Instinto
El final del puente he estado bastante ocupada. Y no porque haya salido de juerga ni haya estado ejerciendo de maruja en casa. O porque me haya puesto a escribir mi nueva novela como una posesa (aunque debería).
Como algun@s ya sabéis, tengo un primo de ocho años. Lo curioso es que, por la edad, más que mi primo es como mi sobrino. Del mismo modo que su hermano mayor, al tener mi edad y haberse criado tan cerca de mí, es como mi hermano.
La cuestión es que el niño ahora tiene la edad perfecta para llevárselo por ahí a hacer cosas. Aún no ha entrado en la etapa pre-puber en la que se encerrará en su cuarto y le retirará la palabra al resto del mundo ni es un crío pequeño que necesita a su madre para todo lo que hace.
Pero hasta hace unos meses mi primo no consentía quedarse a dormir fuera de su casa. Ni con sus dos pares de abuelos (que mira que lo intentaban) ni conmigo ni con nadie. Sabiendo esto, hace unos meses le propuse llevarle al cine. Como vive en un pueblecio de Toledo de esos que están donde Cristo perdió el mechero pero que están acogiendo a los pobres curritos que no se pueden comprar un piso en zonas más cercanas a Madrid, le dije que me iba a dormir allí el día anterior para poder levantarnos temprano al día siguiente, irnos a Madrid y que luego, por la noche, sus padres vinieran a buscarle.
Cuál no fue mi sorpresa cuando me dice que no, que el se queda a dormir en mi casa el fin de semana (añadiendo a sus padres que "así podrán montárselo", espabiladito que está el niño...). Y asi lo hicimos. El niño pasó su primer fin de semana fuera de casa y mi culo se puso asííííí gordo (y de por sí ya lo es bastante) por ser yo la primera que tuviera ese honor frente al palpable cabreo de sus dos pares de abuelos.
Vale, admito que proponerle a un niño un plan de cine, fast-food y lugares nuevos aderezado con la estancia en un piso con Internet, Playstation y un perrito juguetón es garantía casi segura de éxito. Normal. Si ya lo dice él: "Yo quiero estar con la gente joven". (Lo que él no sabe es que esa es la misma frase que yo profería a todas horas a su edad cuando me veía viviendo con mis abuelos...).
Así que como aquella experiencia nos supo a poco, esta vez le propuse ampliarla un poco más. Dormir en mi casa el viernes y el sábado y llevarle a La Fuga y a ver la última de Harry Potter. Y entre medias, tooodas las partidas de Play que quisiera... Sí, vale, admito que sólo con la mitad del plan ya me lo tendría ganado para los restos...
Así que el viernes me fui a comer a casa de mis tíos y por la tarde nos trajeron a la mía. Alquilamos la tercera de Harry Potter porque aún no la había visto. Cantamos con el Singstar de la Play y le dejé darse una vuelta por el San Andreas. Nos vimos la peli, buscó trucos para el San Andreas en Internet y nos echamos a dormir.
Al día siguiente nos levantamos y nos fuimos a La Fuga. Lugar del que tras arrastrarme por conductos de aire acondicionado, trepar a cajas metálicas, subir por escaleras tipo submarino y caminar hacia un ventilador gigante porque había dos salidas justo al lado salí llena de moratones, un proyecto de esguince en el tobillo izquierdo y una muñeca abierta (sí, yo también padezco el Síndrome del Tunel Carpiano). Para colmo, a mitad del juego, la máquina nos mandó a mi primo y a mí salir de una sala por puertas distintas. Al separarnos sin haberlo previsto, mi primo se asustó. Yo intenté pasar por la siguiente sala rápidamente por si nos encontrábamos más adelante pero fallé en mi respuesta y el juego me expulsó. Al salir busqué a los de seguridad para entrar a buscar a mi primo, cuyos gritos llamándome llevaba oyendo ya un rato. Así que me volví a recorrer medio circuito a toda mecha para que al final mi primo también hubiera salido y me estuviera esperando ya fuera...
En fin, que aunque ese día no fuera al gym, creo que lo suplí con creces a tenor de las agujetas que tenía en las piernas durante todo el domingo y parte del lunes.
Por la noche fuimos a ver la de Harry Potter, aunque durante la última media hora (la prueba de laberinto y el enfrentamiento con Voldemort) lo único que mi primo vio fue mi sobaco derecho, lugar al que acudió a refugiarse asustado y previendo que quizá lo que venía a continuación sería aún más terrorífico. Por mi parte, yo he de decir que a mí la peli me gustó mucho. Pero es que a mí me gustaron mucho los libros de Harry Potter (el quinto un poco menos, la verdad) y, de hecho, el que más me ha gustado es justamente en el que se basaba la peli. Pero ya sabemos lo que pasa con las sagas, o las sigues fervientemente o las aborreces. Así que yo, aunque no aguanto Star Wars, pues el niño mago me retrotrae a la infancia y a las pelis que me hubiera gustado ver entonces...
Pero volviendo al tema de mi primillo. Reconozco que yo, como la mayoría de las mujeres en edad adulta y fértil, tengo mis ramalazos de instinto maternal. Nunca he descartado tener hijos en el futuro, es más, lo considero una opción muy a tener en cuenta. Sin embargo, como mi situación actual (y la que, sospecho, se mantendrá aún por un tiempo) no es la más idónea para críar y educar a un niño, supongo que lo que hace mi instinto es poner a prueba mi capacidad para vermelas con un tierno infante. Y no deja de ser enternecedor poder explicarle y enseñarle cosas a un niño, aunque las preguntas de: "¿tienes novio?" o "¿por qué tienes tantas fotos de chicas en tu habitación?" pueden ponerme en un serio aprieto moral por mucho que yo crea que el niño ya se huele algo de su SuperPrima... Pero siempre he mantenido que a los críos no hay que tratarles como si fueran tontos y no entendieran nada. Porque los niños quizá comprenden las cosas con mucha más facilidad que algunos adultos si sabes explicárselas bien. Porque a los niños hay que contestarles exactamente lo que preguntan sin medias tintas ni titubeos (de ese modo las respuestas a las anteriores preguntas suelen ser: "No, no tengo" y "Porque me gustan"). Mi única frustración es que no consigo que el crío le pille el gusto a la lectura. Aiss!
Después de tres días con el enano la verdad es que mi instinto maternal se ha calmado y desvanecido por un tiempo. Aunque, si he de ser sincera, cada vez más me entran unas ganas enormes de tener mi propio enano...
Chascarrillo laboral de hoy:
Aparte de comprar lotería como posesas, hablar de la cena del viernes y de los sitios a los que iremos después, a Jefa se le ha ocurrido la brillante idea de hacer lo del Amigo Invisible. Y a mí me ha tocado hacerle el regalo a La Pija. El máximo son 6 euros. Así qué, ¿qué se le puede regalar a una tía que tiene de todo? ¿Alguna sugerencia?
...de fondo Lonely no more de Rob Thomas
Como algun@s ya sabéis, tengo un primo de ocho años. Lo curioso es que, por la edad, más que mi primo es como mi sobrino. Del mismo modo que su hermano mayor, al tener mi edad y haberse criado tan cerca de mí, es como mi hermano.
La cuestión es que el niño ahora tiene la edad perfecta para llevárselo por ahí a hacer cosas. Aún no ha entrado en la etapa pre-puber en la que se encerrará en su cuarto y le retirará la palabra al resto del mundo ni es un crío pequeño que necesita a su madre para todo lo que hace.
Pero hasta hace unos meses mi primo no consentía quedarse a dormir fuera de su casa. Ni con sus dos pares de abuelos (que mira que lo intentaban) ni conmigo ni con nadie. Sabiendo esto, hace unos meses le propuse llevarle al cine. Como vive en un pueblecio de Toledo de esos que están donde Cristo perdió el mechero pero que están acogiendo a los pobres curritos que no se pueden comprar un piso en zonas más cercanas a Madrid, le dije que me iba a dormir allí el día anterior para poder levantarnos temprano al día siguiente, irnos a Madrid y que luego, por la noche, sus padres vinieran a buscarle.
Cuál no fue mi sorpresa cuando me dice que no, que el se queda a dormir en mi casa el fin de semana (añadiendo a sus padres que "así podrán montárselo", espabiladito que está el niño...). Y asi lo hicimos. El niño pasó su primer fin de semana fuera de casa y mi culo se puso asííííí gordo (y de por sí ya lo es bastante) por ser yo la primera que tuviera ese honor frente al palpable cabreo de sus dos pares de abuelos.
Vale, admito que proponerle a un niño un plan de cine, fast-food y lugares nuevos aderezado con la estancia en un piso con Internet, Playstation y un perrito juguetón es garantía casi segura de éxito. Normal. Si ya lo dice él: "Yo quiero estar con la gente joven". (Lo que él no sabe es que esa es la misma frase que yo profería a todas horas a su edad cuando me veía viviendo con mis abuelos...).
Así que como aquella experiencia nos supo a poco, esta vez le propuse ampliarla un poco más. Dormir en mi casa el viernes y el sábado y llevarle a La Fuga y a ver la última de Harry Potter. Y entre medias, tooodas las partidas de Play que quisiera... Sí, vale, admito que sólo con la mitad del plan ya me lo tendría ganado para los restos...
Así que el viernes me fui a comer a casa de mis tíos y por la tarde nos trajeron a la mía. Alquilamos la tercera de Harry Potter porque aún no la había visto. Cantamos con el Singstar de la Play y le dejé darse una vuelta por el San Andreas. Nos vimos la peli, buscó trucos para el San Andreas en Internet y nos echamos a dormir.
Al día siguiente nos levantamos y nos fuimos a La Fuga. Lugar del que tras arrastrarme por conductos de aire acondicionado, trepar a cajas metálicas, subir por escaleras tipo submarino y caminar hacia un ventilador gigante porque había dos salidas justo al lado salí llena de moratones, un proyecto de esguince en el tobillo izquierdo y una muñeca abierta (sí, yo también padezco el Síndrome del Tunel Carpiano). Para colmo, a mitad del juego, la máquina nos mandó a mi primo y a mí salir de una sala por puertas distintas. Al separarnos sin haberlo previsto, mi primo se asustó. Yo intenté pasar por la siguiente sala rápidamente por si nos encontrábamos más adelante pero fallé en mi respuesta y el juego me expulsó. Al salir busqué a los de seguridad para entrar a buscar a mi primo, cuyos gritos llamándome llevaba oyendo ya un rato. Así que me volví a recorrer medio circuito a toda mecha para que al final mi primo también hubiera salido y me estuviera esperando ya fuera...
En fin, que aunque ese día no fuera al gym, creo que lo suplí con creces a tenor de las agujetas que tenía en las piernas durante todo el domingo y parte del lunes.
Por la noche fuimos a ver la de Harry Potter, aunque durante la última media hora (la prueba de laberinto y el enfrentamiento con Voldemort) lo único que mi primo vio fue mi sobaco derecho, lugar al que acudió a refugiarse asustado y previendo que quizá lo que venía a continuación sería aún más terrorífico. Por mi parte, yo he de decir que a mí la peli me gustó mucho. Pero es que a mí me gustaron mucho los libros de Harry Potter (el quinto un poco menos, la verdad) y, de hecho, el que más me ha gustado es justamente en el que se basaba la peli. Pero ya sabemos lo que pasa con las sagas, o las sigues fervientemente o las aborreces. Así que yo, aunque no aguanto Star Wars, pues el niño mago me retrotrae a la infancia y a las pelis que me hubiera gustado ver entonces...
Pero volviendo al tema de mi primillo. Reconozco que yo, como la mayoría de las mujeres en edad adulta y fértil, tengo mis ramalazos de instinto maternal. Nunca he descartado tener hijos en el futuro, es más, lo considero una opción muy a tener en cuenta. Sin embargo, como mi situación actual (y la que, sospecho, se mantendrá aún por un tiempo) no es la más idónea para críar y educar a un niño, supongo que lo que hace mi instinto es poner a prueba mi capacidad para vermelas con un tierno infante. Y no deja de ser enternecedor poder explicarle y enseñarle cosas a un niño, aunque las preguntas de: "¿tienes novio?" o "¿por qué tienes tantas fotos de chicas en tu habitación?" pueden ponerme en un serio aprieto moral por mucho que yo crea que el niño ya se huele algo de su SuperPrima... Pero siempre he mantenido que a los críos no hay que tratarles como si fueran tontos y no entendieran nada. Porque los niños quizá comprenden las cosas con mucha más facilidad que algunos adultos si sabes explicárselas bien. Porque a los niños hay que contestarles exactamente lo que preguntan sin medias tintas ni titubeos (de ese modo las respuestas a las anteriores preguntas suelen ser: "No, no tengo" y "Porque me gustan"). Mi única frustración es que no consigo que el crío le pille el gusto a la lectura. Aiss!
Después de tres días con el enano la verdad es que mi instinto maternal se ha calmado y desvanecido por un tiempo. Aunque, si he de ser sincera, cada vez más me entran unas ganas enormes de tener mi propio enano...
Chascarrillo laboral de hoy:
Aparte de comprar lotería como posesas, hablar de la cena del viernes y de los sitios a los que iremos después, a Jefa se le ha ocurrido la brillante idea de hacer lo del Amigo Invisible. Y a mí me ha tocado hacerle el regalo a La Pija. El máximo son 6 euros. Así qué, ¿qué se le puede regalar a una tía que tiene de todo? ¿Alguna sugerencia?
...de fondo Lonely no more de Rob Thomas
Comentario:
¿Un porta-compresas de Ágata Ruiz de la Prada?
Comentario:
Unos Ferrero Rocher que para eso los anuncia la Preysler. Con 6 euros te vale y te sobra. Además así se dará por enterada. JA. A ser posible, comprados en un super cutre.