Arrieritos somos...
...y en el camino nos encontraremos
Arrierita...
Acercándome peligrosamente a los treinta alucino día tras día.. Quizá por eso sigo teniendo un blog...
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    La mala vida... qué mala es!!!
    Hoy tenía médico especialista. A decir verdad llevo los dos últimos años teniendo una o dos consultas de algún especialista todos los meses. Y ya estoy un poco hasta el higo, ¿para qué engañarnos? El caso es que hace poco cambié de endocrino porque la que me estaba tratando hasta el momento era una impresentable que, año y medio después de la última consulta, me diagnosticó un síndrome de intolerancia a la insulina y una probable diabetes en poco tiempo. Como la señora me inspiraba la misma confianza que servidora cuando lanza a voz en grito a las seis de la mañana No vuelvo a beber (o No vuelvo a pisar el Escape o No pienso volver por el ambiente, lo mismo da) cambié de especialista. Y hoy me daban los resultados de unos completísimos análisis.

    Y el resultado es que estoy más sana que un roble. A nivel analítico, claro. Todo en mi interior se encuentra dentro de los niveles normales. Ni azúcar, ni colesterol ni na de na. Lo único que andaba un pelín alto era la testosterona (ahora comprendo de dónde viene mi vena Manolo, juas).

    Así que supongo que va siendo hora de asumir que la culpa de mi decadencia física (de la moral mejor no hablemos, que ya toqué fondo demasiadas veces en el pasado) la tiene la mala vida que he llevado durante la última década. Aunque, bien pensado, ha sido en los momentos más destroyer de mi pasado cuando mejor he estado… Mmmm… Todo será cuestión de volver a las andadas… (pero a las andadas de verdad, que lo que habéis visto de mí ha sido un comportamiento bastante moderado… juas juas)

    ...de fondo Hold on de Bob Sinclair
     
    Para un roto y para un descosido
    Hace tiempo, cuando comencé a colaborar con cierto colectivo gay cuyo nombre no puedo recordar sin que me de repelús, la joven e ilusionada Arrierita de entonces se dejaba caer muchas tardes por allí. Como era una simple voluntaria (con esto quiero decir que no era periodista, ni informática, ni diseñadora ni me dedicaba a algo específico que les llevara a endosarme algún trabajo en concreto) me dedicaba a estar por allí y echar una mano en lo que buenamente podía. Ensobraba la correspondencia de los socios, hacía fotocopias, cogía el teléfono o hacía recepciones a los pobres incautos que se pasaban por allí buscando información cuando no alguien que les escuchara sus penurias al descubrirse homosexuales. Reconozco que esto último era lo que prefería porque siempre me ha gustado el contacto con la gente.

    Una de esas tardes que andaba por allí me puse a medio arreglar un enchufe mientras uno de mis compañeros le hacía la recepción a algún inocente muchachuelo. Según le iba enseñando las diminutas estancias de las que se componía esa humilde sede le iba presentando a los que pululábamos por allí. Cuando llegaron a donde estaba yo, mi compañero le dijo al visitante: “Y esta es Arrierita, nuestro mueble multiusos. Tan pronto te arregla un enchufe como te va al Consejo de la Juventud a representarnos”. Ojiplática me dejó.

    Así que era eso, ¿no?

    Soy un mueble multiusos.

    Con el tiempo esa condición de “chica para todo” dentro del colectivo se acentuó. Era voluntaria en casi todos los equipos de trabajo, coordinaba el programa de radio, luego pasé a ser trabajadora remunerada sin olvidar mi voluntariado y todo el curro del festival de cine. Pasaba más tiempo en la oficina del colectivo que en mi casa. Justo por no saber hacer algo en exclusiva al final acababa haciendo de todo.

    Pero esto no acabó cuando deserté del activismo político. En mi vida cotidiana la Arrierita Multitarea sigue siendo reclamada por muchos para solucionar esos pequeños problemas del día a día. Sin tener puta idea de informática arreglo desaguisados en ordenadores ajenos o bien doy clases particulares a neófitos en la materia. Sin tener puta idea de cocinar, hago cenas para mis amig@s. Las personas que conozco de fuera de Madrid siempre me llaman cuando vienen para que les haga de guía. Y yo encantada, claro. Que me gusta más la fiesta que a un tonto un chupe. Y lo peor es que todo el mundo sabe que se puede contar conmigo.

    En los últimos tiempos he empezado a desarrollar mi faceta de bricolaje. Cuelgo bolas de espejo, estanterías y hay por ahí una persiana y un proyector ansiosos de que les ponga las manos encima. Lo que no me explico es por qué sigo soltera con el buen partido que parezco ser…

    Os dejo, que hoy tengo visita en casa y se espera de mí que haga unas suculentas tortillas…

    …de fondo Escapar de Moby & Amaral
     
    Adicta
    Soy una persona con tendencia a la adicción. Lo sé y lo reconozco sin pudor. Soy fumadora empedernida aunque ahora lleve tres días sin encender un cigarro (mi record creo que está en cinco o seis días). Bebo los fines de semana. Y algunas sustancias ilegales han entrado en mi cuerpo en el pasado. Pero, curiosamente, todo esto lo puedo controlar.

    Lo que no puedo controlar tan fácilmente es mi adicción a los productos audiovisuales y literarios. He comprado libros, discos y películas compulsivamente aunque eso me supusiera no llegar a fin de mes. Y cuando toca ver pelis o series puedo ser realmente obsesiva. Puedo saber a qué hora me encendido el televisor pero no cuándo lo apagaré. Lo curioso es que aguanto mejor las series que las películas. Aunque es también lógico. Las series se componen de capítulos, con su propio ritmo y climax, con una tensión muy marcada y con un final que te deja con ganas de más. Y qué satisfacción supone resumir una semana de uñas mordidas y ansiedad en el simple gesto de un dedo apretando un botón que te hace llegar al siguiente capítulo.

    Y así llevo un par de días. Enganchada y adicta. Ahora que por fin he empezado a ver algo de toda esa ingente cantidad de pelis y series en divx que servidora se decarga. Ahora que he conseguido que mis compañeros dejen de colonizar el salón como si sólo fuera suyo... El lunes me tragué 11 capítulos del tirón. Ayer tan sólo 8. Me quedan los últimos 3 capítulos de la primera temporada para esta tarde... Así que hoy mejor que no me moleste nadie...



    Y después me ventilaré las dos temporadas de este otro elemento...



    Y menos mal que Perdidos, Mujeres Desesperadas, Sugar Rush, South Of Nowhere o The L Word las sigo a la vez que en Yanquilandia... Pero aún así, me quedan todavía muchas temporadas de muchas series por ver... A ver sí de aquí al 2015...
     
    Comandos y Guerrillas
    La situación era la siguiente: servidora, tras una larga baja no remunerada y el robo a mano armada de este mes por la regularización del IRPF, había asegurado a todos las miembras del Comando Blogueril que pese a los sugerentes planes del sábado noche se quedaría en casa en compañía de Chuchín y una o dos buenas pelis. Que no, que no y que no. El Comando estuvo toda la semana tratando de convencerme con escaso éxito. Nonononononononononono. Y que no.

    Y llegó el sábado. Y Arrierita tenía cosas pendientes por hacer en su hogar y declinó la amable invitación de MariPili requiriendo sus servicios de chica para todo (que lo de “Manitas” tiene un doble sentido que es preferible obviar…). Estoy muy ocupada, nena. Otro día. Pasadlo bien.

    Y llegaron las diez de la noche. Y la susodicha MariPí le envía un mensaje de texto a la humilde autora de este blog comunicándole la indignación que le produce su ausencia. La humilde autora de este blog la llama para desearla una feliz noche de juerga y despiporre a ella y al resto de las presentes mientras da el último paseo a su Chuchín.

    Con lo que la humilde autora de este blog no contaba era con la aparición estelar de la Guerrilla que no por menos numerosa está exenta de peligro. Oye, que me paso por tu casa en un rato a recoger esos dvd’s que nos grabaste, me dijo una de sus integrantes. Vale, vale. Si yo voy a estar en casa. Así que sobre las once y media se planta en casa de la Arrierita una de las miembras de la Guerrilla para recoger los susodichos dvd’s. Cómodamente apalancadas en la habitación/bunker de la Arrierita hablan de lo divino y de lo humano hasta que una llamada telefónica interrumpe su entretenida conversación. Sí, sí, en un rato vamos a buscarte, dice la miembra a su interlocutora. ¿Vamos?, pregunta Arrierita alarmada, ¿De dónde te has sacado tú ese plural? Que yo no salgo, ¿eh? La miembra mira a Arrierita como sólo la miembra sabe mirarla (esto es, haciéndola sentirse pequeñita y sin capacidad de negación). Sí, vamos. Y no pienso discutir contigo. ¿De qué estábamos hablando?, sentencia tajante Pero…, gime la Arrierita. Ni pero ni hostias. Si quieres salir así, bien y si no, vete poniéndote otra cosa, ordena la miembra de la Guerrilla. Pero… vuelve a gemir Arrierita, en vano, por supuesto. ¡Que te calles ya, leche!

    Y Arrierita agacha la cabeza y se deja conducir por las calles madrileñas hasta ese barrio de lujuria y perdición que se esconde detrás de la Gran Vía. Y para ser más exacta, a ese antro verde que tanto ha frecuentado durante los últimos diez años y que en los últimos meses la ha visto convertirse, nuevamente, en parte del mobiliario de tanto como recala por allí. Ya verás tú la cara que pondrán estas cuando me vean aparecer, gemía incansable y lastimera Arrierita en el momento de franquear a los dos gorilillas de la puerta y encaminarse hacia el rincón del fondo.

    ¿Y qué se encuentra Arrierita cuando llega por fin a ese rincón tan querido y temido? Nada. Nadie. Ninguna integrante del Comando Blogueril estaba allí. Su rostro se convirtió en un poema. ¡Pero bueno! ¿Qué es esto? ¡Qué indecencia, qué despropósito! ¿Y para esto estaba yo temiendo el momento de que vieran aparecer mi jeta? Ver para creer...

    La Guerrilla y yo abandonamos el rincón y nos posicionamos justo en la entrada para ver llegar a las susodichas miembras del Comando (porque iban a aparecer, de eso podía estar tan segura como de que mañana tengo que volver a la oficina). Se hicieron esperar un rato pero al final una tras otra fueron asomando el hocico por la puerta. Y una tras otra fueron adoptando gestos de tremenda sorpresa al verme allí tras haber jurado y perjurado que yo a esas horas andaría por el quinto sueño. Y unas me abrazaban efusivamente mientras otras se hacían las ofendidas diciendo: O sea, ¿ellas sí te sacan y nosotras no? ¡Qué vergüenza! ¡Qué perra! ¡Qué zorra que eres!, (menos mal que sé que en el fondo, en el fondo, en el fondo… algo me quieren que si no…).

    Si hubieran tardado quince minutos más probablemente la Guerrilla y yo nos hubiéramos marchado (no en vano, la condición para hacerme salir era que luego me llevarían a casa). Pero con el trío reconvertido en marabunta nos fuimos a invadir ese rincón que ya nos pertenece por derecho. Y aquello fue el principio del fin…

    Que las blogueras estamos colonizando el ambiente ya no es noticia. Que comenzamos a parecernos a una logia masónica tampoco. Pero lo de anoche en el Escape fue la mayor concentración de blogueras por metro cuadrado que jamás se haya visto. Hasta veinte contabilicé yo. Veinte blogueras, comentaristas o allegadas que pululábamos por allí como Peter at his home. Y eso que hubo algunas bajas (ayssss, las hormonas…) y algunas ausencias (a los postres lacteos y sus parientas les debió vencer el miedo… lógico…como para no tenerlo…).

    Pero según avanzaba la noche comenzaron a caer como moscas… ¡Y que luego tengan el valor de llamarme abuela a mí! Y todo porque una vez ¡sólo una! me quedé dormida en un acogedor sofá. Vamos, vamos, si las tumbo a todas…

    Así que al final tan sólo quedamos tres campeonas desayunando en esa entrañable cafetería que me ve aparecer de domingo a viernes desde hace ya tanto tiempo…

    Jops, a ver si algún día se estiran y me invitan, leñe…

    ...de fondo The World is mine de David Guetta (feat. J.D. Davis)
     
    Off
    Llevo unos días en modo off. Casa-trabajo. Trabajo-casa. A la calle con Chuchín y de nuevo a casa. Estoy cansada. No tengo ganas de hacer nada. Quiero organizarme. A mí misma. Y a mis cosas, que mi cuarto cada día se parece más al de alguien con síndrome de Diógenes… Así que este finde toca retiro espiritual. Aunque hay un peligroso comando por ahí que se empeñará en hacerme salir de casa… Aysss, angelitos…

    El otro día Jefa me dijo que iba a cierto centro comercial dedicado a la electrónica y la informática en busca de un pen-drive que La Pija nos enseñó y que se había comprado en el susodicho centro comercial. Así que le encargué uno (esto fue antes de saber el palo que Hacienda me daría este mes con la regularización del puto IRPF). Ya podré llevar conmigo esas deseadas fotos de la MarifFiesta que tantas anhelan poseer. Incluso me cabe alguna peli. O el sexto capítulo de la tercera temporada de Perdidos que una que yo me sé tardará en poseer a menos que me apiade de ella. Ahí lo tenéis. En apenas tres centímetros de largo y medio de grosor hay una capacidad de un giga (vamos, que el enchufe abulta más que el resto). Ver para creer…



    Jefa lo llama "La cacatua". Todavía ignoró por qué...

    Hoy también ha sucedido algo curioso. Y es que este año se adelanta la Nochevieja a la noche del 22. La MariPili, que es más chula que un ocho, ha decidido que nos tomemos las uvas esa noche celebrando la MariFiesta 2: Las MariCampanadas. Aysss, si es que esta chica no aprende… Pero yo prometo que esta vez no me quedaré dormida. Y que presionaré en el momento oportuno el boton Nightshot de la cámara de vídeo…

    …de fondo Loco de Melendi
     
    Una noche en heterolandia
    En las últimas dos semanas apenas he parado. Mi agitada vida bloguero-social y la cobertura del evento lésbico-gay de finales de año (mi, ¡ejem!, querido LesGaiCineMad) me han tenido en constante vigilia. Chuchín Infernal ha pasado de mirarme con pena cada vez que me iba a ladrarme directamente por mi desconsideración hacía su ser. En mi estómago se han juntado brebajes exquisitos y calimocho del bar de siempre. He comido en restaurantes fashion-cool y en conocidas multinacionales hamburgueseriles que no hace falta mencionar. Para colmo de males, me vi obligada a coger el último puente con lo que la sensación de diletancia nocturna se agudizó hasta extremos insospechados. Claro, así hoy, cuando ha sonado el despertador y he dado un brinco de la cama tenía hasta ganas de, no solo ir al trabajo, sino de trabajar… Por variar un poco, más que nada...

    Tras toda esta semana de excesos y mucho cine (y no siempre bueno) podría contar muchas cosas pero es sólo una la que acude a mi cabeza ahora mismo. Porque me impactó. Me ruborizó. Me sorprendió. Y es que, amiguitos y amiguitas, el sábado… El sábado… Pues… El sábado fui… ¡¡¡a una discoteca hetero!!!

    Vamos a ver, que nadie me malinterprete. Yo no tengo nada contra los heteros. De hecho en mi familia hay bastantes. Y recordemos que trabajo en un sector, la fontanería y derivados, que tradicionalmente se ha relacionado con los heterosexuales. Tengo muchos buenos amigos que lo son. Y les respeto. Y nunca se han propasado conmigo. Y son gente bastante maja, que conste. Pero verles ahí reunidos, en su salsa y mezclados con los pobres maricas y bollos que pululábamos por la sala con cara de circunstancias me causó un fuerte shock.

    La razón de que yo anduviera el sábado por las salas del Palacio de Gaviria no era otra que la fiesta de presentación de esa grandiosa serie sobre la vida, el amor y el sexo llamada Queer as Folk que celebraba mi, ¡ejem!, querido LesGaiCineMad en colaboración con la cadena Cuatro con motivo de la presentación de la segunda temporada. Y una, que no se pierde un sarao, estaba allí movida más por la curiosidad que por cualquier otro anhelo vital. Al principio la mayoría de la gente era normal. Pero poco a poco comenzaron a llegar los primeros heteros. Ni diez minutos tardé en ser comida con la mirada por el primer desviado varoncito de gesto depravado y aviesas intenciones. Me arrimé a la amiga con la que había ido en un vano intento de que comprendiese que a mi su rollo no me iba, que una puede ser muy liberal, respetarles y tal. Que sí, que soy muy políticamente correcta pero no hasta el punto de que me tomen por uno de ellos. Mucho cuidaito y que nadie se me confunda, ¿eh?

    La decoración del antro era tema aparte. Porque sí, lo de reconvertir un palacio en discoteca puede quedar muy chic pero ya sabemos que los heteros no se distinguen precisamente por su gusto en decoración. Mi amiga y yo abrimos la boca de par en par al ver la bola de espejos y el techo llenitos, llenitos de polvo y telarañas para volverla a cerrar de inmediato no fuera a ser que una pelusa nos entrase dentro. Eso por no hablar de las indumentarias chillonas y demodè que se gastan esos pobres heteritos. Y la pluma que tienen. Que se nota lo que son a diez metros de distancia aunque seas miope. Qué posturas, válgame dios, que posturas y aposturas. Qué peinados. Qué actitudes. Ellas dando esa impresión de remilgadas, de haberse pasado tres horas y cuarto delante del espejo maquillándose, emperifollándose, ensayando mohines y muecas para ligar con esos machos que, cual pavos reales, revolotean alrededor de las muchachas desplegando una serie de encantos que sólo las heteros sabrán apreciar. Ellos, tan pagados de sí mismos, mirando en derredor con gesto altivo y arrogante, buscando presas fáciles con las que saciar sus bajos instintos. Camisitas de rayas, de cuadros o lisas. Repeinados y oliendo a Barón Dandy. Asustados o sorprendidos o ambas cosas al ver que maricas y bollos nos hemos acercado, pese a estar en franca minoría, a esos antros en los que se refugian para satisfacer su necesidad de ser aceptados en un ambiente en el que se sienten comprendidos y saben que no están solos.

    Y la música… ¿Qué decir de la música? Porque en la sala principal, que era donde estaba la gente más normal (o sea nosotros, maricas y bollos) pinchaban buen house. Pero, ¿qué resultado arrojó un pequeño paseo por otras salas? Música de banda de pueblo, reaggeton de tercera fila o canciones de hace ocho temporadas (¿de verdad era necesario castigarnos tan cruelmente poniendo el Salomé de Chayanne? ¿La Organización Mundial de la Salud no había prohibido esa canción por sus perniciosos efectos sobre el organismo?).

    Apenas hora y media fue lo que duramos allí (y, dadas las circunstancias hostiles en las que nos vimos envueltas, mucho tiempo fue). Camareros bordes y maleducados y copas, cervezas y refrescos a diez euros la unidad fueron lo que faltó para disuadir a una irredenta dipsómana como servidora a abandonar el antro en pos de un ambiente más acogedor.

    En principio mi intención era irme a casa. Pero, como bien dijo mi amiga, no era plan de irnos con ese mal sabor de boca. Así que ni cortas ni perezosas enfilamos calles y callejuelas hasta recalar en un lugar que en aquellos momentos nos pareció la antesala del paraíso. Sí, claro, el Escape. Con las primeras copas en la mano, miramos aliviadas a nuestro alrededor:

    -Joder, es que aquí la gente está mucho más relajada.

    -Sí, tía, es que aquí la gente es más normal...


    ...de fondo Rudebox de Robbie Williams
     
    Free hugs
    Con permiso de Perséfone le robo el vídeo que colgó en su blog... Lo ví y me encantó la idea. Dicen que la gente se abraza y se besa poco. Debo pertenecer a un sector raro porque últimamente me paso el día dando abrazos. Y me gusta. Y sienta bien. Y a la gente le gusta.

    La canción es de Sick Puppies. Me los desgargué del eMule y estos días no escucho otra cosa en mi mp3. Que me gustan a mí estos grupitos de rock universitario yanqui, oyes...



    Feliz finde a tod@s... Y abrazad mucho a los que tengáis a vuestro alrededor!!!!
     
    It's in the water
    Pues sí. Algo debe estar afectándonos porque llevo unos días que, hable con quien hable y sea de donde sea, todo el mundo asegura estar un pelín tocad@. Tocad@, sensible, rar@... Me da igual el adjetivo. Algo pasa. Será el tiempo, será la lluvia, serán los acontecimientos y las circunstancias. Me da igual. Yo lo único que quiero es que todo pase y volver a ver sonrisas a mi alrededor.

    Y repito lo que dije en mi último post. Yo estoy bien. De verdad. Sólo me siento un poco anestesiada. Hay una palabra en inglés que define este sentimiento mucho mejor que todas las palabras en castellano que pueda utilizar. I feel numb (sí, como la canción de U2. Sí, como la canción de Linkin Park. Sí, como… seguro que hay otras canciones que se titulan así). Numb podría traducirse como paralizado, entumecido, insensible. Pero nunca olvidemos que una traducción, sobre todo en palabras referidas a emociones, es una traslación, la (re)interpretación de una realidad ajena a nuestra propia realidad. Yo no me siento insensible. I feel numb. Y se me pasará. Como se me ha pasado otras veces. Las crisis tontas es lo que tienen. Que tan pronto como vienen, se largan. Y yo tengo muchos motivos para ser feliz.

    Mientras tanto, paciencia para tod@s. Las borrascas pasan. Y este invierno hará el mismo frío de todos los inviernos. Pero no puede llover eternamente. Ni siquiera demasiado tiempo.

    Editado para decir que: Algo bueno tenía que ocurrir. Tal vez no sea la panacea de los males pero os aseguro que mi estómago lo agradecerá. Y es que... ¡¡¡Bisbal se ha cortado los ricitos de muñeca pepona!!!! ¿Será como Sansón, se le irá la fuerza y nos libraremos de él definitivamente?

    ... de fondo Left outside alone de Anastacia
     
    De resacas, domingos y caos absoluto
    Últimamente el caos gobierna mi vida. No sólo es que salga mucho (demasiado), es que no doy una a derechas. Pese a dar esa imagen de estar en el lugar que me corresponde. Y la realidad es que estoy donde puedo porque no encuentro un lugar en el que quiera estar realmente.

    La resaca de la MariFiesta me duró dos días. Aún con ella en el cuerpo acudí el jueves a la gala de inauguración del Lesgaicinemad que, un año más, estoy cubriendo (juas juas juas, vamos, que a lo que voy es a ver pelis por la patilla porque la crónica será la misma que se hacía cuando yo aún estaba trabajando en él). Esperando para entrar me encontré mi careto en la entrevista que sale este mes en la revista de mi querida editorial. No es que no me lo esperase pero me pilló de sorpresa. Aún no me acostumbro a según qué cosas. El viernes había rave de chicas. En principio iba a ir pero la lluvia me pone a mí también de mala leche y me quedé en casita durmiendo, que buena falta me hacía. Y ayer volví a salir...

    ...volví a salir con el mismo sentimiento de rutina que tengo cada día cuando voy a trabajar. Cada sábado se repite la misma historia. Cena en algún sitio fashion y copa tras copa en el Escape (aún no dejo de preguntarme por qué no nos hacen tarjeta vip de una vez). Hubo bajas a horas tempranas y el grupo se vio reducido a tres. Me encontré con un chaval de un grupo con el que salía hace muchos años. Fui incapaz de recordar su nombre lo que me hizo sentir mal porque él sí que recordarba el mío. Justo al lado me encontré con una vieja amiga que también era compañera en los primeros años del festival. Casualidades de una noche de copas. Estuvimos recordando aquellos tiempos como dos abuelillas. Luego me preguntó qué tal funcionaban mis novelas, llegando a decir que ella pensaba que a estas alturas yo estaría forrada (juas juas juas, me parrrrrrrrrrrrtooooooo). Pues no. No estoy forrada. Vamos, que ni para empastes me llega.

    Una chica llevaba un rato mirándome. Yo me había dado cuenta. Pero no me miraba con esa mirada de querer ligar sino con algo parecido a la curiosidad. En un momento dado pasó junto a mí, se paró y me preguntó: "Tú eres la de los libros, ¿verdad?". Mi cara debió ponerse como los tomates de la huerta. “Pues sí”, acerté a contestar. “Es que te he visto en una revista”, explicó ella toda ufana. Ya. Tierra trágame. Me sé de algunas que disfrutarían en mi lugar pero yo todavía no sé cómo encajar ese tipo de cosas. Soy así de gilipollas.

    Un sábado más volvimos a cerrar el Escape. Un sábado más acabamos desayunando en la cafetería a la que voy en mis descansos laborales. Donde me saludan al entrar y ya saben lo que tomo. Se iba haciendo de día lentamente y la conversación había derivado ya a la resignación y el desencanto, al hastío vital de ser aún jóvenes y llevar demasiados fardos a la espalda. De pretender estar de vuelta de todo para no sentir más dolor. De saber dónde acecha el peligro y hacer un requiebro para no ser alcanzadas por él. Del “ya sé de qué va este juego y no quiero participar”. Sé que aparento serenidad y sensatez. Sé que en el fondo sigo siendo una cobarde.

    Hoy he vuelto a pasarme por el festival. He visto dos películas, la segunda acompañada por mis niñas. Al salir hemos caminado juntas hasta Atocha. Ellas han seguido y yo me he metido al McDonald’s a comer algo porque la comida es algo que últimamente también ha sucumbido al caos. Antes de despedirnos me han preguntado si estoy bien. Sí, lo estoy. De verdad. No me ha pasado nada. No tengo ningún problema. No se han quedado convencidas. Luego una de ellas me ha llamado para volver a preguntármelo. Estoy bien, de verdad. Sólo que a veces siento que estoy muerta por dentro. Porque no soy capaz de sentir nada.

    Estoy rara. Me lo noto en que apenas como, en que duermo poco y mal, en que ni leo ni escribo, en que me cuesta concentrarme durante demasiado tiempo en algo. En que me siento demasiado vieja para la edad que tengo. En que todo a mi alrededor es un caos y yo soy como el agujero negro que todo lo traga hasta hacerlo desaparecer.

    ...de fondo Tengo un trato de La Mala Rodríguez
     
    La MariFiesta
    Y llegó el tan esperado evento. Y pasó. Y algunas aún estamos tratando de recuperarnos y asimilar todo lo que ocurrió la noche del martes al miércoles... Bueno, la verdad es que yo me conformaría con que la resaca (que ya dura dos días) desapareciera de mi cuerpo pero me temo que hasta que no me vuelva a emborrachar no acabaré de encontrarme bien... Consecuencias de ser una juerguista...

    Muchas han sido las que han pedido crónica de la fiesta. Sé que ardéis en deseos de enteraros de todos los cotilleos, de todos los marujeos, de quién se lió con quien y si al final hubo o no hubo orgía... Lamentablemente, yo no puedo contar nada de eso... Y no porque me hayan asaltado los escrúpulos o un repentino ataque de ética. Es que... no me enteré. Y no me enteré porque a las tres de la mañana la fiesta había degenerado tanto que Arrierita (una Arrierita premenstrual y sin haber llenado su estómago con alimento sólido en demasiadas horas) se tiró en plancha sobre uno de los sofás a dormir la mona...

    Y mira que me duele tener que admitirlo, que una tiene su reputación de chica dura y sobradamente preparada para soportar todo tipo de situaciones cual muro de hormigón armado. Pero sí, esa Monja DJ que amenizó la velada con éxitos musicales de ayer, hoy y siempre y bailó agitando esas bolas chinas que se le quedaron prendidas en el cordón de su hábito, aguantó menos de lo que cualquiera hubiera podido esperar de ella.

    Tengo flashes, lagunas, agujeros negros... Me veo a mí misma haciendo unas cosas y me cuentan que hice otras que no recuerdo... Diosssss, ¿qué pasó esa noche en la Mansión RetroHortera?

    Desperté cuando ya era de día y la luz entraba a raudales por los balcones, estaba muerta de frío sobre un sofá sin que a ninguna persona humana se le ocurriera echarme encima ni siquiera una miserable servilleta. Mis ojos apenas veían ya que tras toda la noche durmiendo con las lentillas puestas sólo vislumbraba bultos borrosos. Eché un vistazo al salón, todavía quedaban blogueras por allí. Pedí un vaso de agua. Alguien me lo trajo. Me lo bebí y a continuación eché en él esas lentillas que estaban acabando con mis globos oculares. Volví a dormirme.

    Cuando desperté seguía viendo borroso pero esta vez era porque una es medio cegata y sin gafas ni lentillas no distingue tres en un burro. Miré enfrente de mí. A unos cinco metros, en el otro sofá, un bulto tecleaba un portátil. De repente el bulto me habló y me di cuenta que el bulto no era otra que la insigne anfitriona de la MariFiesta. Intento levantarme pero mi cabeza al borde del colapso me lo impide. Mi móvil comienza a berrear desde algún punto del salón. MariPí me lo acerca. Mis niñas al otro lado me dicen que saben que sigo en la casa y que estoy tumbada en el sofá. Ein? Mí no comprender. ¿Cómo coño lo saben? Una bombilla se me enciende y miro hacia el bulto que está a cinco metros de mí. ¡Bellaca! ¿Ya lo has colgado en internet? Jijiji, oigo.

    Un par de horas después ya me encontraba lo suficientemente bien como para abandonar la posición horizontal y ponerme en pie. MariPi limpiaba baños con carita de asco y una profunda indignación con la humanidad en general y el género bloguero en particular. Entre las dos intentamos dilucidar si lo que atascaba uno de los WC era lo que parecía ser o cualquier otro objeto inclasificable. Afortunadamente era un objeto que más tarde identificamos.

    Luego pusimos el vídeo que se había estado grabando durante toda la noche. El principio lo recordaba pero según iban avanzando los minutos... ¿Cuándo demonios grabé yo eso? Y lo más triste de todo, ¿por qué a nadie se le ocurrió activar el modo nightshot de la cámara?

    Ese vídeo debe ser destruido, MariPili, ese vídeo debe ser destruido...

    No puedo contar más. No puedo recordar más. Yo también sigo en estado de shock.