Mujer blanca soltera busca...
¡AVISO! ¡POST HIPER-EXTRA-LARGO!
Supongo que para compensar la sequía de días anteriores...
Mi salud sigue por los suelos. Joer, últimamente parezco La Pupas...
Besitos para tod@s
No, no es que haya decidido transformar este blog en una sección de contactos (aún no estoy tan… bueno, aún no) pero es que ese título le viene que ni al pelo a mi situación hogareña.
Supongo que alguien recordará que también es el título de una peli de los noventa protagonizada por Bridget Jones… digo Fonda y Jennifer Jason Leigh. En su momento, allá por el año 93, la peli me impactó muchísimo. Hará como cosa de un mes me topé con ella en la programación de madrugada y no pude por menos que echarme a reír. ¿Quién le hubiera dicho a la Arrierita de catorce años que las peripecias que la esperaban en su futuro no iban a tener nada que envidiarle a las de la prota de la peli?
Como bien deberíais saber, vivo en un piso compartido. Y el próximo verano hará ya siete años que estoy aquí. Ni qué decir tiene que, a efectos prácticos, es más mi casa que de cualquiera de los que pasan por aquí. El día que me vaya no moveré una habitación sino toda una casa ya que la mayor parte de las cosas que hay aquí son mías. Pero, pago del alquiler obliga, necesito compartir gastos con más gente. De este modo han pasado por aquí personajes y personajillos de lo más variopinto. Intentaré hacer un breve resumen (¡ojo! He dicho intentaré… Que ya sabéis que a mí eso de sintetizar se me da bastante mal):
El trío inicial lo comenzamos con, evidentemente, la Arrierita, Petarda Multimedia y Esquizofrénico. De la primera ya hablado en más de un post. Éramos amigas antes de compartir piso y lo fuimos después hasta que a ella se le cruzaron los cables. Mi abuela estaba convencida de que éramos pareja y, en cada visita al hogar abuelil, me endosaba varios frascos de caldo de cocido diciéndome: “Toma, para que os lo toméis Petarda y tú por las noches”. No importaban los esfuerzos que yo hacía para dejarle claro que cada una dormía en una habitación. Mi abuela me seguía dando caldito para las dos. Esquizofrénico, como su nombre indica, era esquizofrénico. Cosa que yo sospechaba por dos razones: le veía medicarse a diario y poseía esa mirada tipícamente esquizofrénica que poseen los ídem. Todo fue bien hasta el día en que, comiendo los dos en el salón, me preguntó: “Arrierita, ¿qué harías si cogiera este cuchillo y te persiguiera por toda la casa?”. Yo me limité a alzar una ceja y decirle que saldría corriendo escaleras abajo. Luego el tío empezó a contar historias sobre personas que suponíamos inventada y él mismo se hacía llamar por otro nombre. Se comportaba de un modo harto extraño y decía cosas muy raras. Hasta que un sábado por la noche, tras contar una de sus paranoias y largarse con una risa que ni Gary Oldman en Drácula dejándonos a Petarda y a mí algo acojonaditas, sonó el teléfono. Os podéis imaginar una escena tipo Scream si queréis. Nos miramos sin saber si cogerlo o no. Al final lo cogí yo. Preguntaban por él pero con el nombre inventado y era una de esas personas que pensábamos que no existían. Le dije que no estaba y colgué. Esa noche ni Petarda Multimedia ni yo nos atrevimos a dormir en casa…
Pero Esquizofrénico se quedó sin pasta, no encontró trabajo y regreso a su pueblo natal. En su lugar entró Lop, un medio rollete suyo. Con Lop la cosa fue bien. Era y sigue siendo un desastre pero supongo que ahí es dónde radica su encanto. Justo cuando la Arrierita iba a cumplir un año en el piso, Petarda Multimedia anuncia que se va tres meses a Sevilla como meritoria de dirección (bueno, ella lo adornó diciendo “ayudante de dirección”, que no es lo mismo) de una miniserie para televisión. En su lugar entró Gus, un conocido mío, que regresaba de pasar una temporada en Londres por esas fechas. Con Gus y Lop la convivencia duró dos largos años que ahora añoro con gran intensidad. Porque pese a los típicos problemas que siempre genera la convivencia entre personas, fueron los años más tranquilos que he vivido en este piso. Gus y yo congeniábamos muy bien, llegando a parecer casi un matrimonio. Y Lop, pese a ser mayor que ambos, era como nuestro hijo pequeño necesitado de protección. La leche, oigan.
Al cabo de esos dos años, Lop anunció que se iba a vivir con un tío al que acababa de conocer. Yo sentí que aquello era el principio del fin. En su lugar entró El Pipa, un chavalín de apenas veinte años con demasiada afición a la fiesta, las pastis y las llamadas telefónicas. Mientras tanto, por razones que ahora mismo no vienen al caso, la amistad entre la Arrierita y Gus se fue resquebrajando. Durante unas semanas la casa parecía La guerra de los Rose, metiéndonos en nuestros respectivos cuartos todas nuestras pertenencias y decidiendo qué hacíamos con lo que estaba a medias a voz en grito. Un auténtico divorcio. Así que Gus se fue, no sin antes poner en contra a todos nuestros amigos comunes (a los que, todo hay que decirlo, había conocido a través de mí). Para quién le interese, el paso de los años ha conseguido que volvamos a dirigirnos amigablemente la palabra pero, es obvio, ninguno forma ya parte de la vida del otro.
Tras la marcha de Gus entró La Militar, una obtusa, malhumorada y grave lesbiana con un tono de voz que, incluso en una conversación normal, te resultaba desagradable. Poco después, El Pipa dejó de pagar y yo no tuve más remedio que ponerle las cosas claritas y las maletas en la puerta. De recuerdo me dejó una factura de teléfono de cuarenta mil pelas (de las de antes).
Y ese fue el momento en que La Militar sugirió, así como quién no quiere la cosa, que su novia, La Falsa, estaba buscando piso. Y maldita la gracia que me hacía pero, viendo que no venía nadie mejor, accedí a regañadientes.
La verdad es que era una pareja bastante rara: nunca dormían juntas. Se daban un beso de buenas noches en los umbrales de sus cuartos y cada una a dormir a su cama. Pero pese a esto, la verdad es que estaban muy a gusto y les gustaba mucho el piso pero… sin mí en él. Así que comenzaron una campaña de acoso y derribo contra la Arrierita que consistía en impedir el paso al salón cuando estaban ellas, encerrar a mi perro en mi cuarto y hacerme el constante vacío. Ante esto, no tuve más remedio que pedirles amablemente que se marcharan. Afortunadamente, tuve la brillante idea de decirle a JM que estuviera conmigo en ese momento. Y digo afortunadamente porque tras comunicarles mi decisión La Militar se levantó con el puño en alto decidida a romperme la crisma. JM nos separó en pleno forcejeo. Evidentemente, las denuncié. Ellas llamaron al casero para decirles que querían alquilar el piso ellas dos. El casero se rió de ellas y, tras hablar conmigo, se presentó en el piso para decirles que tenían un mes para largarse.
Por suerte, se fueron enseguida y poco me importó pagar el mes yo solita si eso significaba que las había perdido de vista. Pero era pleno mes de diciembre y me resultó casi imposible encontrar a alguien. Mi madre y su marido vinieron a pasar las navidades conmigo y tuvieron la genial idea de poner una cerradura en la puerta de mi cuarto. Me acababan de regalar una televisión y dijeron que, tal y como estaban las cosas, mejor que tuvieran mis pertenencias o, al menos, las más valiosas, bajo llave.
A primeros de año, con mis padres aún aquí, entró La Vieja Maricona con su pulgosa perrita. Que consté que no tengo nada en contra de los gays mayores ni, mucho menos, de los perros pero es que este elemento era para echarle de comer aparte. Era chulo y misógino pero fue el único en responder al anuncio y mi economía ya no estaba para más excesos. Tras la marcha de mis padres, cuando no hacía ni diez días que había entrado, me dijo que se iba porque yo era una insociable que no sacaba la televisión al salón para que él la viera. Entretanto entró El Calvo, típico gay con estética skin y pasión por las zapas y los chandals Adidas. Al principio parecía majo y me llevé muy bien con él. Y juntos hicimos piña frente a La Vieja Maricona que, a finales de mes, anunció, para alegría nuestra, que se largaba. Y se fue. Sin decir nada. Nos dejó una habitación que no había limpiado en un mes llena de periódicos manchados de orina de su perra porque nunca la bajaba. Pero El Calvo descubrió que le faltaba dinero, así que le denunciamos. Y cambiamos la cerradura. Y luego, encima, La Vieja Maricona me denunció a mí (seis meses después fuimos a juicio. La chica que me cogió el DNI me resultaba conocida del Escape y el juez tenía toda la pinta de entender y no podía evitar la risa mientras La Vieja Maricona enumeraba mis supuestos delitos. Un día divertido, sin duda).
Casi un mes después entró El Galleguiño, con quién congenié al cabo de dos días como no lo había hecho con ningún compañero. El Calvo, celoso, se hizo también amiguito suyo. Y comenzó a demostrar su lado oscuro. Pretendía que convirtiéramos el salón en una habitación más y llegó a poner a El Galleguiño en contra mía. Pero, por suerte, éste abrió los ojos y se dio cuenta del tejemaneje. Me contó que El Calvo, después de poner la denuncia a La Vieja Maricona, descubrió que el dinero no estaba donde él creía. O sea que no se lo habían robado. Pero a mí no me dijo nada. Así que El Galleguiño y yo hicimos piña y, ya casi en verano, tras unos meses en los que El Calvo era un ente casi autista que sólo daba señales de vida para pagar (y menos mal), nos anunció que se iba a vivir con un tío al que había conocido. El Galleguiño y yo dimos saltos de alegría y bailamos la sardana en el salón al conocer la noticia. Y decidimos que no meteríamos a nadie más en el piso. Preferíamos pagar un poco más a seguir teniendo problemas.
Durante unos meses vivimos tranquilos hasta que El Galleguiño me anunció… Sí, justo, que se iba a vivir con su novio… Joer, con qué facilidad encuentra la peña gente con la que vivir… Nota friki: A El Galleguiño, con su consentimiento, le convertí en un personaje de una de mis novelas. Si alguien adivina cuál, le regalo un ejemplar firmado…
De nuevo me vi un mes de diciembre pagando yo solita el alquiler. Mediado el mes entró El Alcohólico Glotón. Al entrar me dijo que él tenía un problema, que era comedor compulsivo, un desorden alimenticio que, como tantos otros, siempre viene acompañado de problemas emocionales y psicológicos así como de otras adicciones. Pero lo del alcoholismo se cuidó muy mucho de mencionármelo. Poco después entró La Camarera Chuleta. Al principio, la convivencia pareció normal. Pero pronto quedó claro que la una no aguantaba al otro. Aparte de que a mí ya me empezaba a tocar las narices encontrarme a un tío de de ciento treinta kilos apestando a alcohol a diez metros tirado en el sofá cada vez que llegaba a casa. Las tiranteces entre ellos dos se acentuaron hasta que La Camarera Chuleta, a primeros de mayo, habiéndome dado largas con el alquiler, se marchó con nocturnidad y alevosía.
Los dos meses siguientes solo estuvimos en el piso El Alcohólico Glotón y la Arrierita, para desesperación mía y de mi cuenta corriente. En julio, entró de nuevo Lop, y a finales de agosto, harta de broncas con los vecinos por los escándalos que montaba El Alcohólico Glotón y de que se alimentara casi exclusivamente de mi comida cada vez que le daba un ataque de ansiedad, le di un ultimátum: O te largas o te largas.
En su lugar entró La Chica de la Tele. Una encantadora maña que trabajaba en turnos rotativos, que limpiaba, pagaba puntualmente y que, además, tenía una conversación interesante (era hetero pero tenía muchas amigas bollos a las que también conocí). Lo único malo de esta época es que Lop andaba muy pero que muy corto de pasta y me pagaba el alquiler a plazos. Evidentemente, Lop ya no era sólo un compañero de piso sino que también era mi amigo y fue por eso por lo que le permití cosas que no le hubiera permitido a nadie más. Pero a finales de año, viendo que su situación económica no mejoraba, se fue de okupa a casa de un amigo suyo con más posibles que yo.
A primeros de enero entró El Hacker. Bueno, lo de entrar es un decir ya que pagó alquiler y fianza y sólo dejó una maleta y un portátil en la habitación. A finales de enero, La Chica de la Tele también se fue. En febrero, El Hacker me dejó dinero para alquiler y gastos pero seguía sin instalarse. A mediados de febrero entró El Deprimido, una chaval de Barna que se había venido a Madrid a conocer a su amor de Internet y que todo lo veía negro. A la vez, El Hacker se instalo por fin. De buen rollo, se trajo tres portátiles y consiguió captar señales WIFI para conectarnos a la red por la patilla. A mí me coincidió con la convalecencia de mi operación y, en consecuencia, pasábamos todo el día juntos. Un hijoputa entrañable, luego sabréis por qué. Al cabo de mes y medio, El Deprimido se volvió para Barna. En su lugar entró El Topógrafo. Buen rollo con él.
Pero la bonanza es moneda rara en este, mi hogar. El cinco de mayo del año pasado, en plena escritura de mi segunda novela (y también en plena euforia creativa, esas que hacen que te pases medio día escribiendo y el otro medio deseando llegar a casa para escribir), llego una tarde de trabajar y me encuentro con que El Hacker se ha largado. Por supuesto, dejándome colgada con el alquiler. Y que, de paso, ha hecho un poco de limpieza en la casa. Más concretamente en mi cuarto. Y, para concretar más aún, mi ordenador al completo, home cinema incluído, la pantalla TFT de El Topógrafo y una cámara digital (pero no su ordenador, cosa que nos extrañó a ambos). Eso sí, tuvo la delicadeza de hacerme un backup de mis documentos, por lo que mi novela no sufrió (y la acabé en dos semanas en casa de JM, debe ser que trabajo mejor bajo presión). Que majo, ¿verdad?
Y yo, pese a tener cerradura en mi cuarto, hacía mucho que había dejado de echarla. Confiada que era una. Obvia decir que, a partir de entonces, echo la llave hasta cuando voy al baño.
Tras el palo, entró Er de Huerva, de quién ya hablé cuando comencé este blog. Poco tiempo después, El Topógrafo se fue… ¡Sí! A vivir con su novia. En su lugar entró El Chico de la Tele, de quién, aunque parezca raro, no tengo nada malo que decir. Fue el perfecto compañero de piso: pagaba puntualmente, no ensuciaba y, cuando nos sentábamos a ver la tele, compartíamos nuestro alto grado de frikismo televisivo con nuestras series favoritas.
Er de Huerva también se fue. En su lugar entró El Comercial de quien, en principio, no tenía nada malo que decir. Pero El Chico de la Tele también se fue, por motivos de trabajo. Y en su lugar entró El Segurata que, además, venía con novia okupa en el pack. Para entonces El Comercial me empezó a cargar por su exacerbada adicción a la cocaína y mis crecientes sospechas de que aparte de consumirla también se dedicaba al trapicheo. Y, justo el día que me había armado de valor para decirle que se fuera buscando otro sitio, él me dijo que le ascendían en su curro y le mandaban fuera de Madrid. En su lugar entró La Punkarrilla. Finalmente he averiguado que no entiende. Pero ya he conocido a más de una punkarrilla que, si escarbas un poco, acaba admitiendo alguna experiencia lésbica… Que insisto en que mi radar no falla, que sí…
Hoy se ha ido El Segurata, sin avisar, de improviso, por motivos de trabajo, como los últimos cinco habitantes de este, mi hogar. La Punkarrilla y yo llevamos toda la tarde haciendo casting de frikis (porque lo de la gente que viene a ver el piso merecería otro post) y charlando bastante. La verdad es que estás cosas unen. Me parece una tía maja y que va de frente. Y me ha asegurado que hasta julio estará aquí. Y que si la renuevan seguirá conmigo una larga temporada…
La pregunta ahora es: ¿Quién será el/la siguiente?
Tiemblo sólo de pensarlo…
…de fondo Love on the run de Chicane
Supongo que para compensar la sequía de días anteriores...
Mi salud sigue por los suelos. Joer, últimamente parezco La Pupas...
Besitos para tod@s
No, no es que haya decidido transformar este blog en una sección de contactos (aún no estoy tan… bueno, aún no) pero es que ese título le viene que ni al pelo a mi situación hogareña.
Supongo que alguien recordará que también es el título de una peli de los noventa protagonizada por Bridget Jones… digo Fonda y Jennifer Jason Leigh. En su momento, allá por el año 93, la peli me impactó muchísimo. Hará como cosa de un mes me topé con ella en la programación de madrugada y no pude por menos que echarme a reír. ¿Quién le hubiera dicho a la Arrierita de catorce años que las peripecias que la esperaban en su futuro no iban a tener nada que envidiarle a las de la prota de la peli?
Como bien deberíais saber, vivo en un piso compartido. Y el próximo verano hará ya siete años que estoy aquí. Ni qué decir tiene que, a efectos prácticos, es más mi casa que de cualquiera de los que pasan por aquí. El día que me vaya no moveré una habitación sino toda una casa ya que la mayor parte de las cosas que hay aquí son mías. Pero, pago del alquiler obliga, necesito compartir gastos con más gente. De este modo han pasado por aquí personajes y personajillos de lo más variopinto. Intentaré hacer un breve resumen (¡ojo! He dicho intentaré… Que ya sabéis que a mí eso de sintetizar se me da bastante mal):
El trío inicial lo comenzamos con, evidentemente, la Arrierita, Petarda Multimedia y Esquizofrénico. De la primera ya hablado en más de un post. Éramos amigas antes de compartir piso y lo fuimos después hasta que a ella se le cruzaron los cables. Mi abuela estaba convencida de que éramos pareja y, en cada visita al hogar abuelil, me endosaba varios frascos de caldo de cocido diciéndome: “Toma, para que os lo toméis Petarda y tú por las noches”. No importaban los esfuerzos que yo hacía para dejarle claro que cada una dormía en una habitación. Mi abuela me seguía dando caldito para las dos. Esquizofrénico, como su nombre indica, era esquizofrénico. Cosa que yo sospechaba por dos razones: le veía medicarse a diario y poseía esa mirada tipícamente esquizofrénica que poseen los ídem. Todo fue bien hasta el día en que, comiendo los dos en el salón, me preguntó: “Arrierita, ¿qué harías si cogiera este cuchillo y te persiguiera por toda la casa?”. Yo me limité a alzar una ceja y decirle que saldría corriendo escaleras abajo. Luego el tío empezó a contar historias sobre personas que suponíamos inventada y él mismo se hacía llamar por otro nombre. Se comportaba de un modo harto extraño y decía cosas muy raras. Hasta que un sábado por la noche, tras contar una de sus paranoias y largarse con una risa que ni Gary Oldman en Drácula dejándonos a Petarda y a mí algo acojonaditas, sonó el teléfono. Os podéis imaginar una escena tipo Scream si queréis. Nos miramos sin saber si cogerlo o no. Al final lo cogí yo. Preguntaban por él pero con el nombre inventado y era una de esas personas que pensábamos que no existían. Le dije que no estaba y colgué. Esa noche ni Petarda Multimedia ni yo nos atrevimos a dormir en casa…
Pero Esquizofrénico se quedó sin pasta, no encontró trabajo y regreso a su pueblo natal. En su lugar entró Lop, un medio rollete suyo. Con Lop la cosa fue bien. Era y sigue siendo un desastre pero supongo que ahí es dónde radica su encanto. Justo cuando la Arrierita iba a cumplir un año en el piso, Petarda Multimedia anuncia que se va tres meses a Sevilla como meritoria de dirección (bueno, ella lo adornó diciendo “ayudante de dirección”, que no es lo mismo) de una miniserie para televisión. En su lugar entró Gus, un conocido mío, que regresaba de pasar una temporada en Londres por esas fechas. Con Gus y Lop la convivencia duró dos largos años que ahora añoro con gran intensidad. Porque pese a los típicos problemas que siempre genera la convivencia entre personas, fueron los años más tranquilos que he vivido en este piso. Gus y yo congeniábamos muy bien, llegando a parecer casi un matrimonio. Y Lop, pese a ser mayor que ambos, era como nuestro hijo pequeño necesitado de protección. La leche, oigan.
Al cabo de esos dos años, Lop anunció que se iba a vivir con un tío al que acababa de conocer. Yo sentí que aquello era el principio del fin. En su lugar entró El Pipa, un chavalín de apenas veinte años con demasiada afición a la fiesta, las pastis y las llamadas telefónicas. Mientras tanto, por razones que ahora mismo no vienen al caso, la amistad entre la Arrierita y Gus se fue resquebrajando. Durante unas semanas la casa parecía La guerra de los Rose, metiéndonos en nuestros respectivos cuartos todas nuestras pertenencias y decidiendo qué hacíamos con lo que estaba a medias a voz en grito. Un auténtico divorcio. Así que Gus se fue, no sin antes poner en contra a todos nuestros amigos comunes (a los que, todo hay que decirlo, había conocido a través de mí). Para quién le interese, el paso de los años ha conseguido que volvamos a dirigirnos amigablemente la palabra pero, es obvio, ninguno forma ya parte de la vida del otro.
Tras la marcha de Gus entró La Militar, una obtusa, malhumorada y grave lesbiana con un tono de voz que, incluso en una conversación normal, te resultaba desagradable. Poco después, El Pipa dejó de pagar y yo no tuve más remedio que ponerle las cosas claritas y las maletas en la puerta. De recuerdo me dejó una factura de teléfono de cuarenta mil pelas (de las de antes).
Y ese fue el momento en que La Militar sugirió, así como quién no quiere la cosa, que su novia, La Falsa, estaba buscando piso. Y maldita la gracia que me hacía pero, viendo que no venía nadie mejor, accedí a regañadientes.
La verdad es que era una pareja bastante rara: nunca dormían juntas. Se daban un beso de buenas noches en los umbrales de sus cuartos y cada una a dormir a su cama. Pero pese a esto, la verdad es que estaban muy a gusto y les gustaba mucho el piso pero… sin mí en él. Así que comenzaron una campaña de acoso y derribo contra la Arrierita que consistía en impedir el paso al salón cuando estaban ellas, encerrar a mi perro en mi cuarto y hacerme el constante vacío. Ante esto, no tuve más remedio que pedirles amablemente que se marcharan. Afortunadamente, tuve la brillante idea de decirle a JM que estuviera conmigo en ese momento. Y digo afortunadamente porque tras comunicarles mi decisión La Militar se levantó con el puño en alto decidida a romperme la crisma. JM nos separó en pleno forcejeo. Evidentemente, las denuncié. Ellas llamaron al casero para decirles que querían alquilar el piso ellas dos. El casero se rió de ellas y, tras hablar conmigo, se presentó en el piso para decirles que tenían un mes para largarse.
Por suerte, se fueron enseguida y poco me importó pagar el mes yo solita si eso significaba que las había perdido de vista. Pero era pleno mes de diciembre y me resultó casi imposible encontrar a alguien. Mi madre y su marido vinieron a pasar las navidades conmigo y tuvieron la genial idea de poner una cerradura en la puerta de mi cuarto. Me acababan de regalar una televisión y dijeron que, tal y como estaban las cosas, mejor que tuvieran mis pertenencias o, al menos, las más valiosas, bajo llave.
A primeros de año, con mis padres aún aquí, entró La Vieja Maricona con su pulgosa perrita. Que consté que no tengo nada en contra de los gays mayores ni, mucho menos, de los perros pero es que este elemento era para echarle de comer aparte. Era chulo y misógino pero fue el único en responder al anuncio y mi economía ya no estaba para más excesos. Tras la marcha de mis padres, cuando no hacía ni diez días que había entrado, me dijo que se iba porque yo era una insociable que no sacaba la televisión al salón para que él la viera. Entretanto entró El Calvo, típico gay con estética skin y pasión por las zapas y los chandals Adidas. Al principio parecía majo y me llevé muy bien con él. Y juntos hicimos piña frente a La Vieja Maricona que, a finales de mes, anunció, para alegría nuestra, que se largaba. Y se fue. Sin decir nada. Nos dejó una habitación que no había limpiado en un mes llena de periódicos manchados de orina de su perra porque nunca la bajaba. Pero El Calvo descubrió que le faltaba dinero, así que le denunciamos. Y cambiamos la cerradura. Y luego, encima, La Vieja Maricona me denunció a mí (seis meses después fuimos a juicio. La chica que me cogió el DNI me resultaba conocida del Escape y el juez tenía toda la pinta de entender y no podía evitar la risa mientras La Vieja Maricona enumeraba mis supuestos delitos. Un día divertido, sin duda).
Casi un mes después entró El Galleguiño, con quién congenié al cabo de dos días como no lo había hecho con ningún compañero. El Calvo, celoso, se hizo también amiguito suyo. Y comenzó a demostrar su lado oscuro. Pretendía que convirtiéramos el salón en una habitación más y llegó a poner a El Galleguiño en contra mía. Pero, por suerte, éste abrió los ojos y se dio cuenta del tejemaneje. Me contó que El Calvo, después de poner la denuncia a La Vieja Maricona, descubrió que el dinero no estaba donde él creía. O sea que no se lo habían robado. Pero a mí no me dijo nada. Así que El Galleguiño y yo hicimos piña y, ya casi en verano, tras unos meses en los que El Calvo era un ente casi autista que sólo daba señales de vida para pagar (y menos mal), nos anunció que se iba a vivir con un tío al que había conocido. El Galleguiño y yo dimos saltos de alegría y bailamos la sardana en el salón al conocer la noticia. Y decidimos que no meteríamos a nadie más en el piso. Preferíamos pagar un poco más a seguir teniendo problemas.
Durante unos meses vivimos tranquilos hasta que El Galleguiño me anunció… Sí, justo, que se iba a vivir con su novio… Joer, con qué facilidad encuentra la peña gente con la que vivir… Nota friki: A El Galleguiño, con su consentimiento, le convertí en un personaje de una de mis novelas. Si alguien adivina cuál, le regalo un ejemplar firmado…
De nuevo me vi un mes de diciembre pagando yo solita el alquiler. Mediado el mes entró El Alcohólico Glotón. Al entrar me dijo que él tenía un problema, que era comedor compulsivo, un desorden alimenticio que, como tantos otros, siempre viene acompañado de problemas emocionales y psicológicos así como de otras adicciones. Pero lo del alcoholismo se cuidó muy mucho de mencionármelo. Poco después entró La Camarera Chuleta. Al principio, la convivencia pareció normal. Pero pronto quedó claro que la una no aguantaba al otro. Aparte de que a mí ya me empezaba a tocar las narices encontrarme a un tío de de ciento treinta kilos apestando a alcohol a diez metros tirado en el sofá cada vez que llegaba a casa. Las tiranteces entre ellos dos se acentuaron hasta que La Camarera Chuleta, a primeros de mayo, habiéndome dado largas con el alquiler, se marchó con nocturnidad y alevosía.
Los dos meses siguientes solo estuvimos en el piso El Alcohólico Glotón y la Arrierita, para desesperación mía y de mi cuenta corriente. En julio, entró de nuevo Lop, y a finales de agosto, harta de broncas con los vecinos por los escándalos que montaba El Alcohólico Glotón y de que se alimentara casi exclusivamente de mi comida cada vez que le daba un ataque de ansiedad, le di un ultimátum: O te largas o te largas.
En su lugar entró La Chica de la Tele. Una encantadora maña que trabajaba en turnos rotativos, que limpiaba, pagaba puntualmente y que, además, tenía una conversación interesante (era hetero pero tenía muchas amigas bollos a las que también conocí). Lo único malo de esta época es que Lop andaba muy pero que muy corto de pasta y me pagaba el alquiler a plazos. Evidentemente, Lop ya no era sólo un compañero de piso sino que también era mi amigo y fue por eso por lo que le permití cosas que no le hubiera permitido a nadie más. Pero a finales de año, viendo que su situación económica no mejoraba, se fue de okupa a casa de un amigo suyo con más posibles que yo.
A primeros de enero entró El Hacker. Bueno, lo de entrar es un decir ya que pagó alquiler y fianza y sólo dejó una maleta y un portátil en la habitación. A finales de enero, La Chica de la Tele también se fue. En febrero, El Hacker me dejó dinero para alquiler y gastos pero seguía sin instalarse. A mediados de febrero entró El Deprimido, una chaval de Barna que se había venido a Madrid a conocer a su amor de Internet y que todo lo veía negro. A la vez, El Hacker se instalo por fin. De buen rollo, se trajo tres portátiles y consiguió captar señales WIFI para conectarnos a la red por la patilla. A mí me coincidió con la convalecencia de mi operación y, en consecuencia, pasábamos todo el día juntos. Un hijoputa entrañable, luego sabréis por qué. Al cabo de mes y medio, El Deprimido se volvió para Barna. En su lugar entró El Topógrafo. Buen rollo con él.
Pero la bonanza es moneda rara en este, mi hogar. El cinco de mayo del año pasado, en plena escritura de mi segunda novela (y también en plena euforia creativa, esas que hacen que te pases medio día escribiendo y el otro medio deseando llegar a casa para escribir), llego una tarde de trabajar y me encuentro con que El Hacker se ha largado. Por supuesto, dejándome colgada con el alquiler. Y que, de paso, ha hecho un poco de limpieza en la casa. Más concretamente en mi cuarto. Y, para concretar más aún, mi ordenador al completo, home cinema incluído, la pantalla TFT de El Topógrafo y una cámara digital (pero no su ordenador, cosa que nos extrañó a ambos). Eso sí, tuvo la delicadeza de hacerme un backup de mis documentos, por lo que mi novela no sufrió (y la acabé en dos semanas en casa de JM, debe ser que trabajo mejor bajo presión). Que majo, ¿verdad?
Y yo, pese a tener cerradura en mi cuarto, hacía mucho que había dejado de echarla. Confiada que era una. Obvia decir que, a partir de entonces, echo la llave hasta cuando voy al baño.
Tras el palo, entró Er de Huerva, de quién ya hablé cuando comencé este blog. Poco tiempo después, El Topógrafo se fue… ¡Sí! A vivir con su novia. En su lugar entró El Chico de la Tele, de quién, aunque parezca raro, no tengo nada malo que decir. Fue el perfecto compañero de piso: pagaba puntualmente, no ensuciaba y, cuando nos sentábamos a ver la tele, compartíamos nuestro alto grado de frikismo televisivo con nuestras series favoritas.
Er de Huerva también se fue. En su lugar entró El Comercial de quien, en principio, no tenía nada malo que decir. Pero El Chico de la Tele también se fue, por motivos de trabajo. Y en su lugar entró El Segurata que, además, venía con novia okupa en el pack. Para entonces El Comercial me empezó a cargar por su exacerbada adicción a la cocaína y mis crecientes sospechas de que aparte de consumirla también se dedicaba al trapicheo. Y, justo el día que me había armado de valor para decirle que se fuera buscando otro sitio, él me dijo que le ascendían en su curro y le mandaban fuera de Madrid. En su lugar entró La Punkarrilla. Finalmente he averiguado que no entiende. Pero ya he conocido a más de una punkarrilla que, si escarbas un poco, acaba admitiendo alguna experiencia lésbica… Que insisto en que mi radar no falla, que sí…
Hoy se ha ido El Segurata, sin avisar, de improviso, por motivos de trabajo, como los últimos cinco habitantes de este, mi hogar. La Punkarrilla y yo llevamos toda la tarde haciendo casting de frikis (porque lo de la gente que viene a ver el piso merecería otro post) y charlando bastante. La verdad es que estás cosas unen. Me parece una tía maja y que va de frente. Y me ha asegurado que hasta julio estará aquí. Y que si la renuevan seguirá conmigo una larga temporada…
La pregunta ahora es: ¿Quién será el/la siguiente?
Tiemblo sólo de pensarlo…
…de fondo Love on the run de Chicane
¿Cuánto duran las resacas?
Vamos a ver, o he pillado la gripe aviar de las narices o me estoy haciendo vieja o yo ya no sé qué me pasa...
No es normal que no levante cabeza desde el sábado. Siento como si el ejercito yanqui hubiera bombardeado mi estómago (y hace siglos que no piso un McDonald's), me mareo cada dos por tres y ya no sé qué puedo comer para que me siente bien...
Hasta ahora salía una vez al mes porque me estoy volviendo bastante vaga y prefiero quedarme en casa viendo pelis o charlando con mi gente.
Espero que a partir de ahora no salga una vez al mes porque sea ese el tiempo que tarde en recuperarme...
Me voy al sofá a ver Pérdidos y a que Chuchín Infernal me haga mimitos...
...de fondo... nada, oyes, que ni música puedo escuchar...
No es normal que no levante cabeza desde el sábado. Siento como si el ejercito yanqui hubiera bombardeado mi estómago (y hace siglos que no piso un McDonald's), me mareo cada dos por tres y ya no sé qué puedo comer para que me siente bien...
Hasta ahora salía una vez al mes porque me estoy volviendo bastante vaga y prefiero quedarme en casa viendo pelis o charlando con mi gente.
Espero que a partir de ahora no salga una vez al mes porque sea ese el tiempo que tarde en recuperarme...
Me voy al sofá a ver Pérdidos y a que Chuchín Infernal me haga mimitos...
...de fondo... nada, oyes, que ni música puedo escuchar...
Cumpleaños alcohólico
Por suerte no todas mis semanas son como la que acaba de pasar. Porque si lo fueran tengo la firme sospecha de que la Arrierita iba a fenecer irremediablemente...
Y por si alguien tiene dudas de mi estado físico y mental hoy ni siquiera he podido ir a currar. Si al levantarte e ir al baño tu cuerpo decide vaciarse por todos los conductos posibles es que la cosa no anda bien. Y como dicen que el cuerpo es sabio, me he vuelto a meter en la camita previo envío de un mensaje a Jefa para avisarle de mi enfermedad...
El resto del día lo he pasado vegetando en el sofá y cascándome una nueva remesa de capítulos de Perdidos. Sólo he bajado a la calle para que Chucho Infernal no dejara el pasillo como un campo de minas.
En la fiesta, en contra de mis temores, al final el nivel entre testosterona y estrógenos se equilibró más de lo que yo pensaba. JM y El Sevillano, Señorita Muchacha (la ojomeneada finalista del jueves y que dejó ese comment tan etílico en mi anterior post) y su chica, Lop y su novio, Rys, El Rusfi con su chico (le tengo que buscar un mote pronto), El Cura (mote puesto por El Rusfi) y Tanita. Y mi compañero de piso y su novia que, la verdad, andaban por la fiesta más perdidos que un pulpo en un garaje.
Las tres tortillas volaron (es lo que tiene ser una buena... pues eso), el alcohol también (consejo: en las fiestas nunca debe haber más alcohol es el mejor modo de que la gente no se acomode...) y a eso de las doce y media nos largamos al Parque Temático.
La primera parada la hicimos en el garito en el que trabajaba esa lectora mía y de Olga Martí que se pasó por la presentación y que nos dijo que nos pasáramos (bueno, la Señorita Muchacha y su comitiva ya se pasaron el mismo jueves y tuvieron oportunidad de alcoholizarse a conciencia). Y el sábado el alcohol de nuevo corrió a raudales en forma de copichuelas y cava. Lo malo es que yo, que me había pasado todo el día de compras y limpiando la casa, apenas había comido (si se le puede considerar comida a los cereales del desayuno, un par de yogures por la tarde y cuatro trocitos de tortilla) y, claro, pretendo beber como en los viejos tiempos sin acordarme de que lo que luego pasa es que soy yo la que me estoy haciendo vieja. Así que a eso de las cuatro, cuando había desaparecido todo el mundo y yo estaba con Rys y una amiga suya que vino más tarde planeando ir al Escape para rematar la noche, dije que salía un momento a tomar el aire. Y nada más poner un pie en la calle vi que me tenía que ir a casa si no quería acabar durmiendo la mona sobre un contenedor de basura. Así que, aprovechando que me había salido con el abrigo y el bolso, no me lo pensé demasiado y enfilé hacia el cajero para sacar pelas y cogerme un taxi. Pero mi gozo se quedó en un pozo cuando, ya frente al cajero, abro mi cartera y descubro que mi tarjeta (y también mi DNI, aunque no me hiciera falta) me los había dejado en el bolsillo del pantalón que había llevado todo el día mientras iba y venía del super con las cosas de la fiesta. Yo, en mi línea, demostrando mis reflejos.
Así que no me quedó más remedio que bajar hasta Cibeles para coger el búho. Aunque no aguanté mucho. Me tuve que bajar en el Pirulí (vivo cerca pero, creedme, a las cuatro de la mañana y con semejante melopea las distancias aumentan) y caminar hasta casa para que el frío me despejara un poco...
Pero que nadie piense que me lo pasé mal. Bueno, me hubiera gustado aguantar más e irme a casa cuando ya fuera de día pero... es lo que tiene cumplir años, que ya no aguantas más...
Ah! Y me hicieron muchos regalos: dos libros que ya tenía (con la de libros que hay), incienso, esencias para quemar, piedras energéticas, un jabón con forma de cohete espacial (aunque reconozco que al principio pensé que era otra cosa), un colgantito de plata que hizo que Lop se pasara toda la noche diciéndome que me lo tocara para que me diera suerte,... Pero, sin duda, el regalo que más gracia hizo fue este...

...que me hicieron Rusfi & Cia. Pero sólo tiene dos pegas. Una, que el cabecero de mi cama no tiene barrotes. Y dos, que no tengo a nadie a quién ponérselas (de momento).
Para el próximo quiero unas bolas chinas. He dicho.
...de fondo Bad girl de Madonna (ahí estoy, redescubriendo su discografía...)
Y por si alguien tiene dudas de mi estado físico y mental hoy ni siquiera he podido ir a currar. Si al levantarte e ir al baño tu cuerpo decide vaciarse por todos los conductos posibles es que la cosa no anda bien. Y como dicen que el cuerpo es sabio, me he vuelto a meter en la camita previo envío de un mensaje a Jefa para avisarle de mi enfermedad...
El resto del día lo he pasado vegetando en el sofá y cascándome una nueva remesa de capítulos de Perdidos. Sólo he bajado a la calle para que Chucho Infernal no dejara el pasillo como un campo de minas.
En la fiesta, en contra de mis temores, al final el nivel entre testosterona y estrógenos se equilibró más de lo que yo pensaba. JM y El Sevillano, Señorita Muchacha (la ojomeneada finalista del jueves y que dejó ese comment tan etílico en mi anterior post) y su chica, Lop y su novio, Rys, El Rusfi con su chico (le tengo que buscar un mote pronto), El Cura (mote puesto por El Rusfi) y Tanita. Y mi compañero de piso y su novia que, la verdad, andaban por la fiesta más perdidos que un pulpo en un garaje.
Las tres tortillas volaron (es lo que tiene ser una buena... pues eso), el alcohol también (consejo: en las fiestas nunca debe haber más alcohol es el mejor modo de que la gente no se acomode...) y a eso de las doce y media nos largamos al Parque Temático.
La primera parada la hicimos en el garito en el que trabajaba esa lectora mía y de Olga Martí que se pasó por la presentación y que nos dijo que nos pasáramos (bueno, la Señorita Muchacha y su comitiva ya se pasaron el mismo jueves y tuvieron oportunidad de alcoholizarse a conciencia). Y el sábado el alcohol de nuevo corrió a raudales en forma de copichuelas y cava. Lo malo es que yo, que me había pasado todo el día de compras y limpiando la casa, apenas había comido (si se le puede considerar comida a los cereales del desayuno, un par de yogures por la tarde y cuatro trocitos de tortilla) y, claro, pretendo beber como en los viejos tiempos sin acordarme de que lo que luego pasa es que soy yo la que me estoy haciendo vieja. Así que a eso de las cuatro, cuando había desaparecido todo el mundo y yo estaba con Rys y una amiga suya que vino más tarde planeando ir al Escape para rematar la noche, dije que salía un momento a tomar el aire. Y nada más poner un pie en la calle vi que me tenía que ir a casa si no quería acabar durmiendo la mona sobre un contenedor de basura. Así que, aprovechando que me había salido con el abrigo y el bolso, no me lo pensé demasiado y enfilé hacia el cajero para sacar pelas y cogerme un taxi. Pero mi gozo se quedó en un pozo cuando, ya frente al cajero, abro mi cartera y descubro que mi tarjeta (y también mi DNI, aunque no me hiciera falta) me los había dejado en el bolsillo del pantalón que había llevado todo el día mientras iba y venía del super con las cosas de la fiesta. Yo, en mi línea, demostrando mis reflejos.
Así que no me quedó más remedio que bajar hasta Cibeles para coger el búho. Aunque no aguanté mucho. Me tuve que bajar en el Pirulí (vivo cerca pero, creedme, a las cuatro de la mañana y con semejante melopea las distancias aumentan) y caminar hasta casa para que el frío me despejara un poco...
Pero que nadie piense que me lo pasé mal. Bueno, me hubiera gustado aguantar más e irme a casa cuando ya fuera de día pero... es lo que tiene cumplir años, que ya no aguantas más...
Ah! Y me hicieron muchos regalos: dos libros que ya tenía (con la de libros que hay), incienso, esencias para quemar, piedras energéticas, un jabón con forma de cohete espacial (aunque reconozco que al principio pensé que era otra cosa), un colgantito de plata que hizo que Lop se pasara toda la noche diciéndome que me lo tocara para que me diera suerte,... Pero, sin duda, el regalo que más gracia hizo fue este...

...que me hicieron Rusfi & Cia. Pero sólo tiene dos pegas. Una, que el cabecero de mi cama no tiene barrotes. Y dos, que no tengo a nadie a quién ponérselas (de momento).
Para el próximo quiero unas bolas chinas. He dicho.
...de fondo Bad girl de Madonna (ahí estoy, redescubriendo su discografía...)
Crónicas de la sonrisa profidén
Tras una semana particularmente agitada que aún no ha llegado a su fin (todavía queda la fiesta de esta noche y la posterior noche de juerga desenfrenada por el Parque Temático) yo ya ando arrastrándome por los rincones...
De la presentación del jueves puedo contar que hubo llenazo total en el foro de la Fnac. El público, básicamente, se componía de los miembros habituales:
a) La perenne delegación del IMSERSO que se debe aburrir mucho en el centro de día que tienen asignado y se meten a la Fnac, que se está calentito y siempre hay cosas rar... digo, interesantes con las que matar el tiempo hasta la siguiente toma de pastillas.
b) Los colegas de los autores presentes. Colegas que han venido coaccionados tras una serie de amenazas constantes durante el último mes en el que se les ha dicho en multitud de ocasiones que si no vienen publicaremos sus fotos más comprometidas en Internet.
c) La mitad de los medios que habían prometido venir. En el último momento siempre sale una noticia tipo "Ha muerto Chanquete" que acapara toda su atención..
d) Algún despistado que pasaba por allí y, al ver la aglomeración de gente, decide ir donde va Vicente.
La cosa salió más o menos bien aunque a algunos se les hizo corto (¿corto? Sentaos a la mesa con los focos apuntándoos a la jeta y doscientas personas pendientes de cada movimiento que hacéis y ya veremos si vuestro concepto del paso del tiempo no cambia). Ahí estaban los dos ojomeneados, Alex Rei y Olga Martí, el responsable del cotarro y una servidora guiñando el ojo, no porque tuviera intenciones lujuriosas con nadie de la primera fila ni de la segunda sino porque se había pasado con el rimmel y se le pegaban las pestañas cada vez que parpadeaba.
Iba a colgar alguna fotillo pero tras comprobar que en todas salgo en medio, ya que los ilustres fotográfos del evento fueron Rys y el Rusfi y como deben tener algún grave problema emocional que les ha empujado a tenerme un inexplicable aprecio, me han sacado en casi todas siendo el centro de atención. Aunque tampoco creáis, que en la mayoría salgo rascándome, bebiendo de la botella de agua, descojonándome por algo o con la mirada perdida en el vacío y la cara desencajada. Así que, como no quiero ser la responsable de vuestras pesadillas, he decidido que esas fotos se quedarán tranquilitas en el disco duro para mi visionado personal. Porque la otra opción era ponerme un tomate sobre la cara. Y, joer, aunque seguro que alguien se quedó con las ganas, afortunadamente, nadie nos tiró tomates.
De todas formas, he de reconocer que lo que más me gusta de estos rollos que me tocan de vez en cuando es la media hora de después, el momento en que se reparten vasitos de ese intragab..., digo, exquisito vino español y una, con esa sonrisa de estar encantada de haberse conocido que aún no me sale del todo bien, se puede dedicar a hablar con unos y con otros para recabar información y cotilleos varios, así como hacerse más fotos, hacer que los autores curren firmándote los libros (que coño, que para algo les has presentado, ¿no?) e, incluso, firmarlos tú, porque sí, también hubo alguna incauta lectora mía que se desplazó hasta allí para que le firmara un ejemplar mientras yo trataba de que no se me notasen los colores que habían invadido mi rostro...
Al acabar Rys y yo interpretamos nuestro papel de mujeres fashion-fashion yéndonos a cenar a un restaurante pijo y pidiendo a la carta que, para una vez que pago yo, la pobre Rys tiene que aprovechar...
Pero como yo, pese a las apariencias, sigo siendo una currita más, a las once de la noche, tras una botella de vino entre pecho y espalda que hacía que mis ojos se cerrasen cual telones tras la función, me fui a casita...
Ahora estoy tomando un break en la preparación de la fiesta. Que, manda ovarios, te pasas todo el día limpiando para que tus amigos vengan a ensuciar. Y luego a pasarme la tarde haciendo tortillas (y no precisamente de las que me gustaría...) y que nadie pueda decir que le sienta mal beber el alcohol con el estómago vacío... Aiss, señor, qué difícil es ser una buena anfitriona...
Y esta noche a quemar Madrid... Si os cruzáis por Chueca con una comitiva de chicos gays encabezada por una tía con pinta de mariliendre y una camiseta que pone "¿Crees en el amor a primera vista o tengo que pasar otra vez?" que sepáis que... pasaré por delante vuestra las veces que hagan falta... ;-p
...de fondo Allí estaré de Alea
De la presentación del jueves puedo contar que hubo llenazo total en el foro de la Fnac. El público, básicamente, se componía de los miembros habituales:
a) La perenne delegación del IMSERSO que se debe aburrir mucho en el centro de día que tienen asignado y se meten a la Fnac, que se está calentito y siempre hay cosas rar... digo, interesantes con las que matar el tiempo hasta la siguiente toma de pastillas.
b) Los colegas de los autores presentes. Colegas que han venido coaccionados tras una serie de amenazas constantes durante el último mes en el que se les ha dicho en multitud de ocasiones que si no vienen publicaremos sus fotos más comprometidas en Internet.
c) La mitad de los medios que habían prometido venir. En el último momento siempre sale una noticia tipo "Ha muerto Chanquete" que acapara toda su atención..
d) Algún despistado que pasaba por allí y, al ver la aglomeración de gente, decide ir donde va Vicente.
La cosa salió más o menos bien aunque a algunos se les hizo corto (¿corto? Sentaos a la mesa con los focos apuntándoos a la jeta y doscientas personas pendientes de cada movimiento que hacéis y ya veremos si vuestro concepto del paso del tiempo no cambia). Ahí estaban los dos ojomeneados, Alex Rei y Olga Martí, el responsable del cotarro y una servidora guiñando el ojo, no porque tuviera intenciones lujuriosas con nadie de la primera fila ni de la segunda sino porque se había pasado con el rimmel y se le pegaban las pestañas cada vez que parpadeaba.
Iba a colgar alguna fotillo pero tras comprobar que en todas salgo en medio, ya que los ilustres fotográfos del evento fueron Rys y el Rusfi y como deben tener algún grave problema emocional que les ha empujado a tenerme un inexplicable aprecio, me han sacado en casi todas siendo el centro de atención. Aunque tampoco creáis, que en la mayoría salgo rascándome, bebiendo de la botella de agua, descojonándome por algo o con la mirada perdida en el vacío y la cara desencajada. Así que, como no quiero ser la responsable de vuestras pesadillas, he decidido que esas fotos se quedarán tranquilitas en el disco duro para mi visionado personal. Porque la otra opción era ponerme un tomate sobre la cara. Y, joer, aunque seguro que alguien se quedó con las ganas, afortunadamente, nadie nos tiró tomates.
De todas formas, he de reconocer que lo que más me gusta de estos rollos que me tocan de vez en cuando es la media hora de después, el momento en que se reparten vasitos de ese intragab..., digo, exquisito vino español y una, con esa sonrisa de estar encantada de haberse conocido que aún no me sale del todo bien, se puede dedicar a hablar con unos y con otros para recabar información y cotilleos varios, así como hacerse más fotos, hacer que los autores curren firmándote los libros (que coño, que para algo les has presentado, ¿no?) e, incluso, firmarlos tú, porque sí, también hubo alguna incauta lectora mía que se desplazó hasta allí para que le firmara un ejemplar mientras yo trataba de que no se me notasen los colores que habían invadido mi rostro...
Al acabar Rys y yo interpretamos nuestro papel de mujeres fashion-fashion yéndonos a cenar a un restaurante pijo y pidiendo a la carta que, para una vez que pago yo, la pobre Rys tiene que aprovechar...
Pero como yo, pese a las apariencias, sigo siendo una currita más, a las once de la noche, tras una botella de vino entre pecho y espalda que hacía que mis ojos se cerrasen cual telones tras la función, me fui a casita...
Ahora estoy tomando un break en la preparación de la fiesta. Que, manda ovarios, te pasas todo el día limpiando para que tus amigos vengan a ensuciar. Y luego a pasarme la tarde haciendo tortillas (y no precisamente de las que me gustaría...) y que nadie pueda decir que le sienta mal beber el alcohol con el estómago vacío... Aiss, señor, qué difícil es ser una buena anfitriona...
Y esta noche a quemar Madrid... Si os cruzáis por Chueca con una comitiva de chicos gays encabezada por una tía con pinta de mariliendre y una camiseta que pone "¿Crees en el amor a primera vista o tengo que pasar otra vez?" que sepáis que... pasaré por delante vuestra las veces que hagan falta... ;-p
...de fondo Allí estaré de Alea
Plan para un jueves por la tarde
Bueno, aunque al final he tardado más de lo que tenía previsto (si supiérais el día que llevo...) aquí estoy para comentaros lo que os prometí.
Como muchos ya sabéis nunca he querido hacer publicidad (al menos no publicidad directa) de mis novelas y de mi persona y, aunque lo de mañana sí tenga algo que ver conmigo, yo no soy la protagonista (que a mí eso de ser el centro de atención me causa mucha ansiedad) sino que serán otros los que tendrán que enfrentarse cara a cara con el público.
Mañana jueves, 16 de febrero, se presentará en la Fnac Callao las novelas ganadoras del VII Premio Odisea de Literatura, El diario de JL de Alex Rei como ganadora y Sígueme de Olga Martí, de la que ya hablé, como finalista. La hora, las 19:30.

Tan magno evento (esperad, que me da la tos) estará presentado por Oscar Pérez, por parte de Odisea Editorial, y por (¡ay, que me da la risa!) una servidora...
Las razones por la que invito a venir a todo aquel/la que quiera hacerlo son varias:
1.- La novela ganadora (es un blog que ya se publicaba en internet) ha tenido mucha publicidad. Cuando esta tarde me han dicho todos los medios que (probablemente) pululen por allí, me he puesto muy nerviosa (prensa rosa, generalista y puede que alguna televisión). Y todos vienen sólo por el éxito (comercial) de la novela ganadora.
2.- Yo fui miembro del jurado y la que se emperró en que Sígueme quedase como finalista, por lo tanto es también una apuesta personal.
3.- Estoy hasta los ovarios de que en el mundo (el gay y el no gay) las mujeres siempre tengan que estar a la sombra del machito dominante. Y, más en concreto, estoy hasta los ovarios de que en ninguna de las ediciones de este premio una mujer haya resultado ganadora (14 novelas entre ganadoras y finalistas y tan solo 4 de chicas, todas ellas sólo finalistas). Así que puesto que el tal JL ya tiene su público, me encantará ver el foro de la Fnac lleno de chicas que vienen a ver a la finalista. Y creo que a ella también (si luego me mata a sangre fría es que no le hacía tanta ilusión como yo creía...).
4.- Elegí Sígueme porque era la novela más interesante de las que se recibieron. Tal vez no pase a los anales de la literatura (como tampoco lo harán las mías) pero es una historia diferente que se desmarca de los folletines lésbicos a los que tan acostumbradas nos tienen.
5.- Es una buena excusa para salir un jueves. Se empieza cubriendo el expediente de lo cultureta para poder acabar tomando cubatas sin cargo de conciencia. Que l@s noctámbul@s también podemos ser intelectuales, oyes...
6.- Y... l@s más morbos@s podrán descubrir in situ que, cuando la Arrierita dice que va al gimnasio para desembarazarse (sin éxito) de los kilos de más que le sobran, no miente en absoluto...
Así que, nada, si os apetece pasar un ratillo entre petardeo y famoseo ambientil mientras escucháis hablar de novelas maricas y bollos, acercaos a la Fnac Callao mañana por la tarde... Prometo que al menos os echaréis unas risas...
...de fondo Too bad de Nickelback
Como muchos ya sabéis nunca he querido hacer publicidad (al menos no publicidad directa) de mis novelas y de mi persona y, aunque lo de mañana sí tenga algo que ver conmigo, yo no soy la protagonista (que a mí eso de ser el centro de atención me causa mucha ansiedad) sino que serán otros los que tendrán que enfrentarse cara a cara con el público.
Mañana jueves, 16 de febrero, se presentará en la Fnac Callao las novelas ganadoras del VII Premio Odisea de Literatura, El diario de JL de Alex Rei como ganadora y Sígueme de Olga Martí, de la que ya hablé, como finalista. La hora, las 19:30.

Tan magno evento (esperad, que me da la tos) estará presentado por Oscar Pérez, por parte de Odisea Editorial, y por (¡ay, que me da la risa!) una servidora...
Las razones por la que invito a venir a todo aquel/la que quiera hacerlo son varias:
1.- La novela ganadora (es un blog que ya se publicaba en internet) ha tenido mucha publicidad. Cuando esta tarde me han dicho todos los medios que (probablemente) pululen por allí, me he puesto muy nerviosa (prensa rosa, generalista y puede que alguna televisión). Y todos vienen sólo por el éxito (comercial) de la novela ganadora.
2.- Yo fui miembro del jurado y la que se emperró en que Sígueme quedase como finalista, por lo tanto es también una apuesta personal.
3.- Estoy hasta los ovarios de que en el mundo (el gay y el no gay) las mujeres siempre tengan que estar a la sombra del machito dominante. Y, más en concreto, estoy hasta los ovarios de que en ninguna de las ediciones de este premio una mujer haya resultado ganadora (14 novelas entre ganadoras y finalistas y tan solo 4 de chicas, todas ellas sólo finalistas). Así que puesto que el tal JL ya tiene su público, me encantará ver el foro de la Fnac lleno de chicas que vienen a ver a la finalista. Y creo que a ella también (si luego me mata a sangre fría es que no le hacía tanta ilusión como yo creía...).
4.- Elegí Sígueme porque era la novela más interesante de las que se recibieron. Tal vez no pase a los anales de la literatura (como tampoco lo harán las mías) pero es una historia diferente que se desmarca de los folletines lésbicos a los que tan acostumbradas nos tienen.
5.- Es una buena excusa para salir un jueves. Se empieza cubriendo el expediente de lo cultureta para poder acabar tomando cubatas sin cargo de conciencia. Que l@s noctámbul@s también podemos ser intelectuales, oyes...
6.- Y... l@s más morbos@s podrán descubrir in situ que, cuando la Arrierita dice que va al gimnasio para desembarazarse (sin éxito) de los kilos de más que le sobran, no miente en absoluto...
Así que, nada, si os apetece pasar un ratillo entre petardeo y famoseo ambientil mientras escucháis hablar de novelas maricas y bollos, acercaos a la Fnac Callao mañana por la tarde... Prometo que al menos os echaréis unas risas...
...de fondo Too bad de Nickelback
Gracias y una invitación
Tengo una semana bastante feliz (aunque un tanto estresante). Ayer fue mi cumple (27 tacos ya), hoy es San Calentín (aunque mi corazoncito está libre como los pájaros), mi amigo El Ilustre Bifuncionario me ha regalado un libro (que es el regalo que siempre me hace feliz como una perdiz) y como he vuelto al gym mi cuerpo anda liberando felicísimas endorfinas que me hacen sentir muuuuuy bien...
Miles de gracias y de besos a tod@s l@s que me habéis felicitado en el blog y en privado (aunque reconozco que os obligué un poquillo, es lo que tiene eso de publicar a los cuatro vientos que cumples años). Y gracias y besos también a los que no lo hicieron pero sé que están ahí detrás leyendo mis intermitentes paranoias (está claro que la edad me está volviendo muuuuy sentimental).
Y para agradeceros el que me hayáis seguido durante estos seis primeros meses de andadura bloguera, mañana os haré una pequeña sugerencia. Siento que sea con tan poco tiempo y que sea sólo para los que anden por Madrid y alrededores pero es que no lo había pensado hasta ahora.
Estén atent@s a sus monitores a lo largo del día de mañana. La respuesta llegará muy pronto...

...de fondo Where is the love? de The Black Eyed Peas
Miles de gracias y de besos a tod@s l@s que me habéis felicitado en el blog y en privado (aunque reconozco que os obligué un poquillo, es lo que tiene eso de publicar a los cuatro vientos que cumples años). Y gracias y besos también a los que no lo hicieron pero sé que están ahí detrás leyendo mis intermitentes paranoias (está claro que la edad me está volviendo muuuuy sentimental).
Y para agradeceros el que me hayáis seguido durante estos seis primeros meses de andadura bloguera, mañana os haré una pequeña sugerencia. Siento que sea con tan poco tiempo y que sea sólo para los que anden por Madrid y alrededores pero es que no lo había pensado hasta ahora.
Estén atent@s a sus monitores a lo largo del día de mañana. La respuesta llegará muy pronto...

...de fondo Where is the love? de The Black Eyed Peas
Cumpleaños nostálgico y consumista
Mi madre todos los años me recuerda la misma historia acerca de mi nacimiento. Y es que, por si todavía alguien no se creía mi cualidad de friki, ¿a quién se le ocurriría nacer una martes y trece, al filo de la media noche, con una luna llena anaranjada de esas que tanto miedo dan, ochomesina y, encima, ser la superviviente de dos mellizos...? Pues a mí, que ya desde que pegué el primer berrido tenía muy claro que lo mío era llamar la atención (no, si al final las del foro de la Vico van a tener razón y todo...). Pero vamos, yo, lejos de ser supersticiosa, creo que todo es una cuestión de casualidad. Esa misma casualidad que ha hecho que mi cumpleaños coincida con mi primer día de regla, con unos análisis de sangre y que, como trabajo al lado de la Capilla del Niño del Santo Remedio y todos los trece de cada mes doblan las campanas a los cuartos, me he pasado la mañana oyendo tolón-tolón...
Reconozco que soy de esas personas a las que les encanta cumplir años. No me preocupa ir engrosando dígitos ya que eso significa que sigo viva y que, aunque poca, voy ganando un poquito de experiencia en este mundo de locos. Además, me encanta mi cumpleaños. Me hace sentir especial. Me encanta que me llamen y me feliciten. Lo de los regalos me da igual (lo creáis o no). Pasarme el día contestando al teléfono para comprobar que mi gente se acuerda de mí me parece suficiente.
Aunque todos los años pasa lo de siempre. Hay gente muy cercana que tú confías en que recordarán el día en el que viven y que no te llaman y luego te felicita la persona que menos te lo esperas. Pero siempre es bonito que se acuerden de uno, aunque sea un día al año.
Luego están personas que hace un siglo que no ves y que justo se acuerdan de ti ese día. Pero no porque recuerden que cumples años sino porque la casualidad ha hecho que justo entonces tu recuerdo se les pasee por la mente.
Sotillo es uno de esos amigos de la infancia. Le conocí a los ocho años, cuando me mudé a la ciudad dormitorio que años ha me vio crecer y, además, era vecino de mis tíos. Casi desde entonces sospeché que Sotillo era gay. Pero nunca, incluso cuando ambos estábamos en plena adolescencia, hablamos del tema. Para mí era algo que no tenía importancia (ya que pese a mi claridad de ideas, fui una quinceañera bastante asexual) y él nunca se imaginó que yo también fuera de la vereda de enfrente (y van...). Hasta que un día, que ambos seguimos recordando de un modo especial, me lo encontré por sorpresa en el Retiro. Él se confesó, yo me confesé y Petarda Multimedia (que también andaba allí en aquel momento) dijo: "Y yo creo que también". Él fue quién nos descubrió, en un momento en el que todavía no estaba tan de moda todo lo gay, que en Madrid existía un pequeño barrio con locales de ambiente. Y fue él quien me llevó a conocerlo. Y quién me presentó a Rys. Y con quién empecé a conocer tantas y tantas cosas que aún hoy recuerdo con cariño.
Pues bien, a Sotillo le perdí la pista hace años. Pero hace unos meses nos volvimos a encontrar (dónde menos me lo esperaba pero también donde era más lógico encontrarle: en nuestro antiguo barrio). Nos dimos los teléfonos y quedamos en vernos con más calma en otro momento. Me llamó unos días después pero al final no concretamos nada. Y justo hoy me ha llamado para decirme que bajaba a Madrid y que si nos podíamos ver. Y yo, que malditas las ganas que tenía de que mi cumpleaños se convirtiera en un vulgar lunes más, le dije que le esperaba a las cinco en Chueca para recordar viejos tiempos.
No siempre es fácil reencontrarse con amistades del pasado. La distancia hace que la conversación que antes, cuando os habiáis visto unos días antes y tenías miles de cosas que contar, fluía a borbotones ahora se componga de silencios y breves résumenes de lo acontecido en los últimos tiempos. Han pasado casi seis años desde la última vez que nos vimos y, por mi parte, el vertiginoso ritmo de vida que he llevado me hace imposible contar más que las cosas más generales. El trabajo, estable (que ya era hora). En el piso, bien (aunque sea a temporadas). De amores ni me hables. ¿Y tus sueños? Pues ya ves, con dos novelas en la calle y muchos proyectos por terminar. Imagino que a él le pasa lo mismo. También tiene trabajo estable. Vive con su novio desde hace cuatro años, se acaban de comprar un piso y están iniciando los trámites para casarse (¡Yuju! ¡Mi primera boda gay!).
Para matar un poco esos silencios nos hemos ido de compras por la zona. Hemos entrado en la librería de mi editorial y le he regalado un ejemplar de mi primera novela (de la segunda le daré uno el sábado, que aún me queda alguno en casa). Nos hemos puesto a mirar escaparates y al pasar por uno de Augusto Figueroa he decidido que necesitaba esta camiseta:

Aunque había otras que eran tanto o más divertidas ("Ni lo sueñes. No podrías mantenerme" o "¿Qué parte del NO es la que no entiendes?"). El elevado precio (que, vamos, ni que las remataran con hilo de oro) me ha hecho comedirme. Y justo al salir de la tienda nos hemos dado de boca con los dos Amarales (qué mona es Eva Amaral, joer, yo quiero una así...) que estaban hablando con un tío al que no hemos identificado. Y hemos seguido de compras. Yo me quería comprar alguna camisa seria y formal porque el jueves tengo un evento que ya os comentaré a su debido tiempo. Pero no he encontrado nada. Así que me he conformado con una nueva camiseta:

Y es que no lo había dicho pero me encantan las camisetas con todo tipo de mensajes...
Ya hacía las ocho nos hemos despedido quedando en que él y su novio se pasarán el sábado por mi fiesta. Y es que a mí ya me estaba dando mucho cargo de conciencia saber que mi pobre Chucho Infernal estaba solito en casa desde esta mañana...
...de fondo Sex is not the enemy de Garbage
Reconozco que soy de esas personas a las que les encanta cumplir años. No me preocupa ir engrosando dígitos ya que eso significa que sigo viva y que, aunque poca, voy ganando un poquito de experiencia en este mundo de locos. Además, me encanta mi cumpleaños. Me hace sentir especial. Me encanta que me llamen y me feliciten. Lo de los regalos me da igual (lo creáis o no). Pasarme el día contestando al teléfono para comprobar que mi gente se acuerda de mí me parece suficiente.
Aunque todos los años pasa lo de siempre. Hay gente muy cercana que tú confías en que recordarán el día en el que viven y que no te llaman y luego te felicita la persona que menos te lo esperas. Pero siempre es bonito que se acuerden de uno, aunque sea un día al año.
Luego están personas que hace un siglo que no ves y que justo se acuerdan de ti ese día. Pero no porque recuerden que cumples años sino porque la casualidad ha hecho que justo entonces tu recuerdo se les pasee por la mente.
Sotillo es uno de esos amigos de la infancia. Le conocí a los ocho años, cuando me mudé a la ciudad dormitorio que años ha me vio crecer y, además, era vecino de mis tíos. Casi desde entonces sospeché que Sotillo era gay. Pero nunca, incluso cuando ambos estábamos en plena adolescencia, hablamos del tema. Para mí era algo que no tenía importancia (ya que pese a mi claridad de ideas, fui una quinceañera bastante asexual) y él nunca se imaginó que yo también fuera de la vereda de enfrente (y van...). Hasta que un día, que ambos seguimos recordando de un modo especial, me lo encontré por sorpresa en el Retiro. Él se confesó, yo me confesé y Petarda Multimedia (que también andaba allí en aquel momento) dijo: "Y yo creo que también". Él fue quién nos descubrió, en un momento en el que todavía no estaba tan de moda todo lo gay, que en Madrid existía un pequeño barrio con locales de ambiente. Y fue él quien me llevó a conocerlo. Y quién me presentó a Rys. Y con quién empecé a conocer tantas y tantas cosas que aún hoy recuerdo con cariño.
Pues bien, a Sotillo le perdí la pista hace años. Pero hace unos meses nos volvimos a encontrar (dónde menos me lo esperaba pero también donde era más lógico encontrarle: en nuestro antiguo barrio). Nos dimos los teléfonos y quedamos en vernos con más calma en otro momento. Me llamó unos días después pero al final no concretamos nada. Y justo hoy me ha llamado para decirme que bajaba a Madrid y que si nos podíamos ver. Y yo, que malditas las ganas que tenía de que mi cumpleaños se convirtiera en un vulgar lunes más, le dije que le esperaba a las cinco en Chueca para recordar viejos tiempos.
No siempre es fácil reencontrarse con amistades del pasado. La distancia hace que la conversación que antes, cuando os habiáis visto unos días antes y tenías miles de cosas que contar, fluía a borbotones ahora se componga de silencios y breves résumenes de lo acontecido en los últimos tiempos. Han pasado casi seis años desde la última vez que nos vimos y, por mi parte, el vertiginoso ritmo de vida que he llevado me hace imposible contar más que las cosas más generales. El trabajo, estable (que ya era hora). En el piso, bien (aunque sea a temporadas). De amores ni me hables. ¿Y tus sueños? Pues ya ves, con dos novelas en la calle y muchos proyectos por terminar. Imagino que a él le pasa lo mismo. También tiene trabajo estable. Vive con su novio desde hace cuatro años, se acaban de comprar un piso y están iniciando los trámites para casarse (¡Yuju! ¡Mi primera boda gay!).
Para matar un poco esos silencios nos hemos ido de compras por la zona. Hemos entrado en la librería de mi editorial y le he regalado un ejemplar de mi primera novela (de la segunda le daré uno el sábado, que aún me queda alguno en casa). Nos hemos puesto a mirar escaparates y al pasar por uno de Augusto Figueroa he decidido que necesitaba esta camiseta:

Aunque había otras que eran tanto o más divertidas ("Ni lo sueñes. No podrías mantenerme" o "¿Qué parte del NO es la que no entiendes?"). El elevado precio (que, vamos, ni que las remataran con hilo de oro) me ha hecho comedirme. Y justo al salir de la tienda nos hemos dado de boca con los dos Amarales (qué mona es Eva Amaral, joer, yo quiero una así...) que estaban hablando con un tío al que no hemos identificado. Y hemos seguido de compras. Yo me quería comprar alguna camisa seria y formal porque el jueves tengo un evento que ya os comentaré a su debido tiempo. Pero no he encontrado nada. Así que me he conformado con una nueva camiseta:

Y es que no lo había dicho pero me encantan las camisetas con todo tipo de mensajes...
Ya hacía las ocho nos hemos despedido quedando en que él y su novio se pasarán el sábado por mi fiesta. Y es que a mí ya me estaba dando mucho cargo de conciencia saber que mi pobre Chucho Infernal estaba solito en casa desde esta mañana...
...de fondo Sex is not the enemy de Garbage
Domingos
Como últimamente no salgo los fines de semana (con el consecuente alivio de mi cabeza, mi estómago y mi cuenta corriente) los domingos suelo levantarme a una hora razonable. Entendiendo por razonable un momento inconcluso entre la hora del desayuno y la del vermú. Hoy, como además me tenía que desplazar hasta la ciudad dormitorio que años ha me vió crecer, no he prolongado la apasionada relación que me une con mi cama más allá de las diez y media. Como una dominguera de pro, me he quitado las legañas, me he vestido y le he enganchado la correa a Chucho Infernal para sacarle a echar sus meaditas matutinas y, de paso, a comprar el periódico, ritual que me encanta y que no suelo llevar a cabo muy a menudo.
Al llegar al kiosco he comprendido por qué no suelo comprar la prensa dominical. Y es que, como ahora, al comprar un periódico, te regalan desde tacitas de café hasta croissants recién hechos (por no hablar del salmón noruego que regalaban hace poco un par de periódicos cuyas páginas son del mismo color que ese pescado) y como yo soy una compradora compulsiva, no he podido evitar traerme el bonito libro gráfico sobre la transición de la nueva colección que ha sacado El País aún a sabiendas que eso provocará que quiera seguir la colección.
Tengo un grave problema de adicción a los libros nuevos. Me encantan. Pese a que recurro a menudo a las bibliotecas públicas, no puedo evitar comprar libros y más libros. Y me da igual la edición: de bolsillo, rústica, cartoné, tapa dura, grandes formatos o ediciones de lujo. Me encanta colocar mis libros, mirarlos en sus estanterías pulcramente colocados y ordenados (en un orden anárquico porque, como mucho, suelo poner juntos los de un/a mismo/a autor/a, pero siempre sé dónde está cada uno), ojearlos y hojearlos, ver portadas y leer contraportadas... Y también leerlos, por supuesto, a ver si os váis a pensar que todo es un puro capricho estético...
Teniendo en cuenta que ya me estoy haciendo la colección de cine en español del mismo periódico (sí, soy de esas raritas a las que le gustan algunas cositas del cine patrio y latinoamericano, aunque esta no me la haré completa porque hay algunas que ya tengo) no sé yo si me compensa tanta colección... Empiezo a tener serios problemas de espacio en mi casa... Y es que el saber sí ocupa lugar.
¡Y mañana a ser un año más vieja! ¡Aisss! ¡Cómo pasa el tiempo!
...de fondo Sing for the moment de Eminem (versión nada sutil del Dream on de Aerosmith)
Al llegar al kiosco he comprendido por qué no suelo comprar la prensa dominical. Y es que, como ahora, al comprar un periódico, te regalan desde tacitas de café hasta croissants recién hechos (por no hablar del salmón noruego que regalaban hace poco un par de periódicos cuyas páginas son del mismo color que ese pescado) y como yo soy una compradora compulsiva, no he podido evitar traerme el bonito libro gráfico sobre la transición de la nueva colección que ha sacado El País aún a sabiendas que eso provocará que quiera seguir la colección.
Tengo un grave problema de adicción a los libros nuevos. Me encantan. Pese a que recurro a menudo a las bibliotecas públicas, no puedo evitar comprar libros y más libros. Y me da igual la edición: de bolsillo, rústica, cartoné, tapa dura, grandes formatos o ediciones de lujo. Me encanta colocar mis libros, mirarlos en sus estanterías pulcramente colocados y ordenados (en un orden anárquico porque, como mucho, suelo poner juntos los de un/a mismo/a autor/a, pero siempre sé dónde está cada uno), ojearlos y hojearlos, ver portadas y leer contraportadas... Y también leerlos, por supuesto, a ver si os váis a pensar que todo es un puro capricho estético...
Teniendo en cuenta que ya me estoy haciendo la colección de cine en español del mismo periódico (sí, soy de esas raritas a las que le gustan algunas cositas del cine patrio y latinoamericano, aunque esta no me la haré completa porque hay algunas que ya tengo) no sé yo si me compensa tanta colección... Empiezo a tener serios problemas de espacio en mi casa... Y es que el saber sí ocupa lugar.
¡Y mañana a ser un año más vieja! ¡Aisss! ¡Cómo pasa el tiempo!
...de fondo Sing for the moment de Eminem (versión nada sutil del Dream on de Aerosmith)
Fan Fatal
Rastreando en las páginas que remiten a este blog me he encontrado con un interesante foro en el que me mencionan… Bueno, en el que mencionan mis críticas a La Pediatra Motorista y La Enfermerita Sonriente…
No puedo decir que me sorprenda sino más bien que me reafirma en mi postura de que ciertos productos lésbicos (Hospital Central, The L Word) han creado un nuevo tipo de fenómeno fan que aunque no se reduce a las adolescentes (el segmento de edad parece moverse entre los 14 y 35 años), éstas, las que aún no rozan la veintena, son las que más movimiento generan.
Ya dije en un post anterior que me parece muy sano y saludable que ya desde esa tierna edad las chicas tengan más o menos clara su orientación sexual. Sin embargo me sigue alucinando la estrechez de miras de las fans más acérrimas de los productos audiovisuales con los que nos bombardean y más si estos productos tocan temas como la homosexualidad. Aunque, cuidado, pienso lo mismo de las fans heterísimas de los Gavilanes, de los Backstreet Boys o de la boy-band que ahora esté de moda. Comprendo que las cosas no se ven igual a los quince que a los veinticinco pero… ¡un poquito de por favor!
Que me llamen “lesbiana reprimida con ganas de hacerse notar” no me cabrea a estas alturas (me han llamado cosas mucho peores) sino más bien al contrario, me provoca grandes carcajadas. Y aunque no creo que estas muchachas se vuelvan a pasar por aquí después de leer esas líneas mías sobre la Vico que taaaaaaanto las ofendieron, por si acaso, les voy a contar unas cosillas…
Vamos a ver, nenas, la semana que viene cumplo 27 añitos. Esto quiere decir que ni estoy demasiado lejos de vosotras ni mi adolescencia fue muy distinta de la vuestra con la salvedad de que la red de redes no entró en mi vida hasta pasada la mayoría de edad y que yo no solía ver lesbianas en horario de máxima audiencia.
Aunque lo que voy a contar ahora suponga que mi reputación quede por los suelos no puedo negar mi pasado y confieso que a los nueve años compré mi primer número de la Super Pop. Durante muchos años fui una fiel compradora de dicha publicación así como de otras de la misma calaña: Nuevo Vale, Ragazza, la fugaz Smash Hits y otras que no recuerdo (la Bravo ya me pilló mayor). ¿Esto qué quiere decir? Pues que yo fui una adolescente como muchas aunque algo precoz para mi generación (a los nueve años fui calificada de rarita porque me gustaba la música y… ¡los chicos! Ironías de la vida, hoy las niñas de nueve años se visten como las de quince y a mí me siguen considerando rarita). Desde esa tierna edad forraba las paredes de mi cuarto y de mis carpetas con posters de los guapos de moda y me sabía la vida y milagros de esos entes de los que aún quedan retazos en la memoria de algunos: New Kids on the Block, Jason Donovan, Rick Astley, los chicos de Sensación de Vivir y demás fauna. Pero la parte más oscura de ese pasado mío es que desde los siete años yo era seguidora acérrima de ¡glups! los Hombres G y me moría por los huesitos de David Summers. Por suerte y tras años de terapia psicológica he logrado aceptar que no es tan grave carecer de criterio a esa edad (nótese la ironía subyacente y lo aviso porque estas muchachas no la parecen haber captado).
Sin embargo, pese a lo dicho anteriormente, nunca me he considerado fan de nadie. El mundo de la música, el cine, la televisión, la literatura me parece suficientemente amplio (y, a veces, incluso rico) como para centrarme en un único producto. Y, por supuesto, por mucho que algo o alguien me guste, mi admiración o mi agrado por él/ella/ello no me han impedido observarlo todo con un poquito de sentido crítico. Y he intentado no prejuzgar nunca nada por la etiqueta de presentación con la que viniera. No me avergüenzo de decir que hay canciones de grupos prefabricados que me resultan agradables de escuchar. O que alguna película de/por/para adolescentes me ha entretenido. Del mismo modo que disfruto con otros productos más serios desde un punto de vista intelectual. Siempre he creído que tanto lo bueno como lo malo tienen algo que ofrecerme y que me pueden hacer pasar el rato en un momento dado. Y, aunque no me considere fan sí que me considero friki. Friki en el sentido de que, entre discos físicos (piratas y legales) y carpetas de MP3 debo tener como unos 3000 albumes, de que en películas (también en todos los formatos posibles) debo rondar el millar, que mis libros atestan cada rincón de mi casa (y no creáis que todos son de Dostoiesvki o escritores serios, que tampoco me avergüenza reconocer que no he conseguido pasar de la página 80 de El Quijote, pese a tener dos ediciones a falta de una), que almaceno revistas de música, cine, literatura o humor en decenas de cajas porque me da pena tirarlas, que en mi ordenador se acumulan carpetas y carpetas con fotos, artículos o páginas web de todo aquello que me provoca interés (independientemente de que me guste o no). Soy friki porque intento conocer todo lo que puedo y no cerrarme en banda a nada y porque, puesto que me gusta opinar con un poquito de conocimiento de causa, antes de escribir o hablar de cualquiera cosa me gusta haber indagado para no meter la pata hasta el fondo y poder argumentar mi opinión con experiencias de primera mano.
Así que, chicas, claro que he buscado información de la Vico y la otra y me he descargado vídeos (incluso leo los foros por algún extraño y sádico placer de encontrarme con ciertas cosas que me hacen reír tanto). Primero, porque al tratarse de unos personajes lésbicos en una de las series más vistas de la televisión me interesa saber el tratamiento que se les da. Segundo, porque no lo había visto y para poder opinar primero hay que conocer. Y tercero, ¡joder!, el post de la polémica lo empiezo diciendo que yo también babeo por el personaje de la Vico (que no por la Vico, hay una sutil diferencia) igual que babeo por Shane en The L Word o por Angelina Jolie en Tomb Raider, cada cual tiene sus perversiones, ¿no? Y claro que me hice una foto con la Baeza porque la tuve delante de mí toda la gala de inauguración del Lesgaicinemad y todos tenemos momentos de debilidad (y de poder vacilar al día siguiente en la oficina, que es lo más divertido).
Sin embargo, la diferencia que hay entre estas fans y yo, es que yo puedo pasarlo bien viendo un capítulo de Hospital Central (o de cualquiera de los otros productos que he mencionado) pero ni me voy a mosquear ni voy a discutir con nadie porque se meta con la Vico (o con Shane o con la Jolie). Es más, yo seré la primera en criticar aquello que no me gusta. Porque también me parece muy sano y saludable.
Estos personajes tienen su punto positivo en que están visibilizando un tipo de relaciones hasta ahora ignoradas por gran parte de la sociedad y que están acostumbrado al ciudadanito medio a ver que las lesbianas existimos en otros sitios que no son las pelis porno. Pero no menos cierto es que, tras un tratamiento novedoso en los inicios (pese a ciertos estereotipos), han pasado a ser tan políticamente correctos que da asco. Eso por no hablar de los besitos de pitiminí que se dan las dos mientras el resto del reparto se besa metiéndose la lengua hasta los higadillos. Considero que el trabajo de un actor o actriz es hacer creíble su papel y si tienes que dar un beso, hazlo de verdad aunque no te haga gracia que a mí tampoco me gusta levantarme a las seis y media de la mañana para estar en la oficina a las ocho pero es mi trabajo y lo que me da de comer y lo tengo que hacer.
Y sí, me chirría lo del “compromiso personal” y lo de las sonrisas y agradecimientos en los premios. Algún día dejarán la serie y lo de la causa gay y lésbica quedará atrás. Y, seamos, realistas, hoy en día no es nada arriesgado interpretar un personaje homosexual, más bien al contrario, parece que da un toque de distinción y de esa corrección política que tanto me enerva. Quizá si me tomara un par de cañas con la Vico y habláramos de un par de temas, mi opinión cambiaría (o quizá no) pero con los datos que poseo esta es la impresión que me produce.
Uno de mis primeros referentes lésbicos lo tuve en esa didáctica película titulada Instinto Básico (bonito referente: una escritora bisexual y psicópata… Tal vez por eso mis novias siempre compraban el hielo en el chino de la esquina cuando decidíamos tomarnos la primera en casa). Durante el resto de mi adolescencia tuve que desarrollar el sexto sentido para buscar otros referentes, más o menos ocultos o visibles, en cine o literatura y aunque la situación actual de supuesto aperturismo parezca, a priori, más deseable que la que viví yo, sigo creyendo que esa situación fue más beneficiosa para mí: me obligó a estudiar, a buscar, a aprender y a descubrir cosas que las jovencitas de hoy ignoran. Ignoran el pasado, las dificultades que muchos han tenido (y siguen teniendo) para asumirse y que ser homosexual o lesbiana, incluso hoy en día, no es todavía considerado “normal”. Muchos años, cuando voy a la mani del orgullo, me quedo con las ganas de ponerme a preguntar a los asistentes si saben por qué celebramos ese día…
Con esto no quiero decir que algunas de estas chicas no lo tengan difícil, que no tengan problemas con su entorno o con ellas mismas a causa de su lesbianismo. Sé que para muchas estos personajes son quizá el único espejo en el que reflejarse, un referente con el que darse cuenta de que no son unos bichos raros. Pero las otras olvidan que hablar de homosexualidad todavía es un tema que requiere cierta seriedad en sus planteamientos.
Por otra parte, este es mi blog, mi rincón de narcisismo personal en el que poder opinar de lo que me interesa y si utilizo la ironía para escribir (ironía que ellas no parecen comprender) es porque me parece una de las mejores formas de escribir en un mundo que contienen en su interior tanta crudeza. No obligo a nadie a leerme ni a comulgar con lo que yo piense y diga pero ante frases como “pero q como ella bien a descrito a su ex, es una lesbiana reprimida q le gusta hecerse notar” (sic) no puedo evitar decir un par de cosas (aunque no creo que la autora llegue a leerlo).
Cielo, si llamo a mi ex Bollera Reprimida no es por una ruptura no asumida ni por odio acumulado. Mi ex cree que con salir por Chueca y follar con tías ya está muy liberada pero, sin embargo, sigue viviendo con unos padres del Opus que la manipulan, la insultan, la maltratan y hacen lo que quieren con ella con su propio consentimiento, además. Una mujer al borde de la treintena que tiene que mentir cada vez que sale por la puerta de su casa, que no tiene el suficiente valor (porque medios económicos sí que tiene) para vivir su propia vida y asumir que unos padres que la repudian por ser lo que es (y que no dudaran en negarla, llegado el caso) ni merecen el calificativo de padres ni que ella les demuestre su afecto y que lo mejor que podría hacer, si no quiere sumergirse en la infelicidad para los restos, es romper con todo y asumir las consecuencias.
Lo de ponerme a mí al mismo nivel calificándome a mí también de reprimida demuestra que esta chica, a diferencia de mí, no se preocupa en conocer antes de opinar, cegada por la fidelidad a su ídola. Si se hubiera molestado en leer un poco por encima este blog (aunque tampoco tenga por qué) se habría dado cuenta que reprimida es el último adjetivo que se me puede aplicar. Si lo hubiera hecho habría descubierto que tengo mi orientación bien asumidita desde los trece años, que he pasado la última década vinculada al activismo gay y lésbico, dando la cara en televisión, radio, prensa y actos públicos y que, para más inri, publico novelas de bollos por lo que a mi nombre real, por suerte o por desgracia, le sigue la bonita y nada reprimida etiqueta de “escritora lesbiana”.
Así que, por favor, disfrutemos de esas pequeñas golosinas tramposas que nos ofrecen los medios todo lo que queramos pero seamos realistas, las cosas no son todavía tan de color de rosa como pretenden (de)mostrarnos.
P.D.: De todas formas lo que más me preocupa son las faltas de ortografía que abundan entre el personal... ¡Aisss, Señor, cuánto daño ha hecho la LOGSE...!
…de fondo She’s hearing voices de Bloc Party
No puedo decir que me sorprenda sino más bien que me reafirma en mi postura de que ciertos productos lésbicos (Hospital Central, The L Word) han creado un nuevo tipo de fenómeno fan que aunque no se reduce a las adolescentes (el segmento de edad parece moverse entre los 14 y 35 años), éstas, las que aún no rozan la veintena, son las que más movimiento generan.
Ya dije en un post anterior que me parece muy sano y saludable que ya desde esa tierna edad las chicas tengan más o menos clara su orientación sexual. Sin embargo me sigue alucinando la estrechez de miras de las fans más acérrimas de los productos audiovisuales con los que nos bombardean y más si estos productos tocan temas como la homosexualidad. Aunque, cuidado, pienso lo mismo de las fans heterísimas de los Gavilanes, de los Backstreet Boys o de la boy-band que ahora esté de moda. Comprendo que las cosas no se ven igual a los quince que a los veinticinco pero… ¡un poquito de por favor!
Que me llamen “lesbiana reprimida con ganas de hacerse notar” no me cabrea a estas alturas (me han llamado cosas mucho peores) sino más bien al contrario, me provoca grandes carcajadas. Y aunque no creo que estas muchachas se vuelvan a pasar por aquí después de leer esas líneas mías sobre la Vico que taaaaaaanto las ofendieron, por si acaso, les voy a contar unas cosillas…
Vamos a ver, nenas, la semana que viene cumplo 27 añitos. Esto quiere decir que ni estoy demasiado lejos de vosotras ni mi adolescencia fue muy distinta de la vuestra con la salvedad de que la red de redes no entró en mi vida hasta pasada la mayoría de edad y que yo no solía ver lesbianas en horario de máxima audiencia.
Aunque lo que voy a contar ahora suponga que mi reputación quede por los suelos no puedo negar mi pasado y confieso que a los nueve años compré mi primer número de la Super Pop. Durante muchos años fui una fiel compradora de dicha publicación así como de otras de la misma calaña: Nuevo Vale, Ragazza, la fugaz Smash Hits y otras que no recuerdo (la Bravo ya me pilló mayor). ¿Esto qué quiere decir? Pues que yo fui una adolescente como muchas aunque algo precoz para mi generación (a los nueve años fui calificada de rarita porque me gustaba la música y… ¡los chicos! Ironías de la vida, hoy las niñas de nueve años se visten como las de quince y a mí me siguen considerando rarita). Desde esa tierna edad forraba las paredes de mi cuarto y de mis carpetas con posters de los guapos de moda y me sabía la vida y milagros de esos entes de los que aún quedan retazos en la memoria de algunos: New Kids on the Block, Jason Donovan, Rick Astley, los chicos de Sensación de Vivir y demás fauna. Pero la parte más oscura de ese pasado mío es que desde los siete años yo era seguidora acérrima de ¡glups! los Hombres G y me moría por los huesitos de David Summers. Por suerte y tras años de terapia psicológica he logrado aceptar que no es tan grave carecer de criterio a esa edad (nótese la ironía subyacente y lo aviso porque estas muchachas no la parecen haber captado).
Sin embargo, pese a lo dicho anteriormente, nunca me he considerado fan de nadie. El mundo de la música, el cine, la televisión, la literatura me parece suficientemente amplio (y, a veces, incluso rico) como para centrarme en un único producto. Y, por supuesto, por mucho que algo o alguien me guste, mi admiración o mi agrado por él/ella/ello no me han impedido observarlo todo con un poquito de sentido crítico. Y he intentado no prejuzgar nunca nada por la etiqueta de presentación con la que viniera. No me avergüenzo de decir que hay canciones de grupos prefabricados que me resultan agradables de escuchar. O que alguna película de/por/para adolescentes me ha entretenido. Del mismo modo que disfruto con otros productos más serios desde un punto de vista intelectual. Siempre he creído que tanto lo bueno como lo malo tienen algo que ofrecerme y que me pueden hacer pasar el rato en un momento dado. Y, aunque no me considere fan sí que me considero friki. Friki en el sentido de que, entre discos físicos (piratas y legales) y carpetas de MP3 debo tener como unos 3000 albumes, de que en películas (también en todos los formatos posibles) debo rondar el millar, que mis libros atestan cada rincón de mi casa (y no creáis que todos son de Dostoiesvki o escritores serios, que tampoco me avergüenza reconocer que no he conseguido pasar de la página 80 de El Quijote, pese a tener dos ediciones a falta de una), que almaceno revistas de música, cine, literatura o humor en decenas de cajas porque me da pena tirarlas, que en mi ordenador se acumulan carpetas y carpetas con fotos, artículos o páginas web de todo aquello que me provoca interés (independientemente de que me guste o no). Soy friki porque intento conocer todo lo que puedo y no cerrarme en banda a nada y porque, puesto que me gusta opinar con un poquito de conocimiento de causa, antes de escribir o hablar de cualquiera cosa me gusta haber indagado para no meter la pata hasta el fondo y poder argumentar mi opinión con experiencias de primera mano.
Así que, chicas, claro que he buscado información de la Vico y la otra y me he descargado vídeos (incluso leo los foros por algún extraño y sádico placer de encontrarme con ciertas cosas que me hacen reír tanto). Primero, porque al tratarse de unos personajes lésbicos en una de las series más vistas de la televisión me interesa saber el tratamiento que se les da. Segundo, porque no lo había visto y para poder opinar primero hay que conocer. Y tercero, ¡joder!, el post de la polémica lo empiezo diciendo que yo también babeo por el personaje de la Vico (que no por la Vico, hay una sutil diferencia) igual que babeo por Shane en The L Word o por Angelina Jolie en Tomb Raider, cada cual tiene sus perversiones, ¿no? Y claro que me hice una foto con la Baeza porque la tuve delante de mí toda la gala de inauguración del Lesgaicinemad y todos tenemos momentos de debilidad (y de poder vacilar al día siguiente en la oficina, que es lo más divertido).
Sin embargo, la diferencia que hay entre estas fans y yo, es que yo puedo pasarlo bien viendo un capítulo de Hospital Central (o de cualquiera de los otros productos que he mencionado) pero ni me voy a mosquear ni voy a discutir con nadie porque se meta con la Vico (o con Shane o con la Jolie). Es más, yo seré la primera en criticar aquello que no me gusta. Porque también me parece muy sano y saludable.
Estos personajes tienen su punto positivo en que están visibilizando un tipo de relaciones hasta ahora ignoradas por gran parte de la sociedad y que están acostumbrado al ciudadanito medio a ver que las lesbianas existimos en otros sitios que no son las pelis porno. Pero no menos cierto es que, tras un tratamiento novedoso en los inicios (pese a ciertos estereotipos), han pasado a ser tan políticamente correctos que da asco. Eso por no hablar de los besitos de pitiminí que se dan las dos mientras el resto del reparto se besa metiéndose la lengua hasta los higadillos. Considero que el trabajo de un actor o actriz es hacer creíble su papel y si tienes que dar un beso, hazlo de verdad aunque no te haga gracia que a mí tampoco me gusta levantarme a las seis y media de la mañana para estar en la oficina a las ocho pero es mi trabajo y lo que me da de comer y lo tengo que hacer.
Y sí, me chirría lo del “compromiso personal” y lo de las sonrisas y agradecimientos en los premios. Algún día dejarán la serie y lo de la causa gay y lésbica quedará atrás. Y, seamos, realistas, hoy en día no es nada arriesgado interpretar un personaje homosexual, más bien al contrario, parece que da un toque de distinción y de esa corrección política que tanto me enerva. Quizá si me tomara un par de cañas con la Vico y habláramos de un par de temas, mi opinión cambiaría (o quizá no) pero con los datos que poseo esta es la impresión que me produce.
Uno de mis primeros referentes lésbicos lo tuve en esa didáctica película titulada Instinto Básico (bonito referente: una escritora bisexual y psicópata… Tal vez por eso mis novias siempre compraban el hielo en el chino de la esquina cuando decidíamos tomarnos la primera en casa). Durante el resto de mi adolescencia tuve que desarrollar el sexto sentido para buscar otros referentes, más o menos ocultos o visibles, en cine o literatura y aunque la situación actual de supuesto aperturismo parezca, a priori, más deseable que la que viví yo, sigo creyendo que esa situación fue más beneficiosa para mí: me obligó a estudiar, a buscar, a aprender y a descubrir cosas que las jovencitas de hoy ignoran. Ignoran el pasado, las dificultades que muchos han tenido (y siguen teniendo) para asumirse y que ser homosexual o lesbiana, incluso hoy en día, no es todavía considerado “normal”. Muchos años, cuando voy a la mani del orgullo, me quedo con las ganas de ponerme a preguntar a los asistentes si saben por qué celebramos ese día…
Con esto no quiero decir que algunas de estas chicas no lo tengan difícil, que no tengan problemas con su entorno o con ellas mismas a causa de su lesbianismo. Sé que para muchas estos personajes son quizá el único espejo en el que reflejarse, un referente con el que darse cuenta de que no son unos bichos raros. Pero las otras olvidan que hablar de homosexualidad todavía es un tema que requiere cierta seriedad en sus planteamientos.
Por otra parte, este es mi blog, mi rincón de narcisismo personal en el que poder opinar de lo que me interesa y si utilizo la ironía para escribir (ironía que ellas no parecen comprender) es porque me parece una de las mejores formas de escribir en un mundo que contienen en su interior tanta crudeza. No obligo a nadie a leerme ni a comulgar con lo que yo piense y diga pero ante frases como “pero q como ella bien a descrito a su ex, es una lesbiana reprimida q le gusta hecerse notar” (sic) no puedo evitar decir un par de cosas (aunque no creo que la autora llegue a leerlo).
Cielo, si llamo a mi ex Bollera Reprimida no es por una ruptura no asumida ni por odio acumulado. Mi ex cree que con salir por Chueca y follar con tías ya está muy liberada pero, sin embargo, sigue viviendo con unos padres del Opus que la manipulan, la insultan, la maltratan y hacen lo que quieren con ella con su propio consentimiento, además. Una mujer al borde de la treintena que tiene que mentir cada vez que sale por la puerta de su casa, que no tiene el suficiente valor (porque medios económicos sí que tiene) para vivir su propia vida y asumir que unos padres que la repudian por ser lo que es (y que no dudaran en negarla, llegado el caso) ni merecen el calificativo de padres ni que ella les demuestre su afecto y que lo mejor que podría hacer, si no quiere sumergirse en la infelicidad para los restos, es romper con todo y asumir las consecuencias.
Lo de ponerme a mí al mismo nivel calificándome a mí también de reprimida demuestra que esta chica, a diferencia de mí, no se preocupa en conocer antes de opinar, cegada por la fidelidad a su ídola. Si se hubiera molestado en leer un poco por encima este blog (aunque tampoco tenga por qué) se habría dado cuenta que reprimida es el último adjetivo que se me puede aplicar. Si lo hubiera hecho habría descubierto que tengo mi orientación bien asumidita desde los trece años, que he pasado la última década vinculada al activismo gay y lésbico, dando la cara en televisión, radio, prensa y actos públicos y que, para más inri, publico novelas de bollos por lo que a mi nombre real, por suerte o por desgracia, le sigue la bonita y nada reprimida etiqueta de “escritora lesbiana”.
Así que, por favor, disfrutemos de esas pequeñas golosinas tramposas que nos ofrecen los medios todo lo que queramos pero seamos realistas, las cosas no son todavía tan de color de rosa como pretenden (de)mostrarnos.
P.D.: De todas formas lo que más me preocupa son las faltas de ortografía que abundan entre el personal... ¡Aisss, Señor, cuánto daño ha hecho la LOGSE...!
…de fondo She’s hearing voices de Bloc Party
El Rastro
Desde que tuve uso de razón hasta, más o menos, los once o doce años iba al Rastro de Madrid todos los domingos con mis abuelos. A mi abuelo le gustaba pararse en cada puesto y observar minuciosamente cada tornillo, tuerca o bisagra que se cruzara en su campo visual. Mi abuela aprovechaba para buscar prendas de abrigo o calzado a buen precio para los tres. Y lo que yo buscaba eran los puestos de tebeos donde poder encontrar nuevos Don Mickey (no sé si os acordaréis, era un tebeo del Pato Donald y Mickey Mouse que tuvo bastante éxito durante los 80 y que yo me bebía, literalmente, poco rato después de ser comprados). Luego íbamos a un bar a tomarnos unas cervezas (yo una coca-cola, como es obvio) y a comer oreja a la plancha.
En la adolescencia fui algunas veces con amigas a merodear por los puestos más alternativos. Mirábamos los bolsos hechos a mano, las cajitas de madera y las camisetas de los desconocidos (o quizá no tanto) grupos de rock que nos gustaban por aquel entonces. Y si comprábamos algo era porque habíamos ahorrado para ello con gran esfuerzo.
De adulta lo de ir al Rastro se convirtió en una actividad de transición. Me explico. Las juergas de los sábados por la noche se iban prolongando de los bares a las discotecas y de éstas a los after. Al salir del after y tras un reparador desayuno con un café triple, si aún quedaban fuerzas, el Rastro era la mejor excusa para pasar el rato hasta la hora del aperitivo. Así que allí nos íbamos, escudados tras nuestras gafas de sol, aún bajo los efectos del alcohol y, a veces, también de algún canutito. Merodeábamos por entre los puestos, vacilándonos entre nosotros, riendo y gastando bromas. A veces comprábamos algo, otras sólo mirábamos. Yo solía mirar los discos y las películas, también los libros. Y cuando encontraba algo que me llamara la atención, lo compraba. Luego, al rozar el mediodía, nos íbamos a tomar cañas cerca de la Plaza de los Carros para apurar hasta la última gota de energía.
Ya no leo tebeos (ahora los llamo comics), no hay ningún grupo que me guste tanto como para llevar una camiseta suya y, desde que tengo Internet, sólo compro libros. Así que mi visita de hoy al Rastro junto a JM y El Sevillano tenía como único objetivo el hacer acopio de DVD's vírgenes con los que tostar la ingente cantidad de ceros y unos que nos descargamos al cabo del mes...
Aún así me ha hecho ilusión pasear un rato por esas calles de mi pasado...
...de fondo My number de Tegan and Sara
En la adolescencia fui algunas veces con amigas a merodear por los puestos más alternativos. Mirábamos los bolsos hechos a mano, las cajitas de madera y las camisetas de los desconocidos (o quizá no tanto) grupos de rock que nos gustaban por aquel entonces. Y si comprábamos algo era porque habíamos ahorrado para ello con gran esfuerzo.
De adulta lo de ir al Rastro se convirtió en una actividad de transición. Me explico. Las juergas de los sábados por la noche se iban prolongando de los bares a las discotecas y de éstas a los after. Al salir del after y tras un reparador desayuno con un café triple, si aún quedaban fuerzas, el Rastro era la mejor excusa para pasar el rato hasta la hora del aperitivo. Así que allí nos íbamos, escudados tras nuestras gafas de sol, aún bajo los efectos del alcohol y, a veces, también de algún canutito. Merodeábamos por entre los puestos, vacilándonos entre nosotros, riendo y gastando bromas. A veces comprábamos algo, otras sólo mirábamos. Yo solía mirar los discos y las películas, también los libros. Y cuando encontraba algo que me llamara la atención, lo compraba. Luego, al rozar el mediodía, nos íbamos a tomar cañas cerca de la Plaza de los Carros para apurar hasta la última gota de energía.
Ya no leo tebeos (ahora los llamo comics), no hay ningún grupo que me guste tanto como para llevar una camiseta suya y, desde que tengo Internet, sólo compro libros. Así que mi visita de hoy al Rastro junto a JM y El Sevillano tenía como único objetivo el hacer acopio de DVD's vírgenes con los que tostar la ingente cantidad de ceros y unos que nos descargamos al cabo del mes...
Aún así me ha hecho ilusión pasear un rato por esas calles de mi pasado...
...de fondo My number de Tegan and Sara
Creo que mi nueva compañera de piso...
... es del gremio... Vamos, que entiende más que yo (y ya es decir).
Hace mucho que dejé de especificar al final de mis anuncios lo de "preferiblemente gay o les". ¿Para qué? A mí lo que me importa en un/a compañero/a de piso es que pague puntualmente, sea más o menos limpio y ordenado y no me cree problemas. Que sea gay o lesbiana ni me beneficia ni me perjudica ni va a hacer que estemos más "unid@s". Compartir una misma orientación sexual no nos va a hacer más afines.
Pero vamos, habrá que ver cómo se maneja esta nueva muchacha que ronda por mi casa. Porque yo tengo el radar con la ITV pasada y (casi) nunca me ha fallado. Aunque todavía Er de Huerva no se crea que supe que era gay desde la primera llamada que me hizo... (y no, no tiene pluma...).
Chascarrillo laboral de hoy:
Como Jefa andaba quejándose de que todos los calendarios que nos daban para el 2006 tenían los números demasiado pequeños, yo traje el calendario Fotogramas (eso, eso, a hacer publicidad gratuita) que tiene unos números del tamaño de un paquete de tabaco. Para quien no lo conozca, en este calendario cada mes va acompañado de la foto de un actor o actriz, un mes chico, un mes chica. Durante todo enero nos ha acompañado Colin Farrel y el mes de febrero toca Keira Nightley.
-Yo (volviendo de la impresora y fijándome en el susodicho calendario): ¡Jo! ¡Anda que no se han alegrado los chicos esta mañana cuando han cambiado la hoja!
-Jefa (con sonrisita pícara): Pues yo me sé de otra que también debe estar la mar de contenta...
-Yo (escéptica): ¡Psseee! Si todavía fuera Angelina Jolie...
-Jefa: Hija, pues con lo sugerente que esta esa muchacha en la foto...
-Yo: Ya pero es que a mí no me gustan todas las tías...
...de fondo Looks Just Like The Sun de Broken Social Scene
Hace mucho que dejé de especificar al final de mis anuncios lo de "preferiblemente gay o les". ¿Para qué? A mí lo que me importa en un/a compañero/a de piso es que pague puntualmente, sea más o menos limpio y ordenado y no me cree problemas. Que sea gay o lesbiana ni me beneficia ni me perjudica ni va a hacer que estemos más "unid@s". Compartir una misma orientación sexual no nos va a hacer más afines.
Pero vamos, habrá que ver cómo se maneja esta nueva muchacha que ronda por mi casa. Porque yo tengo el radar con la ITV pasada y (casi) nunca me ha fallado. Aunque todavía Er de Huerva no se crea que supe que era gay desde la primera llamada que me hizo... (y no, no tiene pluma...).
Chascarrillo laboral de hoy:
Como Jefa andaba quejándose de que todos los calendarios que nos daban para el 2006 tenían los números demasiado pequeños, yo traje el calendario Fotogramas (eso, eso, a hacer publicidad gratuita) que tiene unos números del tamaño de un paquete de tabaco. Para quien no lo conozca, en este calendario cada mes va acompañado de la foto de un actor o actriz, un mes chico, un mes chica. Durante todo enero nos ha acompañado Colin Farrel y el mes de febrero toca Keira Nightley.
-Yo (volviendo de la impresora y fijándome en el susodicho calendario): ¡Jo! ¡Anda que no se han alegrado los chicos esta mañana cuando han cambiado la hoja!
-Jefa (con sonrisita pícara): Pues yo me sé de otra que también debe estar la mar de contenta...
-Yo (escéptica): ¡Psseee! Si todavía fuera Angelina Jolie...
-Jefa: Hija, pues con lo sugerente que esta esa muchacha en la foto...
-Yo: Ya pero es que a mí no me gustan todas las tías...
...de fondo Looks Just Like The Sun de Broken Social Scene