Días extraños
Una semana rara la que he pasado. Mi compi de piso, El Chico de la Tele, se tiene que ir ipso facto porque le sale un trabajo en Valencia (y es que últimamente me duran menos que mis novias). Y aquí que me veis de nuevo entregada a la noble tarea de buscar un alma no demasiado friki con la que compartir gastos (en el piso somos tres, hasta ahora sólo hablé de Er de Huerva, que se fue hace mes y pico, en su lugar entró El Comercial. Como, de momento, no me ha dado ningún quebradero de cabeza, dejémoslo en el anonimato temporalmente)... Porque vaya galería de frikis los que han venido a ver la habitación... Algún día debería hablar de mis peripecias compartiendo casa, aunque me temo que eso da para varios post...
Por otro lado, el viernes tuve la primera cena de navidad con mis compañeras de curro. Resultó que El Potentado nos invitó a todas las chicas de la oficina a uno de esos restaurantes de la hostia que están en donde Cristo perdió el gorro a mano derecha y en cuyos aparcamientos no ves más que Mercedes, Audis y BMW. Resultado: Todas desabrochándonos el botón de los pantalones y con una borrachera y una modorra con tanto vinito y tanto licor de hierbas y tanto pacharán que a punto estuvimos de dormirnos en el cálido interior del enoooorme Mercedes de vuelta a Madrid...
Y además, para rematar la faena, resultó que el otro día, tras muchos infructuosos intentos, conseguí volver a configurar en condiciones el ordenador y la conexión a Internet y, lo más importante, abrir los putos puertos del router. Y claro, después de eso la Mulita ha estado trabajando día y noche para reducir la lista de peticiones de 235 a sólo 89... Entre ellas una serie que ya tenía muchas ganas de ver y dejar de ser la única lesbiana del mundo mundial que no la había visto... Sí, me refiero a The L Word (y, para mi sorpresa, he caido en la cuenta de que es Word y no World, aunque no era la única ya que la mitad de los capítulos me los he bajado con el nombre erróneo). Y claro, una se pica y pasa lo que pasa, que me he ventilado las dos temporadas en cuatro días. El último me lo he acabado hace un rato y, ¡dios! ya tengo mono. Espero que cuando estrenen la tercera en los E E U U los cuelguen pronto porque me los pienso tragar sin subtitulos ni nada. Y aunque mucho me temo que ya haré una crítica mucho más feroz de la serie en cuestión sólo quiero decir una cosa: mañana mismo me mudo a Los Ángeles para actuar en esa serie y pasarme medio rodaje dándome el filetazo con la mitad del reparto... ¡Jesús, que una está muy necesitada y ver esas cosas la ponen al borde de la parada cardiorespiratoria! Sobre todo este ejemplar... aiss, ¿qué se le va a hacer si una a veces es tan típica y tópica...? Pero es que está para comérsela...

...de fondo la B.S.O. de The L Word (que una es completista)
Por otro lado, el viernes tuve la primera cena de navidad con mis compañeras de curro. Resultó que El Potentado nos invitó a todas las chicas de la oficina a uno de esos restaurantes de la hostia que están en donde Cristo perdió el gorro a mano derecha y en cuyos aparcamientos no ves más que Mercedes, Audis y BMW. Resultado: Todas desabrochándonos el botón de los pantalones y con una borrachera y una modorra con tanto vinito y tanto licor de hierbas y tanto pacharán que a punto estuvimos de dormirnos en el cálido interior del enoooorme Mercedes de vuelta a Madrid...
Y además, para rematar la faena, resultó que el otro día, tras muchos infructuosos intentos, conseguí volver a configurar en condiciones el ordenador y la conexión a Internet y, lo más importante, abrir los putos puertos del router. Y claro, después de eso la Mulita ha estado trabajando día y noche para reducir la lista de peticiones de 235 a sólo 89... Entre ellas una serie que ya tenía muchas ganas de ver y dejar de ser la única lesbiana del mundo mundial que no la había visto... Sí, me refiero a The L Word (y, para mi sorpresa, he caido en la cuenta de que es Word y no World, aunque no era la única ya que la mitad de los capítulos me los he bajado con el nombre erróneo). Y claro, una se pica y pasa lo que pasa, que me he ventilado las dos temporadas en cuatro días. El último me lo he acabado hace un rato y, ¡dios! ya tengo mono. Espero que cuando estrenen la tercera en los E E U U los cuelguen pronto porque me los pienso tragar sin subtitulos ni nada. Y aunque mucho me temo que ya haré una crítica mucho más feroz de la serie en cuestión sólo quiero decir una cosa: mañana mismo me mudo a Los Ángeles para actuar en esa serie y pasarme medio rodaje dándome el filetazo con la mitad del reparto... ¡Jesús, que una está muy necesitada y ver esas cosas la ponen al borde de la parada cardiorespiratoria! Sobre todo este ejemplar... aiss, ¿qué se le va a hacer si una a veces es tan típica y tópica...? Pero es que está para comérsela...

...de fondo la B.S.O. de The L Word (que una es completista)
¡Ay, amigo Sancho...!
Yo, como la mayoría de gente de este país, estoy bautizada. Contra mi voluntad. Y eso que a mí me bautizaron con tres años y pico (es una larga historia) y puedo decir que recuerdo mi propio bautizo y la sensación de que te mojen la cocorota. Pero fue contra mi voluntad. Con poco más de tres años dudo que nadie sea capaz de discernir entre el bien y el mal.
Yo, como la mayoría de gente de este país, hice la primera comunión cuando tocaba. Ahí no puedo decir que contra mi voluntad porque me preguntaron si quería hacerla. Pero puedo decir que hubo chantanje moral y emocional. Todo el mundo la hacía. Todo el mundo recibía toneladas de regalos el día que la hacía. Todo el mundo disfrutaba de una opípara comilona con hermanos, hermanas, primos, primas y demás fauna infantil y familiar. Todo el mundo. Y quien no la hacía era señalado con el dedo. Y a mí ya me señalaban bastante por empollona, gafotas, chicazo y por no vivir con mis padres como todo el mundo. Así que dije que sí.
Lo que no me explicaron era en qué consistía exactamente hacer la comunión. Y así me fue. Tras casi dos años de catequesis comulgué antes de tiempo porque no sabía que lo que la gente hacía cuando se ponía en cola delante del pesado señor de blanco era tomar la comunión. Un domingo de los que iba sola a misa de jóvenes (ya sabéis, guitarritas, coros y versiones de los Beatles), presa de un borreguismo que, afortunadamente, después ha brillado por su ausencia, me puse a la cola para que me diesen una hostia... digo, el cuerpo de Cristo. ¡Qué buenos catequistas tuve que después de perder dos años de mi vida preparándome para ese gran momento no se molestaron en explicarme que recibir la comunión no era que me inundasen de regalos sino algo, digamos, más simbólico...!
Yo, como no tanta gente en este país, estuve a punto de hacer la confirmación. Y todo porque me dejé liar en esa espiral de post-catequesis, pre-adolescentes y demás grupos por estar con mis amigos (y con la portera del equipo de fútbol, para qué negarlo, que todas andábamos por los mismos sitios).
Y digo que estuve a punto porque un buen día, mientras caminaba por el barrio pasé junto a la iglesia y me la quedé mirando con extrañeza. Podríamos decir que tuve una revelación divina. Y la revelación era que no me tragaba ni un minuto más nada que proviniera de aquella institución arcaica e hipócrita. Que más que cristiana quería ser anticlerical.
A día de hoy lamento profundamente tener que figurar como una católica más cuando repudio todo lo que provenga de la Iglesia. De la Iglesia como institución. De la Iglesia como represora e inquisidora. De la Iglesia que pretende ejercer de vigilante moral de una sociedad que no le pertenece. De la Iglesia que pretende seguir viviendo como una mantenida cuando las riquezas que ha acumulado a lo largo de los siglos (robo, expropiación y esos asuntos que nunca recuerdan) podrían solucionar tantos problemas en el mundo.
No me meto con la fe de cada cual. Todos tenemos derecho de creer en quien y lo que queramos y podemos llamarlo Dios, fútbol, Internet, amor o cocaína. Me da igual. Pero sigo pensando que si todos los que estamos bautizados y, en consecuencia, figuramos como uno de los mil millones de cristianos que hay en el mundo, pudiéramos borrarnos de la lista, esa rimbombante cifra se iba a ver disminuidad sustancialmente.
Durante toda la EGB di clase de religión. En el instituto sufrí alguna maría tipo "Sociedad, cultura y religión" dada sin ganas por algún profesor de otra materia más digna. Y, lo que en teoría nos hubiera servido para aprender historia de las religiones y su impacto en cada sociedad, se convirtió en una clase a última hora a la que no venía ni Dios. Y fijate si le podía interesar el tema...
Por eso me alegro inmensamente cuando sé que mi primo de ocho años ni está bautizado ni va a hacer la comunión. Si cuando crezca siente la llamada de la fe y, tras informarse, preguntar y recibir explicaciones, decide pertenecer a cualquier religión, que lo haga. Lo habrá hecho libremente. A los demás sólo nos queda un largo camino que no lleva a ninguna parte llamado apostasía.
Ya sé que no sirve de nada y que todo se perderá entre bits y bytes pero, si os apetece, pasaros por aquí y echad unas firmitas...
www.concordato.org
...de fondo L.A. Woman de The Doors (para su tocaya, ala, porque ella lo vale... A ver si llega pronto ese curro...)
Yo, como la mayoría de gente de este país, hice la primera comunión cuando tocaba. Ahí no puedo decir que contra mi voluntad porque me preguntaron si quería hacerla. Pero puedo decir que hubo chantanje moral y emocional. Todo el mundo la hacía. Todo el mundo recibía toneladas de regalos el día que la hacía. Todo el mundo disfrutaba de una opípara comilona con hermanos, hermanas, primos, primas y demás fauna infantil y familiar. Todo el mundo. Y quien no la hacía era señalado con el dedo. Y a mí ya me señalaban bastante por empollona, gafotas, chicazo y por no vivir con mis padres como todo el mundo. Así que dije que sí.
Lo que no me explicaron era en qué consistía exactamente hacer la comunión. Y así me fue. Tras casi dos años de catequesis comulgué antes de tiempo porque no sabía que lo que la gente hacía cuando se ponía en cola delante del pesado señor de blanco era tomar la comunión. Un domingo de los que iba sola a misa de jóvenes (ya sabéis, guitarritas, coros y versiones de los Beatles), presa de un borreguismo que, afortunadamente, después ha brillado por su ausencia, me puse a la cola para que me diesen una hostia... digo, el cuerpo de Cristo. ¡Qué buenos catequistas tuve que después de perder dos años de mi vida preparándome para ese gran momento no se molestaron en explicarme que recibir la comunión no era que me inundasen de regalos sino algo, digamos, más simbólico...!
Yo, como no tanta gente en este país, estuve a punto de hacer la confirmación. Y todo porque me dejé liar en esa espiral de post-catequesis, pre-adolescentes y demás grupos por estar con mis amigos (y con la portera del equipo de fútbol, para qué negarlo, que todas andábamos por los mismos sitios).
Y digo que estuve a punto porque un buen día, mientras caminaba por el barrio pasé junto a la iglesia y me la quedé mirando con extrañeza. Podríamos decir que tuve una revelación divina. Y la revelación era que no me tragaba ni un minuto más nada que proviniera de aquella institución arcaica e hipócrita. Que más que cristiana quería ser anticlerical.
A día de hoy lamento profundamente tener que figurar como una católica más cuando repudio todo lo que provenga de la Iglesia. De la Iglesia como institución. De la Iglesia como represora e inquisidora. De la Iglesia que pretende ejercer de vigilante moral de una sociedad que no le pertenece. De la Iglesia que pretende seguir viviendo como una mantenida cuando las riquezas que ha acumulado a lo largo de los siglos (robo, expropiación y esos asuntos que nunca recuerdan) podrían solucionar tantos problemas en el mundo.
No me meto con la fe de cada cual. Todos tenemos derecho de creer en quien y lo que queramos y podemos llamarlo Dios, fútbol, Internet, amor o cocaína. Me da igual. Pero sigo pensando que si todos los que estamos bautizados y, en consecuencia, figuramos como uno de los mil millones de cristianos que hay en el mundo, pudiéramos borrarnos de la lista, esa rimbombante cifra se iba a ver disminuidad sustancialmente.
Durante toda la EGB di clase de religión. En el instituto sufrí alguna maría tipo "Sociedad, cultura y religión" dada sin ganas por algún profesor de otra materia más digna. Y, lo que en teoría nos hubiera servido para aprender historia de las religiones y su impacto en cada sociedad, se convirtió en una clase a última hora a la que no venía ni Dios. Y fijate si le podía interesar el tema...
Por eso me alegro inmensamente cuando sé que mi primo de ocho años ni está bautizado ni va a hacer la comunión. Si cuando crezca siente la llamada de la fe y, tras informarse, preguntar y recibir explicaciones, decide pertenecer a cualquier religión, que lo haga. Lo habrá hecho libremente. A los demás sólo nos queda un largo camino que no lleva a ninguna parte llamado apostasía.
Ya sé que no sirve de nada y que todo se perderá entre bits y bytes pero, si os apetece, pasaros por aquí y echad unas firmitas...
www.concordato.org
...de fondo L.A. Woman de The Doors (para su tocaya, ala, porque ella lo vale... A ver si llega pronto ese curro...)
Tarde de sábado
Anoche no salí y me acosté a esos de las dos pensando: "Con ocho horitas de sueño me bastarán, ¿no? Pues nada, pongo el despertador a las diez y así puedo hacer todas las cosas que tengo que hacer" (Aclaración de la autora: las "cosas que tengo que hacer" y que, para más inri, no hago nunca, darían de sí lo suficiente para llenar los post de los próximos tres meses). Y sí, a las diez el despertador ha sonado con puntualidad inglesa. Pero mi vaguería patria me ha impedido levantarme asi que, hora tras hora, he ido posponiendo el momento de poner el pie en el suelo. ¡Brrr! ¡Con lo frío que está!
Me empieza a resultar preocupante mi capacidad para dormir cual marmota y después de lo de hoy empiezo a creer que, más que dormir, lo que hago yo es hibernar. ¡A las cinco y media de la tarde me he despertado, damas y caballeros! ¡A las cinco y media!
Muy, muy preocupante...
Pues a esas horas me he levantado (lo cual no implica necesariamente que me haya despertado), me he enfudando en el uniforme de los findes (usease, el chandal) y, todavía en estado comatoso, me he sentado ante el ordenador armada con una jarra de coca-cola y un cigarro.
Muy, muy preocupante...
¿Es que no tengo nada mejor que hacer un sábado que sentarme delante del puto ordenata a intoxicarme de información inútil? ¿Es que no hubiera sido mejor darme un duchazo, espabilarme, bajar a Chucho Infernal, ir a hacer la compra y poner alguna lavadorita aprovechando que, de momento, no llueve?
Muy, muy preocupante...
Tras dos horas, cuando parecía que remitía mi estado comatoso y ya tenía la piel del muslo en carne viva de tanto arañazo desesperado de Chucho Infernal, me he apiadado del pobre perro, de mi estómago rugiendo y de mis reservas de tabaco que se reducían a tres cigarros así que he decidido bajar a la calle.
Ya en la calle me he dirigido a un cajero para sacar pasta mientras asistía atónita al espectáculo de las aceras vacías de gente y coches. Me he metido en una tienda de chinas a hacer acopio de víveres (tabaco, coca-cola, pastelitos y varios tipos de tallarines de dudosa procedencia) y al volver a este, mi hogar me he dado cuenta de que, si bien las calles estaban vacías, eran los bares los que acogían a media humanidad. Un vistazo al interior de uno de ellos y la visión de un rectángulo verde con muñequitos blancos y azulgranas me ha dado la respuesta. ¡Claro, el Madrid-Barça!
Veréis, a mí el fútbol ni me gusta ni me disgusta aunque la mayoría de las veces me resulta más bien indiferente. Sin embargo, reconozco que en mi adolescencia jugué, como muchas lesbianas que he conocido, en un equipillo aunque habría que aclarar que las razones que me llevaron a perseguir un balón echando el bofe por la boca tenían más que ver con otra integrante del equipo que por una noble pasión por el mundo del fútbol. Sí, es cierto, lo admito, si me convertí en extremo derecho y carne de banquillo fue porque la que de verdad me ponía era la portera. Y es que mira que soy poco práctica. Porque si hubiese jugado en otra posición hubiera sido fantástico eso de meterle mano con la excusa de celebrar un gol pero, claro, siendo la portera, quedaba un poco cantoso lo de cruzarme todo el campo para darle un abrazo... Lo curioso de aquel equipo es que, que yo recuerde, de ninguna de sus integrantes tenía sospechas de que entendiera. Y mira que eso es raro... Pero no, exceptuándome a mí, ninguna de las chicas del equipo ha resultado ser de la vereda de enfrente, ni la portera (para mi disgusto porque estaba y sigue estando un rato buena) ni la más machota de todas, de la que lo último que supe es que se iba a casar con su novio de toda la vida... Y es que a veces los estereotipos también fallan...
Con el tiempo me he encontrado con algunas muchachuelas, lesbianas todas ellas, que eran apasionadas del juego de "los veintidós detrás del balón". Pero la más acérrima y futbolera que me he encontrado jamás tuvo que tocarme en suerte. Porque, sí, mi ex, la Bollera Reprimida, era futbolera y madridista hasta la médula. Y no sabéis de que forma. Recuerdo que cada vez que había partido por cable nos tocaba excursión en busca del bar en el que mejor se viera, con la mejor pantalla y los mejores aperitivos. Y por mucho que dijera con la boca chica aquello de "si no te apetece, no pasa nada" sí que pasaba. Pasaba que, casualmente después, cuando a mí me, ¡ejem! interesara, podría dolerle la cabeza una jartá... Así que allá que nos íbamos. Y la verdad es que la muchacha lo pasaba realmente mal (creo que el Madrid perdió la mayoría de encuentros que vimos juntas). De hecho, llegaba a ser más divertido observar su cara mientras miraba el partido que el partido en sí.
A raíz de la ruptura, como comprendereis, le he cogido una grima al Madrid que ni os cuento (y eso que, puestos a ser de algún equipo, yo siempre he dicho que soy del Madrid, más que nada poque es mi ciudad y no tengo suficiente moral ni espiritu masoquista para ser del Atleti), hasta el punto de alegrarme de todas y cada una de sus derrotas porque eso significa que mi ex estará muy cabreada (porque se cabrea, y mucho, cada vez que su equipo pierde).
Así que os podéis imaginar qué buen humor tengo ahora mismo sabiendo que el Barça le ha metido no uno ni dos, sino tres golazos al equipo merengue. Y que ahora mi ex, aunque supongo que estará en la fiesta de cumpleaños de un amigo suyo (el Marica Gillipollas) estará de un humor de perros. Y si encuentro esta camiseta, ganitas me dan de mandársela.

Toma, cariño, para que recuerdes que no siempre el blanco se impone...
El partido, como es lógico, no lo he visto, pero me hubiera gustado ser mosca y zumbar alrededor de Bollera Reprimida porque ha debido ser de infarto, empezando por este personaje que hace tiempo que no veía correr por el cesped de los estadios...

¡A que no me cogeis!
Personaje que, por supuesto, las fuerzas de la ley y el orden no han tardado en detener, retener y reducir...

¿No os da la sensación de que parece más delgado de espaldas?
Eso por no mencionar aquello de que bajo la fachada de homofobia y machismo de los jugadores se esconde una pulsión homoerótica que no veas...

Luego nos vemos en el vestuario... ¡chiquitín!
Pero nada, que el Madrid, pese a definirse a sí mismo como el mejor equipo del mundo, lo único que tiene es a una pandilla de niñatos más preocupados por su carrera publicitaria y su vida social que por meter goles. Y luego, claro, se lamentan.

Habrá que poner cara de compugido pero en cuanto me duche... ¡me voy de fiesta!
...de fondo el himno del Barça... jejeje
Me empieza a resultar preocupante mi capacidad para dormir cual marmota y después de lo de hoy empiezo a creer que, más que dormir, lo que hago yo es hibernar. ¡A las cinco y media de la tarde me he despertado, damas y caballeros! ¡A las cinco y media!
Muy, muy preocupante...
Pues a esas horas me he levantado (lo cual no implica necesariamente que me haya despertado), me he enfudando en el uniforme de los findes (usease, el chandal) y, todavía en estado comatoso, me he sentado ante el ordenador armada con una jarra de coca-cola y un cigarro.
Muy, muy preocupante...
¿Es que no tengo nada mejor que hacer un sábado que sentarme delante del puto ordenata a intoxicarme de información inútil? ¿Es que no hubiera sido mejor darme un duchazo, espabilarme, bajar a Chucho Infernal, ir a hacer la compra y poner alguna lavadorita aprovechando que, de momento, no llueve?
Muy, muy preocupante...
Tras dos horas, cuando parecía que remitía mi estado comatoso y ya tenía la piel del muslo en carne viva de tanto arañazo desesperado de Chucho Infernal, me he apiadado del pobre perro, de mi estómago rugiendo y de mis reservas de tabaco que se reducían a tres cigarros así que he decidido bajar a la calle.
Ya en la calle me he dirigido a un cajero para sacar pasta mientras asistía atónita al espectáculo de las aceras vacías de gente y coches. Me he metido en una tienda de chinas a hacer acopio de víveres (tabaco, coca-cola, pastelitos y varios tipos de tallarines de dudosa procedencia) y al volver a este, mi hogar me he dado cuenta de que, si bien las calles estaban vacías, eran los bares los que acogían a media humanidad. Un vistazo al interior de uno de ellos y la visión de un rectángulo verde con muñequitos blancos y azulgranas me ha dado la respuesta. ¡Claro, el Madrid-Barça!
Veréis, a mí el fútbol ni me gusta ni me disgusta aunque la mayoría de las veces me resulta más bien indiferente. Sin embargo, reconozco que en mi adolescencia jugué, como muchas lesbianas que he conocido, en un equipillo aunque habría que aclarar que las razones que me llevaron a perseguir un balón echando el bofe por la boca tenían más que ver con otra integrante del equipo que por una noble pasión por el mundo del fútbol. Sí, es cierto, lo admito, si me convertí en extremo derecho y carne de banquillo fue porque la que de verdad me ponía era la portera. Y es que mira que soy poco práctica. Porque si hubiese jugado en otra posición hubiera sido fantástico eso de meterle mano con la excusa de celebrar un gol pero, claro, siendo la portera, quedaba un poco cantoso lo de cruzarme todo el campo para darle un abrazo... Lo curioso de aquel equipo es que, que yo recuerde, de ninguna de sus integrantes tenía sospechas de que entendiera. Y mira que eso es raro... Pero no, exceptuándome a mí, ninguna de las chicas del equipo ha resultado ser de la vereda de enfrente, ni la portera (para mi disgusto porque estaba y sigue estando un rato buena) ni la más machota de todas, de la que lo último que supe es que se iba a casar con su novio de toda la vida... Y es que a veces los estereotipos también fallan...
Con el tiempo me he encontrado con algunas muchachuelas, lesbianas todas ellas, que eran apasionadas del juego de "los veintidós detrás del balón". Pero la más acérrima y futbolera que me he encontrado jamás tuvo que tocarme en suerte. Porque, sí, mi ex, la Bollera Reprimida, era futbolera y madridista hasta la médula. Y no sabéis de que forma. Recuerdo que cada vez que había partido por cable nos tocaba excursión en busca del bar en el que mejor se viera, con la mejor pantalla y los mejores aperitivos. Y por mucho que dijera con la boca chica aquello de "si no te apetece, no pasa nada" sí que pasaba. Pasaba que, casualmente después, cuando a mí me, ¡ejem! interesara, podría dolerle la cabeza una jartá... Así que allá que nos íbamos. Y la verdad es que la muchacha lo pasaba realmente mal (creo que el Madrid perdió la mayoría de encuentros que vimos juntas). De hecho, llegaba a ser más divertido observar su cara mientras miraba el partido que el partido en sí.
A raíz de la ruptura, como comprendereis, le he cogido una grima al Madrid que ni os cuento (y eso que, puestos a ser de algún equipo, yo siempre he dicho que soy del Madrid, más que nada poque es mi ciudad y no tengo suficiente moral ni espiritu masoquista para ser del Atleti), hasta el punto de alegrarme de todas y cada una de sus derrotas porque eso significa que mi ex estará muy cabreada (porque se cabrea, y mucho, cada vez que su equipo pierde).
Así que os podéis imaginar qué buen humor tengo ahora mismo sabiendo que el Barça le ha metido no uno ni dos, sino tres golazos al equipo merengue. Y que ahora mi ex, aunque supongo que estará en la fiesta de cumpleaños de un amigo suyo (el Marica Gillipollas) estará de un humor de perros. Y si encuentro esta camiseta, ganitas me dan de mandársela.

Toma, cariño, para que recuerdes que no siempre el blanco se impone...
El partido, como es lógico, no lo he visto, pero me hubiera gustado ser mosca y zumbar alrededor de Bollera Reprimida porque ha debido ser de infarto, empezando por este personaje que hace tiempo que no veía correr por el cesped de los estadios...

¡A que no me cogeis!
Personaje que, por supuesto, las fuerzas de la ley y el orden no han tardado en detener, retener y reducir...

¿No os da la sensación de que parece más delgado de espaldas?
Eso por no mencionar aquello de que bajo la fachada de homofobia y machismo de los jugadores se esconde una pulsión homoerótica que no veas...

Luego nos vemos en el vestuario... ¡chiquitín!
Pero nada, que el Madrid, pese a definirse a sí mismo como el mejor equipo del mundo, lo único que tiene es a una pandilla de niñatos más preocupados por su carrera publicitaria y su vida social que por meter goles. Y luego, claro, se lamentan.

Habrá que poner cara de compugido pero en cuanto me duche... ¡me voy de fiesta!
...de fondo el himno del Barça... jejeje
Arrieritos S.L. presenta “Dame el mando que la tele es mía”
Hoy: Ponga una pareja de lesbianas en su serie
Desde hoy propongo declarar los miércoles "Día nacional de la lesbiana mediática". Y, creedme, mis motivos tengo.
Las lesbianas siempre nos andamos quejando de la poca visibilidad y repercusión pública que nuestras vidas generan y parece que esos señores encorbatados y engominados que dominan las cadenas de televisión y deciden qué es aceptable y qué no, ya no hacen oídos sordos a nuestras peticiones. Por eso han decidido sentar a todas las lesbianas del país frente a la caja tonta los miércoles por la noche y, de paso, crear un poquito de rivalidad, que es lo que de verdad divierte y enriquece (a sus bolsillos, claro está). Así que a partir de ahora nuestras conversaciones (porque claro, las lesbianas solo hablamos de lesbianismo, los homosexuales de homosexualidad y no tenemos ningún otro interés más en esta vida) comenzarán con ese viejo y manido: Y tú, ¿de quién eres?
Y es que ahora tenemos dos, no una ni tres, sino dos parejas de lesbianas televisivas pugnando por hacer suspirar a las féminas entendidas y calentar al personal masculino. Unas lo harán desde el drama con toques de humor, las otras desde la comedia disparatada y surrealista. Sus puntos en común son que las cuatro mozas están de muy buen ver, son jóvenes, guapas y sobradamente preparadas, con un brillante panorama profesional y una vida igualica, igualica que la tuya y la mía (¿a que sí? ¿a qué tú también te das besitos con tu chica en el trabajo sin que nadie se escandalice? ¿a que en tu comunidad de vecinos están encantadísimos contigo y con tu novia? Seguro que hasta te piden consejos sobre decoración... No, espera, que eso se lo preguntan a los chicos gays...).
Pues eso, ¿tú de quien eres?

Dos tías cañón con chicas del montón
Amos a ver... En su momento ya dije que las espectaculares audiencias de Hospital Central se debían, en gran parte, al romance entre la pediatra y la enfermerita (hecho que ya es un secreto a voces en los pasillos televisivos). Quizá, y digo quizá, oye, que así como por casualidad y sin nada de mala intención, sin caer en la cuenta de que las dos series coinciden en horarios, a los guionistas de Aqui no hay quien viva se les ha ocurrido que, puesto que ya tenían a la pareja de mariquitas y les sobraba una lesbianilla con muy mala suerte en el amor, pues oye, vamos a liarla con alguien, ¿no? ¿Y con quién? Pues, hombre, tenemos por ahí a una tía cañón por la que suspiran todos los machos de la comunidad... ¿Por qué no ella? Así se la podrán casc... digo que así se podrán dar cuenta de que las lesbianas no son todas unas camionerillas. Pues venga, manos a la obra. Y dicho y hecho.
Pero retrocedamos un poco en el tiempo...
Cuando Aquí no hay quien viva dio comienzo vi su primer capítulo con gran escepticismo. ¿Una serie de José Luís Moreno? ¿Ese mismo engendro catódico que maquina espectáculos casposos tipo Noche de fiesta perpetuando la imagen de gay locaza con esos fántásticos azafatos y bailarines? Reconozco que me eché a temblar. Y no me gustó la serie. De hecho, por el primer día de emisión que tuvo (pocas series, 7 vidas y Aida aparte, triunfan un domingo) pensé que duraría lo mismo que me duran a mí mis novias (o sea, más bien poquito).
Para mi sorpresa no sólo se mantuvo sino que fue haciéndose fuerte, la cambiaron de día y se convirtió en el estandarte de Antena 3, su niña mimada. Me acostumbré a verla y, aunque nunca me ha entusiasmado, reconozco que me he reído bastante con ella. Pero la cosa me empezó a chirriar cuando metieron al personaje de Bea (Eva Isanta). Me lo tomé como un modo de cubrir cuota. Ya tenemos a los gays pues hay que meter a una lesbiana. Pero, por supuesto, una lesbiana mona y sin martillo. Y, lógicamente, también le encontramos una novia también monísima de la muerte, Rosa (María Almudéver), que, encima, es abogada, como Ally McBeal, y que tiene muy mala leche, como buena lesbiana.
A esas alturas ya no seguía con tanto interés la serie y lo de la parejita lésbica hedía (¿comprendéis ahora por qué tardé tanto en engancharme a Hospital Central?). Las pocas veces que intenté seguir su trama, arqueaba mi ceja-Sobera y meneaba la cabeza. Que no, que no me las creía ni borrasha ni jartita vino. No había química ni complicidad entre las actrices... Aquí muchos me podrían decir que se trata de una serie en clave de comedia, que no es lo mismo que un drama. Pero 7 vidas también es una comedia y me creo a Anabel Alonso en su papel, por muy disparatado y paródico que sea, del mismo modo que me creo a Luis Merlo en el papel de Mauri. Vale, quizá no sean muy buenos ejemplos (tod@s sabemos por qué... ;-p ).
Y ahora nos encontramos con una nueva parejita lésbica estable, muchos enredos como mandan las reglas de la comedia y aún más situaciones en las que los chicos de la comunidad mirarán a las dos lesbianillas babeando cada vez que las vean (simpático guiño el de Paco, el del video-club, al verlas besándose: "Yo esto lo he soñado". No, tontorrón, es que tu novia hace lo mismo y a la misma hora en la competencia... Creo que el pobre va a empezar a pensar que las lesbianas han invadido todo su entorno... ¡ojalá invadieran el mío!).
Debo admitir que no he visto la serie desde que empezó la nueva temporada (ya dije que soy fiel a Hospital Central) y que lo único que he ojeado ha sido un video en su web. Aunque, si mal no recuerdo, cuando apareció el personaje de Ana (Vanessa Romero, la de Los Imposibles de TeleMadrid) creo que ya vi algo que me hizo sospechar por donde irían los tiros. Sin embargo, no puedo evitar que me llame la atención la similitud entre la forma de iniciar las dos relaciones: Una lesbiana que acaba enamorando a una heterosexualisima de toda la vida... Espero que la gente no piense que todas las lesbianas vamos por la vida convirtiendo a las nenas porque mira que yo lo intenté con Rys y nada, ahora la tengo compartiendo con su novio una hipoteca a treinta años. Muy convincente no debí ser, no...
Así que nada, chicas, hasta que algún canal en abierto decida que sería una buena idea emitir The L World (aunque fuese en horario de madrugada como hacen con Sexo en Nueva York) me temo que estas mozuelas van a ser las únicas refencias lésbicas que tengamos con las que poder sentirnos identificadas... Y yo, la verdad, muy identificada con ellas no me siento pero un buen repasillo sí que le daba a alguna de ellas... (Ayss! Las hormonas... Que se me revolucionan...)
Y aunque no tenga nada que ver...
Chascarrillo laboral de hoy:
Tras dejar en la puerta de la oficina a Jefa, Amargada, Ricitos y su hermana que la había venido a buscar, Supermamá con Marido de Supermamá, Hermano de Supermamá, Cuñada de Supermamá (y, en conscuencia, novia de Hermano de Supermamá) y, por supuestísimo, Hijo de Supermamá (me jode reconocerlo pero el crío está para comérselo) que también la habían venido a buscar (a Supermamá, claro), La Pija y yo nos encaminamos hacia el metro.
-La Pija: ¿Y qué planes tienes para el finde?
-Yo (encogiéndome de hombros con desgana): Pues... La verdad es que salir no me apetece mucho así que aprovecharé para ponerme a currar...
-La Pija (extrañadísima): ¿¡A currar!?
-Yo: Sí, tengo que ponerme ya con mi nueva novela.
-La Pija (pareciendo entender): ¡Ah, claro! (momento de introspección de La Pija) O sea que tú te sientas, te inventas cosas y las escribes, ¿no?
Sí, cielo, soy una mentirosa compulsiva que me siento ante el ordenador para soltarle una trola detrás de otra y que luego me lo publiquen. Y fijate que hay algunos que hasta viven de ello...
-Yo: Sí, esa es la idea...
-La Pija (pareciendo -pero, ¡ojo! solo pareciendo- entender): ¡Aaaaah...!
...de fondo Tripping de Robbie Williams (por variar un poquito, ¿no?)
Desde hoy propongo declarar los miércoles "Día nacional de la lesbiana mediática". Y, creedme, mis motivos tengo.
Las lesbianas siempre nos andamos quejando de la poca visibilidad y repercusión pública que nuestras vidas generan y parece que esos señores encorbatados y engominados que dominan las cadenas de televisión y deciden qué es aceptable y qué no, ya no hacen oídos sordos a nuestras peticiones. Por eso han decidido sentar a todas las lesbianas del país frente a la caja tonta los miércoles por la noche y, de paso, crear un poquito de rivalidad, que es lo que de verdad divierte y enriquece (a sus bolsillos, claro está). Así que a partir de ahora nuestras conversaciones (porque claro, las lesbianas solo hablamos de lesbianismo, los homosexuales de homosexualidad y no tenemos ningún otro interés más en esta vida) comenzarán con ese viejo y manido: Y tú, ¿de quién eres?
Y es que ahora tenemos dos, no una ni tres, sino dos parejas de lesbianas televisivas pugnando por hacer suspirar a las féminas entendidas y calentar al personal masculino. Unas lo harán desde el drama con toques de humor, las otras desde la comedia disparatada y surrealista. Sus puntos en común son que las cuatro mozas están de muy buen ver, son jóvenes, guapas y sobradamente preparadas, con un brillante panorama profesional y una vida igualica, igualica que la tuya y la mía (¿a que sí? ¿a qué tú también te das besitos con tu chica en el trabajo sin que nadie se escandalice? ¿a que en tu comunidad de vecinos están encantadísimos contigo y con tu novia? Seguro que hasta te piden consejos sobre decoración... No, espera, que eso se lo preguntan a los chicos gays...).
Pues eso, ¿tú de quien eres?

Dos tías cañón con chicas del montón
Amos a ver... En su momento ya dije que las espectaculares audiencias de Hospital Central se debían, en gran parte, al romance entre la pediatra y la enfermerita (hecho que ya es un secreto a voces en los pasillos televisivos). Quizá, y digo quizá, oye, que así como por casualidad y sin nada de mala intención, sin caer en la cuenta de que las dos series coinciden en horarios, a los guionistas de Aqui no hay quien viva se les ha ocurrido que, puesto que ya tenían a la pareja de mariquitas y les sobraba una lesbianilla con muy mala suerte en el amor, pues oye, vamos a liarla con alguien, ¿no? ¿Y con quién? Pues, hombre, tenemos por ahí a una tía cañón por la que suspiran todos los machos de la comunidad... ¿Por qué no ella? Así se la podrán casc... digo que así se podrán dar cuenta de que las lesbianas no son todas unas camionerillas. Pues venga, manos a la obra. Y dicho y hecho.
Pero retrocedamos un poco en el tiempo...
Cuando Aquí no hay quien viva dio comienzo vi su primer capítulo con gran escepticismo. ¿Una serie de José Luís Moreno? ¿Ese mismo engendro catódico que maquina espectáculos casposos tipo Noche de fiesta perpetuando la imagen de gay locaza con esos fántásticos azafatos y bailarines? Reconozco que me eché a temblar. Y no me gustó la serie. De hecho, por el primer día de emisión que tuvo (pocas series, 7 vidas y Aida aparte, triunfan un domingo) pensé que duraría lo mismo que me duran a mí mis novias (o sea, más bien poquito).
Para mi sorpresa no sólo se mantuvo sino que fue haciéndose fuerte, la cambiaron de día y se convirtió en el estandarte de Antena 3, su niña mimada. Me acostumbré a verla y, aunque nunca me ha entusiasmado, reconozco que me he reído bastante con ella. Pero la cosa me empezó a chirriar cuando metieron al personaje de Bea (Eva Isanta). Me lo tomé como un modo de cubrir cuota. Ya tenemos a los gays pues hay que meter a una lesbiana. Pero, por supuesto, una lesbiana mona y sin martillo. Y, lógicamente, también le encontramos una novia también monísima de la muerte, Rosa (María Almudéver), que, encima, es abogada, como Ally McBeal, y que tiene muy mala leche, como buena lesbiana.
A esas alturas ya no seguía con tanto interés la serie y lo de la parejita lésbica hedía (¿comprendéis ahora por qué tardé tanto en engancharme a Hospital Central?). Las pocas veces que intenté seguir su trama, arqueaba mi ceja-Sobera y meneaba la cabeza. Que no, que no me las creía ni borrasha ni jartita vino. No había química ni complicidad entre las actrices... Aquí muchos me podrían decir que se trata de una serie en clave de comedia, que no es lo mismo que un drama. Pero 7 vidas también es una comedia y me creo a Anabel Alonso en su papel, por muy disparatado y paródico que sea, del mismo modo que me creo a Luis Merlo en el papel de Mauri. Vale, quizá no sean muy buenos ejemplos (tod@s sabemos por qué... ;-p ).
Y ahora nos encontramos con una nueva parejita lésbica estable, muchos enredos como mandan las reglas de la comedia y aún más situaciones en las que los chicos de la comunidad mirarán a las dos lesbianillas babeando cada vez que las vean (simpático guiño el de Paco, el del video-club, al verlas besándose: "Yo esto lo he soñado". No, tontorrón, es que tu novia hace lo mismo y a la misma hora en la competencia... Creo que el pobre va a empezar a pensar que las lesbianas han invadido todo su entorno... ¡ojalá invadieran el mío!).
Debo admitir que no he visto la serie desde que empezó la nueva temporada (ya dije que soy fiel a Hospital Central) y que lo único que he ojeado ha sido un video en su web. Aunque, si mal no recuerdo, cuando apareció el personaje de Ana (Vanessa Romero, la de Los Imposibles de TeleMadrid) creo que ya vi algo que me hizo sospechar por donde irían los tiros. Sin embargo, no puedo evitar que me llame la atención la similitud entre la forma de iniciar las dos relaciones: Una lesbiana que acaba enamorando a una heterosexualisima de toda la vida... Espero que la gente no piense que todas las lesbianas vamos por la vida convirtiendo a las nenas porque mira que yo lo intenté con Rys y nada, ahora la tengo compartiendo con su novio una hipoteca a treinta años. Muy convincente no debí ser, no...
Así que nada, chicas, hasta que algún canal en abierto decida que sería una buena idea emitir The L World (aunque fuese en horario de madrugada como hacen con Sexo en Nueva York) me temo que estas mozuelas van a ser las únicas refencias lésbicas que tengamos con las que poder sentirnos identificadas... Y yo, la verdad, muy identificada con ellas no me siento pero un buen repasillo sí que le daba a alguna de ellas... (Ayss! Las hormonas... Que se me revolucionan...)
Y aunque no tenga nada que ver...
Chascarrillo laboral de hoy:
Tras dejar en la puerta de la oficina a Jefa, Amargada, Ricitos y su hermana que la había venido a buscar, Supermamá con Marido de Supermamá, Hermano de Supermamá, Cuñada de Supermamá (y, en conscuencia, novia de Hermano de Supermamá) y, por supuestísimo, Hijo de Supermamá (me jode reconocerlo pero el crío está para comérselo) que también la habían venido a buscar (a Supermamá, claro), La Pija y yo nos encaminamos hacia el metro.
-La Pija: ¿Y qué planes tienes para el finde?
-Yo (encogiéndome de hombros con desgana): Pues... La verdad es que salir no me apetece mucho así que aprovecharé para ponerme a currar...
-La Pija (extrañadísima): ¿¡A currar!?
-Yo: Sí, tengo que ponerme ya con mi nueva novela.
-La Pija (pareciendo entender): ¡Ah, claro! (momento de introspección de La Pija) O sea que tú te sientas, te inventas cosas y las escribes, ¿no?
Sí, cielo, soy una mentirosa compulsiva que me siento ante el ordenador para soltarle una trola detrás de otra y que luego me lo publiquen. Y fijate que hay algunos que hasta viven de ello...
-Yo: Sí, esa es la idea...
-La Pija (pareciendo -pero, ¡ojo! solo pareciendo- entender): ¡Aaaaah...!
...de fondo Tripping de Robbie Williams (por variar un poquito, ¿no?)
¡Ya m'an liao!
Por si alguien no se lo imaginaba, tengo que decirlo antes de que a todo el mundo le dé por hacerlo cual lorito de repetición durante el próximo mes y medio: ¡odio las navidades!
Odio las navidades por muchos motivos, algunos profundos y elaborados, otros meramente petardos. La navidad me trae malos recuerdos, alguno bueno (en navidades conocí el ambiente, a mi primera novia y la vida que quería llevar) y me hace poner cara de subnormal si tengo que fingir que estoy encantada con las luces navideñas, las aglomeraciones de gente y los pesados ofreciendo participaciones para la lotería (sólo compro la que se coge entre la gente del trabajo, vamos, no vaya a ser que toque y yo sea la única que tenga que venir el día siguiente a currar).
Lo que llevo un poco mejor es lo de irme de juerga con la más mínima excusa aunque, como tampoco tengo un grupo de amigos fijo ni un trabajo que sea el mismo año tras año, mi vida social durante estas semanas varía mucho. Las navidades pasadas (en plena depresión post-ruptura trágica) parecía la versión femenina de La meláncolica muerte del chico ostra, vamos, que lo máximo que llegaba a salir de casa era porque el Chucho Infernal, animalito, tiene sus necesidades, que si no... En cambio hace un par de años (en plena euforia post-publicación-de-la-primera-novela) me meneé más que las caderas de Beyoncé (luego hice un cálculo aproximado y, desde mediados de diciembre hasta después de Reyes, me gasté la friolera de 3000 euretes...).
Este año me parece que me voy a quedar en un término medio. Aún no tengo muchos planes pero tampoco me apetece quedarme en casa...
He dicho "no tengo muchos planes"... Ayss! Me autocorrijo, no tenía muchos planes porque... ¡ya m'an liao!
Hace un par de días, de parte de los de arriba, nos llegó la noticia de que estaban preparando la cena de navidad. En mi oficina todo el mundo -yo incluida- declinó la proposición porque pillaba el finde antes del puente-acueducto-novengoporquenomedalagana. Pero hoy, se han pasado por nuestra ofi unas marus de arriba y nos han vuelto a dar la murga. Al marcharse las marus el tema ha seguido coleando y, como yo dije el otro día que por qué no hacíamos algo por nuestra cuenta una noche que nos viniera mejor (sobre todo porque La Pija y Ricitos ya habían dicho alguna vez lo divertido que sería...) pues como que mis queridas muchachuelas se empiezan a animar ante la perspectiva de una salida femenina a donde nosotras queramos. Y, de repente, Jefa da en el clavo:
-Jefa: ¡Vámonos a un boys! (algarabía general) ¡Joder, es que tengo que quedar yo siempre como la más guarra!
En cuestión de segundos empezamos a perfilar el plan de acción: Un boys no, algún sitio en el que nos den de cenar viendo tíos en bolas... Pues un restaurante erótico... Sí, venga, vamos a buscar uno... Así que me pongo junto a Jefa para buscar algún sitio adecuado (soy la única que no tiene Internet y es que fui mala y me lo quitaron). Tras mirar algunas opciones (no os creáis que la oferta es muy amplia), nos decidimos por uno: Restaurante Kamasutra. Menú completo+cava+espectáculo por 35 eurillos de nada. Así que Jefa llama al restaurante para ver si hay problemas para la noche que hemos decidido que nos viene bien a todas. Tras colgar nos explica más detalladamente la oferta:
-Jefa: El espectáculo incluye drag-queens, una cosa que no he entendido bien y strip-tease de chicos y chicas... (Momento silencio, algunas de mis compañerillas empiezan ya a salivar -y lo que no es salivar- ante la idea de tanto muchacho en cueros) ¡Mira que bien, así cada una podrá mirar a lo que le guste! (esto último lo dice, obviamente, mirándome a mí)
-Compañerillas al completo: ¡Jajajajajaja! ( y por dentro pensando: ¡Joer, qué modelnas y "tolerantes" somos teniendo una compi de curro que entiende!)
Así que nada, de aquí a unas semanas me veréis disfrazándome de hetero con mis zapatitos de tacón de aguja chúpamelapunta, mi escote hasta el ombligo y mi cara pintada como una puerta, pa' que vean que las lesbianas también podemos ser tan fashion y tan pijas como las chicas de Sexo en Nueva York (aunque si alguien piensa que las chicas de esa serie son lo más, es que no ha visto ni una foto de las de The L World, esas sí que son fashion, fashion pero que muy fashion)
Por cierto, algunos de los "sugerentes" platos son Nido de espermas, Nalgas carnosas, Vúlva húmeda o Tetas mojadas... Se admiten apuestas, ¿qué me pediré yo?
...de fondo ¡si ya lo sabéis, leñe!
Odio las navidades por muchos motivos, algunos profundos y elaborados, otros meramente petardos. La navidad me trae malos recuerdos, alguno bueno (en navidades conocí el ambiente, a mi primera novia y la vida que quería llevar) y me hace poner cara de subnormal si tengo que fingir que estoy encantada con las luces navideñas, las aglomeraciones de gente y los pesados ofreciendo participaciones para la lotería (sólo compro la que se coge entre la gente del trabajo, vamos, no vaya a ser que toque y yo sea la única que tenga que venir el día siguiente a currar).
Lo que llevo un poco mejor es lo de irme de juerga con la más mínima excusa aunque, como tampoco tengo un grupo de amigos fijo ni un trabajo que sea el mismo año tras año, mi vida social durante estas semanas varía mucho. Las navidades pasadas (en plena depresión post-ruptura trágica) parecía la versión femenina de La meláncolica muerte del chico ostra, vamos, que lo máximo que llegaba a salir de casa era porque el Chucho Infernal, animalito, tiene sus necesidades, que si no... En cambio hace un par de años (en plena euforia post-publicación-de-la-primera-novela) me meneé más que las caderas de Beyoncé (luego hice un cálculo aproximado y, desde mediados de diciembre hasta después de Reyes, me gasté la friolera de 3000 euretes...).
Este año me parece que me voy a quedar en un término medio. Aún no tengo muchos planes pero tampoco me apetece quedarme en casa...
He dicho "no tengo muchos planes"... Ayss! Me autocorrijo, no tenía muchos planes porque... ¡ya m'an liao!
Hace un par de días, de parte de los de arriba, nos llegó la noticia de que estaban preparando la cena de navidad. En mi oficina todo el mundo -yo incluida- declinó la proposición porque pillaba el finde antes del puente-acueducto-novengoporquenomedalagana. Pero hoy, se han pasado por nuestra ofi unas marus de arriba y nos han vuelto a dar la murga. Al marcharse las marus el tema ha seguido coleando y, como yo dije el otro día que por qué no hacíamos algo por nuestra cuenta una noche que nos viniera mejor (sobre todo porque La Pija y Ricitos ya habían dicho alguna vez lo divertido que sería...) pues como que mis queridas muchachuelas se empiezan a animar ante la perspectiva de una salida femenina a donde nosotras queramos. Y, de repente, Jefa da en el clavo:
-Jefa: ¡Vámonos a un boys! (algarabía general) ¡Joder, es que tengo que quedar yo siempre como la más guarra!
En cuestión de segundos empezamos a perfilar el plan de acción: Un boys no, algún sitio en el que nos den de cenar viendo tíos en bolas... Pues un restaurante erótico... Sí, venga, vamos a buscar uno... Así que me pongo junto a Jefa para buscar algún sitio adecuado (soy la única que no tiene Internet y es que fui mala y me lo quitaron). Tras mirar algunas opciones (no os creáis que la oferta es muy amplia), nos decidimos por uno: Restaurante Kamasutra. Menú completo+cava+espectáculo por 35 eurillos de nada. Así que Jefa llama al restaurante para ver si hay problemas para la noche que hemos decidido que nos viene bien a todas. Tras colgar nos explica más detalladamente la oferta:
-Jefa: El espectáculo incluye drag-queens, una cosa que no he entendido bien y strip-tease de chicos y chicas... (Momento silencio, algunas de mis compañerillas empiezan ya a salivar -y lo que no es salivar- ante la idea de tanto muchacho en cueros) ¡Mira que bien, así cada una podrá mirar a lo que le guste! (esto último lo dice, obviamente, mirándome a mí)
-Compañerillas al completo: ¡Jajajajajaja! ( y por dentro pensando: ¡Joer, qué modelnas y "tolerantes" somos teniendo una compi de curro que entiende!)
Así que nada, de aquí a unas semanas me veréis disfrazándome de hetero con mis zapatitos de tacón de aguja chúpamelapunta, mi escote hasta el ombligo y mi cara pintada como una puerta, pa' que vean que las lesbianas también podemos ser tan fashion y tan pijas como las chicas de Sexo en Nueva York (aunque si alguien piensa que las chicas de esa serie son lo más, es que no ha visto ni una foto de las de The L World, esas sí que son fashion, fashion pero que muy fashion)
Por cierto, algunos de los "sugerentes" platos son Nido de espermas, Nalgas carnosas, Vúlva húmeda o Tetas mojadas... Se admiten apuestas, ¿qué me pediré yo?
...de fondo ¡si ya lo sabéis, leñe!
Miscelanea
La falta de sueño va a acabar conmigo, en serio. Así que he tomado cartas en el asunto y tras una pequeña y reparadora siesta de ¡glups! tres horas me encuentro de maravilla...
Estos últimos días no hago más que soltar pasta y hoy no iba a ser la excepción. Tras pagar de urgencia la factura de la ADSL (el recibo no me llegó y ayer, durante una hora, ¡horror! fui desconectada del mundo) hoy me llega la simpática agente del Círculo de Lectores con el pedido que hice hace ¡seis meses! pero a un precio muy distinto del que tenía en su momento. Eso, unido a los problemas que tengo con la compañía de la luz (facturaciones erróneas), la compañía del gas (facturaciones erróneas) y mi propio banco (tarjetas que no funcionan) me está llevando a plantearme muy seriamente declararme en suspensión de pagos. Aunque mucho me temo que lo único que conseguiría sería entrar en esa famosa lista de morosos...
Tras mi estupenda siesta me acerco al ordenata a ver qué tal se ha portado la Mulita conmigo hoy. Y, con gran sorpresa, descubro que mi querida cría de anaconda rabiosa debe estar poseída por el diablo. ¿Cómo si no se explica que teniendo un ratio de descarga tan bajo en sólo tres horas haya completado un archivo de casi medio giga?
El archivito en cuestión era una capítulo de The L World y yo que me pongo contentilla y salerosa porque por fin voy a dejar ser la única lesbiana que nunca ha visto esa serie. Así que toda yo entusiasmada le doy a reproducir y... mi gozo en un pozo porque no lo puede reproducir (¿que por qué? Ni puta idea. Ya he dejado de intentar comprender a mi ordenador. Mira que yo le mimo, le cuido, le actualizo, le paso el antivirus y él se porta así conmigo... Aisss! Asco de relación destructiva...). No, si al final tendré que volver a soltar pasta y comprármela...
Y, de nuevo, otro día más sin ir al gym. Y aunque estos días ya voy consiguiendo controlar un poco el voraz apetito que me domina, mi absentismo deportivo empieza a joderme, sobre todo en lo tocante a la cartera... Juro que hasta me dio vergüenza ir a pagar a primeros de este mes porque ¡ha sido el único día que me han visto el pelo!
La verdad es que no lo entiendo. Hace unos meses trabajaba de nueve a seis y por las tardes me daba tiempo a hacer la compra, mantener este, mi hogar limpio y recogido, poner lavadoras, tenderlas, recogerlas, hacerme la comida para varios días, ir al gym, ducharme, mimarme, cenar y ver la televisión hasta la medianoche.
Ahora, que tengo un horario de ocho a cuatro que me deja las tardes libres no sólo es que no vaya al gym sino que mi piso parece Irak tras un bombardeo, la ropa sucia se me acumula (bueno, estos días la incesante lluvia también me lo ha puesto difícl), en mi espacio de la nevera hay ¡tres huevos! por lo que siempre acabo tirando de telechino, telepizza, teletorta o teletraigoloquequieras, no veo la televisión (me grabo lo que me interesa y, en consecuencia, se me acumulan las cintas de video). Y tampoco es que esté toda la tarde metida en Internet (normalmente, conecto la Mulita, la dejo rulando y me olvido). No sé, me parece que los días se me están quedando sin horas...
Y bueno, si seguís los comentarios de este blog ya os habréis percatado de que mi anonimato está desapareciendo a pasos agigantados gracias a la perspicacia de algunas avispadas lectoras (Sita, l2 y Top, que también estaba intrigada...). Pues nada, nenas, las dedicatorias cuando, donde y como queráis...
Por cierto, Sita, lo del morbo de Madonna da para otro estudio-post en profundidad... Queda pendiente.

Tú duerme, duerme, que ya te tocará bajarme...... Chucho Infernal dixit.
...de fondo Push de Madonna (ya os dije que no escucho otra cosa)
Estos últimos días no hago más que soltar pasta y hoy no iba a ser la excepción. Tras pagar de urgencia la factura de la ADSL (el recibo no me llegó y ayer, durante una hora, ¡horror! fui desconectada del mundo) hoy me llega la simpática agente del Círculo de Lectores con el pedido que hice hace ¡seis meses! pero a un precio muy distinto del que tenía en su momento. Eso, unido a los problemas que tengo con la compañía de la luz (facturaciones erróneas), la compañía del gas (facturaciones erróneas) y mi propio banco (tarjetas que no funcionan) me está llevando a plantearme muy seriamente declararme en suspensión de pagos. Aunque mucho me temo que lo único que conseguiría sería entrar en esa famosa lista de morosos...
Tras mi estupenda siesta me acerco al ordenata a ver qué tal se ha portado la Mulita conmigo hoy. Y, con gran sorpresa, descubro que mi querida cría de anaconda rabiosa debe estar poseída por el diablo. ¿Cómo si no se explica que teniendo un ratio de descarga tan bajo en sólo tres horas haya completado un archivo de casi medio giga?
El archivito en cuestión era una capítulo de The L World y yo que me pongo contentilla y salerosa porque por fin voy a dejar ser la única lesbiana que nunca ha visto esa serie. Así que toda yo entusiasmada le doy a reproducir y... mi gozo en un pozo porque no lo puede reproducir (¿que por qué? Ni puta idea. Ya he dejado de intentar comprender a mi ordenador. Mira que yo le mimo, le cuido, le actualizo, le paso el antivirus y él se porta así conmigo... Aisss! Asco de relación destructiva...). No, si al final tendré que volver a soltar pasta y comprármela...
Y, de nuevo, otro día más sin ir al gym. Y aunque estos días ya voy consiguiendo controlar un poco el voraz apetito que me domina, mi absentismo deportivo empieza a joderme, sobre todo en lo tocante a la cartera... Juro que hasta me dio vergüenza ir a pagar a primeros de este mes porque ¡ha sido el único día que me han visto el pelo!
La verdad es que no lo entiendo. Hace unos meses trabajaba de nueve a seis y por las tardes me daba tiempo a hacer la compra, mantener este, mi hogar limpio y recogido, poner lavadoras, tenderlas, recogerlas, hacerme la comida para varios días, ir al gym, ducharme, mimarme, cenar y ver la televisión hasta la medianoche.
Ahora, que tengo un horario de ocho a cuatro que me deja las tardes libres no sólo es que no vaya al gym sino que mi piso parece Irak tras un bombardeo, la ropa sucia se me acumula (bueno, estos días la incesante lluvia también me lo ha puesto difícl), en mi espacio de la nevera hay ¡tres huevos! por lo que siempre acabo tirando de telechino, telepizza, teletorta o teletraigoloquequieras, no veo la televisión (me grabo lo que me interesa y, en consecuencia, se me acumulan las cintas de video). Y tampoco es que esté toda la tarde metida en Internet (normalmente, conecto la Mulita, la dejo rulando y me olvido). No sé, me parece que los días se me están quedando sin horas...
Y bueno, si seguís los comentarios de este blog ya os habréis percatado de que mi anonimato está desapareciendo a pasos agigantados gracias a la perspicacia de algunas avispadas lectoras (Sita, l2 y Top, que también estaba intrigada...). Pues nada, nenas, las dedicatorias cuando, donde y como queráis...
Por cierto, Sita, lo del morbo de Madonna da para otro estudio-post en profundidad... Queda pendiente.

Tú duerme, duerme, que ya te tocará bajarme...... Chucho Infernal dixit.
...de fondo Push de Madonna (ya os dije que no escucho otra cosa)
Arrieritos S.L. presenta “Minutos musicales de los 40 Criminales”
Hoy: Madonna

Si alguien me preguntara cual es mi cantante o grupo favorito, antes que decir la verdad (que hay muchos, que soy muy ecléctica en mis gustos, que no idolatro a nadie...) la respuesta automática sería la misma que llevo soltando desde los siete años: Madonna.
Y me resulta curioso que sea así porque en mi vida diaria jamás escucho a Madonna. Y tengo todos sus discos. De verdad, TODOS. Y me los sé de memoria. Y te puedo decir a qué álbum pertenece tal canción, el año en que apareció, si pertenece a alguna de sus (olvidables) películas y, por supuesto, te puedo demostrar que me sé la letra cantándotela (y teniendo en cuenta como anda su voz no te diría yo que no pueda hacerlo hasta bien...). Pero no, nunca escucho a Madonna. Escucho lo que va saliendo o discos de artistas que sí escucho asiduamente a pesar del paso de los años.
Sólo hay una excepción. Si Madonna saca nuevo disco no escucharé otra cosa durante los dos meses siguientes.
Esa es la razón de que lleve diez días sin escuchar otra cosa que no sea Confessions on a dancefloor (y creo que, a estas alturas, no hace falta explicar cómo lo he conseguido... jijiji).
De Madonna siempre me ha llamado la atención su capacidad para plagiarse a sí misma una y otra vez y, sin embargo, resultar siempre novedosa e, incluso, vanguardista. Escuchar este disco dejándose llevar por él es estar continuamente recordando a Madonna, no ninguna canción en concreto de su extensa discografía, sino su esencia. Te puede gustar o no, pero la reconoces, no hay duda, es Ella.
Como ya he dicho antes, es verdad, nunca he idolatrado a nadie. Y Madonna me puede gustar desde que no levantaba más de una cuarta del culo al suelo pero ello no me impide decir que es una petarda de las más grandes, que es muy mala actriz, que nunca ha tenido una gran voz y que la poca que le queda se le está yendo por el desagüe (y si no, echadle un vistazo a su actuación en los MTV Europe Awards, daban verdaderas ganas de lanzarle un bote de Ventolín para que recuperase el resuello). Pese a todo eso y muchas cosas más, siendo objetiva, es la Reina, el icono definitivo e imprescindible del final del siglo XX y principios del XXI por muchas más razones que las estrictamente musicales.
Hace años, en la adolescencia, llegué a decir que Madonna debería morir de una forma trágica, estilo Marilyn, para convertirse en una leyenda. Desde mi escasa perspectiva juvenil no me daba cuenta de que Madonna, en sus momentos álgidos y en los más bajos, YA era una leyenda. Y aunque acabe sus días en Las Vegas rememorando casi sin voz sus viejos éxitos (y cualquiera que vea algún show del Reinvention Tour se dará cuenta) seguirá siendo una leyenda. Y al morir se convertirá en mito que, al fin y al cabo, es lo que ella siempre ha querido.
Pero de lo que estamos hablando aquí es de su nuevo disco. Ya he escuchado por ahí que es un disco que funciona mejor en su conjunto que tema a tema. Y es verdad hasta cierto punto. Como también lo es lo de que se ha hecho sin interrupciones entre cortes para darle un aire a sesión de club. Bueeeno. Vale, no hay cortes abruptos pero a cambio lo único que hay son sonidos de transición, nada nuevo bajo el sol.
Y pese a que digan lo de que hay que escucharlo como una sesión, para mi gusto hay tres temas que son tres auténticos trallazos y que son justamente los tres primeros.
Pero vayamos por partes:
1.- Hung up
Single de presentación para ir abriendo boca (mucho mejor el Album Versión que el Radio Versión, dos minutos más que lo hacen mucho más intenso y bailable). Todo el mundo habla del sampler del Gimme, gimme, gimme (a man after midnight) de ABBA y considera el tema como una simple versión de la canción del grupo sueco. A ver, quérid@s, un sampler no es una versión sino una base rítmica sobre la que se va construyendo el nuevo tema. Y aunque escuchándolo no podemos dejar de tener cierta sensación de dejà vú, estamos hablando de una canción totalmente nueva. Como ya dije, el rompepistas de este otoño pese a quien pese. Yo ya estoy deseando bailarlo en mis bares favoritos...
2.- Get together
Para mí, ojo, para mí, la mejor canción del disco. Muy clubbing y, a la vez, con un toque ochentero tanto en música como en letra (muy naive con eso de do you believe in love at first sight? If it's an illusión I don't care, bendita inocencia a los 47 tacos). Me gusta, no es tan acelerado como Hung up o el siguiente tema, Sorry, pero funciona muy bien. Mucho me temo que con él ocurrirá como con el Sky fits heaven del Ray of light, un buen single que nunca lo será.
3.- Sorry
Ya ha sido llamado a ser el sucesor de Hung up en listas y pistas aunque su poliglota comienzo (decir "lo siento" en varios idiomas me parece innecesario) se lo podían haber ahorrado. De nuevo retoma reminiscencias ochenteras en un tema que se te pega a la oreja desde la primera escucha. Algunos dicen que será el Can't get you out of my head de la Ambición Rubia. A mí me parece absurda la comparación. Prefiero bailarlo.
4.- Future lovers
Una de las que menos me convencen del disco. La verdad es que no acabo de cogerle el punto. Una base muy electrónica pero poca chicha...
5.- I love New York
Intenso guiño a la ciudad a la que escapó (según cuenta la leyenda) a los 17 añitos para labrarse un camino en el mundo del espectáculo. Para ella NY es lo más mientras que LA o Texas son muy, muy aburridas. Hay gente que se ha quejado de que las letras de este disco son muy pobres pero, admitamoslo, Madonna nunca ha sobresalido por su introspección o intimismo (salvo honrosas excepciones). Además, ¿quién escucha la letra cuando está bailando?
6.- Let it will be
Otra de mis favoritas. La sección de cuerda del principio recuerda a Papa, don't preach pero pronto se olvida. Su base es machacona e insistente pero quizá sea por eso por lo que funciona tan bien como Sorry. No descartaría que la escogieran como tercer single.
7.- Forbidden love
Confieso que titular una canción del mismo modo que otra de un disco del pasado (Bedtime stories - 1994) me pareció muy poco original. E, incluso, en la primera escucha, ambas canciones se me parecieron pero también ha acabado gustándome. Aquí baja un poco el ritmo, sigue viajando en el tiempo hasta los ochenta y nos cuenta una bonita historia de amor. Once upon a time there was a boy, there was a girl...
8.- Jump
Al comienzo recuerda mucho a su etapa negra (la del vilipendiado en su día y más tarde revalorizado Erotica, para mí uno de sus mejores discos). Canta las estrofas con tono grave (supongo que el que mejor le sale a estas alturas) y, directamente, habla en algunas líneas para envolvernos luego con un nuevo estribillo pegadizo.
9.- How high
El imprescindible vocoder nos abre este tema para seguir homenajeando a sus propios discos de los años ochenta. ¿Por qué sus dos primeros álbumes son los que se me vienen a la cabeza cuando escucho la mayoría de los nuevos temas? ¿Será porque vuelve a cantar igual de mal que entonces? Y aún así, me gusta, porque me recuerdan una de las épocas que más me han gustado siempre de ella.
10.- Isaac
¿Un disco de Madonna sin polémica de ningún tipo? ¿Dónde se ha visto eso? Si no le bastaba con haber puesto en pie de guerra a la Iglesia Católica ahora le toca hacer temblar de ira a la religión/filosofía en la que ha decidido volcarse. La cuestión es no dejar que nadie se muestre indiferente.
Aquí dicen que hay un sampler del Every breath you take de Police. Yo, por más que escucho, no lo encuentro por ningún lado. Los cánticos en hebreo le dan el punto místico y exótico y funcionan mejor de lo que se pudiera pensar. Aquí se homenajea a sí misma pero en la época de Ray of light. De hecho, llegar a parecer un descarte de ese álbum. Ese mmmm mmmm, recuerda mucho a Frozen...
11.- Push
La sombra de Like a virgin (álbum, no single), lejos de estar olvidada, se alarga con el paso de los años. Aunque este también tenga un puntito exótico muy pequeño en algunos arreglos, los estribillos repetitivos recuerdan a sus primeros discos sin dejar de sonar como nuevos.
12.- Like it or not
Hay una cosa que siempre me pasa con los discos de Madonna y es que la última canción nunca me gusta (y cuando digo la última me refiero a la última original, no a la que meten de relleno y con calzador tipo Vogue en la BSO de Dick Tracy o el American Pie en Music). Es como si no acabara de encontrar la canción con la que poner el punto y final y colocara la que más rabia le da.
Resumiendo que es gerundio. Confessions on a dancefloor no es una sesión del Ministry of Sound, vas a bailar mucho pero también vas a dejar de hacerlo a ratos o, al menos, a bajar el ritmo. Yo más bien lo definiría como un disco para el movimiento. Es ideal para escuchar por la calle en tu MP3 o en el coche. Y si es al anochecer de camino a alguna fiesta, mejor que mejor.
Es posible que este disco no sea el éxito masivo que Ella y sus fans más acérrimos esperan aunque, sin duda, tras el bache que supuso American Life, volverá a poner a Madonna en el punto de mira mundial y a estabilizar una carrera que es interesante justamente por sus altibajos. Porque... ¿hay alguien en este planeta que no haya oido hablar de Madonna?

Ya no está de moda salir del armario...
...de fondo ¿os lo imagináis, verdad?

Si alguien me preguntara cual es mi cantante o grupo favorito, antes que decir la verdad (que hay muchos, que soy muy ecléctica en mis gustos, que no idolatro a nadie...) la respuesta automática sería la misma que llevo soltando desde los siete años: Madonna.
Y me resulta curioso que sea así porque en mi vida diaria jamás escucho a Madonna. Y tengo todos sus discos. De verdad, TODOS. Y me los sé de memoria. Y te puedo decir a qué álbum pertenece tal canción, el año en que apareció, si pertenece a alguna de sus (olvidables) películas y, por supuesto, te puedo demostrar que me sé la letra cantándotela (y teniendo en cuenta como anda su voz no te diría yo que no pueda hacerlo hasta bien...). Pero no, nunca escucho a Madonna. Escucho lo que va saliendo o discos de artistas que sí escucho asiduamente a pesar del paso de los años.
Sólo hay una excepción. Si Madonna saca nuevo disco no escucharé otra cosa durante los dos meses siguientes.
Esa es la razón de que lleve diez días sin escuchar otra cosa que no sea Confessions on a dancefloor (y creo que, a estas alturas, no hace falta explicar cómo lo he conseguido... jijiji).
De Madonna siempre me ha llamado la atención su capacidad para plagiarse a sí misma una y otra vez y, sin embargo, resultar siempre novedosa e, incluso, vanguardista. Escuchar este disco dejándose llevar por él es estar continuamente recordando a Madonna, no ninguna canción en concreto de su extensa discografía, sino su esencia. Te puede gustar o no, pero la reconoces, no hay duda, es Ella.
Como ya he dicho antes, es verdad, nunca he idolatrado a nadie. Y Madonna me puede gustar desde que no levantaba más de una cuarta del culo al suelo pero ello no me impide decir que es una petarda de las más grandes, que es muy mala actriz, que nunca ha tenido una gran voz y que la poca que le queda se le está yendo por el desagüe (y si no, echadle un vistazo a su actuación en los MTV Europe Awards, daban verdaderas ganas de lanzarle un bote de Ventolín para que recuperase el resuello). Pese a todo eso y muchas cosas más, siendo objetiva, es la Reina, el icono definitivo e imprescindible del final del siglo XX y principios del XXI por muchas más razones que las estrictamente musicales.
Hace años, en la adolescencia, llegué a decir que Madonna debería morir de una forma trágica, estilo Marilyn, para convertirse en una leyenda. Desde mi escasa perspectiva juvenil no me daba cuenta de que Madonna, en sus momentos álgidos y en los más bajos, YA era una leyenda. Y aunque acabe sus días en Las Vegas rememorando casi sin voz sus viejos éxitos (y cualquiera que vea algún show del Reinvention Tour se dará cuenta) seguirá siendo una leyenda. Y al morir se convertirá en mito que, al fin y al cabo, es lo que ella siempre ha querido.
Pero de lo que estamos hablando aquí es de su nuevo disco. Ya he escuchado por ahí que es un disco que funciona mejor en su conjunto que tema a tema. Y es verdad hasta cierto punto. Como también lo es lo de que se ha hecho sin interrupciones entre cortes para darle un aire a sesión de club. Bueeeno. Vale, no hay cortes abruptos pero a cambio lo único que hay son sonidos de transición, nada nuevo bajo el sol.
Y pese a que digan lo de que hay que escucharlo como una sesión, para mi gusto hay tres temas que son tres auténticos trallazos y que son justamente los tres primeros.
Pero vayamos por partes:
1.- Hung up
Single de presentación para ir abriendo boca (mucho mejor el Album Versión que el Radio Versión, dos minutos más que lo hacen mucho más intenso y bailable). Todo el mundo habla del sampler del Gimme, gimme, gimme (a man after midnight) de ABBA y considera el tema como una simple versión de la canción del grupo sueco. A ver, quérid@s, un sampler no es una versión sino una base rítmica sobre la que se va construyendo el nuevo tema. Y aunque escuchándolo no podemos dejar de tener cierta sensación de dejà vú, estamos hablando de una canción totalmente nueva. Como ya dije, el rompepistas de este otoño pese a quien pese. Yo ya estoy deseando bailarlo en mis bares favoritos...
2.- Get together
Para mí, ojo, para mí, la mejor canción del disco. Muy clubbing y, a la vez, con un toque ochentero tanto en música como en letra (muy naive con eso de do you believe in love at first sight? If it's an illusión I don't care, bendita inocencia a los 47 tacos). Me gusta, no es tan acelerado como Hung up o el siguiente tema, Sorry, pero funciona muy bien. Mucho me temo que con él ocurrirá como con el Sky fits heaven del Ray of light, un buen single que nunca lo será.
3.- Sorry
Ya ha sido llamado a ser el sucesor de Hung up en listas y pistas aunque su poliglota comienzo (decir "lo siento" en varios idiomas me parece innecesario) se lo podían haber ahorrado. De nuevo retoma reminiscencias ochenteras en un tema que se te pega a la oreja desde la primera escucha. Algunos dicen que será el Can't get you out of my head de la Ambición Rubia. A mí me parece absurda la comparación. Prefiero bailarlo.
4.- Future lovers
Una de las que menos me convencen del disco. La verdad es que no acabo de cogerle el punto. Una base muy electrónica pero poca chicha...
5.- I love New York
Intenso guiño a la ciudad a la que escapó (según cuenta la leyenda) a los 17 añitos para labrarse un camino en el mundo del espectáculo. Para ella NY es lo más mientras que LA o Texas son muy, muy aburridas. Hay gente que se ha quejado de que las letras de este disco son muy pobres pero, admitamoslo, Madonna nunca ha sobresalido por su introspección o intimismo (salvo honrosas excepciones). Además, ¿quién escucha la letra cuando está bailando?
6.- Let it will be
Otra de mis favoritas. La sección de cuerda del principio recuerda a Papa, don't preach pero pronto se olvida. Su base es machacona e insistente pero quizá sea por eso por lo que funciona tan bien como Sorry. No descartaría que la escogieran como tercer single.
7.- Forbidden love
Confieso que titular una canción del mismo modo que otra de un disco del pasado (Bedtime stories - 1994) me pareció muy poco original. E, incluso, en la primera escucha, ambas canciones se me parecieron pero también ha acabado gustándome. Aquí baja un poco el ritmo, sigue viajando en el tiempo hasta los ochenta y nos cuenta una bonita historia de amor. Once upon a time there was a boy, there was a girl...
8.- Jump
Al comienzo recuerda mucho a su etapa negra (la del vilipendiado en su día y más tarde revalorizado Erotica, para mí uno de sus mejores discos). Canta las estrofas con tono grave (supongo que el que mejor le sale a estas alturas) y, directamente, habla en algunas líneas para envolvernos luego con un nuevo estribillo pegadizo.
9.- How high
El imprescindible vocoder nos abre este tema para seguir homenajeando a sus propios discos de los años ochenta. ¿Por qué sus dos primeros álbumes son los que se me vienen a la cabeza cuando escucho la mayoría de los nuevos temas? ¿Será porque vuelve a cantar igual de mal que entonces? Y aún así, me gusta, porque me recuerdan una de las épocas que más me han gustado siempre de ella.
10.- Isaac
¿Un disco de Madonna sin polémica de ningún tipo? ¿Dónde se ha visto eso? Si no le bastaba con haber puesto en pie de guerra a la Iglesia Católica ahora le toca hacer temblar de ira a la religión/filosofía en la que ha decidido volcarse. La cuestión es no dejar que nadie se muestre indiferente.
Aquí dicen que hay un sampler del Every breath you take de Police. Yo, por más que escucho, no lo encuentro por ningún lado. Los cánticos en hebreo le dan el punto místico y exótico y funcionan mejor de lo que se pudiera pensar. Aquí se homenajea a sí misma pero en la época de Ray of light. De hecho, llegar a parecer un descarte de ese álbum. Ese mmmm mmmm, recuerda mucho a Frozen...
11.- Push
La sombra de Like a virgin (álbum, no single), lejos de estar olvidada, se alarga con el paso de los años. Aunque este también tenga un puntito exótico muy pequeño en algunos arreglos, los estribillos repetitivos recuerdan a sus primeros discos sin dejar de sonar como nuevos.
12.- Like it or not
Hay una cosa que siempre me pasa con los discos de Madonna y es que la última canción nunca me gusta (y cuando digo la última me refiero a la última original, no a la que meten de relleno y con calzador tipo Vogue en la BSO de Dick Tracy o el American Pie en Music). Es como si no acabara de encontrar la canción con la que poner el punto y final y colocara la que más rabia le da.
Resumiendo que es gerundio. Confessions on a dancefloor no es una sesión del Ministry of Sound, vas a bailar mucho pero también vas a dejar de hacerlo a ratos o, al menos, a bajar el ritmo. Yo más bien lo definiría como un disco para el movimiento. Es ideal para escuchar por la calle en tu MP3 o en el coche. Y si es al anochecer de camino a alguna fiesta, mejor que mejor.
Es posible que este disco no sea el éxito masivo que Ella y sus fans más acérrimos esperan aunque, sin duda, tras el bache que supuso American Life, volverá a poner a Madonna en el punto de mira mundial y a estabilizar una carrera que es interesante justamente por sus altibajos. Porque... ¿hay alguien en este planeta que no haya oido hablar de Madonna?

Ya no está de moda salir del armario...
...de fondo ¿os lo imagináis, verdad?
La memoria de los peces
Hay por esos mundos de video-clubs una película (bueno, realmente hay dos pero es que la segunda es una película de soft-porno que no viene al caso ahora mismo) titulada La memoria de los peces. Se trata de una típica película coral en la que muchos personajes de distintos géneros y orientaciones sexuales tratan de encontrar el amor. Vamos, nada del otro jueves.
La cuestión está en el título. En la peli se dice que las personas, ante el amor, tenemos la misma memoria que los peces. Para quien no lo sepa (y que tampoco haya visto la pinícula) resulta que los peces tienen una memoria de dos segundos. Vamos, que se dan la vuelta a la pecera y todo les resulta novedoso.
Pues resulta que las personas actuamos del mismo modo cuando conocemos a alguien que nos hace tilín. Para entendernos, que por muy mal que lo hayamos pasado en relaciones anteriores, por muchas depresiones que hayamos agarrado echando de menos a la persona amada o por mucho que hayamos jurado y perjurado, cual Escarlata O'Hara con la patata en la mano, aquello de "A Dios pongo por testigo que jamás me volveré a enamorar" cuando aparece alguien que nos atrae lo suficiente como para intentar empezar una relación se nos olvida todo. Pero todo, todito, todo, oyes.
En el pasado yo también he experimentado esa sensación. Conocía a alguien nuevo, olvidaba ipso facto lo que me hubiera podido ocurrir en el pasado con anteriores parejas y me entregaba en cuerpo y alma a esa nueva churri que me llamaba quince veces al día y se moría por mis huesitos (hay gustos para todo...).
Sin embargo me estoy dando cuenta de que mi memoria ha decidido cambiar el animal al cual parecerse. Y creo que he pasado de tener la memoria de un pez de colores a tener la de un elefante africano.
Me explico. Veréis, en los últimos meses he venido conociendo a bastantes chicas. Para ser más exacta, a bastantes chicas interesantes, guapas y divertidas (porque, claro, conocer chicas es fácil pero que merezcan la pena ya es harina de otro costal...). Y, ¿qué es lo que ha pasado? Pues nada. No ha pasado nada.
Y os preguntáreis por qué, con lo mal que está el patio en cuestión de solteritas de buen ver y bajo índice de esquizofrenia paranoide, no he intentado nada con ninguna de esas prometedoras muchachuelas.
Resulta que yo al principio me dejo llevar, incluso me sorprendo en la oficina dedicándoles algún pensamiento de esos que tienes con una sonrisa en los labios, intento volver a quedar con ellas y todas esas cosas que se hacen en esas circunstancias. Pero llega un momento en que mi memoria me lanza una alerta cual antivirus avisando del peligro inminente si abres ese inofensivo archivito que te han mandado via mail. Y es ese momento cuando empiezo a recordar el pasado, preguntándome si de verdad merecerá la pena volver a intentarlo si el resultado acabara siendo el mismo de siempre (o sea, yo, jodida, abandonada, despechada y albergando instintos asesinos para con mi nueva ex novia).
Asi que reculo y borro de mi cabeza cualquier pensamiento romántico/erótico/obsceno que pueda tener con la candidata y levanto una muralla que me separe de ella. Dicen que una retirada a tiempo es una victoria. Y es que yo últimamente no estoy para muchas batallitas.
Llevo un año sin pareja aunque, teniendo en cuenta que mi estado natural es la soltería, no es nada extraño. Y que conste que me encuentro muy cómoda con mi estado civil, de hecho, si atendemos a lo ocurrido en mi pasado, es justo este momento, en el que me encuentro de maravilla siendo una chica soltera, cuando la casualidad quiere que me lie con la tía que menos me conviene y que se encuentre en un radio de treinta kilometros a la redonda.
Lo que ocurre es que según va pasando el tiempo yo me voy alejando demasiado de ser un buen partido. Repasemos los motivos por los que creo que no sería una buena idea empezar ni siquiera una aventurilla:
-Llevo mucho tiempo viviendo sola (vale, comparto piso pero, en según qué épocas y qué compañeros, realmente vivo sola) y, en consecuencia, mis manías van creciendo.
-Me he acostumbrado a hacer sola todo aquello que me interesa. Si, estando soltera, al salir del curro me da el punto y me voy al cine, no pasa nada pero si tengo novia, la nena se mosqueará porque no he contado con ella.
-Siguiendo con el cine, me gusta ver las películas en versión original tanto en el cine como en casa (bendito DVD) y, por lo general, mis gustos en materia cinematográfica no suelen coincidir con el del resto de los mortales.
-Aunque en el pasado lo hiciera, no pienso sacrificar esos momentos en los que me da el punto y me pongo a escribir como una posesa por muchos (buenos) polvos que me prometan. Por culpa de mi última ex retrasé un año la publicación de mi segunda novela y no me apetece que me vuelva a pasar. Primero las obligaciones y después follamos las veces que quieras, cielo.
-Ahora mismo no me veo capaz de afrontar los dilemas típicos del inicio de una relación: ¿La llamo? ¿No la llamo? Si la llamo pensará que la agobio. Si no la llamo pensará que paso de ella. ¿Nos vemos hoy? ¿Nos vemos sólo el fin de semana? ¿Hago planes contando con ella? Si no lo hago seguro que se mosquea, si saco entradas para un musical al que no podremos ir hasta dentro de tres meses cuando sólo nos conocemos hace uno se asustará y saldrá corriendo porque lo nuestro va "demasiado en serio".
-No me gusta dormir acompañada. Vale, luego me acostumbro, es cierto, pero de entrada se me hace cuesta arriba. Me muevo mucho por las noches, acaparo el colchón y ronco, ronco muchísimo (según mi última ex). Chicas, el tabaco es lo que tiene...
-Soy friki y mitómana. Puedo pasarme horas y horas hablando de cine, música, literatura, series de televisión o la última edición especial en DVD de alguna de mis pelis favoritas (que son muchas). Eso no hay mucha gente que lo soporte (salvo otro friki, como es el caso de mi amigo JM)
-Me gusta hacer fotos a todo lo que hay a mi alrededor y reconozco que a veces puedo ser cansina en mi empeño de parecer un flash con patas.
-No me gusta que me controlen ni que me agobien. Ni que me juzguen ni intenten cambiarme. Si mi ex decía que tenía que dejar de fumar y de beber tanta coca-cola, razón de más para que yo lo hiciera con más ganas si cabe.
-Y, por último (aunque hay muchas razones más), no me aguanto cuando estoy enamorada. Me vuelvo medio subnormal, románticona, cariñosa, detallista, hago planes a tres meses vista, me paso el día mandando empalagosos mensajes al móvil, voy al cine a ver películas de las que despotricaría en un estado de menor estupidez mental, dejo de escribir para estar con mi niña, me abrazo a ella en la cama e intento fumar menos para no molestarla con mis ronquidos. ¡Vamos, que me convierto en una persona que no tiene nada que ver conmigo!
Y eso sí que no...
...de fondo Forbidden love de Madonna
La cuestión está en el título. En la peli se dice que las personas, ante el amor, tenemos la misma memoria que los peces. Para quien no lo sepa (y que tampoco haya visto la pinícula) resulta que los peces tienen una memoria de dos segundos. Vamos, que se dan la vuelta a la pecera y todo les resulta novedoso.
Pues resulta que las personas actuamos del mismo modo cuando conocemos a alguien que nos hace tilín. Para entendernos, que por muy mal que lo hayamos pasado en relaciones anteriores, por muchas depresiones que hayamos agarrado echando de menos a la persona amada o por mucho que hayamos jurado y perjurado, cual Escarlata O'Hara con la patata en la mano, aquello de "A Dios pongo por testigo que jamás me volveré a enamorar" cuando aparece alguien que nos atrae lo suficiente como para intentar empezar una relación se nos olvida todo. Pero todo, todito, todo, oyes.
En el pasado yo también he experimentado esa sensación. Conocía a alguien nuevo, olvidaba ipso facto lo que me hubiera podido ocurrir en el pasado con anteriores parejas y me entregaba en cuerpo y alma a esa nueva churri que me llamaba quince veces al día y se moría por mis huesitos (hay gustos para todo...).
Sin embargo me estoy dando cuenta de que mi memoria ha decidido cambiar el animal al cual parecerse. Y creo que he pasado de tener la memoria de un pez de colores a tener la de un elefante africano.
Me explico. Veréis, en los últimos meses he venido conociendo a bastantes chicas. Para ser más exacta, a bastantes chicas interesantes, guapas y divertidas (porque, claro, conocer chicas es fácil pero que merezcan la pena ya es harina de otro costal...). Y, ¿qué es lo que ha pasado? Pues nada. No ha pasado nada.
Y os preguntáreis por qué, con lo mal que está el patio en cuestión de solteritas de buen ver y bajo índice de esquizofrenia paranoide, no he intentado nada con ninguna de esas prometedoras muchachuelas.
Resulta que yo al principio me dejo llevar, incluso me sorprendo en la oficina dedicándoles algún pensamiento de esos que tienes con una sonrisa en los labios, intento volver a quedar con ellas y todas esas cosas que se hacen en esas circunstancias. Pero llega un momento en que mi memoria me lanza una alerta cual antivirus avisando del peligro inminente si abres ese inofensivo archivito que te han mandado via mail. Y es ese momento cuando empiezo a recordar el pasado, preguntándome si de verdad merecerá la pena volver a intentarlo si el resultado acabara siendo el mismo de siempre (o sea, yo, jodida, abandonada, despechada y albergando instintos asesinos para con mi nueva ex novia).
Asi que reculo y borro de mi cabeza cualquier pensamiento romántico/erótico/obsceno que pueda tener con la candidata y levanto una muralla que me separe de ella. Dicen que una retirada a tiempo es una victoria. Y es que yo últimamente no estoy para muchas batallitas.
Llevo un año sin pareja aunque, teniendo en cuenta que mi estado natural es la soltería, no es nada extraño. Y que conste que me encuentro muy cómoda con mi estado civil, de hecho, si atendemos a lo ocurrido en mi pasado, es justo este momento, en el que me encuentro de maravilla siendo una chica soltera, cuando la casualidad quiere que me lie con la tía que menos me conviene y que se encuentre en un radio de treinta kilometros a la redonda.
Lo que ocurre es que según va pasando el tiempo yo me voy alejando demasiado de ser un buen partido. Repasemos los motivos por los que creo que no sería una buena idea empezar ni siquiera una aventurilla:
-Llevo mucho tiempo viviendo sola (vale, comparto piso pero, en según qué épocas y qué compañeros, realmente vivo sola) y, en consecuencia, mis manías van creciendo.
-Me he acostumbrado a hacer sola todo aquello que me interesa. Si, estando soltera, al salir del curro me da el punto y me voy al cine, no pasa nada pero si tengo novia, la nena se mosqueará porque no he contado con ella.
-Siguiendo con el cine, me gusta ver las películas en versión original tanto en el cine como en casa (bendito DVD) y, por lo general, mis gustos en materia cinematográfica no suelen coincidir con el del resto de los mortales.
-Aunque en el pasado lo hiciera, no pienso sacrificar esos momentos en los que me da el punto y me pongo a escribir como una posesa por muchos (buenos) polvos que me prometan. Por culpa de mi última ex retrasé un año la publicación de mi segunda novela y no me apetece que me vuelva a pasar. Primero las obligaciones y después follamos las veces que quieras, cielo.
-Ahora mismo no me veo capaz de afrontar los dilemas típicos del inicio de una relación: ¿La llamo? ¿No la llamo? Si la llamo pensará que la agobio. Si no la llamo pensará que paso de ella. ¿Nos vemos hoy? ¿Nos vemos sólo el fin de semana? ¿Hago planes contando con ella? Si no lo hago seguro que se mosquea, si saco entradas para un musical al que no podremos ir hasta dentro de tres meses cuando sólo nos conocemos hace uno se asustará y saldrá corriendo porque lo nuestro va "demasiado en serio".
-No me gusta dormir acompañada. Vale, luego me acostumbro, es cierto, pero de entrada se me hace cuesta arriba. Me muevo mucho por las noches, acaparo el colchón y ronco, ronco muchísimo (según mi última ex). Chicas, el tabaco es lo que tiene...
-Soy friki y mitómana. Puedo pasarme horas y horas hablando de cine, música, literatura, series de televisión o la última edición especial en DVD de alguna de mis pelis favoritas (que son muchas). Eso no hay mucha gente que lo soporte (salvo otro friki, como es el caso de mi amigo JM)
-Me gusta hacer fotos a todo lo que hay a mi alrededor y reconozco que a veces puedo ser cansina en mi empeño de parecer un flash con patas.
-No me gusta que me controlen ni que me agobien. Ni que me juzguen ni intenten cambiarme. Si mi ex decía que tenía que dejar de fumar y de beber tanta coca-cola, razón de más para que yo lo hiciera con más ganas si cabe.
-Y, por último (aunque hay muchas razones más), no me aguanto cuando estoy enamorada. Me vuelvo medio subnormal, románticona, cariñosa, detallista, hago planes a tres meses vista, me paso el día mandando empalagosos mensajes al móvil, voy al cine a ver películas de las que despotricaría en un estado de menor estupidez mental, dejo de escribir para estar con mi niña, me abrazo a ella en la cama e intento fumar menos para no molestarla con mis ronquidos. ¡Vamos, que me convierto en una persona que no tiene nada que ver conmigo!
Y eso sí que no...
...de fondo Forbidden love de Madonna
Tarde cultureta, noche de petardeo
¿Qué mejor para acabar una semana de mucho curro que seguir yendo con prisas de acá para allá?
Al salir de la oficina me quedé por el centro para comer (y es que lo más apetitoso que hay en mi nevera es un bote de pepinillos) mientras hacía esfuerzos por no entrar en la Fnac a dejarme el sueldo. Finalmente vencí mis impulsos y me fui a casa a darme una reparadora ducha, darme un par de chutes de Redbull y cambiarme de ropa con el tiempo un poco pegado al culo (no, si al final acabaré por parecerme a mi madre...).
La primera parada era la Fnac. Se presentaba el libro Isaac y las dudas de Lluís María Todó. A Todó le conocí hace un par de años en Barcelona en la presentación de otro libro pero, como sospechaba (y luego pude comprobar), él no se acordaba de mí. Pero me llevé el libro dedicado... (ya he dicho que yo también tengo momentos frikis). Luego una breve charla con el editor adjunto de la editorial y corriendo para el auditorio de Ce Ce O O.
Tocaba sesión bollo, A family affair, premio al mejor largometraje en la edición del 2002. Llegué con el cortometraje previo ya empezado y casi me mato al entrar en la sala (aunque también reconozco que fue porque justo antes de entrar casi me doy de boca con otra allegada del Comando de Bolleras Desalmadas, una que es la típica que dice que ella es muy hetero pero que ahora está con una chica porque se ha enamorado. Que sí, que vale, lo que tú digas...). Me senté como pude y cuando acabó el corto, encendieron las luces de nuevo. Un vistazo alrededor me sirvió para ver que ella y la gente con la que venía se había colocado dos filas por delante de mí. Miro hacia atrás y una muchachuela diciendo mi nombre me saca del letargo de mi propio monólogo interior. Era Tardona, la chica más atareada que me he encontrado en años, que venía con una parejita de amigas. "¿Vienes sola?", me pregunta. "Sí, es que soy de prensa", le respondo. Y acto seguido se cambia de fila y se sienta conmigo.
Vimos la peli (la crítica cuando acabe el festival) y al salir me pregunta si tengo algún plan. Y yo, que no tenía más plan que irme a casa (el Rusfi se había vengado de mí poniéndose malo después de que yo le dejara plantado las últimas tres veces que habíamos quedado) y que no sé decir que no, acepto quedarme con ellas.
Nos fuimos a cenar al Colby donde comentamos lo cierta que era la frase que decía en un momento dado la protagonista de la peli: "Me conformo con encontrar a una tía que no esté completamente loca". Qué gran verdad...
Tras la cena dijimos de ir a La Bohemia porque Tardona había quedado allí con más gente. La parejita rehusa la propuesta así que nos vamos nosotras dos. Allí nos esperaba la misma chica con la que estaba el día que me la encontré en el Escape pero bastante más simpática. Se daba la circunstancia de que Tardona le había dejado mi primer libro y le había encantado. Mientras me hablaba a mí casi me da un ataque de pánico en toda regla al darme cuenta de que esta muchacha es un clon de mi ex, la Bollera Reprimida: el mismo pelo rizado, la misma estatura, la misma forma de vestir, los mismos gestos... ¡Si hasta la conversación para halagarme fue la misma que utilizó mi ex para trastearme! Vale, le faltaba la nariz de boxeador y que ésta no parece reprimida sino bastante fuera del armario pero... ¡joder, qué mal rato!
El resto de las tías, a la que me presentaron como pudieron, conformaban ese típico grupo que se forma cuando tres o cuatro vienen con sus respectivos grupos de amigas y se acaba formando el Mega-Grupo, es decir, nadie se conoce (ni podrías decir los nombres de las que te han presentado porque la música te ha impedido oirlos) y se limitan a pulular por allí hablando únicamente con las que sí conocen. Acoplamos los abrigos como pudimos sobre una de las mesas y nos pedimos una copa.
Yo ya empezaba a acusar el cansancio y es que los viernes no son mi mejor día para salir. Sostenía mi copa en una mano y un cigarro en la otra mientras dejaba caer mi peso alternativamente en una pierna y la otra en un intento ridículo de fingir que bailaba. Tardona me decía que tenía cara de circunstancias y que estaba empanada. De repente alguien me toca en el hombro. Ese típico toque que te da alguien que está a tres metros, que te lo da para llamar tu atención pero sin acercarse a ti. Me giro y con gran horror descubro que la autora del golpecito no es otra que la ex de mi ex, una tía que siempre me ha puesto muy nerviosa, tanto cuando estaba con mi ex y yo conocía a ambas de vista y poco más como cuando yo ya estaba con la Bollera Reprimida y esta muchacha continuaba llamando a mi ex con llantos desesperados.
Como, lógicamente, no iba a perder ni un segundo acercándome a la susodicha para saludarla y, mucho menos, darle dos besos, hice un gesto de reconocimiento con la cabeza y me di la vuelta. La sorpresa vino después cuando vi que estaba hablando con una de las muchas chicas que componían el grupo en el que se suponía que yo estaba. ¡Viva la endogamia! Siempre he pensado que las lesbianas de Chueca somos como los Borbones, todas estamos emparentadas de alguna forma las unas con las otras. Si pudiéramos tener hijos entre nosotras de fijo que todos salían medio tontos...
A eso de las dos, cuando ya me había tomado un par de copas y ya estaba en ese punto peligroso en que ya se te ha calentado la boca y tienes que decidir si seguir hasta pillar una borrachera en condiciones o irte a casita a planchar la oreja yo opté por lo segundo, aún a costa de los intentos de Tardona y de Clon de mi ex para que me quedase. Que no, que no, que si me quedo al final me acabaré enrrollando con quien menos me conviene...
Así que me largué. La verdad es que últimamente no estoy yo muy católica...
...de fondo Like it or not de Madonna
Al salir de la oficina me quedé por el centro para comer (y es que lo más apetitoso que hay en mi nevera es un bote de pepinillos) mientras hacía esfuerzos por no entrar en la Fnac a dejarme el sueldo. Finalmente vencí mis impulsos y me fui a casa a darme una reparadora ducha, darme un par de chutes de Redbull y cambiarme de ropa con el tiempo un poco pegado al culo (no, si al final acabaré por parecerme a mi madre...).
La primera parada era la Fnac. Se presentaba el libro Isaac y las dudas de Lluís María Todó. A Todó le conocí hace un par de años en Barcelona en la presentación de otro libro pero, como sospechaba (y luego pude comprobar), él no se acordaba de mí. Pero me llevé el libro dedicado... (ya he dicho que yo también tengo momentos frikis). Luego una breve charla con el editor adjunto de la editorial y corriendo para el auditorio de Ce Ce O O.
Tocaba sesión bollo, A family affair, premio al mejor largometraje en la edición del 2002. Llegué con el cortometraje previo ya empezado y casi me mato al entrar en la sala (aunque también reconozco que fue porque justo antes de entrar casi me doy de boca con otra allegada del Comando de Bolleras Desalmadas, una que es la típica que dice que ella es muy hetero pero que ahora está con una chica porque se ha enamorado. Que sí, que vale, lo que tú digas...). Me senté como pude y cuando acabó el corto, encendieron las luces de nuevo. Un vistazo alrededor me sirvió para ver que ella y la gente con la que venía se había colocado dos filas por delante de mí. Miro hacia atrás y una muchachuela diciendo mi nombre me saca del letargo de mi propio monólogo interior. Era Tardona, la chica más atareada que me he encontrado en años, que venía con una parejita de amigas. "¿Vienes sola?", me pregunta. "Sí, es que soy de prensa", le respondo. Y acto seguido se cambia de fila y se sienta conmigo.
Vimos la peli (la crítica cuando acabe el festival) y al salir me pregunta si tengo algún plan. Y yo, que no tenía más plan que irme a casa (el Rusfi se había vengado de mí poniéndose malo después de que yo le dejara plantado las últimas tres veces que habíamos quedado) y que no sé decir que no, acepto quedarme con ellas.
Nos fuimos a cenar al Colby donde comentamos lo cierta que era la frase que decía en un momento dado la protagonista de la peli: "Me conformo con encontrar a una tía que no esté completamente loca". Qué gran verdad...
Tras la cena dijimos de ir a La Bohemia porque Tardona había quedado allí con más gente. La parejita rehusa la propuesta así que nos vamos nosotras dos. Allí nos esperaba la misma chica con la que estaba el día que me la encontré en el Escape pero bastante más simpática. Se daba la circunstancia de que Tardona le había dejado mi primer libro y le había encantado. Mientras me hablaba a mí casi me da un ataque de pánico en toda regla al darme cuenta de que esta muchacha es un clon de mi ex, la Bollera Reprimida: el mismo pelo rizado, la misma estatura, la misma forma de vestir, los mismos gestos... ¡Si hasta la conversación para halagarme fue la misma que utilizó mi ex para trastearme! Vale, le faltaba la nariz de boxeador y que ésta no parece reprimida sino bastante fuera del armario pero... ¡joder, qué mal rato!
El resto de las tías, a la que me presentaron como pudieron, conformaban ese típico grupo que se forma cuando tres o cuatro vienen con sus respectivos grupos de amigas y se acaba formando el Mega-Grupo, es decir, nadie se conoce (ni podrías decir los nombres de las que te han presentado porque la música te ha impedido oirlos) y se limitan a pulular por allí hablando únicamente con las que sí conocen. Acoplamos los abrigos como pudimos sobre una de las mesas y nos pedimos una copa.
Yo ya empezaba a acusar el cansancio y es que los viernes no son mi mejor día para salir. Sostenía mi copa en una mano y un cigarro en la otra mientras dejaba caer mi peso alternativamente en una pierna y la otra en un intento ridículo de fingir que bailaba. Tardona me decía que tenía cara de circunstancias y que estaba empanada. De repente alguien me toca en el hombro. Ese típico toque que te da alguien que está a tres metros, que te lo da para llamar tu atención pero sin acercarse a ti. Me giro y con gran horror descubro que la autora del golpecito no es otra que la ex de mi ex, una tía que siempre me ha puesto muy nerviosa, tanto cuando estaba con mi ex y yo conocía a ambas de vista y poco más como cuando yo ya estaba con la Bollera Reprimida y esta muchacha continuaba llamando a mi ex con llantos desesperados.
Como, lógicamente, no iba a perder ni un segundo acercándome a la susodicha para saludarla y, mucho menos, darle dos besos, hice un gesto de reconocimiento con la cabeza y me di la vuelta. La sorpresa vino después cuando vi que estaba hablando con una de las muchas chicas que componían el grupo en el que se suponía que yo estaba. ¡Viva la endogamia! Siempre he pensado que las lesbianas de Chueca somos como los Borbones, todas estamos emparentadas de alguna forma las unas con las otras. Si pudiéramos tener hijos entre nosotras de fijo que todos salían medio tontos...
A eso de las dos, cuando ya me había tomado un par de copas y ya estaba en ese punto peligroso en que ya se te ha calentado la boca y tienes que decidir si seguir hasta pillar una borrachera en condiciones o irte a casita a planchar la oreja yo opté por lo segundo, aún a costa de los intentos de Tardona y de Clon de mi ex para que me quedase. Que no, que no, que si me quedo al final me acabaré enrrollando con quien menos me conviene...
Así que me largué. La verdad es que últimamente no estoy yo muy católica...
...de fondo Like it or not de Madonna
Síntomas
-Hinchazón de cara (parezco un globito).
-Retención de líquidos (¿más?).
-Cambios en el apetito (me como hasta las uñas).
-Cambios de humor (con ser ciclotímica y maníaco depresiva no me bastaba...).
-Depresión (lo que me faltaba).
Cambios en la líbido (y no es que antes andase sobrada de ella, vamos, que mi líbido es como los ojos del Guadiana).
-Cefaleas, migrañas (¿alguien se quiere quedar con mi cabeza porun tiempo?).
-Nerviosismo (¿yo? ¿nerviosa, yo? ¿por qué lo dices? Si sólo me he fumado un paquete de tabaco en tres horas...).
-Vértigo (las escaleras del metro están decididas a acabar conmigo).
-Naúseas (sobre todo después de haber comido por tres).
-Vómitos (ídem).
-Dolor abdominal (y hace mucho que no voy al gym, o sea que no son agujetas).
-Acné (con lo bien que tenía la piel últimamente...).
-Hirsutismo (por si no tenía bastante con andar quitándome pelillos todo el día, pues toma, ¡más!).
-Cambios de peso (nos ha jodido, con lo que estoy tragando y la puta retención de líquidos cualquiera mantiene la figura...).
-Sangrado menstrual cuando no toca (no gano para comprensas).
-Dolor mamario, tensión mamaria, aumento mamario ( vamos, que si ahora tuviera pareja sólo podría admirar el volumen de mis lolillas porque lo de tocármelas sólo provocaría una pronta defunción).
¿Gripe aviar? ¿Síndrome de las vacas locas? ¿Guerra bacteriológica? ¿Experimentación médica? ¿Síndrome de abstinencia provocado por el uso prolongado de un combinado letal de drogas legales e ilegales...?
Frío, frío...
Me he convertido en la imagen ambulante de los posibles efectos adversos de Meliane.

¿Por qué tod@s l@s ginecólog@s tienen la puta manía de creer que mandando anticonceptivos sin ton ni son se van a arreglar todos los problemas de las mujeres?
Pues no, lo único que hacen es jodernos. Y no veáis de qué forma...
... de fondo Get together de Madonna
-Retención de líquidos (¿más?).
-Cambios en el apetito (me como hasta las uñas).
-Cambios de humor (con ser ciclotímica y maníaco depresiva no me bastaba...).
-Depresión (lo que me faltaba).
Cambios en la líbido (y no es que antes andase sobrada de ella, vamos, que mi líbido es como los ojos del Guadiana).
-Cefaleas, migrañas (¿alguien se quiere quedar con mi cabeza porun tiempo?).
-Nerviosismo (¿yo? ¿nerviosa, yo? ¿por qué lo dices? Si sólo me he fumado un paquete de tabaco en tres horas...).
-Vértigo (las escaleras del metro están decididas a acabar conmigo).
-Naúseas (sobre todo después de haber comido por tres).
-Vómitos (ídem).
-Dolor abdominal (y hace mucho que no voy al gym, o sea que no son agujetas).
-Acné (con lo bien que tenía la piel últimamente...).
-Hirsutismo (por si no tenía bastante con andar quitándome pelillos todo el día, pues toma, ¡más!).
-Cambios de peso (nos ha jodido, con lo que estoy tragando y la puta retención de líquidos cualquiera mantiene la figura...).
-Sangrado menstrual cuando no toca (no gano para comprensas).
-Dolor mamario, tensión mamaria, aumento mamario ( vamos, que si ahora tuviera pareja sólo podría admirar el volumen de mis lolillas porque lo de tocármelas sólo provocaría una pronta defunción).
¿Gripe aviar? ¿Síndrome de las vacas locas? ¿Guerra bacteriológica? ¿Experimentación médica? ¿Síndrome de abstinencia provocado por el uso prolongado de un combinado letal de drogas legales e ilegales...?
Frío, frío...
Me he convertido en la imagen ambulante de los posibles efectos adversos de Meliane.

¿Por qué tod@s l@s ginecólog@s tienen la puta manía de creer que mandando anticonceptivos sin ton ni son se van a arreglar todos los problemas de las mujeres?
Pues no, lo único que hacen es jodernos. Y no veáis de qué forma...
... de fondo Get together de Madonna
Crónicas pero que muy marcianas
Yo, periodista vocacional, autodidacta y algo frustrada, que he pisado la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense para ir a la cafetería y poco más (aunque sigo sin saber jugar al mus) no puedo evitar escribir el artículo sobre la inauguración del LesGaiCineMad que el público, la organización y cualquier redactorcillo consideraría correcto. Sería algo así (y quien quiera, que me corrija):
Algo tan normal como quererse
El jueves 3 de noviembre era noche de premios. En Barcelona, profesionales de la comunicación y el espectáculo recogían sus Ondas, en Lisboa se entregaban los MTV Awards al ritmo del último tema de la reina del pop y en Los Ángeles, Alejandro Sanz y Juanes acaparaban galardones una vez más en la ceremonia de los Grammy Latinos.
Madrid no podía ser menos en una fastuosa noche de oropeles y caras guapas. Con motivo de la inauguración del X Festival Internacional de Cine Gai y Lésbico se celebró en el auditorio de CCOO una gala que intentó competir con las que se celebraban a su vez en las otras ciudades.
Las caras conocidas las pusieron escritoras como Lucía Etxebarría, drags multimedia como Shangay Lily y políticos fuera del armario como Pedro Zerolo junto a su flamante marido, Jesús Santos. Pero las estrellas de la velada fueron los homenajeados en la misma, los destinatarios de unos premios que, desde hace unos años, concede el festival en dos categorías, televisión y cine, a las personas que más han aportado a la igualdad y normalización de la realidad gay y lésbica. Este año los galardones recaían en el director Pedro Almodovar, por la labor realizada a lo largo de su carrera, y en las actrices Patricia Vico y Fátima Baeza, por su interpretación de una pareja de mujeres en la serie Hospital Central desde la más absoluta normalidad.
El director manchego acudió acompañado de su hermano, Agustín Almodovar, mientras que una pletórica Fátima Baeza lo hacía de la mano de su novio, el también televisivo Guillermo Ortega. La ausencia de Patricia Vico, que se encontraba en Los Ángeles por motivos laborales, apenas se hizo notar cuando una nerviosa Baeza subió a recoger su premio y volvió a dedicarlo, como ya lo hiciera en la Mostra Lambda de Barcelona, a todas las personas que han luchado y siguen luchando por algo "tan normal como es quererse". Las numerosas fans venidas de distintos puntos del país se deshicieron en aplausos y flashes ante la naturalidad y simpatía de la actriz.

Uy, mira lo que me han dao...
Pero, sin lugar a dudas, el momento álgido de la noche sucedió cuando Pedro Almodovar subió al escenario y el auditorio al completo se puso en pie para ovacionarle. Cuando por fin pudo comenzar su improvisado discurso, el director, haciendo gala de una insólita timidez, dijo no estar seguro de merecer ese premio ya que él no había sentido nunca que estuviese luchando por nada sino que, simplemente, se había mostrado tal y como era.

¡Ay, señor, otro más...!
Una tarta con diez velas, una lluvia de globos de colores, la actuación de uno de los cinco únicos hombres soprano del mundo, los discursos de Javier López, secretario de CCOO, y Miguel Ángel Sánchez, presidente de Fundación Triángulo, entidad organizadora del festival, y el visionado de dos cortos amenizaron la gala que, ya sin Almodovar ni Baeza, finalizó con la proyección del mediometraje canadiense Floored by love, que fue el encargado de dar por inaugurado un festival que se prolongará hasta el próximo 13 de noviembre.
Pero, ¿sabéis qué pasa? Que a mí el periodismo correcto y de libro de estilo me aburre bastante. Yo, que soy más de realismo sucio y de periodismo gonzo, me toca las narices la corrección política, la censura y el raro concepto de la libertad de prensa que se tiene en el sector. Así que esto es lo que ocurrió realmente. Siempre desde mi punto de vista, claro está…
Crónica de un despropósito
Como me planté en el lugar del evento con bastante antelación ya que no lo conocía, lo primero que me decepcionó fue justamente eso, el lugar del evento. Su ubicación, aunque junto a una arteria principal de la ciudad, lo hacía parecer deslucido, por mucho foco y alfombra roja que hubieran puesto a la entrada. Según me iba acercando, iba escaneando al personal que ya se agolpaba en la puerta. Las fans de la Macarrona y su novia eran fácilmente identificables por su cara de decepción (porque La Vico no venía) y nerviosismo (porque la otra sí). O por estar enganchadas al móvil, hablando con quien quizá no había podido venir, y narrándoles todo lo que iba aconteciendo. O bien probando sus cámaras digitales para que no les fallaran en el momento menos oportuno.
Me quedé unos segundos frente a la puerta de entrada observando. Vi voluntarios, muchos voluntarios, tantos que sentí una especie de envidia retroactiva. No olvidemos que, hace no tanto tiempo, yo era la que estaba en su lugar organizándolo todo (y con bastantes menos medios humanos… Humanos y de cualquier tipo, dicho sea de paso…) y la visión de todo aquello me estaba trayendo los recuerdos a la memoria como si de confeti se tratara. Lo cual me llevó a plantearme por qué me pone tanto eso de merodear por lugares en los que sé que he sido calificada persona non grata (pero que non, non, non grata, a juzgar por las miradas esquivas que ciertos miembros de la élite organizativa me echaban cuando me veían despistada. En mi descargo diré que fueron ellos los que me desterraron tras cuatro largos años de regalarles mi tiempo como voluntaria y otro año y medio de vendérselo pero que muy barato como trabajadora, así que la más ofendida, en última instancia, debería ser yo…).
Me erguí y adopté actitud profesional dirigiéndome al primer chaval uniformado con la camiseta del festival que me crucé y preguntándole dónde podía recoger mi acreditación. El chaval en cuestión me indicó que entrara y bajara unas escaleras. Al hacerlo me encontré a uno de los chicos de la organización que aún me dirige la palabra y que, pese a haber oído de mi boquita de piñón que asistiría al festival, me saludó con grandes dosis de sorpresa e incredulidad. Justo antes de recoger la acreditación fui yo la que saludó a una vieja conocida para arrepentirme en el mismo momento. Su reacción me resultó falsa y su “¡por fin has publicado!” me sonó acompañado por unas notas de rencor en el timbre de su voz que no pareció esforzarse en ocultar.
Recogí mi pase y volví al exterior por dos razones. La primera era que ya había cumplido el objetivo de ser vista por varias personas de Fundación Triángulo y hacerles poner cara de preguntarse: “¿Y esta qué coño hace aquí?” y, francamente, de momento no me apetecía tener ningún cínico e hipócrita enfrentamiento verbal. La segunda era que tenía que esperar a mi compi de piso, El Chico de la Tele, que me iba a acompañar durante la gala.
Fumé unos cuantos cigarrillos, observé el poco famoseo que iba llegando (Luci Boom Boom, Zerolín, Shangay y para de contar, chaval, que el resto sólo son conocidillos del ambiente y los colectivos gays). Y al final, necesidades fisiológicas mandan, me metí en el bar de enfrente a aliviar mi vejiga y mi boca seca con una cerveza fresquia. Y volví frente a la entrada recordando viejos tiempos, tiempos más humildes, cierto, pero también mucho más auténticos.
El Chico de la Tele llegó pocos minutos después de la hora que me había prometido. Se colgó su acreditación y entramos en la zona de, digamos, espera, donde se apiñaba la gente y dónde buscábamos, infructuosamente, caras conocidas (me refiero a conocidas e verdad, no a que yo me encontrase con la plana mayor de la Fundación Triángulo, que a esos ya me los esperaba). Y como la gente va donde va Vicente, en cuanto vimos que algunas personas se encaminaban rampa abajo a lo que parecía ser el salón de actos, allá que nos fuimos los dos.

Mucha ambientación pero de famoseo na' de na'...
Ya dentro, ni cortos ni perezosos, nos sentamos en primera fila, aprovechando la coyuntura de que eran justamente esos los asientos reservados para la prensa. La sala se iba llenando, la gente rompía a aplaudir cada pocos minutos sin motivo aparente, haciéndonos a los demás buscar infructuosamente el motivo de tales aplausos. Así pasó, que la gente aplaudía cada dos por tres y en una de esas ocasiones, no me di cuenta de que ya iba en serio hasta que tuve a Fátima Baeza, acompañada por su novio, a dos palmos de mí.
Al principio los sentaron detrás de nosotros, luego les hicieron correrse un par de asientos y a nosotros nos colocaron junto a ellos para, finalmente, colocarlos en primera fila (juro que me dieron ganas de cogerle la acreditación al que, presuntamente, organizaba el cotarro y darle un par de consejillos. Señor mío, a un invitado que tiene que subir al escenario en pocos minutos se le coloca SIEMPRE en primera fila o junto al pasillo, que vamos, que esto no son los Oscar y no hay más famosos que asientos…).

¡Pero qué ilu de verte, mari...!
Como era lógico, la gente que estaba alrededor de la Baeza y que debía conocerla de algo más que de verla todas las semanas por la tele, no tardaron en hacer la pregunta que toooda la sala (o, al menos, toooda la sección femenina de la sala) se estaba haciendo: “¿Y dónde está tu compañera? ¿No ha podido venir?”. A lo que la interpelada contestaba con una sonrisa profidén, cara de circunstancias y un muy diplomático: “No, está en Los Ángeles por motivos de trabajo”, algo que algunos ya sabíamos, verbigracia de esos mundos virtuales de circulan por la red.
Pero la ovación se la llevó, sin duda, Almodóvar. Sólo con su entrada en el auditorio consiguió que algunos de los presentes se pusieran en pie mientras aplaudían. A él le colocaron junto a Fátima Baeza (que seguro que estaba flipando, pensando “mira lo que te has perdido, Patri” y rezando para que el director se fijase en ella para un próximo proyecto) y nosotros también flipábamos ¡pero de tenerlos delante! (todos tenemos momentos frikis… este fue uno de los míos)

Les podíamos oler hasta el champú con el que se habían duchado...
Las luces se apagaron y la gente, poco a poco, fue acallando los murmullos. Un audio (muy mal editado) rompió el silencio. Con ruiditos de parque infantil y voces aún más infantiles empezó un absurdo diálogo en el que se felicitaban por cumplir diez años y parecían encantados de haberse conocido. Para mi gusto se lo podían haber ahorrado…
Entonces salió al escenario una muchachuela que, según algunas fuentes que no he podido contrastar convenientemente, se llama María Isabel Díaz y que es una de las últimas “chicas Almodóvar” (a falta de la Portillo, buenas son tortas y esta chica tenía para hacer tortas para todo el auditorio). La muchachuela se lanzó a un bonito monólogo acerca del festival, las igualdades, los logros conseguidos, bla, bla, bla,… Pausa para poner un corto, I’m so excited, montaje tipo video-clip con la canción de Pointed Sisters del mismo título y un sinfín de imágenes de películas con contenido gay y lésbico. Nuevo discursito de la feliz muchachuela, encantada de presentar tan magno evento. Pausa y silencio. Una vocecita que salía de un personaje situado en el pasillo del auditorio comienza a cantar algo parecido a una ópera. Poco después Maria Isabel nos explica que es un tal #%&$ (nombre impronunciable) y que se trata de uno de los cinco únicos hombres soprano del mundo (sutil forma de llamar a un castrati). Sale Javier López (o Gómez o algo así), secretario general de CCOO a dar un discurso. Vuelve nuestra querida Maria Isabel y comienza a sobreactuar y dice que se encuentra mal, muy mal, fatal. Pide un móvil que, amablemente, le trae un chico desde bastidores. Y dice con una sonrisa triunfal: “Creo que tengo que llamar al 112”. Acabáramos. Supongo que si La Vico no se hubiera caído del evento, habrían salido las dos a socorrer a la enferma. Pero claro, la única que salió fue Fátima Baeza y, si habían preparado algo más, se le debió olvidar mientras subía la escaleras porque lo único que hizo fue recoger el premio, hacer un poco de Heidi y volver a dar el mismo discurso que dio en la entrega de premios de la Mostra Lambda: “Ya sé que siempre digo lo mismo pero es que es verdad”. Vamos, lo de “algo tan normal como es quererse”. Que sí, que vale. Pero las fans histéricas, flasheando a la pobre muchacha y, aparentemente, habiendo olvidado que la otra premiada avisó el día anterior de su no asistencia a la gala. Y, la verdad, aunque en un momento dado, a mí la que más me pone es la que no estaba allí, agradecí enormemente que se hubiera ido a Yanquilandia porque si no, dudo que hubiera salido viva de allí (ella pero yo también porque no veáis los empujones que puede dar una fan en busca de una foto con su ídola).
Nueva pausa. Nuevo cortometraje, Aliteración, esta vez nacional y protagonizado por Daniel Freire y Juan Sinmiedo. Menuda patata. Sale Miguel Ángel Sánchez, presidente de Fundación Triángulo. Suelta un discurso de ¡cuatro páginas! que, francamente, aburría a los muertos (o será que para mí este hombre nunca ha tenido credibilidad). Me negué a hacerle fotos y me limité a sonreírme porque cada vez que el presi miraba a Almodovar me veía detrás a mí… Maria Isabel regresa y, lejos de montar ningún paripé o de hacer alguna introducción especial, directamente dice: “Por favor, que suba Almodóvar al escenario”. Mi compi y yo nos miramos incrédulos. Vamos a ver, montáis un numerito innecesario para una tía que, probablemente, no volverá a hacer nada por la visibilidad lésbica en cuanto salga de la serie en la que trabaja y a un señor que ha ganado dos Oscar y que va a pasar a la historia, ¿le mandáis subir a recoger su premio (un premio que no le hace ninguna falta) como si le fuerais a dar un par de collejas? Perdón por opinar pero me pareció una total falta de respeto. Qué menos que una mínima introducción, cuatro chanzas que, aunque este señor esté harto de oírlas, pues quedáis muy bien. En fin…
Como el Rusfi me había pedido que hiciera muchas fotos de cuando saliera Almodóvar pues allá que me lancé yo a hacer fotos como una loca. Vamos que le vi más por la pantallita de la cámara que al natural…
El auditorio se puso en pie y aplaudió cerca de un minuto. El discurso de Almodóvar, totalmente improvisado, me pareció natural y divertido, incluso hasta humilde (y que conste aquí que este señor no me vuelve loca, he visto algunas de sus películas, me han agradado y punto. Pero sé reconocer cuando alguien hace algo bueno, me guste a mí o no). Todavía con Almodóvar en el escenario, sacaron una cutre tarta con diez velas encendidas (yo llevaba ya un rato mosqueada porque no hacía más que oler a cera quemada y temía que tuviéramos que salir corriendo) que le hicieron soplar y, de repente, la sala se vio inundada por un montón de globitos de colores que la gente hacía explotar con algarabía y alborozo... Jo, jo, qué divertido...
A partir de ahí todo se convirtió en un caos. Mucha gente empezó a salir, las fans de la parejita de moda se abalanzaron a la primera fila para hacerse una foto con Fátima, conseguir un autógrafo o darle dos besos (que no entiende, chiquitinas, ¿no veis que ha venido con su novio?). Así que yo, en mi segundo momento friki de la noche, me dije: “¡Qué coño! ¿Me he pasado toda la gala al lado suyo y me voy a ir sin hacerme una foto? ¡Y una leche!”. Así que me adelanté hasta la primera fila en un par de codazos, le tendí la libreta que llevaba en el bolso y le pedí que me la firmara. Tras preguntarme mi nombre y escribirlo correctamente, me miró y me preguntó con candidez: “¿Pero es con b o con v?” (los que me conocen ya lo saben, para los que no, tengo un nombre que, a la vez, es un sustantivo bastante común y que está casi siempre en boca de todos, así que no saber que se escribe con b, denota que la ortografía nunca fue tu fuerte). “Con b, con b” le dije mientras El Chico de la Tele nos hacía una foto (foto que me guardo para mí porque mi escasa fotogenia así lo obliga, no quiero haceros pasar por ese trago, que bastante tengo con haberme visto en algunas fotos que han salido en los medios).
Me costó sangre, sudor y lágrimas alejarme de la muchacha. A las que me estaban empujando me daban ganas de decirles que me dejaran salir, que yo ya no quería nada con ella. Pero casi tengo que escalar los asientos de la primera fila para alcanzar a mi compañero. Una vez recompuesta, nos salimos fuera a fumar un merecido cigarrito. Poco después sonaba un timbre como los del patio del colegio para avisarnos de que el mediometraje que cerraba la sesión inaugural iba a dar comienzo. Entramos y comprobamos que, realmente, el cine sólo le interesaba a cuatro gatos. Y es que, con la película ya empezada, todavía se oían gritos de “¡Fátima! ¡Fátima!” al fondo…
Podría cerrar la crónica aquí pero tan sólo le voy a poner un punto y aparte porque el festival dura hasta el domingo y después de lo que he visto hoy, me temo que no va a ser la última vez que hable de él… por desgracia.
… de fondo… Nada porque me pitan los oídos. Debe ser que están hablando –mal– de mí…
Algo tan normal como quererse
El jueves 3 de noviembre era noche de premios. En Barcelona, profesionales de la comunicación y el espectáculo recogían sus Ondas, en Lisboa se entregaban los MTV Awards al ritmo del último tema de la reina del pop y en Los Ángeles, Alejandro Sanz y Juanes acaparaban galardones una vez más en la ceremonia de los Grammy Latinos.
Madrid no podía ser menos en una fastuosa noche de oropeles y caras guapas. Con motivo de la inauguración del X Festival Internacional de Cine Gai y Lésbico se celebró en el auditorio de CCOO una gala que intentó competir con las que se celebraban a su vez en las otras ciudades.
Las caras conocidas las pusieron escritoras como Lucía Etxebarría, drags multimedia como Shangay Lily y políticos fuera del armario como Pedro Zerolo junto a su flamante marido, Jesús Santos. Pero las estrellas de la velada fueron los homenajeados en la misma, los destinatarios de unos premios que, desde hace unos años, concede el festival en dos categorías, televisión y cine, a las personas que más han aportado a la igualdad y normalización de la realidad gay y lésbica. Este año los galardones recaían en el director Pedro Almodovar, por la labor realizada a lo largo de su carrera, y en las actrices Patricia Vico y Fátima Baeza, por su interpretación de una pareja de mujeres en la serie Hospital Central desde la más absoluta normalidad.
El director manchego acudió acompañado de su hermano, Agustín Almodovar, mientras que una pletórica Fátima Baeza lo hacía de la mano de su novio, el también televisivo Guillermo Ortega. La ausencia de Patricia Vico, que se encontraba en Los Ángeles por motivos laborales, apenas se hizo notar cuando una nerviosa Baeza subió a recoger su premio y volvió a dedicarlo, como ya lo hiciera en la Mostra Lambda de Barcelona, a todas las personas que han luchado y siguen luchando por algo "tan normal como es quererse". Las numerosas fans venidas de distintos puntos del país se deshicieron en aplausos y flashes ante la naturalidad y simpatía de la actriz.

Uy, mira lo que me han dao...
Pero, sin lugar a dudas, el momento álgido de la noche sucedió cuando Pedro Almodovar subió al escenario y el auditorio al completo se puso en pie para ovacionarle. Cuando por fin pudo comenzar su improvisado discurso, el director, haciendo gala de una insólita timidez, dijo no estar seguro de merecer ese premio ya que él no había sentido nunca que estuviese luchando por nada sino que, simplemente, se había mostrado tal y como era.

¡Ay, señor, otro más...!
Una tarta con diez velas, una lluvia de globos de colores, la actuación de uno de los cinco únicos hombres soprano del mundo, los discursos de Javier López, secretario de CCOO, y Miguel Ángel Sánchez, presidente de Fundación Triángulo, entidad organizadora del festival, y el visionado de dos cortos amenizaron la gala que, ya sin Almodovar ni Baeza, finalizó con la proyección del mediometraje canadiense Floored by love, que fue el encargado de dar por inaugurado un festival que se prolongará hasta el próximo 13 de noviembre.
Pero, ¿sabéis qué pasa? Que a mí el periodismo correcto y de libro de estilo me aburre bastante. Yo, que soy más de realismo sucio y de periodismo gonzo, me toca las narices la corrección política, la censura y el raro concepto de la libertad de prensa que se tiene en el sector. Así que esto es lo que ocurrió realmente. Siempre desde mi punto de vista, claro está…
Crónica de un despropósito
Como me planté en el lugar del evento con bastante antelación ya que no lo conocía, lo primero que me decepcionó fue justamente eso, el lugar del evento. Su ubicación, aunque junto a una arteria principal de la ciudad, lo hacía parecer deslucido, por mucho foco y alfombra roja que hubieran puesto a la entrada. Según me iba acercando, iba escaneando al personal que ya se agolpaba en la puerta. Las fans de la Macarrona y su novia eran fácilmente identificables por su cara de decepción (porque La Vico no venía) y nerviosismo (porque la otra sí). O por estar enganchadas al móvil, hablando con quien quizá no había podido venir, y narrándoles todo lo que iba aconteciendo. O bien probando sus cámaras digitales para que no les fallaran en el momento menos oportuno.
Me quedé unos segundos frente a la puerta de entrada observando. Vi voluntarios, muchos voluntarios, tantos que sentí una especie de envidia retroactiva. No olvidemos que, hace no tanto tiempo, yo era la que estaba en su lugar organizándolo todo (y con bastantes menos medios humanos… Humanos y de cualquier tipo, dicho sea de paso…) y la visión de todo aquello me estaba trayendo los recuerdos a la memoria como si de confeti se tratara. Lo cual me llevó a plantearme por qué me pone tanto eso de merodear por lugares en los que sé que he sido calificada persona non grata (pero que non, non, non grata, a juzgar por las miradas esquivas que ciertos miembros de la élite organizativa me echaban cuando me veían despistada. En mi descargo diré que fueron ellos los que me desterraron tras cuatro largos años de regalarles mi tiempo como voluntaria y otro año y medio de vendérselo pero que muy barato como trabajadora, así que la más ofendida, en última instancia, debería ser yo…).
Me erguí y adopté actitud profesional dirigiéndome al primer chaval uniformado con la camiseta del festival que me crucé y preguntándole dónde podía recoger mi acreditación. El chaval en cuestión me indicó que entrara y bajara unas escaleras. Al hacerlo me encontré a uno de los chicos de la organización que aún me dirige la palabra y que, pese a haber oído de mi boquita de piñón que asistiría al festival, me saludó con grandes dosis de sorpresa e incredulidad. Justo antes de recoger la acreditación fui yo la que saludó a una vieja conocida para arrepentirme en el mismo momento. Su reacción me resultó falsa y su “¡por fin has publicado!” me sonó acompañado por unas notas de rencor en el timbre de su voz que no pareció esforzarse en ocultar.
Recogí mi pase y volví al exterior por dos razones. La primera era que ya había cumplido el objetivo de ser vista por varias personas de Fundación Triángulo y hacerles poner cara de preguntarse: “¿Y esta qué coño hace aquí?” y, francamente, de momento no me apetecía tener ningún cínico e hipócrita enfrentamiento verbal. La segunda era que tenía que esperar a mi compi de piso, El Chico de la Tele, que me iba a acompañar durante la gala.
Fumé unos cuantos cigarrillos, observé el poco famoseo que iba llegando (Luci Boom Boom, Zerolín, Shangay y para de contar, chaval, que el resto sólo son conocidillos del ambiente y los colectivos gays). Y al final, necesidades fisiológicas mandan, me metí en el bar de enfrente a aliviar mi vejiga y mi boca seca con una cerveza fresquia. Y volví frente a la entrada recordando viejos tiempos, tiempos más humildes, cierto, pero también mucho más auténticos.
El Chico de la Tele llegó pocos minutos después de la hora que me había prometido. Se colgó su acreditación y entramos en la zona de, digamos, espera, donde se apiñaba la gente y dónde buscábamos, infructuosamente, caras conocidas (me refiero a conocidas e verdad, no a que yo me encontrase con la plana mayor de la Fundación Triángulo, que a esos ya me los esperaba). Y como la gente va donde va Vicente, en cuanto vimos que algunas personas se encaminaban rampa abajo a lo que parecía ser el salón de actos, allá que nos fuimos los dos.

Mucha ambientación pero de famoseo na' de na'...
Ya dentro, ni cortos ni perezosos, nos sentamos en primera fila, aprovechando la coyuntura de que eran justamente esos los asientos reservados para la prensa. La sala se iba llenando, la gente rompía a aplaudir cada pocos minutos sin motivo aparente, haciéndonos a los demás buscar infructuosamente el motivo de tales aplausos. Así pasó, que la gente aplaudía cada dos por tres y en una de esas ocasiones, no me di cuenta de que ya iba en serio hasta que tuve a Fátima Baeza, acompañada por su novio, a dos palmos de mí.
Al principio los sentaron detrás de nosotros, luego les hicieron correrse un par de asientos y a nosotros nos colocaron junto a ellos para, finalmente, colocarlos en primera fila (juro que me dieron ganas de cogerle la acreditación al que, presuntamente, organizaba el cotarro y darle un par de consejillos. Señor mío, a un invitado que tiene que subir al escenario en pocos minutos se le coloca SIEMPRE en primera fila o junto al pasillo, que vamos, que esto no son los Oscar y no hay más famosos que asientos…).

¡Pero qué ilu de verte, mari...!
Como era lógico, la gente que estaba alrededor de la Baeza y que debía conocerla de algo más que de verla todas las semanas por la tele, no tardaron en hacer la pregunta que toooda la sala (o, al menos, toooda la sección femenina de la sala) se estaba haciendo: “¿Y dónde está tu compañera? ¿No ha podido venir?”. A lo que la interpelada contestaba con una sonrisa profidén, cara de circunstancias y un muy diplomático: “No, está en Los Ángeles por motivos de trabajo”, algo que algunos ya sabíamos, verbigracia de esos mundos virtuales de circulan por la red.
Pero la ovación se la llevó, sin duda, Almodóvar. Sólo con su entrada en el auditorio consiguió que algunos de los presentes se pusieran en pie mientras aplaudían. A él le colocaron junto a Fátima Baeza (que seguro que estaba flipando, pensando “mira lo que te has perdido, Patri” y rezando para que el director se fijase en ella para un próximo proyecto) y nosotros también flipábamos ¡pero de tenerlos delante! (todos tenemos momentos frikis… este fue uno de los míos)

Les podíamos oler hasta el champú con el que se habían duchado...
Las luces se apagaron y la gente, poco a poco, fue acallando los murmullos. Un audio (muy mal editado) rompió el silencio. Con ruiditos de parque infantil y voces aún más infantiles empezó un absurdo diálogo en el que se felicitaban por cumplir diez años y parecían encantados de haberse conocido. Para mi gusto se lo podían haber ahorrado…
Entonces salió al escenario una muchachuela que, según algunas fuentes que no he podido contrastar convenientemente, se llama María Isabel Díaz y que es una de las últimas “chicas Almodóvar” (a falta de la Portillo, buenas son tortas y esta chica tenía para hacer tortas para todo el auditorio). La muchachuela se lanzó a un bonito monólogo acerca del festival, las igualdades, los logros conseguidos, bla, bla, bla,… Pausa para poner un corto, I’m so excited, montaje tipo video-clip con la canción de Pointed Sisters del mismo título y un sinfín de imágenes de películas con contenido gay y lésbico. Nuevo discursito de la feliz muchachuela, encantada de presentar tan magno evento. Pausa y silencio. Una vocecita que salía de un personaje situado en el pasillo del auditorio comienza a cantar algo parecido a una ópera. Poco después Maria Isabel nos explica que es un tal #%&$ (nombre impronunciable) y que se trata de uno de los cinco únicos hombres soprano del mundo (sutil forma de llamar a un castrati). Sale Javier López (o Gómez o algo así), secretario general de CCOO a dar un discurso. Vuelve nuestra querida Maria Isabel y comienza a sobreactuar y dice que se encuentra mal, muy mal, fatal. Pide un móvil que, amablemente, le trae un chico desde bastidores. Y dice con una sonrisa triunfal: “Creo que tengo que llamar al 112”. Acabáramos. Supongo que si La Vico no se hubiera caído del evento, habrían salido las dos a socorrer a la enferma. Pero claro, la única que salió fue Fátima Baeza y, si habían preparado algo más, se le debió olvidar mientras subía la escaleras porque lo único que hizo fue recoger el premio, hacer un poco de Heidi y volver a dar el mismo discurso que dio en la entrega de premios de la Mostra Lambda: “Ya sé que siempre digo lo mismo pero es que es verdad”. Vamos, lo de “algo tan normal como es quererse”. Que sí, que vale. Pero las fans histéricas, flasheando a la pobre muchacha y, aparentemente, habiendo olvidado que la otra premiada avisó el día anterior de su no asistencia a la gala. Y, la verdad, aunque en un momento dado, a mí la que más me pone es la que no estaba allí, agradecí enormemente que se hubiera ido a Yanquilandia porque si no, dudo que hubiera salido viva de allí (ella pero yo también porque no veáis los empujones que puede dar una fan en busca de una foto con su ídola).
Nueva pausa. Nuevo cortometraje, Aliteración, esta vez nacional y protagonizado por Daniel Freire y Juan Sinmiedo. Menuda patata. Sale Miguel Ángel Sánchez, presidente de Fundación Triángulo. Suelta un discurso de ¡cuatro páginas! que, francamente, aburría a los muertos (o será que para mí este hombre nunca ha tenido credibilidad). Me negué a hacerle fotos y me limité a sonreírme porque cada vez que el presi miraba a Almodovar me veía detrás a mí… Maria Isabel regresa y, lejos de montar ningún paripé o de hacer alguna introducción especial, directamente dice: “Por favor, que suba Almodóvar al escenario”. Mi compi y yo nos miramos incrédulos. Vamos a ver, montáis un numerito innecesario para una tía que, probablemente, no volverá a hacer nada por la visibilidad lésbica en cuanto salga de la serie en la que trabaja y a un señor que ha ganado dos Oscar y que va a pasar a la historia, ¿le mandáis subir a recoger su premio (un premio que no le hace ninguna falta) como si le fuerais a dar un par de collejas? Perdón por opinar pero me pareció una total falta de respeto. Qué menos que una mínima introducción, cuatro chanzas que, aunque este señor esté harto de oírlas, pues quedáis muy bien. En fin…
Como el Rusfi me había pedido que hiciera muchas fotos de cuando saliera Almodóvar pues allá que me lancé yo a hacer fotos como una loca. Vamos que le vi más por la pantallita de la cámara que al natural…
El auditorio se puso en pie y aplaudió cerca de un minuto. El discurso de Almodóvar, totalmente improvisado, me pareció natural y divertido, incluso hasta humilde (y que conste aquí que este señor no me vuelve loca, he visto algunas de sus películas, me han agradado y punto. Pero sé reconocer cuando alguien hace algo bueno, me guste a mí o no). Todavía con Almodóvar en el escenario, sacaron una cutre tarta con diez velas encendidas (yo llevaba ya un rato mosqueada porque no hacía más que oler a cera quemada y temía que tuviéramos que salir corriendo) que le hicieron soplar y, de repente, la sala se vio inundada por un montón de globitos de colores que la gente hacía explotar con algarabía y alborozo... Jo, jo, qué divertido...
A partir de ahí todo se convirtió en un caos. Mucha gente empezó a salir, las fans de la parejita de moda se abalanzaron a la primera fila para hacerse una foto con Fátima, conseguir un autógrafo o darle dos besos (que no entiende, chiquitinas, ¿no veis que ha venido con su novio?). Así que yo, en mi segundo momento friki de la noche, me dije: “¡Qué coño! ¿Me he pasado toda la gala al lado suyo y me voy a ir sin hacerme una foto? ¡Y una leche!”. Así que me adelanté hasta la primera fila en un par de codazos, le tendí la libreta que llevaba en el bolso y le pedí que me la firmara. Tras preguntarme mi nombre y escribirlo correctamente, me miró y me preguntó con candidez: “¿Pero es con b o con v?” (los que me conocen ya lo saben, para los que no, tengo un nombre que, a la vez, es un sustantivo bastante común y que está casi siempre en boca de todos, así que no saber que se escribe con b, denota que la ortografía nunca fue tu fuerte). “Con b, con b” le dije mientras El Chico de la Tele nos hacía una foto (foto que me guardo para mí porque mi escasa fotogenia así lo obliga, no quiero haceros pasar por ese trago, que bastante tengo con haberme visto en algunas fotos que han salido en los medios).
Me costó sangre, sudor y lágrimas alejarme de la muchacha. A las que me estaban empujando me daban ganas de decirles que me dejaran salir, que yo ya no quería nada con ella. Pero casi tengo que escalar los asientos de la primera fila para alcanzar a mi compañero. Una vez recompuesta, nos salimos fuera a fumar un merecido cigarrito. Poco después sonaba un timbre como los del patio del colegio para avisarnos de que el mediometraje que cerraba la sesión inaugural iba a dar comienzo. Entramos y comprobamos que, realmente, el cine sólo le interesaba a cuatro gatos. Y es que, con la película ya empezada, todavía se oían gritos de “¡Fátima! ¡Fátima!” al fondo…
Podría cerrar la crónica aquí pero tan sólo le voy a poner un punto y aparte porque el festival dura hasta el domingo y después de lo que he visto hoy, me temo que no va a ser la última vez que hable de él… por desgracia.
… de fondo… Nada porque me pitan los oídos. Debe ser que están hablando –mal– de mí…
¡Hay prisa, hay prisa...!
No, si no he escrito antes no ha sido porque el público se me echara encima en la presentación y hubieran acabado conmigo (aunque sé que a algun@s les hubiera hecho mucha ilusión). La realidad es mucho más vulgar y es que con mi madre aquí no me queda mucho tiempo libre. Aparte de que estoy de lo más irritable. Mi madre, como todas las madres, tiene esa innata habilidad de ponerme a mil con un sólo gesto...
Aunque hubo algún que otro comentario (ya te invitaré a la próxima, Top) pidiendo información acerca de la tan manida presentación de la cual mi menda iba a ser la protagonista, preferí y sigo prefiriendo seguir en el anonimato. Pese a que, en mi opinión, he dado algunas pistas que conducen fácilmente al descubrimiento de mi identidad, no quiero dar más datos. ¿Que por qué cuento entonces toda la historia de mis libros y la presentación y demás? Pues muy sencillo, es una faceta de mi vida importante y sin la cual no se entenderían muchas cosas de mi vida cotidiana (¿cómo si no iba a explicar yo el ataque de nervios que me dominaba la semana pasada...?). No es tanto afán de protagonismo como perplejidad. Perplejidad y asombro provocados por las cosas que veo y las personas que conozco en determinados "mundillos" y "ambientes".
En fin, que tampoco es plan de enrrollarse. ¿Que qué tal la presentación? Pues la verdad es que mejor de lo que esperaba. Pero empecemos por el principio.
Mi madre aterrizó en los Madriles el pasado jueves y desde que puso el pie en tierra firme, su visita se ha convertido en un cúmulo de despropósitos. Llegó más tarde lo qe había planeado por lo que la sesión de compras del jueves la tuvimos que posponer al viernes a mediodía, sacrificando las dos horas de permiso que había pedido en el curro para tener tiempo de ir a casa, ducharme y arreglarme con calma. Pese a ello a las cuatro y media de la tarde, dejé a mi madre en casa medio arreglada. Yo había quedado a las cinco en la Fnac con el editor adjunto y con la escritora que iba a conducir la presentación. Esta iba a ser a las siete. Yo creo que había tiempo de sobra, teniendo en cuenta que vivo a veinte escasos minutos de Callao (en metro, claro).
Bueno, pues yo charlé con los antes mencionados y un rato antes de las siete nos encaminamos al forum de la Fnac. Mis amigos poco a poco iban llegando pero ni a mi madre ni a mi abuela se les veía el pelo. Esperamos y esperamos hasta que ya no pudimos esperar más. Aunque no hubo gente que se tuviera que quedar de pie como en la presentación de mi primera novela (aunque a algunas personas sí me pareció ver de pie) creo que no quedaron asientos libres aún a costa de que algunos de ellos fueran ocupados por una delegación del Imserso que no sé qué demonios hacía por allí. Mi editor y la escritora comenzaron a halar y luego a preguntarme cosas del libro (lo que habíamos acordado) y yo, que al principio estaba cortadísima, acabé pensando: "¡Oh, dios" ¡Quiero más, quiero más, quiero seguir rajando una hora más por lo menos!". Vamos, que cualquiera habría dicho que tan sólo veinticuatro horas antes tenía los hombros rígidos por la tensión y los nervios.
En esta ocasión sí hubo preguntas, una espontánea y otras dos del impresentable del Rusfi, proyecto de periodista del corazón, al que casi fulmino con la mirada cuando me preguntó: "Se nota un cambio entre tu anterior novela y esta en la forma en que presentas las relaciones, ¿te ha ocurrido algo en este lapso de tiempo que te haya hecho adoptar la postura cínica de la protagonista?". Bueno, era algo así. A punto estuve de decirle que era un cabroncete con la mejor de mis sonrisas. Pero no, una que ya tiene algunas tablas, contestó esquivando el componente morboso de la pregunta y me quedé más ancha que larga... Ay, Rusfi, Rusfi, corazón, en que compromisos me pones... Jejeje...
Al acabar la presentación vi que mi abuela sí que había llegado. Y otra mucha gente a la que antes no había visto. Pero mi madre no. Eso ya era raro. Mi madre había venido ex profeso a Madrid para asistir a la presentación y, ¿se la va a perder? Rarou, rarou, rarou,...
Me puse a firmar libros e incluso hasta los posters de la portada que los de la Fnac habían colocado alrededor de la mesa. Y, de repente, vi que mi madre llegaba al forum apresuradísima. Y la explicación era la lógica: Mi madre, que es muy poco formal y muy poco puntual, que siempre va con el tiempo pegado al culo, había salido de mi casa a las siete menos cinco (recordemos que la presentación era a las siete, aunque finalmente empezara a las siete y cuarto) y, con la que estaba cayendo, no se le ocurrió nada más ingenioso que cogerse un taxi. Y, claro, le pilló un accidente, varios embotellamientos e, incluso, se tropezó y se cayó al suelo, ya en Callao, cuando se bajó del taxi. La verdad es que a mí hasta me parecía de película cómica pero, por supuesto, maldita la gracia que le hacía a mi madre...
En resumidas cuentas, que tampoco fue para tanto, que los nervios se me fueron enseguida y que ya puedo mirar al público sin sentirme incómoda. Algo es algo, ¿no? El problema es que para cuando me tenga que enfrentar a la siguiente, esta ya habrá quedado atrás y yo me pasaré el mes anterior hecha un manojito de nervios. Vamos, como si lo viera...
Lo más irónico de la noche es que, consecuentemente, tras liberar la tensión, me fui desplomando de cansancio poco a poco. con lo que no contaba yo fue con que mi madre tuviera tantas ganas e juerga. Y a las tres de la mañana tuvimos una fenomental bronca ya que ella quería entrar a Ohm y yo me quería ir a casa a dormir (teníamos comida familiar al día siguiente). Gané yo pero a costa de no volver a dirigirnos la palabra hasta el día siguiente. Lo cachondo del asunto hubiera sido preguntarle al Rusfi y a los demás quién parecía la madre y quién la hija...
Pero vamos, que tampoco es plan de aburriros con las discusiones generacionales entre mi madre y yo. Ni con que cada vez que abre la boca, mete la pata hasta el fondo y un poco más. Ayer se fue a pasar unos días con mis abuelos y yo he recuperado mi espacio, mi tranquilidad y ¡vuelvo a tener mi cama entera para mí! (lo admito, no me gusta domir acompañada... soy muy rarita en esas cosas). Aunque volverá mañana se va el sábado o el domingo y nuestra relación volverá a ser estrictamente telefónica, que es el modo en que mejor nos llevamos. (Y para quien crea que soy excesivamente dura, no todo es tan fácil como parece ni tengo que contar todo, claro está. Y aunque es cierto aquello de que un padre juzgando a un hijo jamás será tan dura como un hijo juzgando a un padre, en casos como el mío es muy difícil hacer la vista gorda...).
Lo único que me ha alegrado es que captó al vuelo que no era factible que se viniera conmigo a la inauguración del Festival de Cine Gay. Y s que yo aún sigo teniendo mis dudas de que pueda entrar. al final el Rusfi no viene conmigo sino que se viene mi otro compañero de piso (del que no os he hablado pero es que es tan normal... El chico trabaja en televisión, así que está familiarizado con el rollo). Y, bueno, la gala no sé yo si será lo que mucho (sobre todo los organizadores) se esperan. Anoche estuve leyendo los nombres de los asistentes (de piedra me quedé al ver el nombre de determinada persona entre el jurado, ¡si ésa era enemiga acérrima del presidente vitalicio de Fundación Triángulo) y me encontré con la noticia de que La Vico no iba a asistir a la entrega de premios porque se encuentra en los e e u u por motivos profesionals. Y que conste que yo ya dije que La Vico, consciente del poder de convocatoria que tiene y que es la que más pasiones levanta, se le estaba subiendo a la cabeza y empezaba a ir de estrella. Lo que pasa es que le di mucho tiempo para que se convirtiera en una petarda. Así que siguiendo con las predicciones, reina mora, un par de desplantes más como este y vas a pasar de estrella rutilante a meteorito estrellado.
La noticia no aparecía en la página oficial del festival (sí, esa que actualizan cada siglo y medio, más o menos) sino en un par de foros de fans fatales e histéricas de la muchacha esta que, además, están en contacto con la agente de la susodicha, así que, aunque no se trate de una fuente muy fiable, de momento me parece válida... Así que si antes temía por mi integridad física y me veía siendo sepultada por una avalancha de lesbianas en celo, ahora me veo sepultada por una horda de fans indignadas y cabreadas... Y es que en los foros a la chavala le estaban diciendo anoche de todo menos bonita...
Pero no sólo es que se les haya caído la chica de moda (bueno, su novia de ficción, Fátima Baeza, sí que asistirá. Olé por ella, no será tan mona como la otra pero seguro que es diez veces más maja), sino que también la presentadora de la gala, Blanca Portillo (la Carlota de 7 vidas que, al parecer, comparte la misma impresentable agente con La Vico) se ha descolgado del acto al saberse que la primera no aparecería. Y teniendo en cuenta que yo no me acabo de creer que Almodóvar haya accedido a asistir (cuando yo estaba en la organización intentamos invitarlo varias veces y, vamos, como quien oye llover) al final la persona más famosa que andará por allí será Belén Esteban, que debuta como actriz en uno de los cortos que se exhibirán... ¡Joder, que Halloween ya ha pasado!
Pues nada, pequeñuel@s, si queréis saber más, mañana la crónica del Festival. O, en su defecto, durante el fin de semana.
¡Sed malos que es más divertido!
P.D.: El día de la presentación, gracias a la encomiable labor materna de observarme con esa sagaz mirada de microscopio infalible, descubrí algo que me ha sumido en una gran depresión. Mientras volvíamos a casa en metro a la hora de comer, mi madre se puso a hurgarme en el pelo para descubrir, fatídicamente, ¡mi primera cana!
Pasé ocho estaciones con el cuerpo del delito en la mano, mirándola y sin acabar de creerlo. La tiré al llegar a la estación, más que nada porque ¡tenía más!
...de fondo Mi primera cana de Estopa
Aunque hubo algún que otro comentario (ya te invitaré a la próxima, Top) pidiendo información acerca de la tan manida presentación de la cual mi menda iba a ser la protagonista, preferí y sigo prefiriendo seguir en el anonimato. Pese a que, en mi opinión, he dado algunas pistas que conducen fácilmente al descubrimiento de mi identidad, no quiero dar más datos. ¿Que por qué cuento entonces toda la historia de mis libros y la presentación y demás? Pues muy sencillo, es una faceta de mi vida importante y sin la cual no se entenderían muchas cosas de mi vida cotidiana (¿cómo si no iba a explicar yo el ataque de nervios que me dominaba la semana pasada...?). No es tanto afán de protagonismo como perplejidad. Perplejidad y asombro provocados por las cosas que veo y las personas que conozco en determinados "mundillos" y "ambientes".
En fin, que tampoco es plan de enrrollarse. ¿Que qué tal la presentación? Pues la verdad es que mejor de lo que esperaba. Pero empecemos por el principio.
Mi madre aterrizó en los Madriles el pasado jueves y desde que puso el pie en tierra firme, su visita se ha convertido en un cúmulo de despropósitos. Llegó más tarde lo qe había planeado por lo que la sesión de compras del jueves la tuvimos que posponer al viernes a mediodía, sacrificando las dos horas de permiso que había pedido en el curro para tener tiempo de ir a casa, ducharme y arreglarme con calma. Pese a ello a las cuatro y media de la tarde, dejé a mi madre en casa medio arreglada. Yo había quedado a las cinco en la Fnac con el editor adjunto y con la escritora que iba a conducir la presentación. Esta iba a ser a las siete. Yo creo que había tiempo de sobra, teniendo en cuenta que vivo a veinte escasos minutos de Callao (en metro, claro).
Bueno, pues yo charlé con los antes mencionados y un rato antes de las siete nos encaminamos al forum de la Fnac. Mis amigos poco a poco iban llegando pero ni a mi madre ni a mi abuela se les veía el pelo. Esperamos y esperamos hasta que ya no pudimos esperar más. Aunque no hubo gente que se tuviera que quedar de pie como en la presentación de mi primera novela (aunque a algunas personas sí me pareció ver de pie) creo que no quedaron asientos libres aún a costa de que algunos de ellos fueran ocupados por una delegación del Imserso que no sé qué demonios hacía por allí. Mi editor y la escritora comenzaron a halar y luego a preguntarme cosas del libro (lo que habíamos acordado) y yo, que al principio estaba cortadísima, acabé pensando: "¡Oh, dios" ¡Quiero más, quiero más, quiero seguir rajando una hora más por lo menos!". Vamos, que cualquiera habría dicho que tan sólo veinticuatro horas antes tenía los hombros rígidos por la tensión y los nervios.
En esta ocasión sí hubo preguntas, una espontánea y otras dos del impresentable del Rusfi, proyecto de periodista del corazón, al que casi fulmino con la mirada cuando me preguntó: "Se nota un cambio entre tu anterior novela y esta en la forma en que presentas las relaciones, ¿te ha ocurrido algo en este lapso de tiempo que te haya hecho adoptar la postura cínica de la protagonista?". Bueno, era algo así. A punto estuve de decirle que era un cabroncete con la mejor de mis sonrisas. Pero no, una que ya tiene algunas tablas, contestó esquivando el componente morboso de la pregunta y me quedé más ancha que larga... Ay, Rusfi, Rusfi, corazón, en que compromisos me pones... Jejeje...
Al acabar la presentación vi que mi abuela sí que había llegado. Y otra mucha gente a la que antes no había visto. Pero mi madre no. Eso ya era raro. Mi madre había venido ex profeso a Madrid para asistir a la presentación y, ¿se la va a perder? Rarou, rarou, rarou,...
Me puse a firmar libros e incluso hasta los posters de la portada que los de la Fnac habían colocado alrededor de la mesa. Y, de repente, vi que mi madre llegaba al forum apresuradísima. Y la explicación era la lógica: Mi madre, que es muy poco formal y muy poco puntual, que siempre va con el tiempo pegado al culo, había salido de mi casa a las siete menos cinco (recordemos que la presentación era a las siete, aunque finalmente empezara a las siete y cuarto) y, con la que estaba cayendo, no se le ocurrió nada más ingenioso que cogerse un taxi. Y, claro, le pilló un accidente, varios embotellamientos e, incluso, se tropezó y se cayó al suelo, ya en Callao, cuando se bajó del taxi. La verdad es que a mí hasta me parecía de película cómica pero, por supuesto, maldita la gracia que le hacía a mi madre...
En resumidas cuentas, que tampoco fue para tanto, que los nervios se me fueron enseguida y que ya puedo mirar al público sin sentirme incómoda. Algo es algo, ¿no? El problema es que para cuando me tenga que enfrentar a la siguiente, esta ya habrá quedado atrás y yo me pasaré el mes anterior hecha un manojito de nervios. Vamos, como si lo viera...
Lo más irónico de la noche es que, consecuentemente, tras liberar la tensión, me fui desplomando de cansancio poco a poco. con lo que no contaba yo fue con que mi madre tuviera tantas ganas e juerga. Y a las tres de la mañana tuvimos una fenomental bronca ya que ella quería entrar a Ohm y yo me quería ir a casa a dormir (teníamos comida familiar al día siguiente). Gané yo pero a costa de no volver a dirigirnos la palabra hasta el día siguiente. Lo cachondo del asunto hubiera sido preguntarle al Rusfi y a los demás quién parecía la madre y quién la hija...
Pero vamos, que tampoco es plan de aburriros con las discusiones generacionales entre mi madre y yo. Ni con que cada vez que abre la boca, mete la pata hasta el fondo y un poco más. Ayer se fue a pasar unos días con mis abuelos y yo he recuperado mi espacio, mi tranquilidad y ¡vuelvo a tener mi cama entera para mí! (lo admito, no me gusta domir acompañada... soy muy rarita en esas cosas). Aunque volverá mañana se va el sábado o el domingo y nuestra relación volverá a ser estrictamente telefónica, que es el modo en que mejor nos llevamos. (Y para quien crea que soy excesivamente dura, no todo es tan fácil como parece ni tengo que contar todo, claro está. Y aunque es cierto aquello de que un padre juzgando a un hijo jamás será tan dura como un hijo juzgando a un padre, en casos como el mío es muy difícil hacer la vista gorda...).
Lo único que me ha alegrado es que captó al vuelo que no era factible que se viniera conmigo a la inauguración del Festival de Cine Gay. Y s que yo aún sigo teniendo mis dudas de que pueda entrar. al final el Rusfi no viene conmigo sino que se viene mi otro compañero de piso (del que no os he hablado pero es que es tan normal... El chico trabaja en televisión, así que está familiarizado con el rollo). Y, bueno, la gala no sé yo si será lo que mucho (sobre todo los organizadores) se esperan. Anoche estuve leyendo los nombres de los asistentes (de piedra me quedé al ver el nombre de determinada persona entre el jurado, ¡si ésa era enemiga acérrima del presidente vitalicio de Fundación Triángulo) y me encontré con la noticia de que La Vico no iba a asistir a la entrega de premios porque se encuentra en los e e u u por motivos profesionals. Y que conste que yo ya dije que La Vico, consciente del poder de convocatoria que tiene y que es la que más pasiones levanta, se le estaba subiendo a la cabeza y empezaba a ir de estrella. Lo que pasa es que le di mucho tiempo para que se convirtiera en una petarda. Así que siguiendo con las predicciones, reina mora, un par de desplantes más como este y vas a pasar de estrella rutilante a meteorito estrellado.
La noticia no aparecía en la página oficial del festival (sí, esa que actualizan cada siglo y medio, más o menos) sino en un par de foros de fans fatales e histéricas de la muchacha esta que, además, están en contacto con la agente de la susodicha, así que, aunque no se trate de una fuente muy fiable, de momento me parece válida... Así que si antes temía por mi integridad física y me veía siendo sepultada por una avalancha de lesbianas en celo, ahora me veo sepultada por una horda de fans indignadas y cabreadas... Y es que en los foros a la chavala le estaban diciendo anoche de todo menos bonita...
Pero no sólo es que se les haya caído la chica de moda (bueno, su novia de ficción, Fátima Baeza, sí que asistirá. Olé por ella, no será tan mona como la otra pero seguro que es diez veces más maja), sino que también la presentadora de la gala, Blanca Portillo (la Carlota de 7 vidas que, al parecer, comparte la misma impresentable agente con La Vico) se ha descolgado del acto al saberse que la primera no aparecería. Y teniendo en cuenta que yo no me acabo de creer que Almodóvar haya accedido a asistir (cuando yo estaba en la organización intentamos invitarlo varias veces y, vamos, como quien oye llover) al final la persona más famosa que andará por allí será Belén Esteban, que debuta como actriz en uno de los cortos que se exhibirán... ¡Joder, que Halloween ya ha pasado!
Pues nada, pequeñuel@s, si queréis saber más, mañana la crónica del Festival. O, en su defecto, durante el fin de semana.
¡Sed malos que es más divertido!
P.D.: El día de la presentación, gracias a la encomiable labor materna de observarme con esa sagaz mirada de microscopio infalible, descubrí algo que me ha sumido en una gran depresión. Mientras volvíamos a casa en metro a la hora de comer, mi madre se puso a hurgarme en el pelo para descubrir, fatídicamente, ¡mi primera cana!
Pasé ocho estaciones con el cuerpo del delito en la mano, mirándola y sin acabar de creerlo. La tiré al llegar a la estación, más que nada porque ¡tenía más!
...de fondo Mi primera cana de Estopa