Arrieritos somos...
...y en el camino nos encontraremos
Arrierita...
Acercándome peligrosamente a los treinta alucino día tras día.. Quizá por eso sigo teniendo un blog...
Por si me escribes...
  • arrierita@gmail.com
  • No te pierdas...
  • Las Polinenas
  • En el metro voy leyendo...
    Y en la mesilla de noche tengo...
    Lo último que he visto...
    Cotilleo...
    Las nenas...
    Y más nenas...
    Y algunos nenes...
    Otras cositas interesantes...
    Suscríbete
     
    El último post... de 2005
    -15:14h.: La Arrierita, tras mucho luchar con la Arrierita Vaga, consigue poner el pie en el suelo. Tras orientarse, coge una toalla y se arrastra hasta la ducha. Mientras está en la ducha escucha cómo sus dos teléfonos -móvil y fijo- berrean cosa fina reclamando su presencia pero hace mucho que dejo de salir de la ducha chorreando agua y con la toalla mal atada al cuerpo.

    -15:32h.: Arrierita vuelve de nuevo a su cuarto-fortaleza y se enfunda en unos vaqueros y un jersey, porque prefiere la comodidad (ya lo pasó bastante mal en la cena de empresa). Husmeando en el cajón de la ropa interior, encuentra un tanga rojo de encaje que su madre le regaló meses ha y que aún no ha estrenado. No es supersticiosa pero por si las flies... Tras ponérselo decide concertar una cita la semana que viene con su depiladora personal. La abstinencia sexual está asilvestrando demasiado su cuerpo...

    -15:45h.: Arrierita baja a la calle al pobre Chucho Infernal cuyos gemidos de desesperación ya alcanzaban una cantidad de decibelios insoportable.

    -16:00h.: Arrierita habla con El Ilustre Bifuncionario para preguntarle qué lleva. Él le cuenta lo que ya tiene y le dice que traiga la bebida que le guste a ella. Arrierita teme que si lo hace acabe bebiéndose ella solita una botella de Ballantines...

    -16:30h.: Arrierita no puede evitar la tentación y se sienta a escribir el último post de este año.

    Y ahora podría hacer el típico balance final o enumerar mi lista de buenos propósitos para 2006 o... o... Pero no hay tiempo. Desde pequeñita he sentido una prisa incontenible el día de Nochevieja aunque me levantara a las nueve de la mañana. Ahora que soy mayorcita lo que siento es que voy a llegar tarde de verdad porque realmente tengo prisa. En menos de dos horas tengo que estar en la otra punta de Madrid en casa de JM y El Sevillano y antes de eso quisiera comer algo, comprar tabaco (que luego sé que será difícil), vino para la cena y whisky para la fiesta... Afortunadamente, el noble propósito de limpiar el piso (por eso de recibir el nuevo año con todo limpio y en su sitio) lo deseché al ver que mi narcoleptia matutina me impedía alejarme de la cama...

    Así que nada, me repito en lo que dije ayer. Que lo paséis muy bien esta noche, que el año que empieza sea mejor que el anterior y que mañana (o en su defecto el lunes, que ya sé que las resacas son muuuu malas) quiero leer crónicas de noches apocalipticas y sicalipticas en mis blogs favoritos...

    ...de fondo I love New York de Madonna
     
    Dios baja a la oficina
    Días como hoy (o como el viernes pasado) son los que te llevan a preguntarte por el origen del sadismo empresarial. ¿A santo de qué venimos a currar si lo último que hacemos es justo eso, currar?

    Hoy, he desayunado dos veces (sin contar la de casa, que hoy, la verdad, no me ha dado tiempo), me he descojonado de Supermamá cuando ha abierto una presentación de Power Point de chicos mazas que acababa con un gif animado de chicos en cueros cuyos penes se movían arriba y abajo de forma harto jocosa (las demás lo vimos ayer pero es que Supermamá estaba en casa porque su Superniño estaba malito) y hemos pasado media mañana de cháchara recordando pasadas Nocheviejas (es decir, una versión juerguista del Cuento de Navidad) y añorando la ilusión que nos embargaba a todas ante la inminente llegada de los Reyes Magos.

    Ya desde el mediodía estábamos en permanente contacto con "Los Otros" para enterarnos cuanto antes del momento en que nos daban vía libre para dar por terminado el año laboral. Pero los muy c... se han hecho de rogar.

    Como no teníamos mucho que hacer, ya a partir de la una hemos empezado a amenazar con tomar por asalto la taberna de al lado y apropiarnos de algunas bebidas espirituosas y algo de picar. Pero Jefa, que por algo lleva como veinte años en la empresa, nos ha contenido aduciendo que quizá recibiéramos una visita para felicitarnos el año y que más valía que aparentásemos estar muy atareadas.

    Y así ha sido. Justo en un momento en el que las seis estábamos cumpliendo a la perfección nuestro papel de aplicadas curritas, la puerta se ha abierto y por ella ha aparecido Él, El Gran Jefazo, El Altísimo, El Boss, El Presi, en definitiva, el que se ha apropiado el papel de Dios en esta empresa "Fundada en...".

    Ni La Pija ni yo le conocíamos todavía puesto que hemos sido las últimas en incorporarnos. Pero, por supuesto, habíamos oído hablar de él hasta el hartazgo y enseguida hemos averiguado su identidad.

    Mayor de sesenta, con traje (pero, vamos, no os esperéis la elegancia de un George Clooney cualquiera, que este parecía sacado de las rebajas de Cortefiel) y un vulgar abrigo echado sobre los hombros. Pero lo que le delataba era la actitud de saberse poseedor de cada centimetro de suelo que pisaba y su forma de hablar, con un ligero acento francés, que denotaba el saberse respetado y temido por la plebe. Se ha paseado por la oficina repartiendo besos y felicitaciones de año nuevo sin perder ojo de la superficie de las mesas, comprobando que sobre ella sólo había papeles y no ningún otro objeto delator que le hiciera saber que hoy, de currar, nada de nada.

    Cuando me ha llegado el turno a mí, se ha acercado a mi mesa y ha dicho que no me conocía pero que feliz año igualmente (pues estaría bueno...). Me he levantado, le he dado los dos besos de rigor y me he vuelto a sentar para continuar con la apasionante tarea que tenía entre manos. Ni siquiera me he percatado que todas estaban de pie en posición de firmes.

    Pero lo mejor ha sido La Pija, muy de mundo ella y derrochando extroversión. Se ha acercado a él en dos zancadas diciendo: "Hola, soy La Pija" y propinándole dos efusivos besos y un casi-medio-abrazo que nos ha servido para descojonarnos a su costa durante más de una hora en la taberna de al lado.

    Y es que La Pija, al igual que yo y otra mucha gente, tiene la costumbre de, cuando da dos besos a alguien, agarrarle del hombro, del brazo, vamos, de establecer un contacto físico más próximo que esos dos besos de cortesía que tantas veces se dan al aire. Y, claro, para el resto de las chicas ese simple contacto físico les ha parecido un abrazo de lo más jocoso al Gran Jefe.

    Por supuesto, desde hoy La Pija ha ampliado su apodo y así se lo he dicho: "Para mí, a partir de ahora, serás ¡La Teletubby Pija!" y nos hemos fundido en un efusivo abrazo...

    He llegado a casa un pelín perjudicada por las cañas y ya notando los primeros estragos de la dichosa Ley Antitabaco (no me han podido vender en un kiosko de prensa). Me he echado un ratín y ya estoy un poco más repuesta para acabar el año.

    Aunque, de todas formas, mi nochevieja va a ser de lo más tranquilita. Primero, cena en casa de JM y El Sevillano, acompañada de (además de por ellos) la mami de JM y los padres de El Sevillano. Y luego traslado a casa de El Ilustre Bifuncionario y Su Señor Marido a pasar la noche raja que te raja con ellos y algunos más...

    Así que, como no sé si mañana me pasaré por aquí, que todas y todos paséis una noche inolvidable y que en el 2006 nos sigamos leyendo.

    P.D.: Antes de irme no puedo evitar poneros la foto que tanto impacto le ha causado a Supermamá. Dedicada a los chicos gays y chicas heteros que también me leen.

    ¡¡¡FELIZ 2006!!!



    ...de fondo Sorry de Madonna (seguro que mañana por la noche ya la empezaréis a bailar en algún garito)
     
    Duda existencial
    Que soy un desastre, nunca lo he negado. Que llevo una temporada con las hormonas alteradas, ya lo he contado en un par de ocasiones. Que llevo esa misma temporada sin hacer nada a derechas, más de lo mismo. Pero hoy me acabo de dar cuenta de que mi dejadez en determinados aspectos de la vida cotidiana empieza a ser preocupante.

    Si me habéis leído alguna vez, os podéis hacer una idea de cuánto tiempo paso por las tardes sentada frente al ordenador (mucho, en cualquier caso). Pues hace un momento, cuando me he levantado para ir a prepararme algo de cena y he cogido el cenicero para vaciarlo, me he percatado de que esto estaba sobre el escritorio, completamente mimetizado con el entorno.



    Y pensaréis: Sí, es una bolsa, ¿qué tiene de raro? Bueno, pues entonces yo os explicaré que es la bolsa en donde llevo los tupper con la comida al trabajo.

    Teniendo en cuenta que debo llevar como dos semanas sin cocinar y, en consecuencia, comiendo en el Fres·co que hay al lado del curro, y que yo soy de las que prefiero fregar el susodicho tupper en mi casa en lugar de en el lavabo del servicio de la ofi, mi pregunta es:

    ¿Me aventuro a sacar su contenido o directamente tiro la bolsa a la basura mirando hacia otra parte?

    ...de fondo One word de Kelly Osbourne

     
    Nueve años
    Hoy, poniéndome al día en mis blogs favoritos, me he llevado algunas sorpresas. La primera al leer al Ave (recién bautizada como el Aviaducto) y encontrarme que enlazaba mi post sobre salir del armario... Ni que decir tiene que me ha sacado los colores...

    Y luego una ronda de felicitaciones. l2 y Sita cumplen 9 años juntas. ¿Y qué se puede decir ante tan magna celebración? Que enhorabuena por ellas, que muchas felicidades y que parejas así me hacen pensar que todavía hay alguna esperanza para los que las relaciones de pareja siempre han sido un dolor de cabeza...

    Y más motivos de alegría, en este caso para mí. El viernes vencía mi contrato con la empresa en la que estoy y hoy me han comunicado que me prorrogan por ocho meses más. O sea que voy a tener compañerillas para una larga temporada. ¡Mmmmm! Estoy salivando sólo de pensar en la cantidad de debates contra, digo... con Supermamá que me esperan...

    Y es que al igual que encontrar una pareja que me soporte más allá de unos pocos meses, lo de encontrar un trabajo en el que superase esos pocos meses me sigue pareciendo una utopía... Pero parece que con el trabajo, al menos de momento, se está rompiendo la maldición que me perseguía. A ver si rompo también la otra y encuentro a una nena maja que no me deje sin explicaciones porque sus opusinos papis la manipulan cual marioneta...

    Pero yo, al igual que l2 y sita, también tengo motivos de celebración y de nostalgia en estas fechas. Y no porque sea navidad, que me trae al fresco, sino porque siempre he considerado que fue hace 9 años cuando empecé a vivir mi vida.

    Afirmar que empecé a vivir el día que puse por primera vez el pie en el ambiente gay se podría tomar como un alarde de superficialidad y frivolidad. Sin embargo, aunque en parte pueda ser así, todo lo que aconteció aquellas navidades y cómo los acontecimientos se dispararon a continuación me hicieron aprender, madurar y crecer tanto que jamás podré arrepentirme de nada de lo que hice, aunque me equivocase. Y es que una de mis frases de cabecera siempre ha sido: "Sölo espero que llegue el día en que mire hacia atrás y pueda decir que no siempre acerté en mis decisiones pero que no me equivoqué al tomarlas"

    HACE NUEVE AÑOS...

    ...un amigo del barrio me llevó a Chueca. Conocí a Rys y me enamoré como una tonta. Estuvimos juntas un año. Descubrí otra forma de vivir. Crecí, aprendí y también me sentí herida.

    ...le conté a mi primo lo que estaba viviendo y él se encargó del que resto de la familia (mis tíos y mis abuelos) se enterara de todo.

    ...mis tíos intentaron aleccionarme y confundirme aduciendo que yo era la confundida, que todo era una fase de la cual saldría en cuanto aclarase mis ideas. El ambiente gay era peligroso, había putas, yonquis y redadas. La gente era mala. Yo no debía volver a poner un pie allí bajo ninguna circunstancia. Pasé de ser una adolescente "muy madura y responsable para su edad" a ser una "puta cría que no sabe lo que quiere".

    ...mis abuelos se convirtieron en guardianes de una cárcel de la que sólo me dejaban salir para estudiar y poco más. Interrogatorios histéricos, ataques de nervios por su parte y prohibiciones absurdas se convirtieron en lo habitual.

    ...me rebelé contra un entorno hostil como siempre había hecho y decidí que mi vida era mía y de nadie más. Que nadie me debía nada y, por tanto, yo tampoco se lo debía a nadie. Y que los errores que yo cometiera serían los únicos que podrían enseñarme.


    NUEVE AÑOS DESPUÉS...

    ...llevo la vida que quiero llevar, he cumplido algunos de mis mayores sueños, disfruto con lo que hago, tengo lo que necesito y, poco a poco, voy alcanzando un equilibrio, tanto interno como externo.

    ...pude darle la vuelta a la tortilla y decirle a mi tía la tarde de Nochebuena todo lo que esa misma tarde años atrás no pude decir porque ni siquiera me concedieron el beneplácito de la palabra: "Siempre he tenido las cosas claras. Nunca ha sido una fase. El ambiente gay es el lugar más heterogéneo de la ciudad (para mi gusto), jamás he visto una redada ni las movidas que he visto en otras zonas de copas de la ciudad (porque me las he pateado todas, para poder opinar). Y claro que hay gente mala. La hay en todas partes. Pero no por ello voy a quedarme en casa"

    ...sigo rebelándome contra mi entorno cuando se hace necesario, demostrando con mi mera presencia que ser gay, lesbiana, transexual o bisexual no es mejor ni peor sino algo tan natural como la vida misma.


    Hoy por hoy me encuentro bien, casi diría que feliz si no considerase la felicidad una emoción momentánea en vez de un sentimiento permanente (sería casi imposible soportar un estado de continua felicidad). Sé que tendré que seguir luchando, trabajando, riendo, llorando, dominada por la pasión o por el desamor, que habrá buenas y malas rachas, que puede que siga cumpliendo sueños o puede que algunos se me rompan por el camino pero ardo en deseos de que ocurra todo eso y más porque todo ello significará una de las cosas más importantes que me pueden pasar.

    Que sigo viva.



    ...de fondo The day I tried to live de Soundgarden
     
    Semos pobres como ratas ¡pero tenemos amigos invisibles!
    Pues sí, a mí tampoco me ha tocado ni una mísera pedrea pero vamos, que ya tengo asumidito que nunca voy a dejar de currar...

    La mañana ha sido rara. Poco después de empezar el sorteo (que mis compañerillas han seguido en directo sin contar con mi compañía, ya que me he enchufado el MP3 en cuanto el primer niño ha empezado a cantar numeritos) ha venido El Potentado con dos cajitas de bollos de su pueblo y una botella de moscatel. Apenas veinte minutos después Amargada y Supermamá afirmaban encontrarse super-super-o-sea-super-mareadas, Jefa esbozaba una sonrisa beatífica y decía "estoy pedo, estoy pedo" y yo... bueno, yo al menos he entrado en calor, que estaba muerta de frío...

    Durante la mañana hemos ido subiendo al almacén para dejar los regalos sin que nadie nos viera.Tras salir el gordo y comprobar que no éramos poseedoras de tan mágico décimo hemos subido unas pocas y los hemos bajado para repartirlos. Así ha sido la cosa:

    -Jefa ha recibido un juego de azucarero y lecherita.
    -Amargada ha recibido un tanga de encaje rojo.
    -La Pija un estuche de tela color rosa chicle para guardar sus pinturitas.
    -Supermamá un monedero de mamá metido en una caja de galletas de fibra (que la cara que se le ha quedado al verlo ha sido para inmortalizarla...).
    -Ricitos un bote de Eau Jeane (y yo que pensaba que ya no se fabricaba) y un bolígrafo con pompón.
    -Y yo he recibido un juego de tacitas de café al más puro estilo Ágatha Ruiz de la Prada.



    Para café, sí... Para café sólo o cortado que es justo como no lo tomo...

    Luego hemos ejercido de avezados agentes del C.S.I. para averiguar quién le había regalado qué a quién. Estas son las respuestas:

    -El azucarero y la lecherita se lo había comprado Ricitos a Jefa.
    -El tanguita rojo se lo había comprado Jefa a Amargada.
    -El estuchito rosa chicle se lo había comprado yo a La Pija (bueno, eso ya lo intuíais, ¿no?)
    -El monederito se lo había comprado Amargada a Supermamá.
    -El frasco de colonia y el boli cheerleader se lo había comprado La Pija a Ricitos.
    -Y el juego de café me lo había comprado a mí (pura lógica de eliminación) ¡Supermamá!

    Lo gracioso del asunto es que antes de coger el papelito, Supermamá me dijo que no pensaba comprarme un libro. Durante los días siguientes, en los que todas dejábamos caer lo que nos podría gustar, yo me emperraba en decir que con un libro soy más feliz que una perdiz (además, en la Fnac hay un montón de libros por menos de seis euros). Y siguiendo con nuestros piques, yo le decía a Supermamá:

    -Yo: Comprame algo bonito, ¿eh, cariño?
    -Supermamá: Que no te voy a comprar un libro, petarda...

    (Empiezo a pensar que en otra vida fuimos un matrimonio gruñón)

    Tras descubrirnos unas a otras, Supermamá y yo nos hemos echado a reír.

    -Supermamá: Tía, es que comprarte un libro a ti es superdifícil, a saber cuál no te habrás leído...
    -Yo: Pues muchos...
    -Supermamá: Y nada, como dijiste que a tu casa iban muchos amigos a tomar café, pues pensé que te iba a gustar...
    -Yo: Sí, si me gusta un montón...
    -Supermamá (temerosa): Pero si quieres cambiarlo, te doy el ticket...
    -Yo: Que no voy a cambiarlo, tonta...

    Iba a darle dos besos, pero me he cortado. No vaya a ser que se me emocione...

    Por cierto, ¡quién quiera está invitad@ a estrenar el juego de café!

    Si es que en el fondo son más graciosas...

    ...de fondo Lily Was Here de Dave A. Stewart Feat. Candy Dulfer
     
    Salir del armario
    Que vaya por delante que nunca me ha gustado esta expresión. Desde que se empezó a utilizar me ha parecido un eufemismo barato y poco ajustado a la realidad. Da la sensación de que “salir del armario” se hace una vez en la vida y para siempre cuando todos y todas sabemos que eso no es cierto. Y también porque parece que todos y todas hemos estado alguna vez en él. Y me consta que hay algunos que no han llegado a conocerlo.

    Y empiezo así porque hoy, durante mi jornada laboral, he tenido una acalorada discusión con mis queridas compañerillas, encabezada por Supermamá, acerca de lo divino y lo humano pero, y sobre todo, acerca de la orientación sexual.

    Yo, como toda hija de vecina, a lo largo de mi vida he asistido a clases, formado parte de grupos de amigos y currado como una bestia en una infinidad de trabajos temporales que han convertido mi currículum en una masa informe de casi tres páginas. Y no siempre he “salido del armario” en todos esos escenarios.

    Tomemos como punto de partida el momento en que empecé a tener claro que a mí también me tiraban más dos tetas que dos carretas. Si mi memoria no falla aquello aconteció hacia los trece o catorce años. Y me faltó tiempo para ir a contárselo a mi primo de doce años y a mi, por entonces, mejor amiga (que el tiempo demostró que ni era mejor ni era amiga, aunque no fue porque le incomodaran mis gustos).

    Tomemos como segundo punto de partida el momento en que un bendito amigo del barrio me llevó a Chueca. Por estas fechas hace nueve años, o sea que tenía diecisiete para dieciocho. A partir de ese momento sí que empecé a contarlo a diestro y siniestro. Como a otros muchos y muchas les habrá pasado, el contacto con el ambiente gay me dejó tan fascinada que, dado mi carácter charlatán, no pude por menos que compartir mi alegría con el mundo. Mi alegría de haber conocido al fin aquello a lo que creía pertenecer.

    Nunca he tenido la sensación de estar en el armario. Nunca he tenido problemas de autoaceptación. Descubrir que me gustaban las mujeres no me supuso mayor trauma que el que me supuso tener la regla por primera vez (y eso que tenía nueve años y en aquel momento estaba viendo ese entrañable programa llamado Los mundos de Yupi). Lo acepté con naturalidad. Al fin y al cabo, por circunstancias familiares, económicas, intelectuales e incluso físicas siempre había sido la alcayata perfecta para que mi entorno me colgara la etiqueta de diferente (no vive con sus padres, es una empollona, no tiene dinero, es una gafotas,… ya sabéis, las típicas lindezas que suelen decir los inocentes niños de parvulario).

    Y yo, supongo que como muchos y muchas, desarrollé la habilidad para saber a quién podía contárselo y a quién no. Afortunadamente, de toda la –mucha– gente a la que se lo he contado desde entonces hasta ahora todavía no me he encontrado una mala cara (me refiero a la gente que me importa; la que no, ni me molesto en averiguar su reacción).

    Sin embargo, el paso del tiempo me ha hecho darme cuenta de lo agotador que resulta todo el rollo este de “salir del armario”. Porque, como he dicho antes, eso no es algo que se haga una vez y sirva ya para los restos. “Salir del armario” es un ejercicio diario, como las abdominales o las declinaciones de latín, si lo dejas de hacer un día, sólo uno, retrocedes siempre varios pasos. Y, de verdad, yo ya estoy un poquito harta. Además, que me siento gilipollas poniendo cara de circunstancias y soltando aquello de “tengo algo que decirte” con voz titubeante y temerosa. Yo no tengo nada que decir, no tengo que dar explicaciones ni justificarme por nada, soy así, esto va en el pack igual que mis kilos de más o mi galopante miopía. Simplemente me muestro tal y como soy. No me escondo. Pero a mucha gente eso no parece bastarle e, incluso, les hace sentirse incómodos. Por ejemplo, desde hace unos meses tengo colgado en una pared de mi habitación un poster de la famosa foto de Tanya Chalkin, The Kiss. Mis compañeros de piso a menudo entran a mi cuarto a hablar conmigo o para que les enseñe algo en el ordenata. Está claro que sus dimensiones (91x61) hacen difícil la tarea de no verlo. Pero algunos hacen como si no lo vieran. O lo miran con cara rara, parece que van a preguntarte algo y nunca lo hacen. Tengo en el salón vídeos de manifestaciones del orgullo, libros y películas de temática, no me corto en decir que quiero ver Hospital Central por las dos niña moninas y si no me he visto las dos temporadas de The L Word allí es porque mi antiquísimo DVD no podía leer los archivos. Lo único que no hago es darme besitos con mi novia en el sofá pero, principalmente, porque ahora no tengo… (novia, que sofá sí que tengo, tranquil@s)



    -Compañero: ¡Joder, qué foto más bonita!
    -Yo: Ya te digo...
    -Compañero: ¡Joder, es que dan unas ganas de meterse en medio...!
    -Yo: Si, ese es un error muy común de los tíos. Si hay dos tías solas pensáis que lo único que están esperando es que vosotros entréis en acción...



    Y, como ya sabéis, he estado mucho tiempo vinculada al activismo, he salido en diversos medios de comunicación, dirigido un programa de radio semanal, trabajado en un festival de cine gay… Y ahora, bueno, también lo sabéis, publico novelas que catalogan de lésbicas (cuando no de eróticas, que no sé qué es peor). Y os puedo asegurar que el nombre que aparece en la portada es el mismo que figura en mi DNI.

    Y pese a todo este despliegue de visibilidad personal, la peña se sigue haciendo la sueca. Se sienten incómodos, parece que no se atreven a preguntar y que, en cambio, están esperando a que tú les hagas una “confesión”. Y aunque ahora a Madonna le dé por confesarse en las pistas de baile, a mi ese rollo lacrimógeno de contar “mi sucio secreto” no me va.

    Pero, aunque me joda enormemente, hay momentos en que es urgente y necesario “salir del armario”.

    Como mi vida laboral ha sido tan rica y variopinta y, sobre todo, tan poco estable, nunca he creído necesario contarles mi vida a personas que en dos meses iba a dejar de ver. Ha habido gente que lo ha intuido solita (los menos) y gente que me ha considerado una chica muy abierta y liberal pero heterosexual (la mayoría). Por desgracia, tan sólo en un par de ocasiones me he cruzado en mis trabajos con homosexuales y, en esos casos, obviamente, no hizo falta decir nada (al menos por su parte, porque parece que incluso los gays me consideran hetero).

    Cuando entré en la empresa en la que ya he cumplido ocho meses (todo un record para mí) ni pensaba durar tanto, ni me caían excesivamente bien mis compañerillas, ni veía muy propicio airear según qué cosas visto el ambientillo que se respiraba en la oficina. Pero en la vida de todo gay y lesbiana siempre llega el momento en que dices “hasta aquí llegó la broma”. Y, como dice el refrán, es mejor ponerse una vez colorado que ciento amarillo así que, hoy por hoy, prefiero que sean los demás los que se sientan incómodos y se muerdan la lengua, aleccionados por esa corrección política que domina a muchos, antes que tener que mordérmela yo mientras aguanto chistecitos y comentarios homófobos por doquier y encima teniendo que poner cara de que me hacen gracia cuando en realidad me estoy acordando, uno por uno, de todos los muertos de quien los ha pronunciado.

    Todo empezó cuando estaba a punto de aprobarse la ley del matrimonio homosexual. Puto Almacenero llevaba varios días poniendo la puntilla a muchos debatillos que se produjeron en la oficina y yo ya andaba calentita. El día antes de la manifestación, no sé quién preguntó que si alguien iba a ir. Yo dije que sí, por supuesto, que iba todos los años (también había dicho que yo salía por Chueca cuando me preguntaron, o sea que no debía sorprenderles). Cuando pasó el fin de semana y llegó el lunes me preguntaron qué tal había estado. Y yo, que de mudita no tengo nada, se lo conté tan normal. Tras mi relato la conversación derivó en debate y pronto aquello parecía la mesa de Crónicas Marcianas y yo, cual versión femenina de Boris Izaguirre, defendiendo a capa y espada el matrimonio, la adopción y todo aquello que tuviera que ver con la igualdad real en la sociedad y ante las leyes. Y entonces Supermamá me mira fijamente y me dice con tremenda candidez: “¡Jo, para no salpicarte el tema, no veas como lo defiendes…!”. Y yo, mirándola fijamente mientras pensaba “¡me tienes hasta el coño, bonita!”, le espeto: “No, perdona, es que sí que me salpica”. Supermamá se queda callada en medio de la algarabía del resto de las chicas que no habían dejado de hablar y dice: “¡Ah, pero que tú eres…”, por supuesto no es capaz de pronunciar la palabra mágica. “¡Ahora lo entiendo todo!”, añade. Pues sí que te ha costado cogerlo, sí…

    Media hora después me largué a desayunar para que pudieran rajar a gusto sobre mí. Hala, bonita, cuéntaselo al resto que no se ha enterado o que no estaba, que seguro que cuando vuelva no hay ni un alma en la empresa que no sepa con quién me gusta montármelo…

    No puedo decir que lo encajaran mal. Al contrario, les ha servido para sentirse superabiertas y supertolerantes, ossseaaa. Y yo soy la primera que bromeo con el tema pero sí que noté que a partir de entonces se cuidaban muy mucho de hacer según qué comentarios.

    Tiempo después, desayunando con La Pija, de repente me pregunta que cómo se tomó mi familia “lo mío”. ¿Lo mío? ¿Mi galopante miopía? ¿Mis kilos de más? ¿Mi manía de no comer jamás lentejas? ¿Cómo que “lo mío”? “Lo mío” no es ningún secreto, no es nada de lo que se deba hablar entre susurros, no es un acto de valentía del que deba vanagloriarme ni nada que tenga que esconder, es una parte de mí tan natural como cualquier otra. Pero ellas, como tanta otra gente, no parecen alcanzar a comprenderlo.

    Entre Supermamá y yo hay un extraño pique. Ella dice que siempre le estoy llevando la contraria, yo digo que simplemente le muestro otro punto de vista. Ella dice que utilizo palabras muy raras para hablar, yo le digo que simplemente intento utilizar el lenguaje con propiedad y no porque me pase las tardes empollándome el diccionario, como cree. Ella dice que siempre estoy a la defensiva, yo le digo que simplemente mantengo mis convicciones… En fin, que si no fuera porque ella se declara completa y tajantemente heterosexual casi diría que lo que se masca en el ambiente entre nosotras dos es más tensión sexual que otra cosa…

    En fin, a lo que íbamos. Hoy, mientras Jefa estaba fuera comiendo, no sé muy bien cómo hemos empezado a hablar de homosexualidad y me han preguntado cuando y cómo me di cuenta de que me gustaban las mujeres. Lo que a continuación ha venido ha sido la típica conversación de hetero que no puede comprender versus gay/lesbiana ya curtido en debates de ese tipo con oponentes mucho más preparados. He aquí algunas perlas:

    -Pero, ¿no confundirías amistad y cariño con algo más? ¿Cómo estabas tan segura de que te gustaban las chicas?

    ¿Cómo estás tú tan segura de que te gustan los tíos? (Vale, este el comienzo básico)

    -Pero es que es una cuestión de instinto, la mujer se siente atraída por el hombre y el hombre por la mujer.

    Eso no es más que una construcción social. Has crecido en un entorno heterosexista que si hablaba de homosexualidad era para definirla como algo pecaminoso. Tú no sabes lo que habrías sentido si sentirse atraído por alguien de tu mismo sexo hubiera sido una opción más. Además, el instinto más básico es el de la supervivencia, bien el de salvaguardar la propia integridad física, bien el de perpetuar la especie.

    -Claro, la procreación. Los únicos que puede procrear son el hombre y la mujer teniendo sexo. No veo el objetivo de tener sexo con alguien que no puede darte un hijo.

    ¿Hacer el amor con la persona que quieres no te parece suficiente objetivo?

    -Sí, pero…

    Ni pero ni nada. Hay que disociar el sexo de la procreación.

    -¡Pero es que van unidos!

    ¿Entonces por qué usas anticonceptivos? (Esa ha sido siempre mi pregunta favorita, mientras no sean del Opus, nadie es capaz de rebatir este punto) O volviendo al tema de las construcciones sociales, ¿por qué te depilas? El vello es totalmente natural y cumple una función protectora.

    -Pues por estética.

    Porque es una construcción social, igual que la mayoría de las cosas que hacemos. Si la sociedad se hubiera jerarquizado de forma que lo normal fuera tener una pareja de tu mismo sexo y que las relaciones sexuales entre personas de distinto sexo fueran un rito cuyo único objetivo fuese fecundar a la mujer quizá ahora pensases que el que un hombre y una mujer se enamoren es una aberración.

    -Pero eso es una tontería…

    No es una tontería, por desgracia la mayoría moral de una sociedad es la que generalmente moldea al individuo porque muchas veces éste ni se plantea el porqué de lo que hace (vale, admito que a veces puedo resultar un poco pedante pero yo no tengo la culpa de utilizar los libros para algo más que para adornar las estanterías).

    Luego Amargada ha empezado a meter baza. Para mi sorpresa, aunque su postura es muy similar a la de Supermamá y tampoco parece querer comprender ciertas cosas, me ha dado la razón en varias ocasiones.

    -De todas formas, la homosexualidad ya es algo que está completamente aceptado… (Esta es Amargada y esta es una postura muy extendida entre ciertos heterosexuales que no son capaces de alcanzar a ver la gravedad del asunto y le restan importancia “porque ya sale en la tele”).

    ¿Aceptado? Vete a un pueblo de Castilla o de Extremadura o de Andalucía, de la España profunda, vamos, a ver si allí el mariquita del pueblo está aceptado. Vete a muchos países de Africa, Oriente Medio o America Latina a ver qué te cuentan los gays y lesbianas apalizados, apedreados o violados. Porque los que han sido ejecutados no creo que te puedan contar nada. Vete a cualquier instituto y pregúntale al rarito o rarita de la clase cómo se siente después de que sus compañeros le hayan insultado, vejado y agredido. Y ni siquiera te salgas de Madrid, que aunque parezca una ciudad muy tolerante no lo es tanto, y vete a Chamberí o al barrio de Salamanca y pregúntale a esos padres del Opus que preferirían ver a su hija muerta antes que aceptar que es lesbiana (esto, lógicamente, lo decía por Bollera Reprimida y es que ya me estaba empezando a acalorar).

    -Pero es que ahora está de moda ser gay… (seguía en sus trece Amargada)

    ¿Moda? ¿Tú crees que alguien se arriesgaría a ser insultado, discriminado o despedido de un trabajo por una estúpida moda (aunque ya sé que hay gente para todo, esto me cuesta creerlo)? ¿A cuánta gente conoces que haya dicho en su trabajo que es gay? (Aparte de mí, claro y la callada fue la respuesta).

    -De todas formas, yo cuando te vi, algo sí que intuí (de nuevo Supermamá poniendo la guinda al pastel).

    Pues me parece muy bien… (¡Dios! ¿Por qué ahí me callé? ¿Por qué no le dije: “mira, bonita, si tú y yo fuéramos a Chueca, te las ibas a tener que apartar a manotazos y no porque seas mucho más guapa que yo”? ¿Por qué no le dije que alguien que necesita reafirmarse tanto en su heterosexualidad y rechaza con tanto ímpetu la remota posibilidad de que pudiera sentirse atraído hacia alguien de su mismo sexo da mucho que pensar y justo por todo lo contrario? Además, ¿qué es eso de parecer? Las apariencias engañan, ya lo sabemos todos. El intuir que alguien entiende va mucho más allá de la mera apariencia física. Conozco a tías lesbianas de las que jamás sospecharías y a tías heteros que son más masculinas que Rambo. ¿Tú crees que el viernes, toda yo arregladita, maquilladita y con zapatitos de tacón, parecía lesbiana? ¿Por qué, entonces, durante los últimos nueve años el 90% de las veces que he ido a un bar de tías, ninguna me ha entrado porque pensaba que era hetero y sólo han empezado a pensar que entiendo cuando he ganado muchos kilos de más? El problema es que todavía se piensa que hay un rol físico y estético que determina la orientación y eso ya se está extinguiendo. Parecer o no parecer es una experiencia subjetiva que está más en el ojo –y, por ende, en la estructura mental- del que mira que en la realidad del objeto o individuo observado… Pero todo esto último no lo he dicho, ya estaba cansada de darme cabezazos contra el muro).

    La conversación ha continuado, por supuesto, hacia el tema de tener hijos o la compatibilidad entre las parejas o por qué me cuesta tanto encontrar a una persona que siga mi ritmo mental. No eran capaces de entender que hay personas que necesitamos alimento intelectual y compartir nuestra vida con alguien a quien no sólo amemos y nos ponga a mil en la cama sino con quien también podamos compartir inquietudes… En definitiva y como conclusión final, esto es lo único que he sacado en claro:

    -Supermamá es muy, muy, muy, pero que muy heterosexual y no quiere que nadie le diga que debería probar con una mujer (Yo nunca le he dicho a nadie semejante cosa pero sí que me gustaría que muchos y muchos tuvieran que acabar probándolo porque un buen día comenzaran a sentir distinto, les entrara una extraña comezon que les agobiara, pasaran el miedo, las dudas y la incertidumbre que muchos han pasado y vieran todos sus esquemas mentales hechos pedazos, sí, eso sí que me gustaría…)

    -Los gays y lesbianas estamos siempre a la defensiva (¿Cómo lo estaríais vosotras si toda vuestra vida hubierais visto que la homosexualidad era lo peor que te podía pasar –eso cuando directamente no se ocultaba su existencia-? ¿Cómo lo estarías después de desaprender todos las estructuras que años de socialización heterosexista han grabado a fuego en tu mente?)

    -Yo tengo complejo de inferioridad porque siempre estoy intentando demostrar lo que sé, lo que he hecho y cuanto valgo (vale, puede que no esté desencaminada, a todos los que hemos crecido siendo diferentes por alguna causa nos ha quedado una especie de victimismo residual que nos lleva a buscar la aprobación ajena –algo que le ocurre a casi todo el mundo, por otra parte- y a demostrar nuestra valía más allá de meras etiquetas que en nada son definitorias de nuestra persona).

    -He salido con cierta sensación de impotencia y abatimiento al ver la estrechez de miras que sigue gastando la gente que se considera liberal y progresista.

    -Y, vale, sí, también he pasado un buen rato, me he reído mucho y he disfrutado porque me encanta hablar y rebatir y argumentar mis puntos de vista y desarmar los del contrario. Era a cosas como esto a las que me refería cuando hablaba de alimento intelectual… Coño, que no era tan difícil de entender…

    Perdonad la brasa pero es que estos temas me acaloran y apasionan mucho…

    P.D.: ¡Y yo que pensaba que fui una rajada por ser la primera en irme el viernes! Pues resulta que todas me envidiaron porque la noche fue una mierda, se congelaron, se aburrieron, caminaron sobre sus tacones por medio Madrid en busca de un taxi y lamentaron haber salido esa noche… ¡Claro, por eso ayer iban todas con zapato plano…!

    …de fondo Café del Mar 25th Anniversary
     
    ¿Alguien se quedó en casa?
    A ver, levanten la mano, ¿hubo algún alma cándida que la noche del viernes decidiera quedarse cómodamente en su camita? Pues si lo hay, que sepa que le envidio profundamente, porque las penalidades que servidora hubo de pasar para regresar a casa son comparables a las de Ulises volviendo a Itaca...

    Como ya dije el mismo viernes cuando estaba a punto de salir, me iba de cena con mis compañerillas de curro. Que también ya nos vale a todos los que íbamos de "cena de empresa". Vamos, que como no tenemos suficiente con vernos las caras ocho horas al día durante cinco días a la semana, nos vamos de juerga juntos. En fin... Todos tenemos nuestro punto masoca.

    Con mis piececitos ya empezando a sufrir y con un par de chutes de Red Bull en vena, bajé a la calle, alcé la mano grácilmente y un taxi atendió a mi gesto raudo y veloz. No menos de cinco minutos y cuatro euros después me estaba bajando en la esquina de la calle del restaurante. Iba ya a encaminarme hacia allí en busca de un bar donde aposentar mis reales mientras mis compañerillas llegaban cuando oigo una voz gritando mi nombre. La Pija junto con dos chicas más (unas amigas suyas que también se habían apuntado a la orgía) me llamaba desde la mediana de Doctor Esquerdo. Presurosa y corriendo pese a mis tacones, llegué hasta ellas, acabamos de cruzar la calle y nos metimos en el primer bar que vimos abierto. El resto, que venía en coche, ya estaban en la zona dando más vueltas que una noria en busca de un sitio libre. Tantas vueltas dieron que Supermamá y Ricitos, cuando consiguieron aparcar, tuvieron que coger el metro para llegar...

    Cuando ya tan sólo faltaba Amargada, decidimos irnos hasta el restaurante. Allí comenzamos a darnos cuenta de que la nota imperante de la noche iba a ser la espera. Grandes grupos de gente (la mayoría unisex, es decir o grupos de tíos o grupos de tías) se apelotonaban en la estrecha acera aguardando el momento de que el restaurante decidiera abrir sus puertas. Teníamos que entrar a las doce y cuarto (bonita hora para empezar a cenar) pero hasta las doce y media pasadas no pudimos franquear el umbral. Y mis pies ya se desgañitaban recordándome todos los pares de calzado plano que había decidido relegar en el armario. Alternaba el peso en un pie y otro en un intento de calmar el dolor pero todo era en vano. En fin, que una no ha nacido ni para ser pija ni para ser hetero, con todos mis respetos para las pijas heteros que no usen tacones (si es que hay alguna).

    Pero la plantilla del restaurante se propuso recuperar el tiempo perdido. Apenas sí nos habíamos sentado y estábamos en pleno ritual de hacernos las fotos de rigor con la polla en la boca (entendámonos, el pan con forma de pene) ya nos estaban poniendo los primeros delante de la jeta a un atronador ritmo de house que nos impedía hablar incluso con quien teníamos al lado. Y antes de darnos cuenta, nos quitaban los platos a medio vaciar para ponernos los segundos. La velocidad a la que iban los y la camarera rayaba la del sonido, así que, pese a que yo iba decidida a pedir mi pan de teta y a que nuestra camarera entendía más que yo, me tuve que conformar con un pan de pene del cual he de reconocer que tan sólo dejé un triste huevo mutilado...

    A ese ritmo pronto teníamos en la mesa las copas de champán y el postre que, ¡oh, sorpresa! era una enorme polla de chocolate. Y justo fue ese el momento en que dio comienzo el, ¡ejem! espectáculo con las primeras notas del Hung up de Madonna (ahí me ganaron, lo confieso). Una enorme drag, de nombre Chumina Powers, salió al mini escenario para demostrarnos que poseía una elasticidad en las piernas que yo no recuerdo haber poseído ni en mis mejores tiempos. Después se lanzó a un divertido monólogo en el que se metía hasta con el último mono que había en la sala (a Ricitos le preguntó si era hermana de la Duquesa de Alba). Me hizo bastante gracia, la verdad.



    Lo admito, fui yo quien se comió el capullo...


    A continuación, los estriptis. Chica-chico-chico-chica. La primera tía me hizo tan poca gracia que no le hice ni una sola foto. El primer chico actuó y bailó bastante bien. El segundo no impactó demasiado y tuvo que terminar su número sin conseguir que ninguna chica se animara a salir con él. Antes de salir la última chica no tenía muchas esperanzas de que me gustara pero cuando la vi aparecer vestida de policía.... ¡ejem! saqué la cámara rauda y veloz y me puse a hacerle fotillos. Vamos, que a punto estuve de ofrecerme voluntaria para que me cacheara...



    ¿Qué tendrán los uniformes que me ponen tanto?


    Al acabar, la inigualable Chumina sacó a tres chicos del público y a uno de ellos (que, afortunadamente, estaba de bastante buen ver) le dejó casi en pelotas. Y para acabar, sacó a dos chicas y nos hizo ponernos a todos en pie para ejecutar una improvisada coreografía con ese gran temazo de Sonia y Selena, Yo quiero bailar... toda la noche. Pues va a ser que no, guapa.

    Resumiendo, que la cosa fue divertida pero la sensación que nos dejó es que todo había ido demasiado rápido. Y, hombre, a mí me hizo gracia pero como que una está más acostumbrada que mis compañerillas a eso de ver drags y chicos mazas quitándose la ropa y no me pareció para tanto. ¡Si ni siquiera hubo un striptease integral! Ni de chicos ni de ¡snif! de chicas...

    Tras la cena habíamos decidido ir a un bar pijo de Juan Bravo. Y pese a que mi primera idea era largarme a mi casa antes que mis taconcillos ajusticiaran a mis pobres pies, al final accedí a ir con ellas. Supermamá, Ricitos y yo cogimos un taxi (¡guau! pensé, a lo mejor hoy no va a ser tan difícil encontrar uno libre que luego me lleve a casa...) y nos fuimos para allá a... encontrarnos con otra cola de gente. El resto llegó cuando aún permanecíamos fuera y yo ya estaba a punto de fenecer. Logramos entrar y nos encontramos con un lugar muy, muy grande pero también lleno de gente. Para mis compañerillas era agobiante. Para servidora, curtida en las mareas humanas del Escape (si aguantas eso, aguantas todo y cuando digo todo, me refiero a TODO) no le parecía demasiado lleno. ¡Si hasta tocábamos a más de una baldosa por persona!

    Sin embargo, Amargada que estaba en la barra dispuesta a pedir, no se la veía muy suelta en el útil arte de llamar la atención de los camareros y mi menda ya no podía más. Me sentía incapaz de permanecer ni un minuto más allí dentro. Si yo hubiera llevado calzado plano, de seguro que las tumbo a todas y soy la última en irme a casa. No tenía sueño (había dormido una siesta de pijama y orinal de casi cuatro horas) ni estaba cansada pero... no, no, no, los tacones estaban acabando con mi persona.

    Me despedí y me largué de allí fastidiada porque ni siquiera pude conseguir cambio para tabaco. Al salir a Juan Bravo me encontré con la pesadilla hecha realidad: ni un solo taxi libre asomaba el morro. Eché a andar con pasitos cortos, muy lentamente y una expresión de dolor en el rostro que sólo me faltaba una cruz al hombro para representar los calvarios de Jesucristo. Encontré un banco, me senté en él. Me volví a levantar, caminé unos metros, me senté en otro banco. Así varias veces. Llegué a Principe de Vergara y avisté una parada de autobús. Penosamente anduve hasta ella y me senté en el banco de la marquesina con gran alivio. Venga, un pequeño trayecto hasta Cibeles, un nuevo búho y por fin estaría en casa.

    La verdad es que el primer búho no tardó en llegar. Y venía casi vacío. Me senté y suspiré. Lo único en lo que podía pensar era en quitarme los putos botines y meterme en la cama. Pero al llegar a Cibeles...

    Si hubiera habido un par de carrozas juro que me habría creído que se había organizado una marcha nocturna del Día del Orgullo Gay. Aún eran las tres y media, ¿es que toda esa gente no se podía haber metido en alguna discoteca y haber dejado que la pobre gente como yo llegara a casa sin dificultad? Pues no.

    Mientras esperaba que llegaba mi búho y sopesaba la conveniencia de andar en calcetines hasta mi casa, me tuve que sentar en uno de los bolardos de la acera. Pero el trayecto en el autobús no fue mucho mejor. El búho tarda de Cibeles a mi casa (y me deja en la puerta) nueve minutos de media. El viernes esos nueve minutos fueron los más largos de mi vida. No es que me molestase la aglomeración de gente (ya estoy acostumbrada) pero es que sentía que no podía más.

    Me bajé en mi parada con cara de haber recibido descargas eléctricas en el mismísimo clítoris. Llegué hasta mi portal y.... ¡Aaaaah! me quité los putos botines sentada en los escalones de la entrada. Subí los tres pisos con una mezcla de alivio y del dolor acumulado y llegué a este, mi hogar como si viniera de superar el rally Paris-Dakar (bueno, creo que ahora es el Granada-Dakar).

    No tenía tabaco pero, aunque nadie crea que una fumadora empedernida pueda prescindir de él, sólo el hecho de subir la cuesta hasta el Sprint de la calle Alcalá fue suficientemente disuasorio de mis intenciones de inhalar nicotina y alquitrán. Me quité el resto de la ropa, me puse el pijama y me metí en la cama con una sensación de felicidad increíble.

    !Y a vosotros os pongo por testigos de que no volveré a ponerme tacones!



    El cuerpo del delito...

    Lo gracioso del asunto es que ayer hablando con El Sevillano me dijo que también había estado en Juan Bravo, ¡justo en el bar de al lado!

    Si lo llego a saber...

    ...de fondo Undiscovered Ibiza Volume 2
     
    Me voy de fiesta...
    ... y tengo tantas ganas como de pegarme un tiro en la boca.

    Ayer no fue un buen día. Estaba superplof, me di la tarde libre en el gym y, a cambio, pasé las horas muertas jugando con la Play. Y no me mola. No me mola poque no quiero volver a engancharme a la Play como hace unos meses, durante la baja, que me podía pasar doce horas jugando al San Andreas...

    Pero las razones de mi depresivo estado de ánimo vienen motivadas por ese chute de hormonas diario que me vengo dando desde hace un par de meses. Y, creedme, cada día que pasa, más me acuerdo de la puta ginecóloga que se empeñó en mandarme la píldora, asustándome diciendo que si no lo hacía y no se regulaba no sé qué mucosa uterina, podría acabar con una infección gorda.

    Ya dije que desde el principio la dichosa pastillita ha estado dejando huella en mi organismo en forma de la mitad de la lista de efectos secundarios que se enumeran en el prospecto pero creo que algo no funciona como debería.

    En circunstancias normales, mi regla es puntual como un reloj. Pero también lo es el síndrome premenstrual (el temido SPM). Una semana antes ya me voy poniendo un poquillo tontorrona, los pinchazos en el vientre y la región lumbar comienzan tímidamente y todo ello va aumentando progresivamente hasta el día que mi geiser interno de kepchut decide explotar. Y me duele, algo menos que cuando era adolescente, pero me duele. Me tomo un par de pastillas y listo.

    Ahora no tengo un SPM de una semana, ahora todo se concentra en los dos días previos. Es decir, todo el dolor y la pseudo depresión se aglutinan en 48 horas y ando por el mundo como si me hubieran dado una paliza...

    Hoy he pasado un día horrible en el trabajo. Me encontraba tan mal que me he tenido que subir al baño a llorar del dolor que tenía. Y mis compañeras tan felices planeando la cena y la noche de juerga que nos espera...

    Nada más llegar a casa me he metido en la cama, sabiendo que si no lo hacía iba a ser incapaz de pasar de los entrantes. Ahora ya estoy despierta, duchada, en mitad del proceso de restauración y conversión en niña bien, con mi jersey pijo y mis taconcillos que ya empiezan a susurrarme: Te vamos a torturar esta nocheeee... aún estás a tiempoooo... Sólo me queda maquillarme un poco y largarme al restaurante (en taxi, por supuesto, aunque pensaba en ir en un autobús que pasa por delante de mi casa, lo he descartado al ponerme los tacones: no creo que pueda andar cincuenta metros sin dislocarme un tobillo).

    En fin, a ver qué pasa en la cena. Y a ver si, como somos una mesa de chicas y nos pondran los panes con forma de pene, me dan a mí uno más acorde con mis gustos. Porque yo lo pienso pedir, claro está...

    ...de fondo Get together de Madonna (me encanta esta canción)
     
    San Google
    Como tod@s podréis ver, esta página tiene a vuestra izquierda un bonito contador de visitas. Las razones que me llevaron a ponerlo, aparte de cierto ataque egocéntrico y narcisista (que no cumple su objetivo ya que soy consciente de que un tercio de las visitas las provoco yo misma cada vez que entro a ver si hay comentarios), fue por poder rastrear las cadenas de búsqueda que la peña hace en Google o cualquier otro buscador.

    De este modo nos encontramos con que el 70% de las búsquedas son de super-super-fans-o-sea de las niñas de Hospital Central (aunque mucho me temo que estas muchachas no me incluirán en su carpeta de favoritos). De las niñas o de cualquier otro personaje de la susodicha serie que haya mencionado. Aunque también es cierto que la parejita lésbica de Aquí no hay quien viva gana puntos día a día.

    El 30% restante se divide, más o menos, en: personas que -creo- no encuentran este blog en su historial pero han conseguido retener en su memoria el título y, en consecuencia, lo buscan tal cual; búsquedas de información de grupos, cantantes y actores/actrices que he mencionado en algún momento y, finalmente, lo que todos conocemos como búsquedas chorras.

    De las primeras búsquedas, las relativas a Hospital Central y temas adyacentes, las que más me llaman la atención son las que intentan averiguar cosas sobre Patricia Vico. Para que os hagáis una idea:

    -Patricia Vico móvil (A ver, querid@ ilus@. No creo que nadie sea tan estúpido como para publicar su número de móvil en Internet y, mucho menos, una actriz que en el último año ha visto crecer su fama de un modo abrumador).

    -Nombre del padre de Patricia Vico (¿De verdad que a un fan le puede hacer más feliz saber cómo se llama el padre de esta mujer? ¿Será su vida más amarga sin saberlo? De todas formas, no tengo la respuesta, así que este/esta fan tendrá que seguir sus días sumid@ en la incertidumbre).

    -Patricia Vico donde estudió (Idem de ídem de la anterior. ¿Qué les aporta a sus vidas saber en qué colegio hizo pellas su ídola?).

    -Estatura Patricia Vico (Pues mira esa te la puedo decir. Teniendo en cuenta que yo soy más alta que Fátima Baeza -lo puedo demostrar con foto- la Vico debe andar sobre el 1'75. De nadaaaa....).

    -Patricia Vico novio/pareja/chueca/estado civil (Como la chica no tiene novio conocido, algunas fans deben mantener la esperanza de que, por alguna de esas casualidades de la vida, la muchacha comparta con su personaje de ficción algo más que el físico. Para ser más concreta, sus gustos en materia amorosa... ¡Animalitos!).

    Pero, sin duda, mi favorita es la siguiente. Una elaborada pregunta con sus dos signos de interrogación, formulada por algún trasunto de José Luis Perales:

    -¿Qué hace en su tiempo libre Patricia Vico?

    ¡¡¡Y YO QUÉ COÑO SÉ!!!


    Las búsquedas chorras tampoco tienen desperdicio: Para muestra, varios botones:


    -gwen stefani su axila (Hombre, reconozco que esta mujer tiene su morbo pero... ¿su axila? ¿sólo su axila?).

    -fotos gratis de hombre comido por anaconda (esta se repite con el paso de los meses, alguien tiene un problema para encontrar a la dichosa anaconda...).

    -estrellas porno con sangre menstrual (¡Iiiiigggsss!).

    -porno ochentero (el revival parece que es a todos los niveles...).

    -lesbiana friki empollona reprimida (¡coño! Acaban de describir a mi ex...).

    -bollo desvirgado (Sin comentarios. La primera imagen que se me vino a la cabeza fue la del prota de American Pie dándole "amor" a la citada "american pie"...)

    -perfil sociológico de la coca-cola (¿Se referirá al tipo de gente que la bebe o piensa que la coca-cola podría convertirse en una temible asesina en serie?).

    -dedicatorias cuando los amigos te fallan (Si te han fallado no eran tus amigos. Te lo digo por experiencia).

    -robbie williams me pone mucho (Pues anda que si yo fuera diciendo quien me pone a mí, la lista se haría eterna...).

    -soy gay, consejos para enrrollarse con un hetero (¿consejos? Sólo uno: NUNCA TE ENROLLES CON UN HETERO -salvo si tú eres una hetera, claro está-)

    -anabel alonso simpática (Pues por lo que tengo entendido, fuera de los platós muy simpática no es, no...).

    -pilar lopez de ayala lesbiana (Pues mira, va a ser que no, y mira que ahí sí que lo lamento).


    En fin... Que, definitivamente, hay gente pa' tó...

    Antes de marcharme no quiero dejar de felicitar a las fans de la protagonista de la mayoría de búsquedas que remiten a mi blog, ya que hoy estarán de los nervios y con la pamela puesta para asistir a la primera boda lésbica que acogen nuestras pantallas televisivas en horario de máxima audiencia y por parte de una televisión que no es de pago. Pues nada, que ellas (y ellos, claro. Y yo, por supuesto, porque que conste que yo también estoy invitada) lo disfruten. Seguro que mañana me encuentro alguna búsqueda tipo: perfil sociológico patricia vico simpática se casa con una anaconda que se ha comido a una lesbiana friki empollona reprimida porque los amigos la fallaron pero ella en el fondo sólo quiere enrollarse con un hetero...



    Que sí, que se casan... Aunque luego vendrán los peperos y querrán jodernos el invento.

    ...de fondo Get over it de Eagles
     
    Instinto
    El final del puente he estado bastante ocupada. Y no porque haya salido de juerga ni haya estado ejerciendo de maruja en casa. O porque me haya puesto a escribir mi nueva novela como una posesa (aunque debería).

    Como algun@s ya sabéis, tengo un primo de ocho años. Lo curioso es que, por la edad, más que mi primo es como mi sobrino. Del mismo modo que su hermano mayor, al tener mi edad y haberse criado tan cerca de mí, es como mi hermano.

    La cuestión es que el niño ahora tiene la edad perfecta para llevárselo por ahí a hacer cosas. Aún no ha entrado en la etapa pre-puber en la que se encerrará en su cuarto y le retirará la palabra al resto del mundo ni es un crío pequeño que necesita a su madre para todo lo que hace.

    Pero hasta hace unos meses mi primo no consentía quedarse a dormir fuera de su casa. Ni con sus dos pares de abuelos (que mira que lo intentaban) ni conmigo ni con nadie. Sabiendo esto, hace unos meses le propuse llevarle al cine. Como vive en un pueblecio de Toledo de esos que están donde Cristo perdió el mechero pero que están acogiendo a los pobres curritos que no se pueden comprar un piso en zonas más cercanas a Madrid, le dije que me iba a dormir allí el día anterior para poder levantarnos temprano al día siguiente, irnos a Madrid y que luego, por la noche, sus padres vinieran a buscarle.

    Cuál no fue mi sorpresa cuando me dice que no, que el se queda a dormir en mi casa el fin de semana (añadiendo a sus padres que "así podrán montárselo", espabiladito que está el niño...). Y asi lo hicimos. El niño pasó su primer fin de semana fuera de casa y mi culo se puso asííííí gordo (y de por sí ya lo es bastante) por ser yo la primera que tuviera ese honor frente al palpable cabreo de sus dos pares de abuelos.

    Vale, admito que proponerle a un niño un plan de cine, fast-food y lugares nuevos aderezado con la estancia en un piso con Internet, Playstation y un perrito juguetón es garantía casi segura de éxito. Normal. Si ya lo dice él: "Yo quiero estar con la gente joven". (Lo que él no sabe es que esa es la misma frase que yo profería a todas horas a su edad cuando me veía viviendo con mis abuelos...).

    Así que como aquella experiencia nos supo a poco, esta vez le propuse ampliarla un poco más. Dormir en mi casa el viernes y el sábado y llevarle a La Fuga y a ver la última de Harry Potter. Y entre medias, tooodas las partidas de Play que quisiera... Sí, vale, admito que sólo con la mitad del plan ya me lo tendría ganado para los restos...

    Así que el viernes me fui a comer a casa de mis tíos y por la tarde nos trajeron a la mía. Alquilamos la tercera de Harry Potter porque aún no la había visto. Cantamos con el Singstar de la Play y le dejé darse una vuelta por el San Andreas. Nos vimos la peli, buscó trucos para el San Andreas en Internet y nos echamos a dormir.

    Al día siguiente nos levantamos y nos fuimos a La Fuga. Lugar del que tras arrastrarme por conductos de aire acondicionado, trepar a cajas metálicas, subir por escaleras tipo submarino y caminar hacia un ventilador gigante porque había dos salidas justo al lado salí llena de moratones, un proyecto de esguince en el tobillo izquierdo y una muñeca abierta (sí, yo también padezco el Síndrome del Tunel Carpiano). Para colmo, a mitad del juego, la máquina nos mandó a mi primo y a mí salir de una sala por puertas distintas. Al separarnos sin haberlo previsto, mi primo se asustó. Yo intenté pasar por la siguiente sala rápidamente por si nos encontrábamos más adelante pero fallé en mi respuesta y el juego me expulsó. Al salir busqué a los de seguridad para entrar a buscar a mi primo, cuyos gritos llamándome llevaba oyendo ya un rato. Así que me volví a recorrer medio circuito a toda mecha para que al final mi primo también hubiera salido y me estuviera esperando ya fuera...

    En fin, que aunque ese día no fuera al gym, creo que lo suplí con creces a tenor de las agujetas que tenía en las piernas durante todo el domingo y parte del lunes.

    Por la noche fuimos a ver la de Harry Potter, aunque durante la última media hora (la prueba de laberinto y el enfrentamiento con Voldemort) lo único que mi primo vio fue mi sobaco derecho, lugar al que acudió a refugiarse asustado y previendo que quizá lo que venía a continuación sería aún más terrorífico. Por mi parte, yo he de decir que a mí la peli me gustó mucho. Pero es que a mí me gustaron mucho los libros de Harry Potter (el quinto un poco menos, la verdad) y, de hecho, el que más me ha gustado es justamente en el que se basaba la peli. Pero ya sabemos lo que pasa con las sagas, o las sigues fervientemente o las aborreces. Así que yo, aunque no aguanto Star Wars, pues el niño mago me retrotrae a la infancia y a las pelis que me hubiera gustado ver entonces...

    Pero volviendo al tema de mi primillo. Reconozco que yo, como la mayoría de las mujeres en edad adulta y fértil, tengo mis ramalazos de instinto maternal. Nunca he descartado tener hijos en el futuro, es más, lo considero una opción muy a tener en cuenta. Sin embargo, como mi situación actual (y la que, sospecho, se mantendrá aún por un tiempo) no es la más idónea para críar y educar a un niño, supongo que lo que hace mi instinto es poner a prueba mi capacidad para vermelas con un tierno infante. Y no deja de ser enternecedor poder explicarle y enseñarle cosas a un niño, aunque las preguntas de: "¿tienes novio?" o "¿por qué tienes tantas fotos de chicas en tu habitación?" pueden ponerme en un serio aprieto moral por mucho que yo crea que el niño ya se huele algo de su SuperPrima... Pero siempre he mantenido que a los críos no hay que tratarles como si fueran tontos y no entendieran nada. Porque los niños quizá comprenden las cosas con mucha más facilidad que algunos adultos si sabes explicárselas bien. Porque a los niños hay que contestarles exactamente lo que preguntan sin medias tintas ni titubeos (de ese modo las respuestas a las anteriores preguntas suelen ser: "No, no tengo" y "Porque me gustan"). Mi única frustración es que no consigo que el crío le pille el gusto a la lectura. Aiss!

    Después de tres días con el enano la verdad es que mi instinto maternal se ha calmado y desvanecido por un tiempo. Aunque, si he de ser sincera, cada vez más me entran unas ganas enormes de tener mi propio enano...

    Chascarrillo laboral de hoy:

    Aparte de comprar lotería como posesas, hablar de la cena del viernes y de los sitios a los que iremos después, a Jefa se le ha ocurrido la brillante idea de hacer lo del Amigo Invisible. Y a mí me ha tocado hacerle el regalo a La Pija. El máximo son 6 euros. Así qué, ¿qué se le puede regalar a una tía que tiene de todo? ¿Alguna sugerencia?


    ...de fondo Lonely no more de Rob Thomas
     
    A contracorriente
    Justo cuando empieza la semana margarita (hoy curro, hoy no curro, hoy curro,...) a mí me da por volver a ser una persona decente. Justo cuando a todo el mundo ya empieza a darle lo mismo la lorcilla que rodea sus cinturas porque en las próximas semanas va a ser imposible ya no quitársela sino no aumentarla, yo me vuelvo de nuevo la chica responsable de hace unos meses.

    No es que cante victoria, no. Que ya sé que a mí los buenos propósitos se me caen de las manos igual que los billetes en una noche de copas pero, ¡en fin!, por algo se empieza, ¿no?

    Así que hoy, pese a estar mortalmente cansada porque anoche dormí dos horitas escasas (y no porque saliera de juerga sino porque no había forma de cerrar mis párpados), pese a que he salido de currar a las seis y pese a que mi querido ordenata me estaba llamando a gritos, me he armado de valor, me he cambiado y he bajado al gimnasio.

    Y cuando entro me percato de que durante este mes en el que mis zapatillas Nisu y mi chandal de rastrillo no se han dejado ver por la sala de torturas, han decidido cambiar de sitio la mitad de las máquinas. Y yo, como si fuera nueva, mirando a todas partes con cara de lela en busca del potro de tortura en el que me tocara fustigarme un poquito. Pero, oyes, que me ha sentado de puta madre. He liberado tensiones y endorfinas, he sudado como una cerda y me he quedado de lo más a gusto. Tanto que se me ha quitado el sueño y el cansancio y me he ido a ejercer de maruja al super a hacer algo de compra, que ya va siendo hora de que deje de alimentarme de teletraigoloquequieras...

    Pero es que el papel de chica decente lo empecé a interpretar el viernes. Yo que me quería ir de juerga para celebrar mi cumpleaños alternativo pues... llegué a casa a la una y media.

    La noche empezó en la Fnac. Resulta que era la noche del socio y, como ya deberíais saber, yo soy una de esas socias que se dejan medio sueldo en ese templo de lo audiovisual y cultureta y tenía una bonia invitación. Así que allá que nos fuimos mi amigo, El Ilustre Bifuncionario, y yo, a dar rienda suelta a la vena consumista, pasearnos por entre los estantes copa de champán en mano y dejar que nos regalaran la bonita y poco práctica (por el tamaño, más que nada) agenda Fnac para el año que se avecina. Obvia decir que salí de allí con tres bolsas (dos con libros y una tercera con revistas del Club Cultura, que debe ser que como ni Dios las compra, han decidido regalarlas).

    Con semejante equipaje me fui para Chueca donde el Rusfi & Cia. me esperaban en el My Way. Sin embargo, pese a mis intentos de mantenerme al pie del cañón, sólo aguanté dos copichuelas y me piré a casa con mis nuevos libros.

    El sábado, tras vegetar cual lirón durante horas y horas, me di un duchazo, me arreglé y me fui al centro. Ahora sí que sí. Esta noche tenía que correrme una buena juerga. Primero había quedado con JM para cenar y ponernos al día y luego con el Rusfi y mucha más Cia. que la noche anterior para, con suerte, salir del último garito cuando ya fuera de día.

    Cuando ya estuvimos todos juntitos y apretaditos en una cafetería de Chueca calentando motores, una de las chicas de esa Cia. con la que habíamos quedado nos cuenta que esa noche, a las doce y media, un amigo suyo proyectaba un corto en una discoteca de Gran Vía. Le pregunto que donde y me dice que tiene la dirección pero que no sabe como llegar. Al decirme la dirección casi me caigo del pasmo. Justo al ladito de las oficinas centrales de mi empresa (a los que ya conoceréis como "Los de arriba" o "Los otros"). ¿Que si sé llegar? Pues va a ser que sí.

    Pues allá que nos fuimos. Pero lo que parecía un buen plan para comenzar la noche se empezó a configurar como una pequeña tortura. El corto lo proyectaron con casi una hora de retraso. El haber juntado a tanta gente que no se conocía entre sí había acabado provocando la creación de varios subgrupos (entre ellos, JM y yo escuchando el nuevo disco de Madonna en mi MP3, que él aún no había oído más que el single). Tras el corto, que nos dejó a todos con cara de decir "¿y pa' esto hemos venido?", JM y yo nos despedimos de los asistentes y emprendimos caminito hacia los búhos mientras hablábamos de política. Y no eran ni las dos cuando llegué a casa...

    ¡Aisss! ¡Si es que me estoy haciendo vieja!

    ...de fondo Undiscovered Ibiza Volume 1
     
    Un día especial...
    Hoy es mi cumpleaños...

    Pero no es la fecha que pone en mi DNI...

    Según mi DNI me queda poco para cumplir los veintisiete...

    Pero en realidad hoy cumplo un año, sólo uno...

    Porque hace un año estuve a punto de morir pero, en cambio, volví a nacer...

    Así que hoy saldré a celebrarlo...

    A celebrar que estoy viva y que sigo cumpliendo años.

    ... de fondo With arms wide open de Creed
     
    Las vueltas de la vida
    Los que me conocen saben que cuando hablo de mis abuelos es como si hablara de mis padres. Con ellos me he criado y con ellos he estado hasta que a los diecinueve añitos hice las maletas y me largué de su casa.

    Las razones de mi rápida y precoz independencia son multiples y variadas. Desde los típicos conflictos generacionales (agravados por la avanzada edad de mis abuelos) como la salida a trompicones del armario acaecida a los aún más tiernos diecisiete años y provocada por mi primo.

    A mi abuela, que es la que supo en aquel momento que me gustaban las mujeres, le supuso un shock tremendo, reaccionando incluso violentamente, controlándome, espiándome e, incluso, soltándome algún bofetón (mi abuelo, el pobre, tan sólo supo que yo había salido por Chueca pero creyó que era más por una cuestión de rebeldía que porque yo quisiera encontrar algo allí).

    Con el paso de los años, el verme asentada en mi vida adulta, mis logros personales y la inestimable ayuda de mi madre, mi abuela, que con la vejez ha ido adquiriendo un grado de apertura mental que ya quisieran muchos treinta años más jóvenes, ha ido aceptando que "lo mío" no es tan raro. Su profesora de teatro es lesbiana y acaba de tener una hija con su pareja. Otras compañeras del teatro con las que ensaya, actúa y, en consecuencia, pasa mucho tiempo, también son lesbianas. Lo sigue viendo como algo ajeno a su mundo pero ya no le parece tan extraño.

    A lo largo de todo el tiempo que ha pasado desde que me independicé ha ido soltando alguna pregunta, tímidamente y con cuentagotas, acerca de mi vida amorosa. Preguntas repletas de eufemismos que con los años se han convertido en preguntas más claras y concretas.

    Todavía no ha conocido a ninguna de mis novias. Por dos razones. La primera y primordial es que ninguna me ha durado lo suficiente como para plantearme lo de presentarla a la familia. La segunda viene a ser un poco de lo mismo, por muy liberal que se haya vuelto no creo que llegase a entender que tuviera una (o más) novias o ligues distintos cada año.

    Hará como cosa de un mes, cuando comimos todos juntos al día siguiente de la presentación de mi novela, le llevé un ejemplar. Hace poco me dijo que se lo estaba leyendo y que le parecía muy divertido, que le gustaba más que el primero (y eso que el primero era más politicamente correcto) y que se lo estaba recomendando a todas sus amigas (con el primero hizo un campaña de publicidad tal que a punto estuvo de superar a la que hizo mi propia editorial).

    Hace un par de días la llamé para ver como estaba de sus achaques y tal. Después de enumerármelos se quedó un momento callada y, a continuación, me hizo una pregunta: Cariño, ¿eres feliz?

    Y yo, que últimamente estoy más feliz que una perdiz aunque tenga algún que otro día tontorrón, le dije riéndome que sí, que me sentía muy feliz, que las cosas me iban bien. No sé, supongo que pensé que se refería a los temas de siempre: trabajo, compañeros de piso, dinero... Pero no, tras mi respuesta se puso a monologar acerca de las relaciones. Cielo, tú tienes que ser fuerte y no dejarte llevar. Que hay muchas chicas y no tienes por qué irte con la primera que parezca buena persona... Ya sabemos que en... vuestro mundo hay mucha promiscuidad (ahí salté, no lo pude evitar, le dije que eso era un mito y más entre mujeres, que la promiscuidad se da tanto entre homos como entre heteros) Sí, vale, a lo mejor los heteros lo esconden más... Yo lo único que espero es que encuentres a alguien que te cuide y que te quiera...

    De acuerdo, quizá pueda parecer el diálogo de una película de sobremesa con mucha moralina. Quizá no he transcrito las palabras exactas porque me puse muy nerviosa oyendo hablar a mi abuela de mi vida sentimental. Pero la esencia es la misma.

    Desde los diecisiete años he ejercido el activismo político. He dado la cara, salido en periódicos, radio y televisión, he asistido a conferencias, charlas y debates en representación de colectivos gays, he trabajado en un festival de cine gay y conducido un programa de radio semanal de actualidad gay y lésbica durante más de cuatro años. Escribo novelas con protagonistas homosexuales. He participado en todas las manifestaciones (y no sólo la del Orgullo) convocadas desde 1998 hasta ahora y he asistido a la consecución de un objetivo que hace cinco años muchos considerábamos aún muy lejano.

    Casi diez años después el activismo gay a nivel político lo único que me ha dejado ha sido una tremenda sensación de desengaño y derrota por una serie de razones que no vienen al caso aquí. Sin embargo sigo siendo una firme abanderada del activismo personal. En mi trabajo, en mi familia, con mis consecutivos compañeros de piso me muestro tal y como soy. Si tengo que soltar alguna parrafada, lo hago pero he aprendido que, a largo plazo, surte más efecto dejar que vean que eres tan normal (mira que odio esa palabra) como ellos con tus actos, tus palabras y tu coherencia que entrando en interminables debates que solo consiguen un enfrentamiento mayor.

    ...de fondo Proud Mary de Creedence Clearwater Revival