Las vueltas de la vida
Los que me conocen saben que cuando hablo de mis abuelos es como si hablara de mis padres. Con ellos me he criado y con ellos he estado hasta que a los diecinueve añitos hice las maletas y me largué de su casa.
Las razones de mi rápida y precoz independencia son multiples y variadas. Desde los típicos conflictos generacionales (agravados por la avanzada edad de mis abuelos) como la salida a trompicones del armario acaecida a los aún más tiernos diecisiete años y provocada por mi primo.
A mi abuela, que es la que supo en aquel momento que me gustaban las mujeres, le supuso un shock tremendo, reaccionando incluso violentamente, controlándome, espiándome e, incluso, soltándome algún bofetón (mi abuelo, el pobre, tan sólo supo que yo había salido por Chueca pero creyó que era más por una cuestión de rebeldía que porque yo quisiera encontrar algo allí).
Con el paso de los años, el verme asentada en mi vida adulta, mis logros personales y la inestimable ayuda de mi madre, mi abuela, que con la vejez ha ido adquiriendo un grado de apertura mental que ya quisieran muchos treinta años más jóvenes, ha ido aceptando que "lo mío" no es tan raro. Su profesora de teatro es lesbiana y acaba de tener una hija con su pareja. Otras compañeras del teatro con las que ensaya, actúa y, en consecuencia, pasa mucho tiempo, también son lesbianas. Lo sigue viendo como algo ajeno a su mundo pero ya no le parece tan extraño.
A lo largo de todo el tiempo que ha pasado desde que me independicé ha ido soltando alguna pregunta, tímidamente y con cuentagotas, acerca de mi vida amorosa. Preguntas repletas de eufemismos que con los años se han convertido en preguntas más claras y concretas.
Todavía no ha conocido a ninguna de mis novias. Por dos razones. La primera y primordial es que ninguna me ha durado lo suficiente como para plantearme lo de presentarla a la familia. La segunda viene a ser un poco de lo mismo, por muy liberal que se haya vuelto no creo que llegase a entender que tuviera una (o más) novias o ligues distintos cada año.
Hará como cosa de un mes, cuando comimos todos juntos al día siguiente de la presentación de mi novela, le llevé un ejemplar. Hace poco me dijo que se lo estaba leyendo y que le parecía muy divertido, que le gustaba más que el primero (y eso que el primero era más politicamente correcto) y que se lo estaba recomendando a todas sus amigas (con el primero hizo un campaña de publicidad tal que a punto estuvo de superar a la que hizo mi propia editorial).
Hace un par de días la llamé para ver como estaba de sus achaques y tal. Después de enumerármelos se quedó un momento callada y, a continuación, me hizo una pregunta: Cariño, ¿eres feliz?
Y yo, que últimamente estoy más feliz que una perdiz aunque tenga algún que otro día tontorrón, le dije riéndome que sí, que me sentía muy feliz, que las cosas me iban bien. No sé, supongo que pensé que se refería a los temas de siempre: trabajo, compañeros de piso, dinero... Pero no, tras mi respuesta se puso a monologar acerca de las relaciones. Cielo, tú tienes que ser fuerte y no dejarte llevar. Que hay muchas chicas y no tienes por qué irte con la primera que parezca buena persona... Ya sabemos que en... vuestro mundo hay mucha promiscuidad (ahí salté, no lo pude evitar, le dije que eso era un mito y más entre mujeres, que la promiscuidad se da tanto entre homos como entre heteros) Sí, vale, a lo mejor los heteros lo esconden más... Yo lo único que espero es que encuentres a alguien que te cuide y que te quiera...
De acuerdo, quizá pueda parecer el diálogo de una película de sobremesa con mucha moralina. Quizá no he transcrito las palabras exactas porque me puse muy nerviosa oyendo hablar a mi abuela de mi vida sentimental. Pero la esencia es la misma.
Desde los diecisiete años he ejercido el activismo político. He dado la cara, salido en periódicos, radio y televisión, he asistido a conferencias, charlas y debates en representación de colectivos gays, he trabajado en un festival de cine gay y conducido un programa de radio semanal de actualidad gay y lésbica durante más de cuatro años. Escribo novelas con protagonistas homosexuales. He participado en todas las manifestaciones (y no sólo la del Orgullo) convocadas desde 1998 hasta ahora y he asistido a la consecución de un objetivo que hace cinco años muchos considerábamos aún muy lejano.
Casi diez años después el activismo gay a nivel político lo único que me ha dejado ha sido una tremenda sensación de desengaño y derrota por una serie de razones que no vienen al caso aquí. Sin embargo sigo siendo una firme abanderada del activismo personal. En mi trabajo, en mi familia, con mis consecutivos compañeros de piso me muestro tal y como soy. Si tengo que soltar alguna parrafada, lo hago pero he aprendido que, a largo plazo, surte más efecto dejar que vean que eres tan normal (mira que odio esa palabra) como ellos con tus actos, tus palabras y tu coherencia que entrando en interminables debates que solo consiguen un enfrentamiento mayor.
...de fondo Proud Mary de Creedence Clearwater Revival
Las razones de mi rápida y precoz independencia son multiples y variadas. Desde los típicos conflictos generacionales (agravados por la avanzada edad de mis abuelos) como la salida a trompicones del armario acaecida a los aún más tiernos diecisiete años y provocada por mi primo.
A mi abuela, que es la que supo en aquel momento que me gustaban las mujeres, le supuso un shock tremendo, reaccionando incluso violentamente, controlándome, espiándome e, incluso, soltándome algún bofetón (mi abuelo, el pobre, tan sólo supo que yo había salido por Chueca pero creyó que era más por una cuestión de rebeldía que porque yo quisiera encontrar algo allí).
Con el paso de los años, el verme asentada en mi vida adulta, mis logros personales y la inestimable ayuda de mi madre, mi abuela, que con la vejez ha ido adquiriendo un grado de apertura mental que ya quisieran muchos treinta años más jóvenes, ha ido aceptando que "lo mío" no es tan raro. Su profesora de teatro es lesbiana y acaba de tener una hija con su pareja. Otras compañeras del teatro con las que ensaya, actúa y, en consecuencia, pasa mucho tiempo, también son lesbianas. Lo sigue viendo como algo ajeno a su mundo pero ya no le parece tan extraño.
A lo largo de todo el tiempo que ha pasado desde que me independicé ha ido soltando alguna pregunta, tímidamente y con cuentagotas, acerca de mi vida amorosa. Preguntas repletas de eufemismos que con los años se han convertido en preguntas más claras y concretas.
Todavía no ha conocido a ninguna de mis novias. Por dos razones. La primera y primordial es que ninguna me ha durado lo suficiente como para plantearme lo de presentarla a la familia. La segunda viene a ser un poco de lo mismo, por muy liberal que se haya vuelto no creo que llegase a entender que tuviera una (o más) novias o ligues distintos cada año.
Hará como cosa de un mes, cuando comimos todos juntos al día siguiente de la presentación de mi novela, le llevé un ejemplar. Hace poco me dijo que se lo estaba leyendo y que le parecía muy divertido, que le gustaba más que el primero (y eso que el primero era más politicamente correcto) y que se lo estaba recomendando a todas sus amigas (con el primero hizo un campaña de publicidad tal que a punto estuvo de superar a la que hizo mi propia editorial).
Hace un par de días la llamé para ver como estaba de sus achaques y tal. Después de enumerármelos se quedó un momento callada y, a continuación, me hizo una pregunta: Cariño, ¿eres feliz?
Y yo, que últimamente estoy más feliz que una perdiz aunque tenga algún que otro día tontorrón, le dije riéndome que sí, que me sentía muy feliz, que las cosas me iban bien. No sé, supongo que pensé que se refería a los temas de siempre: trabajo, compañeros de piso, dinero... Pero no, tras mi respuesta se puso a monologar acerca de las relaciones. Cielo, tú tienes que ser fuerte y no dejarte llevar. Que hay muchas chicas y no tienes por qué irte con la primera que parezca buena persona... Ya sabemos que en... vuestro mundo hay mucha promiscuidad (ahí salté, no lo pude evitar, le dije que eso era un mito y más entre mujeres, que la promiscuidad se da tanto entre homos como entre heteros) Sí, vale, a lo mejor los heteros lo esconden más... Yo lo único que espero es que encuentres a alguien que te cuide y que te quiera...
De acuerdo, quizá pueda parecer el diálogo de una película de sobremesa con mucha moralina. Quizá no he transcrito las palabras exactas porque me puse muy nerviosa oyendo hablar a mi abuela de mi vida sentimental. Pero la esencia es la misma.
Desde los diecisiete años he ejercido el activismo político. He dado la cara, salido en periódicos, radio y televisión, he asistido a conferencias, charlas y debates en representación de colectivos gays, he trabajado en un festival de cine gay y conducido un programa de radio semanal de actualidad gay y lésbica durante más de cuatro años. Escribo novelas con protagonistas homosexuales. He participado en todas las manifestaciones (y no sólo la del Orgullo) convocadas desde 1998 hasta ahora y he asistido a la consecución de un objetivo que hace cinco años muchos considerábamos aún muy lejano.
Casi diez años después el activismo gay a nivel político lo único que me ha dejado ha sido una tremenda sensación de desengaño y derrota por una serie de razones que no vienen al caso aquí. Sin embargo sigo siendo una firme abanderada del activismo personal. En mi trabajo, en mi familia, con mis consecutivos compañeros de piso me muestro tal y como soy. Si tengo que soltar alguna parrafada, lo hago pero he aprendido que, a largo plazo, surte más efecto dejar que vean que eres tan normal (mira que odio esa palabra) como ellos con tus actos, tus palabras y tu coherencia que entrando en interminables debates que solo consiguen un enfrentamiento mayor.
...de fondo Proud Mary de Creedence Clearwater Revival
Comentario:
Felicidades por no esconderte, por mostrarte al mundo tal y cómo eres, por mostrar esa parte de la vida, que a veces, consideramos impura, incorrecta, sucia... Felicidades por gritar al viento el deseo que te asalta cuando ves a otra mujer... Supongo, que con el tiempo, todo eso ya no serán actos heróicos.. y pasaran al "stan" de la normalidad..
Un abrazo
Un abrazo
Comentario:
La mayoris de mi familia no lo sabe y no creo que se entere hasta que me case o algo asi, por que ademas de ser de otro generacion es catolica-apostolica-romana y va todos los dias a misa y se traga todas las manifestaciones de rouco, escucha la cope y se enfadan cada vez que mi madre casa homosexuales (es concejala), a si que lo tengo crudo, besis.