pelotas, pues no". En fin, situaciones no muy cómodas que digamos, pero al menos hay confianza.
Él se atrevió a decir que igual si probaba con un tío no me gustaba y cambiaba de condición. Mi padre, aunque sea tolerante e incluso tenga amigos gay, tiene esos puntos. El tío todavía lo estaba asimilando, así que me imagino que lo soltó sin pensar mucho. Yo ya le dejé claro que yo no me levanté una mañana diciendo que me iban a gustar los hombres, al igual que él no se levantó una mañana diciendo que le iban a gustar las mujeres. No se elije, y no se puede cambiar, por mucho asco que a uno le pueda dar el sexo (que conste que a mí el sexo no me da asco, ¿eh?).
La verdad es que no me siento ni mejor ni peor por haberlo dicho. Lo único es que ahora mi padre se va a tener que pasar tiempo analizando mi comportamiento en el pasado para entenderme mejor, ya que para él siempre he tenido cosas raras. Ahora sabe por qué he tenido bajones y por qué he decidido no hacer ciertas cosas, y conociéndole, y aunque el no sea un hombre muy delicado que digamos, sé que puede llorar. Le cargué la burra.
Pero al menos, ahora puede atar cabos y entenderme.
La gracia es que él ya había pensado anteriormente que yo era gay, porque como cuando tocaba el tema de las novias y tal, yo no decía mucho... Hasta una de mis tías a veces también me las tira, porque no es la primera vez que me pregunta "Oye, ¿y ya tienes novia? O novio, eh, ¡ojo! Que eso da igual, jeje".
A mí no se me nota nada, no tengo pluma, pero está claro que es una cosa de la que tarde o temprano todo el mundo se entera aunque no des explicaciones, a no ser que te empeñes en negarte a tí mismo y hacer como muchos hombres y mujeres desgraciados que se casan y tienen hijos sólo por hacer el paripé y esconderse... Cosa que no va conmigo.
En fin, yo se lo cuento a mis padres porque siempre he tenido una buena relación con ellos y sé que tienen derecho a saberlo, a entenderme y a apoyarme. También sé que no todo el mundo tiene esta suerte, y en vez de a los padres, se lo cuentan a los amigos o a otros familiares. Eso depende de cada uno. Yo no tengo amigos (sin contar a las amistades de Internet), por eso mi única válvula de escape son mis padres.
La putada es que sé de gente que aparentemente no tiene a nadie, y eso a mí me da rabia. Javi, que ha estado comentando en mi blog, es uno de ellos. También tengo dos amigos ingleses que están en una situación parecida. Sí, ingleses. La mayoría de amistades que hago en Internet son de fuera de España. Se me da muy bien el Inglés, al menos escrito. Pronunciarlo y entenderlo cuando me hablan es otra historia, porque les hago repetir las cosas despacio...
Bueno, aquí lo dejo. Iba a hacer un post cortito pero al final me enrollo y me voy por las ramas, como siempre. ¿Veis como soy un pesao? Se nota que en mi casa no hablo mucho y luego me emociono.
Un beso a todos los que me leeis. Me hace sentir mejor saber que al menos puedo compartir experiencia con la gente en vez de guardármelo todo de mala manera.
En fin, anoche no dormí nada. Pero lo que es nada, ni lo intenté. En realidad, no es porque estuviese nervioso, sino simplemente porque no quise. Tuve esa venada, y además me apetecía pensar un poco más en mis cosas (y mira que pienso demasiado al cabo del día). Para que veais las tonterías que hago.
Por la mañana vino un pavo a instalarnos un teléfono fijo, porque había una promoción o no sé qué rollos con la compañía que me tiene Internet puesto. Mi madre, que es muy habladora, le empezó a contar vida y milagros, y claro, con tanto dato, el tío cayó en que conocía a mi madre y también a mi padre. Resulta que el tío este era de mi pueblo. El mundo es un pañuelo, y nosotros, los mocos. Aunque a mí esa ley cósmica no me furrula, porque a mí las coincidencias raramente me ocurren. Claro que tampoco voy a esperar a que llamen a la puerta de mi casa.
Luego llegó mi padre. Serían las dos. El pavo del teléfono seguía aquí y bueno, lo típico... "¡Hombre! ¡Cuánto tiempo! Blablabla...". Yo estaba que me comía las uñas, los dedos y las manos directamente, porque quería soltarlo YA.
Nada más que se fue el tío este, y mi madre le iba a servir la comida a mi padre, yo ya le dije "¿Qué tal andas de estómago?". Mi padre, que no es tonto, ya se olía que le iba a soltar alguna. Vacilaba en contestar la pregunta, se la tuve que repetir dos veces. Y yo, que soy tan delicado y tengo tanto tacto, le suelto "¿Te hace ilusión ser abuelo?". La cara que me puso fue un poema. Éste se pensaba que había dejado preñada a alguna tronca, así que antes de que dijese nada, mi madre ya saltó "Piensa en la pregunta, que no es que tu hijo haya dejado a alguna preñada".
Aquí yo ya estaba pensando, ¿qué coño de salida de armario de mis narices es esta? Si parece que estamos jugando al Trivial Pursuit ese... "Piensa la pregunta". Ay, qué cutre-salchicheros que somos a veces. En fin, al final se lo solté de golpe, a mi manera.
"¡Que soy gay, leche!".
¡Shock, horror! Bueno, shock sí, horror no. Él no se lo esperaba, lógicamente, pero no le pareció mal. Tampoco le pareció bien. Simplemente era una cosa normal. De ahí empezamos a hablar del tema, de lo que he estado pasando todos estos años, de lo que ha estado pasando mi madre viéndome mal cada dos por tres, de mis luchas internas cuando me lo tuve callado para mí solo cuando era pequeño, de mis filosofías de la vida y todos los rollos repollos estos.
Mi madre, tan cojonuda ella, se dedicó a poner a la gente en dos grupos: Salidos y no-salidos, porque claro, tenía que dejar claro que su hijo no era gay por vicio o alguna chorrada parecida. También mi padre me preguntó si estaba seguro (la misma pregunta que me hizo mi madre en su día), y que si no había probado, que cómo lo sabía. Yo claro, para dejar las cosas claras, lo dije de una forma muy fácil de entender. "Si veo una tía en pelotas, me quedo igual. Si veo un tío en pelotas, pues no". En fin, situaciones no muy cómodas que digamos, pero al menos hay confianza.
Él se atrevió a decir que igual si probaba con un tío no me gustaba y cambiaba de condición. Mi padre, aunque sea tolerante e incluso tenga amigos gay, tiene esos puntos. El tío todavía lo estaba asimilando, así que me imagino que lo soltó sin pensar mucho. Yo ya le dejé claro que yo no me levanté una mañana diciendo que me iban a gustar los hombres, al igual que él no se levantó una mañana diciendo que le iban a gustar las mujeres. No se elije, y no se puede cambiar, por mucho asco que a uno le pueda dar el sexo (que conste que a mí el sexo no me da asco, ¿eh?).
La verdad es que no me siento ni mejor ni peor por haberlo dicho. Lo único es que ahora mi padre se va a tener que pasar tiempo analizando mi comportamiento en el pasado para entenderme mejor, ya que para él siempre he tenido cosas raras. Ahora sabe por qué he tenido bajones y por qué he decidido no hacer ciertas cosas, y conociéndole, y aunque el no sea un hombre muy delicado que digamos, sé que puede llorar. Le cargué la burra.
Pero al menos, ahora puede atar cabos y entenderme.
La gracia es que él ya había pensado anteriormente que yo era gay, porque como cuando tocaba el tema de las novias y tal, yo no decía mucho... Hasta una de mis tías a veces también me las tira, porque no es la primera vez que me pregunta "Oye, ¿y ya tienes novia? O novio, eh, ¡ojo! Que eso da igual, jeje".
A mí no se me nota nada, no tengo pluma, pero está claro que es una cosa de la que tarde o temprano todo el mundo se entera aunque no des explicaciones, a no ser que te empeñes en negarte a tí mismo y hacer como muchos hombres y mujeres desgraciados que se casan y tienen hijos sólo por hacer el paripé y esconderse... Cosa que no va conmigo.
En fin, yo se lo cuento a mis padres porque siempre he tenido una buena relación con ellos y sé que tienen derecho a saberlo, a entenderme y a apoyarme. También sé que no todo el mundo tiene esta suerte, y en vez de a los padres, se lo cuentan a los amigos o a otros familiares. Eso depende de cada uno. Yo no tengo amigos (sin contar a las amistades de Internet), por eso mi única válvula de escape son mis padres.
La putada es que sé de gente que aparentemente no tiene a nadie, y eso a mí me da rabia. Javi, que ha estado comentando en mi blog, es uno de ellos. También tengo dos amigos ingleses que están en una situación parecida. Sí, ingleses. La mayoría de amistades que hago en Internet son de fuera de España. Se me da muy bien el Inglés, al menos escrito. Pronunciarlo y entenderlo cuando me hablan es otra historia, porque les hago repetir las cosas despacio...
Bueno, aquí lo dejo. Iba a hacer un post cortito pero al final me enrollo y me voy por las ramas, como siempre. ¿Veis como soy un pesao? Se nota que en mi casa no hablo mucho y luego me emociono.
Un beso a todos los que me leeis. Me hace sentir mejor saber que al menos puedo compartir experiencia con la gente en vez de guardármelo todo de mala manera.
Vuelta la burra al carro
Como estos días no me he estado sintiendo muy bien, y creo que debo empezar a ir cambiando mi vida poco a poco, he decidido que debo dar otro paso adelante...
Pues nada, en el segundo post de este blog, os hablaré del clásico temita, la salida del armario. Yo no es que haya salido del armario, pero sí que he asomado un pie o dos. A mi madre se lo conté hace ya dos o tres años, cuando yo tenía 15 más o menos. Luego ella se lo contó a su mejor amiga (aunque yo ni estaba delante ni la di permiso, aunque tampoco me pareció mal), y luego yo se lo conté a otra amiga delante porque me dio la gana. Ninguna de ellas se lo tomó mal.
El problema es que me pasé media vida ocultando mi sexualidad, sin el apoyo de nadie, intentando entenderme a mí mismo, y la verdad que yo ya no podía más. Necesitaba sacarlo.
El día que se lo iba a contar a mi madre, no me salían las palabras, y en vez de eso, me puse a llorar como un descosido. No se me ocurrió otra cosa que escribir la "confesión" y dársela a mi madre para que la leyera. Estuvo algo sorprendida, pero no en mal sentido. Simplemente no se lo esperaba, porque como ella dice "no se te nota nada". Y digo yo, si eso se notase en la gente, yo a lo mejor no estaba solo... Bueno, me preguntó que si estaba seguro y tal, yo le dije que sí. Lo único que le pareció mal del tema es que me lo hubiese callado desde hace tantos años, porque ella está ahí para apoyarme. Le dolió un poco que no hubiese confiado en ella antes.
Y es que el colegio no ayuda absolutamente nada con el tema de la orientación sexual, y es una de las cosas que más rabia me dan del sistema educativo que hay en España. No hay apoyo de nada en el tema, y creo que el despertar sexual es un tema muy delicado que a todos y todas nos habrá dado algún quebradero de cabeza de algún modo o de otro.
Yo, con 11 ó 12 años, dándome cuenta de que me gustaban los niños y no las niñas... No sé como mantuve la cordura. Yo sabía lo que era la homosexualidad, pero como el tema parecía ser tabú, no sabía mucho que digamos. Al principio no me quería aceptar, lo negaba a mí mismo, pero tuve poco a poco que comprenderme a mí mismo como pude, sin la ayuda de nadie, y aceptar la realidad. Fue muy, muy difícil pasar por todo esto, y empecé a rendir menos en clase, cosa alarmante porque yo era el típico "niño 10". No era feliz, me sentía desgraciado, y aún a veces todavía me siento desgraciado. Pero no por mí, sino por la sociedad ignorante en la que vivimos. Si no hay educación, entonces no espero ninguna mejora en las próximas décadas.
Pero al parecer, hay un falso miedo a que hablar de homosexualidad y bisexualidad a adolescentes "promueva la causa". Qué excusa más triste... Soy consciente de que en algunos institutos ya se está haciendo algo al respecto, cosa que me hace feliz, pero no se está haciendo en muchos, y además, para mí ya es tarde. Yo ya he pasado por las cosas malas...
Si además contamos con que en el colegio en el que estaba en esos momentos yo no era muy popular que digamos, y sólo tenía dos o tres amigos, la cosa se complicaba más aún. Me costaba mucho relacionarme con la gente de mi edad. A base de los palos y las luchas que yo mismo llevaba por dentro, maduré bastante, y pronto me sentí un bicho raro al lado de todos mis compañeros. Pero fue cuando cambié de colegio cuando todo empezó a ir tan bien que parecía un sueño, aunque eso duró solo medio año (me trasladé a mitad de curso), hasta que nos movieron a todos a diferentes institutos. Ahí me encontré antiguos compañeros del colegio antiguo con los que yo no me sentía muy cómodo, aunque conseguí entrar en una pandilla e hice muchísimas amistades... Luego todo se volvió a torcer. Yo me enamoré locamente de un amigo, le quería mucho, sentí que vivía por él... Pero no había salida ninguna, y lo nuestro no era posible tampoco. No le podía decir lo que sentía. A raíz de esto, cometí muchos errores que me han llevado a mi penosa y solitaria situación actual. Pero en fin, eso es otro tema que ya tocaré más adelante.
Al grano, ya me he enrollado suficiente. El paso adelante que quiero dar es contarle a mi padre que soy gay. De ahí que yo piense "vuelta la burra al carro". Es como tener que volver a salir del armario, o asomar el pie. Me costó la primera vez (el contárselo a la amiga de mi madre fue algo espontáneo, sin pensar), pero ahora no creo que sea tan difícil, aunque me sigue dando un poco de cosa.
Mis padres están divorciados, pero son amigos y nunca ha habido problemas de nada. Simplemente se separaron cuando notaron que no había amor. Yo a mi padre le he visto siempre que he querido ny tengo buena relación con él. Además, ahora estará mi madre para apoyarme en ese momento. Yo sé que mi padre es también bastante tolerante, pero aún así me cuesta. No sé cómo va a reaccionar, aunque sospecho que quizá él ya se haya hecho una idea, porque siempre dice cosas en plan "qué raro eres, hijo", en el sentido de que no me parezco en nada a muchos chicos y chicas de mi edad.
No creo que la homosexualidad o bisexualidad tenga que ser motivo para darle explicaciones a la gente. Pero mi padre es mi padre y tiene que saberlo, no quiero que se haga ilusiones de ser abuelo, y quiero que me conozca mejor, que sepa quién soy, o lo que soy, realmente.
Mañana por la mañana le llamará mi madre para venir a comer, y ya veremos cómo va el tema. Ya os contaré.
Pues nada, en el segundo post de este blog, os hablaré del clásico temita, la salida del armario. Yo no es que haya salido del armario, pero sí que he asomado un pie o dos. A mi madre se lo conté hace ya dos o tres años, cuando yo tenía 15 más o menos. Luego ella se lo contó a su mejor amiga (aunque yo ni estaba delante ni la di permiso, aunque tampoco me pareció mal), y luego yo se lo conté a otra amiga delante porque me dio la gana. Ninguna de ellas se lo tomó mal.
El problema es que me pasé media vida ocultando mi sexualidad, sin el apoyo de nadie, intentando entenderme a mí mismo, y la verdad que yo ya no podía más. Necesitaba sacarlo.
El día que se lo iba a contar a mi madre, no me salían las palabras, y en vez de eso, me puse a llorar como un descosido. No se me ocurrió otra cosa que escribir la "confesión" y dársela a mi madre para que la leyera. Estuvo algo sorprendida, pero no en mal sentido. Simplemente no se lo esperaba, porque como ella dice "no se te nota nada". Y digo yo, si eso se notase en la gente, yo a lo mejor no estaba solo... Bueno, me preguntó que si estaba seguro y tal, yo le dije que sí. Lo único que le pareció mal del tema es que me lo hubiese callado desde hace tantos años, porque ella está ahí para apoyarme. Le dolió un poco que no hubiese confiado en ella antes.
Y es que el colegio no ayuda absolutamente nada con el tema de la orientación sexual, y es una de las cosas que más rabia me dan del sistema educativo que hay en España. No hay apoyo de nada en el tema, y creo que el despertar sexual es un tema muy delicado que a todos y todas nos habrá dado algún quebradero de cabeza de algún modo o de otro.
Yo, con 11 ó 12 años, dándome cuenta de que me gustaban los niños y no las niñas... No sé como mantuve la cordura. Yo sabía lo que era la homosexualidad, pero como el tema parecía ser tabú, no sabía mucho que digamos. Al principio no me quería aceptar, lo negaba a mí mismo, pero tuve poco a poco que comprenderme a mí mismo como pude, sin la ayuda de nadie, y aceptar la realidad. Fue muy, muy difícil pasar por todo esto, y empecé a rendir menos en clase, cosa alarmante porque yo era el típico "niño 10". No era feliz, me sentía desgraciado, y aún a veces todavía me siento desgraciado. Pero no por mí, sino por la sociedad ignorante en la que vivimos. Si no hay educación, entonces no espero ninguna mejora en las próximas décadas.
Pero al parecer, hay un falso miedo a que hablar de homosexualidad y bisexualidad a adolescentes "promueva la causa". Qué excusa más triste... Soy consciente de que en algunos institutos ya se está haciendo algo al respecto, cosa que me hace feliz, pero no se está haciendo en muchos, y además, para mí ya es tarde. Yo ya he pasado por las cosas malas...
Si además contamos con que en el colegio en el que estaba en esos momentos yo no era muy popular que digamos, y sólo tenía dos o tres amigos, la cosa se complicaba más aún. Me costaba mucho relacionarme con la gente de mi edad. A base de los palos y las luchas que yo mismo llevaba por dentro, maduré bastante, y pronto me sentí un bicho raro al lado de todos mis compañeros. Pero fue cuando cambié de colegio cuando todo empezó a ir tan bien que parecía un sueño, aunque eso duró solo medio año (me trasladé a mitad de curso), hasta que nos movieron a todos a diferentes institutos. Ahí me encontré antiguos compañeros del colegio antiguo con los que yo no me sentía muy cómodo, aunque conseguí entrar en una pandilla e hice muchísimas amistades... Luego todo se volvió a torcer. Yo me enamoré locamente de un amigo, le quería mucho, sentí que vivía por él... Pero no había salida ninguna, y lo nuestro no era posible tampoco. No le podía decir lo que sentía. A raíz de esto, cometí muchos errores que me han llevado a mi penosa y solitaria situación actual. Pero en fin, eso es otro tema que ya tocaré más adelante.
Al grano, ya me he enrollado suficiente. El paso adelante que quiero dar es contarle a mi padre que soy gay. De ahí que yo piense "vuelta la burra al carro". Es como tener que volver a salir del armario, o asomar el pie. Me costó la primera vez (el contárselo a la amiga de mi madre fue algo espontáneo, sin pensar), pero ahora no creo que sea tan difícil, aunque me sigue dando un poco de cosa.
Mis padres están divorciados, pero son amigos y nunca ha habido problemas de nada. Simplemente se separaron cuando notaron que no había amor. Yo a mi padre le he visto siempre que he querido ny tengo buena relación con él. Además, ahora estará mi madre para apoyarme en ese momento. Yo sé que mi padre es también bastante tolerante, pero aún así me cuesta. No sé cómo va a reaccionar, aunque sospecho que quizá él ya se haya hecho una idea, porque siempre dice cosas en plan "qué raro eres, hijo", en el sentido de que no me parezco en nada a muchos chicos y chicas de mi edad.
No creo que la homosexualidad o bisexualidad tenga que ser motivo para darle explicaciones a la gente. Pero mi padre es mi padre y tiene que saberlo, no quiero que se haga ilusiones de ser abuelo, y quiero que me conozca mejor, que sepa quién soy, o lo que soy, realmente.
Mañana por la mañana le llamará mi madre para venir a comer, y ya veremos cómo va el tema. Ya os contaré.
Buah, las venadas que me dan a las 7 de la mañana...
Si es que no sé ni cómo empezar...
A ver, a ver... Supongo que lo primero será la edad, orientación sexual y todo ese rollo, ¿no?
Pues tengo 17 años (y si eres de esos que juzgan por edad en vez de por actos, ya te puedes ir largando. Supongo que ahora se me puede juzgar y calificar de borde), gay (u homosexual, para términos más científicos, si así te gusta más), y con una laaaaaaaaarga lista de defectillos y algunas virtudes por ahí sueltas.
Bueno, igual estoy siendo muy duro conmigo mismo, pero es que soy así. Soy de los que tienen cambios bruscos de humor, y ahora mismo me encuentro en el estado de tío-pesado-insoportable-veteatomarporculo, de ahí que el blog tenga el título de marras y demás.
Supongo que hoy necesitaba desahogarme, porque hace un rato estaba de bajón, y no se me ha ocurrido otra cosa que hacerme este blog. He tenido dos o tres en el pasado, pero los he dejado por aburrimiento o por no saber qué escribir, aunque uno me duró un año. No sé ni cómo lo hice.
Seamos honestos, mi vida es muy aburrida, está parada, y hasta que no haya ningún cambio de perspectiva, os tendré que aburrir con mis pensamientos y reflexiones la mayor parte del tiempo. Es así de triste, soy un chaval encerrado en mi casa la mayor parte del tiempo, pero si quiero empezar bien, tendré que afrontar y admitir ante vosotros la puta realidad. El por qué estoy así quizá os lo explique en otro momento. No es nada grave ni del otro mundo. Ya se sabe, las típicas peleíllas entre colegas y tal...
Tendré todos los defectos del mundo, y una confidencia y autoestima que a veces están por los suelos (y a veces por las nubes, me doy miedo a mí mismo), pero si hay algo de lo que estoy seguro es de que no soy una mala persona, ni estoy enfadado con el mundo ni soy un rebelde... Bueno, quizá lo último sea un poco mentira podrida.
Pero es que en serio, tengo manías muy raras que no soy capaz a quitarme, la más normalita y ligera de todas sería morderme las uñas, pero a veces hago cada chorrada que pa qué. Y yo, cuando me miro a mí mismo, pienso que qué tío sería capaz de aceptar todas estas cosas, y lo pesado e insoportable que soy a veces, y lo pasota que me vuelvo a veces de repente, y las voces que meto a veces cuando hablo, y luego los gruñidos que hago cuando no quiero hablar, y... Me pongo a caldo a mí mismo. Así vamos bien.
Por todas estas cosas me dan bajones. Además, vivo en una ciudad asquerosamente pequeña, en la que no ves ni rastro de parejas gays o lesbianas, que parece que se esconden de los cuatro viejos chapados a la antigua que pululan por aquí. Se junta el hambre con las ganas de comer. Soy muy joven, muchos tíos van al rollo que van, muchos chavales de mi edad no ven la vida de la misma forma que yo, y tampoco parece fácil conocer como yo por estos lares. Hasta he mirado en sitios de contactos para ver qué especímenes me podría encontrar, pero apenas hay gente, y lo que hay no me hace gracia (que si este quiere sexo y sólo sexo, que si el otro no quiere ni ver a gente joven, que si el de más allá tiene la edad de mi abuelo...).
Vamos, que mi madre me fue a parir en el mejor sitio.
Pero en el fondo estoy así porque quiero, en parte. Dejé de estudiar hace unos años, porque estaba muy cansado de todo. No he acabado ni la ESO. Puede que empiece a estudiar otra vez después del verano, pero vamos, que no estoy seguro. Esa es otra, me cuesta mucho ponerme en marcha. Así me van las cosas.
No sé si alguna persona me aceptaría y me querría con todas estas cosillas. Bueno, mi madre lo hace, pero es que es mi madre, ¡eso no cuenta! Bueno, sí, la pobre lo pasa muy mal cuando me ve en plan bajón, y ya bastante tiene ella con sus propios problemas. Hoy mismo la tuve preocupada, pero a mí es que me cuesta mucho salir de mi propia cabeza cuando me pongo a darle vueltas al tarro.
Y yo es que me veo solo, y me da rabia.
Quizá en el fondo hasta tenga miedo de mantener una relación con alguien. Y sinceramente, ya estoy cansado de la típica frasecita:
"Aún eres muy joven, ya tendrás tiempo de pensar en esas cosas".
¿Cuándo? ¿Cuando me termine de amargar y sea un viejo cascarrabias que no aguanta ni el lechero?
Tendré 17, pero mi cabeza no ha tenido adolescencia.
Y aquí estamos, sin dormir en toda la noche, sin comernos una rosca...
A ver, a ver... Supongo que lo primero será la edad, orientación sexual y todo ese rollo, ¿no?
Pues tengo 17 años (y si eres de esos que juzgan por edad en vez de por actos, ya te puedes ir largando. Supongo que ahora se me puede juzgar y calificar de borde), gay (u homosexual, para términos más científicos, si así te gusta más), y con una laaaaaaaaarga lista de defectillos y algunas virtudes por ahí sueltas.
Bueno, igual estoy siendo muy duro conmigo mismo, pero es que soy así. Soy de los que tienen cambios bruscos de humor, y ahora mismo me encuentro en el estado de tío-pesado-insoportable-veteatomarporculo, de ahí que el blog tenga el título de marras y demás.
Supongo que hoy necesitaba desahogarme, porque hace un rato estaba de bajón, y no se me ha ocurrido otra cosa que hacerme este blog. He tenido dos o tres en el pasado, pero los he dejado por aburrimiento o por no saber qué escribir, aunque uno me duró un año. No sé ni cómo lo hice.
Seamos honestos, mi vida es muy aburrida, está parada, y hasta que no haya ningún cambio de perspectiva, os tendré que aburrir con mis pensamientos y reflexiones la mayor parte del tiempo. Es así de triste, soy un chaval encerrado en mi casa la mayor parte del tiempo, pero si quiero empezar bien, tendré que afrontar y admitir ante vosotros la puta realidad. El por qué estoy así quizá os lo explique en otro momento. No es nada grave ni del otro mundo. Ya se sabe, las típicas peleíllas entre colegas y tal...
Tendré todos los defectos del mundo, y una confidencia y autoestima que a veces están por los suelos (y a veces por las nubes, me doy miedo a mí mismo), pero si hay algo de lo que estoy seguro es de que no soy una mala persona, ni estoy enfadado con el mundo ni soy un rebelde... Bueno, quizá lo último sea un poco mentira podrida.
Pero es que en serio, tengo manías muy raras que no soy capaz a quitarme, la más normalita y ligera de todas sería morderme las uñas, pero a veces hago cada chorrada que pa qué. Y yo, cuando me miro a mí mismo, pienso que qué tío sería capaz de aceptar todas estas cosas, y lo pesado e insoportable que soy a veces, y lo pasota que me vuelvo a veces de repente, y las voces que meto a veces cuando hablo, y luego los gruñidos que hago cuando no quiero hablar, y... Me pongo a caldo a mí mismo. Así vamos bien.
Por todas estas cosas me dan bajones. Además, vivo en una ciudad asquerosamente pequeña, en la que no ves ni rastro de parejas gays o lesbianas, que parece que se esconden de los cuatro viejos chapados a la antigua que pululan por aquí. Se junta el hambre con las ganas de comer. Soy muy joven, muchos tíos van al rollo que van, muchos chavales de mi edad no ven la vida de la misma forma que yo, y tampoco parece fácil conocer como yo por estos lares. Hasta he mirado en sitios de contactos para ver qué especímenes me podría encontrar, pero apenas hay gente, y lo que hay no me hace gracia (que si este quiere sexo y sólo sexo, que si el otro no quiere ni ver a gente joven, que si el de más allá tiene la edad de mi abuelo...).
Vamos, que mi madre me fue a parir en el mejor sitio.
Pero en el fondo estoy así porque quiero, en parte. Dejé de estudiar hace unos años, porque estaba muy cansado de todo. No he acabado ni la ESO. Puede que empiece a estudiar otra vez después del verano, pero vamos, que no estoy seguro. Esa es otra, me cuesta mucho ponerme en marcha. Así me van las cosas.
No sé si alguna persona me aceptaría y me querría con todas estas cosillas. Bueno, mi madre lo hace, pero es que es mi madre, ¡eso no cuenta! Bueno, sí, la pobre lo pasa muy mal cuando me ve en plan bajón, y ya bastante tiene ella con sus propios problemas. Hoy mismo la tuve preocupada, pero a mí es que me cuesta mucho salir de mi propia cabeza cuando me pongo a darle vueltas al tarro.
Y yo es que me veo solo, y me da rabia.
Quizá en el fondo hasta tenga miedo de mantener una relación con alguien. Y sinceramente, ya estoy cansado de la típica frasecita:
"Aún eres muy joven, ya tendrás tiempo de pensar en esas cosas".
¿Cuándo? ¿Cuando me termine de amargar y sea un viejo cascarrabias que no aguanta ni el lechero?
Tendré 17, pero mi cabeza no ha tenido adolescencia.
Y aquí estamos, sin dormir en toda la noche, sin comernos una rosca...