Semana ¿orgullosa?
Estas fechas me traen demasiados recuerdos. Y me golpean con la certeza de que ya no soy la misma niña llena de ilusiones e ideales que aguardaba con impaciencia el 28 de junio hasta hace no mucho. Pedí esta semana de vacaciones para escribir, de acuerdo, pero también lo hice para poder disfrutar de los festejos como otros años no he podido. No pude por falta de tiempo, de dinero o de amigos. Y este año que tengo las tres cosas, no me apetece salir de mi cuarto...
Echo breves vistazos al programa de actividades. Podría intercambiarlos por los de otros años y no me daría cuenta. Leo crónicas, críticas y comentarios de otr@s con hastío. Me aburre hablar del por qué del orgullo, de la eterna polémica de manifestación sí-manifestación no, de ver cómo algunos se acomodan porque lo creen todo conseguido y de ver cómo otros siguen gritando hasta quedarse afónicos. Me aburre comprobar que la mayoría desconoce el origen de esta celebración y me aburre seguir explicándola. Había planeado pasarme todas las tardes por las plazas rebosantes de gente a respirar la agitación y lo único que me apetece ahora es tirarme en el sofá a ver películas y dejar que pasen estos días.
Antes no era así. Antes dormía tres horas diarias cuando llegaban estas fechas. Me apalancaba en stands informátivos, repartía folletos, hablaba con unos y con otros, asistía a fiestas y cabeceaba al día siguiente en mi puesto de trabajo. Antes llegaba el día de la manifestación y lo esperaba con ansiedad, compraba todos los periódicos y veía todos los informativos posibles para comprobar qué cobertura estabamos teniendo en los medios. Buscaba a conocidos en las fotos e imágenes emitidas en televisión. Yo misma hacía crónicas y especiales en mi programa de radio, escribía artículos, me dejaba entrevistar para dar la cara.
Ahora ha dejado de llamarme la atención. Aunque aún albergo esa ilusión residual que me hace marcar estos días en rojo en el calendario según se acercan me voy desinflando. Rehuyo escuchar los manidos discursos de ciertos colectivos porque reconozco las mentiras y abusos que subyacen bajo sus palabras. La hipocresía que destilan algunos de los que los pronuncian tan aparentemente orgullosos.
Durante muchos años quise ser abanderada de un movimiento al que creía pertenecer. Fui lo que llaman una activista. A día de hoy en el único activismo en el que creo es en el personal. Aunque sea el más difícil ya que no tienes ninguna institución que te respalde, sólo tus propias convicciones. Vivir mi día a día con normalidad me parece mucho más importante que llenarme la boca con palabras vacías durante un semana o un mes al año. Mostrar la realidad cotidiana de una orientación sexual menos minoritaria de lo que muchos se piensan en la oficina, en una cena con amigos, con mi familia me hace sentir que realmente estoy haciendo algo útil y efectivo. Aunque a veces duela, aunque a veces tenga ganas de tirar la toalla, aunque me den ganas de gritar y mandar a la mierda a muchos. Aunque no hay nada que me joda más que ver cómo mi persona es reducida a una simple etiqueta que nada tiene que ver conmigo. Porque yo soy mucho más que eso.
Muchos piensan que ya está todo conseguido sin darse cuenta de que aún queda lo más difícil. De nada me sirve tener el derecho a unirme en matrimonio con una persona de mi mismo sexo si las convenciones sociales me van a impedir celebrar ese acto con normalidad, si no voy a poder invitar a mi familia, si no voy a poder decir en mi trabajo que necesito unos días libres para irme de luna de miel como una pareja más, si no voy a poder rellenar un impreso oficial con el nombre de mi cónyuge sin temer la mirada aviesa del funcionario de turno.
Soy la primera que he disfrutado enormemente de estos días desde hace mucho tiempo. Y no faltaré este sábado a la manifestación. Del mismo modo que no he faltado a ninguna en los últimos diez años. Porque quizá sea el momento en que puedo gritar mi rabia, mi indignación y mi pesar y puedo hacerlo con cientos de miles de gargantas más. Pero esa rabia, esa indignación y ese pesar los pienso seguir gritando cada día, en cada momento, con cada persona que se cruce conmigo y se empeñe en mirarme como si mi vida fuera una equivocación cuando la única equivocación sería no vivirla tal y como llevo años haciéndolo.

¿Y qué tal si dejamos de mirarnos el ombligo y pensamos en todos los que murieron, en todos los que vivieron una vida de mentiras y ocultación, en todos los que sufrieron por ser cómo eran, en todos los que aún hoy, aquí y en otros países, siguen sin poder o sin tener el valor de alzar la voz, todos los que siguen sufriendo torturas físicas o psicológicas por amar a otro ser humano?
El orgullo no debería ser soberbia ni autocomplacencia.
El orgullo debería ser humildad y empatía. Ser conscientes de nuestra realidad y tratar de mejorarla. Mirar hacia adelante sin olvidar el pasado y preguntarse qué podemos hacer cada un@ de nosostr@s por mejorar nuestra situación y la de los que nos rodean, sin arrogancia ni vanidad. Sólo entonces podremos sentirnos realmente orgullos@s.
...de fondo Go west de Pet Shop Boys
Echo breves vistazos al programa de actividades. Podría intercambiarlos por los de otros años y no me daría cuenta. Leo crónicas, críticas y comentarios de otr@s con hastío. Me aburre hablar del por qué del orgullo, de la eterna polémica de manifestación sí-manifestación no, de ver cómo algunos se acomodan porque lo creen todo conseguido y de ver cómo otros siguen gritando hasta quedarse afónicos. Me aburre comprobar que la mayoría desconoce el origen de esta celebración y me aburre seguir explicándola. Había planeado pasarme todas las tardes por las plazas rebosantes de gente a respirar la agitación y lo único que me apetece ahora es tirarme en el sofá a ver películas y dejar que pasen estos días.
Antes no era así. Antes dormía tres horas diarias cuando llegaban estas fechas. Me apalancaba en stands informátivos, repartía folletos, hablaba con unos y con otros, asistía a fiestas y cabeceaba al día siguiente en mi puesto de trabajo. Antes llegaba el día de la manifestación y lo esperaba con ansiedad, compraba todos los periódicos y veía todos los informativos posibles para comprobar qué cobertura estabamos teniendo en los medios. Buscaba a conocidos en las fotos e imágenes emitidas en televisión. Yo misma hacía crónicas y especiales en mi programa de radio, escribía artículos, me dejaba entrevistar para dar la cara.
Ahora ha dejado de llamarme la atención. Aunque aún albergo esa ilusión residual que me hace marcar estos días en rojo en el calendario según se acercan me voy desinflando. Rehuyo escuchar los manidos discursos de ciertos colectivos porque reconozco las mentiras y abusos que subyacen bajo sus palabras. La hipocresía que destilan algunos de los que los pronuncian tan aparentemente orgullosos.
Durante muchos años quise ser abanderada de un movimiento al que creía pertenecer. Fui lo que llaman una activista. A día de hoy en el único activismo en el que creo es en el personal. Aunque sea el más difícil ya que no tienes ninguna institución que te respalde, sólo tus propias convicciones. Vivir mi día a día con normalidad me parece mucho más importante que llenarme la boca con palabras vacías durante un semana o un mes al año. Mostrar la realidad cotidiana de una orientación sexual menos minoritaria de lo que muchos se piensan en la oficina, en una cena con amigos, con mi familia me hace sentir que realmente estoy haciendo algo útil y efectivo. Aunque a veces duela, aunque a veces tenga ganas de tirar la toalla, aunque me den ganas de gritar y mandar a la mierda a muchos. Aunque no hay nada que me joda más que ver cómo mi persona es reducida a una simple etiqueta que nada tiene que ver conmigo. Porque yo soy mucho más que eso.
Muchos piensan que ya está todo conseguido sin darse cuenta de que aún queda lo más difícil. De nada me sirve tener el derecho a unirme en matrimonio con una persona de mi mismo sexo si las convenciones sociales me van a impedir celebrar ese acto con normalidad, si no voy a poder invitar a mi familia, si no voy a poder decir en mi trabajo que necesito unos días libres para irme de luna de miel como una pareja más, si no voy a poder rellenar un impreso oficial con el nombre de mi cónyuge sin temer la mirada aviesa del funcionario de turno.
Soy la primera que he disfrutado enormemente de estos días desde hace mucho tiempo. Y no faltaré este sábado a la manifestación. Del mismo modo que no he faltado a ninguna en los últimos diez años. Porque quizá sea el momento en que puedo gritar mi rabia, mi indignación y mi pesar y puedo hacerlo con cientos de miles de gargantas más. Pero esa rabia, esa indignación y ese pesar los pienso seguir gritando cada día, en cada momento, con cada persona que se cruce conmigo y se empeñe en mirarme como si mi vida fuera una equivocación cuando la única equivocación sería no vivirla tal y como llevo años haciéndolo.

¿Y qué tal si dejamos de mirarnos el ombligo y pensamos en todos los que murieron, en todos los que vivieron una vida de mentiras y ocultación, en todos los que sufrieron por ser cómo eran, en todos los que aún hoy, aquí y en otros países, siguen sin poder o sin tener el valor de alzar la voz, todos los que siguen sufriendo torturas físicas o psicológicas por amar a otro ser humano?
El orgullo no debería ser soberbia ni autocomplacencia.
El orgullo debería ser humildad y empatía. Ser conscientes de nuestra realidad y tratar de mejorarla. Mirar hacia adelante sin olvidar el pasado y preguntarse qué podemos hacer cada un@ de nosostr@s por mejorar nuestra situación y la de los que nos rodean, sin arrogancia ni vanidad. Sólo entonces podremos sentirnos realmente orgullos@s.
...de fondo Go west de Pet Shop Boys
¿De vacaciones?
Como ya preveía, el mes de junio está resultando movidito. Y aún queda el colofón final: la semana de fiestas de Nuestra Señora del Orgullo Gay, patrona drag del barrio de Chueca. Que, ¡oh, casualidad de casualidades!, coincide con mis vacaciones. Y ya ha habido alguna por ahí que me ha amenazado con secuestrarme a partir del miércoles por la noche para que mi humilde y noble propósito de sentarme a escribir se vaya al garete y lo cambie por el no menos noble objetivo de pasar las noches de juerga y despiporre por ahí…
Con mis compañerillas de curro no creo que salga esos días. Siempre he dicho que las fiestas del orgullo no son el mejor momento para enseñar Chueca a mentes estrechas y predispuestas al juicio fácil.
Hablando de mis compañerillas… El viernes volvimos a ser invitadas a comer ellas y yo por el Potentado, este señor forrado hasta los empastes que ha decidido que tiene que darnos un tour por los mejores restaurantes de la capital. En esta ocasión le tocó el turno a un asador, en el que nos sentamos en un salón privado con pantalla gigante para ver el partido España-Arabia Saudita. A mí el Potentado me puede llegar a hacer gracia mientras no abra mucho la boca. Porque en cuanto la abre y empieza a soltar opiniones machistas propias de la derechona más rancia me empiezo a poner malita. Pero como a mis compañerillas les divierte mucho picarle, se pusieron a repetir la didáctica conversación que habíamos tenido el día anterior con respecto al sexo gay. El hombre hacía como que no oía nada, se revolvía incómodo en su asiento y meneaba la cabeza negativamente como si la vida le fuera en ello para acabar sentenciando: “¡A mí me gustan las mujeres!”. Lo que él no se esperaba es que la tímida chica de gafitas que no suele rebatirle sus salidas de tono se iba a quedar más ancha que larga haciéndole la réplica con un: “¡Coño, a mí también!”.
Mis compañerillas estallaron en carcajadas y él se quedó con cara de póker fijando su mirada con exagerado interés en el partido. Luego, cuando salimos y nos montamos en su coche para que nos fuera dejando a cada una donde mejor le viniera a mí me tocó ir sentada en el asiento del copiloto y noté como me echaba miraditas de incredulidad. Eso por no pensar que seguramente se estaría montando una película de dudosa clasificación en su cabeza. Porque ya lo dijo él una vez: “Dos chicos besándose me da mucho asco pero dos chicas es más… bonito”. Sí, sí, ahora llaman bonito a que la sangre se te acumule en un solo miembro de tu cuerpo, anda que…
...de fondo Antihéroe de M Clan
Con mis compañerillas de curro no creo que salga esos días. Siempre he dicho que las fiestas del orgullo no son el mejor momento para enseñar Chueca a mentes estrechas y predispuestas al juicio fácil.
Hablando de mis compañerillas… El viernes volvimos a ser invitadas a comer ellas y yo por el Potentado, este señor forrado hasta los empastes que ha decidido que tiene que darnos un tour por los mejores restaurantes de la capital. En esta ocasión le tocó el turno a un asador, en el que nos sentamos en un salón privado con pantalla gigante para ver el partido España-Arabia Saudita. A mí el Potentado me puede llegar a hacer gracia mientras no abra mucho la boca. Porque en cuanto la abre y empieza a soltar opiniones machistas propias de la derechona más rancia me empiezo a poner malita. Pero como a mis compañerillas les divierte mucho picarle, se pusieron a repetir la didáctica conversación que habíamos tenido el día anterior con respecto al sexo gay. El hombre hacía como que no oía nada, se revolvía incómodo en su asiento y meneaba la cabeza negativamente como si la vida le fuera en ello para acabar sentenciando: “¡A mí me gustan las mujeres!”. Lo que él no se esperaba es que la tímida chica de gafitas que no suele rebatirle sus salidas de tono se iba a quedar más ancha que larga haciéndole la réplica con un: “¡Coño, a mí también!”.
Mis compañerillas estallaron en carcajadas y él se quedó con cara de póker fijando su mirada con exagerado interés en el partido. Luego, cuando salimos y nos montamos en su coche para que nos fuera dejando a cada una donde mejor le viniera a mí me tocó ir sentada en el asiento del copiloto y noté como me echaba miraditas de incredulidad. Eso por no pensar que seguramente se estaría montando una película de dudosa clasificación en su cabeza. Porque ya lo dijo él una vez: “Dos chicos besándose me da mucho asco pero dos chicas es más… bonito”. Sí, sí, ahora llaman bonito a que la sangre se te acumule en un solo miembro de tu cuerpo, anda que…
...de fondo Antihéroe de M Clan
A vueltas con los roles
Hacía mucho ya y creo que empezaba a echarlo de menos. Y hoy, por fin, ha vuelto a haber en la oficina un nuevo debate acerca de gayses y bollis. Como mañana es mi último día antes de las vacaciones (y no os penséis que me voy a ninguna paradisíaca isla, que lo que voy a hacer es encerrarme en mi cuarto, encadenarme al ordenador e intentar acabar mi puta novela) y Supermamá ha comentado lo poco rebatidora que estaba yo últimamente pues al final, claro, pasa lo que pasa. Que yo digo que es una pena que no vaya a estar la semana que viene porque no podremos debatir todo el rollito pre-manifestación. Y, de nuevo sin saber cómo, me han comenzado a interrogar.
A veces pienso que ciertos heterosexuales son un pozo inagotable de preguntas sobre este tema. Y no deja de alucinarme ver cuánta culpa tiene el desconocimiento en la asunción de posturas negativas al respecto. Que conste que mis compañerillas tan sólo sufren un grado leve de homofobia. Son las consecuencias de una mente cuadriculada. Pero mentes cuadriculadas las encontramos en cualquier parte, ¿no?
Hoy tocaba una de mis preguntas favoritas: Y en una pareja, ¿quién hace de hombre y quién de mujer? Una vez revolcada por el suelo a consecuencia de las convulsiones del ataque epiléptico que me produce la preguntita de marras, me he recompuesto, he arreglado mi ropa y he mirado a mis compañerillas al tiempo que articulaba un sonoro y estridente ¿Quéeeeeeeeeeeeee?
Odio los roles de género. Esas normas no escritas por las que un hombre y una mujer se deben comportar de determinado modo porque si hacen lo contrario son catalogados de nenazas o machorras según el caso. Y odio cuando los heteros piensan que por fuerza en una pareja gay o lésbica una de las partes tiene que adoptar el rol del género que no está presente en la pareja.
Es cierto que hay casos de parejas gays en las que se dan esos roles pero, por lo que yo veo en mi entorno, ése es uno de esos estereotipos en vías de extinción. Cuando yo he estado en pareja (allá por el Pleistoceno... pero claro, eran otros tiempos) jamás me llegué a plantear quién era el hombre en la relación. Es que ni se me pasaba por la cabeza. La susodicha de turno era mi novia. Y yo era la suya. Nos queríamos (bueno, esa era mi ilusión pero como ejemplo vale). Más simple no puede ser.
Ha sido entonces cuando a Jefa se la ha quedado cara de interrogante. “Pues no lo entiendo... Si los dos... quieren dar por... pues nunca se van a poner de acuerdo”. “¡Ah!”, he dicho yo, “Tú te refieres a lo de ser activo o pasivo...”, Jefa asiente, “Pero es que eso no tiene nada que ver. Eso sólo son prácticas sexuales. Además, aunque siempre pueda haber una preferencia, la mayoría de gays que conozco son versátiles”. “¿Versaqué?”, han preguntado casi a coro. “Que dan y reciben, que son activos y pasivos”. Joder, ¿tan difícil les resulta entender que el sexo no es tan cuadriculado como se piensan?.
“¿Y las chicas qué hacen? ¿Sólo masturbación? Y, bueno, claro, también lo pueden hacer con los cacharros esos de las pelis porno”. Sí, claro, y también nos ponemos uñas de porcelana y tacones para animar la fiesta, no te jode... “Chicas, el sexo no es como una película porno. Es mucho más rico y diverso (más de lo que suele ser el sexo heterosexual, he estado a punto de decir, porque he empezado a dudar si saben lo qué es que su pareja les practique el sexo oral)”.
Cuando hablo de sexo con heterosexuales siempre me da la sensación de que piensan que el sexo DE VERDAD es el que ellos practican (cuando, por lo que la mayoría me cuentan, se limitan a dos posturas y sin muchas filigranas) y que lo que gays y lesbianas hacemos es un mero simulacro, un sexo imcompleto (y más en el caso de las mujeres, que carecemos de atributo y tenemos que recurrir a cositas artificiales... juas juas). Y, francamente, nunca he podido evitar preguntarme si estas mujeres tan satisfechas, en apariencia, con sus novios y maridos han tenido alguna vez un orgasmo en condiciones...
Además, todo hay que explicárselo poco a poco. Porque si les cuesta entender lo absurdo de los roles, aún más les costaría entender lo divertido que es a veces jugar con ellos. O el morbo que puede dar cierta androginia. O lo interesante que me parecen algunas cuestiones de teoría queer que desbaratan todas las convenciones sociales. Pero es que estos temas son difíciles de explicar incluso a los propios gays y lesbianas...
Pese a todo, me gusta tener estas conversaciones. Porque, aunque a veces les cueste, acaban aprendiendo algo y empezando a difuminar las ideas equivocadas que tienen. Por lo pronto, a todas les han entrado unas ganas locas de que las lleve a Chueca...
¡Ay, madre, tiemblo sólo de pensarlo!
...de fondo You gotta be de Des’ree
A veces pienso que ciertos heterosexuales son un pozo inagotable de preguntas sobre este tema. Y no deja de alucinarme ver cuánta culpa tiene el desconocimiento en la asunción de posturas negativas al respecto. Que conste que mis compañerillas tan sólo sufren un grado leve de homofobia. Son las consecuencias de una mente cuadriculada. Pero mentes cuadriculadas las encontramos en cualquier parte, ¿no?
Hoy tocaba una de mis preguntas favoritas: Y en una pareja, ¿quién hace de hombre y quién de mujer? Una vez revolcada por el suelo a consecuencia de las convulsiones del ataque epiléptico que me produce la preguntita de marras, me he recompuesto, he arreglado mi ropa y he mirado a mis compañerillas al tiempo que articulaba un sonoro y estridente ¿Quéeeeeeeeeeeeee?
Odio los roles de género. Esas normas no escritas por las que un hombre y una mujer se deben comportar de determinado modo porque si hacen lo contrario son catalogados de nenazas o machorras según el caso. Y odio cuando los heteros piensan que por fuerza en una pareja gay o lésbica una de las partes tiene que adoptar el rol del género que no está presente en la pareja.
Es cierto que hay casos de parejas gays en las que se dan esos roles pero, por lo que yo veo en mi entorno, ése es uno de esos estereotipos en vías de extinción. Cuando yo he estado en pareja (allá por el Pleistoceno... pero claro, eran otros tiempos) jamás me llegué a plantear quién era el hombre en la relación. Es que ni se me pasaba por la cabeza. La susodicha de turno era mi novia. Y yo era la suya. Nos queríamos (bueno, esa era mi ilusión pero como ejemplo vale). Más simple no puede ser.
Ha sido entonces cuando a Jefa se la ha quedado cara de interrogante. “Pues no lo entiendo... Si los dos... quieren dar por... pues nunca se van a poner de acuerdo”. “¡Ah!”, he dicho yo, “Tú te refieres a lo de ser activo o pasivo...”, Jefa asiente, “Pero es que eso no tiene nada que ver. Eso sólo son prácticas sexuales. Además, aunque siempre pueda haber una preferencia, la mayoría de gays que conozco son versátiles”. “¿Versaqué?”, han preguntado casi a coro. “Que dan y reciben, que son activos y pasivos”. Joder, ¿tan difícil les resulta entender que el sexo no es tan cuadriculado como se piensan?.
“¿Y las chicas qué hacen? ¿Sólo masturbación? Y, bueno, claro, también lo pueden hacer con los cacharros esos de las pelis porno”. Sí, claro, y también nos ponemos uñas de porcelana y tacones para animar la fiesta, no te jode... “Chicas, el sexo no es como una película porno. Es mucho más rico y diverso (más de lo que suele ser el sexo heterosexual, he estado a punto de decir, porque he empezado a dudar si saben lo qué es que su pareja les practique el sexo oral)”.
Cuando hablo de sexo con heterosexuales siempre me da la sensación de que piensan que el sexo DE VERDAD es el que ellos practican (cuando, por lo que la mayoría me cuentan, se limitan a dos posturas y sin muchas filigranas) y que lo que gays y lesbianas hacemos es un mero simulacro, un sexo imcompleto (y más en el caso de las mujeres, que carecemos de atributo y tenemos que recurrir a cositas artificiales... juas juas). Y, francamente, nunca he podido evitar preguntarme si estas mujeres tan satisfechas, en apariencia, con sus novios y maridos han tenido alguna vez un orgasmo en condiciones...
Además, todo hay que explicárselo poco a poco. Porque si les cuesta entender lo absurdo de los roles, aún más les costaría entender lo divertido que es a veces jugar con ellos. O el morbo que puede dar cierta androginia. O lo interesante que me parecen algunas cuestiones de teoría queer que desbaratan todas las convenciones sociales. Pero es que estos temas son difíciles de explicar incluso a los propios gays y lesbianas...
Pese a todo, me gusta tener estas conversaciones. Porque, aunque a veces les cueste, acaban aprendiendo algo y empezando a difuminar las ideas equivocadas que tienen. Por lo pronto, a todas les han entrado unas ganas locas de que las lleve a Chueca...
¡Ay, madre, tiemblo sólo de pensarlo!
...de fondo You gotta be de Des’ree
Cuestión de principios
Soy una persona muy seria aunque haya mucha gente que no se lo crea. Soy seria porque me suelo tomar las cosas en serio. Incluso aquellas que no debería. Muchas veces me tengo que parar a pensar que algunas conversaciones se hacen a base de bromas y no sacar mi lado combativo tan a la ligera.
Pero también soy seria porque me gusta guiarme por una escala de valores. Me gusta analizar las situaciones y saber lo que debo hacer en cada una de ellas. Obvia decir que hay veces en las que me equivoco aunque trato de que sean minoría. Me gusta ser coherente entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago.
Si alguien que ha dejado claro en público y por escrito que no somos amigas y, dos años después de hacerlo, me toca el hombro con la mano y me saluda en medio de una conferencia, yo la saludaré pero volveré a escuchar la conferencia porque es lo que estoy haciendo, porque no voy a ser tan hipócrita como para preguntarle que qué tal aunque ella me lo haya preguntado a mí. Porque no me interesa. Porque si ella dejó claro que yo no soy amiga suya, ella tampoco es mi amiga. Ya le di una segunda oportunidad. Y no habrá una tercera.
Si alguien me dice una cosa que me puede dejar dolida, no me gusta que luego tenga un gesto conmigo que pueda significar todo lo contrario a lo que me ha dicho. Y no me gusta que luego actúe de ese modo inocente del que se cree que no ha pasado nada porque no se ha visto afectado. No. Hay que pararse a pensar en las posibles consecuencias de nuestros actos. No siempre una puede comportarse a la ligera.
Sí, me jode enormemente ver que no importa cuál sea la edad de las personas que me voy encontrando en esta vida. La mayoría de ellas, cuando tienen que comportarse o enfrentarse a la parte adulta de la vida (y mira que odio la palabra “adulta”) tienden a escurrir el bulto, a encogerse de hombros, a mirar para otro lado y lavarse las manos, dejando que una adolescencia ya lejana se siga dilatando en el tiempo.
---------------------------------------------
En otro orden de cosas, me encanta donde trabajo. No la empresa en sí sino su ubicación. ¿En qué otro trabajo podría salir a desayunar y dar un paseo por el centro? Hoy he aprovechado para hacer una escapadita a la Fnac. Y un par de libros han caído en el saco. Ese par de libros ejercen en mí el mismo efecto terapéutico que un par de trapitos en otras.
Adoro el centro de Madrid. Me encantaría pasarme las mañanas paseando por sus calles. Entrando a las cafeterías a tomar café y fumarme un cigarrillo. Ver pasar a la gente y disfrutar de las rarezas del día a día. Pero siempre tengo que volver a la oficina... snif.
...de fondo el ruido de la impresora sacando cientos de órdenes de trabajo.
Pero también soy seria porque me gusta guiarme por una escala de valores. Me gusta analizar las situaciones y saber lo que debo hacer en cada una de ellas. Obvia decir que hay veces en las que me equivoco aunque trato de que sean minoría. Me gusta ser coherente entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago.
Si alguien que ha dejado claro en público y por escrito que no somos amigas y, dos años después de hacerlo, me toca el hombro con la mano y me saluda en medio de una conferencia, yo la saludaré pero volveré a escuchar la conferencia porque es lo que estoy haciendo, porque no voy a ser tan hipócrita como para preguntarle que qué tal aunque ella me lo haya preguntado a mí. Porque no me interesa. Porque si ella dejó claro que yo no soy amiga suya, ella tampoco es mi amiga. Ya le di una segunda oportunidad. Y no habrá una tercera.
Si alguien me dice una cosa que me puede dejar dolida, no me gusta que luego tenga un gesto conmigo que pueda significar todo lo contrario a lo que me ha dicho. Y no me gusta que luego actúe de ese modo inocente del que se cree que no ha pasado nada porque no se ha visto afectado. No. Hay que pararse a pensar en las posibles consecuencias de nuestros actos. No siempre una puede comportarse a la ligera.
Sí, me jode enormemente ver que no importa cuál sea la edad de las personas que me voy encontrando en esta vida. La mayoría de ellas, cuando tienen que comportarse o enfrentarse a la parte adulta de la vida (y mira que odio la palabra “adulta”) tienden a escurrir el bulto, a encogerse de hombros, a mirar para otro lado y lavarse las manos, dejando que una adolescencia ya lejana se siga dilatando en el tiempo.
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En otro orden de cosas, me encanta donde trabajo. No la empresa en sí sino su ubicación. ¿En qué otro trabajo podría salir a desayunar y dar un paseo por el centro? Hoy he aprovechado para hacer una escapadita a la Fnac. Y un par de libros han caído en el saco. Ese par de libros ejercen en mí el mismo efecto terapéutico que un par de trapitos en otras.
Adoro el centro de Madrid. Me encantaría pasarme las mañanas paseando por sus calles. Entrando a las cafeterías a tomar café y fumarme un cigarrillo. Ver pasar a la gente y disfrutar de las rarezas del día a día. Pero siempre tengo que volver a la oficina... snif.
...de fondo el ruido de la impresora sacando cientos de órdenes de trabajo.
La blogosfera al descubierto
El viernes era un día especial para muchas. Y, aunque yo tan sólo soy una espectadora de todo lo que iba a suceder, también tenía marcada la fecha en mi agenda. La curiosidad es lo que tiene. Aunque sabía que se perdería el encanto al ponerle rostro a aquellas a las que leo casi a diario. Aunque quizá ya no pueda seguir leyendo sus blogs de la misma forma que antes porque me las estaré imaginando al otro lado de la pantalla y ya no podré ponerles otra cara que no sea la que ya he visto.
Así que el viernes estábamos cuatro bloguerillas en un rincón del forum de la Fnac viendo pasar chicas y elucubrando quién podría ser quién (creo que acertamos en la mayoría de los casos).
En la mesa se sentaron Lucía Etxebarría, Maureen Dowd, su traductora, Silvia Uslé y Nuria Rita Sebastián, la editora de libro naranja. Y ahí fue cuando empezó el calvario porque, sinceramente, si yo hubiese ido exclusivamente a eso, no me hubiera importado porque me parecía bastante interesante pero yo, al igual que la mayoría de la sala, había venido por otro motivo. Intenté prestar atención pero sólo lo conseguía a ratos y las cuatro bloguerillas del rincón no hacíamos más que preguntarnos si realmente el público sabía tanto inglés como pretendía aparentar cuando se reían antes de que la traductora les revelase lo que la premio Pulitzer les estaba contando. Porque yo el inglés lo entiendo bastante bien y en algunos momentos las risas no acompañaban al discurso…
Tras casi hora y pico comenzó la parte de la presentación que todas estábamos esperando que, por supuesto, se hizo mucho más amena. Sin embargo, el cansancio ya estaba haciendo mella y las gargantas secas pedían a gritos cerveza fresquita. Así que las cuatro bloguerillas nos marchamos antes de que acabara.
Más tarde, ya en el Escape, nos encontramos a gran parte de las autoras del libro. Gracias a una de ellas que conocía a una de nosotras fuimos oficialmente presentadas pero mi innata timidez me hizo imposible llegar a socializar mucho con ellas. Y al final todas nos fuimos diluyendo en la marea humana que anega siempre el Escape a esas horas de la madrugada hasta que yo decidí irme a casa.
Ahora, viéndolo en perspectiva, creo que conocer (o, incluso, tan sólo ver) a algunas blogueras en persona no es tan buena idea. Y no porque decepcionen. Nada de eso. Pero sí que se pierde el halo de irrealidad y de incertidumbre. Y creo que después ya no las lees del mismo modo. Porque Internet es otro planeta. Y no siempre se lleva bien con las habitantes de este…
(Por supuesto, esto no incluye a mis niñas. Ellas son… otra historia)
…de fondo Retorciendo palabras de Fangoria
Así que el viernes estábamos cuatro bloguerillas en un rincón del forum de la Fnac viendo pasar chicas y elucubrando quién podría ser quién (creo que acertamos en la mayoría de los casos).
En la mesa se sentaron Lucía Etxebarría, Maureen Dowd, su traductora, Silvia Uslé y Nuria Rita Sebastián, la editora de libro naranja. Y ahí fue cuando empezó el calvario porque, sinceramente, si yo hubiese ido exclusivamente a eso, no me hubiera importado porque me parecía bastante interesante pero yo, al igual que la mayoría de la sala, había venido por otro motivo. Intenté prestar atención pero sólo lo conseguía a ratos y las cuatro bloguerillas del rincón no hacíamos más que preguntarnos si realmente el público sabía tanto inglés como pretendía aparentar cuando se reían antes de que la traductora les revelase lo que la premio Pulitzer les estaba contando. Porque yo el inglés lo entiendo bastante bien y en algunos momentos las risas no acompañaban al discurso…
Tras casi hora y pico comenzó la parte de la presentación que todas estábamos esperando que, por supuesto, se hizo mucho más amena. Sin embargo, el cansancio ya estaba haciendo mella y las gargantas secas pedían a gritos cerveza fresquita. Así que las cuatro bloguerillas nos marchamos antes de que acabara.
Más tarde, ya en el Escape, nos encontramos a gran parte de las autoras del libro. Gracias a una de ellas que conocía a una de nosotras fuimos oficialmente presentadas pero mi innata timidez me hizo imposible llegar a socializar mucho con ellas. Y al final todas nos fuimos diluyendo en la marea humana que anega siempre el Escape a esas horas de la madrugada hasta que yo decidí irme a casa.
Ahora, viéndolo en perspectiva, creo que conocer (o, incluso, tan sólo ver) a algunas blogueras en persona no es tan buena idea. Y no porque decepcionen. Nada de eso. Pero sí que se pierde el halo de irrealidad y de incertidumbre. Y creo que después ya no las lees del mismo modo. Porque Internet es otro planeta. Y no siempre se lleva bien con las habitantes de este…
(Por supuesto, esto no incluye a mis niñas. Ellas son… otra historia)
…de fondo Retorciendo palabras de Fangoria
Jugando con fuego
Cada vez que busco compañer@ de piso siento como si estuviera jugando a la ruleta rusa. Si se piensa fríamente la mayoría de la gente no se atrevería a compartir su casa. Porque cuando, por ejemplo, inicias una relación, pues empiezas a pasar tiempo con esa persona, la vas conociendo, duerme en tu casa alguna noche o tú en la suya y, claro que puede fallar, pero entonces cada cual se va a su casita a que le aguante su madre.
Cuando buscas compañer@ de piso es como jugar a la lotería. En cinco minutos escasos que puede durar la visita del/la candidat@ tienes que percibir todas las vibraciones que te produzca porque no es que vayas a ir al cine a hacer manitas...¡es que vas a vivir con esa persona! ¡te la vas a encontrar saliendo de la ducha mientras tú esperas fuera retociéndote porque te estás meando! ¡Vas a discutir por la posesión del mando a distancia! Y lo que es peor... ¡va a oír tus gemidos la noche que por fin consigas pillar cacho porque duerme en el cuarto de al lado!
A mí, que me han robado ya dos veces, que me han intentado agredir, que he llegado a juicio con un ex compañero... ya estoy un poco hasta el chichi de compartir mi día a día con desconocidos (porque compartirlo con amigos es mucho peor, puedes quedarte sin compañeros y sin amigos de una sola vez). Son ya ocho años aguantando sandeces y con escasos momentos de intimidad y noto que mi paciencia se va agotando cada día que pasa...
Sí, ya tengo nuevo compañero... Veremos a ver con qué me sale este...
Cambiando de tema, mirad que camiseta más chula me ha regalado una personita que conozco...

...de fondo Tiempo de Carlos Jean y Bebe
Cuando buscas compañer@ de piso es como jugar a la lotería. En cinco minutos escasos que puede durar la visita del/la candidat@ tienes que percibir todas las vibraciones que te produzca porque no es que vayas a ir al cine a hacer manitas...¡es que vas a vivir con esa persona! ¡te la vas a encontrar saliendo de la ducha mientras tú esperas fuera retociéndote porque te estás meando! ¡Vas a discutir por la posesión del mando a distancia! Y lo que es peor... ¡va a oír tus gemidos la noche que por fin consigas pillar cacho porque duerme en el cuarto de al lado!
A mí, que me han robado ya dos veces, que me han intentado agredir, que he llegado a juicio con un ex compañero... ya estoy un poco hasta el chichi de compartir mi día a día con desconocidos (porque compartirlo con amigos es mucho peor, puedes quedarte sin compañeros y sin amigos de una sola vez). Son ya ocho años aguantando sandeces y con escasos momentos de intimidad y noto que mi paciencia se va agotando cada día que pasa...
Sí, ya tengo nuevo compañero... Veremos a ver con qué me sale este...
Cambiando de tema, mirad que camiseta más chula me ha regalado una personita que conozco...

...de fondo Tiempo de Carlos Jean y Bebe
Sueño y cansancio
Últimamente no puedo ni con mi alma. Haga lo que haga siempre tengo sueño. Vale, lo cierto es que duermo muy poco. Sin embargo, dormir poco no solía entorpecer mi ritmo de vida...
Ayer fue uno de esos días en los que el cuerpo dice que no puede más. Y mi cuerpo, como todos los cuerpos, es sabio (nada que ver con su dueña, claro). Así que cuando a las siete y algo de la tarde decidió que “mmm, no estaría mal tumbarse un ratito en la cama y desconectar”, yo le hice caso. Cuando a las diez y pico, mi cuerpo abrió un ojo, vio la hora que era y decidió que “total, para lo que hay que hacer, mejor me quedo en la cama”, yo aplaudí, me di la vuelta, enganché mejor la almohada y volví a perder la conciencia...
Sobra decir que hoy estoy bastante despejadita. Aunque no sé si podré hacer todo lo que quiero hacer este fin de semana. He declinado sugerentes planes para dedicarme de lleno a mis obligaciones. Lo único que espero es que el domingo por la noche mi lista de tareas pendientes esté vacía...
P.D.: Por cierto, hace cinco años, un día como hoy, estaba en Barcelona a punto de ver a Madonna a escasos cinco metros de mi jeta... Jis jis
...de fondo la última de Tiziano Ferro, algo así como ¡Stop, olvídate!. Sí, oigo los 40 en la ofi... Pero es que entre los 40 y Radiolé... ¡Brrr!
Ayer fue uno de esos días en los que el cuerpo dice que no puede más. Y mi cuerpo, como todos los cuerpos, es sabio (nada que ver con su dueña, claro). Así que cuando a las siete y algo de la tarde decidió que “mmm, no estaría mal tumbarse un ratito en la cama y desconectar”, yo le hice caso. Cuando a las diez y pico, mi cuerpo abrió un ojo, vio la hora que era y decidió que “total, para lo que hay que hacer, mejor me quedo en la cama”, yo aplaudí, me di la vuelta, enganché mejor la almohada y volví a perder la conciencia...
Sobra decir que hoy estoy bastante despejadita. Aunque no sé si podré hacer todo lo que quiero hacer este fin de semana. He declinado sugerentes planes para dedicarme de lleno a mis obligaciones. Lo único que espero es que el domingo por la noche mi lista de tareas pendientes esté vacía...
P.D.: Por cierto, hace cinco años, un día como hoy, estaba en Barcelona a punto de ver a Madonna a escasos cinco metros de mi jeta... Jis jis
...de fondo la última de Tiziano Ferro, algo así como ¡Stop, olvídate!. Sí, oigo los 40 en la ofi... Pero es que entre los 40 y Radiolé... ¡Brrr!
Fli-po!!!
Decididamente lo mío con los compañeros de piso es un sin vivir. Las situaciones paranormales no acabaron con lo que conté en este post. No, qué va. Y ya no es que los compañeros me duren de media tres meses sino que me estoy mirando minuciosamente la cara en el espejo a ver si es que llevo escrito en ella la palabra “Róbame” y por eso la gente se lo toma tan en serio…
Pues sí, Tacita de Plata se largó ayer. Cosa que ya sabía. Como también sabía que cuando se fuera me la iba a montar...
A ver, yo, como responsable del piso en el que vivo, soy la que se encarga de pagar facturas, buscar compañeros cuando alguien se va y gestionar las fianzas. Pero resulta que las fianzas son la manzana de la discordia en este juego de compartir piso. Desde hace siete años, tanto en mi piso como en los de amigos que también comparten, lo de la fianza funciona así: alguien entra en el piso y paga el mes corriente y un mes de fianza que yo ni me quedo ni me gasto sino que utilizo para pagar los gastos pendientes del anterior inquilino y devolverle el resto. Y eso sólo ocurre cuando uno se ha ido y ha entrado el siguiente. Hay gente que no pide fianza pero a mí, después de todo lo que he visto, es la única garantía que tengo cuando alguien se va sin avisar o deja muchas facturas pendientes. Pero parece que esto resulta muy difícil de entender por las infantiles mentes de algunas.
Cuando Tacita de Plata entró en el piso le expliqué detalladamente este proceso. Le pregunté si lo entendía y estaba de acuerdo. Ella dijo que sí. Pero no debió entenderlo en absoluto porque desde que dijo que se iba no ha hecho más que pedírmela. Y ayer, su último día en el piso, aprovechando que yo estaba en el trabajo, se fue y tomó como rehenes a mi televisión y mi dvd…
Por una parte me alegra sobremanera no verle la jeta a esta impresentable. Una tía que limpió los primeros tres días y que no volvió a limpiar. Una tía que utilizaba el water y nunca tiraba de la cadena (y cuando digo nunca, me refiero a NUNCA… Sí, justo eso nos encontrábamos ahí…). Que dejaba platos y sartenes días y más días en el fregadero o sobre los fuegos. Que seguía echando basura en el cubo de la ídem aunque rebosara y, por supuesto, nunca se le ocurría bajar a tirarla (ni vaciar ceniceros, ni recoger las migas de la mesa, ni limpiar el agua del suelo del baño después de ducharse ni… ni… ni…). Que jamás ha cumplido con sus turnos de limpieza (su concepto de limpiar la cocina era fregar sus platos acumulados) y que le decías que había facturas por pagar y se escabullía escudándose en sus apretados horarios del Zara. Una tía que me dijo que se iba del piso a través de un post it pegado en un armario de la cocina. Que a partir de ese momento se comunicó con notitas y mensajes al móvil. Que decía que quería hablar y cuando llegaba a casa ni se molestaba en llamar a mi puerta sino que se iba corriendo a su cuarto. La misma tía que me dijo que se iba porque la casa “olía a perro” (en realidad olía a zorra pero desde ayer ya no he vuelto a captar ese olor…).
Pues esta tía no parece recordar a lo que se comprometió al entrar y ayer pensó que era una idea genial chantajearme llevándose mis cosas (y la verdad, otra cosa tal vez, pero teniendo en cuenta que no veo la televisión pues la verdad es que no me ha jodido ni la décima parte de lo que ella pensaba). Porque dice que no se fía de mí (¡toma ya! ¿Acaso ella se creerá de fiar?). Y, por supuesto, me dejó un bonito post it antes de irse: “Cuando me devuelvas lo mío te devuelvo lo tuyo”. Juas.
A ver, probablemente este fin de semana ya entre un nuevo compañero. Con lo cual no iba a haber esperado mucho. Y, de todas formas, después de descontarle todas las facturas que no ha pagado no le iba a quedar ni para pipas. De verdad que no entiendo las ganas que tiene la gente de meterse en líos.
Así que, obviamente, lo primero que hice fue cambiar la cerradura del piso (porque tampoco me devolvió las llaves) y lo segundo ir a comisaría a denunciarla (y van… ¡joder! Que a este paso me van a tutear allí…). Entre medias, mensaje va, mensaje viene (y juro que lo que más me dolía eran las garrafales faltas de ortografía… Está claro que está tía debió sacarse el graduado escolar de un modo… mmm, “oral”…). Que ella ha hecho eso “por seguridad” (sí, vamos, como si yo me fuera a escapar de mi propio piso con su mierda de fianza), que yo no he querido hablar (¿yo? Pero si cada vez que me veía salía corriendo…) y que ella no quiere mis cosas para nada (¿qué no? Anda que no estará encantada de tener mobiliario audiovisual gratis en su nueva habitación…).
Y yo me pregunto, ¿es que aún no he cubierto el cupo de compañer@s de piso hij@s de puta, indecentes y sinvergüenzas? ¿De verdad que no queda por ahí nadie mínimamente normal?
Aisss…!!! Menos mal que me tomo las cosas con humor que si no…
…de fondo No quiero verla más de Estopa
Pues sí, Tacita de Plata se largó ayer. Cosa que ya sabía. Como también sabía que cuando se fuera me la iba a montar...
A ver, yo, como responsable del piso en el que vivo, soy la que se encarga de pagar facturas, buscar compañeros cuando alguien se va y gestionar las fianzas. Pero resulta que las fianzas son la manzana de la discordia en este juego de compartir piso. Desde hace siete años, tanto en mi piso como en los de amigos que también comparten, lo de la fianza funciona así: alguien entra en el piso y paga el mes corriente y un mes de fianza que yo ni me quedo ni me gasto sino que utilizo para pagar los gastos pendientes del anterior inquilino y devolverle el resto. Y eso sólo ocurre cuando uno se ha ido y ha entrado el siguiente. Hay gente que no pide fianza pero a mí, después de todo lo que he visto, es la única garantía que tengo cuando alguien se va sin avisar o deja muchas facturas pendientes. Pero parece que esto resulta muy difícil de entender por las infantiles mentes de algunas.
Cuando Tacita de Plata entró en el piso le expliqué detalladamente este proceso. Le pregunté si lo entendía y estaba de acuerdo. Ella dijo que sí. Pero no debió entenderlo en absoluto porque desde que dijo que se iba no ha hecho más que pedírmela. Y ayer, su último día en el piso, aprovechando que yo estaba en el trabajo, se fue y tomó como rehenes a mi televisión y mi dvd…
Por una parte me alegra sobremanera no verle la jeta a esta impresentable. Una tía que limpió los primeros tres días y que no volvió a limpiar. Una tía que utilizaba el water y nunca tiraba de la cadena (y cuando digo nunca, me refiero a NUNCA… Sí, justo eso nos encontrábamos ahí…). Que dejaba platos y sartenes días y más días en el fregadero o sobre los fuegos. Que seguía echando basura en el cubo de la ídem aunque rebosara y, por supuesto, nunca se le ocurría bajar a tirarla (ni vaciar ceniceros, ni recoger las migas de la mesa, ni limpiar el agua del suelo del baño después de ducharse ni… ni… ni…). Que jamás ha cumplido con sus turnos de limpieza (su concepto de limpiar la cocina era fregar sus platos acumulados) y que le decías que había facturas por pagar y se escabullía escudándose en sus apretados horarios del Zara. Una tía que me dijo que se iba del piso a través de un post it pegado en un armario de la cocina. Que a partir de ese momento se comunicó con notitas y mensajes al móvil. Que decía que quería hablar y cuando llegaba a casa ni se molestaba en llamar a mi puerta sino que se iba corriendo a su cuarto. La misma tía que me dijo que se iba porque la casa “olía a perro” (en realidad olía a zorra pero desde ayer ya no he vuelto a captar ese olor…).
Pues esta tía no parece recordar a lo que se comprometió al entrar y ayer pensó que era una idea genial chantajearme llevándose mis cosas (y la verdad, otra cosa tal vez, pero teniendo en cuenta que no veo la televisión pues la verdad es que no me ha jodido ni la décima parte de lo que ella pensaba). Porque dice que no se fía de mí (¡toma ya! ¿Acaso ella se creerá de fiar?). Y, por supuesto, me dejó un bonito post it antes de irse: “Cuando me devuelvas lo mío te devuelvo lo tuyo”. Juas.
A ver, probablemente este fin de semana ya entre un nuevo compañero. Con lo cual no iba a haber esperado mucho. Y, de todas formas, después de descontarle todas las facturas que no ha pagado no le iba a quedar ni para pipas. De verdad que no entiendo las ganas que tiene la gente de meterse en líos.
Así que, obviamente, lo primero que hice fue cambiar la cerradura del piso (porque tampoco me devolvió las llaves) y lo segundo ir a comisaría a denunciarla (y van… ¡joder! Que a este paso me van a tutear allí…). Entre medias, mensaje va, mensaje viene (y juro que lo que más me dolía eran las garrafales faltas de ortografía… Está claro que está tía debió sacarse el graduado escolar de un modo… mmm, “oral”…). Que ella ha hecho eso “por seguridad” (sí, vamos, como si yo me fuera a escapar de mi propio piso con su mierda de fianza), que yo no he querido hablar (¿yo? Pero si cada vez que me veía salía corriendo…) y que ella no quiere mis cosas para nada (¿qué no? Anda que no estará encantada de tener mobiliario audiovisual gratis en su nueva habitación…).
Y yo me pregunto, ¿es que aún no he cubierto el cupo de compañer@s de piso hij@s de puta, indecentes y sinvergüenzas? ¿De verdad que no queda por ahí nadie mínimamente normal?
Aisss…!!! Menos mal que me tomo las cosas con humor que si no…
…de fondo No quiero verla más de Estopa