¡Por fin llueve! (Y, como era de esperar, me ha pillado fuera de casa)
Pues sí, me ha pillado fuera de cualquier tipo de refugio. Bueno, miento, me ha pillado saliendo de la peluquería… Aunque, afortunadamente, no había ido a hacerme nada en el pelo sino a eliminar los pelos que se amotinan por debajo del punto de equilibrio de mi cuerpo (para entendernos, que he ido a depilarme porque mañana mis partes bajas recibirán la visita de mi ginecóloga…)
En fin, bienvenida sea y esperemos que no se limite al tremendo chaparrón de hoy…
Por lo demás tengo un humor excelente. Estoy en esos días en que no hago más que sonreír a todas horas y cada vez que me miro en el espejo me empiezo a reír a carcajadas. Y, ¡coño, como agradezco estar así!
El fin de semana también ha sido muy divertido y como mañana empiezo mis minivacaciones, el resto de la semana promete seguir la misma tónica.
El viernes no empezó bien. Mi editor me llamó a primera hora para dorarme la píldora un poco antes de decirme que la presentación de Barcelona se había cancelado. Me dijo que, al fin y al cabo, tampoco era un punto fuerte (no, claro, una ciudad con un movimiento lésbico a años luz del de Madrid no es un punto fuerte para presentar un libro de lesbianas, ¿cómo pude pensar lo contrario?). Así que mi gozo en un pozo. Mis días libres los dedicaré a mi ciudad natal.
Por la tarde había quedado en Chueca con una chica a la que conocí por Internet. La verdad es que llevábamos mucho tiempo posponiendo y yo ya pensaba que se había olvidado del asunto (de hecho, yo sí que lo había olvidado). Pero al final quedamos por la tarde para tomar un algo por la plaza. Yo llegué a mi hora –las ocho- pero tras veinte minutos de espera se me empezaron a agolpar en la cabeza las posibles explicaciones:
1.- Me ha reconocido antes que yo a ella y ha salido corriendo (yo he estado a punto de hacerlo algunas veces)
2.- Es un tío que me ha tomado el pelo (no habíamos hablado por teléfono y no tenía la certeza)
3.- Era una tía y en el último momento ha decidido que pasaba de quedar con nadie a quien no conocía.
4.- El fantástico transporte público de la capital le ha jugado una mala pasada y se ha quedado atrapada en un vagón de metro repleto de niñatos que se dirigen a Alonso Martínez (una de las más lógicas, por otra parte, pero parece que siempre nos gusta ponernos en lo peor).
Le estaba escribiendo un mensaje diciéndole que me largaba cuando ella me mando otro para decirme que lo sentía, que el transporte la había retrasado pero que llegaba enseguida, que la esperase en algún bar. Bueno, vale. Le contesté diciéndole que me iba a una cafetería de la calle Pelayo (no, La Troje, no) y que la esperaba allí.
Aún tardó otros veinte minutos en llegar. Teniendo en cuenta que después se iba a currar, nos iba a quedar muy poco tiempo para charlar de nada. Llegó como un vendaval, me saludó, se disculpó, se acercó a la barra a pedirle un café al camarero, se sentó, se volvió a levantar para pedirle cambio, sacó tabaco de la máquina, se volvió a sentar, se volvió a disculpar y durante la conversación salió no menos de tres o cuatro veces porque la llamaban al móvil y no tenía cobertura… Pese a todo esto me cayó bastante bien, se la veía una tía resuelta (cosa cada vez más difícil de encontrar, ya no en Chueca sino en la vida en general) y cuando nos pusimos a hablar de activismo gay pues se nos empezó a agotar el tiempo.
Yo había quedado con Rusfi el Impresentable en la esquina de Gran Vía con Montera (es decir, frente al MariDonalds) para ir al cine. Así que me acompañó hasta allí. Entonces decidí contarle mi pequeño secreto. Bueno, no es secreto y si habéis leído mi perfil pues ya lo sabréis pero a mí no me mola ir pregonándolo como tarjeta de presentación, a diferencia de otr@s, que lo soltarían a la primera de cambio. Además, estando tan metida en el ambiente, se iba a acabar enterando tarde o temprano y mejor que se enterase por mí, ¿no? Así que le pregunté qué le parecía la literatura lésbica. Me contestó que había leído poco pero que uno de los libros que más le había gustado era… justamente mi primera novela. “Si, una chiquita que publicó uno hace un par de años y que ha sacado otro que están dándole mogollón de publicidad…”. Acabar de decir esto y darse cuenta de que era yo fue todo uno. La verdad es que no esperaba esa reacción de euforia y flipamiento que tuvo (pero se agradece, jeje, que nunca está de más subir un poco el ego). Y aunque ya habíamos dicho de quedar en otro momento con más tiempo, esto le dio aún más ganas de volver a verme. Y yo a ella, claro, que también me cayó de puta madre.
Nos despedimos y me dispuse a esperar al Rusfi. Pero el Rusfi no llegaba. Habíamos quedado a las diez y a las diez y veinte me llama diciendo que sigue en su barrio, que el metro no llega, que le espere. Y yo, qué remedio, le espero. Y para matar el tiempo me meto en el MariDonalds, que aún no había cenado.
Bueno, ni qué decir tiene que entramos a la película por los pelos, cuando ya había empezado (y mira que odio entrar con la peli ya empezada). Tras recuperar el aliento (fuimos a los Acteón y, para colmo, nuestra sala estaba en el último piso, ¡hala! sube corriendo por las escaleras) quitarme la chaqueta y apagar el móvil (yo que nunca lo hago… luego no me acordaba del pin, bloqueé el teléfono, fui incapaz de encontrar el puto código puk de mi número actual y sí de todos mis anteriores números y hasta el sábado por la tarde no volví a estar conectada con el mundo) nos intentamos meter en la historia. La peli era Princesas y mira que las anteriores películas de Fernando León me han gustado y mucho pero esta como que me dejó fría. Pero las tareas de crítica cinematográfica se las dejó al Rusfi en su blog (ya sabes lo que tienes que hacer, chavalote).
Al salir del cine nos fuimos al My Way pero yo no aguanté más de dos cervezas. Así que me despedí, me pillé un teki y me vine para casa.
El sábado juro que no tenía la más mínima intención de poner un pie en la calle más que para sacar a mi Chucho Infernal en el paseo nocturno de las últimas meaditas. Y en esas estaba, enredada en la red de redes, bajando cositas y contestando emilios varios cuando me llama el Rusfi diciéndome que qué hago, que si voy a salir. Y yo que le contesto que no tengo mucha intención, que luego el domingo me levanto a las mil y se me pasan los fines de semana sin hacer nada de provecho (aparte de emborracharme, claro está). Y va el muy picaruelo y me dice que me quiere presentar a una admiradora (entendámonos, una amiga suya que había leído mi primera novela). Mi respuesta no podía ser otra:
-Dame un rato que al menos me duche, ¿no?
(Aquí se pueden añadir algunas risas enlatadas)
Y de nuevo mi poca fuerza de voluntad me sacó a la calle la noche del sábado.
La noche estuvo divertida, me pegué unos bailes con uno de los amigos del Rusfi y charlé con la admiradora en cuestión que resultó ser más maja que las pesetas (aparte de muy mona pero tranquil@s, que mis hormonas aún no se han desatado del todo… por ahora). Acabé a las seis de la mañana dando mi reino por un taxi (haberme convertido en una pija burguesa a veces es complicado y todo por no darme la gana de meterme en el búho).
El domingo, contra todo pronóstico, me levanté pronto (a las doce) y no se me ocurrió nada mejor que irme al gimnasio a luchar contra la resaca (fuera de coñas, me sentó de puta madre). Y luego me dediqué a marujear como buena ama de casa que soy…
Y mañana empiezan mis minivacaciones y el Brujito Lop me ha invitado a una fiesta en la que me va a presentar a una niña muy mona (según él)… Me parece que no voy a pasar mucho tiempo en casa esta semana…
Pero no todo iba a ser bueno…
Ahora sufro en silencio…
Y creo que mañana será el día en que compre mi primer tubito de Hemoal…
…de fondo Best of you de Foo Fighters
En fin, bienvenida sea y esperemos que no se limite al tremendo chaparrón de hoy…
Por lo demás tengo un humor excelente. Estoy en esos días en que no hago más que sonreír a todas horas y cada vez que me miro en el espejo me empiezo a reír a carcajadas. Y, ¡coño, como agradezco estar así!
El fin de semana también ha sido muy divertido y como mañana empiezo mis minivacaciones, el resto de la semana promete seguir la misma tónica.
El viernes no empezó bien. Mi editor me llamó a primera hora para dorarme la píldora un poco antes de decirme que la presentación de Barcelona se había cancelado. Me dijo que, al fin y al cabo, tampoco era un punto fuerte (no, claro, una ciudad con un movimiento lésbico a años luz del de Madrid no es un punto fuerte para presentar un libro de lesbianas, ¿cómo pude pensar lo contrario?). Así que mi gozo en un pozo. Mis días libres los dedicaré a mi ciudad natal.
Por la tarde había quedado en Chueca con una chica a la que conocí por Internet. La verdad es que llevábamos mucho tiempo posponiendo y yo ya pensaba que se había olvidado del asunto (de hecho, yo sí que lo había olvidado). Pero al final quedamos por la tarde para tomar un algo por la plaza. Yo llegué a mi hora –las ocho- pero tras veinte minutos de espera se me empezaron a agolpar en la cabeza las posibles explicaciones:
1.- Me ha reconocido antes que yo a ella y ha salido corriendo (yo he estado a punto de hacerlo algunas veces)
2.- Es un tío que me ha tomado el pelo (no habíamos hablado por teléfono y no tenía la certeza)
3.- Era una tía y en el último momento ha decidido que pasaba de quedar con nadie a quien no conocía.
4.- El fantástico transporte público de la capital le ha jugado una mala pasada y se ha quedado atrapada en un vagón de metro repleto de niñatos que se dirigen a Alonso Martínez (una de las más lógicas, por otra parte, pero parece que siempre nos gusta ponernos en lo peor).
Le estaba escribiendo un mensaje diciéndole que me largaba cuando ella me mando otro para decirme que lo sentía, que el transporte la había retrasado pero que llegaba enseguida, que la esperase en algún bar. Bueno, vale. Le contesté diciéndole que me iba a una cafetería de la calle Pelayo (no, La Troje, no) y que la esperaba allí.
Aún tardó otros veinte minutos en llegar. Teniendo en cuenta que después se iba a currar, nos iba a quedar muy poco tiempo para charlar de nada. Llegó como un vendaval, me saludó, se disculpó, se acercó a la barra a pedirle un café al camarero, se sentó, se volvió a levantar para pedirle cambio, sacó tabaco de la máquina, se volvió a sentar, se volvió a disculpar y durante la conversación salió no menos de tres o cuatro veces porque la llamaban al móvil y no tenía cobertura… Pese a todo esto me cayó bastante bien, se la veía una tía resuelta (cosa cada vez más difícil de encontrar, ya no en Chueca sino en la vida en general) y cuando nos pusimos a hablar de activismo gay pues se nos empezó a agotar el tiempo.
Yo había quedado con Rusfi el Impresentable en la esquina de Gran Vía con Montera (es decir, frente al MariDonalds) para ir al cine. Así que me acompañó hasta allí. Entonces decidí contarle mi pequeño secreto. Bueno, no es secreto y si habéis leído mi perfil pues ya lo sabréis pero a mí no me mola ir pregonándolo como tarjeta de presentación, a diferencia de otr@s, que lo soltarían a la primera de cambio. Además, estando tan metida en el ambiente, se iba a acabar enterando tarde o temprano y mejor que se enterase por mí, ¿no? Así que le pregunté qué le parecía la literatura lésbica. Me contestó que había leído poco pero que uno de los libros que más le había gustado era… justamente mi primera novela. “Si, una chiquita que publicó uno hace un par de años y que ha sacado otro que están dándole mogollón de publicidad…”. Acabar de decir esto y darse cuenta de que era yo fue todo uno. La verdad es que no esperaba esa reacción de euforia y flipamiento que tuvo (pero se agradece, jeje, que nunca está de más subir un poco el ego). Y aunque ya habíamos dicho de quedar en otro momento con más tiempo, esto le dio aún más ganas de volver a verme. Y yo a ella, claro, que también me cayó de puta madre.
Nos despedimos y me dispuse a esperar al Rusfi. Pero el Rusfi no llegaba. Habíamos quedado a las diez y a las diez y veinte me llama diciendo que sigue en su barrio, que el metro no llega, que le espere. Y yo, qué remedio, le espero. Y para matar el tiempo me meto en el MariDonalds, que aún no había cenado.
Bueno, ni qué decir tiene que entramos a la película por los pelos, cuando ya había empezado (y mira que odio entrar con la peli ya empezada). Tras recuperar el aliento (fuimos a los Acteón y, para colmo, nuestra sala estaba en el último piso, ¡hala! sube corriendo por las escaleras) quitarme la chaqueta y apagar el móvil (yo que nunca lo hago… luego no me acordaba del pin, bloqueé el teléfono, fui incapaz de encontrar el puto código puk de mi número actual y sí de todos mis anteriores números y hasta el sábado por la tarde no volví a estar conectada con el mundo) nos intentamos meter en la historia. La peli era Princesas y mira que las anteriores películas de Fernando León me han gustado y mucho pero esta como que me dejó fría. Pero las tareas de crítica cinematográfica se las dejó al Rusfi en su blog (ya sabes lo que tienes que hacer, chavalote).
Al salir del cine nos fuimos al My Way pero yo no aguanté más de dos cervezas. Así que me despedí, me pillé un teki y me vine para casa.
El sábado juro que no tenía la más mínima intención de poner un pie en la calle más que para sacar a mi Chucho Infernal en el paseo nocturno de las últimas meaditas. Y en esas estaba, enredada en la red de redes, bajando cositas y contestando emilios varios cuando me llama el Rusfi diciéndome que qué hago, que si voy a salir. Y yo que le contesto que no tengo mucha intención, que luego el domingo me levanto a las mil y se me pasan los fines de semana sin hacer nada de provecho (aparte de emborracharme, claro está). Y va el muy picaruelo y me dice que me quiere presentar a una admiradora (entendámonos, una amiga suya que había leído mi primera novela). Mi respuesta no podía ser otra:
-Dame un rato que al menos me duche, ¿no?
(Aquí se pueden añadir algunas risas enlatadas)
Y de nuevo mi poca fuerza de voluntad me sacó a la calle la noche del sábado.
La noche estuvo divertida, me pegué unos bailes con uno de los amigos del Rusfi y charlé con la admiradora en cuestión que resultó ser más maja que las pesetas (aparte de muy mona pero tranquil@s, que mis hormonas aún no se han desatado del todo… por ahora). Acabé a las seis de la mañana dando mi reino por un taxi (haberme convertido en una pija burguesa a veces es complicado y todo por no darme la gana de meterme en el búho).
El domingo, contra todo pronóstico, me levanté pronto (a las doce) y no se me ocurrió nada mejor que irme al gimnasio a luchar contra la resaca (fuera de coñas, me sentó de puta madre). Y luego me dediqué a marujear como buena ama de casa que soy…
Y mañana empiezan mis minivacaciones y el Brujito Lop me ha invitado a una fiesta en la que me va a presentar a una niña muy mona (según él)… Me parece que no voy a pasar mucho tiempo en casa esta semana…
Pero no todo iba a ser bueno…
Ahora sufro en silencio…
Y creo que mañana será el día en que compre mi primer tubito de Hemoal…
…de fondo Best of you de Foo Fighters
Comentario:
Feliz lluvia, felices minivacaciones, y que sigas escribiendo posts tan "enganchantes"!