Una noche en heterolandia
En las últimas dos semanas apenas he parado. Mi agitada vida bloguero-social y la cobertura del evento lésbico-gay de finales de año (mi, ¡ejem!, querido LesGaiCineMad) me han tenido en constante vigilia. Chuchín Infernal ha pasado de mirarme con pena cada vez que me iba a ladrarme directamente por mi desconsideración hacía su ser. En mi estómago se han juntado brebajes exquisitos y calimocho del bar de siempre. He comido en restaurantes fashion-cool y en conocidas multinacionales hamburgueseriles que no hace falta mencionar. Para colmo de males, me vi obligada a coger el último puente con lo que la sensación de diletancia nocturna se agudizó hasta extremos insospechados. Claro, así hoy, cuando ha sonado el despertador y he dado un brinco de la cama tenía hasta ganas de, no solo ir al trabajo, sino de trabajar… Por variar un poco, más que nada...
Tras toda esta semana de excesos y mucho cine (y no siempre bueno) podría contar muchas cosas pero es sólo una la que acude a mi cabeza ahora mismo. Porque me impactó. Me ruborizó. Me sorprendió. Y es que, amiguitos y amiguitas, el sábado… El sábado… Pues… El sábado fui… ¡¡¡a una discoteca hetero!!!
Vamos a ver, que nadie me malinterprete. Yo no tengo nada contra los heteros. De hecho en mi familia hay bastantes. Y recordemos que trabajo en un sector, la fontanería y derivados, que tradicionalmente se ha relacionado con los heterosexuales. Tengo muchos buenos amigos que lo son. Y les respeto. Y nunca se han propasado conmigo. Y son gente bastante maja, que conste. Pero verles ahí reunidos, en su salsa y mezclados con los pobres maricas y bollos que pululábamos por la sala con cara de circunstancias me causó un fuerte shock.
La razón de que yo anduviera el sábado por las salas del Palacio de Gaviria no era otra que la fiesta de presentación de esa grandiosa serie sobre la vida, el amor y el sexo llamada Queer as Folk que celebraba mi, ¡ejem!, querido LesGaiCineMad en colaboración con la cadena Cuatro con motivo de la presentación de la segunda temporada. Y una, que no se pierde un sarao, estaba allí movida más por la curiosidad que por cualquier otro anhelo vital. Al principio la mayoría de la gente era normal. Pero poco a poco comenzaron a llegar los primeros heteros. Ni diez minutos tardé en ser comida con la mirada por el primer desviado varoncito de gesto depravado y aviesas intenciones. Me arrimé a la amiga con la que había ido en un vano intento de que comprendiese que a mi su rollo no me iba, que una puede ser muy liberal, respetarles y tal. Que sí, que soy muy políticamente correcta pero no hasta el punto de que me tomen por uno de ellos. Mucho cuidaito y que nadie se me confunda, ¿eh?
La decoración del antro era tema aparte. Porque sí, lo de reconvertir un palacio en discoteca puede quedar muy chic pero ya sabemos que los heteros no se distinguen precisamente por su gusto en decoración. Mi amiga y yo abrimos la boca de par en par al ver la bola de espejos y el techo llenitos, llenitos de polvo y telarañas para volverla a cerrar de inmediato no fuera a ser que una pelusa nos entrase dentro. Eso por no hablar de las indumentarias chillonas y demodè que se gastan esos pobres heteritos. Y la pluma que tienen. Que se nota lo que son a diez metros de distancia aunque seas miope. Qué posturas, válgame dios, que posturas y aposturas. Qué peinados. Qué actitudes. Ellas dando esa impresión de remilgadas, de haberse pasado tres horas y cuarto delante del espejo maquillándose, emperifollándose, ensayando mohines y muecas para ligar con esos machos que, cual pavos reales, revolotean alrededor de las muchachas desplegando una serie de encantos que sólo las heteros sabrán apreciar. Ellos, tan pagados de sí mismos, mirando en derredor con gesto altivo y arrogante, buscando presas fáciles con las que saciar sus bajos instintos. Camisitas de rayas, de cuadros o lisas. Repeinados y oliendo a Barón Dandy. Asustados o sorprendidos o ambas cosas al ver que maricas y bollos nos hemos acercado, pese a estar en franca minoría, a esos antros en los que se refugian para satisfacer su necesidad de ser aceptados en un ambiente en el que se sienten comprendidos y saben que no están solos.
Y la música… ¿Qué decir de la música? Porque en la sala principal, que era donde estaba la gente más normal (o sea nosotros, maricas y bollos) pinchaban buen house. Pero, ¿qué resultado arrojó un pequeño paseo por otras salas? Música de banda de pueblo, reaggeton de tercera fila o canciones de hace ocho temporadas (¿de verdad era necesario castigarnos tan cruelmente poniendo el Salomé de Chayanne? ¿La Organización Mundial de la Salud no había prohibido esa canción por sus perniciosos efectos sobre el organismo?).
Apenas hora y media fue lo que duramos allí (y, dadas las circunstancias hostiles en las que nos vimos envueltas, mucho tiempo fue). Camareros bordes y maleducados y copas, cervezas y refrescos a diez euros la unidad fueron lo que faltó para disuadir a una irredenta dipsómana como servidora a abandonar el antro en pos de un ambiente más acogedor.
En principio mi intención era irme a casa. Pero, como bien dijo mi amiga, no era plan de irnos con ese mal sabor de boca. Así que ni cortas ni perezosas enfilamos calles y callejuelas hasta recalar en un lugar que en aquellos momentos nos pareció la antesala del paraíso. Sí, claro, el Escape. Con las primeras copas en la mano, miramos aliviadas a nuestro alrededor:
-Joder, es que aquí la gente está mucho más relajada.
-Sí, tía, es que aquí la gente es más normal...
...de fondo Rudebox de Robbie Williams
Tras toda esta semana de excesos y mucho cine (y no siempre bueno) podría contar muchas cosas pero es sólo una la que acude a mi cabeza ahora mismo. Porque me impactó. Me ruborizó. Me sorprendió. Y es que, amiguitos y amiguitas, el sábado… El sábado… Pues… El sábado fui… ¡¡¡a una discoteca hetero!!!
Vamos a ver, que nadie me malinterprete. Yo no tengo nada contra los heteros. De hecho en mi familia hay bastantes. Y recordemos que trabajo en un sector, la fontanería y derivados, que tradicionalmente se ha relacionado con los heterosexuales. Tengo muchos buenos amigos que lo son. Y les respeto. Y nunca se han propasado conmigo. Y son gente bastante maja, que conste. Pero verles ahí reunidos, en su salsa y mezclados con los pobres maricas y bollos que pululábamos por la sala con cara de circunstancias me causó un fuerte shock.
La razón de que yo anduviera el sábado por las salas del Palacio de Gaviria no era otra que la fiesta de presentación de esa grandiosa serie sobre la vida, el amor y el sexo llamada Queer as Folk que celebraba mi, ¡ejem!, querido LesGaiCineMad en colaboración con la cadena Cuatro con motivo de la presentación de la segunda temporada. Y una, que no se pierde un sarao, estaba allí movida más por la curiosidad que por cualquier otro anhelo vital. Al principio la mayoría de la gente era normal. Pero poco a poco comenzaron a llegar los primeros heteros. Ni diez minutos tardé en ser comida con la mirada por el primer desviado varoncito de gesto depravado y aviesas intenciones. Me arrimé a la amiga con la que había ido en un vano intento de que comprendiese que a mi su rollo no me iba, que una puede ser muy liberal, respetarles y tal. Que sí, que soy muy políticamente correcta pero no hasta el punto de que me tomen por uno de ellos. Mucho cuidaito y que nadie se me confunda, ¿eh?
La decoración del antro era tema aparte. Porque sí, lo de reconvertir un palacio en discoteca puede quedar muy chic pero ya sabemos que los heteros no se distinguen precisamente por su gusto en decoración. Mi amiga y yo abrimos la boca de par en par al ver la bola de espejos y el techo llenitos, llenitos de polvo y telarañas para volverla a cerrar de inmediato no fuera a ser que una pelusa nos entrase dentro. Eso por no hablar de las indumentarias chillonas y demodè que se gastan esos pobres heteritos. Y la pluma que tienen. Que se nota lo que son a diez metros de distancia aunque seas miope. Qué posturas, válgame dios, que posturas y aposturas. Qué peinados. Qué actitudes. Ellas dando esa impresión de remilgadas, de haberse pasado tres horas y cuarto delante del espejo maquillándose, emperifollándose, ensayando mohines y muecas para ligar con esos machos que, cual pavos reales, revolotean alrededor de las muchachas desplegando una serie de encantos que sólo las heteros sabrán apreciar. Ellos, tan pagados de sí mismos, mirando en derredor con gesto altivo y arrogante, buscando presas fáciles con las que saciar sus bajos instintos. Camisitas de rayas, de cuadros o lisas. Repeinados y oliendo a Barón Dandy. Asustados o sorprendidos o ambas cosas al ver que maricas y bollos nos hemos acercado, pese a estar en franca minoría, a esos antros en los que se refugian para satisfacer su necesidad de ser aceptados en un ambiente en el que se sienten comprendidos y saben que no están solos.
Y la música… ¿Qué decir de la música? Porque en la sala principal, que era donde estaba la gente más normal (o sea nosotros, maricas y bollos) pinchaban buen house. Pero, ¿qué resultado arrojó un pequeño paseo por otras salas? Música de banda de pueblo, reaggeton de tercera fila o canciones de hace ocho temporadas (¿de verdad era necesario castigarnos tan cruelmente poniendo el Salomé de Chayanne? ¿La Organización Mundial de la Salud no había prohibido esa canción por sus perniciosos efectos sobre el organismo?).
Apenas hora y media fue lo que duramos allí (y, dadas las circunstancias hostiles en las que nos vimos envueltas, mucho tiempo fue). Camareros bordes y maleducados y copas, cervezas y refrescos a diez euros la unidad fueron lo que faltó para disuadir a una irredenta dipsómana como servidora a abandonar el antro en pos de un ambiente más acogedor.
En principio mi intención era irme a casa. Pero, como bien dijo mi amiga, no era plan de irnos con ese mal sabor de boca. Así que ni cortas ni perezosas enfilamos calles y callejuelas hasta recalar en un lugar que en aquellos momentos nos pareció la antesala del paraíso. Sí, claro, el Escape. Con las primeras copas en la mano, miramos aliviadas a nuestro alrededor:
-Joder, es que aquí la gente está mucho más relajada.
-Sí, tía, es que aquí la gente es más normal...
...de fondo Rudebox de Robbie Williams
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jajajajaja... vaya tela... bueno yo por fin este sabado, a mis 131 años de edad conoceré el famoso escape...ay que nervios!!! juassss...
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jeje, vaya una cantidad de prejuicios acumulados!
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Lo único interesante que tiene el antro este es encontrarte con los labios de Yola bailando o las tetas de la Marlene botando. Risa asegurada. Pero sí, es lo peor... Aunque el Escape... qué quieres que te diga... bufff
Besos.
Besos.
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Genial! Yo fui un par de veces allá cuando estudiaba (momento abuela cebolleta...)y veo que aquello no ha cambiado. Normal, si es que las camisas de rayas, cuadros, y lisas con el caballito nunca pasan de moda. Sólo noto cambios en algunos peinados: los nenes han pasado de ir engominados a llevar el pelo tipo "playmobil".
PD. ¡Viva el calimocho!
PD. ¡Viva el calimocho!
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Y io que hace 4 o 5 años me pensaba que era un Palacio de verdad donde la gente se ponía de farlopa hasta las cejas en mesas neoclasicistas...
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Tu forma de hablar sobre nosotros me ha causado un gran impacto xD Aunque tengo que decir, que tienes razón en cuanto a lo de los tios babosillos que te encuentras en todos lados, son pesados hasta decir basta xD
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Buenísimo nena, jajajaja...
Si es que es verdad, mira que son ¿eh? Yo no tengo nada en contra de ellos. Si tengo un amigo, que es muy buen amigo, y es hetero, pero es que yo lo respeto, pero no lo comparto :p
Un besote y espero que estés teniendo buena semana.
Si es que es verdad, mira que son ¿eh? Yo no tengo nada en contra de ellos. Si tengo un amigo, que es muy buen amigo, y es hetero, pero es que yo lo respeto, pero no lo comparto :p
Un besote y espero que estés teniendo buena semana.
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jeje, me encanta este blog, puedes decirme cual es la novela que has publicado? por favor....
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Qué fuerte me parece todo...
Al menos en el Escape ponen de vez en cuando a la Jurado, tienes razón.
Un besazo!
Al menos en el Escape ponen de vez en cuando a la Jurado, tienes razón.
Un besazo!
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jajajajaja me quito el sombrero...
En verdad que menudo antro es el palacio de Gaviria, a mi no me pillan en otra para volver a entrar!
En verdad que menudo antro es el palacio de Gaviria, a mi no me pillan en otra para volver a entrar!
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No entiendo nada...
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Lo que me he podido reir con tu post de "demos la vuelta a la tortilla"...yo ya he hecho de mary así que...este fínde podemos volver a dejarnos ver por el antro, no??
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Ja, ja, jaaaa. Yo estuve una vez en ese sitio y tampoco me podía creer lo que veía
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juasjuas, ha estado bien, pero, aunque yo no he ido nunca a ese antro, los he visto merodeando por muchos otros más, si es que ya no se cortan por nada!
Comentario:
Desde luego, cada vez que he ido alli, me han dado ganas de salir corriendo de nuevo. (La ultima vez fue peor, en medio de aquella jungla y mi hermana al lado, vestida de enfermera (el puerta incluso se asomo debajo del vestido para ver si llevaba algo debajo... tengo que reconocer que mi hermana es de lo que no hay...y guapita es)
un beso!
un beso!
Comentario:
juas juas juas juas juas juas juas
Eres genial!! Para cuando un libro? digo... para cuándo el tercero? ;p
Ya sabía yo que hacía bien en no dejarme arrastrar a Gaviria...
kss&hgs!
Eres genial!! Para cuando un libro? digo... para cuándo el tercero? ;p
Ya sabía yo que hacía bien en no dejarme arrastrar a Gaviria...
kss&hgs!
Comentario:
Buenísimo! jajaja
Comentario:
Hablas de los hetero como ellos hablan de los homosexuales... jejeje
Con lo que me gusta a mi mover el culo con el puto reaggeton, así en plan camaleón... Parece mentira...
Y yo que pensaba que eras hetero, qué desilusión!
Besos
(Al menos arreglas todo eso con la canción del Robbie)
Con lo que me gusta a mi mover el culo con el puto reaggeton, así en plan camaleón... Parece mentira...
Y yo que pensaba que eras hetero, qué desilusión!
Besos
(Al menos arreglas todo eso con la canción del Robbie)
Comentario:
la puta ama. eres la puta ama. si ya lo decía yo. jajajajajajajaja. lo que me he podido reir..... sip, la verdad es que dan ganas de volver al Escape (y que lo diga yo... en fin jajaja)
muacks
muacks
Comentario:
parece el infierno Arriera...qué miedo! un besito
Comentario:
Jajajajajaja. Me ha encantado. Y te prohibo volver a ir a esos sitiosssssss! a ver si te van a hacer algo, jou. :P
PD: Este sábado podíamos ir al Palacio de Gaviria otra vez para que estés deseando volver al Escape.
PD: Este sábado podíamos ir al Palacio de Gaviria otra vez para que estés deseando volver al Escape.