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    Estimados compañeros de piso:

    Ignoro si estáis al tanto de la existencia de este blog. Tampoco me extrañaría nada habida cuenta de las horas que le echáis a esto de Internet. O a que Psicóloga tiene una amiga que tiene otra amiga que me ha visto en dos o tres ocasiones y conoce mi identidad bloguera (y, de hecho, me preguntaste si tenía un blog, cosa que no negué en ningún momento). Da igual. Tanto si sabéis de este rincón mío como si no debo decir que me tenéis harta. Muy harta. Tal vez sea sólo la consecuencia de la acumulación de los ocho años y las más de veinticinco personas que han pasado por este piso mío. O tal vez es por vosotros. O tal vez por mí. Da igual. Os ha tocado la china. Y me estáis tocando los ovarios pero bien. Pero esa es otra historia.

    Hace meses, cuando entró Psicóloga, ya pude vislumbrar qué tipo de personas erais. El que una tía se ponga a pasarse la Silkepil a las tres de la mañana es un indicio bastante claro de que esa tía no tiene el más mínimo respeto por los demás y que va a su puta bola. Tener la casa durante mes y medio como Bagdad tras un bombardeo también fue un hecho bastante elocuente. Porque, por supuesto, dos personas que no trabajaban y se dedicaban todo el santo día a tocarse el higo no iban a conformarse con dar una manita de pintura y a colocar sus cosas. Psicóloga acabó pronto pero, ¡ay, amigo GayArdón! Tú no te podías conformar con algo tan simple. No, tú tenías que dar capa tras capa porque no te acababa de coger la pintura o porque no te sentías a gusto con el color. Y, por supuesto, lijar las paredes a todas horas. Preferiblemente después de las diez de la noche y hasta las dos o las tres de la mañana. En muchos momentos pensé que acabarías atravesando la pared y me darías las buenas noches a través del hueco. Y, claro, por las mañanas estabas hecho polvo. Y te levantabas tarde. Y como la persona humana también necesita sus momentos de ocio, te pasabas la tarde jugando con la Play en el salón. Sí, ese mismo salón que paso días, incluso semanas sin pisar porque vosotros estáis bien apalancados en él. Solos o con esos amigos tan silenciosos que tenéis. Pero esa es otra historia.

    La siguiente pista fue encontrarme con que esa nevera que limpié a conciencia mientras mi contractura me estaba dando por saco estaba repleta de cosas. De cosas que no eran mías. En mi propio estante. Incluso sin cosas que sí eran mías. Aprovechando que casi no como en casa y que mis posesiones alimenticias apenas sí alcanzan a medio tetra-brik de leche y media docena de huevos, arramblasteis con todo el espacio disponible, que para algo cocináis como dios manda y, al fin y al cabo, en algún sitio GayArdón tiene que meter todos los tuppers que le prepara su madre. Pero esa es otra historia.

    Luego fue la época en la que, como seguías sin responsabilidades laborales, salíais entre semana y llegabais a casa en plena madrugada. Por supuesto, Psicóloga, pese a las borracheras con las que venía, pisaba fuerte y estruendosamente con sus altos tacones, que para algo los lleva. O se traía a algunas de sus amiguitas. Porque gemidos, afortunadamente, no habré oído pero risas casi las mismas que si estuvieran viendo Scary Movie 13. Y a las siete de la tarde me la hubiera traído al fresco. Pero a las dos de la mañana con el despertador puesto a las seis y media mis instintos asesinos se volvían irrefrenables. Pero esa sigue siendo otra historia.

    Cuando llegó la factura de la luz y vi que el consumo había subido más de treinta euros desde que aparecisteis en mi vida me eché a temblar porque los gastos van incluidos en el alquiler. Teniendo en cuenta esa bonita costumbre vuestra de tener encendidas todas las luces de la casa, estéis o no en las estancias alumbradas, no sé qué esperaba encontrar. Pero tiemblo sólo de pensar en la que llegará en breve. Porque pese a que esta casa no es nada fría (el termómetro de mi teléfono inalámbrico –así de pija soy a veces- marca ahora mismo 20.9 grados Celsius ¡y está al lado de la ventana! Sólo para que os hagáis una idea), aunque fuera haya tres grados, por casa hay que andar en manga corta y descalzo, si puede ser. Para ello, no ponéis la calefacción (que también temo la próxima factura del gas), no, conectáis uno de esos calefactores eléctricos que tan poquito gastan para convertir la habitación en la que estéis en una terma romana. El otro día entré al salón y juro que chorreé al menos medio litro de sudor en los escasos quince segundos que tardé en coger lo que había ido a buscar. Pero esa es otra historia.

    De la limpieza mejor no hablemos. Psicóloga me dio el coñazo del siglo para que hiciera un nuevo cuadrante de turnos cuando la casa aún se parecía a la capital irakí bombardeada. Pues toma cuadrante. Cuadrante que no se ha cumplido jamás (cosa que yo ya sabía, que son muchos años). Pero vosotros sois superlimpios. Vosotros sois maniáticos de la limpieza. Vosotros sois muy higiénicos. Que una servidora se vaya a hacer inocentemente la cena y no encuentre un utensilio limpio (al menos no un utensilio que pensara utilizar, que ya es guasa) y la cocina parezca haber sufrido una explosión nuclear es algo puntual que no pasa todos los días (no, algún día yo he sido más rápida y he cenado antes que vosotros). Y pediros que freguéis porque yo necesito cocinar os provoca unas caras merecedoras de estar en el más escalofriante Pasaje del Terror. Que servidora vaya a coger la bayeta de la cocina y se le queden los dedos pringados de la grasa que acumula son exageraciones de esa misma servidora porque vosotros siempre la aclaráis e incluso la lavais. Que servidora vaya a tirar la basura y se encuentre con media docena de bolsas escoltando al cubo e impidiendo el acceso a él son de nuevo imaginaciones de servidora. La misma servidora que tras días y días se acaba hartando y baja esa ingente cantidad de basura que ella ni siquiera ha generado. Que hace semanas que no veo que Psicóloga mueva un dedo para limpiar, que GayArdón jure y perjure que lo hace y que servidora que ni cocina y apenas habita el piso porque el poco tiempo que está en él lo pasa en su cuarto se haya cansado y sólo limpie lo justo y necesario son imaginaciones y exageraciones de servidora salvo lo último, que sí que es verdad que servidora está harta. Pero esa es otra historia.

    Lo de que vais a vuestra puta bola es algo que salta a la vista. Lo de que yo estoy harta porque son menudencias que están haciendo crecer la bola de nieve también. Que Psicóloga no me dirija la palabra salvo un escueto Hola si tiene la gran desgracia de cruzarse conmigo por el pasillo y a continuación se dedique a esquivarme (pero luego me encuentra en el Escape, me saluda efusivamente y hasta me da dos besos) me la pela. Lo de que pese a que paséis de mí, de mi espacio y de mis horas de sueño y que pese a ello Qué bien porque en el precio va incluida la biblioteca, la fonoteca y el vídeo-club me la pela aún más. Pero mi paciencia se está agotando. Y ayer ya se produjo el primer e inevitable enfrentamiento cuerpo a cuerpo:

    23.10. Arrierita, ya metida en la cama y con Chuchín a sus pies dándole calor perruno, disfruta de los primeros capítulos de la primera temporada de Friends. Sus queridos compañeros, pese a las horas que son y pese a que al día siguiente es laborable se desgañitan a voz en grito cual gatos escaldados en el salón cantando esas bonitas canciones del volumen La edad de oro del pop español del Singstar de la Play. Arrierita escucha los golpes que algún vecino, como tantas otras veces, está dando. Arrierita se levanta y va al baño. Ellos cantan No controles mi forma de vestir. Arrierita respira hondo. Sale del baño y abre la puerta del salón. Se apoya en el quicio de la puerta, se cruza de brazos y les mira fijamente con cara de reproche. No controles mi forma de vestir por… que es to… taaal. Ambos cesan en sus aullidos y me miran (y encima con cara de ofendidos por interrumpirles). Y lo que sólo pretendía ser un simple toque de atención porque son las once de la noche de un lunes, yo quiero dormir y los vecinos a quien se quejarán es a mí porque es a la que conocen después de ocho años se convierte en una batalla dialéctica en la que echarnos las cosas en cara. Y si yo no ensucio porque apenas estoy, friego los utensilios de cocina utilizados antes de sentarme a comer y friego mi plato inmediatamente después, ¿qué pueden echarme en cara? Pues sí. Lo tienen. Y es que resulta que yo, asquerosa fumadora (pese a que entraron sabiéndolo y juraron que no les importaba ni molestaba), fumo en mi cuarto (ya ni siquiera en el salón porque apenas pongo un pie en él). Pero el humo, ese ente perverso y demoníaco, se escapa por debajo de la puerta, dobla un recodo, se recorre cuatro metros de pasillo, se cuela por debajo de la puerta de GayArdón y llega hasta su sensible naricilla. Y yo, ojiplática perdida, sólo puedo preguntarme cómo es que a este chico no le han cogido como perro policía con semejante olfato.

    La conversación fue tensa. Y no quise mencionaros el inminente aumento de los gastos que vosotros mismos generais porque era demasiado tarde para meterme en camisas de once varas. Así que hoy, cuando a las once de la noche GayArdón (porque, claro, entre venir de currar a las dos, comer, echarse la siesta y pasar la tarde jugando con la Play no has tenido tiempo) se ha puesto a pasar la aspiradora y a limpiar, servidora se ha quedado calladita en su cuarto porque no tiene ganas de más historias.

    Queridos compañeros de piso, Arrierita está a punto de explotar. Y ya estoy harta de ir detrás de vosotros diciéndoos las cosas como si fuera vuestra madre. Seguid así, que ya veréis la que se monta.

    (Como veréis, también me la pela que podáis leer mi blog. Al menos así no me habréis interrumpido para querer dejarme por mentirosa).
     
    Comentario:
    Cariño... ¿cuándo narices los vas a echar (es decir, invitar amablemente a que abandonen la casa) y vamos a hacer tú y yo de tu piso un espacio lindo y acogedor y, sobre todo, armonioso? A mí no me importa que fumes y que quieras dormir por la noche porque tienes que trabajar, prometo ser bueno, y limpiar lo mío y no depilarme a las 3 de la mañana, jajajaja.

    Manda narices, bendita paciencia la que tienes.

    Un besote de los grandes.
     
    Comentario:
    No me kiero imaginar lo que seria vivir en esa situacion. Mandales a la mierda y acaba con todo. Aunke arriesgarse a ke vinieran otros asi...
     
    Comentario:
    Arrierita echalos del piso,seguro que hay muchas blogueras majísimas que podrian compartir piso contigo en su lugar. A mi no me importaría.
     
    Comentario:
    Esa es mi arrierita!
    Ya sabes que en cuanto desalojes me mudo contigo;P
    Y de paso me enseñas a escribir así de bien, y con tanta extensiónnnn.
    I miss you, ironic.
     
    Comentario:
    yo te admiro...a ti y a tu paciencia.
    Me acuerdo de cuando me contaste la falsedad de tu compi,con tan efusivo saludo en el antro verde jeje!
    Echales ya!
     
    Comentario:
    Lo a gustito que vive uno solo.
     
    Comentario:
    JAJAJAJJAJA!
    Así me gusta, las cosas claras!!!!!
    Besos
     
    Comentario:
    Uy! Si que habia publicado el otro comentario...
     
    Comentario:
    Debes amar por encima de todo a los que comparten casa contigo, sino deja el gas abierto y vete a dormir fuera, lo llaman la muerte dulce.
     
    Comentario:
    Piensa que sois como una gran familia y debeis amaros, sino deja el gas abierto y vete, lo llaman la muerte dulce.
     
    Comentario:
    vamos, arri, un poco de ánimo, que peores has tenido en casa y lo has superado. lo malo es que estos se alían contra ti.
    entrena a chuchín a ver si les muerde cuando vea suciedad o haz campaña de "mierdas las justas" que a mi me funciona bien, pongo carteles y doy el coñazo mucho. que es cansado? si. que no eres su madre? dios te libre, pobrecilla... que son unos caraduras repugnantes? si. pero como dice la abuela de mi amiga: todos los guarros son escrupulosos, hija.
    que valor el del humo... mi querido hermano mayor dejaba fumar a su novia en su coche y a mi no porque: "huele diferente", toma ya! asi que ya me creo cualquier cosa...
    mucho ánimo guapa! besos.
     
    Comentario:
    Es lo que tiene compartir piso
    rara vez acaba bien la historia
     
    Comentario:
    ¿no puedes echarlos?
     
    Comentario:
    Cuando empecé a leer tu blog, le eche un vistazo general, a lo q habías escrito antes, y los post q más me gustaban eran los q hablabas de tus compañeros de piso, me pongo en tu situación q debe ser horroroso, pero me encanta q escribas las locuras de compartir piso!!!! ;-)
     
    Comentario:
    Pero de verdad coges los trapos esos amarillos con los que la gente limpia la cocinaaaaaaaaa!!! Me muero

    PD: Sí tengo un trauma con ellos.
     
    Comentario:
    Tíaaaaaaaaaaaaaaaa!!! Pero que coges las bayetas de la cocina?!?!?!?!?!?!?! UAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGGG! No hay nada que me dé más asco en esta vida!!!!
     
    Comentario:
    Jooooder Arrierita... menuda bronca. No se te ha ocurrido imprimirlo, fotocopiarlo y pegarlo por las paredes de la casa? Desde luego hay veces que la conviveencia es difícil, pero si encima los compañeros no ponen nada de su parte para facilitarla, entonces es definitivamente imposible!
    Besos y ánimos
    No