¡Ya no odio -tanto- los lunes!
En un día que he empezado con mi línea de metro cortada (por causas ajenas a ellos, of course), en el que casi me mato no menos de tres veces mientras bajaba rauda y veloz la calle Alcalá para poder coger el metro en Ventas y en el que todos los cajeros que se han cruzado en mi camino estaban fuera de servicio vuelvo a casa, leo vuestros blogs y una pregunta acude a mi mente: ¿Acaso fui la única que ni se enteró de que ayer eran los Goya? Vamos, es que ni acordarme. Creo que la última vez que vi la gala, Almodóvar aún no tenía ningún Oscar y nadie había oído hablar de Amenábar…
Lo único bueno de que hoy sea lunes es que yo, pese a sufrir el síndrome del domingo (es decir, todo en ese día me agobia, no hago más que pensar en la semana que me espera y cuando llega la noche no puedo dormir), hoy me encuentro de bastante buen humor, he dormido algo más de cinco horitas y no me voy cayendo por los rincones como es habitual en mí un lunes por la tarde. Va a ser que me estoy volviendo responsable y todo…
Aunque ya os conté mis quehaceres del sábado por la tarde, el fin de semana ha resultado curioso. Por supuesto, lo volví a empezar en el curro con más cubatitas (un día la vamos a liar) y, más tarde, con cañitas y charleta con mi editor (empiezo a pensar que ya es una excusa para no salir el viernes por la noche, llego tan perjudicada que lo único que me apetece es meterme en la cama).
El sábado, aunque quedé con el Rusfi & Cia., también había quedado con Tardona, Clon de mi Ex y toda la horda de bollos internautas de la semana pasada. Sabiendo que ambos dos son tremendamente conocidos por su impuntualidad y, puesto que había quedado con ellos con media hora de diferencia, decidí llegar lo más tarde posible. Para mí sorpresa, nada más salir del metro me di de bruces con Tardona, que llegaba ¡quince minutos antes! Le dije que me tenía que pasar por donde estaban el Rusfi y los demás (La Lupe de Hortaleza) y allá que me fui. Y, claro, conociéndole, pues aún no había llegado… Así que me fui a La Bohemia donde me esperaba Tardona junto a un par de chicas más. Rusfi me llamó para decirme que ya habían llegado. Contesté que me estaba tomando una cerveza y que iría un rato después. Y cumplí mi promesa. Y cuando estaba a punto de entrar en La Lupe, el Rusfi va y me llama: "¿Dónde coño estás?”. “A punto de entrar en La Lupe”, le contesté. “¿Y vosotros?”. “En la puerta de La Bohemia”. Y mi cara de panoli iluminó toda la calle Hortaleza. “¡No os mováis de ahí!”, le ordené ya volviendo sobre mis pasos. Sí, señor, viva la tecnología, los móviles y la madre que los parió… Esto en mis tiempos no pasaba…
Ya todos reunidos en La Bohemia se formó el típico binomio entre dos grupos que sólo tienen un miembro en común. Y yo, ahí, entre unos y otras, repartiendo conversación, sonrisas y bailando la canción más conocida de Tarkan (lo que me hizo acordarme de un reciente post del Ave). Pero como a una, pese a su vocación juerguista (que sigue estando aunque no sepa dónde), últimamente la domina el espíritu de La Cenicienta, decidí irme a casa. Y allí estaba yo, despidiéndome de la gente con mi chaqueta en la mano y aguantando collejas por irme tan pronto, cuando, al darme la vuelta para salir del local veo como una chica se me queda mirando y, a continuación, me dice: “¿Tú no eres la Arrierita” (bueno, no dijo Arrierita sino mi nombre real pero vosotr@s me entendéis). “Sí” contesté yo, casi a cuadros escoceses. “Arrierita eres” (bueno, aquí dijo mi nombre y mi apellido, vosotr@s me seguís entendiendo). “Sí” respondí yo, al borde del ataque de vergüenza. “Tú escribes un blog, ¿verdad?” mi cabeza asintió, “ay, madre” decían mis tripas. “Yo soy... ¡Top!”. Pues sí, la gran Top, creadora del blog más endiabladamente divertido y delirante sobre el planeta bollo y alrededores. “¿No lo pondras en tu blog?”, me dijo. Pero niña, ¿cómo no voy a ponerlo si el tuyo fue mi blog-zero en esta segunda etapa mía en la blogosfera…? En fin, que me hizo mucha ilusión y me fui a casa con una sonrisa incrustada en la cara…
Y mañana, puesto que El Comercial se ha ido (le han ascendido en su curro y le mandan fuera de Madrid), me llega mi nueva compañera de piso. Joer, después de tanto tiempo viviendo con chicos ya era hora de que se equilibrase el nivel de estrógenos en mi casa…
…de fondo Bizarre love triangle de Jewel
Lo único bueno de que hoy sea lunes es que yo, pese a sufrir el síndrome del domingo (es decir, todo en ese día me agobia, no hago más que pensar en la semana que me espera y cuando llega la noche no puedo dormir), hoy me encuentro de bastante buen humor, he dormido algo más de cinco horitas y no me voy cayendo por los rincones como es habitual en mí un lunes por la tarde. Va a ser que me estoy volviendo responsable y todo…
Aunque ya os conté mis quehaceres del sábado por la tarde, el fin de semana ha resultado curioso. Por supuesto, lo volví a empezar en el curro con más cubatitas (un día la vamos a liar) y, más tarde, con cañitas y charleta con mi editor (empiezo a pensar que ya es una excusa para no salir el viernes por la noche, llego tan perjudicada que lo único que me apetece es meterme en la cama).
El sábado, aunque quedé con el Rusfi & Cia., también había quedado con Tardona, Clon de mi Ex y toda la horda de bollos internautas de la semana pasada. Sabiendo que ambos dos son tremendamente conocidos por su impuntualidad y, puesto que había quedado con ellos con media hora de diferencia, decidí llegar lo más tarde posible. Para mí sorpresa, nada más salir del metro me di de bruces con Tardona, que llegaba ¡quince minutos antes! Le dije que me tenía que pasar por donde estaban el Rusfi y los demás (La Lupe de Hortaleza) y allá que me fui. Y, claro, conociéndole, pues aún no había llegado… Así que me fui a La Bohemia donde me esperaba Tardona junto a un par de chicas más. Rusfi me llamó para decirme que ya habían llegado. Contesté que me estaba tomando una cerveza y que iría un rato después. Y cumplí mi promesa. Y cuando estaba a punto de entrar en La Lupe, el Rusfi va y me llama: "¿Dónde coño estás?”. “A punto de entrar en La Lupe”, le contesté. “¿Y vosotros?”. “En la puerta de La Bohemia”. Y mi cara de panoli iluminó toda la calle Hortaleza. “¡No os mováis de ahí!”, le ordené ya volviendo sobre mis pasos. Sí, señor, viva la tecnología, los móviles y la madre que los parió… Esto en mis tiempos no pasaba…
Ya todos reunidos en La Bohemia se formó el típico binomio entre dos grupos que sólo tienen un miembro en común. Y yo, ahí, entre unos y otras, repartiendo conversación, sonrisas y bailando la canción más conocida de Tarkan (lo que me hizo acordarme de un reciente post del Ave). Pero como a una, pese a su vocación juerguista (que sigue estando aunque no sepa dónde), últimamente la domina el espíritu de La Cenicienta, decidí irme a casa. Y allí estaba yo, despidiéndome de la gente con mi chaqueta en la mano y aguantando collejas por irme tan pronto, cuando, al darme la vuelta para salir del local veo como una chica se me queda mirando y, a continuación, me dice: “¿Tú no eres la Arrierita” (bueno, no dijo Arrierita sino mi nombre real pero vosotr@s me entendéis). “Sí” contesté yo, casi a cuadros escoceses. “Arrierita eres” (bueno, aquí dijo mi nombre y mi apellido, vosotr@s me seguís entendiendo). “Sí” respondí yo, al borde del ataque de vergüenza. “Tú escribes un blog, ¿verdad?” mi cabeza asintió, “ay, madre” decían mis tripas. “Yo soy... ¡Top!”. Pues sí, la gran Top, creadora del blog más endiabladamente divertido y delirante sobre el planeta bollo y alrededores. “¿No lo pondras en tu blog?”, me dijo. Pero niña, ¿cómo no voy a ponerlo si el tuyo fue mi blog-zero en esta segunda etapa mía en la blogosfera…? En fin, que me hizo mucha ilusión y me fui a casa con una sonrisa incrustada en la cara…
Y mañana, puesto que El Comercial se ha ido (le han ascendido en su curro y le mandan fuera de Madrid), me llega mi nueva compañera de piso. Joer, después de tanto tiempo viviendo con chicos ya era hora de que se equilibrase el nivel de estrógenos en mi casa…
…de fondo Bizarre love triangle de Jewel
Pequeños placeres
Disfruto mucho de los sábados por la tarde en casa. Me gusta estar sola, cuando mis compañeros de piso se van y yo puedo andar a mis anchas. Recojo y limpio, pongo cada cosa en su sitio, escucho esas canciones que me llegan, me gustan o, simplemente, desatan mi lado petardo. Canto a gritos y bailo con la fregona. Mi perrillo se esconde bajo la cama cuando saco la aspiradora y al acabar se acerca a mí todavía temblando de miedo. A ratos me paro para fumar un cigarrillo, ver qué cositas nuevas se han descargado, ver o escuchar algunas. Otras archivarlas para más tarde.
Me gusta bajar a hacer la compra (aunque últimamente me cueste un triunfo). Comprar mis cositas pensando en qué me voy a cocinar esta noche o qué me puedo dejar hecho para llevarme al trabajo. Volver cargada de bolsas (creo que voy a empezar a comprar por internet, aunque sea mi perdición... no volveré a salir de casa) y colocar las cosas en la nevera y los armarios. Bajar a mi perrillo y observarle mientras husmea cada arbusto, farola o árbol que se cruza en nuestro camino. Volver a casa y rellenarle su escudilla con pienso y agua fresca y observarle de nuevo mientras bebe para acabar lanzándome una mirada de agradecimiento.
Leer tantos blogs que tengo pendientes de leer. Ir saltando de unos a otros, leer a amigos y ver que hablan de mí y recogen mi testigo de las cinco manías (¿alguien se ha librado?). Leer a ratos el nuevo manuscrito que me ha pasado la editorial (no comment, informe negativo) para luego ponerme a pensar en quién soy yo para decidir sobre los sueños de otros. Y recuerdo cuándo yo era esa adolescente que escribía por puro amor a la literatura, deseosa de que llegase el fin de semana para poder encerrarme en mi castillo a darle alas a mi imaginación. En cuando yo también envié por primera vez una novela a un premio literario y cómo aguardé ansiosa que me contestaran. Tuve suerte porque lo hicieron. Y justo cuando me convertí en "escritora" comprendí que había dejado de serlo. Me convertí en un producto.
Pero acabo el libro. Y lo dejo a un lado pensando en lo que le voy a decir a mi editor (¿alguien tiene la gran novela bollo durmiendo en un cajón? Enviadsela, por favor...). Y me preparo una pizza para cenar prontito. Porque los pequeños placeres también deben ser breves y porque el Rusfi me ha conminado a salir un ratín por el Parque Temático esta noche. Y una está descuidando mucho sus relaciones sociales últimamente... Aisss, qué cruz, con lo que cuesta arrancarme de casa en estos tiempos invernales...

¿¡Viene esa pizza o qué!?
...de fondo Dyslexic Heart de Paul Westerberg
Me gusta bajar a hacer la compra (aunque últimamente me cueste un triunfo). Comprar mis cositas pensando en qué me voy a cocinar esta noche o qué me puedo dejar hecho para llevarme al trabajo. Volver cargada de bolsas (creo que voy a empezar a comprar por internet, aunque sea mi perdición... no volveré a salir de casa) y colocar las cosas en la nevera y los armarios. Bajar a mi perrillo y observarle mientras husmea cada arbusto, farola o árbol que se cruza en nuestro camino. Volver a casa y rellenarle su escudilla con pienso y agua fresca y observarle de nuevo mientras bebe para acabar lanzándome una mirada de agradecimiento.
Leer tantos blogs que tengo pendientes de leer. Ir saltando de unos a otros, leer a amigos y ver que hablan de mí y recogen mi testigo de las cinco manías (¿alguien se ha librado?). Leer a ratos el nuevo manuscrito que me ha pasado la editorial (no comment, informe negativo) para luego ponerme a pensar en quién soy yo para decidir sobre los sueños de otros. Y recuerdo cuándo yo era esa adolescente que escribía por puro amor a la literatura, deseosa de que llegase el fin de semana para poder encerrarme en mi castillo a darle alas a mi imaginación. En cuando yo también envié por primera vez una novela a un premio literario y cómo aguardé ansiosa que me contestaran. Tuve suerte porque lo hicieron. Y justo cuando me convertí en "escritora" comprendí que había dejado de serlo. Me convertí en un producto.
Pero acabo el libro. Y lo dejo a un lado pensando en lo que le voy a decir a mi editor (¿alguien tiene la gran novela bollo durmiendo en un cajón? Enviadsela, por favor...). Y me preparo una pizza para cenar prontito. Porque los pequeños placeres también deben ser breves y porque el Rusfi me ha conminado a salir un ratín por el Parque Temático esta noche. Y una está descuidando mucho sus relaciones sociales últimamente... Aisss, qué cruz, con lo que cuesta arrancarme de casa en estos tiempos invernales...

¿¡Viene esa pizza o qué!?
...de fondo Dyslexic Heart de Paul Westerberg
Casualidad
Escucho tus nuevas canciones en esa misma habitación en la que años atrás creaste tantas melodías... Y me reitero en lo que dije: ojala la vida y el tiempo te den la oportunidad de demostrar lo que vales. Yo me alegraré por ello sin críticas ni enjundias fáciles. Aunque ya no consigas emocionarme como solías...
...de fondo... ya lo he dicho...
...de fondo... ya lo he dicho...
¡Arrieritos somos...
Hay personas que se creen muy interesantes cuando ése es un adjetivo que sólo nos puede poner la gente que nos conoce pero a la que no nos une ningún vínculo afectivo que afecte a su objetividad. Estas personas poseen un ego de tonelaje industrial que es inversamente proporcional a su grado de humildad. Sólo se alegran de sus propios éxitos y tratan por todos los medios de menospreciar el de las personas que, según ellos, no lo valen. Porque piensan que ellas se lo merecen más que nadie y que el mundo las ha tratado injustamente al negarles algo que ansiaban con tanta fuerza.
“Hay escritores que escriben novelas realistas. Hay personas que novelan la vida de los demás. Y no son necesariamente originales, puesto que su talento desaparece una vez que dejan de conocer personas interesantes” escribiste en tu blog, en el cual no comenté en su momento ni pienso hacerlo jamás. Nunca he novelado la vida de los demás. Lo que hago, al igual que tú y muchos otros, es nutrirme de mis experiencias y de mi entorno y, en todo caso, parodiar a personas que lo único que consiguen provocarme a estas alturas es hilaridad. Si tengo algún talento, ya lo tenía antes de conocerte y lo seguiré teniendo aunque no te vuelva a ver jamás (cosa que nunca agradeceré lo suficiente… Lo de no verte, por supuesto).
No creo tener ningún tipo de éxito y menos esa clase de éxito que provoca envidia y recelo sin embargo lo que me llega de ti me demuestra lo rabiosa que te puedes llegar a sentir sólo por mi mera existencia
Sé que tú (y tal vez tu resentida amiguita) leéis este blog. Yo pensaba que la puerilidad y la incoherencia se curaban con el paso de los años. Me habéis demostrado que estaba muy equivocada. Intentando quitarme importancia a base de hablar mal de mí me estáis dando más de la que os gustaría. Haceos un favor a vosotras mismas, dejad ya de comportaros como damiselas ofendidas. No os va nada ese papel.
El título de mi blog no fue elegido arbitrariamente. Creo que, muchas veces, la vida le da a cada uno lo que se merece. Para bien y para mal.
Pese a todo mi opinión de ti y de tu arte sigue siendo la misma que he tenido durante los últimos diez años. Ardo en deseos de que demuestres de una vez todo lo que sabes hacer. Yo seré la primera que estará allí para verlo y, por supuesto, las rencillas personales nunca alterarán mi objetividad.
…en el camino nos encontraremos!
... de fondo Believe de K's Choice
“Hay escritores que escriben novelas realistas. Hay personas que novelan la vida de los demás. Y no son necesariamente originales, puesto que su talento desaparece una vez que dejan de conocer personas interesantes” escribiste en tu blog, en el cual no comenté en su momento ni pienso hacerlo jamás. Nunca he novelado la vida de los demás. Lo que hago, al igual que tú y muchos otros, es nutrirme de mis experiencias y de mi entorno y, en todo caso, parodiar a personas que lo único que consiguen provocarme a estas alturas es hilaridad. Si tengo algún talento, ya lo tenía antes de conocerte y lo seguiré teniendo aunque no te vuelva a ver jamás (cosa que nunca agradeceré lo suficiente… Lo de no verte, por supuesto).
No creo tener ningún tipo de éxito y menos esa clase de éxito que provoca envidia y recelo sin embargo lo que me llega de ti me demuestra lo rabiosa que te puedes llegar a sentir sólo por mi mera existencia
Sé que tú (y tal vez tu resentida amiguita) leéis este blog. Yo pensaba que la puerilidad y la incoherencia se curaban con el paso de los años. Me habéis demostrado que estaba muy equivocada. Intentando quitarme importancia a base de hablar mal de mí me estáis dando más de la que os gustaría. Haceos un favor a vosotras mismas, dejad ya de comportaros como damiselas ofendidas. No os va nada ese papel.
El título de mi blog no fue elegido arbitrariamente. Creo que, muchas veces, la vida le da a cada uno lo que se merece. Para bien y para mal.
Pese a todo mi opinión de ti y de tu arte sigue siendo la misma que he tenido durante los últimos diez años. Ardo en deseos de que demuestres de una vez todo lo que sabes hacer. Yo seré la primera que estará allí para verlo y, por supuesto, las rencillas personales nunca alterarán mi objetividad.
…en el camino nos encontraremos!
... de fondo Believe de K's Choice
¡Una serie de bollos de verdad!

Para las que les supo a poco el post hiper-extra-largo dedicado a la mundialmente bolloconocida serie The L Word (y ya me resulta difícil creer que con lo que me enrollé les supiera a poco) les voy a hacer una sugerencia y las animo a visitar esta página. Y gracias a Marlako por decirme que esto existía!!!
Pero, por supuesto, no me voy a limitar a poner el link sin comentar algo yo y haceros entrar un poco en materia (que yo no puedo callarme ni debajo del agua). Además, que soy consciente de que no todo el mundo sabe inglés y creo que algunas agradecerán que explique algunas cosas en la lengua de Cervantes.
Así la presentan: "The D Word es una parodia neoyorquina de esa "otra" serie sáfica. Vea gays, heteros, bisexuales, lesbianas, transgéneros y clásico bollo-drama también, en la Gran Manzana Marica poblada por gente como la gente de verdad"
La temporada 1 de esta serie consta de 6 episodios de unos 10 minutos de duración cada uno y se concibió para ser emitida en Dyke TV. ¿Y qué es Dyke TV? Pues es un programa de media horita que se emite a través del canal de cable Free Speech TV en varios estados de los iusei. Si es que está claro que ser bollo y tener cable van a estar intrínsicamente unidos. ¡Y yo aún sin receptor TDT!
También ha circulado (y continúa haciéndolo) por más de 40 festivales en 15 países distintos. Aquí en España se pudo ver el pasado mes de julio en la Mostra Lambda de Barcelona. ¿Serán mis queridos amigos del LesGaiCineMad tan avispados como para traerla en la próxima edición...? Yo ya he hecho mis apuestas...
Pero vamos al meollo. The D Word es una parodia en toda regla de la bollofashion serie que trae locas a las lesbianas de medio mundo. Para que os hagáis una idea:
Dani Silverman es una recién licenciada en escritura que llega a Nueva York para comenzar su carrera y vivir con su novio Dim Gospel que, a su vez, es el entrenador del equipo de ajedrez femenino de la Hudson University. Le describen como un "agradable hetero tarado" que sólo tiene ojos para su novia,... para sus vecinas Dot y Dina y... para el porno lésbico...
Dot Parker es la directora artistica del Teatro Colectivo de Mujeres Anarquistas. Lleva 7 años con su compañera Dina Cunnard que, curioso, oyes, está intentando quedarse embarazada.
Drea McClay es una superbollo rompecorazones con una larga lista de conquistas. Es una dog-groomer, que supongo que será un especie de cuidadora de perros (aunque le pegaría más ser peluquera... peluquera de perros, ¡claro!) y es propietaria de The Woof'n'Muff, un salón para lesbianas y sus perritos (me estoy planteando abrir yo uno junto con Chucho Infernal, a ver qué tal funcionaba...).
Dixie Lipshitz es una periodista bisexual aficionada al SM que escribe para Fetichismo Trimestral... no comment!
Daynisha Dykman es una jugadora profesional de baloncesto en la WNBA (la liga femenina de la NBA). Aún está dentro del armario... ejem, ejem,...
Dex Parker es el medio hermano de Dot. Es musico y está en plena transición de mujer a hombre... (pues lo que le hubiera faltado a la pobre de Pam Grier...).
Y para acabar, Daria es la mujer del misterioso acento extranjero que posee el bar donde todos los anteriores se reunen para hacer el ganso, Las Gatitas Borrachas...
¡Aviso! No he visto esta serie. No sé qué tal está (aunque prometer, la verdad es que promete) porque he sido totalmente incapaz de encontrarla via eMule. Lo único que he visto ha sido la cabecera de presentación que hay en la web pero, ¡por dios! me encantan las parodias, me muero de ganas de verla... Si alguien sabe de cómo conseguirlo que, por favor, se apiade de esta pobre friki...

¡Venga, a buscar los parecidos!
...de fondo So jelaous de Tegan & Sara (sí, ya voy por la BSO de la tercera... ¡pero esta ya la tenía de antes, eh!)
De juergas laborales y vaqueros gays
Si cuando yo digo que mi oficina es muy peculiar es que tengo mis motivos. El viernes, por ejemplo, no eran ni las once de la mañana cuando se presentó El Potentado trayendo consigo una botella de buen vino y medio lomo. Y mientras Amargada y Puto Almacenero se iban a por pan y a una charcuteria a que les cortaran el lomo, el resto sacábamos vasos de plástico y descorchábamos la botella para, al cabo de unos minutos, ponernos a comer y beber a dos carrillos. Y no contenta con eso, hacia la una y media a Jefa se le antoja un cubatita. El caso es que estas navidades a Jefe le mandaron una cesta con tres botellas de whisky (J&B, White Label y 100 Pipers) que nos dio porque él no bebe y que nosotras guardábamos en el armario en espera de una ocasión propicia. Y Jefa decidió que esa ocasión era tan propicia como cualquier otra. Así que me dice a mí que me acerque al Sprint de la esquina a por Coca-Cola, más pan y algo de picar. Cuando vuelvo veo que la tortilla que se había traído para comer, la está partiendo y, en cuanto le tiendo el pan, la pone sobre ellos. ¡Hala! A las dos de la tarde bebiedo cubatas y comiendo tortilla. Si cuando dicen que el trabajo dignifica se refieren a esto me voy a volver adicta al trabajo....
A las tres, con una modorra que ni os cuento, salgo de trabajar y me voy al bar en el que he quedado con mi editor para hablar de algunos asuntillos acerca de mi próxima novela, el contrato y demás cotilleos paraliterarios (reconozco que me encanta la parte social que a veces conlleva esto de la literatura). Pues nada, a darle a las cañitas y a los pinchos de tortilla... Obvia decir que cuando a las seis de la tarde llegué a mi casa estaba ya para pocas fiestas... Que las juergas también estresan, oye...
El sábado les había prometido a mis abuelos ir a comer con ellos. Así que a las dos de la tarde estaba en esa ciudad de extrarradio que me vio crecer años ha dispuesta a meterme entre pecho y espalda el abundante cocido madrileño que mi abuela había preparado a petición mía (cosas de la vida de soltera, de vez en cuando te apetece comer caliente). Cocido del que, por supuesto, me he traído varias raciones además de un surtido de ibéricos provenientes de la cesta de navidad que todos los años los vecinos le regalan a mi abuelo (es el presidente vitalicio de la comunidad y, a diferencia del Sr. Cuesta, mi abuelillo es muy querido entre sus convecinos).
Ya de vuelta en Madrid había quedado con el Rusfi y su chico para ir al cine. Al cine que, casualmente, está al ladito de mi curro. La película elegida fue la tan promocionada Brokeback Mountain. Y en contra de lo que yo creía a ellos no les gustó en absoluto mientras que a mí, que nunca espero demasiado de las películas y menos de las que me quieren vender como "obras maestras", no me disgustó. La crítica más adelante si saco inspiración. Y si no, daos un paseo por el blog del Rusfi, que seguro que él tiene algo que decir.
Tras la peli me fui a casa pese a los intentos de mis amigos de que me quedase. Que no, que no, que mi vena juerguista se ha largado junto con mi libido y andan las dos en paradero desconocido.
Y para rematar el finde dentro de un rato voy a una quedada internauta a la que me ha invitado Tardona. ¡Aiss! Y pensar que yo estas cosas ya las había dejado...
...de fondo Animal de Pearl Jam
A las tres, con una modorra que ni os cuento, salgo de trabajar y me voy al bar en el que he quedado con mi editor para hablar de algunos asuntillos acerca de mi próxima novela, el contrato y demás cotilleos paraliterarios (reconozco que me encanta la parte social que a veces conlleva esto de la literatura). Pues nada, a darle a las cañitas y a los pinchos de tortilla... Obvia decir que cuando a las seis de la tarde llegué a mi casa estaba ya para pocas fiestas... Que las juergas también estresan, oye...
El sábado les había prometido a mis abuelos ir a comer con ellos. Así que a las dos de la tarde estaba en esa ciudad de extrarradio que me vio crecer años ha dispuesta a meterme entre pecho y espalda el abundante cocido madrileño que mi abuela había preparado a petición mía (cosas de la vida de soltera, de vez en cuando te apetece comer caliente). Cocido del que, por supuesto, me he traído varias raciones además de un surtido de ibéricos provenientes de la cesta de navidad que todos los años los vecinos le regalan a mi abuelo (es el presidente vitalicio de la comunidad y, a diferencia del Sr. Cuesta, mi abuelillo es muy querido entre sus convecinos).
Ya de vuelta en Madrid había quedado con el Rusfi y su chico para ir al cine. Al cine que, casualmente, está al ladito de mi curro. La película elegida fue la tan promocionada Brokeback Mountain. Y en contra de lo que yo creía a ellos no les gustó en absoluto mientras que a mí, que nunca espero demasiado de las películas y menos de las que me quieren vender como "obras maestras", no me disgustó. La crítica más adelante si saco inspiración. Y si no, daos un paseo por el blog del Rusfi, que seguro que él tiene algo que decir.
Tras la peli me fui a casa pese a los intentos de mis amigos de que me quedase. Que no, que no, que mi vena juerguista se ha largado junto con mi libido y andan las dos en paradero desconocido.
Y para rematar el finde dentro de un rato voy a una quedada internauta a la que me ha invitado Tardona. ¡Aiss! Y pensar que yo estas cosas ya las había dejado...
...de fondo Animal de Pearl Jam
Manías de una maníatica
Ya creía yo que me iba a librar pero no... Por partida doble me han incluído en la cadena de las manías. Así que voy a hacer lo mismo que LinceMiope y escribir el doble. Aunque intentaré controlar mi manía de escribir post hiper-extra-largos. Ahí van:
-Quedarme como una pazguata viendo cómo se bajan los archivos en el eMule. Aunque no es nada nuevo, ya me pasaba con Napster, Morpheus, AudioGalaxy, Kazaa y eDonkey. Soy como la gata que tuvo un compañero de piso cuando se quedaba embobada viendo dar vueltas el tambor de la lavadora. Se me queda la misma cara de alelada viendo los ratios de descarga.
-Cuando estoy bailando en algún bar y empieza una nueva canción, me paro, espero hasta identificarla y luego sigo bailando mientras canto la letra (da igual el idioma). Dependiendo del humor y la compañía que tenga, recito cual robot los datos de la canción: Título, interprete, album en el que estaba incluido, año de publicación y si fue single, en qué orden lo hizo. Esto me ha granjeado no pocas miradas aviesas de personas que no conocían mi alto grado de frikismo musical
-Veo siempre que puedo las películas en versión original. Si estoy acompañada y hay suficiente confianza, comento cosas aparentemente absurdas tipo: "El director de esta peli es también el de esta otra" o "¿Ves a esa actriz ultrasecundaria? Pues es la prima de la cuñada del hermano de esa otra actriz que hizo tal película". Cosas como esta han hecho que, por decision propia, prefiera ir sola al cine para no fastidiarle la peli a nadie.
-Cuando estoy sola hablo en inglés (sobre todo después de ver pelis en versión original). No sé muy bien por qué.
-Utilizo las agendas para saber lo que he hecho, no lo que tengo que hacer.
-No soporto llevar reloj, ni pulseras, ni anillos y rara vez me pongo pendientes. Es curioso porque de adolescente me colgaba todo lo que pillaba y no sabía vivir sin reloj.
-Cuando camino por la calle suelo sincronizar mis pasos con el ritmo de la musica que lleve en el MP3. Por eso casi siempre llevo rock o house, porque me gusta andar deprisa.
-Solo tengo tres iconos en el escritorio del PC y soy una maníatica de las carpetas y subcarpetas. Tengo que tener todo ordenado y clasificado.
-Tiendo la ropa ordenada por tamaños,colores y, a veces, hasta combinando los colores de las pinzas.
-Y, sí, yo también soy de esas que no soporta que aprieten el tubo de dentrifico por la mitad.
Así que después de todo esto puedo admitir sin temor a equivocarme que soy maníaco-obsesiva.
A ver... Cada cual tiene su cruz, ¿no?
Y paso el testigo a...
-El Rusfi
-l2
-d
Y porque a l@s demás ya os han pillado antes que yo, que si no...
...de fondo The Blower's Daughter de Damien Rice
-Quedarme como una pazguata viendo cómo se bajan los archivos en el eMule. Aunque no es nada nuevo, ya me pasaba con Napster, Morpheus, AudioGalaxy, Kazaa y eDonkey. Soy como la gata que tuvo un compañero de piso cuando se quedaba embobada viendo dar vueltas el tambor de la lavadora. Se me queda la misma cara de alelada viendo los ratios de descarga.
-Cuando estoy bailando en algún bar y empieza una nueva canción, me paro, espero hasta identificarla y luego sigo bailando mientras canto la letra (da igual el idioma). Dependiendo del humor y la compañía que tenga, recito cual robot los datos de la canción: Título, interprete, album en el que estaba incluido, año de publicación y si fue single, en qué orden lo hizo. Esto me ha granjeado no pocas miradas aviesas de personas que no conocían mi alto grado de frikismo musical
-Veo siempre que puedo las películas en versión original. Si estoy acompañada y hay suficiente confianza, comento cosas aparentemente absurdas tipo: "El director de esta peli es también el de esta otra" o "¿Ves a esa actriz ultrasecundaria? Pues es la prima de la cuñada del hermano de esa otra actriz que hizo tal película". Cosas como esta han hecho que, por decision propia, prefiera ir sola al cine para no fastidiarle la peli a nadie.
-Cuando estoy sola hablo en inglés (sobre todo después de ver pelis en versión original). No sé muy bien por qué.
-Utilizo las agendas para saber lo que he hecho, no lo que tengo que hacer.
-No soporto llevar reloj, ni pulseras, ni anillos y rara vez me pongo pendientes. Es curioso porque de adolescente me colgaba todo lo que pillaba y no sabía vivir sin reloj.
-Cuando camino por la calle suelo sincronizar mis pasos con el ritmo de la musica que lleve en el MP3. Por eso casi siempre llevo rock o house, porque me gusta andar deprisa.
-Solo tengo tres iconos en el escritorio del PC y soy una maníatica de las carpetas y subcarpetas. Tengo que tener todo ordenado y clasificado.
-Tiendo la ropa ordenada por tamaños,colores y, a veces, hasta combinando los colores de las pinzas.
-Y, sí, yo también soy de esas que no soporta que aprieten el tubo de dentrifico por la mitad.
Así que después de todo esto puedo admitir sin temor a equivocarme que soy maníaco-obsesiva.
A ver... Cada cual tiene su cruz, ¿no?
Y paso el testigo a...
-El Rusfi
-l2
-d
Y porque a l@s demás ya os han pillado antes que yo, que si no...
...de fondo The Blower's Daughter de Damien Rice
Arrieritos S.L. presenta “Dame el mando que la tele es mía”
Hoy: The L Word (que lo de "L" me parece mu' soso)

Nooooo, no lo enseñamos todo...
No os debería pillar de sorpresa porque ya lo avisé. Y como hoy comienza a emitirse la primera temporada en España a través de Canal + (porque las bollos de este país tenemos pasta suficiente para abonarnos a la televisión de pago, claro) y el domingo comenzó la tercera (por supuesto, mi mulita ya se ha puesto a trabajar) en los iuesei, no veo mejor momento que este para hablar de todo lo que me ha dado tiempo a elucubrar sobre la serie desde que la viera hace un mes (y aviso también ahora que este post va a ser muyyyyy largo…).
Y aunque, en principio, parezca que no viene a cuento, voy a empezar hablando de otra cosa.
Uno de los escritores que más me gustan (aunque reconozco que no le sigo fielmente) es el norteamericano Paul Auster (y pese a que algun@s puedan escandalizarse, reconozco también que me suele gustar bastante cierta literatura contemporánea estadounidense). Me gusta Auster porque tiene la misma fijación que yo con el azar, las casualidades, los ciclos que se repiten y el eterno retorno. Sus novelas están llenas de guiños, de paradojas y paradigmas, de pequeños enigmas escondidos en simples escenas cotidianas.
Recuerdo que tras la ruptura, mi ex, la Bollera Reprimida, me acusó de fijarme demasiado en ese tipo de pequeños detalles, de darle demasiada importancia a cosas que no la tenían, de vivir obsesionada con las casualidades que, una y otra vez, se paseaban por mi vida. Pero yo, al igual que todo el mundo, busco un significado. Mi vida está tan fragmentada que cada vez que encuentro una conexión entre dos fragmentos, siento la obligación de buscarle un significado. Para mí las conexiones existen, pero otorgarles un valor, mirar más allá de la cruda realidad de mi existencia, es construir un mundo imaginario dentro del mundo real, un mundo que sólo tiene sentido y valor para mí, aunque sepa que fuera de mí ese mundo no puede sustentarse. Así que en otros momentos adopto el sinsentido como principio básico, como mecanismo de defensa para que las cosas de mi alrededor no me afecten. Pero a la hora de sentarme a escribir siento que mi obligación es ver lo que tengo delante, lo que también está en mi interior, y describir lo que veo tal y como yo lo veo.
Porque los detalles, los recuerdos, las casualidades, las connotaciones, son los que conforman a las personas, los que nos ayudan a darles una entidad global, los que nos hacen recordarlas mucho tiempo después de que hayan salido de nuestras vidas.
Y digo todo esto porque me parece una tremenda ironía que una serie de lesbianas (la serie de lesbianas por excelencia, a juzgar por el revuelo que ha armado) dé comienzo justo el día en que cumple años una miembra del Comando de Bolleras Desalmadas que para mí (mal que me pese porque me pesa y mucho) durante un tiempo fue muy especial por razones que me permitiréis no contar. Del mismo modo que me pareció una tremenda ironía que mi última novela saliera al mercado el mismo día que mi ex cumplía años. O que su presentación fuese justo un año después del día en que me fui de viaje con mi ex y el resto del comando. Un viaje que prometía ser inolvidable. Y lo fue. Pero por causas muy distintas a las que yo esperaba…
Así que, aunque luego retomaré mi tono sarcástico para hablar de la serie en cuestión, antes necesitaba soltar toda esta parrafada para que, más tarde, pudiérais entender el impacto que me produjo la serie. Porque las chicas de The L World no son (del todo) tan irreales como parecen. Porque sí existen en la vida real. Porque yo tuve la desgracia de cruzarme en su camino. De cruzarme con el Comando de Bolleras Desalmadas, versión española de esa pandillita lesbian chic que habita en el West Hollywood catódico.
En fin, dejemos a un lado las ñoñerías y al turrón, que hay mucho donde hincar el diente…
Desde que las lesbianas somos tan cool y fashion como nuestros compañeros los gays, desde que se tiene una (falsa) sensación de visibilidad gracias a que aparecemos (un poco) más en películas, series de televisión o libros, desde que ya no se asocia (tanto) a la lesbiana con el estereotipo de mujer masculina, yo intuía que no tardarían en hacer algo similar a lo que ya se había hecho (con éxito) primero en UK y, más tarde, en Estados Unidos con la serie Queer as folk.
La sombra de Melrose Place es alargada
A principios de los noventa, dos series de Darren Starr y Aaron Spelling revolucionaron la televisión. Se trataba de Beverly Hills 90210 (aquí con el cocacolítico nombre de Sensación de vivir) y Melrose Place. Series que ya no eran para toda la familia, que hablaban de jóvenes (aunque fueran jóvenes con unos problemas tan “similares” a los nuestros como los de Beverly Hills), en un tono desenfadado (juas, juas) y con chicos y chicas de muy buen ver (aunque, claro, el tiempo es lo que tiene, ahora ves a Jason Priestley en esa serie y te preguntas: “¿Y yo consideraba guapo a “eso? ¡Por Dios, qué pintas!”). Y Melrose Place, que tuvo un comienzo prometedor en tanto que pretendía mostrar más la problemática social de la juventud y sus dilemas existenciales (todo ello era la intención inicial, por supuesto, intención que no duró más allá de unos pocos capítulos) acabó degenerando en un culebrón al más puro estilo Santa Bárbara (su gran predecesora) en el que todos se liaban con todos y había tantos malos malísimos que no sabías cual era tu favorito. Pero dejó huella. Que levante la mano quién no haya dicho o escuchado alguna vez, en referencia a algún grupo de amig@s jóvenes, guap@s y fashion que practican la endogamia sexual indiscriminada entre ellos eso de: “Parecen la versión española de Melrose Place”.
Además, Melrose Place fue una de las primeras series en incluir un personaje gay entre los personajes fijos (de acuerdo, era un gay que no se comía un rosco, que era el pañuelo de lágrimas del resto del elenco y que por no tener no tenía ni vida sexual, a diferencia de sus compañeros, que compartían fluidos corporales hasta con el pescadero). Melrose Place era una serie hetero con personaje gay. The L Word es una serie bollo con un personaje hetero (o con tres, si contamos al cornudo de Tim y al fan de Gran Hermano que coloca cámaras por toda la casa para hacer un documental sobre la lesbiana salvaje en su habitat natural).
Desde que apareciera Melrose Place, muchas series han seguido su estela, convirtiendo en habitual la estructura argumental de una serie con gente joven que son vecinos, comparten piso y, sobre todo, son muy, muy amigos (y hasta con derecho a roce, faltaría más). Y The L Word no se aparta ni un ápice de este modelo. Son amigas, vecinas y compañeras de piso y comparten sus fluidos corporales (que son muchos y abundantes).
La vida es un continuo estereotipo
Muchas voces se han alzado desde el colectivo lésbico criticando la irrealidad de la serie y diciendo que no se sienten en absoluto representadas por ninguno de los personajes. Pero, seamos realistas, ¿acaso Melrose Place representaba el mundo hetero? ¿de verdad todos los tíos heterosexuales marcan los mismos abdominales que Jake o Billy? Porque a mí, la realidad de playas y piscinas me dice todo lo contrario…
También dicen, no sin falta de razón, que no hay lesbianas butch (parece que este punto lo van a tratar de solucionar en la tercera temporada). Pero vamos, tampoco me diréis que Shane es el colmo de la feminidad porque a mí no me lo parece (aunque no por ello me da menos morbo… o justamente por eso). Dicen que las lesbianas que aparecen en el show son demasiado despampanantes y poco ajustadas a la realidad, a lo que se puede ver en cualquier bar de ambiente lésbico un sábado por la noche. Y es cierto, en parte. Pero no menos cierto es, y esto se viene notando desde hace ya un tiempo, que el estereotipo de mujer “camionera” va desapareciendo en pos de una mujer que yo me limitaría a calificar “del montón” (sin una masculinidad o femineidad marcada) junto con el estereotipo de la “lipstick lesbian” que se está dando cada vez más, sobre todo en las nuevas generaciones.
A estas alturas tod@s deberíamos saber ya que los medios audiovisuales magnifican en demasía el aspecto físico de las personas a fuerza de presentarlas como “objetos deseables”. (¿Cómo, si no, se explica que haya chicas que puedan considerar guapo al (más) feo de Andy & Lucas?). Las niñas son monas, por supuesto, pero yo me he encontrado con niñas tanto o más monas saliendo por el ambiente. De hecho, tengo la convicción de que si nunca hubiéramos visto a estas chicas en fotos y vídeos con tanta ropa cara y estilismo a la última y las viéramos un fin de semana por cualquier zona de ambiente, claro que nos llamarían la atención pero creo que no más que cualquier otro grupo de niñas monas de los que pululan por ahí. (¿De verdad me vais a decir que Leisha Haley -Alice, la periodista bisexual- es guapa con esa cara de pequinés diarréico que tiene…? Que JM casi se me cae de la silla de la impresión, ondia ya…)
Además, el reparto, a mi juicio, responde también a otra larga serie de estereotipos. Entremos un poco en ellos:
-Bette (Jennifer Beals): Es la típica bollo ejecutiva agresiva con un marcado rol masculino tanto en su trabajo como en su relación. Vamos, que ella es la que lleva los pantalones. Intuímos que tuvo un pasado heterosexual por un comentario que hace sobre el semen en el episodio piloto: “Y pensar que yo me he tragado esto…”. Pues sí, hija, ya te vale, sí… Pero el pasado quedó atrás y lleva ya siete largos años compartiendo su vida con otra mujer en plan matrimonio-aburrido-y-feliz-con-casa-de-la-hostia-decorada-con-mucho-gusto-y-carisimos-objetos-de-arte-y-piscina-en-el-jardín (pero… ¿eso no era más propio de los hombres gays? ¡Cuánto hemos avanzado las bollos, po’ dió, po’ dió…!). Más que el estereotipo de lesbian fashion, me molesta que Bette y su pareja reproduzcan los roles típicos del matrimonio heterosexual. Bette es la –ya lo he dicho- ejecutiva agresiva que lleva los pantalones en la relación, la que tiene el poder económico (y estoy segura de que considera que su carrera es demasiado importante como para truncarla quedándose ella embarazada) y la que es infiel. Lo mismito, lo mismito que hemos visto tantas veces en otros matrimonios heterosexuales de la ficción y fuera de ella.
-Tina (Laurel Holloman): Vale, puede ser guapa, pero es una belleza tan habitual que no impacta y, por favor, tiene una cara de maruja que no puede con ella… De verdad, es que le viene que ni al pelo el papel de mujercita comprensiva que aguanta que su pareja no pase tiempo con ella, que siempre hable de trabajo y que le perdona las infidelidades. Estoy segura de que si la viéramos en el súper cogiendo el detergente no nos íbamos a fijar en ella.
-Jenny (Mia Kirshner): Aquí sí que me tocan la fibra sensible. Y es que esta chica sólo la podría definir con una palabra: hostiable. Cada vez que la veo aparecer me dan ganas de correrla a gorrazos. ¿Cómo se puede ser tan… tan… tan…? Bueno, tan… así. Y de nuevo aquí lo que me molesta no es el esterotipo de chica-con-novio-de-toda-la-vida-que-descubre-que-le-ponen-las-tías (que de esas también hay unas pocas) sino que me ofende directamente por la imagen que da de las escritoras. Porque todas esas escenitas oníricas que tiene me ponen de los nervios. ¿Es que hace falta meterse un tripi (o varios) para escribir? ¿Es que todas las escritoras viven esa vida de tormento y agitación? Vale, puedo llegar a compartir (porque alguna vez me ha pasado) todo eso de la euforia creativa, las musas de la inspiración y meterse tan de lleno en la historia que escribes que luego te cuesta un poquito diferenciar realidad de ficción pero lo de esta chica es de psiquiatra de guardia. Y encima se creerá muy guay por vestir como un cruce entre Dorothy Parker y Djuna Barnes (muy bolloliteraria ella, claro). Pero la siguen manteniendo en la serie y quitan a Marina que, aunque era un personaje-florero, al menos tenía su morbo…
-Shane (Katherine Moennig): Lo reconozco, es mi debilidad. Cada vez que aparece en pantalla tengo problemas para respirar con normalidad y se me acelera el pulso al borde de la taquicardia. Sin embargo, no puedo obviar que es quizá el personaje que con más asiduidad me he encontrado en mis correrías nocturnas, tanto por el look (ese punto de “fashion androgynia” que ha sido tan explotado en el ambiente lésbico y más desde que existe la serie) como por la actitud (conozco a demasiadas tías lesbianas que esgrimen lo de “yo no quiero relaciones”). Pero su pose es tan típica como el comer. Dura por fuera y sensible por dentro. “He sufrido tanto que no puedo por menos que mostrar una postura de escepticismo vital ante todo lo que me rodea pero, ¡oye!, que también tengo mi corazoncito…”. Chicas como esta me han dado tantos quebraderos de cabeza que mejor lo dejamos.
-Dana (Erin Daniels): ¡Qué raro! ¡Una tenista bollo! Y con padres republicanos. Y con dificultades para salir del armario por temor a truncar su prometedora carrera. ¡Qué poco me suena! Aunque, vale, tiene menos martillo que Amelie Mauresmo y que, ejem, otras tenistas españolas… Bueno, al menos en este personaje podemos vislumbrar (pero, ojo, sólo vislumbrar) un poco el proceso de autoaceptación y salida del armario. Pese a todo, no deja de ser, junto a Alice, uno de los personajes más o menos cómicos puestos para aliviar la carga dramática.
-Alice (Leisha Haley): Alice es periodista, cosmopolita y bisexual (aunque a mí me parece una bisexual de palo porque su rollo con el-hombre-que-se-siente-lesbiana no se puede tomar en serio) pero quizá, a pesar de todo eso, me parece el personaje más real. Y no sólo porque me parezca la menos mona de todas sino porque me parece que es la que actúa con más normalidad e, incluso, sí que me puedo llegar a identificar con algunas de las cosas que hace o dice. Pero, querida, lo del árbol endogámico lésbico ya lo empecé a hacer yo hace muchos años con ayuda de mi ex amiga, la Petarda Multimedia.

Pues sí, nena, y el nuestro era tanto o más complejo que este, creeme...
-Marina (Karina Lombard): La verdad es que este personaje me parece, simple y llanamente, plano. Es una simple lesbiana burguesa medio aristócrata de la que luego descubrimos más cosas pero como que no acaba de funcionar (salvo en la cama con la insoportable de Jenny). Su aparente aura de misterio me aburre bastante por mucho morbo que tenga (que lo tiene, que lo tiene).
-Carmen (Sarah Shahi): Por mucho mono vaquero y coleta que la pongan no puede ocultar que fue chica Pirelli hace un par de calendarios. Pero el personaje me cae bien, no sabría decir por qué. Y sí, se parece mucho a Eva Longoria.
-Helena (Rachel Shelley): A esta tampoco la aguanto pero es el personaje que no podía faltar, la Amanda de The L Word. Seguro que al final hasta tiene buen corazón y todo…
¿Una serie de bollos para tíos heteros?
Por tod@s es sabido que eso de dos tías montándoselo le da mucho morbo a los tíos. En toda peli porno que se precie siempre-siempre-siempre va a aparecer una escenita lésbica (o más). Y seguro que antes del estreno de la serie muchos hombres se frotarían las manos (y lo que no son las manos) sólo de pensar en ver tanta niña mona junta. Pero, perdona, ¿es que acaso las lesbianas no se excitan viendo escenas de sexo en la serie? ¿Es que soy la única a la que se alegran los bajos con según qué imágenes (cosa que no me suele ocurrir con las pelis porno al uso)? He trabajado en un festival de cine gay y, creedme, he visto muuuuuuchas películas y, en consecuencia, muuuuuuuuuuchas escenas de sexo entre mujeres y debo decir aquí que las de esta serie, para mi gusto, son de las más convincentes que he visto. ¿Que los tíos ven la serie para luego tener material onanista? Por mí como si se la machacan con dos ladrillos. Pero creo que si un tío ve esta serie sólo por eso, acabará por aburrirse. No creo que esté acostumbrado a tanto diálogo.
Además, hay un dato que a mí me parece bastante significativo. Cuando veía alguno de los (abundantes) desnudos de las nenas, había algo que me extrañaba pero no sabía qué. Hasta que ya, al tercer o cuarto capítulo, me dí cuenta de qué era... ¡Ninguna se ha operado las tetas (bueno, a la Beals no se la ven y de Erin Daniels sospecho pero, como es deportista, puede colar)! ¡Increíble! ¡Actrices americanas con tetas sin operar!
¿Es en el fondo The L Word tan transgresora como pretende?
Tan sólo por el hecho de que es una serie protagonizada por personajes lésbicos y que está escrita, dirigida y producida por mujeres lesbianas ya se le debería conceder un puntito transgresor (y más en la América puritana de Mr. Bush y su séquito). Aunque más que por el tema lésbico o por las escenas de sexo, yo diría que porque algunas de sus protagonistas ¡beben y fuman! ¿En cuántas series podéis ver eso en la actualidad? A ver, ¿en cuantas?
Echo en falta muchas cosas. Primero que ninguna parece tener un solo amigo gay. Y yo (como otras muchas lesbianas) tengo un montón de amigos gays. Segundo, el activismo político está escasamente representado (porque lo de salir a la mani del orgullo no lo puedo considerar activismo sino ocio). Tercero, un poco de lengua viperina, todas son buenísimas amigas y se quieren un montón cuando lo cierto es que en un grupo tan grande es inevitable que no se pongan a caer de un burro en cuanto se den la espalda unas a otras.
Por lo demás me parece una serie bastante entretenida, con una cuidada producción y una banda sonora interesante, el dinero parece estar bien empleado y las tramas argumentales me parecen sólidas aunque tengan fallos (como todas). Las interpretaciones son correctas y ajustadas (menos la de Jenny, por Dios, que la manden de nuevo a Iowa, a Idaho o de dónde sea) aunque mucho me temo que, como le ha ocurrido con otras series, acabará degenerando en el culebrón puro y duro (¡ah! ¿pero es que no lo ha hecho ya? se preguntarán algunas…)
¿Hace falta ser lesbiana para interpretar a una?
Y es que, ¿quién no se ha preguntado si estas bellas damas hacen lo mismo en la intimidad de sus dormitorios que en la tele? Es obvia que la respuesta a la pregunta (a la primera, no me seáis morbosas) es negativa. No, no hace falta ser lesbiana para interpretar un papel lésbico. Sin embargo, sobre estas muchachas han corrido rumores de todo tipo. Desde comentarios de gente cercana que dice que un tercio son lesbianas, otro tercio bisexuales y el tercio restante tiene dudas hasta que todas son heteras pero que muy heteras.
Cuando comenzó la serie la única que se declaró abiertamente lesbiana fue Leisha Haley (curiosamente, la única bisexual de la serie) mientras que Mia Kirsner decía ser bisexual. El resto se declaraba rotundamente heterosexual salvo Kate Moennig que se negaba a airear sus tendencias sexuales (¿realmente hacía falta? ¿realmente hay alguien que haya pensado en algún momento que esta chica podía ser hetero?). Con el tiempo, verbigracia de Internet y su fuente inagotable de gossips he llegado a leer que Laurel Holloman también se declara bisexual (aunque esté casada y tenga un niño) y que a Kate Moennig se la puede ver fácilmente dándose el lote con desconocidas nenas en los bares de lesbianas más in de Los Angeles. Y aquí me voy a poner un poquito sectaria… Si es que la que lo prueba, repite…
¿Por qué a mí The L Word no me parece tan irreal?
Como ya he dicho en la larga introducción a este peñazo que os estáis tragando (y si alguien ha llegado hasta aquí, que sepa que tiene más paciencia que el santo Job), una de las sensaciones que más me embargaban mientras veía la serie era la del dejà vú. Según pasaban los capítulos yo iba viendo, una por una, a todas mis ex amigas, sus situaciones, sus reacciones e, incluso (lo juro, de verdad) parecidos físicos más que notables. Y, de verdad, que un escalofrío de pánico me recorría la espalda.
Si tengo que hacer honor a la verdad es que, mientras estas muchachas fueron mis amigas (y algunas lo eran desde hacía mucho), me lo pasé muy bien, me reí mucho, me divertí y también amé. Quizá mi problema fue implicarme demasiado (como siempre, por otra parte) y esperar que personas que, pese a rondar todas la treintena, se comportaban como crías de parvulario. Pero para que veáis que no miento, ahí van las correspondencias, aunque no pondré nombres reales por razones obvias que espero vuesas mercedes comprendan:
-Bette y Tina-Toledana y Sosawoman: Sí, exactamente iguales. Toledana trabaja en una multinacional, es supermaterialista y maneja un montón de pasta. También tiene el pelo rizado aunque los escasos centímetros que la separan del metro y medio hace que su tipo no sea exactamente el de Jennifer Beals. Pero se la puede considerar una niña mona. Su mujercita, Sosawoman es, pues eso, bastante sosa y hace el papel de mujercita. A temporadas dejó de trabajar pero no para tener un niño sino para prepararse unas oposiciones de las que desconozco su resultado. Solían organizar con bastante frecuencia fiestas en su casa a las que invitaban a lo más granado del bollerío madrileño y periferia.
-Alice y Dana-Profe y Fumeta: La parejita divertida. Muy monas las dos y con mucha pasta también. Me caían muy bien. Pero luego se portaron como unas zorras, sobre todo Fumeta.
-Marina-Bollera Reprimida: ¡A ver! ¡No se me revolucionen! En este caso el parecido no es físico (mi ex podía ser muchas cosas pero mona, precisamente no… para que luego digan que yo me fijo en el físico…). Se parece en que, al igual que Marina, es callada y oculta un pasado familiar algo oscuro y que, de cara a la galería, parece sensata y madura y siempre presta a dar consejos a las amigas.
-Dana-Gruñona: Este es el parecido que más me asombra. Juro sobre todas mis novelas que se parece fi-si-ca-men-te. Tiene el mismo tono de piel, los mismos ojos, la misma manía de llevar casi siempre coleta y, como también hace mucho deporte, os podéis imaginar qué tipo tiene. Lo curioso de esta señorita es que su orientación sexual nunca estuvo clara (el tiempo que yo la conocí). Se suponía hetero pero siempre estaba rodeada de lesbianas y las malas lenguas decían que estaba esperando a que apareciese una tía con la que probar. A mí solía ignorarme abiertamente pero ha sido justo la única a la que he visto desde que dejé de salir con el grupito. Y fue ella la que se acercó a saludarme, que yo ya pasaba de largo…
-Shane-La niña del cacao: Sí, también teníamos una tipa dura, promiscua (lo del cacao supongo que sería para tener los labios siempre a punto) y rompecorazones con look “fashion androgynia”. Y anda que no me trajo a mí de cabeza. Pero, como Shane, también demostró tener su corazoncito y lo último que supe fue que se había ido a vivir con una tía al mes de conocerla…
La Arrierita, en principio, no tiene correspondencia con ningún personaje. Las miembras del Comando, como son muy básicas, supongo que dirían (en caso de ser preguntadas) que yo sería Jenny por aquello de ser escritora y porque sé que me consideran bastante rarita pero, puestos a elegir, prefiero parecerme a Alice. Al menos es divertida…
Y al igual que en la serie, en el grupito también había personajes secundarios con los que existirían correspondencias entre realidad y ficción. Pero creo que ya me he pasado tres pueblos con el post y no me voy a extender más.
Sé que mi postura respecto a la serie es contradictoria. Por un lado la critico y por otro me gusta. Puedo admitir que es irreal pero yo he estado metida en un grupo así. Pero supongo que está en mi naturaleza el ser contradictoria. Eso sí, ¡no pienso dar teléfonos! Que serán monas, sí, pero no se las recomiendo ni a mi peor enemigo.
¡Ale, niñas que empieza la serie!
…de fondo la B.S.O. de The L Word (que ya he dicho que es bueno ambientarse)

Nooooo, no lo enseñamos todo...
No os debería pillar de sorpresa porque ya lo avisé. Y como hoy comienza a emitirse la primera temporada en España a través de Canal + (porque las bollos de este país tenemos pasta suficiente para abonarnos a la televisión de pago, claro) y el domingo comenzó la tercera (por supuesto, mi mulita ya se ha puesto a trabajar) en los iuesei, no veo mejor momento que este para hablar de todo lo que me ha dado tiempo a elucubrar sobre la serie desde que la viera hace un mes (y aviso también ahora que este post va a ser muyyyyy largo…).
Y aunque, en principio, parezca que no viene a cuento, voy a empezar hablando de otra cosa.
Uno de los escritores que más me gustan (aunque reconozco que no le sigo fielmente) es el norteamericano Paul Auster (y pese a que algun@s puedan escandalizarse, reconozco también que me suele gustar bastante cierta literatura contemporánea estadounidense). Me gusta Auster porque tiene la misma fijación que yo con el azar, las casualidades, los ciclos que se repiten y el eterno retorno. Sus novelas están llenas de guiños, de paradojas y paradigmas, de pequeños enigmas escondidos en simples escenas cotidianas.
Recuerdo que tras la ruptura, mi ex, la Bollera Reprimida, me acusó de fijarme demasiado en ese tipo de pequeños detalles, de darle demasiada importancia a cosas que no la tenían, de vivir obsesionada con las casualidades que, una y otra vez, se paseaban por mi vida. Pero yo, al igual que todo el mundo, busco un significado. Mi vida está tan fragmentada que cada vez que encuentro una conexión entre dos fragmentos, siento la obligación de buscarle un significado. Para mí las conexiones existen, pero otorgarles un valor, mirar más allá de la cruda realidad de mi existencia, es construir un mundo imaginario dentro del mundo real, un mundo que sólo tiene sentido y valor para mí, aunque sepa que fuera de mí ese mundo no puede sustentarse. Así que en otros momentos adopto el sinsentido como principio básico, como mecanismo de defensa para que las cosas de mi alrededor no me afecten. Pero a la hora de sentarme a escribir siento que mi obligación es ver lo que tengo delante, lo que también está en mi interior, y describir lo que veo tal y como yo lo veo.
Porque los detalles, los recuerdos, las casualidades, las connotaciones, son los que conforman a las personas, los que nos ayudan a darles una entidad global, los que nos hacen recordarlas mucho tiempo después de que hayan salido de nuestras vidas.
Y digo todo esto porque me parece una tremenda ironía que una serie de lesbianas (la serie de lesbianas por excelencia, a juzgar por el revuelo que ha armado) dé comienzo justo el día en que cumple años una miembra del Comando de Bolleras Desalmadas que para mí (mal que me pese porque me pesa y mucho) durante un tiempo fue muy especial por razones que me permitiréis no contar. Del mismo modo que me pareció una tremenda ironía que mi última novela saliera al mercado el mismo día que mi ex cumplía años. O que su presentación fuese justo un año después del día en que me fui de viaje con mi ex y el resto del comando. Un viaje que prometía ser inolvidable. Y lo fue. Pero por causas muy distintas a las que yo esperaba…
Así que, aunque luego retomaré mi tono sarcástico para hablar de la serie en cuestión, antes necesitaba soltar toda esta parrafada para que, más tarde, pudiérais entender el impacto que me produjo la serie. Porque las chicas de The L World no son (del todo) tan irreales como parecen. Porque sí existen en la vida real. Porque yo tuve la desgracia de cruzarme en su camino. De cruzarme con el Comando de Bolleras Desalmadas, versión española de esa pandillita lesbian chic que habita en el West Hollywood catódico.
En fin, dejemos a un lado las ñoñerías y al turrón, que hay mucho donde hincar el diente…
Desde que las lesbianas somos tan cool y fashion como nuestros compañeros los gays, desde que se tiene una (falsa) sensación de visibilidad gracias a que aparecemos (un poco) más en películas, series de televisión o libros, desde que ya no se asocia (tanto) a la lesbiana con el estereotipo de mujer masculina, yo intuía que no tardarían en hacer algo similar a lo que ya se había hecho (con éxito) primero en UK y, más tarde, en Estados Unidos con la serie Queer as folk.
La sombra de Melrose Place es alargada
A principios de los noventa, dos series de Darren Starr y Aaron Spelling revolucionaron la televisión. Se trataba de Beverly Hills 90210 (aquí con el cocacolítico nombre de Sensación de vivir) y Melrose Place. Series que ya no eran para toda la familia, que hablaban de jóvenes (aunque fueran jóvenes con unos problemas tan “similares” a los nuestros como los de Beverly Hills), en un tono desenfadado (juas, juas) y con chicos y chicas de muy buen ver (aunque, claro, el tiempo es lo que tiene, ahora ves a Jason Priestley en esa serie y te preguntas: “¿Y yo consideraba guapo a “eso? ¡Por Dios, qué pintas!”). Y Melrose Place, que tuvo un comienzo prometedor en tanto que pretendía mostrar más la problemática social de la juventud y sus dilemas existenciales (todo ello era la intención inicial, por supuesto, intención que no duró más allá de unos pocos capítulos) acabó degenerando en un culebrón al más puro estilo Santa Bárbara (su gran predecesora) en el que todos se liaban con todos y había tantos malos malísimos que no sabías cual era tu favorito. Pero dejó huella. Que levante la mano quién no haya dicho o escuchado alguna vez, en referencia a algún grupo de amig@s jóvenes, guap@s y fashion que practican la endogamia sexual indiscriminada entre ellos eso de: “Parecen la versión española de Melrose Place”.
Además, Melrose Place fue una de las primeras series en incluir un personaje gay entre los personajes fijos (de acuerdo, era un gay que no se comía un rosco, que era el pañuelo de lágrimas del resto del elenco y que por no tener no tenía ni vida sexual, a diferencia de sus compañeros, que compartían fluidos corporales hasta con el pescadero). Melrose Place era una serie hetero con personaje gay. The L Word es una serie bollo con un personaje hetero (o con tres, si contamos al cornudo de Tim y al fan de Gran Hermano que coloca cámaras por toda la casa para hacer un documental sobre la lesbiana salvaje en su habitat natural).
Desde que apareciera Melrose Place, muchas series han seguido su estela, convirtiendo en habitual la estructura argumental de una serie con gente joven que son vecinos, comparten piso y, sobre todo, son muy, muy amigos (y hasta con derecho a roce, faltaría más). Y The L Word no se aparta ni un ápice de este modelo. Son amigas, vecinas y compañeras de piso y comparten sus fluidos corporales (que son muchos y abundantes).
La vida es un continuo estereotipo
Muchas voces se han alzado desde el colectivo lésbico criticando la irrealidad de la serie y diciendo que no se sienten en absoluto representadas por ninguno de los personajes. Pero, seamos realistas, ¿acaso Melrose Place representaba el mundo hetero? ¿de verdad todos los tíos heterosexuales marcan los mismos abdominales que Jake o Billy? Porque a mí, la realidad de playas y piscinas me dice todo lo contrario…
También dicen, no sin falta de razón, que no hay lesbianas butch (parece que este punto lo van a tratar de solucionar en la tercera temporada). Pero vamos, tampoco me diréis que Shane es el colmo de la feminidad porque a mí no me lo parece (aunque no por ello me da menos morbo… o justamente por eso). Dicen que las lesbianas que aparecen en el show son demasiado despampanantes y poco ajustadas a la realidad, a lo que se puede ver en cualquier bar de ambiente lésbico un sábado por la noche. Y es cierto, en parte. Pero no menos cierto es, y esto se viene notando desde hace ya un tiempo, que el estereotipo de mujer “camionera” va desapareciendo en pos de una mujer que yo me limitaría a calificar “del montón” (sin una masculinidad o femineidad marcada) junto con el estereotipo de la “lipstick lesbian” que se está dando cada vez más, sobre todo en las nuevas generaciones.
A estas alturas tod@s deberíamos saber ya que los medios audiovisuales magnifican en demasía el aspecto físico de las personas a fuerza de presentarlas como “objetos deseables”. (¿Cómo, si no, se explica que haya chicas que puedan considerar guapo al (más) feo de Andy & Lucas?). Las niñas son monas, por supuesto, pero yo me he encontrado con niñas tanto o más monas saliendo por el ambiente. De hecho, tengo la convicción de que si nunca hubiéramos visto a estas chicas en fotos y vídeos con tanta ropa cara y estilismo a la última y las viéramos un fin de semana por cualquier zona de ambiente, claro que nos llamarían la atención pero creo que no más que cualquier otro grupo de niñas monas de los que pululan por ahí. (¿De verdad me vais a decir que Leisha Haley -Alice, la periodista bisexual- es guapa con esa cara de pequinés diarréico que tiene…? Que JM casi se me cae de la silla de la impresión, ondia ya…)
Además, el reparto, a mi juicio, responde también a otra larga serie de estereotipos. Entremos un poco en ellos:
-Bette (Jennifer Beals): Es la típica bollo ejecutiva agresiva con un marcado rol masculino tanto en su trabajo como en su relación. Vamos, que ella es la que lleva los pantalones. Intuímos que tuvo un pasado heterosexual por un comentario que hace sobre el semen en el episodio piloto: “Y pensar que yo me he tragado esto…”. Pues sí, hija, ya te vale, sí… Pero el pasado quedó atrás y lleva ya siete largos años compartiendo su vida con otra mujer en plan matrimonio-aburrido-y-feliz-con-casa-de-la-hostia-decorada-con-mucho-gusto-y-carisimos-objetos-de-arte-y-piscina-en-el-jardín (pero… ¿eso no era más propio de los hombres gays? ¡Cuánto hemos avanzado las bollos, po’ dió, po’ dió…!). Más que el estereotipo de lesbian fashion, me molesta que Bette y su pareja reproduzcan los roles típicos del matrimonio heterosexual. Bette es la –ya lo he dicho- ejecutiva agresiva que lleva los pantalones en la relación, la que tiene el poder económico (y estoy segura de que considera que su carrera es demasiado importante como para truncarla quedándose ella embarazada) y la que es infiel. Lo mismito, lo mismito que hemos visto tantas veces en otros matrimonios heterosexuales de la ficción y fuera de ella.
-Tina (Laurel Holloman): Vale, puede ser guapa, pero es una belleza tan habitual que no impacta y, por favor, tiene una cara de maruja que no puede con ella… De verdad, es que le viene que ni al pelo el papel de mujercita comprensiva que aguanta que su pareja no pase tiempo con ella, que siempre hable de trabajo y que le perdona las infidelidades. Estoy segura de que si la viéramos en el súper cogiendo el detergente no nos íbamos a fijar en ella.
-Jenny (Mia Kirshner): Aquí sí que me tocan la fibra sensible. Y es que esta chica sólo la podría definir con una palabra: hostiable. Cada vez que la veo aparecer me dan ganas de correrla a gorrazos. ¿Cómo se puede ser tan… tan… tan…? Bueno, tan… así. Y de nuevo aquí lo que me molesta no es el esterotipo de chica-con-novio-de-toda-la-vida-que-descubre-que-le-ponen-las-tías (que de esas también hay unas pocas) sino que me ofende directamente por la imagen que da de las escritoras. Porque todas esas escenitas oníricas que tiene me ponen de los nervios. ¿Es que hace falta meterse un tripi (o varios) para escribir? ¿Es que todas las escritoras viven esa vida de tormento y agitación? Vale, puedo llegar a compartir (porque alguna vez me ha pasado) todo eso de la euforia creativa, las musas de la inspiración y meterse tan de lleno en la historia que escribes que luego te cuesta un poquito diferenciar realidad de ficción pero lo de esta chica es de psiquiatra de guardia. Y encima se creerá muy guay por vestir como un cruce entre Dorothy Parker y Djuna Barnes (muy bolloliteraria ella, claro). Pero la siguen manteniendo en la serie y quitan a Marina que, aunque era un personaje-florero, al menos tenía su morbo…
-Shane (Katherine Moennig): Lo reconozco, es mi debilidad. Cada vez que aparece en pantalla tengo problemas para respirar con normalidad y se me acelera el pulso al borde de la taquicardia. Sin embargo, no puedo obviar que es quizá el personaje que con más asiduidad me he encontrado en mis correrías nocturnas, tanto por el look (ese punto de “fashion androgynia” que ha sido tan explotado en el ambiente lésbico y más desde que existe la serie) como por la actitud (conozco a demasiadas tías lesbianas que esgrimen lo de “yo no quiero relaciones”). Pero su pose es tan típica como el comer. Dura por fuera y sensible por dentro. “He sufrido tanto que no puedo por menos que mostrar una postura de escepticismo vital ante todo lo que me rodea pero, ¡oye!, que también tengo mi corazoncito…”. Chicas como esta me han dado tantos quebraderos de cabeza que mejor lo dejamos.
-Dana (Erin Daniels): ¡Qué raro! ¡Una tenista bollo! Y con padres republicanos. Y con dificultades para salir del armario por temor a truncar su prometedora carrera. ¡Qué poco me suena! Aunque, vale, tiene menos martillo que Amelie Mauresmo y que, ejem, otras tenistas españolas… Bueno, al menos en este personaje podemos vislumbrar (pero, ojo, sólo vislumbrar) un poco el proceso de autoaceptación y salida del armario. Pese a todo, no deja de ser, junto a Alice, uno de los personajes más o menos cómicos puestos para aliviar la carga dramática.
-Alice (Leisha Haley): Alice es periodista, cosmopolita y bisexual (aunque a mí me parece una bisexual de palo porque su rollo con el-hombre-que-se-siente-lesbiana no se puede tomar en serio) pero quizá, a pesar de todo eso, me parece el personaje más real. Y no sólo porque me parezca la menos mona de todas sino porque me parece que es la que actúa con más normalidad e, incluso, sí que me puedo llegar a identificar con algunas de las cosas que hace o dice. Pero, querida, lo del árbol endogámico lésbico ya lo empecé a hacer yo hace muchos años con ayuda de mi ex amiga, la Petarda Multimedia.

Pues sí, nena, y el nuestro era tanto o más complejo que este, creeme...
-Marina (Karina Lombard): La verdad es que este personaje me parece, simple y llanamente, plano. Es una simple lesbiana burguesa medio aristócrata de la que luego descubrimos más cosas pero como que no acaba de funcionar (salvo en la cama con la insoportable de Jenny). Su aparente aura de misterio me aburre bastante por mucho morbo que tenga (que lo tiene, que lo tiene).
-Carmen (Sarah Shahi): Por mucho mono vaquero y coleta que la pongan no puede ocultar que fue chica Pirelli hace un par de calendarios. Pero el personaje me cae bien, no sabría decir por qué. Y sí, se parece mucho a Eva Longoria.
-Helena (Rachel Shelley): A esta tampoco la aguanto pero es el personaje que no podía faltar, la Amanda de The L Word. Seguro que al final hasta tiene buen corazón y todo…
¿Una serie de bollos para tíos heteros?
Por tod@s es sabido que eso de dos tías montándoselo le da mucho morbo a los tíos. En toda peli porno que se precie siempre-siempre-siempre va a aparecer una escenita lésbica (o más). Y seguro que antes del estreno de la serie muchos hombres se frotarían las manos (y lo que no son las manos) sólo de pensar en ver tanta niña mona junta. Pero, perdona, ¿es que acaso las lesbianas no se excitan viendo escenas de sexo en la serie? ¿Es que soy la única a la que se alegran los bajos con según qué imágenes (cosa que no me suele ocurrir con las pelis porno al uso)? He trabajado en un festival de cine gay y, creedme, he visto muuuuuuchas películas y, en consecuencia, muuuuuuuuuuchas escenas de sexo entre mujeres y debo decir aquí que las de esta serie, para mi gusto, son de las más convincentes que he visto. ¿Que los tíos ven la serie para luego tener material onanista? Por mí como si se la machacan con dos ladrillos. Pero creo que si un tío ve esta serie sólo por eso, acabará por aburrirse. No creo que esté acostumbrado a tanto diálogo.
Además, hay un dato que a mí me parece bastante significativo. Cuando veía alguno de los (abundantes) desnudos de las nenas, había algo que me extrañaba pero no sabía qué. Hasta que ya, al tercer o cuarto capítulo, me dí cuenta de qué era... ¡Ninguna se ha operado las tetas (bueno, a la Beals no se la ven y de Erin Daniels sospecho pero, como es deportista, puede colar)! ¡Increíble! ¡Actrices americanas con tetas sin operar!
¿Es en el fondo The L Word tan transgresora como pretende?
Tan sólo por el hecho de que es una serie protagonizada por personajes lésbicos y que está escrita, dirigida y producida por mujeres lesbianas ya se le debería conceder un puntito transgresor (y más en la América puritana de Mr. Bush y su séquito). Aunque más que por el tema lésbico o por las escenas de sexo, yo diría que porque algunas de sus protagonistas ¡beben y fuman! ¿En cuántas series podéis ver eso en la actualidad? A ver, ¿en cuantas?
Echo en falta muchas cosas. Primero que ninguna parece tener un solo amigo gay. Y yo (como otras muchas lesbianas) tengo un montón de amigos gays. Segundo, el activismo político está escasamente representado (porque lo de salir a la mani del orgullo no lo puedo considerar activismo sino ocio). Tercero, un poco de lengua viperina, todas son buenísimas amigas y se quieren un montón cuando lo cierto es que en un grupo tan grande es inevitable que no se pongan a caer de un burro en cuanto se den la espalda unas a otras.
Por lo demás me parece una serie bastante entretenida, con una cuidada producción y una banda sonora interesante, el dinero parece estar bien empleado y las tramas argumentales me parecen sólidas aunque tengan fallos (como todas). Las interpretaciones son correctas y ajustadas (menos la de Jenny, por Dios, que la manden de nuevo a Iowa, a Idaho o de dónde sea) aunque mucho me temo que, como le ha ocurrido con otras series, acabará degenerando en el culebrón puro y duro (¡ah! ¿pero es que no lo ha hecho ya? se preguntarán algunas…)
¿Hace falta ser lesbiana para interpretar a una?
Y es que, ¿quién no se ha preguntado si estas bellas damas hacen lo mismo en la intimidad de sus dormitorios que en la tele? Es obvia que la respuesta a la pregunta (a la primera, no me seáis morbosas) es negativa. No, no hace falta ser lesbiana para interpretar un papel lésbico. Sin embargo, sobre estas muchachas han corrido rumores de todo tipo. Desde comentarios de gente cercana que dice que un tercio son lesbianas, otro tercio bisexuales y el tercio restante tiene dudas hasta que todas son heteras pero que muy heteras.
Cuando comenzó la serie la única que se declaró abiertamente lesbiana fue Leisha Haley (curiosamente, la única bisexual de la serie) mientras que Mia Kirsner decía ser bisexual. El resto se declaraba rotundamente heterosexual salvo Kate Moennig que se negaba a airear sus tendencias sexuales (¿realmente hacía falta? ¿realmente hay alguien que haya pensado en algún momento que esta chica podía ser hetero?). Con el tiempo, verbigracia de Internet y su fuente inagotable de gossips he llegado a leer que Laurel Holloman también se declara bisexual (aunque esté casada y tenga un niño) y que a Kate Moennig se la puede ver fácilmente dándose el lote con desconocidas nenas en los bares de lesbianas más in de Los Angeles. Y aquí me voy a poner un poquito sectaria… Si es que la que lo prueba, repite…
¿Por qué a mí The L Word no me parece tan irreal?
Como ya he dicho en la larga introducción a este peñazo que os estáis tragando (y si alguien ha llegado hasta aquí, que sepa que tiene más paciencia que el santo Job), una de las sensaciones que más me embargaban mientras veía la serie era la del dejà vú. Según pasaban los capítulos yo iba viendo, una por una, a todas mis ex amigas, sus situaciones, sus reacciones e, incluso (lo juro, de verdad) parecidos físicos más que notables. Y, de verdad, que un escalofrío de pánico me recorría la espalda.
Si tengo que hacer honor a la verdad es que, mientras estas muchachas fueron mis amigas (y algunas lo eran desde hacía mucho), me lo pasé muy bien, me reí mucho, me divertí y también amé. Quizá mi problema fue implicarme demasiado (como siempre, por otra parte) y esperar que personas que, pese a rondar todas la treintena, se comportaban como crías de parvulario. Pero para que veáis que no miento, ahí van las correspondencias, aunque no pondré nombres reales por razones obvias que espero vuesas mercedes comprendan:
-Bette y Tina-Toledana y Sosawoman: Sí, exactamente iguales. Toledana trabaja en una multinacional, es supermaterialista y maneja un montón de pasta. También tiene el pelo rizado aunque los escasos centímetros que la separan del metro y medio hace que su tipo no sea exactamente el de Jennifer Beals. Pero se la puede considerar una niña mona. Su mujercita, Sosawoman es, pues eso, bastante sosa y hace el papel de mujercita. A temporadas dejó de trabajar pero no para tener un niño sino para prepararse unas oposiciones de las que desconozco su resultado. Solían organizar con bastante frecuencia fiestas en su casa a las que invitaban a lo más granado del bollerío madrileño y periferia.
-Alice y Dana-Profe y Fumeta: La parejita divertida. Muy monas las dos y con mucha pasta también. Me caían muy bien. Pero luego se portaron como unas zorras, sobre todo Fumeta.
-Marina-Bollera Reprimida: ¡A ver! ¡No se me revolucionen! En este caso el parecido no es físico (mi ex podía ser muchas cosas pero mona, precisamente no… para que luego digan que yo me fijo en el físico…). Se parece en que, al igual que Marina, es callada y oculta un pasado familiar algo oscuro y que, de cara a la galería, parece sensata y madura y siempre presta a dar consejos a las amigas.
-Dana-Gruñona: Este es el parecido que más me asombra. Juro sobre todas mis novelas que se parece fi-si-ca-men-te. Tiene el mismo tono de piel, los mismos ojos, la misma manía de llevar casi siempre coleta y, como también hace mucho deporte, os podéis imaginar qué tipo tiene. Lo curioso de esta señorita es que su orientación sexual nunca estuvo clara (el tiempo que yo la conocí). Se suponía hetero pero siempre estaba rodeada de lesbianas y las malas lenguas decían que estaba esperando a que apareciese una tía con la que probar. A mí solía ignorarme abiertamente pero ha sido justo la única a la que he visto desde que dejé de salir con el grupito. Y fue ella la que se acercó a saludarme, que yo ya pasaba de largo…
-Shane-La niña del cacao: Sí, también teníamos una tipa dura, promiscua (lo del cacao supongo que sería para tener los labios siempre a punto) y rompecorazones con look “fashion androgynia”. Y anda que no me trajo a mí de cabeza. Pero, como Shane, también demostró tener su corazoncito y lo último que supe fue que se había ido a vivir con una tía al mes de conocerla…
La Arrierita, en principio, no tiene correspondencia con ningún personaje. Las miembras del Comando, como son muy básicas, supongo que dirían (en caso de ser preguntadas) que yo sería Jenny por aquello de ser escritora y porque sé que me consideran bastante rarita pero, puestos a elegir, prefiero parecerme a Alice. Al menos es divertida…
Y al igual que en la serie, en el grupito también había personajes secundarios con los que existirían correspondencias entre realidad y ficción. Pero creo que ya me he pasado tres pueblos con el post y no me voy a extender más.
Sé que mi postura respecto a la serie es contradictoria. Por un lado la critico y por otro me gusta. Puedo admitir que es irreal pero yo he estado metida en un grupo así. Pero supongo que está en mi naturaleza el ser contradictoria. Eso sí, ¡no pienso dar teléfonos! Que serán monas, sí, pero no se las recomiendo ni a mi peor enemigo.
¡Ale, niñas que empieza la serie!
…de fondo la B.S.O. de The L Word (que ya he dicho que es bueno ambientarse)
A la enésima va la vencida...!!!
Por si alguien recuerda este post mío de septiembre, debo decir que por fin me he comprado la puta película (yo iba a la Fnac a por otra cosita, la he visto ahí tan solita y me ha dado tanta pena que me la he traído a casa... ya sabéis, la típica excusa de la compradora compulsiva). Edición de lujo con dos discos a 9,95 €. Si ya sabía yo que tenía que esperar...

Ahora sólo espero que me guste. Porque mi empeño en comprarla siempre fue por lo bien que me habían hablado de ella...
...de fondo Si que anda mal el panorama musical Yogurinha Borova

Ahora sólo espero que me guste. Porque mi empeño en comprarla siempre fue por lo bien que me habían hablado de ella...
...de fondo Si que anda mal el panorama musical Yogurinha Borova
Genética, Kinsey, transfobia y noches de sábado en casita
Como ya dije hace un par de post, el plan del sábado por la noche incluía quedarse en casita bebiendo y fumando JM y yo. Pero como no sólo de vicios vive el hombre marica y la mujer bollo, también cenamos, charlamos y nos hicimos una sesión doble de cine con un par de esas pelis que llevo grabando desde hace varios meses y que están pendientes de ver.
La primera, antes de la cena, nos apetecía que fuera algo ligerito así que nos decantamos por la maripetarda Reinas. Una peliculita española con ínfulas de screwball comedy yanqui de los cincuenta (señor Gomez Pereira, usted no es Mankiewicz) que presume de haber sido escrita antes de que empezara todo el proceso que finalizó con la aprobación del matrimonio homosexual. Un plantel de actores envidiable, una producción que supura pasta por cada fotograma pero un resultado irregular que te deja pensando: “Tenían todas las papeletas para ser una buena película pero, ¡mecachis!, algo falla y lo peor es que no sé qué es”.
Tras la cena pusimos Kinsey, del director que, tiempo atrás, dirigiera Dioses y Monstruos, Bill Condon. Yo, que ya había oído comentarios de que era un poco pestiño, larga y no demasiado buena, empecé a verla con actitud escéptica. Pero la primera media hora nos atrapó a los dos y nos sorprendió por lo divertida que, en algunos momentos, llegaba a resultar al poner de relieve la ignorancia sexual de yanquilandia.
El resultado final me pareció correcto. Aunque no ahonda tanto como debiera en la separación o no separación entre sexo y sentimientos y los problemas que de ahí pueden derivar. Como tampoco lo hace en el tema de la homosexualidad tanto como JM y yo esperábamos cuando fue justamente eso lo que levantó más ampollas en la América del macarthismo y la caza de brujas. El lesbianismo aparece representado casi al final por el personaje de una cincuentona recién salida del armario (aunque la expresión entonces no se había acuñado aún) que le agradece a Kinsey lo que ha hecho. Y la pinícula acaba con un esperanzador punto y final en el que el Dr. Kinsey le dice a su mujer en medio de un bosque: Aún queda mucho por hacer…
Una vez JM se hubo ido estuve reflexionando un poco acerca de la historia y me vino a la mente un documental del programa Redes emitido hace más de un año que encontré hace poco vía Mulita. El documental, aunque con un comienzo prometedor, aborda el tema de la homosexualidad desde la psicobiología y la genética. Es decir, la homosexualidad surge por un exceso de las hormonas indebidas durante el embarazo y por cuestiones neuronales, un segmento del hipotálamo llamado N13 que es considerablemente inferior en el caso de mujeres heterosexuales y hombres homosexuales (de las lesbianas no dicen nada ya que admiten que apenas hemos sido objeto de estudio).
Los primeros estudios que leí acerca del tema (aunque algunos datan de hace más de diez años) ya empezaban a remarcar esa diferencia entre los hipotálamos del varón heterosexual respecto del homosexual pero los primeros detractores de esta teoría señalaron que las pruebas se habían realizado con cerebros de varones gays que habían fallecido a causa del SIDA por lo que no se podía saber si esa peculiaridad se debía a su homosexualidad o a la enfermedad. Como no he vuelto a leer nada de este tema, si alguien tiene más datos, que me lo haga saber.
De todas formas, tanto ahora como entonces, me parece muy peligroso asociar la homosexualidad con la genética. Si se llegase a demostrar que la homosexualidad es una cuestión derivada de un “fallo” genético u hormonal podría querer decir que es algo que, vistas como están las cosas y en un futuro no muy lejano, se podría llegar a modificar. Me imagino a la Iglesia, la derecha conservadora y todos los fascistoides que se han manifestado en contra de la experimentación con células madre, animando y subvencionando todo estudio o experimento que pudiera llevar a los científicos a lograr una “cura” de semejante enfermedad.
Aunque no niego que factores genéticos y hormonales puedan aportar su granito de arena a la hora de “crear” a una persona homosexual, ese descubrimiento no aclara otras muchas cuestiones, tanto o más importantes.
Primero, yo no creo ni en la heterosexualidad ni en la homosexualidad exclusiva. Y eso ya lo descubrió Kinsey con su famosa escala. En el 0 y en el 7 se situarían homos y heteros exclusivos (que son menos de lo que alguna gente se piensa) y entre medias se encontraría el resto de la población que se mueve entre dos aguas aunque de cara a la galería afirme pertenecer a uno u otro bando. Por lo que hablar de que genes y hormonas a veces “crean” homosexuales (entendiendo como homosexual el que lo es en exclusiva) me parece una afirmación del todo errónea.
Segundo, en mi opinión y por mi experiencia directa o indirecta no creo en la “homosexualidad innata”. A la vieja pregunta de: “El maricón, ¿nace o se hace?” la respuesta es: “Depende del caso”. Todos sabemos que hay gente que tarda lustros (incluso décadas) en asumir o descubrir su propia homosexualidad mientras que otros lo tienen claro desde niños. Que hay personas que se engañan toda su vida (consciente o inconscientemente) mientras llevan una vida “heteronormal” es un estereotipo más de los muchos que hay. Pero que hay personas que a una edad más o menos tardía descubren, de repente, que se sienten atraídos física y emocionalmente por una persona de su mismo sexo tras haber llevado hasta entonces una vida heterosexual sin fisuras (que los hay, creedme que los hay) ¿cómo lo explica la genética y la biología? ¿Dónde están esas hormonas puñeteras causantes de la homosexualidad? ¿El N13 de su hipotálamo se ha visto reducido súbitamente por el fatal golpe de una bola de espejos como sucedía en una nefasta película de Menkes y Albacete protagonizada por el insoportable Jorge Sanz?
Es más, ¿cómo se explican los distintos grados de bisexualidad, las experiencias homosexuales anecdóticas en heteros y las heterosexuales en homos, la afición de hombres heterosexuales por el travestismo (sin que, en algunos casos, tenga que conllevar una homosexualidad reprimida porque si fuera así, los carnavales estarían llenos de maricas reprimidos), la increíble demanda en los anuncios de contactos de parejas heterosexuales que, por regla general, buscan jovencitas con las que montárselo (jovencitos menos, que los hombres casados son muy machos como para dejar que sus mujercitas vean como les dan por la puerta trasera), movidos, claro está, por el deseo masculino de ver a dos tías montándoselo y luego poner el colofón pero, también, aunque no lo digan tanto, por el propio morbo de las esposas que se mueren de ganas por hacerlo con otra mujer, les vea el marido o no? ¿Cómo se explica la homosexualidad en todos esos supuestos? Me temo que los científicos todavía se mueven demasiado en términos absolutos como para dar una explicación satisfactoria.
Pasando a otro tema que ni la película ni Kinsey tocaron pero sí el documental: la transexualidad. Un tema aún más complejo si cabe y de aún más difícil explicación. No es algo de lo que pueda hablar mucho puesto que tan sólo conozco a una transexual pero cualquier persona que tenga claros los conceptos de identidad de género y orientación sexual debería comprender sin problemas. Un transexual no es un maricón, ni un travesti, ni una drag queen. Un transexual es una persona que siente que su género (sentirse hombre o mujer) no se corresponde con los genitales y demás caracteres sexuales del cuerpo en el que ha nacido. ¡Ah! Y no sólo hay transexuales femeninos (de hombre a mujer) sino que también los hay masculinos (de mujer a hombre). Para los primeros tenemos para ilustrarnos a Bibiana Fernández en el mundo el espectáculo y a Carla Antonelli en el del activismo. Lamentablemente, para ejemplificar el segundo caso tan sólo tenemos a ese freak (y no por su transexualidad precisamente) llamado Nicky que concursó tiempo atrás en Gran Hermano.
Bueno, llegados a este punto, las mentes normales pueden llegar a entender un poquito la transexualidad. Pero si justo ahora les explicamos que hay transexuales femeninos que son lesbianas y transexuales masculinos que son gays… ¡Ufff! Me estoy imaginando a mí misma intentando explicárselo a Supermamá y la estoy viendo echar humo por las orejas al borde del colapso. “¡Pero si les gusta la gente del sexo opuesto, ¿para qué coño se operan?!” es la pregunta que más veces he oído. Y nosotros, gays y lesbianas, tan tolerantes y abiertos, somos los peores a la hora de aceptar esto y los que más transfobia generamos. Como ya he dicho antes, si se tienen claros los conceptos de género y orientación, no debería ser tan difícil.
Veamos, yo NACÍ mujer, me SIENTO mujer, estoy a gusto con mis genitales y atributos (aunque ahora los use menos que el telégrafo) y mi deseo sexual se dirige hacia otras mujeres (previo paso por otro tipo de status). Simple, ¿no? Otro sujeto NACE hombre, se SIENTE mujer, se opera (o no) para serlo y , tanto antes como después dirige su DESEO SEXUAL hacia las mujeres (o la inversa, se NACE mujer, se SIENTE hombre, se opera o no y se siente atraído hacia los hombres). También es sencillo, ¿no?
Pero no soy ilusa ni ingenua. Si todavía a mucha gente le cuesta aceptar el hecho homosexual, la transexualidad les debe sonar a capricho del diablo. Por desgracia y para rabia mía, justamente los que más podríamos hacer para que el hecho transexual mejorase somos también los que más impedimentos ponemos.
Desde hace ya algún tiempo estoy viendo cómo se alzan algunas voces dentro del colectivo gay (algunas con relativa importancia dentro del mismo y muy cercanas a mí) que piden, furiosos, que se separe la causa gay de la trans, que una cosa es ser gay y otra cosa muy distinta transexual (y creo que antes ya lo he explicado con claridad). A estos señores (en su gran mayoría hombres gays y, ¡oh, casualidad! con una buena posición dentro del ambiente) parece asquearles sobremanera que los comparen con los transexuales y piden a gritos la separación de los trans en los colectivos. ¡Hala! ¡Que se monten sus propios colectivos! ¡Que salgan a la calle a reivindicar sus derechos otro día que no sea el 28 de junio! ¡Que dejen de ensuciar nuestra impoluta imagen de gays “normales”, políticamente correctos (y, muchos, de derechas), que ahora somos también ciudadanos de primera porque nos podemos casar y no nos miran (tan) mal por la calle!
La población gay se ha acomodado (sobre todo la masculina, porque la problemática lésbica es harina de otro costal). Y no sólo desde que se aprobó el matrimonio. No, desde mucho tiempo antes. Desde que Madrid (Chueca) o Barcelona (Gaixample) comenzaron a acoger a esos gays que huían de familias represoras y que, a la postre, han acabado creando una burbuja rosa en la que vivir confortablemente, dando la espalda a todo lo que no sea su realidad. Desde que ser gay es lo más. Desde que un gay que responde a esas características de hombre guapo, sin pluma y modélicamente perfecto es aclamado como el comunicador con más prestigio y aceptación de la televisión (y que conste que a mí Jesús Vázquez me cae bastante bien). Desde que somos el primer país en equiparar totalmente las uniones civiles homosexuales a las heterosexuales (sí, ya sabéis, esa palabra heredada de la tradición católica, matrimonio). Desde que todo es tan de color de rosa como el triángulo que les ponían en el brazo a los maricas de los campos de concentración nazis (¿acaso han olvidado que la mayor parte de nuestra simbología deriva directamente del sufrimiento, el rechazo y el dolor? ¿acaso han olvidado la HISTORIA?). Desde que parece que todo está conseguido y lo único que queda es sentarse a disfrutar. Desde que pienso que ellos viven en un mundo distinto al mío y creo que el suyo es irreal e infantil.
Pues bien, señores gays amigos de lo políticamente correcto y poco amigos de dejarse ver en público con una persona trans (aunque en privado sé que más de uno no le hace ascos a según qué cosas), al igual que el movimiento feminista le debe mucho a las mujeres lesbianas que lo levantaron desde su base, el colectivo gay le debe mucho a los transexuales. Ell@s son los que, por sus circunstancias, más obligados se han visto a dar la cara, no sólo por ell@s sino por tod@s nosotr@s. Porque, si hacemos caso a la leyenda, fue precisamente un transexual el primero en plantar cara en las míticas revueltas de Stonewall en 1969. Porque ellos se han llevado tantos palos o más que nosotr@s para que, al final, siempre sean injustamente olvidad@s. Porque en las siglas GLTB, la T hace referencia a ell@s. Porque no olvidemos que el 28 de junio es el día en que gays, lesbianas, bisexuales y transexuales salimos a la calle a reivindicar unos derechos que hemos ido conquistando poco a poco pero que no todos tienen todavía y también (aunque muchos lo olviden o ni siquiera lo sepan) a recordar toda una historia de persecución, discriminación e infamia que hemos venido arrastrando.
Porque, amigos míos con los que tantas veces he bailado y tomado copas, el 28 de junio no nos pertenece en exclusiva. El 28 de junio se reivindica la LIBERTAD SEXUAL de ser como cada uno quiera y sienta ser y eso incluye a gays, lesbianas, bisexuales, heterosexuales y, por supuesto, también a los y las transexuales. Porque todos, y no sólo ustedes, tenemos derecho a ser libres con nuestro identidad, nuestro género y nuestra sexualidad.
Pues sí, Dr. Kinsey, como usted decía: Aún queda mucho por hacer...
…de fondo En plan travesti Primer Volumen
Recomendaciones literarias
Sin ánimo de entrar en un manido debate acerca de la existencia o no de una literatura gay o lésbica (que opinión la tengo pero como que ahora estoy un poco espesa para entrar en ese tipo de disquiciones), me vais a permitir que os anime a echar un vistacillo a una novela que se ha publicado hace poco y que es de esas pocas que podemos encontrar que habla sobre mujeres lesbianas. Se trata de la novela finalista del VII Premio Odisea, Sígueme de Olga Marti.

Y he aquí una breve sinopsis: Olga Martí, con gran maestría, entrecruza las relaciones amorosas de cinco mujeres; Ruth, Esther, Sole, Pilar y Elvira. La singular estructura de la novela, que sitúa la acción de los capítulos en diferentes tiempos y lugares a lo largo de cinco años, nos permite recrear un mosaico, un cuadro completo, de las vidas de estas cinco mujeres, los momentos más difíciles de sus vidas amorosas y su relación entre sí. Olga Martí nos dibuja algunos de los caminos que llevan al amor y desamor entre mujeres.
Como miembro del jurado del premio y principal responsable de que esta novela haya visto la luz (por no hablar de que los editores la están promocionando con la coletilla de que viene avalada por mi -dudoso- criterio) debo decir que, dentro de los libros etiquetados como "novelas lésbicas" ha sido uno de los que más me han gustado sobre todo por las partes en las que he podido ver reflejados retazos de mi propia vida (precariedad laboral, ETT's chupasangres, ambiente, chats y lesbianas más raras que un perro verde). Del mismo modo, debo decir también que, para los que piensen que los premios literarios están tangados (que lo están en un 99%), en esta ocasión no ha sido así. No conozco a esta señorita, yo misma saqué el original del montón de novelas recibidas y no tuve ninguna presión a la hora de emitir mi voto. Era la mejor, para mi gusto, de las poquitas novelas de temática lésbica que se habían recibido (con todo lo que pueda conllevar esa frase).
Y como sé lo que es escribir e intentar que te publiquen y hace un par de años estuve en el lugar de esta muchacha, aunque sea sólo por solidaridad profesional, me apetece aportar mi granito de arena para que pueda empezar a ser conocida y/o valorada. Así que no veo mejor modo de hacerlo que hablar de ella aquí, para que al menos a las cuatro o cinco personas habituales del blog les suene si lo ven en alguna librería. Porque tod@s merecemos una oportunidad.
...de fondo A pain that I'm used to de Depeche Mode

Y he aquí una breve sinopsis: Olga Martí, con gran maestría, entrecruza las relaciones amorosas de cinco mujeres; Ruth, Esther, Sole, Pilar y Elvira. La singular estructura de la novela, que sitúa la acción de los capítulos en diferentes tiempos y lugares a lo largo de cinco años, nos permite recrear un mosaico, un cuadro completo, de las vidas de estas cinco mujeres, los momentos más difíciles de sus vidas amorosas y su relación entre sí. Olga Martí nos dibuja algunos de los caminos que llevan al amor y desamor entre mujeres.
Como miembro del jurado del premio y principal responsable de que esta novela haya visto la luz (por no hablar de que los editores la están promocionando con la coletilla de que viene avalada por mi -dudoso- criterio) debo decir que, dentro de los libros etiquetados como "novelas lésbicas" ha sido uno de los que más me han gustado sobre todo por las partes en las que he podido ver reflejados retazos de mi propia vida (precariedad laboral, ETT's chupasangres, ambiente, chats y lesbianas más raras que un perro verde). Del mismo modo, debo decir también que, para los que piensen que los premios literarios están tangados (que lo están en un 99%), en esta ocasión no ha sido así. No conozco a esta señorita, yo misma saqué el original del montón de novelas recibidas y no tuve ninguna presión a la hora de emitir mi voto. Era la mejor, para mi gusto, de las poquitas novelas de temática lésbica que se habían recibido (con todo lo que pueda conllevar esa frase).
Y como sé lo que es escribir e intentar que te publiquen y hace un par de años estuve en el lugar de esta muchacha, aunque sea sólo por solidaridad profesional, me apetece aportar mi granito de arena para que pueda empezar a ser conocida y/o valorada. Así que no veo mejor modo de hacerlo que hablar de ella aquí, para que al menos a las cuatro o cinco personas habituales del blog les suene si lo ven en alguna librería. Porque tod@s merecemos una oportunidad.
...de fondo A pain that I'm used to de Depeche Mode
¡Por fin...
...se acabó la navidad! Y me da igual lo que diga ese dicho popular de que "hasta San Antón fiestas son". Los adornos ya se están quitando, los extractos de las tarjetas de crédito están preparando los sustos de fin de mes y los gimnasios empiezan a tener más movimiento que el metro en hora punta. Así que yo recibo la rutina cotidiana con los brazos abiertos.
Como no he debido ser muy buena este año, los Reyes no me han traído lo que pedí. Y mira que yo les dije que lo único que les pedí fue La Pediatra Motorista o La Peluquera Promiscua pero nada, ni la una ni la otra... En fin, si algún alma caritativa se apiada de mí, cumplo años el mes que viene ... ;-p
Como en mi familia más cercana sólo hay un crío (mi pequeño bichito que tanto disfruta viniendo a mi casa a jugar con Chucho Infernal, la Play y el ordenata) pues el niño ayer se puso las botas porque pilló por todos los lados. Pero, como siempre, su hermano puso la puntilla llegando a las seis de la tarde (su novia y él viven a cinco minutos de mis tíos aunque, por supuesto, vinieron en coche...) con una enorme caja al hombro. Burro grande, ande o no ande. Un coche teledirigido ultímisimo modelo que relegó a segundo plano cualquier otro regalo. ¿Que si me molestó? Hombre, teniendo en cuenta lo que yo me gasté en los Reyes del crío, que este mes me han quitado mas de cuarenta mil pelas de mi nomina por la puta regularización del IRPF y que, por tanto, el día quince dará comienzo para mí el fin de mes... Pues sí, me molestó. Siempre me ha jodido la ostentación, la gente que suple sus ausencias con regalos caros y la prepotencia y estupidez que se gasta mi primo el mayor (al que hasta hace no mucho consideraba mi hermano). Pero en fin, pelillos a la mar...
La noche de Reyes salimos JM y yo un ratillo. Después de tres años y medio su relación con El Sevillano ha llegado al encefalograma plano y necesitaba hablar con alguien, salir de casa y desintoxicarse. Y a mí, que pese a haber abandonado mi vena juerguista, no sé decir que no y menos si se trata de escuchar a un amigo, me faltó tiempo para darme un duchazo y plantarme, puntual como un reloj suizo, en donde habíamos quedado.
Y aquí toca hablar de los estragos que está causando la entrada en vigor de la Ley Antitabaco. Vamos a ver, yo soy fumadora desde hace diez años y consumo al día entre una o dos cajetillas (dependiendo de la temporada que esté pasando, del nerviosismo y la ansiedad). Siempre he respetado los lugares en los que no se podía fumar, he preguntado si puedo hacerlo en casas y coches de amigos (incluso de aquellos que también fuman, que no a todos les gusta montarse en un coche que huele a cenicero) y no me ha importado salirme a la terraza a fumarme un piti si he tenido que hacerlo.
En el trabajo, tres cuartos de lo mismo. Desde hace cinco años, en la mayoría de empresas por las que he pasado, sólo se podía fumar en zonas habilitadas para ello. Y allí me he ido a calmar mi adicción. En mi trabajo actual se podía fumar hasta ahora pero, puesto que mis compañerillas no fuman (La Pija de vez en cuando), tampoco he fumado. Es decir, no me cuesta pasar ocho horas o las que sean sin llevarme un cigarrillo a los labios. Me puedo poner un poquito nerviosa pero se me pasa enseguida.
Desde el día 1 me siento como una delincuente. Ese mismo día por la noche me quedé sin tabaco. Y bajé a la tiendecilla de mi chinito. Como ya se supone que sólo se vende tabaco en estancos y maquinas expendedoras, temí no poder comprar. El lugar en donde tenía el tabaco lo ocupaba ahora un surtido de golosinas. Y mi chino que, habitualmente, me ve entrar y automáticamente pone sobre el mostrador un paquetito de L&M Azul, me miró expectante en esta ocasión. Yo se lo pedí entre susurros. Él rebuscó en una bolsa y me lo tendió sin dejarlo en el mostrador. Lo cogí, me lo guardé, lo pagué y me fui de allí con la cabeza gacha y la mirada huidiza como si en vez de haber comprado un simple paquete de tabaco hubiera ido a pillar un gramo de coca.
El lunes pasado, la prueba de fuego para todos, entré en el bar que hay al lado del metro a tomarme mi sagrado café de todos los días. Yo había escuchado decir al camarero días atrás que se iba a poder fumar pero al entrar y sentarme frente a la barra vi que ninguno de los presentes (caras conocidas a fuerza de verlas todos los días a la misma hora y, muchas de ellas, fumadoras empedernidas como yo) estaba fumando. Y todos nos mirábamos unos a otros como retándonos a ser los primeros en encender el cigarrillo. Hasta que uno, quizá con más mono que yo, le pregunta al camarero si se pude fumar. Ante el "claro que sí" del interpelado la barra sufrió el efecto dominó: todos comenzamos a sacar el tabaco y encender cigarrillos como si fuéramos condenados a muerte.
El resto de la semana ha seguido una tónica parecida. Entrar a un bar o cafetería y, antes de pedir tu consumición, preguntar si se puede fumar y, de paso, averiguar cuánto ha subido todo porque con tanto rollo de fumar o no fumar no nos estamos dando cuenta de las clavadas que nos meten en algunos sitios.
Pero para mí la prueba de fuego era salir de copas. Pese a que, hasta ahora, todos los bares que voy viendo por la calle, lucen el cartel de que se permite fumar (menos uno, una bodeguilla que es el punto de reunión habitual de los 'manolos' de mi barrio y que me sorprendió muchísimo ver que no dejaban fumar) pues no sabía qué iba a pasar con los bares de copas.
Dando vueltas por Chueca mientras íbamos a sacar perruchis a nuestros respectivos cajeros íbamos comprobando que todos los bares tenían el cartel indicador de que nos iban a dejar delinquir sin problemas. Pero otros es que ni siquiera tenían cartel, entre ellos, el restaurante al que fuimos a cenar, el Momo. Pero al pedir al encargado una mesa para dos y fumadores con cara de delito, nos tranquilizó diciendo que él dejaba fumar en todo el restaurante.
Luego fuimos al Fulanita y más tarde a uno nuevo de la calle Libertad que, muy originalmente, han bautizado como Local Chueca. De este último nos gustó mucho la decoración, con un estilo que JM definió como avant retro y que nos llevó a comenzar una conversación sobre estética y corrientes artísticas (en un momento dado comencé una frase con 'la percepeción de la belleza' y me frené en seco al notar lo surrealista de la escena. Está claro que JM y yo somos unos rara avis, no conozco a mucha gente que tenga esas conversaciones en un bar de copas...).
A eso de las dos nos fuimos. Los dos hemos perdido la costumbre de las juergas desfasadas y en algunos momentos nos sentíamos como pulpos en un garaje (amen de que siempre que salimos juntos la gente piensa que somos pareja y, por tanto, cuando hemos salido a ligar nos volvíamos con las manos vacías). Yo al día siguiente tenía comida familiar en plena provincia de Toledo y no me podía levantar demasiado tarde.
Pero lo que yo quería decir es que me parece excesivo todo lo que se está montado con lo del tabaco. Me explico. Creo que algunas medidas son acertadas. Veo muy lógico que en algunos establecimientos separen zonas para fumadores y para no fumadores (al fin y al cabo, eso no es nada nuevo). Veo muy lógico también que en el trabajo no se pueda fumar. Veo aún más lógico que no se permita vender a menores (aunque, seamos realistas, eso no va a hacer que dejen de fumar sino que creará pequeñas mafias en las que los mayores comprarán el tabaco y trapichearán con las más jóvenes). Me parece un tanto excesivo que sólo dejen vender en estancos y máquinas (eso creará también pequeñas mafias: la chinita de otra tienda de la que soy habitual ya me ha dicho que no me preocupe, que si me hace falta... hay). Y me parece totalmente surrealista que no puedas entrar a un estanco con el cigarrillo encendido (y muy hipócrita).
Me parece también excesiva la reacción de mucha gente no fumadora que, incluso por la calle, te mira como si fueras una criminal porque vas fumando. O como lo que me contó mi abuelo que le pasó en Benidorm hace unos días. Se sentó en un banco en donde había sentado un viejecillo que, al ver a mi abuelo, le dijo: "He rezado tres avemarías y un padrenuestro para que quien se sentara aquí no fumase". Y mi abuelo, que eso de que le mienten la religión lo lleva un poco mal, le miró como quien miraría a un marciano y le dijo: "Pues siga usted rezando" y se sacó el paquete de tabaco. Obvia decir que el susodicho viejecillo se levantó y se fue...
¿Y qué decir de los protagonistas de algunos anuncios de la campaña que representan la actitud de los fumadores intransigentes? Vamos, que es que tienen una cara de malos que no pueden con ellas. Lo mismo que en las pelis yanquis en las que los únicos que fuman son los malos. Muchos asocian ya el fumar con ser mala persona y, perdone usted, pero creo que están cargando las tintas.
Que fumar es malo, lo sabemos todos y lo notamos los fumadores cada vez que nos resfriamos. Que la SS de este país se gasta mucho en tratamientos médicos para enfermedades provocadas por el tabaco es bien cierto. Pero también lo es la cantidad de ingresos que obtiene el Estado (el español y los del resto del mundo) gracias a los impuestos aplicados al tabaco. Por no hablar de los miles de familias que viven directamente de su producción, manipulación y distribución. ¿Por qué el Gobierno no prohibe directamente lo que en realidad no es más que una droga (legal, pero droga al fin y al cabo) y piensa en alternativas a todo eso? Subvencionando las plantaciones de tabaco para cambiarlas a otro tipo de producto o materia prima o haciendo que los estancos puedan suplir la venta de tabaco con la de otros artículos, evitando así que todas esas familias se queden sin su medio de vida. Pero claro, eso no debe interesar. Es mucho más cómodo dejar las cosas como están y seguir recibiendo pasta.
Y ahora se está empezando a escuchar que, en el momento que Reino Unido levanta la antigua prohibición de no servir alcohol a partir de las doce de la noche, se está planteando hacer aquí. ¿Aquí? ¿En España? ¿Un país donde el alcohol está socialmente aceptado y asociado a las juergas hasta el amanecer que tanto atraen al turismo? ¿Un país en el que mucha gente, como yo, no es capaz de estar en un bar sin una copa en una mano y un cigarro en la otra? ¿Y qué va a ser lo próximo? ¿El toque de queda?
En fin, que como ya noto que se me están revolucionando las pocas neuronas que me quedan, os voy a dejar, que JM está al venir y esta noche nos vamos a quedar en casa fumando y bebiendo para no molestar a nadie.
... de fondo One day in your life de Anastacia
Como no he debido ser muy buena este año, los Reyes no me han traído lo que pedí. Y mira que yo les dije que lo único que les pedí fue La Pediatra Motorista o La Peluquera Promiscua pero nada, ni la una ni la otra... En fin, si algún alma caritativa se apiada de mí, cumplo años el mes que viene ... ;-p
Como en mi familia más cercana sólo hay un crío (mi pequeño bichito que tanto disfruta viniendo a mi casa a jugar con Chucho Infernal, la Play y el ordenata) pues el niño ayer se puso las botas porque pilló por todos los lados. Pero, como siempre, su hermano puso la puntilla llegando a las seis de la tarde (su novia y él viven a cinco minutos de mis tíos aunque, por supuesto, vinieron en coche...) con una enorme caja al hombro. Burro grande, ande o no ande. Un coche teledirigido ultímisimo modelo que relegó a segundo plano cualquier otro regalo. ¿Que si me molestó? Hombre, teniendo en cuenta lo que yo me gasté en los Reyes del crío, que este mes me han quitado mas de cuarenta mil pelas de mi nomina por la puta regularización del IRPF y que, por tanto, el día quince dará comienzo para mí el fin de mes... Pues sí, me molestó. Siempre me ha jodido la ostentación, la gente que suple sus ausencias con regalos caros y la prepotencia y estupidez que se gasta mi primo el mayor (al que hasta hace no mucho consideraba mi hermano). Pero en fin, pelillos a la mar...
La noche de Reyes salimos JM y yo un ratillo. Después de tres años y medio su relación con El Sevillano ha llegado al encefalograma plano y necesitaba hablar con alguien, salir de casa y desintoxicarse. Y a mí, que pese a haber abandonado mi vena juerguista, no sé decir que no y menos si se trata de escuchar a un amigo, me faltó tiempo para darme un duchazo y plantarme, puntual como un reloj suizo, en donde habíamos quedado.
Y aquí toca hablar de los estragos que está causando la entrada en vigor de la Ley Antitabaco. Vamos a ver, yo soy fumadora desde hace diez años y consumo al día entre una o dos cajetillas (dependiendo de la temporada que esté pasando, del nerviosismo y la ansiedad). Siempre he respetado los lugares en los que no se podía fumar, he preguntado si puedo hacerlo en casas y coches de amigos (incluso de aquellos que también fuman, que no a todos les gusta montarse en un coche que huele a cenicero) y no me ha importado salirme a la terraza a fumarme un piti si he tenido que hacerlo.
En el trabajo, tres cuartos de lo mismo. Desde hace cinco años, en la mayoría de empresas por las que he pasado, sólo se podía fumar en zonas habilitadas para ello. Y allí me he ido a calmar mi adicción. En mi trabajo actual se podía fumar hasta ahora pero, puesto que mis compañerillas no fuman (La Pija de vez en cuando), tampoco he fumado. Es decir, no me cuesta pasar ocho horas o las que sean sin llevarme un cigarrillo a los labios. Me puedo poner un poquito nerviosa pero se me pasa enseguida.
Desde el día 1 me siento como una delincuente. Ese mismo día por la noche me quedé sin tabaco. Y bajé a la tiendecilla de mi chinito. Como ya se supone que sólo se vende tabaco en estancos y maquinas expendedoras, temí no poder comprar. El lugar en donde tenía el tabaco lo ocupaba ahora un surtido de golosinas. Y mi chino que, habitualmente, me ve entrar y automáticamente pone sobre el mostrador un paquetito de L&M Azul, me miró expectante en esta ocasión. Yo se lo pedí entre susurros. Él rebuscó en una bolsa y me lo tendió sin dejarlo en el mostrador. Lo cogí, me lo guardé, lo pagué y me fui de allí con la cabeza gacha y la mirada huidiza como si en vez de haber comprado un simple paquete de tabaco hubiera ido a pillar un gramo de coca.
El lunes pasado, la prueba de fuego para todos, entré en el bar que hay al lado del metro a tomarme mi sagrado café de todos los días. Yo había escuchado decir al camarero días atrás que se iba a poder fumar pero al entrar y sentarme frente a la barra vi que ninguno de los presentes (caras conocidas a fuerza de verlas todos los días a la misma hora y, muchas de ellas, fumadoras empedernidas como yo) estaba fumando. Y todos nos mirábamos unos a otros como retándonos a ser los primeros en encender el cigarrillo. Hasta que uno, quizá con más mono que yo, le pregunta al camarero si se pude fumar. Ante el "claro que sí" del interpelado la barra sufrió el efecto dominó: todos comenzamos a sacar el tabaco y encender cigarrillos como si fuéramos condenados a muerte.
El resto de la semana ha seguido una tónica parecida. Entrar a un bar o cafetería y, antes de pedir tu consumición, preguntar si se puede fumar y, de paso, averiguar cuánto ha subido todo porque con tanto rollo de fumar o no fumar no nos estamos dando cuenta de las clavadas que nos meten en algunos sitios.
Pero para mí la prueba de fuego era salir de copas. Pese a que, hasta ahora, todos los bares que voy viendo por la calle, lucen el cartel de que se permite fumar (menos uno, una bodeguilla que es el punto de reunión habitual de los 'manolos' de mi barrio y que me sorprendió muchísimo ver que no dejaban fumar) pues no sabía qué iba a pasar con los bares de copas.
Dando vueltas por Chueca mientras íbamos a sacar perruchis a nuestros respectivos cajeros íbamos comprobando que todos los bares tenían el cartel indicador de que nos iban a dejar delinquir sin problemas. Pero otros es que ni siquiera tenían cartel, entre ellos, el restaurante al que fuimos a cenar, el Momo. Pero al pedir al encargado una mesa para dos y fumadores con cara de delito, nos tranquilizó diciendo que él dejaba fumar en todo el restaurante.
Luego fuimos al Fulanita y más tarde a uno nuevo de la calle Libertad que, muy originalmente, han bautizado como Local Chueca. De este último nos gustó mucho la decoración, con un estilo que JM definió como avant retro y que nos llevó a comenzar una conversación sobre estética y corrientes artísticas (en un momento dado comencé una frase con 'la percepeción de la belleza' y me frené en seco al notar lo surrealista de la escena. Está claro que JM y yo somos unos rara avis, no conozco a mucha gente que tenga esas conversaciones en un bar de copas...).
A eso de las dos nos fuimos. Los dos hemos perdido la costumbre de las juergas desfasadas y en algunos momentos nos sentíamos como pulpos en un garaje (amen de que siempre que salimos juntos la gente piensa que somos pareja y, por tanto, cuando hemos salido a ligar nos volvíamos con las manos vacías). Yo al día siguiente tenía comida familiar en plena provincia de Toledo y no me podía levantar demasiado tarde.
Pero lo que yo quería decir es que me parece excesivo todo lo que se está montado con lo del tabaco. Me explico. Creo que algunas medidas son acertadas. Veo muy lógico que en algunos establecimientos separen zonas para fumadores y para no fumadores (al fin y al cabo, eso no es nada nuevo). Veo muy lógico también que en el trabajo no se pueda fumar. Veo aún más lógico que no se permita vender a menores (aunque, seamos realistas, eso no va a hacer que dejen de fumar sino que creará pequeñas mafias en las que los mayores comprarán el tabaco y trapichearán con las más jóvenes). Me parece un tanto excesivo que sólo dejen vender en estancos y máquinas (eso creará también pequeñas mafias: la chinita de otra tienda de la que soy habitual ya me ha dicho que no me preocupe, que si me hace falta... hay). Y me parece totalmente surrealista que no puedas entrar a un estanco con el cigarrillo encendido (y muy hipócrita).
Me parece también excesiva la reacción de mucha gente no fumadora que, incluso por la calle, te mira como si fueras una criminal porque vas fumando. O como lo que me contó mi abuelo que le pasó en Benidorm hace unos días. Se sentó en un banco en donde había sentado un viejecillo que, al ver a mi abuelo, le dijo: "He rezado tres avemarías y un padrenuestro para que quien se sentara aquí no fumase". Y mi abuelo, que eso de que le mienten la religión lo lleva un poco mal, le miró como quien miraría a un marciano y le dijo: "Pues siga usted rezando" y se sacó el paquete de tabaco. Obvia decir que el susodicho viejecillo se levantó y se fue...
¿Y qué decir de los protagonistas de algunos anuncios de la campaña que representan la actitud de los fumadores intransigentes? Vamos, que es que tienen una cara de malos que no pueden con ellas. Lo mismo que en las pelis yanquis en las que los únicos que fuman son los malos. Muchos asocian ya el fumar con ser mala persona y, perdone usted, pero creo que están cargando las tintas.
Que fumar es malo, lo sabemos todos y lo notamos los fumadores cada vez que nos resfriamos. Que la SS de este país se gasta mucho en tratamientos médicos para enfermedades provocadas por el tabaco es bien cierto. Pero también lo es la cantidad de ingresos que obtiene el Estado (el español y los del resto del mundo) gracias a los impuestos aplicados al tabaco. Por no hablar de los miles de familias que viven directamente de su producción, manipulación y distribución. ¿Por qué el Gobierno no prohibe directamente lo que en realidad no es más que una droga (legal, pero droga al fin y al cabo) y piensa en alternativas a todo eso? Subvencionando las plantaciones de tabaco para cambiarlas a otro tipo de producto o materia prima o haciendo que los estancos puedan suplir la venta de tabaco con la de otros artículos, evitando así que todas esas familias se queden sin su medio de vida. Pero claro, eso no debe interesar. Es mucho más cómodo dejar las cosas como están y seguir recibiendo pasta.
Y ahora se está empezando a escuchar que, en el momento que Reino Unido levanta la antigua prohibición de no servir alcohol a partir de las doce de la noche, se está planteando hacer aquí. ¿Aquí? ¿En España? ¿Un país donde el alcohol está socialmente aceptado y asociado a las juergas hasta el amanecer que tanto atraen al turismo? ¿Un país en el que mucha gente, como yo, no es capaz de estar en un bar sin una copa en una mano y un cigarro en la otra? ¿Y qué va a ser lo próximo? ¿El toque de queda?
En fin, que como ya noto que se me están revolucionando las pocas neuronas que me quedan, os voy a dejar, que JM está al venir y esta noche nos vamos a quedar en casa fumando y bebiendo para no molestar a nadie.
... de fondo One day in your life de Anastacia
Soy lesbiana, soy cool
Porque ahora las lesbianas somos tan modernas, elegantes, fashion y, por supuesto, cool como nuestros queridos compañeros los gays. Porque estamos de moda y somos políticamente correctas. Porque ya no nos vestimos con unos viejos Levi's 501 y una camisa de leñador sino que lucimos palmito con ropita ajustada e incluso nos maquillamos. Porque también nos hemos subido al carro del dinero rosa y gastamos más que nadie en ocio, cultura y viajes. Y todas, toditas, todas tenemos una profesión como nosotras mismas, cool y fashion, of course...
Y ahora os preguntaréis que a cuento de qué viene esta irónica parrafada (porque espero no ser la única que piensa que rezuma ironía en cada palabra...). Pues viene a cuento del vídeo de Alanis Morissette del que algo dije en el post anterior.
Pero vamos, que lo del video-clip es la punta del iceberg, un botón de muestra, una anécdota más de la historia de lo lésbico en la sociedad actual.
Para resumiros, en nochevieja, mientras jugábamos a las cartas, al parchis y le dábamos a la sin hueso teníamos puesta la MTV para que nos amenizase musicalmente la velada. Yo tenía el televisor justo enfrente y, cotilla e inquieta que es una (y más si hay música de por medio), le echaba esporádicos vistazos. La canción de Alanis, ya la había escuchado y me había gustado bastante pero el vídeo correspondiente no lo había visto. La verdad es que no le presté mucha atención ya que me parecía típico y tópico. Pero al acabar el vídeo mi mirada y la de El Ilustre Bifuncionario coincidieron en la pantalla para luego coincidir entre ellas mismas con la ceja alzada y cara de interrogación: "¿Nos hemos perdido algo?"
Como os supondréis, en cuanto llegué a casa, puse a currar a la Mulita para que me lo descargase y poder verlo más atentamente. La historia del video es simple a más no poder. Alanis, con un nuevo look nada favorecedor y unos añitos que ya se empiezan a notar, camina por la calle frente a la cámara (es decir, lo que hace en la mitad de sus vídeos) y también toca en un escenario, guitarra en ristre la cancioncilla de marras. Luego la vemos en su apartamento espiando por la ventana a un chulazo del tres (vamos, bastante normalito). El chulazo sale a la calle y Alanis también. El chulazo se monta en su coche mientras una Alanis en plan reencarnación del Angel de la Muerte sigue desgranando la canción desde el asiento trasero. El maromo recoge a una churri, una rubia typical-yanqui sacada de algún anuncio de Tommy Hilfiger. Vaya con el tío, poniéndole los cuernos a la buena de Alanis... Ay, ay,...
La parejita y su Angel Exterminador llegan hasta la puerta de una discoteca. La parejita sale (él, muy caballeroso, le abre la puerta a la rubita tonta). A Alanis no la vemos salir del auto pero sí entrar en la disco, abrirse paso entre la gente y llegar hasta donde están el maromo y la typical-yanqui. Los dos, pillados in fraganti, se quedan a cuadros. ¿Será quizá la rubia la mejor amiga de Alanis que la ha traicionado? Y la Alanis, ni corta ni perezosa, comienza a empujar y agredir al maromo hasta que, tras tirarle la copa en la cara, la muchacha es reducida por el consabido portero-negro-tipo-armario-ropero-de-dos-cuerpos y es expulsada a la calle donde, tras recuperar la compostura en un solo gesto, Alanis vuelve a caminar frente a la cámara.
Hasta aquí la historia habitual. Pero luego vemos como Alanis llega a casa. Primer plano de un ramo de flores con una tarjeta que pone Sorry. Plano de la rubia en la cama con ánimo compugido que mira esta foto en su mesilla.

Y punto final. Se acaba el vídeo. Y empiezan mis rayaduras, claro está.
A mí, que soy una gran apasionada de lo audiovisual, me encantan los vídeos musicales. Algunos me parecen incluso pequeñas obras de arte, películas de tres o cuatro minutos mucho más efectivas que los largometrajes de dos horas que acostumbran a ponernos en los multicines. Y me parecen un soporte genial para hacer todo tipo de cosas, desde arte conceptual hasta cine propiamente dicho.
Sin embargo, el final sorpresivo ya no resulta un recurso tan efectivo. Desde mediados de los noventa se ha venido utilizando con mayor o menor fortuna y, qué curioso, casi siempre empleando el equívoco sexual (sea por género o por orientación) para epatar al espectador. Se me vienen a la cabeza dos ejemplos muy claros. Uno, el polémico vídeo de Prodigy, Smatch my bitch up. Una cámara subjetiva va narrando las visicitudes de un tío que se va de marcha hasta que, al final del vídeo (polvo con stripper incluído) descubrimos que el protagonista no es él sino una angelical y femenina rubia que en nada inspira el comportamiento machote y casi neandhertal al que hemos asistido hasta ese momento. El otro es You don't fool me de Queen, en el que un adolescente merodea por una oscura discoteca buscando desesperado a la chica que le gusta para encontrarla finalmente... dándose el lote con otra chica.
Pero a estas alturas que se siga utilizando la "sorpresa" de que la prota guapa de una historia (o el prota guapo, lo mismo me da que me da lo mismo) resulté ser al final de la acera de enfrente demuestra y perpetua muchas cosas:
1.- Si la homosexualidad sigue causando sorpresa o utilizándose como gancho es que sigue sin ser aceptada.
2.- En el vídeo no sabemos (sino que sólo suponemos, que es muy distinto) qué tipo de relación une al personaje de Alanis con la rubia. Además, el final queda lo suficientemente ambiguo como para que los más cerrados de mollera crean que la rubia era su mejor amiga y que le pide disculpas por haberse enrollado con su novio.
3.- Los que somos un poco más abiertos tampoco sabemos si las disculpas las pide la rubia por la infidelidad o Alanis por el numerito que montó en la discoteca.
Como tampoco sabemos en qué punto está esa relación, se me agolpan varias cuestiones:
1.- Si son pareja estable, la rubia debe ser bisexual o, en su defecto, hetero con dudas. Por lo que queda unido de nuevo el concepto de promiscuidad e infidelidad al hecho de ser homo o bi.
2.- Tanto si siguen siendo pareja como si ya han cortado la relación, la actitud y posterior reacción de Alanis al verla con otra persona es desproporcionada, perpetuando cierta imagen de lesbiana obsesiva, agresiva y un tanto desequilibrada incapaz de aceptar las rupturas. Porque, vamos a ver, que yo haya albergado instintos homicidas hacia mis ex o sus parejas en alguna ocasión no significa que les haya dado rienda suelta.
3.- Que todo se arregle con un ramo de flores y un escueto Sorry no debería cabrear sólo a gays y lesbianas sino a cualquiera con dos dedos de frente. Una infidelidad en una pareja que no ha decidido ser abierta es algo que se intenta arreglar, si se puede, con mucho diálogo y el posterior intento de recuperar una confianza que se ganó con el tiempo y se perdió en un sólo momento.
Por tanto, pese a que a mi lado visceral (ese que babea frente a Maca y Esther o las chicas de The L Word) le encante ver cómo, cada día, la presencia de mujeres lesbianas y bisexuales en los medios va aumentando exponencialmente, mi lado crítico, tras el orgasmo inicial, no puede evitar pararse a pensar en la forma que tienen algunos de hacerlo.
Alanis Morissette tiene una imagen de mujer fuerte e independiente. Fue la primera mujer en vender nosécuantitos millones de discos con un album debut (que no era debut en absoluto puesto que antes ya había publicado dos en Canadá, su país natal). Su carrera ha transcurrido con altibajos sin llegar nunca a superar el mastodóntico éxito de Jagged little pill pero sigue manteniéndose arriba en un mundo dominado por hombres. Todas esas cosas la han convertido, al igual que a otras mujeres (ya sean heteros, lesbianas o bisexuales) en un icono lésbico. En el fondo lo que creo yo que ha intentado Alanis ha sido hacerles un guiño a sus fans pero, caramba, si quería hacer de lesbiana en un video clip, estoy segura que muchas de nosotras tendríamos ideas mejores para plasmar en imágenes con ella como protagonista, ¿no?
...de fondo Crazy de Alanis Morissette (por aquello de ambientarme...)
Y ahora os preguntaréis que a cuento de qué viene esta irónica parrafada (porque espero no ser la única que piensa que rezuma ironía en cada palabra...). Pues viene a cuento del vídeo de Alanis Morissette del que algo dije en el post anterior.
Pero vamos, que lo del video-clip es la punta del iceberg, un botón de muestra, una anécdota más de la historia de lo lésbico en la sociedad actual.
Para resumiros, en nochevieja, mientras jugábamos a las cartas, al parchis y le dábamos a la sin hueso teníamos puesta la MTV para que nos amenizase musicalmente la velada. Yo tenía el televisor justo enfrente y, cotilla e inquieta que es una (y más si hay música de por medio), le echaba esporádicos vistazos. La canción de Alanis, ya la había escuchado y me había gustado bastante pero el vídeo correspondiente no lo había visto. La verdad es que no le presté mucha atención ya que me parecía típico y tópico. Pero al acabar el vídeo mi mirada y la de El Ilustre Bifuncionario coincidieron en la pantalla para luego coincidir entre ellas mismas con la ceja alzada y cara de interrogación: "¿Nos hemos perdido algo?"
Como os supondréis, en cuanto llegué a casa, puse a currar a la Mulita para que me lo descargase y poder verlo más atentamente. La historia del video es simple a más no poder. Alanis, con un nuevo look nada favorecedor y unos añitos que ya se empiezan a notar, camina por la calle frente a la cámara (es decir, lo que hace en la mitad de sus vídeos) y también toca en un escenario, guitarra en ristre la cancioncilla de marras. Luego la vemos en su apartamento espiando por la ventana a un chulazo del tres (vamos, bastante normalito). El chulazo sale a la calle y Alanis también. El chulazo se monta en su coche mientras una Alanis en plan reencarnación del Angel de la Muerte sigue desgranando la canción desde el asiento trasero. El maromo recoge a una churri, una rubia typical-yanqui sacada de algún anuncio de Tommy Hilfiger. Vaya con el tío, poniéndole los cuernos a la buena de Alanis... Ay, ay,...
La parejita y su Angel Exterminador llegan hasta la puerta de una discoteca. La parejita sale (él, muy caballeroso, le abre la puerta a la rubita tonta). A Alanis no la vemos salir del auto pero sí entrar en la disco, abrirse paso entre la gente y llegar hasta donde están el maromo y la typical-yanqui. Los dos, pillados in fraganti, se quedan a cuadros. ¿Será quizá la rubia la mejor amiga de Alanis que la ha traicionado? Y la Alanis, ni corta ni perezosa, comienza a empujar y agredir al maromo hasta que, tras tirarle la copa en la cara, la muchacha es reducida por el consabido portero-negro-tipo-armario-ropero-de-dos-cuerpos y es expulsada a la calle donde, tras recuperar la compostura en un solo gesto, Alanis vuelve a caminar frente a la cámara.
Hasta aquí la historia habitual. Pero luego vemos como Alanis llega a casa. Primer plano de un ramo de flores con una tarjeta que pone Sorry. Plano de la rubia en la cama con ánimo compugido que mira esta foto en su mesilla.

Y punto final. Se acaba el vídeo. Y empiezan mis rayaduras, claro está.
A mí, que soy una gran apasionada de lo audiovisual, me encantan los vídeos musicales. Algunos me parecen incluso pequeñas obras de arte, películas de tres o cuatro minutos mucho más efectivas que los largometrajes de dos horas que acostumbran a ponernos en los multicines. Y me parecen un soporte genial para hacer todo tipo de cosas, desde arte conceptual hasta cine propiamente dicho.
Sin embargo, el final sorpresivo ya no resulta un recurso tan efectivo. Desde mediados de los noventa se ha venido utilizando con mayor o menor fortuna y, qué curioso, casi siempre empleando el equívoco sexual (sea por género o por orientación) para epatar al espectador. Se me vienen a la cabeza dos ejemplos muy claros. Uno, el polémico vídeo de Prodigy, Smatch my bitch up. Una cámara subjetiva va narrando las visicitudes de un tío que se va de marcha hasta que, al final del vídeo (polvo con stripper incluído) descubrimos que el protagonista no es él sino una angelical y femenina rubia que en nada inspira el comportamiento machote y casi neandhertal al que hemos asistido hasta ese momento. El otro es You don't fool me de Queen, en el que un adolescente merodea por una oscura discoteca buscando desesperado a la chica que le gusta para encontrarla finalmente... dándose el lote con otra chica.
Pero a estas alturas que se siga utilizando la "sorpresa" de que la prota guapa de una historia (o el prota guapo, lo mismo me da que me da lo mismo) resulté ser al final de la acera de enfrente demuestra y perpetua muchas cosas:
1.- Si la homosexualidad sigue causando sorpresa o utilizándose como gancho es que sigue sin ser aceptada.
2.- En el vídeo no sabemos (sino que sólo suponemos, que es muy distinto) qué tipo de relación une al personaje de Alanis con la rubia. Además, el final queda lo suficientemente ambiguo como para que los más cerrados de mollera crean que la rubia era su mejor amiga y que le pide disculpas por haberse enrollado con su novio.
3.- Los que somos un poco más abiertos tampoco sabemos si las disculpas las pide la rubia por la infidelidad o Alanis por el numerito que montó en la discoteca.
Como tampoco sabemos en qué punto está esa relación, se me agolpan varias cuestiones:
1.- Si son pareja estable, la rubia debe ser bisexual o, en su defecto, hetero con dudas. Por lo que queda unido de nuevo el concepto de promiscuidad e infidelidad al hecho de ser homo o bi.
2.- Tanto si siguen siendo pareja como si ya han cortado la relación, la actitud y posterior reacción de Alanis al verla con otra persona es desproporcionada, perpetuando cierta imagen de lesbiana obsesiva, agresiva y un tanto desequilibrada incapaz de aceptar las rupturas. Porque, vamos a ver, que yo haya albergado instintos homicidas hacia mis ex o sus parejas en alguna ocasión no significa que les haya dado rienda suelta.
3.- Que todo se arregle con un ramo de flores y un escueto Sorry no debería cabrear sólo a gays y lesbianas sino a cualquiera con dos dedos de frente. Una infidelidad en una pareja que no ha decidido ser abierta es algo que se intenta arreglar, si se puede, con mucho diálogo y el posterior intento de recuperar una confianza que se ganó con el tiempo y se perdió en un sólo momento.
Por tanto, pese a que a mi lado visceral (ese que babea frente a Maca y Esther o las chicas de The L Word) le encante ver cómo, cada día, la presencia de mujeres lesbianas y bisexuales en los medios va aumentando exponencialmente, mi lado crítico, tras el orgasmo inicial, no puede evitar pararse a pensar en la forma que tienen algunos de hacerlo.
Alanis Morissette tiene una imagen de mujer fuerte e independiente. Fue la primera mujer en vender nosécuantitos millones de discos con un album debut (que no era debut en absoluto puesto que antes ya había publicado dos en Canadá, su país natal). Su carrera ha transcurrido con altibajos sin llegar nunca a superar el mastodóntico éxito de Jagged little pill pero sigue manteniéndose arriba en un mundo dominado por hombres. Todas esas cosas la han convertido, al igual que a otras mujeres (ya sean heteros, lesbianas o bisexuales) en un icono lésbico. En el fondo lo que creo yo que ha intentado Alanis ha sido hacerles un guiño a sus fans pero, caramba, si quería hacer de lesbiana en un video clip, estoy segura que muchas de nosotras tendríamos ideas mejores para plasmar en imágenes con ella como protagonista, ¿no?
...de fondo Crazy de Alanis Morissette (por aquello de ambientarme...)
El primer post de 2006 y la historia de la bufanda de la discordia
Primero y aunque estéis ya hasta el gorro de oírlo decir a todo el mundo, ¡Feliz año!
Segundo, yo habría escrito antes si no fuera porque a este fantástico servicio de alojamiento de bitácoras le está durando la resaca más de lo debido. No, si al final acabaré como han hecho much@s, emigrando a otro sitio al que no se le vaya tanto la pinza (se admiten sugerencias).
De mi Nochevieja en sí, no tengo gran cosa que contar ya que, como dije, estaba planeada como algo light. Nada de macrofiestas con cotillones, gorros absurdos y matasuegras irritantes. En mi caso tan solo fue comida y bebida con mi gente aunque, eso sí, me acosté como a eso de las nueve de la mañana…
Sin embargo, pese a lo tranquilito del plan, sí que han salido algunas historias para no dormir de aquella noche. Pero comencemos por el principio…
La cena iba a ser en casa de JM y El Sevillano acompañados por la mami de JM, los papis (ambos dos) de El Sevillano y la tía de este último. Hasta ahí todo bien. Cena más o menos normal (aunque el plato estrella ideado por JM no acabara de salir por razones técnicas… cielo, un gatillazo gastronómico lo tiene todo el mundo). De postre tomamos Roscón de Reyes y es que parece que se está convirtiendo en un dulce que se come durante toda la Navidad y no sólo en el día que le da nombre. Para quien dude de mi buena estrella en algunos aspectos diré que, como casi siempre que como Roscón, también esta vez me llevé la sorpresa, que resultó ser una linda figurita de Daisy, la novia del Pato Donald. Teniendo en cuenta que el susodicho palmípedo ha sido siempre mi favorito de toda la extensa galería de personajes de la factoría Disney (soy igual de despistada y atolondrada que él), ¿será este un augurio de que en 2006 encontraré a mi Daisy particular? Bueno, bueno, ya veremos… Vosotr@s seréis l@s primer@s en enteraros…

Vale, lo admito, aún no controlo los primeros planos con la cámara digital...
Tras las uvas (con las que nunca me atraganto para rabia del común de los mortales) y la copa de champán de rigor, me embutí en mi (y la razón de remarcar este artículo posesivo la encontraréis más adelante) bufanda y mi abrigo y, acompañada por JM y El Sevillano, me fui a pillar el metro. Mientras bajábamos en el ascensor, El Sevillano me tiende una cosa plana envuelta en papel de regalo. “Es una tontería… Pero no me mates cuando la abras”. Por el tamaño supuse que era un calendario y por el comentario intuí que seguramente era de chicas ligeras de ropa. No me equivocaba. Cuando la abrí me encontré con esto.

¡¡¡Pero si son de plástico...!!!
Tras las risas por el peculiar regalo y el primer canutito del año, emprendí camino a la casa de El Ilustre Bifuncionario y su Señor Marido que, casualmente, viven justo al ladito de Sol por lo que al salir del metro en la susodicha plaza casi se me quedan las zapatillas pegadas a la acera de la cantidad de cristales rotos, cava y sidra que había en la superficie.
La noche transcurrió tranquila. El Ilustre Bifuncionario, su Señor Marido, otra parejita gay, las adorables perrillas de mis amigos (que equilibraron el nivel de estrógenos de la casa) y yo. Lo curioso de aquella reunión era que los cinco somos personas que o bien hemos sido activistas, voluntarios o hemos trabajado en colectivos gays (en mi caso, las tres cosas) o bien siguen haciéndolo por lo que, vista desde fuera, esa peculiar reunión podía parecer más una conspiración que un fiesta de Nochevieja… En fin.
Bebimos champán, comimos dulces y salados, jugamos a las cartas y al parchís (y para quien dude de mi mala estrella en algunos aspectos, ¿cómo se puede estar casi una hora sin sacar un puto cinco con el que empezar a mover mis fichas por el tablero? Vamos, que es que es estadísticamente imposible… hasta aquella noche) y, ya a las siete de la mañana, dos de nosotros bajaron a San Ginés a por churros y porras y nos los comimos con un buen tazón de chocolate. Y luego pa’ casita a dormir y, aunque parezca increíble, yo volví con la botella de Ballantines comprada para la ocasión sin abrir.
Hasta aquí el relato de una noche normal-normal-normal (para algunos seguro que hasta aburrida). Lo surrealista llega justo cuando hace una hora escasa que me he acostado. Mis dos teléfonos se ponen a berrear. Yo, como comprenderéis, en estado comatoso puesto que lo de acostarme a las nueve de la mañana es un hábito que he perdido totalmente, soy auténticamente incapaz de descolgar. Así que los silencio. Cuando por fin me despierto y escucho y leo los mensajes me entero de que la tía de El Sevillano no encontraba su bufanda la noche anterior y que había deducido que, puesto que ella no la encontraba, lógicamente, yo me la tenía que haber llevado así como por equivocación premeditada. Mis amigos sabían que era muy poco probable que yo la hubiera cogido ya que no me gustan las bufandas. En realidad últimamente sí que suelo llevar, una que tenemos Jefa, Ricitos y yo que es muy larga, muy suave y con muchos colorines y que Jefa trajo un día a la oficina por si la queríamos comprar. Pero vamos, de mi bufanda multicolor a una vulgar bufanda a cuadros de toda la vida va un trecho bien largo.
Pues nada, ayer JM se pasó por mi casa a contarme un poco más detalladamente la historia de la bufanda, de los padres de El Sevillano y algunas cosas más. Por lo visto, los padres de El Sevillano le estuvieron poniendo al susodicho la cabeza como un bombo diciendo que por narices yo la tenía que haber cogido, de ahí su insistencia por hablar conmigo (más de 40 llamadas perdidas, lo juro, más de 40 que tenía en mi movil… y porque las del fijo no las puedo ver, que si no…). Pues nada. JM y yo nos bajamos a cenar a un chino que hay cerca de mi casa y ahí estábamos, entre tallarines y pollo con almendras, cuando El Sevillano me envia el siguiente mensaje: “Si quieres denunciar a mi tía por calumnias t pasare datos, t acusa del robo d su bufanda. Q fuerte, colega”. Atónitos los dos, llamamos a El Sevillano que nos cuenta que la susodicha tía no sólo me acusa del robo de su piojosa bufanda sino que además a la acusación ha añadido que tengan mucho cuidado conmigo porque “si a mí me ha robado la bufanda, a saber lo que os puede robar a vosotros…”. Bueno, más bien a su sobrino, ya que parece suponer que JM al ser el que me conoce hace más tiempo, debe ser de mi calaña…
Muy fuerte…
Ganitas me dan de comprar una bufanda en las rebajas y dársela a este elemento mientras le digo: “Ale, señora, tenga una bufanda nueva para que se abrigue el cuellito por si algún día decide liberarse y dejar de vivir con su hermano jubilado. Porque a los cincuenta y pico se tiene que estar un poco incómoda en el armario”. Y es que no había dicho que esta señora es un poco bollerón reprimido. Y es que reprimirse no es bueno. Nada bueno.
Y se me quedan en el tintero muchas cosas que me apetecía contar como, por ejemplo, primeros días de una fumadora frente a la Ley Antitabaco, crítica del nuevo vídeo de Alanis Morissette (que nos hizo alzar la ceja a El Ilustre Binfuncionario y a mí) y muchas cositas más. Pero creo que por hoy basta, que si no os aburrís.
Besos para tod@s
…de fondo The Pleasure song de Marianne Faithfull
Segundo, yo habría escrito antes si no fuera porque a este fantástico servicio de alojamiento de bitácoras le está durando la resaca más de lo debido. No, si al final acabaré como han hecho much@s, emigrando a otro sitio al que no se le vaya tanto la pinza (se admiten sugerencias).
De mi Nochevieja en sí, no tengo gran cosa que contar ya que, como dije, estaba planeada como algo light. Nada de macrofiestas con cotillones, gorros absurdos y matasuegras irritantes. En mi caso tan solo fue comida y bebida con mi gente aunque, eso sí, me acosté como a eso de las nueve de la mañana…
Sin embargo, pese a lo tranquilito del plan, sí que han salido algunas historias para no dormir de aquella noche. Pero comencemos por el principio…
La cena iba a ser en casa de JM y El Sevillano acompañados por la mami de JM, los papis (ambos dos) de El Sevillano y la tía de este último. Hasta ahí todo bien. Cena más o menos normal (aunque el plato estrella ideado por JM no acabara de salir por razones técnicas… cielo, un gatillazo gastronómico lo tiene todo el mundo). De postre tomamos Roscón de Reyes y es que parece que se está convirtiendo en un dulce que se come durante toda la Navidad y no sólo en el día que le da nombre. Para quien dude de mi buena estrella en algunos aspectos diré que, como casi siempre que como Roscón, también esta vez me llevé la sorpresa, que resultó ser una linda figurita de Daisy, la novia del Pato Donald. Teniendo en cuenta que el susodicho palmípedo ha sido siempre mi favorito de toda la extensa galería de personajes de la factoría Disney (soy igual de despistada y atolondrada que él), ¿será este un augurio de que en 2006 encontraré a mi Daisy particular? Bueno, bueno, ya veremos… Vosotr@s seréis l@s primer@s en enteraros…

Vale, lo admito, aún no controlo los primeros planos con la cámara digital...
Tras las uvas (con las que nunca me atraganto para rabia del común de los mortales) y la copa de champán de rigor, me embutí en mi (y la razón de remarcar este artículo posesivo la encontraréis más adelante) bufanda y mi abrigo y, acompañada por JM y El Sevillano, me fui a pillar el metro. Mientras bajábamos en el ascensor, El Sevillano me tiende una cosa plana envuelta en papel de regalo. “Es una tontería… Pero no me mates cuando la abras”. Por el tamaño supuse que era un calendario y por el comentario intuí que seguramente era de chicas ligeras de ropa. No me equivocaba. Cuando la abrí me encontré con esto.

¡¡¡Pero si son de plástico...!!!
Tras las risas por el peculiar regalo y el primer canutito del año, emprendí camino a la casa de El Ilustre Bifuncionario y su Señor Marido que, casualmente, viven justo al ladito de Sol por lo que al salir del metro en la susodicha plaza casi se me quedan las zapatillas pegadas a la acera de la cantidad de cristales rotos, cava y sidra que había en la superficie.
La noche transcurrió tranquila. El Ilustre Bifuncionario, su Señor Marido, otra parejita gay, las adorables perrillas de mis amigos (que equilibraron el nivel de estrógenos de la casa) y yo. Lo curioso de aquella reunión era que los cinco somos personas que o bien hemos sido activistas, voluntarios o hemos trabajado en colectivos gays (en mi caso, las tres cosas) o bien siguen haciéndolo por lo que, vista desde fuera, esa peculiar reunión podía parecer más una conspiración que un fiesta de Nochevieja… En fin.
Bebimos champán, comimos dulces y salados, jugamos a las cartas y al parchís (y para quien dude de mi mala estrella en algunos aspectos, ¿cómo se puede estar casi una hora sin sacar un puto cinco con el que empezar a mover mis fichas por el tablero? Vamos, que es que es estadísticamente imposible… hasta aquella noche) y, ya a las siete de la mañana, dos de nosotros bajaron a San Ginés a por churros y porras y nos los comimos con un buen tazón de chocolate. Y luego pa’ casita a dormir y, aunque parezca increíble, yo volví con la botella de Ballantines comprada para la ocasión sin abrir.
Hasta aquí el relato de una noche normal-normal-normal (para algunos seguro que hasta aburrida). Lo surrealista llega justo cuando hace una hora escasa que me he acostado. Mis dos teléfonos se ponen a berrear. Yo, como comprenderéis, en estado comatoso puesto que lo de acostarme a las nueve de la mañana es un hábito que he perdido totalmente, soy auténticamente incapaz de descolgar. Así que los silencio. Cuando por fin me despierto y escucho y leo los mensajes me entero de que la tía de El Sevillano no encontraba su bufanda la noche anterior y que había deducido que, puesto que ella no la encontraba, lógicamente, yo me la tenía que haber llevado así como por equivocación premeditada. Mis amigos sabían que era muy poco probable que yo la hubiera cogido ya que no me gustan las bufandas. En realidad últimamente sí que suelo llevar, una que tenemos Jefa, Ricitos y yo que es muy larga, muy suave y con muchos colorines y que Jefa trajo un día a la oficina por si la queríamos comprar. Pero vamos, de mi bufanda multicolor a una vulgar bufanda a cuadros de toda la vida va un trecho bien largo.
Pues nada, ayer JM se pasó por mi casa a contarme un poco más detalladamente la historia de la bufanda, de los padres de El Sevillano y algunas cosas más. Por lo visto, los padres de El Sevillano le estuvieron poniendo al susodicho la cabeza como un bombo diciendo que por narices yo la tenía que haber cogido, de ahí su insistencia por hablar conmigo (más de 40 llamadas perdidas, lo juro, más de 40 que tenía en mi movil… y porque las del fijo no las puedo ver, que si no…). Pues nada. JM y yo nos bajamos a cenar a un chino que hay cerca de mi casa y ahí estábamos, entre tallarines y pollo con almendras, cuando El Sevillano me envia el siguiente mensaje: “Si quieres denunciar a mi tía por calumnias t pasare datos, t acusa del robo d su bufanda. Q fuerte, colega”. Atónitos los dos, llamamos a El Sevillano que nos cuenta que la susodicha tía no sólo me acusa del robo de su piojosa bufanda sino que además a la acusación ha añadido que tengan mucho cuidado conmigo porque “si a mí me ha robado la bufanda, a saber lo que os puede robar a vosotros…”. Bueno, más bien a su sobrino, ya que parece suponer que JM al ser el que me conoce hace más tiempo, debe ser de mi calaña…
Muy fuerte…
Ganitas me dan de comprar una bufanda en las rebajas y dársela a este elemento mientras le digo: “Ale, señora, tenga una bufanda nueva para que se abrigue el cuellito por si algún día decide liberarse y dejar de vivir con su hermano jubilado. Porque a los cincuenta y pico se tiene que estar un poco incómoda en el armario”. Y es que no había dicho que esta señora es un poco bollerón reprimido. Y es que reprimirse no es bueno. Nada bueno.
Y se me quedan en el tintero muchas cosas que me apetecía contar como, por ejemplo, primeros días de una fumadora frente a la Ley Antitabaco, crítica del nuevo vídeo de Alanis Morissette (que nos hizo alzar la ceja a El Ilustre Binfuncionario y a mí) y muchas cositas más. Pero creo que por hoy basta, que si no os aburrís.
Besos para tod@s
…de fondo The Pleasure song de Marianne Faithfull