¿Excusas? ¿O formas distintas de ver la vida?
"Tenemos formas distintas de ver la vida..." es la frase que utiliza siempre Fede para todo en lo que no estamos de acuerdo.
Reconozco que la frase es adecuada para muchas circunstancias, teniendo en cuenta que raras veces solemos coincidir en lo que nos apetece hacer, donde salir a comer o cenar, donde ir de vacaciones, que nos hace más falta comprar... (respecto a esto, te digo cariño, que tu idea de comprar la cafetera nexpresso de 200 euros que resulta tan imprescindible y necesaria en una casa, no la comparto, porque este mes tenemos que pagar a Hacienda y cambiar las ruedas del coche, así que olvídalo).
Estas situaciones se dan en nuestra vida cotidiana en casi todo lo que tenemos que decidir (menos mal que en la cama siempre estamos de acuerdo…).
Pero no soporto que utilice esa misma frase cuando se trata de limpiar la casa.
Para Fede nunca nada está lo suficientemente sucio, como para perder la mañana limpiando, cuando podríamos estar en la playa...
Para mi la idea de levantarme temprano el sábado y organizar la casa antes de irnos a cualquier sitio, es lo más lógico.
Pero lo que pasa es siempre lo contrario, ella vive feliz como unas pascuas, y yo siempre acabo organizando la compra de la semana, las comidas, las cenas, limpiando la casa y recogiendo todos los papeles que trae del trabajo y que deja tirados en cualquier sitio.
Cuando empezó el año decidí regalarle una agenda, para ver si así conseguía que tuviese el papeleo un poco más organizado. Pero no ha funcionado, no he vuelto a ver la agenda desde que se la regalé.
Para Fede, el tener todos los días del año organizados en una agenda, no resulta nada práctico cuando puede anotar lo mismo en una servilleta, en los cartones del telepizza para las porciones, en los sobres de las cartas del banco, o en lo que pille a mano en ese momento... Y yo me pregunto, ¿para qué cojones inventaron las agendas?
Hace un tiempo llegamos a un acuerdo, yo me encargaba de cocinar para mediodía, y ella se encargaba de las cenas. Pero al final tampoco funcionó, por una de dos, o a mediodía me hacía la pregunta: cari, ¿que vamos a cenar esta noche?, cuando en realidad quería decir: cari, esta noche haces tú la cena; o porque siempre se preguntaba qué íbamos a cenar, a las diez de la noche, cuando el mercadona ya había cerrado.
Ahora tengo los exámenes a la vuelta de la esquina, y mi novia que me quiere tanto, el otro día me dijo que hasta que acabase se encargaba ella de las cenas, y que yo sólo tenía que preocuparme de estudiar. Pero me da a mí, que este interés repentino no le va a durar más de una semana, teniendo en cuenta que en lo que llevamos de semana no ha habido un solo día que hayamos cenado antes de las once.
Reconozco que la frase es adecuada para muchas circunstancias, teniendo en cuenta que raras veces solemos coincidir en lo que nos apetece hacer, donde salir a comer o cenar, donde ir de vacaciones, que nos hace más falta comprar... (respecto a esto, te digo cariño, que tu idea de comprar la cafetera nexpresso de 200 euros que resulta tan imprescindible y necesaria en una casa, no la comparto, porque este mes tenemos que pagar a Hacienda y cambiar las ruedas del coche, así que olvídalo).
Estas situaciones se dan en nuestra vida cotidiana en casi todo lo que tenemos que decidir (menos mal que en la cama siempre estamos de acuerdo…).
Pero no soporto que utilice esa misma frase cuando se trata de limpiar la casa.
Para Fede nunca nada está lo suficientemente sucio, como para perder la mañana limpiando, cuando podríamos estar en la playa...
Para mi la idea de levantarme temprano el sábado y organizar la casa antes de irnos a cualquier sitio, es lo más lógico.
Pero lo que pasa es siempre lo contrario, ella vive feliz como unas pascuas, y yo siempre acabo organizando la compra de la semana, las comidas, las cenas, limpiando la casa y recogiendo todos los papeles que trae del trabajo y que deja tirados en cualquier sitio.
Cuando empezó el año decidí regalarle una agenda, para ver si así conseguía que tuviese el papeleo un poco más organizado. Pero no ha funcionado, no he vuelto a ver la agenda desde que se la regalé.
Para Fede, el tener todos los días del año organizados en una agenda, no resulta nada práctico cuando puede anotar lo mismo en una servilleta, en los cartones del telepizza para las porciones, en los sobres de las cartas del banco, o en lo que pille a mano en ese momento... Y yo me pregunto, ¿para qué cojones inventaron las agendas?
Hace un tiempo llegamos a un acuerdo, yo me encargaba de cocinar para mediodía, y ella se encargaba de las cenas. Pero al final tampoco funcionó, por una de dos, o a mediodía me hacía la pregunta: cari, ¿que vamos a cenar esta noche?, cuando en realidad quería decir: cari, esta noche haces tú la cena; o porque siempre se preguntaba qué íbamos a cenar, a las diez de la noche, cuando el mercadona ya había cerrado.
Ahora tengo los exámenes a la vuelta de la esquina, y mi novia que me quiere tanto, el otro día me dijo que hasta que acabase se encargaba ella de las cenas, y que yo sólo tenía que preocuparme de estudiar. Pero me da a mí, que este interés repentino no le va a durar más de una semana, teniendo en cuenta que en lo que llevamos de semana no ha habido un solo día que hayamos cenado antes de las once.
Todo vuelve a su cauce
Dicen que el tiempo pone las cosas en su sitio. En nuestro caso, el tiempo ha jugado a nuestro favor, y después de unos meses Fede y Cris vuelven a disfrutar de su vida en común.
Hoy puedo decir, que vuelves a ser tú, y que contigo a mi lado volvemos a reinventar nuestro mundo. Que todo resulta más fácil, y que las cosas cobran mucho más sentido cuando puedo vivirlas y disfrutarlas contigo. Te he echado de menos.
A veces los detalles más simples, son los que más echas en falta cuando ya no los tienes.
Vuelves a tener esos detalles, y eso me hace sentir que las cosas van por buen camino. El otro día me volviste a sorprender con uno de tus "increíbles" regalos.
Fede es una persona muy detallista, tanto, que cada vez que me dice que tiene una sorpresa para mí, al principio de conocernos me hacía ilusión, pero ahora me da la risa.
¿Que estoy en época de exámenes? Fede se presenta en casa con un "kit de estudio", como ella los llama, con pilots, bolis, fluorescentes, y 3 paquetes de folios 500... El último examen que hice se presentó en la puerta 10 minutos antes para desearme suerte, eso sí, con 5 tipex nada menos, por si me equivocaba...
¿Que su empresa está organizando la animación para la tercera edad de un hotel? Fede me regala un bingo y un par de conjuntos de tazas de café.
Uno de los mejores que recuerdo, fueron unas gafas de esquiar en pleno agosto.
Pero sin duda alguna, el que más me ha hecho reír, fue en uno de mis cumpleaños. Para variar, no teníamos dinero, y me cantó el cumpleaños feliz con una vela sobre un sandwich de nata. Parecerá una chorrada, pero es la "tarta" de cumpleaños que más ilusión me ha hecho y la que más me ha hecho sonreír. Y es que son esas pequeñas cosas, las que hacen ver la vida de otra forma.
Hoy puedo decir, que vuelves a ser tú, y que contigo a mi lado volvemos a reinventar nuestro mundo. Que todo resulta más fácil, y que las cosas cobran mucho más sentido cuando puedo vivirlas y disfrutarlas contigo. Te he echado de menos.
A veces los detalles más simples, son los que más echas en falta cuando ya no los tienes.
Vuelves a tener esos detalles, y eso me hace sentir que las cosas van por buen camino. El otro día me volviste a sorprender con uno de tus "increíbles" regalos.
Fede es una persona muy detallista, tanto, que cada vez que me dice que tiene una sorpresa para mí, al principio de conocernos me hacía ilusión, pero ahora me da la risa.
¿Que estoy en época de exámenes? Fede se presenta en casa con un "kit de estudio", como ella los llama, con pilots, bolis, fluorescentes, y 3 paquetes de folios 500... El último examen que hice se presentó en la puerta 10 minutos antes para desearme suerte, eso sí, con 5 tipex nada menos, por si me equivocaba...
¿Que su empresa está organizando la animación para la tercera edad de un hotel? Fede me regala un bingo y un par de conjuntos de tazas de café.
Uno de los mejores que recuerdo, fueron unas gafas de esquiar en pleno agosto.
Pero sin duda alguna, el que más me ha hecho reír, fue en uno de mis cumpleaños. Para variar, no teníamos dinero, y me cantó el cumpleaños feliz con una vela sobre un sandwich de nata. Parecerá una chorrada, pero es la "tarta" de cumpleaños que más ilusión me ha hecho y la que más me ha hecho sonreír. Y es que son esas pequeñas cosas, las que hacen ver la vida de otra forma.
Reflexiones en un día gris
Hay veces que no logro entenderte. Desde hace un tiempo siempre asumes nuestros problemas con esa serenidad que te caracteriza, y que tanto me desconcierta. Y entonces pienso que no hace falta hacer un drama, ni levantar la voz para que te entienda, ni siquiera llorar para demostrar que te duele.
Lo demuestras cuando callas y sólo escuchas; cuando me miras y manteniendo la mirada no dices nada; cuando esquivas mis comentarios; cuando me dices que no pasa nada, que sólo estás cansada; cuando el trabajo emplea todo tu tiempo; cuando llegas a casa tarde y te duermes, y un día más me quedo esperando a que regreses, a que vuelvas a ser tú, a que volvamos a ser las dos, como lo éramos antes.
No creo en las promesas. No puedo prometerte que no sufrirás por mí. Me gustaría poder protegerte de todo, que nada ni nadie pudiese hacerte daño, pero ni siquiera puedo protegerte de mi misma, de mis dudas, de mis presiones y agobios, de mis contradicciones, de mis ganas de escapar, de mis ganas de volver después.
Sólo quiero volver a sentirte cerca de mí, despertarme por la mañana contigo a mi lado, verte a mi lado acurrucada en el sofá, encontrar tu ropa entre la mía, que sigas buscando mi mirada cuando estamos con más gente, que me sonrías desde lejos en el pub de siempre, perderme en tus ojos azules, sentir tu piel en la mía, que me abraces antes de dormir y me digas que es el mejor momento del día. Sólo quiero que vuelvas.
Cris.
Lo demuestras cuando callas y sólo escuchas; cuando me miras y manteniendo la mirada no dices nada; cuando esquivas mis comentarios; cuando me dices que no pasa nada, que sólo estás cansada; cuando el trabajo emplea todo tu tiempo; cuando llegas a casa tarde y te duermes, y un día más me quedo esperando a que regreses, a que vuelvas a ser tú, a que volvamos a ser las dos, como lo éramos antes.
No creo en las promesas. No puedo prometerte que no sufrirás por mí. Me gustaría poder protegerte de todo, que nada ni nadie pudiese hacerte daño, pero ni siquiera puedo protegerte de mi misma, de mis dudas, de mis presiones y agobios, de mis contradicciones, de mis ganas de escapar, de mis ganas de volver después.
Sólo quiero volver a sentirte cerca de mí, despertarme por la mañana contigo a mi lado, verte a mi lado acurrucada en el sofá, encontrar tu ropa entre la mía, que sigas buscando mi mirada cuando estamos con más gente, que me sonrías desde lejos en el pub de siempre, perderme en tus ojos azules, sentir tu piel en la mía, que me abraces antes de dormir y me digas que es el mejor momento del día. Sólo quiero que vuelvas.
Cris.
Así es la vida.
La vida a veces da giros imprevisibles. Incluso cuando tienes la certeza de que no hay nada que te pueda sorprender, de repente un día te das cuenta de que estabas equivocada, que has vuelto a meter la pata hasta el fondo, y que las frases "de ésta agua no volveré a beber" y "he aprendido a no tropezar una y otra vez en la misma piedra", se estampan de lleno en tus narices haciéndote sentir la persona más imbécil de este tierra.
Pero una vez llega la calma, te das cuenta de que no siempre podemos ser racionales, que somos personas, y que las cosas inevitablemente nos afectan. Antes de llegar a esta última reflexión han pasado dos meses.
Hace unos meses, Cris recibió la llamada de una "vieja amiga". Hasta ahí todo bien. Ella tenía pareja, ya no quedaba nada de aquello especial que compartimos en su momento, y por tanto era el mejor momento para retomar nuestra amistad, y la mejor manera para ello era vernos de nuevo. En realidad todo fue una excusa, y lo único que había detrás de esa llamada y de las que vinieron después, del volver a vernos y de todo lo que teníamos que contarnos, eran las ganas de echarse un polvo conmigo, y que, para qué engañarnos, ganas que terminaron viniéndome a mi también por mucho que intente controlarme. Pero sobretodo engañarme, y creerme y hacer creer a Fede, que no tenía nada de malo el tomar un par de cafés.
La historia acabó fatal, "mi amiga" terminó reservando la habitación de un hotel, y Fede terminó por enterarse.
Reaccione a tiempo. A tiempo para no cometer el error de echarlo todo a perder por un polvo, pero demasiado tarde, porque con o sin polvo, el daño ya estaba hecho.
El resultado de todo han sido dos meses vacíos; ni siquiera han habido reproches, lo que me hacía sentir lo lejos que estaba Fede de mí, y lo cerca que estaba yo de perderla. Dos meses de camas separadas; aunque hace un par de semanas me recogió del sofá creo que todavía pasará algún tiempo hasta que compartamos algo más que la cama (se que me lo merezco, pero la falta de sexo es insufrible). Y otra de las consecuencias, que me jode muchísimo porque estoy a punto de terminar la carrera, es que la convocatoria de exámenes también se ha ido a la mierda, en parte mea culpa (lo asumo) y en parte porque la zorra de "mi amiga" (lástima que el blog sea anónimo) se ha dedicado a montarme pollos por teléfono en plan loba herida y una mezcla con la canción "Tú me prometiste volver" de Pimpinela, hasta el punto de tener que desconectar el teléfono y decirle a mis padres que se me había jodido el móbil y que me llamasen al fijo de casa si querían saber si estoy viva.
De ahí viene mi reflexión final, de que como personas que somos, las cosas nos afectan. No podemos desconectar el chip y pretender que nada ni nadie nos afecte. No somos perfectos y muestra de ello es que nos equivocamos una y otra vez. Y aunque podamos llegar a aprender de nuestros errores, no siempre somos racionales cuando más necesario es serlo.
P.D.: Gracias por seguir leyendo, y perdonar el retraso entre post y post, pero entre mis historias y lo difícil que resulta en ocasiones acceder a Chueca, no he podido actualizar antes.
Un saludo,
Cris.
Pero una vez llega la calma, te das cuenta de que no siempre podemos ser racionales, que somos personas, y que las cosas inevitablemente nos afectan. Antes de llegar a esta última reflexión han pasado dos meses.
Hace unos meses, Cris recibió la llamada de una "vieja amiga". Hasta ahí todo bien. Ella tenía pareja, ya no quedaba nada de aquello especial que compartimos en su momento, y por tanto era el mejor momento para retomar nuestra amistad, y la mejor manera para ello era vernos de nuevo. En realidad todo fue una excusa, y lo único que había detrás de esa llamada y de las que vinieron después, del volver a vernos y de todo lo que teníamos que contarnos, eran las ganas de echarse un polvo conmigo, y que, para qué engañarnos, ganas que terminaron viniéndome a mi también por mucho que intente controlarme. Pero sobretodo engañarme, y creerme y hacer creer a Fede, que no tenía nada de malo el tomar un par de cafés.
La historia acabó fatal, "mi amiga" terminó reservando la habitación de un hotel, y Fede terminó por enterarse.
Reaccione a tiempo. A tiempo para no cometer el error de echarlo todo a perder por un polvo, pero demasiado tarde, porque con o sin polvo, el daño ya estaba hecho.
El resultado de todo han sido dos meses vacíos; ni siquiera han habido reproches, lo que me hacía sentir lo lejos que estaba Fede de mí, y lo cerca que estaba yo de perderla. Dos meses de camas separadas; aunque hace un par de semanas me recogió del sofá creo que todavía pasará algún tiempo hasta que compartamos algo más que la cama (se que me lo merezco, pero la falta de sexo es insufrible). Y otra de las consecuencias, que me jode muchísimo porque estoy a punto de terminar la carrera, es que la convocatoria de exámenes también se ha ido a la mierda, en parte mea culpa (lo asumo) y en parte porque la zorra de "mi amiga" (lástima que el blog sea anónimo) se ha dedicado a montarme pollos por teléfono en plan loba herida y una mezcla con la canción "Tú me prometiste volver" de Pimpinela, hasta el punto de tener que desconectar el teléfono y decirle a mis padres que se me había jodido el móbil y que me llamasen al fijo de casa si querían saber si estoy viva.
De ahí viene mi reflexión final, de que como personas que somos, las cosas nos afectan. No podemos desconectar el chip y pretender que nada ni nadie nos afecte. No somos perfectos y muestra de ello es que nos equivocamos una y otra vez. Y aunque podamos llegar a aprender de nuestros errores, no siempre somos racionales cuando más necesario es serlo.
P.D.: Gracias por seguir leyendo, y perdonar el retraso entre post y post, pero entre mis historias y lo difícil que resulta en ocasiones acceder a Chueca, no he podido actualizar antes.
Un saludo,
Cris.
Mil y una formas de llamar a tu pareja
Me resulta asombroso los nombres y adjetivos que puedes llegar a utilizar para dirigirte a tu pareja en privado, y que luego en público la mitad de ellos nunca los utilizarías.
Sin pasar a nombrar adjetivos para partes más privadas (ese tema lo reservamos para otro post), diremos que a Cris le encanta innovar. Pero después de tanto tiempo, es inevitable que algunos se repitan.
Fede es mi pequeño saltamontes. Yo soy su pimpollo tierno.
Fede tiene muchas pecas a causa de trabajar bajo el sol, así que también es, mi pan integral con semillas.
Además ha salido a su padre, y de él ha heredado una pequeña papada (espero que la genética se equivoque y no se convierta en la gran papada que tiene su padre hoy en día... lo siento cariño, pero es evidente, a la vista está), y como no, a eso Cris también le ha sacado partido, así que Fede también es, mi pajarito que come peces.
Yo (Cris) soy la pequeña de la casa, y el hecho de tener diez años menos me viene genial porque soy su niña mimada. La verdad es que me dejo querer bastante, tanto que en ocasiones reconozco que me paso, pero Fede muy pocas veces se enfada.
Por ejemplo, ¿a quién le toca tirar siempre la basura? A Fede.
¿Quién se olvida de coger las toallas cuando nos vamos a la ducha? Cris.
¿Quién trae siempre el desayuno a la cama los fines de semana? Fede.
¿Quién sino podría hacerme un bocadillo a las dos de la mañana porque la niña tiene hambre? Mi gran amor Fede.
Y es que quererme a mi es fácil, como dice mi madre soy un trocito de pan, pero aguantarme es bastante más complicado. Pero tranquilas que para eso ya esta Fede.
P.D.: Gracias por los comentarios del post anterior, nos anima ver que alguien nos lee.
Sin pasar a nombrar adjetivos para partes más privadas (ese tema lo reservamos para otro post), diremos que a Cris le encanta innovar. Pero después de tanto tiempo, es inevitable que algunos se repitan.
Fede es mi pequeño saltamontes. Yo soy su pimpollo tierno.
Fede tiene muchas pecas a causa de trabajar bajo el sol, así que también es, mi pan integral con semillas.
Además ha salido a su padre, y de él ha heredado una pequeña papada (espero que la genética se equivoque y no se convierta en la gran papada que tiene su padre hoy en día... lo siento cariño, pero es evidente, a la vista está), y como no, a eso Cris también le ha sacado partido, así que Fede también es, mi pajarito que come peces.
Yo (Cris) soy la pequeña de la casa, y el hecho de tener diez años menos me viene genial porque soy su niña mimada. La verdad es que me dejo querer bastante, tanto que en ocasiones reconozco que me paso, pero Fede muy pocas veces se enfada.
Por ejemplo, ¿a quién le toca tirar siempre la basura? A Fede.
¿Quién se olvida de coger las toallas cuando nos vamos a la ducha? Cris.
¿Quién trae siempre el desayuno a la cama los fines de semana? Fede.
¿Quién sino podría hacerme un bocadillo a las dos de la mañana porque la niña tiene hambre? Mi gran amor Fede.
Y es que quererme a mi es fácil, como dice mi madre soy un trocito de pan, pero aguantarme es bastante más complicado. Pero tranquilas que para eso ya esta Fede.
P.D.: Gracias por los comentarios del post anterior, nos anima ver que alguien nos lee.