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    Suma de factores
    Hagamos una sencilla operación matemática:

    1 Ataque de ansiedad cada quince minutos por la inminente presentación pública de una novela de la que no sé qué decir
    +
    1 madre orgullosísisisisisisisima de su retoña con vocación de sombra pegajosa y pasmosa habilidad para meter la pata
    +
    1 conversación con el Jefe para aclararle que mi novela no es lo que se imagina y que sería recomendable dejar de hacer tanta publicidad por la empresa, so pena de muchos malentendidos para todos
    +
    2 paquetes de tabaco (como mínimo) de media diaria para mis castigados pulmones
    +
    1 texto de presentación que aún no he escrito (ni sé si mis últimas neuronas estarán dispuestas a hacer el esfuerzo de escribirlo)
    +
    1000 cosas que tengo que hacer antes de mañana de las cuales lo más seguro es que no haga ninguna
    +
    3 horas de sueño de media durante la última semana (y el cansancio acumulado que eso conlleva)
    +
    11 días que llevo sin ir al gimnasio y, en consecuencia, sin poder liberar endorfinas ni aliviar la tensión
    +
    19 meses desde la última vez que tuve que enfrentarme a una sala repleta de gente pendiente de mis palabras
    +
    3 (los whiskys que me tendré que beber antes de largar mi discursito)
    _____________________________________________________
    Resultado: Yo misma medio afónica, ansiosa, agobiada, acojonada, estresada, medio dormida, fofa y con una ronquera que ya la querría para sí Tom Waitts

    ¡Y me lo quería perder!

    …de fondo Don't say it’s over de Gun
     
    La semana de la cuenta atrás...
    -Tengo que establecer un orden de prioridades cada día. Internet NO puede ocupar el primer puesto de la lista.

    -Tengo que dejar de comer como una posesa cada vez que me entra un ataque de ansiedad cuando me acuerdo de que la presentación de mi última novela está ya rozándome el cogote.

    -Tengo que preparar algo que decir y aprendérmelo de memoria y evitar beberme las reservas de Johnnie Walker un rato antes de soltarlo para evitar el pánico escénico. Y no, imaginarme a los asistentes desnudos NO soluciona nada.

    -Tengo que averiguar la forma de hacerle comprender a mi madre de que no, NO puede venir conmigo a la puta inauguración del LesGaiCineMad. No tengo poder para hacerla pasar por la cara y voy a trabajar. Si quieres verme trabajar, mañana mismo le digo a Jefa que te ponga a mi lado mientras imprimo más y más órdenes para mis fontanerillos.

    -Tengo que calmar los nervios como sea antes de que me den tres infartos de miocardio y la cabeza me estalle.

    Chascarrillo laboral de hoy:

    Jefe y Jefa vuelven de comer. Llaman a la puerta y yo les abro. Jefa viene con una sonrisa extraña. Mientras yo vuelvo a mi sitio, Jefa se dirige a mí.

    -Jefa: ¿Sabes? Te he encontrado un futuro comprador (breve pausa, yo la miro con cara rara sin saber qué coño me está diciendo) de tu libro.

    Jefe se sonríe por lo bajo. Yo abro los ojos como platos. Y no se muy bien cómo encajarlo.

    -Yo: ¡..Ah! ¿Sí?
    -Jefa: Sí, se lo he contado (¿le has contado qué? ¿Que publico libros o el pack completo?)


    Espero que Jefe sea abierto y liberal... O en enero me veo en la cola del paro...

    Por cierto, ¿quedará alguien en la empresa que no sepa que en mis ratos libres me dedico a la repostería fina?

    ...de fondo Talk de Coldplay
     
    Soy rara
    Ayer, con toda la cháchara que solté con el tema de la Macarrona y la novia (que sí, que vale, que yo también me voy a pedir una así para Reyes…) se me olvidó contar una cosilla que me pasó en el curro. Y es que El Orondo Señor del Taller vuelve a hablarme. No me preguntéis por qué, ni yo misma lo entiendo pero el caso es que no sólo vuelve a dirigirme la palabra pese a mi desviación sexual (cotilleo del año, por no decir de la década, en este tradicional y arcaico centro de trabajo) sino que además ahora resulta que soy supermaja y supertodo. Veréis, la cosa fue tal que así.

    Una de mis tareas es imprimir órdenes de trabajo. Y, creedme, en este sitio se imprimen muuuuuuuuchas órdenes de trabajo (una media de unas 400 a 500 diarias). Yo las imprimo, las preparo, se las subo al Jefe, los chicos se las llevan, las hacen, se las devuelven al Jefe y luego el Jefe nos las devuelve a nosotras para que las codifiquemos, las facturemos y las dejemos sobre una mesa apilándolas en montones de alturas peligrosas hasta que al Puto Almacenero le salga de los albaricoques taladrarlas, meterlas en sus correspondientes carpetas y subirlas al archivo.

    El caso es que ayer, por fin, el buen hombre se puso manos a la obra. Paralelamente, yo estaba enfrascada en la noble tarea de sacar unas ochocientas órdenes. De repente, se acabó el papel en la oficina. En otras ocasiones mis compañeras me han dicho que le pida al Orondo Señor del Taller que me baje algunas cajas de folios. Sin embargo, yo soy de la opinión de que nadie ME tiene que hacer nada cuando puedo hacerlo yo. Es decir, de momento ni soy manca ni inválida así que bajar una caja de folios no me supone ningún trauma ni dilema moral. Y me da igual que Puto Almacenero sea hombre (o mejor dicho, sí, ¿es que porque él sea hombre y yo mujer se supone que yo voy a ser menos capaz de bajar una puta cajita?), siempre he mantenido la postura de que cuando necesito algo, lo hago o lo cojo y si necesito ayuda la pido sin importarme de que la persona a quien se la pido sea hombre o mujer. Pero mis compañeras parecen no entenderlo. Puto Almacenero es muy machista, bien es cierto, pero estas niñas no le dejan atrás, aunque lo disfracen de falso feminismo quejándose de la discriminación que sufren. La mayor parte del tiempo, aunque sea en coña, se lo pasan enzarzadas con Puto Almacenero en comentarios, chistes y bromas varias pertenecientes a una guerra de sexos que, mal acostumbrada como estoy a mi entorno, yo ya creía en desuso. Y luego voy yo y les casco todos sus esquemas. Porque claro, no son capaces de entender que yo prefiera subir por mí misma a por la caja en cuestión en vez de pedirle al macho dominante que me la baje.

    Por el contrario, a Puto Almacenero este detalle le pareció encantador y se ha pasado cinco minutitos largos loando mis virtudes, mi independencia y mi decisión, aunque fuera dentro del tono de broma que estábamos manteniendo. No es la primera vez que lo hace (porque no es la primera vez que subo a por papel arriba) pero desde que ayer me rebozó los oídos ha abandonado su actitud de mutismo total para conmigo y vuelve a incluirme en las conversaciones. A pesar de mi perversión, que no creo que se le haya olvidado, claro.

    Con semejantes antecedentes no ha sido de extrañar que hoy a última hora, en medio de la sarta de chorradas propias del viernes, comenzaran a decirme que es que yo soy muy rara, que siempre les llevo la contraria, que utilizo palabras muy extrañas para expresarme y que tengo unas costumbres de lo más excéntricas (por supuesto, ellas no han empleado esa palabra, pero era la que subyacía bajo su discurso). En lo tocante a mis costumbres no sé si se referían a mis hábitos sexuales (hoy por hoy, más bien inexistentes) o a que en vez de leer el ¡Qué me dices! y el Woman compro Rolling Stone y El Jueves (“¿Y qué es eso? ¿Un cómic”, me preguntó La Pija la primera vez que me vio con él en la mano. Sí, hija, sí, un cómic…).

    A veces alucino con la poca apertura de miras de la gente. Mis compañeras son majas y yo no es que me crea una mujer de mundo (más que nada por una cuestión de realismo, NO lo soy. Más bien al contrario, envidio a muchas personas a las que considero mucho más inteligentes, cultas y con una savoir faire que yo dudo que alcance algún día) pero en momentos como este me doy cuenta de lo limitaditas que pueden llegar a ser algunas personas…

    Chascarrillo laboral de hoy:

    -Supermamá: Oye, ¿cómo era esa palabra que dijiste el otro día de la iglesia?
    -Yo (con media sonrisa burlona adornando mi rostro): ¿Que era una institución arcaica, trasnochada e hipócrita?
    -Supermamá (pelín exasperada): ¡No me sueltes el rollo! No, lo otro, lo de desapuntarse de la iglesia…
    -Yo: ¡Ah! ¿Te refieres a hacer apostasía?
    -Supermamá: ¡Eso! Pues eso, que el miércoles que viene te toca quedarte hasta las seis ¡y no vale hacer apostasía!

    …de fondo Hung up de Madonna (el rompepistas de este otoño, vamos a sudaaaar con esta canción…)
     
    Arrieritos S.L. presenta “Dame el mando que la tele es mía”
    Hoy: Hospital Central

    Sí, lo confieso, yo también veo Hospital Central. Y vamos, a estas alturas no creo que nadie se piense que lo hago porque me gusten las tramas médicas o porque Vilches me ponga como una moto (aunque tiene su morbo, la verdad). Así que sí, admito que si lo veo es por las dos niñas moninas.

    Y es curioso porque Hospital Central era una de esas series que siempre me han dejado de lo más indiferente. Javier me parece un pijo soso y gilipollas, Laura una pava que vive en el limbo, en Aimé ni me fijaba y creo que el personaje que se quedó más grabado en mi retina fue el de Rusty, aunque básicamente porque me recuerda muchísimo al novio de Rys. Bueno, vale que la serie mejoró con la incorporación de Alicia Borrachero (soy fiel seguidora desde que hiciera Periodistas, aunque también es porque me recordaba muchísimo a una amiga mía), pero vamos, que no conseguía emocionarme.

    En honor a la verdad no me enganché hasta hace bien poquito porque yo la televisión la suelo usar como monitor para el vídeo y el DVD. Lo de la relación lésbica (por lo que he averiguado, comenzó en septiembre-octubre del año pasado) me pilló dentro de mi propia relación y, como comprenderéis, prefería gastar mi tiempo con mi niña y hacer cositas de verdad que seguir una relación ficticia (aunque viendo cómo me salió la jugada no sé yo si no me habría valido más quedarme en casa viendo la tele). Además, ¿qué queréis? Cada vez que sacan el tema de la homosexualidad por televisión y más si es la femenina (con el morbo añadido que eso le da a cierto sector masculino y heterosexual) pues como que me huele a chamusquina. Alguna vez intenté verlo. Bueno, yo veía otro programa que me interesara más y, de vez en cuando, hacía zapping a ver qué hacían. Y como no veía nada que me llamara la atención, volvía a cambiar el canal.

    Pero como hace algunos meses decidí llevar una vida formal y casera, sin saber cómo, empecé a verlo habitualmente. Y sí, ahí sí que me enganché. Aunque tampoco es de extrañar teniendo en cuenta mi capacidad para la adicción a todo tipo de productos de consumo (vamos, como cuando a los quince años no me perdía un solo capítulo de Melrose Place, igualico, igualico,…).

    A día de hoy, la verdad es que la repercusión de la serie y, para ser más concreta, de la relación de Maca y Esther, me abruma. Porque aunque por un lado sea un logro ver una relación entre dos mujeres en el primetime con el mismo tratamiento narrativo que las de sus homólogas heterosexuales, es justamente ese exceso de repercusión lo que me lleva a pensar, en última instancia, que la razón es que todavía nadie (ni heteros ni homos) acabamos de verlo como algo que debería ser más habitual sin necesidad de levantar tanta expectación.

    Porque aunque a muchos se les llene la boca –entre ellos, a las propias actrices que encarnan a la pareja- de que sólo se trata de una historia de amor sin que importe el sexo de sus protagonistas, no es tan sencillo. Si Maca –por ser la última en incorporarse al reparto- hubiera sido hombre y hubiese comenzado una relación con Esther, ¿habría tenido tanto éxito, se les habrían dado tantos premios, habría tantas páginas y foros en Internet dedicados a ellas? Tiendo a creer que no. No, porque pese a que la serie ha ido creciendo en audiencia exponencialmente a lo largo de las temporadas, desde que esta relación surgió el share se ha disparado. Me consta –y yo soy un buen ejemplo- que mucha gente ha comenzado a ver Hospital Central sólo por esta historia. Que luego ya te enganches a las otras tramas es lógico; sin embargo el motor que te ha empujado a verlo ha sido otro. Y es absurdo negarlo. Incluso en los foros generales de la serie, el tema más recurrente es Maca y Esther, como si el resto de personajes no existieran. Además, ellas se han convertido en la cabeza visible de la serie (junto con Jordi Rebellón, pero es que él ya estaba consolidado dentro de la misma), por encima de otros muchos personajes/actores que llevan ahí casi desde el principio. La propia Fátima Baeza lleva desde los inicios y ha sido ahora, cinco años después, cuando se la empieza a conocer y reconocer.

    Un día se me ocurrió buscar información en la red sobre estas dos chicas y me quedé completamente alucinada. Fátima Baeza pero, sobre todo (no nos engañemos), Patricia Vico han desatado un nuevo y curioso fenómeno fan: el de las adolescentes lesbianas y bisexuales que inundan los foros (foros creados expresamente para hablar de las dos actrices y sus papeles) con mensajes que calificaría, en su mayoría, de histerismo hormonal. Vamos, que entras en uno de esos foros y en uno de, pongamos por caso, Pasión de Gavilanes y no notarías diferencia alguna en el tono empleado para decir que Maca y Esther o los hermanos Reyes ponen a las usuarias como la moto de Dani Pedrosa

    Y que conste que me parece genial que, ya desde la adolescencia, las nuevas generaciones puedan proclamar a los cuatro vientos que sí, que les gustan las personas de su mismo sexo, ¿y qué? Creo que es sano y saludable. Lo que pasa es que he echado en falta comentarios que opinasen un poco más seriamente del impacto sociológico que supone ese destello de visibilidad lésbica en horario de máxima audiencia. En cambio hay foreras que te sabrían decir exactamente cuántas pestañas tienen cada una en cada ojo o el número de calzado que gasta la Vico (un 41, por lo visto, vamos, que le pasa como a mí, que nos descuidamos y nos quedamos dormidas de pie…). O, el comentario que más gracia me hizo, que en la entrega de los Premios de la Mostra Lambda se dieron un beso –simbólico, claro está- de ¡4,7 segundos! Y digo yo, ¿qué pasa? ¿Qué la chica que estaba en la entrega –era la que lo contaba- aparte de cargar con la cámara de fotos para retratarse con sus ídolas, la libreta para los autógrafos y algunas fotos y posters varios para que también estamparan su rúbrica, llevaba un cronometro encima para medir un beso que, por lo visto, fue totalmente espontáneo? Y, bueno, en una adolescente puedo comprender ese grado de fanatismo pero, ¿en una de mi edad?

    Pero no, los comentarios más críticos los he encontrado –como no- en algunos blogs. Con algunos estoy de acuerdo y con otros matizaría algunos puntos. Y, como con las opiniones pasa como con los culos y como yo también tengo uno, pues yo también voy a opinar.

    Primero, lo más básico, la química entre las actrices. Sí, vale, admito que tienen muchísima química tanto dentro como fuera de la pantalla. Y a quienes dicen que son empalagosas, sí, lo son pero ¿a que todas conocemos alguna parejita así? ¿a que todas –o la gran mayoría- hemos sido así de cursis y romanticonas cuando hemos tenido pareja? Porque vamos, mi yo-soltero le daría de hostias a mi yo-con novia de lo insoportable que se pone…

    Siguiendo con la química, ésta se mantiene en las miraditas, los ojitos que se ponen, las caricias… Pero, ¡ay, amiguitas! cuando llega el momento de darse un beso, se caen con todo el equipo… Como no había visto el inicio de la relación, me bajé de la Mula un montaje de sus escenas (para hablar con conocimiento de causa, claro) y pude comprobar que la mayoría de las veces se besan en el labio superior (en el bigote, para entendernos), en la barbilla, en las comisuras,… Eso cuando directamente y con un hábil movimiento corporal de alguna de las dos, no se ve con claridad el beso y a saber dónde se lo estarán dando. Sinceramente, por el bien de ambas, confío en que a sus respectivos novios (porque las dos son muy heteras) les besen en condiciones porque si no, me parece que se van a adscribir al club de las solteras en breve…

    La estrella, la que más pasiones levanta es, sin duda, Patricia Vico. Que sí, que vale, que está muy buena, que tiene una voz de esas que hacen que se te moje to’, que tiene ese punto de bordería que a muchas nos vuelve locas pero… ¡Vale ya, coño! ¿Es que estas chicas que la consideran perfecta no se han dado cuenta de que es patizamba y que tiene una nariz sumamente extraña? No, eso es que tiene unos “andares mu’ graciosos” o que “tiene personalidad”. Además, me parece que muchas olvidan o no se dan cuenta de que quien realmente les gusta es Maca, el personaje, no Patricia Vico, la actriz y la mujer que hay detrás y que, aunque obviamente comparte el físico con la doctora, no tiene porqué parecerse ni de lejos al personaje que encarna.

    Reconozco que soy de natural desconfiada y que la gente que va de políticamente correcta por la vida no suele darme buena espina. Dicen que las dos son encantadoras y que no van de estrellas (de Fátima Baeza me lo puedo creer pero de la Vico… dadle un par de añitos y ya veremos) y ellas mismas han dicho que además de un papel es un compromiso personal pero, no sé, hay algo que me chirría. Y que conste que yo siempre he defendido la visibilidad casi a cualquier precio y que, aunque cambiaría muchas cosas, me parece un hito histórico lo que ha conseguido esta serie. Y tampoco necesito que para reafirmar la visibilidad de las lesbianas haya que decir esa palabra, lesbiana, a la mínima ocasión. Me parece incluso mejor la táctica de mostrar las cosas tal cual son, sin etiquetas que, a priori, muchos rechazarán. ¿Que lo quieren vender como una historia de amor y no una historia lésbica? Me parece bien, ya va siendo hora de que no haga falta ponerle nombre a los sentimientos porque cada cual tiene los suyos y estoy segura que no siempre se parecen.

    Sin embargo sospecho que todo esto obedece a una simple aunque inteligente estrategia de marketing. El motor de cualquier programa o serie es la publicidad, por lo tanto necesitan audiencia. Por las noches todo dios ve la tele así que a la hora de preparar un producto para todos los públicos tienen que intentar cubrir todo el espectro de potenciales compradores para los anunciantes que mantienen la programación. Al fin y al cabo, todo se reduce a cuotas de mercado. Tenemos al viudo, al divorciado, al pijo recalcitrante, a la maruja cotilla, al chico de barrio, a las chicas jovencitas que comparten piso, al extranjero y, ahora también, a las lesbianas. Eso cubre a un gran sector de la sociedad y el morbo añadido por el toque lésbico lo convierte, a día de hoy, en un producto redondo. Un producto en el que incluyen tramas con un trasfondo social de lo más variadito, tanto dentro de los personajes fijos como de los episódicos. ¿Qué más se puede pedir?

    Además, la conversión de Esther de la heterosexualidad a la homosexualidad puede ser muy identificable con cierta realidad social en la que mujeres que siempre se habían sentido atraídas por los hombres, cuando rondan la treintena no, no se hacen lesbianas, se enamoran de otra mujer, que es muy distinto... (claro,claro) ¿Y qué decir de Maca? La palabra con la que mejor la definiría es la de irreal. Maca es un personaje que no sólo vive en la pequeña pantalla sino en las fantasías de miles de lesbianas. ¿Cuántas veces habré escuchado a amigas mías describirme a la mujer con la que se emparejarían para los restos y encontrarme ahora con que esa descripción le encaja como un guante al personaje de la pediatra lesbiana? No son tontos los guionistas, no. Tienen a la mitad de las bolleras de este país suspirando y babeando por Maca y creandoles vanas esperanzas de encontrar a una así en la vida real (mi ex, la Bollera Reprimida, me trataba y se comportaba al principio como ella pero el resultado conseguido y el tiempo me dan la razón, las fantasías hay que dejarlas siempre en las fronteras de la imaginación).

    De todas formas, el próximo 3 de noviembre estaré cubriendo la inauguración del LesGaiCineMad para ver cómo les dan un nuevo premio (aunque también voy por motivos personales, desde que dejé de trabajar en él no me he vuelto a pasar) y podré ver in situ a las hordas de chicas histéricas por estar a escasos metros de estas dos actrices que han colocado a las lesbianas en el punto de mira televisivo.

    Y hablando de premios, me he enterado de que hoy a Hospital Central les han concedido el Premio Ondas a la Mejor Serie de Televisión… ¡Qué casualidad!

    Bueno, os dejo, que me tengo que hacer la cena porque la serie está a punto de comenzar…

    …de fondo No soy idiota de Belén Arjona
     
    Clasificaciones
    En el amor y en las relaciones, como en todo, existen clases. Hoy, entre visita y visita de los candidatos a compañero de piso me he acercado por fin a hacer algo de compra, que mi nevera andaba ya en las últimas. Al igual que en mitad de un mal polvo te pones a pensar en la lista de la compra, mientras hago la compra a mí me da por ponerme a analizar las cuestiones erótico-festivas que a todos nos preocupan tanto, aunque pocos somos los que lo reconocemos.

    A mi modo de ver, los sujetos que a su vez son potenciales objetos de nuestro deseo se pueden clasificar en cinco categorías:

    HOMBRES:

    -Clase E. El chico de al lado o El vecino del segundo: Suele ser un chaval del montón en el que no te fijarías si no fuera porque ha hecho muy buenas migas contigo, te baja de la Mula esas pelis que tú eres incapaz de conseguir y si tiene coche se pirra por llevarte a dónde tú le digas. Está secretamente enamorado de ti pero tú, claro, no te das cuenta porque sólo estás pendiente de que aparezcan especímenes de categorías superiores.

    -Clase D. El niño mono o El resultón: Cuanto menos, da el pego. Le sueles utilizar para darle celos a alguno de tus ex y puede que en un momento de renuncio llegues a liarte con él. Luego no sabrás cómo decirle que no quieres nada más y él te pillará ojeriza (y con razón).

    -Clase C. El guapo pero soso: ¿Qué decir de este espécimen? Te alegra la vista pero en cuanto le haces alguna pregunta te lamentas de haber abierto la boca y empiezas a planear cómo escabullirte. Lo peor es que el tío no se da por aludido y te sigue soltando su cháchara, incapaz de captar tus indirectas por muy a la yugular que las lances.

    -Clase B. El chulazo: Está bueno que te mueres. Tan bueno que incluso le perdonas que en algunas ocasiones sea tan soso como los de Clase C. Lamentablemente él no se fijará en ti. Lo único que quiere es que admires su deslumbrante belleza. Pero como la vida es justa en ocasiones, el tiempo hará que su belleza pierda brillo. Años después, cuando tú estés en tu mejor momento, será él quien te persiga para que “toméis un café”.

    -Clase A. Eres el padre de mis hijos: Lo tiene todo. Es un chulazo y además es inteligente. Te hace favores como el espécimen de la Clase E. Te ayudará a darle celos a tu ex como el de Clase D y será el momento que aproveche para decirte que eres el hombre/la mujer de su vida. ¿Lo malo? La cosa suele acabar en divorcio justo en el momento en que tú piensas que estáis mejor que nunca y que las cosas marchan bien.

    MUJERES:

    -Clase E. La compañera de clase o de parrandas varias: Sales con ella porque a su lado se resalta una jartá tu atractivo natural. Suele llevar gafas, leer novelas románticas y tener muy mala suerte con sus ligues. Ella también está secretamente enamorada de ti. Te escribe largas cartas de amor que nunca se atreve a darte. Tú nunca te darás cuenta de lo que le ocurre y, cuando te enteres, te harás el indignado/a diciendo: “pues me lo podía haber dicho, ¿no? Se supone que somos amig@s…”.

    -Clase D. La que no está mal del todo: Es la chica comodín, la que también utilizas para darle celos a tu ex o con la que te enrollas al final de una noche de juerga porque no tienes nada mejor que hacer y el nivel de alcohol en sangre así lo propicia. El peligro estriba en que a fuerza de rollos de vez en cuando, se puede quedar colgada de ti, lo que haría que bajara automáticamente a la Clase E.

    -Clase C. Guapilla pero gilipollas: Sí, está buena pero cada vez que abre la boca, la caga que es un gusto. Suele ser un poco pija e, independientemente de su orientación sexual, estará más preocupada de cómo le quedan los vaqueros y si estos irán a la moda que de mejorar su coeficiente intelectual.

    -Clase B. La Tía Buena: Te mueres por echar un polvo con ella, la persigues allá donde va, haces guardia en los garitos de los que es habitual y haces como que te la encuentras “por casualidad”. Pero ella además de guapa, no es tonta y sí un poco zorra. Jugará contigo como lo haría un gato con un indefenso ratoncillo y, cuando menos te lo esperes, ¡zas! se liará con alguien mientras te mira con cara de decirte: “¡Ja! ¿Acaso pensabas que tenías siquiera una pequeña posibilidad?”.

    -Clase A. Quiero que tengas tú los hijos por mí para que se parezcan a ti y no saquen mi nariz: Al igual que el hombre Clase A, ésta también lo tiene todo. Guapa de aburrir, inteligente, divertida y con una vida interesante. ¿Lo malo de ella? Si eres chica, será hetero. Si eres chico, será lesbiana. O tendrá pareja, que para el caso viene a ser casi lo mismo. No falla, de verdad...


    …de fondo Aburrida de estar tan salida de L-Kan
     
    ¿Quién dijo vacaciones?
    Pues eso, que ni vacaciones ni na’ que se le parezca. Cinco miserables días lejos de la oficina no se pueden considerar, ni de lejos, vacaciones.

    El martes por la mañana tocaba ginecóloga. Tanta depilación y tanta hostia para que ni siquiera me metiera mano… Ais! Ya no hacen ginecólogas como las de antes. A cambio me dijo que como tengo un problema de mucosa (ni zorra idea de lo que me estaba hablando) me tenía que empezar a tomar la píldora. ¡Manda ovarios y nunca mejor dicho! ¿Para qué demonios tendré que tomar la píldora si el único macho que se acerca a mi cama es el Chucho Infernal? Pero nada, a partir de la próxima regla, a tomar la puta pastillita como una hetero de pro…

    Por la noche tenía el cumple del noviete de Lop. Llegué tarde (hay que hacerse esperar si quieres que se fijen en ti) pero mi gozo en un pozo: ni rastro de la famosa niña que me querían presentar. En su lugar, un tío que decía ser gay se dedicó a escanearme de arriba a abajo con esas miradas que pretenden ser sugerentes y sólo consiguen incomodar y a tirarme los trastos con mayor o menor fortuna:

    -Yo: Muy buena la tortilla…
    -Gay dudoso (a punto de poner los morritos del chico Martini): Tú sí que estás buena…

    Después Lop, el noviete y yo pusimos rumbo a Chueca. Allí nos encontramos con Rusfi y el resto de la pandilla pero su único nexo de unión era yo, que revoloteaba de la pareja al grupo como un zangano. En el bar en el que quedamos también vi a un par de allegados del Comando de Bolleras Desalmadas que me miraron con cara de “¡Ah! Pero, ¿sigues viva?”. Afortunadamente, no me saludaron. Y, como es obvio, yo tampoco hice ademán de ningún tipo de trato social con ellos.

    Rusfi & Cia se fueron prontísimo a casa pese a mis súplicas así que Lop, el noviete y yo nos fuimos al Escape. Allí me encontré con Tardona, la chica con la que había quedado unos días antes, que estaba con otra amiga. Me acoplé a ellas en vista de que los otros dos estaban empezando a ejercer de parejita. Además, ¡qué coño!, que ya empezaba a acusar el exceso de testosterona y me apetecía un poco de compañía femenina, para variar. Estando con ellas me encontré con Ro, una vieja conocida que, a su vez, es conocida de la miembra del Comando de Bolleras Desalmadas que me regaló, años ha, al Chucho Infernal. Nos alegramos mutuamente de encontrarnos y nos pusimos al día. Ella se larga en unos días a Argentina durante un mes pero en cuanto vuelva nos tomaremos un café (o al menos esa pareció ser nuestra intención). Al rato Lop y el noviete anuncian que no pueden más con el agobio del Escape y dicen que se piran. Poco después, Tardona y su amiga dicen que ídem. Agarrándome a Ro como un clavo ardiendo (eran las 4 de la mañana y malditas las ganas que tenía de volverme a casa) me caí estrepitosamente porque no menos de quince minutos después ella y sus amigas también dijeron que se iban a sobar.

    Y allí que me quedé, solita y desamparada en medio de la marea humana del Escape. Lejos de estar cabreada por la deserción en masa, me encontraba de buen humor. Aunque al acabarme la copa no vi muchos motivos para prolongar mi estancia en el Bollódromo, ni siquiera con la sana intención de ligar con algún espécimen de buen ver. Así que recogí mi chaqueta y mi bolso del guardarropa y me dirigí a la salida. Craso error por mi parte. En ese momento daba comienzo un monumental aguacero que me retuvo agazapada en el portal de al lado hasta que saqué redaños y me atreví a salir a una calle más concurrida. ¿Para pillar un taxi? ¡Ja! No soy tan ilusa como para pensar que iba a encontrar un taxi para mí con semejante tormenta sobre las cabezas de todos. Me encaminé hasta los búhos. Tuve suerte, porque el mío ya estaba en su parada y en un pis pas y sin agobios, llegué a mi dulce hogar, a veces.

    Desde entonces, lejos de seguir mi plan de deslizarme de juerga en juerga y acabar en una orgía desenfrenada, no he vuelto a salir en todos estos días de asueto sino que he estado en mi casita viendo películitas, ejerciendo de maruja y recibiendo posibles candidatos a compañero de piso (Er de Huerva se ha ido, pero de eso ya hablaré otro día).

    El viernes por la mañana me pasé por mi editorial para devolver los originales que había estado leyendo y para llevarme unos cuantos más. Después de haber estado toooooodo el fin de semana leyendo libros de bollos he llegado a varias conclusiones:

    1.- Toooooodas las bollos tenemos una ex novia que nos hizo la vida imposible, a la que no podemos olvidar y que, con el tiempo, se ha convertido en nuestro fantasma de la Ópera particular (yo, como soy una abusona, tengo más de una y más de dos).

    2.- Toooooodas hemos desvirgado en alguna ocasión a una chica hetero. O en su defecto, nos hemos pasado años enamoraditas perdidas de nuestra mejor amiga del colegio/instituto/facultad (sin comentarios, que ya nos conocemos).

    3.- Toooooodas tenemos una especial predilección por la Comunicación Audiovisual o la Publicidad, tenemos todos los capítulos de The L World (yo no he visto ni uno), escuchamos música alternativa/oscura/deprimente/hortera (según el estado de ánimo), nos gusta irnos con la novia de turno a una casita rural cubierta de nieve y nos pasamos la vida haciendo regalitos chorras a esa novia de turno para demostrarle lo mucho que la queremos aunque tengamos cierta incapacidad verbal de decirle en voz alta esas dos putas palabras que todas queremos ser las primeras en escuchar (me refiero a “te quiero”, por si alguna se había perdido).

    4.- Toooooodas pensamos que la chica que nos gusta no entiende (yo he llegado a decir que el Escape estaba plagado de heteras… ¡y sin haber bebido, que es lo peor!).

    5.- Toooooodas nos hemos acostado, al menos una vez, con nuestra mejor amiga y compañera de juergas por el ambiente (¡cachis! Yo no y mira que lo he intentado veces).

    6.- Toooooodas nos hemos colgado alguna vez por una mujer más mayor que nosotras. La hemos perseguido, le hemos escrito desesperadas cartas de amor incondicional y nos hemos hundido en la mierda al saber que nos querían… como amigas (empiezo a comprender el éxito de aquella hortera canción de “Nooooo, no es amor, lo que tú sientes se llama obsesión…” ¿Quién no la ha cantado sintiéndose protagonista?).

    7.- Toooooodas nos pasamos media vida metidas en el chat y la otra media participando en kedadas en donde descubrimos que las demás chicas tienen un concepto muy alto de sí mismas (No, cielo, metro setenta, ojos rasgados, buen cuerpo no es una descripción realista…).

    8.- Toooooodas follamos estupendamente y toooooodas formamos parte del selecto club de las multiorgásmicas (ya, claro, todas las que me han dejado a medias es porque tenían un mal día pero el resto del tiempo no les pasa…)

    9.- Toooooodas encontramos a alguien especial en cuanto volvemos a pisar un bar de ambiente después de haber estado un tiempo missing in combat (con la de veces que yo he desaparecido y vuelto a aparecer, ¿cómo es que a mí no me ha pasado? ¿Tendré que poner un cartel en el Escape anunciando mi regreso para que las féminas se vayan preparando, acicalando y ensayando esa miradita que hará que me desmaye de pasión?)

    10.- Y para terminar, toooooodas somos monísimas de la muerte, tenemos unos cuerpazos de escándalo, una elegancia natural y un noséquéquequéséyo (pues si no lo sabes ni tú, andas lista, bonita) que nadie sabe apreciar lo suficiente. Y menos esa que nos gusta, que pensamos que no entiende y que compartía la plastelina con nosotras en la guardería… ¡Ay, mundo cruel!


    Cinco libros de lesbianas en dos días no pueden ser buenos para la salud mental de nadie…


    Hoy, para rematar unas vacaciones que no han sido tales, el Rusfi me ha engañado para que le acompañe al cine. Tiene que hacer una crítica de Obaba para clase y allá que nos hemos ido. Mejor que Princesas pero tampoco nada del otro mundo (¿Un Óscar? Jajajajajaja… que me meo). Lo mejor, lejos de lo que pensaba, no ha sido Pilar López de Ayala, sino Bárbara Lennie (ven p’acá bonita que vas a ver tú lo que es una lagarta…).


    Para una crítica más exhaustiva, que el Rusfi publique la que presente en clase en su blog, que yo ya estoy cansada.

    Y mañana de vuelta a la oficina...

    ¡QUE NO, QUE NO, QUE NO QUIERO IR!


    …de fondo Rip out the wings of a butterfly de H.I.M.


     
    ¡Por fin llueve! (Y, como era de esperar, me ha pillado fuera de casa)
    Pues sí, me ha pillado fuera de cualquier tipo de refugio. Bueno, miento, me ha pillado saliendo de la peluquería… Aunque, afortunadamente, no había ido a hacerme nada en el pelo sino a eliminar los pelos que se amotinan por debajo del punto de equilibrio de mi cuerpo (para entendernos, que he ido a depilarme porque mañana mis partes bajas recibirán la visita de mi ginecóloga…)

    En fin, bienvenida sea y esperemos que no se limite al tremendo chaparrón de hoy…

    Por lo demás tengo un humor excelente. Estoy en esos días en que no hago más que sonreír a todas horas y cada vez que me miro en el espejo me empiezo a reír a carcajadas. Y, ¡coño, como agradezco estar así!

    El fin de semana también ha sido muy divertido y como mañana empiezo mis minivacaciones, el resto de la semana promete seguir la misma tónica.

    El viernes no empezó bien. Mi editor me llamó a primera hora para dorarme la píldora un poco antes de decirme que la presentación de Barcelona se había cancelado. Me dijo que, al fin y al cabo, tampoco era un punto fuerte (no, claro, una ciudad con un movimiento lésbico a años luz del de Madrid no es un punto fuerte para presentar un libro de lesbianas, ¿cómo pude pensar lo contrario?). Así que mi gozo en un pozo. Mis días libres los dedicaré a mi ciudad natal.

    Por la tarde había quedado en Chueca con una chica a la que conocí por Internet. La verdad es que llevábamos mucho tiempo posponiendo y yo ya pensaba que se había olvidado del asunto (de hecho, yo sí que lo había olvidado). Pero al final quedamos por la tarde para tomar un algo por la plaza. Yo llegué a mi hora –las ocho- pero tras veinte minutos de espera se me empezaron a agolpar en la cabeza las posibles explicaciones:

    1.- Me ha reconocido antes que yo a ella y ha salido corriendo (yo he estado a punto de hacerlo algunas veces)

    2.- Es un tío que me ha tomado el pelo (no habíamos hablado por teléfono y no tenía la certeza)

    3.- Era una tía y en el último momento ha decidido que pasaba de quedar con nadie a quien no conocía.

    4.- El fantástico transporte público de la capital le ha jugado una mala pasada y se ha quedado atrapada en un vagón de metro repleto de niñatos que se dirigen a Alonso Martínez (una de las más lógicas, por otra parte, pero parece que siempre nos gusta ponernos en lo peor).


    Le estaba escribiendo un mensaje diciéndole que me largaba cuando ella me mando otro para decirme que lo sentía, que el transporte la había retrasado pero que llegaba enseguida, que la esperase en algún bar. Bueno, vale. Le contesté diciéndole que me iba a una cafetería de la calle Pelayo (no, La Troje, no) y que la esperaba allí.

    Aún tardó otros veinte minutos en llegar. Teniendo en cuenta que después se iba a currar, nos iba a quedar muy poco tiempo para charlar de nada. Llegó como un vendaval, me saludó, se disculpó, se acercó a la barra a pedirle un café al camarero, se sentó, se volvió a levantar para pedirle cambio, sacó tabaco de la máquina, se volvió a sentar, se volvió a disculpar y durante la conversación salió no menos de tres o cuatro veces porque la llamaban al móvil y no tenía cobertura… Pese a todo esto me cayó bastante bien, se la veía una tía resuelta (cosa cada vez más difícil de encontrar, ya no en Chueca sino en la vida en general) y cuando nos pusimos a hablar de activismo gay pues se nos empezó a agotar el tiempo.

    Yo había quedado con Rusfi el Impresentable en la esquina de Gran Vía con Montera (es decir, frente al MariDonalds) para ir al cine. Así que me acompañó hasta allí. Entonces decidí contarle mi pequeño secreto. Bueno, no es secreto y si habéis leído mi perfil pues ya lo sabréis pero a mí no me mola ir pregonándolo como tarjeta de presentación, a diferencia de otr@s, que lo soltarían a la primera de cambio. Además, estando tan metida en el ambiente, se iba a acabar enterando tarde o temprano y mejor que se enterase por mí, ¿no? Así que le pregunté qué le parecía la literatura lésbica. Me contestó que había leído poco pero que uno de los libros que más le había gustado era… justamente mi primera novela. “Si, una chiquita que publicó uno hace un par de años y que ha sacado otro que están dándole mogollón de publicidad…”. Acabar de decir esto y darse cuenta de que era yo fue todo uno. La verdad es que no esperaba esa reacción de euforia y flipamiento que tuvo (pero se agradece, jeje, que nunca está de más subir un poco el ego). Y aunque ya habíamos dicho de quedar en otro momento con más tiempo, esto le dio aún más ganas de volver a verme. Y yo a ella, claro, que también me cayó de puta madre.

    Nos despedimos y me dispuse a esperar al Rusfi. Pero el Rusfi no llegaba. Habíamos quedado a las diez y a las diez y veinte me llama diciendo que sigue en su barrio, que el metro no llega, que le espere. Y yo, qué remedio, le espero. Y para matar el tiempo me meto en el MariDonalds, que aún no había cenado.

    Bueno, ni qué decir tiene que entramos a la película por los pelos, cuando ya había empezado (y mira que odio entrar con la peli ya empezada). Tras recuperar el aliento (fuimos a los Acteón y, para colmo, nuestra sala estaba en el último piso, ¡hala! sube corriendo por las escaleras) quitarme la chaqueta y apagar el móvil (yo que nunca lo hago… luego no me acordaba del pin, bloqueé el teléfono, fui incapaz de encontrar el puto código puk de mi número actual y sí de todos mis anteriores números y hasta el sábado por la tarde no volví a estar conectada con el mundo) nos intentamos meter en la historia. La peli era Princesas y mira que las anteriores películas de Fernando León me han gustado y mucho pero esta como que me dejó fría. Pero las tareas de crítica cinematográfica se las dejó al Rusfi en su blog (ya sabes lo que tienes que hacer, chavalote).

    Al salir del cine nos fuimos al My Way pero yo no aguanté más de dos cervezas. Así que me despedí, me pillé un teki y me vine para casa.

    El sábado juro que no tenía la más mínima intención de poner un pie en la calle más que para sacar a mi Chucho Infernal en el paseo nocturno de las últimas meaditas. Y en esas estaba, enredada en la red de redes, bajando cositas y contestando emilios varios cuando me llama el Rusfi diciéndome que qué hago, que si voy a salir. Y yo que le contesto que no tengo mucha intención, que luego el domingo me levanto a las mil y se me pasan los fines de semana sin hacer nada de provecho (aparte de emborracharme, claro está). Y va el muy picaruelo y me dice que me quiere presentar a una admiradora (entendámonos, una amiga suya que había leído mi primera novela). Mi respuesta no podía ser otra:

    -Dame un rato que al menos me duche, ¿no?

    (Aquí se pueden añadir algunas risas enlatadas)

    Y de nuevo mi poca fuerza de voluntad me sacó a la calle la noche del sábado.

    La noche estuvo divertida, me pegué unos bailes con uno de los amigos del Rusfi y charlé con la admiradora en cuestión que resultó ser más maja que las pesetas (aparte de muy mona pero tranquil@s, que mis hormonas aún no se han desatado del todo… por ahora). Acabé a las seis de la mañana dando mi reino por un taxi (haberme convertido en una pija burguesa a veces es complicado y todo por no darme la gana de meterme en el búho).

    El domingo, contra todo pronóstico, me levanté pronto (a las doce) y no se me ocurrió nada mejor que irme al gimnasio a luchar contra la resaca (fuera de coñas, me sentó de puta madre). Y luego me dediqué a marujear como buena ama de casa que soy…

    Y mañana empiezan mis minivacaciones y el Brujito Lop me ha invitado a una fiesta en la que me va a presentar a una niña muy mona (según él)… Me parece que no voy a pasar mucho tiempo en casa esta semana…

    Pero no todo iba a ser bueno…

    Ahora sufro en silencio…

    Y creo que mañana será el día en que compre mi primer tubito de Hemoal

    …de fondo Best of you de Foo Fighters
     
    Shopping
    Hoy después del curro, en vista de que mis vaqueros favoritos ya empiezan a rajarse, he decidido que era el momento de irme de compras.

    Para una compradora compulsiva como yo la idea de ponerme a mirar, toquetear, sobar y sopesar la verdadera necesidad del producto es algo que pone a mi tarjeta a temblar. Lo que pasa es que con el tema de la ropa soy un poco vaga. Salvo algunas excepciones de coquetería femenina que me pillan por sorpresa comprándome prendas por puro capricho, normalmente sólo suelo comprar ropa cuando la necesito imperiosamente. Pero una vez que me pongo, oye, que le cojo el tranquillo enseguida…

    El caso es que me he metido en El Corte Inglés aprovechando que lo tengo al lado del curro. Y no es que me guste especialmente ese lugar, de hecho a mi familia le produce urticaria solo pensar en poner el pie en la puerta. Pero en mi caso la genética no ha dominado mi indecisión a la hora de renovar mi armario y, ¿qué queréis?, es de lo más socorrido pese a que sigo siendo totalmente incapaz de orientarme una vez he entrado dentro y tardo más en encontrar la salida que en mirar, probarme y pagar lo que compro.

    El caso es que me he ido a la zona de una marca que es de lo más baratito que puedes encontrar allí y me he puesto a mirar. Tras unos intentos fallidos (los pantalones escogidos me quedaban pequeños lo cual no entiendo porque ahora mismo estoy usando pantalones de tres tallas distintas y estos se encontraban entre ellas) he vuelto a salir para buscar algo con lo que enfundarme mis celulíticas piernecitas. Y al cabo de un rato he vuelto a probadores con dos pantalones y una chaqueta de lo más chulo. Me los pongo y compruebo con gran satisfacción (y un poso de culpabilidad por ver la talla que eran) que me quedan bien. Vuelvo a vestirme y salgo con mi nueva ropita en brazos para abonarla como una buena chica. Nada más salir me cruzo con una de las pingüinas y con toda mi educación de colegio público le pregunto: “Disculpa, ¿me puedes cobrar?”. La susodicha pingüina se da la vuelta, contenta y salerosa, y al verme se le cambia la expresión de la cara. Me mira a mí, mira la ropa que acuno en mis brazos y me vuelve a mirar para decirme: “¡Ay! Es que lo de chicos te lo cobran allí” y me señala un punto inconcluso a mi derecha. Acto seguido se da la vuelta y se lanza al cuello de una nueva víctima.

    Mientras me voy acercando a la caja “correcta” donde una nueva pingüina procede a cobrarme con una expresión harto extraña en el rostro yo voy pensando para mis adentros: “¿Se habrá dado cuenta de que soy bollo? ¿Me ha llamado bollo subrepticiamente? Joder, si en Chueca no ligo porque se piensan que soy hetera…”

    ¿Y qué culpa tengo yo de que me guste la ropa de tío (yo más bien diría “ropa unisex”)? Es más, ¿qué culpa tengo yo de que la ropa que más mola suele ser la de los chicos? ¿Por qué todos los diseñadores se piensan que por ser tía vas a querer ir vestida como un pastelito de fresa (os juro que ese color y tooooodas sus variantes era lo que más predominaba en todas las secciones femeninas de tooooodas las marcas)? ¿Tengo que ir hecha una hortera con ropa que no me queda bien sólo porque ellos piensan que eso es lo que tengo que llevar porque soy mujer?

    En fins…

    Pero la tarde aún me deparaba más sorpresas. Salgo del Corte y aunque vuelvo a entrar en un par de tiendas más, no encuentro nada que me guste (más de lo mismo, estoy hasta los ovarios del rosa). Me meto en la Fnac, a comprobar por enésima vez (mentira, era la tercera) si mi libro está allí ya que me han asegurado que sí aunque no en la sección en la que yo esperaba encontrarlo…

    Y sí, efectivamente, mi libro está en la Fnac… ¡en la sección erótica! ¡En la sección erótica y –glups- romántica!

    Vamos a ver, ¿sólo por que un libro lo protagonicen gays y lesbianas tiene que ser literatura erótica? ¿qué coño tiene de erótico mi libro (aparte de la portada pero es que no pude hacer nada)?

    Vale, puede ser un honor compartir espacio con Almudena Grandes y sus “Las edades de Lulú” pero… ¡que me metan en el mismo saco que esas “grandes damas” del amor como Lindsay Davis o Danielle Steel me parece denigrante!

    Sólo espero que el día de la presentación los coloquen en el lugar en el que tienen que estar (con los libros corrientes y molientes) porque sé que a más de uno de los que irá le puede dar un patatús si se tiene que acercar por la citada sección a cogerlo…

    Chascarrillo laboral de hoy:

    -Ricitos: ¿Y a tu presentación van a ir famosos?
    Mi ceja izquierda comienza su ascenso…
    -Yo: ¿Qué tipo de famosos?
    -Ricitos: Pues famosos, actores y esas cosas…
    Mi ceja izquierda rozando ya el nacimiento del pelo…
    -Yo: Pues… no creo…
    -Ricitos (haciéndome dudar de si ha escuchado lo que he dicho): ¡Jo, qué guay! ¡Tenemos una compañera famosa!


    …de fondo Wake up exhausted de Tegan & Sara
     
    Cálculos chorras
    Soy una consumada bebedora. Y no, no penséis mal, no me refiero al whisky y demás bebidas espirituosas sino a líquidos más comunes.

    Dicen que es recomendable beber de 2 a 3 litros diarios, aunque no me aclaro si sólo de agua o también sirven otro tipo de bebidas (me refiero a cafés, infusiones o refrescos, no sigáis pensando mal).

    Alrededor de 3 litros es lo que me bebo en las ocho horas de oficina. Eso sin contar con mis sagrados cafés de cada día (dos o tres, según el nivel de sueño y modorra), las infusiones, los zumos, los refrescos y alguna que otra cervecita. Como Coca-cola ya no bebo (sólo con el whisky y eso sucede, como mucho, una vez a la semana) me he pasado al Nestea y al Aquarius. Una botella de un litro me suele durar una sentada de las cortas, sobre todo si vengo del gym. Eso, unido al agua que de por sí llevan los alimentos, me lleva a calcular así, grosso modo, que mi cuerpo recibe al día entre 6 y 7 litros de agua.

    Y pese a la famosa retención de líquidos de nosotras, las féminas, mi cuerpo se niega en redondo a mantener dentro de sí semejante manantial y, obviamente, me obliga a expulsarlo cada cierto tiempo.

    Según la Wikipedia, la vejiga humana, en circunstancias normales, tiene una capacidad de entre 300 y 350 centímetros cúbicos, que no sé si será el equivalente a mililitros (por favor, que alguien me corrija porque siempre he sido muy mala con las mates...) ya que yo siempre había oído que la capacidad de la vejiga estaba en torno a los 200 mililitros.

    Bien, como hoy estaba aburrida en el curro me he dedicado a calcular cuántas veces voy al baño teniendo en cuenta la cantidad de líquido que ingiero.

    -Redondeando, me tomo desde que me levanto hasta las cuatro de la tarde unos 3000 mililitros (leche del desayuno, zumo, cafeses varios y agua).

    -Si mi vejiga tiene una capacidad de 200 mililitros debería ir al baño unas 15 veces durante de jornada laboral.

    -Teniendo en cuenta que mi jornada laboral es de 8 horas eso quiere decir que voy al servicio cada 32 minutos.
    -Ir al servicio en mi lugar de trabajo es como irse de excursión: me levanto de mi mesa, cruzo la oficina, salgo al taller, cruzo el taller, bordeo el coche de Puto Almacenero, subo unas escaleras, giro a la derecha, giro a la izquierda, recorro un largo pasillo y, al final, vuelvo a girar a la derecha para entrar en el puto baño. Y, claro, después de semejante caminata, aprovechas para fregar la taza del café, mirarte en el espejo, llevarte las pinzas y quitarte ese pelillo rebelde que te está volviendo loca o, en algunos casos (y con la de fibra que como, son muchos) aprovechar para hacer aguas mayores. Eso nos daría una media de unos 8 minutos entre ir, llevar a cabo las citadas operaciones y volver al puesto de trabajo.

    -Tras los cálculos pertinentes eso nos daría como resultado 120 minutos, 2 horitas, nada más y nada menos, en las que no estoy trabajando cual eficiente hormiguita.

    Tras lo expuesto se me vienen a la cabeza dos conclusiones:

    -Soy una de las principales responsables de la sequía que está asolando el país…

    -Pues va a ser que curro menos de lo que yo pensaba…


    …de fondo All about us de Yulia y Lena “ya no somos lesbianas” t.A.T.u.
     
    Resacosa perdida...
    Hoy me he despertado a la hora en que las personas normales están sentadas a la mesa para comer. Boca pastosa y cerebro con un extraño parecido a una yema de huevo reventada... Al ir recuperando la consciencia poco a poco, una palabra, sólo una palabra ha venido a mis labios en un tono a medio camino entre E.T., el Gollum y el Monstruo de las Galletas:

    ¡¡¡¡ COOOCAAACOOOLAAA!!!!

    Y es que, ¿qué coño tendrá la coca-cola que cuando estas con la infernal resaca producida por una noche de juerga y despiporres varios es lo único que tu cuerpo parece querer?

    Como al volver esta mañana había comprado una botellita en el Sprint de al lado de mi casa, me fui, rauda y veloz, hasta la nevera a rescatar el escaso culín que había dejado antes de dormirme. Un culín a todas luces insuficiente por lo que me he visto obligada a volver al mundo de los vivos, vestirme, engancharle al Chucho Infernal la correa para matar dos pájaros de un tiro y bajarme a la calle en busca de tan preciado líquido...

    Sí, la fiesta de anoche fue antológica. Bueno, a decir verdad, la que fue realmente antológica fue la borrachera que me agarré desde primera hora de la noche en la fiesta del Sevillano. La fiesta estuvo bien, mucha gente, música muy alta y muchas risas. La mayor parte del tiempo estuve hablando con mi ex jefa y su novio (inciso aclaratorio: hace unos meses estaba en otro curro y un día descubrí que mi jefa era la novia de uno de los mejores amigos de JM, lo cual volvió a hacerme pensar que entre JM y yo debemos conocer a medio Madrid), luego vino Rys y, más tarde, cuando ya estábamos en la cola del Bollodromo mayor del reino, también vino su novio.

    En cuanto a esa chica tan ideaaaal para mí que me querían presentar JM y El Sevillano pues como que mejor que se dediquen a otros menesteres porque lo de celestinos no es lo suyo. Majilla, monina pero... pues como que no. Además, desde que la vi aparecer hasta que se marchó, ya cuando estábamos en el Bollódromo, tuve una continua sensación de deja vù... Se lo dije a JM, yo a esa chica me la he tenido que encontrar todas las semanas por Chueca (y ella a mí, obviamente) con lo cual la sensación de "he conocido a alguien" quedaba automáticamente descartada. En fins...! A ver si dentro de dos semanas cuando esté en Barcelona mejoran las perspectivas, al menos se supone que allí no conoceré a nadie ni de vista...

    Por lo demás la noche transcurrió tranquilita. Muchas risas, muchas copas, muchos bailes y, lo más importante, nadie indeseable a quien llegara a atisbar ni siquiera de lejos...

    ...de fondo Everything burns de Anastacia & Ben Moody