Indignación
Esta mañana, como todos los días, me he montado en el atestado vagón de metro que me correspondía, escuchando mi mp3 y sacudiéndome el sopor a bofetadas. Como el escaso espacio vital me impedía sacar mi libro (esta semana estoy con Middlesex de Jeffrey Eugenides) y, la verdad, mi media neurona aún no había acabado de desperezarse, he optado por mi segunda actividad favorita de los trayectos en metro: hacer repaso a la prensa del día por encima de los hombros de los viajeros (la primera es adivinar cuál de ellos entiende… jeje). Como lo que más lee la gente son los periódicos gratuitos y en estos –y más en esta época- lo que más abunda son las noticias-curiosidad el repaso no ha dado mucho de sí en cuanto a la actualidad informativa. Pero todavía hay gente fiel a la prensa de pago y un hombre cerca de mí estaba leyendo El País en una postura en la que casi podía oler la tinta.
Según iba pasando páginas nada me llamaba la atención en demasía. Hasta que mis ojos se han posado en un titular que ha acabado de despertarme: “Un hombre, pateado por besarse con otro en una piscina pública”.
Tan horrorizada me he quedado que en cuanto he salido del metro, antes de entrar en la oficina me he acercado a un kiosco cercano a comprar el susodicho periódico para enterarme más a fondo (sí, a veces me asaltan estos impulsos arcaicos en plena era de Internet).
Leo que los hechos ocurrieron en la piscina de La Elipa y me sacude un escalofrío. Yo llevo viviendo siete años en este barrio y aunque nunca he acudido a esa piscina (soy un poco reacia a lucir mi celulitis en público) conozco la zona. Sigo leyendo y me entero de que fue un grupo de adultos y menores de raza gitana quienes emprendieron a golpes con el hombre y su compañero, dejando al primero inconsciente durante varios minutos porque le patearon, literalmente, la cara al grito de: “¡No mereces vivir!”. El artículo habla después de la inseguridad que se vive en esa piscina desde hace ya años, del escaso mantenimiento de las infraestructuras, de la dejadez por parte de las autoridades que sufre el recinto. Lo que el artículo no dice es que los alrededores del polideportivo es una zona de realojo de poblados gitanos. El más conocido es ese enorme edificio-hormiguero llamado por muchos “El Barco” y que se puede ver desde el lado este de la M-30.
Empiezo a pensar en lo que significa ese acto de violencia en el que se han enfrentado dos minorías tradicionalmente discriminadas. Si bien gays y lesbianas viven una marginación “políticamente correcta” en ocasiones, la comunidad gitana es quizá la más denostada y peor vista de todas las que conforman la sociedad. La gente prefiere tener como vecino a un gay antes que a un gitano. Pero ello no les da derecho a liarse a golpes con nadie.
En la etnia gitana la homosexualidad es vivida con aún mayor marginación que en otras esferas de la sociedad pese a que, lógicamente, la proporción de individuos gays y lesbianas entre ellos es la misma que en cualquier otro grupo social. Pocos son los casos de gitanos o gitanos abiertamente homosexuales. Y los que lo son han tenido que alejarse de su entorno familiar para poder vivir su vida.
Sigo pensando y me dejo llevar por la rabia y la indignación y por el prejuicio porque cierto es que a mí los gitanos nunca me han hecho nada pero también es cierto que no me gusta tenerlos cerca. Si un grupo discriminado sigue avivando el recelo que provocan sus acciones y se hace un flaco favor a la hora de cambiar las impresiones que se tienen de él. Y hay actitudes que son del todo intolerables, provengan de quien provengan.
Sí, hoy estoy muy indignada… En el post de la coma se me nota mucho más tranquila…
…de fondo A bad dream de Keane
Según iba pasando páginas nada me llamaba la atención en demasía. Hasta que mis ojos se han posado en un titular que ha acabado de despertarme: “Un hombre, pateado por besarse con otro en una piscina pública”.
Tan horrorizada me he quedado que en cuanto he salido del metro, antes de entrar en la oficina me he acercado a un kiosco cercano a comprar el susodicho periódico para enterarme más a fondo (sí, a veces me asaltan estos impulsos arcaicos en plena era de Internet).
Leo que los hechos ocurrieron en la piscina de La Elipa y me sacude un escalofrío. Yo llevo viviendo siete años en este barrio y aunque nunca he acudido a esa piscina (soy un poco reacia a lucir mi celulitis en público) conozco la zona. Sigo leyendo y me entero de que fue un grupo de adultos y menores de raza gitana quienes emprendieron a golpes con el hombre y su compañero, dejando al primero inconsciente durante varios minutos porque le patearon, literalmente, la cara al grito de: “¡No mereces vivir!”. El artículo habla después de la inseguridad que se vive en esa piscina desde hace ya años, del escaso mantenimiento de las infraestructuras, de la dejadez por parte de las autoridades que sufre el recinto. Lo que el artículo no dice es que los alrededores del polideportivo es una zona de realojo de poblados gitanos. El más conocido es ese enorme edificio-hormiguero llamado por muchos “El Barco” y que se puede ver desde el lado este de la M-30.
Empiezo a pensar en lo que significa ese acto de violencia en el que se han enfrentado dos minorías tradicionalmente discriminadas. Si bien gays y lesbianas viven una marginación “políticamente correcta” en ocasiones, la comunidad gitana es quizá la más denostada y peor vista de todas las que conforman la sociedad. La gente prefiere tener como vecino a un gay antes que a un gitano. Pero ello no les da derecho a liarse a golpes con nadie.
En la etnia gitana la homosexualidad es vivida con aún mayor marginación que en otras esferas de la sociedad pese a que, lógicamente, la proporción de individuos gays y lesbianas entre ellos es la misma que en cualquier otro grupo social. Pocos son los casos de gitanos o gitanos abiertamente homosexuales. Y los que lo son han tenido que alejarse de su entorno familiar para poder vivir su vida.
Sigo pensando y me dejo llevar por la rabia y la indignación y por el prejuicio porque cierto es que a mí los gitanos nunca me han hecho nada pero también es cierto que no me gusta tenerlos cerca. Si un grupo discriminado sigue avivando el recelo que provocan sus acciones y se hace un flaco favor a la hora de cambiar las impresiones que se tienen de él. Y hay actitudes que son del todo intolerables, provengan de quien provengan.
Sí, hoy estoy muy indignada… En el post de la coma se me nota mucho más tranquila…
…de fondo A bad dream de Keane
Lunes espeso
Lo que peor llevo del verano es esa calma chicha en la que nunca ocurre nada. Ayer, el telediario parecía un programa de curiosidades más que un informativo (¡por diosa! ¿Cómo puede ser noticia el que los vecinos de un pueblo de la Mancha salgan por la noche a tomar el fresco?), hoy la bandeja de correo estaba desierta, las actualizaciones blogueriles brillaban por su ausencia (aunque algunas ha habido) y a mí no me ha quedado más remedio que ponerme a currar...
Pero hoy se despejaba una incógnita en la oficina. Y es que resulta que era hoy y no el día 1 cuando se incorporaba un nuevo elemento a la plantilla. Y como muy bien aventuró Spinhell en un comment del post anterior... no ha resultado ser una chica (y mucho menos la mujer de mi vida) sino que lo que tendremos durante los próximos dos meses es un compañero con O...
Puedo decir tan poco que por no haber hecho ni siquiera le he encontrado un mote apropiado para referirme a él. Sólo sé que tiene 28 años, gafas, es timidino y apocado y apenas ha abierto la boca hoy. Y es que yo comprendo que seis mujeres imponen mucho. Que me lo digan a mí, que una sola ya me da miedo...
...de fondo el ventilador refrescándome el cogote...
Pero hoy se despejaba una incógnita en la oficina. Y es que resulta que era hoy y no el día 1 cuando se incorporaba un nuevo elemento a la plantilla. Y como muy bien aventuró Spinhell en un comment del post anterior... no ha resultado ser una chica (y mucho menos la mujer de mi vida) sino que lo que tendremos durante los próximos dos meses es un compañero con O...
Puedo decir tan poco que por no haber hecho ni siquiera le he encontrado un mote apropiado para referirme a él. Sólo sé que tiene 28 años, gafas, es timidino y apocado y apenas ha abierto la boca hoy. Y es que yo comprendo que seis mujeres imponen mucho. Que me lo digan a mí, que una sola ya me da miedo...
...de fondo el ventilador refrescándome el cogote...
La nueva
Como últimamente en la oficina mis compañerillas y yo andamos saturaditas de trabajo, Jefa y Jefe han tomado la decisión de que durante los meses de agosto y septiembre se incorpore una chica nueva para hacernos refuerzo.
La noticia me ha llenado de curiosidad y casi de entusiasmo. Y tengo ganas de ver cómo es la pobre incauta que va a tener que madrugar a partir del 1 de agosto.
Y es que no estoy acostumbrada a estas cosas. En mi larga y estrambótica vida laboral (21 trabajos legales y una infinidad de esos que se hacen bajo cuerda) siempre he sido la nueva, la que ha tenido que integrarse y poner a prueba sus habilidades sociales (para nada, porque nunca me quedaba mucho más de dos o tres meses).
Jefa y Supermamá, que son unas cachondas, ayer me picaban y me decían: "Arrierita, imagínate que la chica que viene resulta ser la mujer de tu vida". Yo miraba a ambas alternativamente mientras alzaba mi ceja izquierda con incredulidad: "¿La mujer de mi vida una tía que va a aceptar un trabajo para dos meses? Joer, chicas, que para muerta de hambre ya estoy yo...". Y se echaron a reír.
Así que ahora estamos elucubrando acerca de cómo será la chica que entre. ¿Pija? ¿Estudiante? ¿Muerta de hambre? ¿Alternativa? ¿Hippie? ¿Joven? ¿Mayor? Pero, sin duda, lo que más me ha gustado es que mi compañeras también barajaran otras posibilidades que seguro antes ni se les habían pasado por la cabeza en una situación así: ¿será hetero? ¿será lesbiana? ¿bisexual? ¿asexual...?
Así me gusta, chicas, que no deis nada por sentado... ;-p
...de fondo The game of love de Carlos Santana feat. Michelle Branch
La noticia me ha llenado de curiosidad y casi de entusiasmo. Y tengo ganas de ver cómo es la pobre incauta que va a tener que madrugar a partir del 1 de agosto.
Y es que no estoy acostumbrada a estas cosas. En mi larga y estrambótica vida laboral (21 trabajos legales y una infinidad de esos que se hacen bajo cuerda) siempre he sido la nueva, la que ha tenido que integrarse y poner a prueba sus habilidades sociales (para nada, porque nunca me quedaba mucho más de dos o tres meses).
Jefa y Supermamá, que son unas cachondas, ayer me picaban y me decían: "Arrierita, imagínate que la chica que viene resulta ser la mujer de tu vida". Yo miraba a ambas alternativamente mientras alzaba mi ceja izquierda con incredulidad: "¿La mujer de mi vida una tía que va a aceptar un trabajo para dos meses? Joer, chicas, que para muerta de hambre ya estoy yo...". Y se echaron a reír.
Así que ahora estamos elucubrando acerca de cómo será la chica que entre. ¿Pija? ¿Estudiante? ¿Muerta de hambre? ¿Alternativa? ¿Hippie? ¿Joven? ¿Mayor? Pero, sin duda, lo que más me ha gustado es que mi compañeras también barajaran otras posibilidades que seguro antes ni se les habían pasado por la cabeza en una situación así: ¿será hetero? ¿será lesbiana? ¿bisexual? ¿asexual...?
Así me gusta, chicas, que no deis nada por sentado... ;-p
...de fondo The game of love de Carlos Santana feat. Michelle Branch
Cafeína
Cuando me levanto por las mañanas, después de vestirme y bajar a Chuchín Infernal para que eche sus meaditas matutinas, enciendo el ordenador y me tomo el primer café contestando y escribiendo mails.
Cuando llego a la oficina, después de repatir el trabajo a mis fontanerillos hago una pausa y me tomo otro café.
A media mañana, cuando salgo a estirar la piernas y fumarme un par de cigarros, me tómo el tercer café.
Muchos días acompaño la apresurada comida sobre mi mesa con una Coca-Cola.
Al llegar a casa me tengo que tomar un Red Bull si no me quiero caer de bruces contra el suelo.
A lo largo de la tarde me ventilo unos dos litros de Coca-Cola mientras acabo de escribir la dichosa novela.
Me parece absolumente increíble que a las once y media de la noche me esté muriendo de sueño.
...de fondo Miss Cafeína de Buenas noches Rose
Cuando llego a la oficina, después de repatir el trabajo a mis fontanerillos hago una pausa y me tomo otro café.
A media mañana, cuando salgo a estirar la piernas y fumarme un par de cigarros, me tómo el tercer café.
Muchos días acompaño la apresurada comida sobre mi mesa con una Coca-Cola.
Al llegar a casa me tengo que tomar un Red Bull si no me quiero caer de bruces contra el suelo.
A lo largo de la tarde me ventilo unos dos litros de Coca-Cola mientras acabo de escribir la dichosa novela.
Me parece absolumente increíble que a las once y media de la noche me esté muriendo de sueño.
...de fondo Miss Cafeína de Buenas noches Rose
Películas
Últimamente me he dado cuenta de que de todas las películas que me descargo de Internet, la mayoría son aquellas que ya he visto o que ya tenía en vídeo. Películas que vi en mi infancia y adolescencia y que se han quedado mucho más grabadas en mi retina que aquellas que he visto siendo “adulta” (juas, que poco me gusta este palabro).
Dicen que te das cuenta del paso del tiempo en la medida en que tus recuerdos se encuentran más lejanos en el tiempo. Encontrarte diciendo “otra vez” cuando te encuentras de madrugada en algún canal una película que tú fuiste a ver al cine cuando se estrenó te hace darte de bruces con la realidad. Ya no eres tan joven.
Me resulta curioso el efecto que produce en mí ver películas que he visto una docena de veces (o más, que yo soy de releer y de re-ver todo lo que me gusta). Es como volver a un mar de calma, un remanso de paz. Para bien y para mal el cine nos enseña muchas cosas. Moldea nuestros sueños y nuestras ilusiones. Nos puede llevar a cometer equivocaciones si creemos demasiado que lo que ocurre en la pantalla puede ser cierto. Que los buenos siempre ganan y que siempre hay una olla de monedas de oro al final del arco iris. Porque luego en la vida real descubres que no es muy habitual que a los que hacen lo correcto les vaya mucho mejor que a los que no lo hacen.
No estoy muy segura de si hoy en día viera por primera vez esas películas de hace años me causarían la misma impresión, se me quedarían tan grabadas en la memoria. Tal vez las recuerde con tanta viveza porque por aquel entonces mi mente era aún un lienzo en blanco, susceptible de registrar hasta el más leve garabato que se le hiciera en su superficie. Tal vez si ahora viese la trilogía de Regreso al futuro o de Indiana Jones me parecieran simples peliculitas de aventuras para llenar las salas de comedores de palomitas. Tal vez si ahora viese por primera vez Philadelphia no sería capaz de recitar algunos diálogos de memoria sino que más bien la criticaría sin piedad (de hecho, si me pongo seria lo hago) pero en el año 93 cuando yo tenía catorce años fue una de las primeras películas que trataban directamente la discriminación por ser homosexual y era una de las pocas cosas a las que me podía agarrar. O como cuando me alquilaba Go fish cada dos meses en el video-club de mi barrio con la cara roja como un tomate y otra película encima para disimular (curiosamente esta es una de las pocas que ahora veo con otros ojos y en toda su dimensión, cosa que no podía hacer de adolescente porque me faltaban otros referentes con los que poder analizarla en profundidad). El cine me ha enseñado muchas cosas y con él he aprendido que hay tantas formas de ver la vida como personas hay en el mundo.
Así que, aunque haya gente a la que le pueda parecer muy friki o poco serio, yo disfruto como una enana con el condensador de flufo de Doc Brown, con el látigo de Indy o escuchando cómo el homófobo Joe Miller le dice a un jurado que se dejen de hipocresías y que hablen de lo que realmente se ha venido a hablar, de la discriminación que sufre un hombre no sólo por tener SIDA sino porque es homosexual. Y cuando acabe de verlas se me dibujará una sonrisa en la cara porque recordaré a esa adolescente ingenua y llena de ilusiones que era cuando las vi por primera vez, esa muchacha que tenía toda una vida por delante aún por descubrir y que aún no se había cansado de volverlo a intentar (¿el qué? Todo) una y otra vez. Y sonreiré porque, aunque sólo haya sido durante la hora y media o las dos horas que haya tardado en ver la película, habré vuelto a ser esa adolescente que vive tan escondida en mí.
…de fondo Open your eyes de Snow Patrol
Dicen que te das cuenta del paso del tiempo en la medida en que tus recuerdos se encuentran más lejanos en el tiempo. Encontrarte diciendo “otra vez” cuando te encuentras de madrugada en algún canal una película que tú fuiste a ver al cine cuando se estrenó te hace darte de bruces con la realidad. Ya no eres tan joven.
Me resulta curioso el efecto que produce en mí ver películas que he visto una docena de veces (o más, que yo soy de releer y de re-ver todo lo que me gusta). Es como volver a un mar de calma, un remanso de paz. Para bien y para mal el cine nos enseña muchas cosas. Moldea nuestros sueños y nuestras ilusiones. Nos puede llevar a cometer equivocaciones si creemos demasiado que lo que ocurre en la pantalla puede ser cierto. Que los buenos siempre ganan y que siempre hay una olla de monedas de oro al final del arco iris. Porque luego en la vida real descubres que no es muy habitual que a los que hacen lo correcto les vaya mucho mejor que a los que no lo hacen.
No estoy muy segura de si hoy en día viera por primera vez esas películas de hace años me causarían la misma impresión, se me quedarían tan grabadas en la memoria. Tal vez las recuerde con tanta viveza porque por aquel entonces mi mente era aún un lienzo en blanco, susceptible de registrar hasta el más leve garabato que se le hiciera en su superficie. Tal vez si ahora viese la trilogía de Regreso al futuro o de Indiana Jones me parecieran simples peliculitas de aventuras para llenar las salas de comedores de palomitas. Tal vez si ahora viese por primera vez Philadelphia no sería capaz de recitar algunos diálogos de memoria sino que más bien la criticaría sin piedad (de hecho, si me pongo seria lo hago) pero en el año 93 cuando yo tenía catorce años fue una de las primeras películas que trataban directamente la discriminación por ser homosexual y era una de las pocas cosas a las que me podía agarrar. O como cuando me alquilaba Go fish cada dos meses en el video-club de mi barrio con la cara roja como un tomate y otra película encima para disimular (curiosamente esta es una de las pocas que ahora veo con otros ojos y en toda su dimensión, cosa que no podía hacer de adolescente porque me faltaban otros referentes con los que poder analizarla en profundidad). El cine me ha enseñado muchas cosas y con él he aprendido que hay tantas formas de ver la vida como personas hay en el mundo.
Así que, aunque haya gente a la que le pueda parecer muy friki o poco serio, yo disfruto como una enana con el condensador de flufo de Doc Brown, con el látigo de Indy o escuchando cómo el homófobo Joe Miller le dice a un jurado que se dejen de hipocresías y que hablen de lo que realmente se ha venido a hablar, de la discriminación que sufre un hombre no sólo por tener SIDA sino porque es homosexual. Y cuando acabe de verlas se me dibujará una sonrisa en la cara porque recordaré a esa adolescente ingenua y llena de ilusiones que era cuando las vi por primera vez, esa muchacha que tenía toda una vida por delante aún por descubrir y que aún no se había cansado de volverlo a intentar (¿el qué? Todo) una y otra vez. Y sonreiré porque, aunque sólo haya sido durante la hora y media o las dos horas que haya tardado en ver la película, habré vuelto a ser esa adolescente que vive tan escondida en mí.
…de fondo Open your eyes de Snow Patrol
Brigada Policial
Esta mañana el Rusfi me llama apuradillo y dice que me tiene que pedir un favor. Como yo soy taaaaaan maja y taaaaaan buena gente (y no es que lo diga yo, que últimamente me estoy aburriendo de oírselo decir a mucha pintamonas) le pido que me cuente de qué se trata.
Para los que no lo sepan, el Rusfi es periodista, sí, esos seres que viven en pos de la noticia y cuyo concepto de vacaciones se resume a romperse los cuernos buscando un nuevo medio para el que trabajar… En fin, que me voy del lío. El Rusfi ha estado trabajando en La Sexta hasta que empezó el Mundial y vio suspendido el programa en el que se había estando rompiendo los susodichos cuernos. Ahora que Zidane se ha vuelto a casa sin la Copa, la cadena del entrañable Emilio Aragón ha decidido devolver a la parrilla el programa en el que trabajaba, Brigada Policial.
El favor que me pedía el Rusfi, como ya estaréis imaginando, es que publicitara la vuelta a antena de este programa ya que, palabras textuales, “su futuro profesional está en juego”.
Y yo, como soy muy bien mandada, le hago el favor. Así que, venga, echadle un ojo el sábado, que en el fondo a todos nos gustan estos programas de casquería fina… Aysss, lo que no se haga por un amigo...
(Lo siguiente es su propio texto del que yo ni quito ni pongo nada. Reclamaciones al Rusfi, que está ahí en mis enlaces…)
El Sábado 15 de julio volveremos a ver a la Policía en acción...
El crimen de los novios de Valdepeñas, el asesino de ancianas de Santander... Los casos más famosos de la historia policial española, todos los sábados en prime time en la nueva cadena de televisión.
Después de cosechar un gran éxito de audiencia en su primera temporada en Antena 3, vuelve Brigada Policial, ahora en La Sexta. Acompañaremos a los agentes de los Cuerpos de Seguridad españoles en la investigación de crímenes y delitos y averiguaremos como trabajan las Brigadas de Policía científica y jurídica del Cuerpo Nacional de Policía.
El sábado 15 de julio, a las 21:30, en Brigada Policial:
- Averiguaremos como actuaba el famoso asesino de ancianas de Santander, que violó y asesinó a 16 mujeres en la capital cántabra a finales de los años ochenta.

José Antonio Rodríguez Vega, el asesino de ancianas.
- Los agentes de la Policía Judicial desarticulan una peligrosa red de extorsión y secuestros. La complejidad de la operación hizo indispensable la colaboración del GEO.

Los agentes del Grupo Especial de Operaciones están preparados para actuar en situaciones especialmente peligrosas.
Los cadáveres de una pareja y su hijo aparecen carbonizados en un callejón de Vallecas. La Policía se enfrenta a una investigación en la que nada es lo que parece.

Una muerte aparentemente accidental que esconde un horrible crimen.
Además, nuevas entregas de las secciones Policía Científica, Desaparecidos y Enciclopedia del Crimen.
No te pierdas Brigada Policial, el sábado 15 a las 21.30 y a partir del sábado 22 a las 23.30 en La Sexta.
Si no ves La Sexta: www.lasexta.com
(Estooooo.... Rusfi, guapo, esa cena a la que me ibas a invitar en La Mordida... ¿cuándo te viene bien?)
Para los que no lo sepan, el Rusfi es periodista, sí, esos seres que viven en pos de la noticia y cuyo concepto de vacaciones se resume a romperse los cuernos buscando un nuevo medio para el que trabajar… En fin, que me voy del lío. El Rusfi ha estado trabajando en La Sexta hasta que empezó el Mundial y vio suspendido el programa en el que se había estando rompiendo los susodichos cuernos. Ahora que Zidane se ha vuelto a casa sin la Copa, la cadena del entrañable Emilio Aragón ha decidido devolver a la parrilla el programa en el que trabajaba, Brigada Policial.
El favor que me pedía el Rusfi, como ya estaréis imaginando, es que publicitara la vuelta a antena de este programa ya que, palabras textuales, “su futuro profesional está en juego”.
Y yo, como soy muy bien mandada, le hago el favor. Así que, venga, echadle un ojo el sábado, que en el fondo a todos nos gustan estos programas de casquería fina… Aysss, lo que no se haga por un amigo...
(Lo siguiente es su propio texto del que yo ni quito ni pongo nada. Reclamaciones al Rusfi, que está ahí en mis enlaces…)
El Sábado 15 de julio volveremos a ver a la Policía en acción...
El crimen de los novios de Valdepeñas, el asesino de ancianas de Santander... Los casos más famosos de la historia policial española, todos los sábados en prime time en la nueva cadena de televisión.
Después de cosechar un gran éxito de audiencia en su primera temporada en Antena 3, vuelve Brigada Policial, ahora en La Sexta. Acompañaremos a los agentes de los Cuerpos de Seguridad españoles en la investigación de crímenes y delitos y averiguaremos como trabajan las Brigadas de Policía científica y jurídica del Cuerpo Nacional de Policía.
El sábado 15 de julio, a las 21:30, en Brigada Policial:
- Averiguaremos como actuaba el famoso asesino de ancianas de Santander, que violó y asesinó a 16 mujeres en la capital cántabra a finales de los años ochenta.

José Antonio Rodríguez Vega, el asesino de ancianas.
- Los agentes de la Policía Judicial desarticulan una peligrosa red de extorsión y secuestros. La complejidad de la operación hizo indispensable la colaboración del GEO.

Los agentes del Grupo Especial de Operaciones están preparados para actuar en situaciones especialmente peligrosas.
Los cadáveres de una pareja y su hijo aparecen carbonizados en un callejón de Vallecas. La Policía se enfrenta a una investigación en la que nada es lo que parece.

Una muerte aparentemente accidental que esconde un horrible crimen.
Además, nuevas entregas de las secciones Policía Científica, Desaparecidos y Enciclopedia del Crimen.
No te pierdas Brigada Policial, el sábado 15 a las 21.30 y a partir del sábado 22 a las 23.30 en La Sexta.
Si no ves La Sexta: www.lasexta.com
(Estooooo.... Rusfi, guapo, esa cena a la que me ibas a invitar en La Mordida... ¿cuándo te viene bien?)
A vueltas con el amor
Una personita que está empezando a conocerme me mandó la semana pasada un link a este post. Un diez para ellas. Para la que me lo mandó y para la que lo escribió. En ese post se resume mucho de lo que pasa por mi mente cuando una relación se acaba (por mi mente y por la de much@s, supongo). Aunque lleve casi dos años en barbecho yo también estoy hartita de que me dejen siempre, sin excepción. Hartita de que me hagan esas promesas tan firmes que se desmoronan al primer soplo de brisa. Hartita de tener que pensar que a la gente le debe de poner mucho eso de los retos. Y yo debo ser un reto para ellas. Porque no creo en la pareja, porque soy reticente a las relaciones, porque no me gusta dejar mis sentimientos al descubierto, porque, de entrada, me niego a que nadie penetre mi brillante armadura y se instale en mi vida. Todo eso les debe alentar sobremanera, visto el empeño que ponen en irme desarmando poco a poco, a base de tesón y firmeza, de seductoras lisonjas que van desnudando mis emociones. Y cuando por fin lo consiguen, cuando ya me han hecho vulnerable tras despojarme de mis corazas descubren que el reto ha dejado de serlo y pierden todo el interés. Y se largan. Sin remordimientos. Sin explicaciones. Sin una mirada hacia atrás.
Algo parecido ocurre con las personas con las que no acabas de tener nada pero ha habido un intento. Para ellas el reto es el mismo. Lo único que quieren es convencerte de que tu postura con respecto al amor está equivocada y lo único que consiguen es reafirmarte en ella porque se convierten en el más vivo ejemplo de que tú tenías razón. Bonita paradoja.
En ambos casos me alucina la sentencia final: Eres una tía de puta madre, mereces un montón la pena, vales mucho, nena. Sentencia a la que tú asistes atónita con la ceja levantada preguntándote interiormente: Coño, si soy taaaaan maja, taaaaan buena gente y taaaaan fantástica, ¿por qué demonios me dejas escapar?. Pero lo mejor es la siguiente sentencia: Me gustaría que me creyeras si te digo que me siento fatal por ti, no quisiera hacerte daño. Sí, claro, ahora resulta que tú eres la que peor parada sale de esta historia. Y te dan ganas de preguntarle (otra vez): Vamos a ver, bonita, si tan de puta madre soy, si no quieres hacerme daño, si tan mal te sientes por dejarme,… ¿por qué coño me dejas?.
Aunque lo mejor es cuando te dicen que, pase lo que pase, quieren conservar tu amistad. Una amistad que, muy probablemente, no se ha labrado del modo correcto porque ambas estábamos con la cabeza en otra parte (sí, en esa parte también). Pero bueno, ¿de qué les sirven a estas chicas las neuronas? ¿Qué clase de amistad quieres que tengas con ellas después de que te dejen tirada cual colilla consumida?
Si mi memoria no me falla, la primera vez que volví a ver a mi ex después de dejarlo, ella estaba con sus amiguísimas en un bar de Chueca, completamente descojonada de la risa y tomando copas con una cara de felicidad de la hostia. Teniendo en cuenta que ella era una de esas tías que no podía ocultar que estaba mal no creo que fuese un momento de "falsa euforia". Y cuando me vio no se comportó en absoluto como una amiga sino como una completa desconocida. Esa misma escena la he vivido en repetidas ocasiones así que, cuando me sueltan esas tres sentencias (eres de puta madre, me siento fatal, quiero ser tu amiga), ¿cómo demonios esperan que me lo crea? ¿Tanta cara de gilipollas tengo?
De todas formas, el tema de las relaciones es otra historia. Las que me joden y no en los sentimientos sino en el orgullo son las tías que se quedan a las puertas. Es decir, tú conoces a una tía y la tía te empieza a tirar los tejos, te empieza a convencer de que la pose de “no creo en el amor” está ya muy vista, te va halagando, seduciendo y calentando cada vez más y cuando tú ya estás a punto de entrar al trapo, pegan un salto hacia atrás que ni que las hubieran dado descargas eléctricas en el clítoris y se desdicen de todas sus palabras (incluso te llegan a decir que las has malinterpretado): Pío, pío que yo no he sío. Y otra vez la misma monserga: Que de puta madre eres, que mal me siento yo, tú te mereces algo mejor, pese a todo quiero que seamos amigas… Bla, bla, bla. Y tú dices que sí a todo porque ya te conoces la historia y sabes que no merece la pena decirle: Mira, guapa, no te columpies conmigo, ¿vale? Que me molaras no significa que me hubiera enamorado de ti. Es más, estabas a años luz de eso porque de gustarte alguien a sentir algo de verdad por ese alguien va un abismo. No me jodas con lo de que te sientes fatal y lo vas a pasar mal por mí porque seguramente en cuanto te des la vuelta encontrarás a tu nueva víctima, alguna estupendísima y bellísima mujer que te hará suspirar de amor como una colegiala. En cuanto a lo de ser amigas… ¿Sabes una cosa? Yo ya tengo muchas y si quisiera más me compraría un paquete de Donnettes y esperaría a que aparecieran. ¡Ah! Y no te canses tanto diciéndome lo mucho que merezco la pena. Lo sé. Y cuando me encuentro con gente como tú lo tengo aún más claro. Así que no seamos hipócritas y no digamos cosas que ninguna de las dos vamos a cumplir… Pero claro, para qué les vas a decir todo eso. Ya has aprendido que son esa clase de crías caprichosas que sólo buscan su propio placer. Déjalas que se crean importantes, déjalas que piensen que te has quedado con las ganas. Probablemente les falten veinte puntos de cociente intelectual para darse cuenta de que lo que realmente te ocurre es que estás aliviada de que no haya ocurrido nada en absoluto.
El mismo día que leí el post del que hablo al principio, encontré por mi cuenta este otro. Y es que me parece una jodienda que tengamos tan metido en la sesera todas las mentiras que se dicen sobre el amor. No es sano que pongamos tanto empeño en encontrar a alguien que puede no aparecer jamás. No es sano que nos aferremos, tan desesperadamente a veces, a lo que nos vamos encontrando por miedo a la soledad. No es sano que se tenga la concepción de que quien no está con nadie ha fracasado o no hay quien le aguante. Yo no quiero cifrar mi felicidad en el hecho de encontrar el amor. No quiero depender de nadie ni que nadie dependa de mí. Más que una relación amorosa quiero una relación de compañerismo pero muy poca gente sabe ver la diferencia.
El amor puede aparecer una vez en la vida. O varias. O puede no aparecer nunca. Esto último no debería ser una tragedia. Cada un@ de nosotr@s debería saber quién es y qué es lo que tiene. Mirar alrededor y comprobar que nos rodean personas fantásticas con tantas virtudes y con tantos defectos como nosotr@s mism@s. Hay muchas clases de amor y ninguna es mejor o peor que otra. Para ser feliz hay que serlo con lo que ya se tiene y se ha conseguido. Si tiene que venir algo más, ya vendrá. Y que se empareje quien quiera hacerlo. Y que permanezca solo quien crea que es lo mejor. Yo, desde luego, tengo muy clara mi postura.
…de fondo Love will tear us apart de Joy Division
Algo parecido ocurre con las personas con las que no acabas de tener nada pero ha habido un intento. Para ellas el reto es el mismo. Lo único que quieren es convencerte de que tu postura con respecto al amor está equivocada y lo único que consiguen es reafirmarte en ella porque se convierten en el más vivo ejemplo de que tú tenías razón. Bonita paradoja.
En ambos casos me alucina la sentencia final: Eres una tía de puta madre, mereces un montón la pena, vales mucho, nena. Sentencia a la que tú asistes atónita con la ceja levantada preguntándote interiormente: Coño, si soy taaaaan maja, taaaaan buena gente y taaaaan fantástica, ¿por qué demonios me dejas escapar?. Pero lo mejor es la siguiente sentencia: Me gustaría que me creyeras si te digo que me siento fatal por ti, no quisiera hacerte daño. Sí, claro, ahora resulta que tú eres la que peor parada sale de esta historia. Y te dan ganas de preguntarle (otra vez): Vamos a ver, bonita, si tan de puta madre soy, si no quieres hacerme daño, si tan mal te sientes por dejarme,… ¿por qué coño me dejas?.
Aunque lo mejor es cuando te dicen que, pase lo que pase, quieren conservar tu amistad. Una amistad que, muy probablemente, no se ha labrado del modo correcto porque ambas estábamos con la cabeza en otra parte (sí, en esa parte también). Pero bueno, ¿de qué les sirven a estas chicas las neuronas? ¿Qué clase de amistad quieres que tengas con ellas después de que te dejen tirada cual colilla consumida?
Si mi memoria no me falla, la primera vez que volví a ver a mi ex después de dejarlo, ella estaba con sus amiguísimas en un bar de Chueca, completamente descojonada de la risa y tomando copas con una cara de felicidad de la hostia. Teniendo en cuenta que ella era una de esas tías que no podía ocultar que estaba mal no creo que fuese un momento de "falsa euforia". Y cuando me vio no se comportó en absoluto como una amiga sino como una completa desconocida. Esa misma escena la he vivido en repetidas ocasiones así que, cuando me sueltan esas tres sentencias (eres de puta madre, me siento fatal, quiero ser tu amiga), ¿cómo demonios esperan que me lo crea? ¿Tanta cara de gilipollas tengo?
De todas formas, el tema de las relaciones es otra historia. Las que me joden y no en los sentimientos sino en el orgullo son las tías que se quedan a las puertas. Es decir, tú conoces a una tía y la tía te empieza a tirar los tejos, te empieza a convencer de que la pose de “no creo en el amor” está ya muy vista, te va halagando, seduciendo y calentando cada vez más y cuando tú ya estás a punto de entrar al trapo, pegan un salto hacia atrás que ni que las hubieran dado descargas eléctricas en el clítoris y se desdicen de todas sus palabras (incluso te llegan a decir que las has malinterpretado): Pío, pío que yo no he sío. Y otra vez la misma monserga: Que de puta madre eres, que mal me siento yo, tú te mereces algo mejor, pese a todo quiero que seamos amigas… Bla, bla, bla. Y tú dices que sí a todo porque ya te conoces la historia y sabes que no merece la pena decirle: Mira, guapa, no te columpies conmigo, ¿vale? Que me molaras no significa que me hubiera enamorado de ti. Es más, estabas a años luz de eso porque de gustarte alguien a sentir algo de verdad por ese alguien va un abismo. No me jodas con lo de que te sientes fatal y lo vas a pasar mal por mí porque seguramente en cuanto te des la vuelta encontrarás a tu nueva víctima, alguna estupendísima y bellísima mujer que te hará suspirar de amor como una colegiala. En cuanto a lo de ser amigas… ¿Sabes una cosa? Yo ya tengo muchas y si quisiera más me compraría un paquete de Donnettes y esperaría a que aparecieran. ¡Ah! Y no te canses tanto diciéndome lo mucho que merezco la pena. Lo sé. Y cuando me encuentro con gente como tú lo tengo aún más claro. Así que no seamos hipócritas y no digamos cosas que ninguna de las dos vamos a cumplir… Pero claro, para qué les vas a decir todo eso. Ya has aprendido que son esa clase de crías caprichosas que sólo buscan su propio placer. Déjalas que se crean importantes, déjalas que piensen que te has quedado con las ganas. Probablemente les falten veinte puntos de cociente intelectual para darse cuenta de que lo que realmente te ocurre es que estás aliviada de que no haya ocurrido nada en absoluto.
El mismo día que leí el post del que hablo al principio, encontré por mi cuenta este otro. Y es que me parece una jodienda que tengamos tan metido en la sesera todas las mentiras que se dicen sobre el amor. No es sano que pongamos tanto empeño en encontrar a alguien que puede no aparecer jamás. No es sano que nos aferremos, tan desesperadamente a veces, a lo que nos vamos encontrando por miedo a la soledad. No es sano que se tenga la concepción de que quien no está con nadie ha fracasado o no hay quien le aguante. Yo no quiero cifrar mi felicidad en el hecho de encontrar el amor. No quiero depender de nadie ni que nadie dependa de mí. Más que una relación amorosa quiero una relación de compañerismo pero muy poca gente sabe ver la diferencia.
El amor puede aparecer una vez en la vida. O varias. O puede no aparecer nunca. Esto último no debería ser una tragedia. Cada un@ de nosotr@s debería saber quién es y qué es lo que tiene. Mirar alrededor y comprobar que nos rodean personas fantásticas con tantas virtudes y con tantos defectos como nosotr@s mism@s. Hay muchas clases de amor y ninguna es mejor o peor que otra. Para ser feliz hay que serlo con lo que ya se tiene y se ha conseguido. Si tiene que venir algo más, ya vendrá. Y que se empareje quien quiera hacerlo. Y que permanezca solo quien crea que es lo mejor. Yo, desde luego, tengo muy clara mi postura.
…de fondo Love will tear us apart de Joy Division
No entiendo
Creo que voy a ser la única que no haga crónica de la noche del viernes. Y no porque no me gustara el concierto de Marlango (que me gustó) o porque no me gustara la Watling (¡esos tirantes!) o porque no me encantara conocer a más blogueras… Nada de eso. Pero como ya ha habido por ahí suficientes crónicas de las otras sospechosas implicadas me apetece escribir sobre otra cosa. Y en esta ocasión no se trata de algo agradable.
Veréis, el concierto fue en el patio central del Conde Duque. Al salir, mientras decidíamos dónde ir (juas, si era obvio que íbamos a acabar en el parque temático) fuimos atravesando Malasaña hasta llegar a Fuencarral y, a partir de ahí, hacia Chueca. Las siete que éramos caminábamos tranquilamente calle abajo cuando, casi a la altura del Mercado, mi mirada se clavó en dos sujetos que venían en dirección contraria a nosotras. Dos skins. Con toda su parafernalia de Doc Martens con cordones blancos, cruces gamadas y demás simbología fascista. Se lo comenté a quienes iban a mi lado, Sita y Sinfonía, preguntándome en voz alta qué coño harían esos dos tan cerca de la zona gay y tan lejos de la suya.
Ver a estos individuos, pese a que es algo que no me ocurre muy a menudo, consigue que se me ponga muy mal cuerpo. No lo puedo evitar. Es una mezcla de temor, asco y lástima lo que me inspiran. No es que pensara que esos dos fuesen a montarla. Todos sabemos que a menos que vayan en manada no se atreven a hacer nada. Pero me pusieron mal cuerpo. Porque hace que me haga muchas preguntas, que me cabree con la situación de ciertas cosas, que me siga dando cuenta de que no vivimos en el país de las maravillas por mucho que algunos se empeñen en decirnos que sí. De todas formas ese encontronazo no hubiera pasado de ser una mera anécdota si al día siguiente no hubiera vuelto a tener otro encontronazo. Pero no con dos aislados sino con la manada al completo.
El sábado por la tarde había quedado con Rys aprovechando que en el trabajo tenía un rato entre turno y turno. Rys trabaja por la zona del Bernabeu, así que nos fuimos al Vips del Paseo de la Habana donde pasamos un par de horas poniéndonos al día. Cuando llegó el momento en que ella tenía que volver al trabajo y yo volverme a casa porque no tenía el cuerpo para muchas fiestas, me dijo que me acompañaba al metro. Nos fumamos un par de cigarros junto a la boca de la estación mientras nos despedíamos. Ya estaba a punto de irme cuando divisé en el paso de cebra cercano a un nutrido grupo de chavales. Ninguno cumplía los dieciocho. De hecho no creo que ni llegaran a los diecisiete. La ropa de la mayoría era totalmente normal, sin rasgos distintivos de nada. Camisetas y vaqueros. Las pocas chicas del grupo iban muy arregladas, con falditas cortas y mucho maquillaje. Pero entre toda esa aparente normalidad destacaban varios chavales de inequívoca estética skin. Más cabezas rapadas, más esvásticas, más cruces gamadas, litronas en las manos, signos visibles de que la borrachera llevaba fraguándose toda la tarde, más escalofríos que me recorren. Rys y yo nos miramos y yo le digo que esperaré un poco porque no me apetece cruzármelos en el andén ni en el vagón. Y espero unos minutos pensando en qué habría pasado si me hubiera despedido de Rys justo cuando ellos iban a entrar al metro. Porque, pese a que hace años que ella y yo no estamos juntas, solemos saludarnos y despedirnos con un beso en los labios.
Cuando creí que había pasado un tiempo prudencial nos despedimos al fin y yo me metí en la estación. Pero el tiempo no había sido suficiente porque al llegar al andén allí estaba toda la manada gritando y haciéndose notar, consiguiendo que el resto de viajeros se situase lo más lejos posible de ellos. Yo hice lo mismo. Me fui hacia el final del andén y cuando llegó el tren me monté tranquilamente sabiendo que no estaban cerca.
La casualidad quiso que cuando yo me bajé en Alonso Martínez para hacer el trasbordo también lo hicieran ellos. Caminé hasta la salida del andén con normalidad. Llevaba el mp3 puesto así que no me enteraba de nada. Pero al ir llegando a la escalera mecánica vi cómo la gente se apartaba temerosa de ese grupito de skins, casuals y chelseas. Bajé el volumen pero sólo escuché murmullos. Vi a una de las chicas hacerle un placaje con el cuerpo al que debía ser el cabecilla del grupo, un bigardo de metro ochenta y cinco y cara de mala hostia, mientras le decía “para, para”. Comencé a subir por la escalera mecánica dejándoles a mi espalda. Unas chicas pasaron por mi lado con urgencia mientras una de ellas, apurada, les decía a las demás “subid, subid”. Dos señores de mediana edad iban comentando indignados la actitud de los chavales. Vi que un chavalito negro bajaba las escaleras por el otro lado y temí que pudieran tomarla con él. Agucé el oído pero no escuché nada. Me fui al andén de mi línea y llegué a casa.
Me sentía contrariada, indignada, cabreada y muy, muy impotente. Incapaz de comprender a esos padres que se desentienden de sus hijos y suplen la educación con dinero. Sintiendo lástima por esos otros padres que viven atemorizados por sus propios hijos adolescentes. No entendiendo cómo la gente se sigue dejando llevar hoy en día por la ignorancia. Preguntándome cuántos de esos chavales saben realmente lo que implican los símbolos que lucen con tanto orgullo.
Y navegando por Internet esa tarde me entero de que la plataforma HazteOír quiere denunciar a la marcha del Orgullo Gay por considerarla una campaña de ofensas y calumnias, discriminatoria y heterófoba. Y que también llaman al boicot a las marcas patrocinadoras del evento (entre ellas el Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid). Incluyen una bonita galería de fotos con las pancartas que se sacaron el pasado día 1 con la advertencia de que “algunas imágenes pueden herir la sensibilidad” (todas eran de pancartas, vamos, que no es que hubiera una drag queen en pelotas).
Y para colmo, este ha sido el fin de semana de la visita del papa Ratzinger a Valencia para recordarnos que el matrimonio es algo que sólo puede darse entre un hombre y una mujer. Ese papa que militó en las juventudes hitlerianas, ese estandarte de una institución que fomenta la extensión de la epidemia del sida en los países del tercer mundo llegando a decir que el condón es una de las vías de transmisión. Vivir para ver. Ver para creer.
Me jode la doble moral. Me jode tener que vivir en una sociedad con individuos que ejercen su libertad de expresión a costa de vulnerar la de los demás. Me jode que tengan el descaro de enarbolar esa libertad de expresión cuando todos sabemos que si viviéramos bajo sus normas ese concepto no podría ni mencionarse en voz alta.
Todos discriminamos aunque no queramos. Yo también lo hago. Pero si llamo enfermo a elementos como Aquilino Polaino es porque me lo ha llamado antes él a mí. Si critico a Ana Botella es porque ella me sigue considerando una ciudadana de segunda. Si reniego de la iglesia católica es porque ella ha renegado de mí. Y digo en voz muy alta que no me gusta esta gente, que no la entiendo ni quiero hacer esfuerzos para entenderla y afirmo, sin lugar a dudas, que el mundo sería un lugar mucho mejor sin ellos.
Todos somos intolerantes con algo. Todos tenemos prejuicios. Esos son los míos.

…de fondo Nothing in my way de Keane
Veréis, el concierto fue en el patio central del Conde Duque. Al salir, mientras decidíamos dónde ir (juas, si era obvio que íbamos a acabar en el parque temático) fuimos atravesando Malasaña hasta llegar a Fuencarral y, a partir de ahí, hacia Chueca. Las siete que éramos caminábamos tranquilamente calle abajo cuando, casi a la altura del Mercado, mi mirada se clavó en dos sujetos que venían en dirección contraria a nosotras. Dos skins. Con toda su parafernalia de Doc Martens con cordones blancos, cruces gamadas y demás simbología fascista. Se lo comenté a quienes iban a mi lado, Sita y Sinfonía, preguntándome en voz alta qué coño harían esos dos tan cerca de la zona gay y tan lejos de la suya.
Ver a estos individuos, pese a que es algo que no me ocurre muy a menudo, consigue que se me ponga muy mal cuerpo. No lo puedo evitar. Es una mezcla de temor, asco y lástima lo que me inspiran. No es que pensara que esos dos fuesen a montarla. Todos sabemos que a menos que vayan en manada no se atreven a hacer nada. Pero me pusieron mal cuerpo. Porque hace que me haga muchas preguntas, que me cabree con la situación de ciertas cosas, que me siga dando cuenta de que no vivimos en el país de las maravillas por mucho que algunos se empeñen en decirnos que sí. De todas formas ese encontronazo no hubiera pasado de ser una mera anécdota si al día siguiente no hubiera vuelto a tener otro encontronazo. Pero no con dos aislados sino con la manada al completo.
El sábado por la tarde había quedado con Rys aprovechando que en el trabajo tenía un rato entre turno y turno. Rys trabaja por la zona del Bernabeu, así que nos fuimos al Vips del Paseo de la Habana donde pasamos un par de horas poniéndonos al día. Cuando llegó el momento en que ella tenía que volver al trabajo y yo volverme a casa porque no tenía el cuerpo para muchas fiestas, me dijo que me acompañaba al metro. Nos fumamos un par de cigarros junto a la boca de la estación mientras nos despedíamos. Ya estaba a punto de irme cuando divisé en el paso de cebra cercano a un nutrido grupo de chavales. Ninguno cumplía los dieciocho. De hecho no creo que ni llegaran a los diecisiete. La ropa de la mayoría era totalmente normal, sin rasgos distintivos de nada. Camisetas y vaqueros. Las pocas chicas del grupo iban muy arregladas, con falditas cortas y mucho maquillaje. Pero entre toda esa aparente normalidad destacaban varios chavales de inequívoca estética skin. Más cabezas rapadas, más esvásticas, más cruces gamadas, litronas en las manos, signos visibles de que la borrachera llevaba fraguándose toda la tarde, más escalofríos que me recorren. Rys y yo nos miramos y yo le digo que esperaré un poco porque no me apetece cruzármelos en el andén ni en el vagón. Y espero unos minutos pensando en qué habría pasado si me hubiera despedido de Rys justo cuando ellos iban a entrar al metro. Porque, pese a que hace años que ella y yo no estamos juntas, solemos saludarnos y despedirnos con un beso en los labios.
Cuando creí que había pasado un tiempo prudencial nos despedimos al fin y yo me metí en la estación. Pero el tiempo no había sido suficiente porque al llegar al andén allí estaba toda la manada gritando y haciéndose notar, consiguiendo que el resto de viajeros se situase lo más lejos posible de ellos. Yo hice lo mismo. Me fui hacia el final del andén y cuando llegó el tren me monté tranquilamente sabiendo que no estaban cerca.
La casualidad quiso que cuando yo me bajé en Alonso Martínez para hacer el trasbordo también lo hicieran ellos. Caminé hasta la salida del andén con normalidad. Llevaba el mp3 puesto así que no me enteraba de nada. Pero al ir llegando a la escalera mecánica vi cómo la gente se apartaba temerosa de ese grupito de skins, casuals y chelseas. Bajé el volumen pero sólo escuché murmullos. Vi a una de las chicas hacerle un placaje con el cuerpo al que debía ser el cabecilla del grupo, un bigardo de metro ochenta y cinco y cara de mala hostia, mientras le decía “para, para”. Comencé a subir por la escalera mecánica dejándoles a mi espalda. Unas chicas pasaron por mi lado con urgencia mientras una de ellas, apurada, les decía a las demás “subid, subid”. Dos señores de mediana edad iban comentando indignados la actitud de los chavales. Vi que un chavalito negro bajaba las escaleras por el otro lado y temí que pudieran tomarla con él. Agucé el oído pero no escuché nada. Me fui al andén de mi línea y llegué a casa.
Me sentía contrariada, indignada, cabreada y muy, muy impotente. Incapaz de comprender a esos padres que se desentienden de sus hijos y suplen la educación con dinero. Sintiendo lástima por esos otros padres que viven atemorizados por sus propios hijos adolescentes. No entendiendo cómo la gente se sigue dejando llevar hoy en día por la ignorancia. Preguntándome cuántos de esos chavales saben realmente lo que implican los símbolos que lucen con tanto orgullo.
Y navegando por Internet esa tarde me entero de que la plataforma HazteOír quiere denunciar a la marcha del Orgullo Gay por considerarla una campaña de ofensas y calumnias, discriminatoria y heterófoba. Y que también llaman al boicot a las marcas patrocinadoras del evento (entre ellas el Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid). Incluyen una bonita galería de fotos con las pancartas que se sacaron el pasado día 1 con la advertencia de que “algunas imágenes pueden herir la sensibilidad” (todas eran de pancartas, vamos, que no es que hubiera una drag queen en pelotas).
Y para colmo, este ha sido el fin de semana de la visita del papa Ratzinger a Valencia para recordarnos que el matrimonio es algo que sólo puede darse entre un hombre y una mujer. Ese papa que militó en las juventudes hitlerianas, ese estandarte de una institución que fomenta la extensión de la epidemia del sida en los países del tercer mundo llegando a decir que el condón es una de las vías de transmisión. Vivir para ver. Ver para creer.
Me jode la doble moral. Me jode tener que vivir en una sociedad con individuos que ejercen su libertad de expresión a costa de vulnerar la de los demás. Me jode que tengan el descaro de enarbolar esa libertad de expresión cuando todos sabemos que si viviéramos bajo sus normas ese concepto no podría ni mencionarse en voz alta.
Todos discriminamos aunque no queramos. Yo también lo hago. Pero si llamo enfermo a elementos como Aquilino Polaino es porque me lo ha llamado antes él a mí. Si critico a Ana Botella es porque ella me sigue considerando una ciudadana de segunda. Si reniego de la iglesia católica es porque ella ha renegado de mí. Y digo en voz muy alta que no me gusta esta gente, que no la entiendo ni quiero hacer esfuerzos para entenderla y afirmo, sin lugar a dudas, que el mundo sería un lugar mucho mejor sin ellos.
Todos somos intolerantes con algo. Todos tenemos prejuicios. Esos son los míos.

…de fondo Nothing in my way de Keane
Drama queen
¡¡¡AVISO!!! ¡¡¡POST HIPER-EXTRA-LARGO!!!
(Yo misma volviendo a las andadas)
Todos lo que me conocen saben que tengo cierta tendencia a convertirme en una drama queen a la mínima de cambio. Desde que a mis diecisiete tiernos añitos comenzara a danzar por las calles de Chueca hasta hace relativamente poco mi tiempo de ocio nocturno lo he pasado casi exclusivamente con hombres gays, yendo a locales gays y consumiendo un tipo de ocio muy, muy, muy gay. De hecho llegó un momento en que todo el mundo pensaba que era una mariliendre más y cuando hablaba de alguna tía me miraban asombrados intentando articular un alucinado: “¡Ah…! Pero… ¿tú entiendes?”. “Pues sí, bonita, ¿por qué si no te iba a estar mirando las tetas con ese descaro…?”.
En esa época (y ahora también pero menos) me encantaba bailar todas esas canciones de música chochi que tanto gustan en el ambiente a la vez que las interpretaba como la más histriónica de las drag queens. Mis amigos me decían que tenía más pluma y amaneramiento que ellos y cuando sufría algún desengaño amoroso era más trágica que una virgen dolorosa. Era toda una drama queen. Y lo sigo siendo, que conste.
Dicen que las relaciones en el mundo homosexual tienden a ser mucho más desgarradoras, pasionales y al límite que las que se viven en el mundo heterosexual, tan convencional y tan supeditado a una serie de reglas ya escritas. Que sólo gays y lesbianas somos capaces de hacer, no ya una montaña, sino toda una cordillera de un simple granito de arena. Cuando nos enamoramos (y mira que algun@s tienen facilidad para enamorarse), nuestro amor y nuestro amad@ son los más mejores del mundo mundial y miramos al resto de infelices mortales por encima del hombro porque pensamos que lo nuestro sí es de verdad. Y cuando nos dejan… Bueno, cuando nos dejan se nos acaba el mundo. La caída del Imperio Romano no es nada comparado con lo que nos ha hecho ese amor nuestro que ha dejado de ser el más mejor. Nosotros no lloramos, no, nos ahogamos en nuestras propias lágrimas. Nosotros seremos incapaces de superar algo así, nos han aplastado el corazón, nos han arrebatado nuestras ilusiones, nos… Bueno, os hacéis una idea (aunque lo más probable es que tras toda esa llantina nos compremos una camisa nueva y vayamos en busca de una mora verde que nos quite las penas).
¿Y qué decir de los y las ex? Esa entrañable figura capaz de generar en nosotros una cantidad de odio sólo comparable a la que nos produce Bush Jr. se convierte en el enemigo público número uno. Nada de lo que podamos decir sobre él/ella es siquiera un pie de página a todo lo que le diríamos a la cara (y que, por supuesto, nunca le decimos). Afortunadamente para ello hay un subgénero musical que nos ayuda a desahogarnos, desfogarnos, gritar y quedarnos muy a gusto después de cantar y bailar toda la noche al son de sus canciones.
Y yo, que ya sabéis que me encanta analizar este tipo de chorradas, he recopilado algunas de las canciones más representativas de este subgénero tan asociado al mundo gay, a las disco divas y a lo malvada que es esa gentecilla que tanta pupita nos hace. Es obvio que no están todas las que son pero sí que son todas las que están. Empecemos.
-I will survive de Gloria Gaynor. Clásico gay por excelencia. Durante veintisiete años se ha mantenido vigente a base de versiones en todos los estilos posibles. Una de las más conocidas es esa que, cuando ya llevas un melocotón del quince, te impulsa a bailar la polka agarrándote a todos los que a esas horas te rodean en la discoteca. Frase a recordar: I've got all my life to live, I've got all my love to give and I'll survive.
-No more tears (enough is enough) de Diana Ross y Barbara Streisand. Otro clásico de la misma época. Popularizado en los ochenta por Jocelyn Brown y Kym Mazelle aunque, personalmente, me quedo con la version que se marcaron K.d. Lang y el ex Erasure Andy Bell en la entrega de los Brits Award del 93… Los pelines como escarpias se me ponen, oyes… Frase a recordar: I can't go on, I can't go on no more, no. Enough is enough.
-What’s love got to do with it de Tina Turner. La gran Tina regresó al panorama musical con esta gran canción en la que hablaba de su relación con el impresentable de Ike. Frase a recordar: Who needs a heart when a heart can be broken
-Cómo pudiste hacerme esto a mí de Alaska y Dinarama. La diva gay patria por excelencia no podía faltar aquí. Una historia de engaño y celos con tétrico final que todos hemos fantaseado de una forma más o menos gore. Frase a recordar: Sé que te arrenpentirás.
-Estoy llorando por ti de Ku Minerva. A mediados de los noventa el dance cantado en español pareció querer levantar un poco la cabeza. Aunque hay quien lo asocia a lo bares bakalas de Moncloa y Argüelles yo siempre lo asocio a mis primeras noches de parranda por el ambiente gay y a la peli de Más que amor, frenesí. Frase a recordar: Viviré la vida sin tu calor y sufriré (¡ayss, pero qué trágicos somos!).
-Strong enough de Cher. Bueno, esta y en general todo el disco en el que estaba incluida. El Believe es ese disco que no puede faltar en la discoteca personal de todo buen marica petardo (junto con el Fever de Kylie y el Confessions on a dance floor de Madonna, el Palabra de mujer de Mónica Naranjo… bueno, ya me entendéis). Frase a recordar: Aquí me resulta difícil resaltar una porque para mi gusto es la canción más redonda en cuanto a relatar el despecho post-ruptura pero si me tengo que quedar con una sería con esa que dice No matter what I hear you say, I'm strong enough to know you gotta go.
-Soy yo de Marta Sánchez. La Madonna española le canta a ese momento de reafirmación del orgullo y la autoestima. Cantándola a voz en grito lo único que queremos demostrar es lo bien que estamos aunque no nos lo creamos ni jartos de vino pero lo importante es que lo parezca y que él/ella lo vea. Frase a recordar: Hoy al fin podré disfrutar de lo que es libertad. Creo que llegado el final no hay más que decir. Me despido de tí.
-Sección especial Mónica Naranjo. Gays y lesbianas la adoraban por igual. Ellos por su histrionismo y sus estilismos imposibles, ellas por su imagen de mujer fuerte y ciertos y malintencionados rumores sobre su sexualidad. Sus discos están plagaditos de estas canciones pero son tres las que resaltan sobre todas las demás:
-Desátame. Perfecta crónica del ni contigo ni sin ti de muchas relaciones gays. Trágica, desgarrada y preñada de dolor. Frase a recordar: Porque no hay en mi vida un martirio que dure más (¡joder, con la tragedia!)
-Sobreviviré. No es una versión del I will survive pero continua en su estela aunque recrudezca mucho las tintas. La más grande (a.k.a. Rocío Jurado) aprovechó el tirón versionándola a su vez y demostrando que pa’ histriónica, ella. Frase a recordar: y cada amanecer me derrumbo al ver la puta realidad (eso, eso, que la vida es muuuu dura).
-Chicas malas: De nuevo llegamos a la fase de la autoafirmación. Y ahora que hemos aprendido la lección somos más malinos que quien nos hizo daño y no nos fiamos ni de nuestra propia sombra. Frase a recordar: Hoy soy libre como el aire, yo no volveré a entregarme, no vuelvo a darme nunca a nadie (ahí, cerrando el corazón a cal y canto, que nunca se sabe quien puede entrar).
-Serpiente con tacón de Lorca. A estas alturas nuestr@ ex ya nos cae francamente mal y lo que mejor nos sienta es soltar por nuestra boquita de piñón una sarta de insultos e ironías con las que despacharnos a gusto. Frase a recordar: Vete ya, ponte la minifalda y vete a petardear, que a más de un gilipollas le podrás demostrar que tú eres la más golfa de la promoción (pues sí, anda que no me he encontrado yo con golfillas de esas…ayss!!)
-Mi mundo sin ti de Soraya ‘O.T. 4’ Arnelas. Esta es la canción-despecho-autoafirmación de la temporada. Esa mención al cuerno hace que todos los que la bailan alcen sus dedos índice y meñique en tan significativo gesto. Si, además, le añades que tu ex está a dos metros de ti viendo lo bien que te lo pasas el resultado es casi orgásmico (habla la voz de la experiencia). Frase a recordar: Márchate y llora por mí que has perdido tu oportunidad, me engañaste y ahora tendrás que sufrir (que sufra, que sufra, que ya hemos sufrido bastante nosotr@s).
Pero no sólo en disco divas y chochi music se sustenta este bonito subgénero. En el pop y el rock también tienen su corazoncito y lloran sus penas de amor con otros ritmos pero con los mismos sentimientos. Ahí van algunas de las que me he podido acordar:
-Que te den de Amparanoia. ¡Lo que me gusta esta canción! ¡ Y lo que me gusta cantarla pegando botes por todo el local y gesticulando! Es de las pocas que consigue animarte de verdad. Frase a recordar: Adiós mi corazón, y que te den, que te den por ahí, que no me supiste dar, ni un poquito lo que te di a ti (vamos, que no saben lo que se han perdido dejándote).
-Pa’ ti no estoy de Rosana. Aunque parezca una declaración de buenos deseos tras una ruptura más o menos amigable, bajo sus estrofas destila una ironía y una mala leche que pa’ qué. Por lo general Rosana no es santa de mi devoción pero reconozco que aquí lo bordó. Frase a recordar: Salud, amor y fortuna, me llevo todo en orden, salud pa' ver, amor pa' ser, fortuna pa' olvidar tu nombre (a ver qué te habías creído tú, amos que…)
Pero quizá los que se merecen una mención de honor dentro del pop rock son los madrileños El Canto del Loco, esos grandes filósofos de la juventud de hoy en día que como no encuentran causas por las que luchar deciden quejarse por que los gorilas de las discotecas no les dejan entrar con zapatillas. Salvo en A contracorriente, siempre tienen en sus discos una o dos canciones de despecho de lo más grandilocuente.
-Traidora. Aquí todavía intentas arreglar las cosas. Tienes esa absurda creencia de que hablando se entiende la gente sin caer en la cuenta de que los ex son ese raro espécimen que nunca atiende a razones. Frase a recordar: desde luego no tienes ni idea de lo que te amé, desde el día que esto acabó y no soy el que era, yo quisiera que vieras, traidora, lo malo que fue, que pudieras pasar la "mitá" de lo que yo pasé (di que sí, haciéndote el más mártir a este lado del río).
-No quiero nada. Vamos, por si aún quedan dudas de que no quieres ver a tu ex ni en pintura. Frase a recordar: Eres lo peor que me pudo pasar, eres esa piedra para tropezar, eres un examen de retrasado mental, treinta mil colonias te podrás echar pero para mi olerás fatal (sutiles, lo que se dice sutiles pues no lo son, la verdad)
-Insoportable: Personalmente me parece el punto más álgido de las canciones de despecho. En poco más de cuatro minutos es capaz de conjugar la rabia, el odio, la resignación y la reafirmación de la autoestima con una naturalidad pasmosa. Y encima te deja buen sabor de boca porque acabas por darte cuenta de que tu ex es… pues eso, insoportable. Frase a recordar (y que tire la primera piedra quien no haya cantado esta estrofa a voz en grito): Aunque digas no se te ha hecho tarde. Sabes que eres un poquito insoportable. Mirarás siempre hacia atrás arrepentida. Sabes que yo he dado todo, todo en balde (ayss, si es que en el fondo no eras dign@ de mí, que lo sepas, chat@).
En su último disco de estudio hasta la fecha (porque ya sabéis que a estos chicos les encanta editar discos en directo, el eurito es el eurito) lo intentan con una nueva canción, Desaparece. No alcanza las épicas proporciones de Insoportable pero para desfogarse da el pego. Frase a recordar: Ya me he cansado, esto se acaba aquí. Niña, que te aguante tu madre (si es que teníamos que haber empezado por ahí, coño, que yo no estoy para aguantar gilipolleces).
...de fondo... pues todas estan cancioncillas reproduciéndose en el winamp una y otra vez para inspirarme.
(Yo misma volviendo a las andadas)
Todos lo que me conocen saben que tengo cierta tendencia a convertirme en una drama queen a la mínima de cambio. Desde que a mis diecisiete tiernos añitos comenzara a danzar por las calles de Chueca hasta hace relativamente poco mi tiempo de ocio nocturno lo he pasado casi exclusivamente con hombres gays, yendo a locales gays y consumiendo un tipo de ocio muy, muy, muy gay. De hecho llegó un momento en que todo el mundo pensaba que era una mariliendre más y cuando hablaba de alguna tía me miraban asombrados intentando articular un alucinado: “¡Ah…! Pero… ¿tú entiendes?”. “Pues sí, bonita, ¿por qué si no te iba a estar mirando las tetas con ese descaro…?”.
En esa época (y ahora también pero menos) me encantaba bailar todas esas canciones de música chochi que tanto gustan en el ambiente a la vez que las interpretaba como la más histriónica de las drag queens. Mis amigos me decían que tenía más pluma y amaneramiento que ellos y cuando sufría algún desengaño amoroso era más trágica que una virgen dolorosa. Era toda una drama queen. Y lo sigo siendo, que conste.
Dicen que las relaciones en el mundo homosexual tienden a ser mucho más desgarradoras, pasionales y al límite que las que se viven en el mundo heterosexual, tan convencional y tan supeditado a una serie de reglas ya escritas. Que sólo gays y lesbianas somos capaces de hacer, no ya una montaña, sino toda una cordillera de un simple granito de arena. Cuando nos enamoramos (y mira que algun@s tienen facilidad para enamorarse), nuestro amor y nuestro amad@ son los más mejores del mundo mundial y miramos al resto de infelices mortales por encima del hombro porque pensamos que lo nuestro sí es de verdad. Y cuando nos dejan… Bueno, cuando nos dejan se nos acaba el mundo. La caída del Imperio Romano no es nada comparado con lo que nos ha hecho ese amor nuestro que ha dejado de ser el más mejor. Nosotros no lloramos, no, nos ahogamos en nuestras propias lágrimas. Nosotros seremos incapaces de superar algo así, nos han aplastado el corazón, nos han arrebatado nuestras ilusiones, nos… Bueno, os hacéis una idea (aunque lo más probable es que tras toda esa llantina nos compremos una camisa nueva y vayamos en busca de una mora verde que nos quite las penas).
¿Y qué decir de los y las ex? Esa entrañable figura capaz de generar en nosotros una cantidad de odio sólo comparable a la que nos produce Bush Jr. se convierte en el enemigo público número uno. Nada de lo que podamos decir sobre él/ella es siquiera un pie de página a todo lo que le diríamos a la cara (y que, por supuesto, nunca le decimos). Afortunadamente para ello hay un subgénero musical que nos ayuda a desahogarnos, desfogarnos, gritar y quedarnos muy a gusto después de cantar y bailar toda la noche al son de sus canciones.
Y yo, que ya sabéis que me encanta analizar este tipo de chorradas, he recopilado algunas de las canciones más representativas de este subgénero tan asociado al mundo gay, a las disco divas y a lo malvada que es esa gentecilla que tanta pupita nos hace. Es obvio que no están todas las que son pero sí que son todas las que están. Empecemos.
-I will survive de Gloria Gaynor. Clásico gay por excelencia. Durante veintisiete años se ha mantenido vigente a base de versiones en todos los estilos posibles. Una de las más conocidas es esa que, cuando ya llevas un melocotón del quince, te impulsa a bailar la polka agarrándote a todos los que a esas horas te rodean en la discoteca. Frase a recordar: I've got all my life to live, I've got all my love to give and I'll survive.
-No more tears (enough is enough) de Diana Ross y Barbara Streisand. Otro clásico de la misma época. Popularizado en los ochenta por Jocelyn Brown y Kym Mazelle aunque, personalmente, me quedo con la version que se marcaron K.d. Lang y el ex Erasure Andy Bell en la entrega de los Brits Award del 93… Los pelines como escarpias se me ponen, oyes… Frase a recordar: I can't go on, I can't go on no more, no. Enough is enough.
-What’s love got to do with it de Tina Turner. La gran Tina regresó al panorama musical con esta gran canción en la que hablaba de su relación con el impresentable de Ike. Frase a recordar: Who needs a heart when a heart can be broken
-Cómo pudiste hacerme esto a mí de Alaska y Dinarama. La diva gay patria por excelencia no podía faltar aquí. Una historia de engaño y celos con tétrico final que todos hemos fantaseado de una forma más o menos gore. Frase a recordar: Sé que te arrenpentirás.
-Estoy llorando por ti de Ku Minerva. A mediados de los noventa el dance cantado en español pareció querer levantar un poco la cabeza. Aunque hay quien lo asocia a lo bares bakalas de Moncloa y Argüelles yo siempre lo asocio a mis primeras noches de parranda por el ambiente gay y a la peli de Más que amor, frenesí. Frase a recordar: Viviré la vida sin tu calor y sufriré (¡ayss, pero qué trágicos somos!).
-Strong enough de Cher. Bueno, esta y en general todo el disco en el que estaba incluida. El Believe es ese disco que no puede faltar en la discoteca personal de todo buen marica petardo (junto con el Fever de Kylie y el Confessions on a dance floor de Madonna, el Palabra de mujer de Mónica Naranjo… bueno, ya me entendéis). Frase a recordar: Aquí me resulta difícil resaltar una porque para mi gusto es la canción más redonda en cuanto a relatar el despecho post-ruptura pero si me tengo que quedar con una sería con esa que dice No matter what I hear you say, I'm strong enough to know you gotta go.
-Soy yo de Marta Sánchez. La Madonna española le canta a ese momento de reafirmación del orgullo y la autoestima. Cantándola a voz en grito lo único que queremos demostrar es lo bien que estamos aunque no nos lo creamos ni jartos de vino pero lo importante es que lo parezca y que él/ella lo vea. Frase a recordar: Hoy al fin podré disfrutar de lo que es libertad. Creo que llegado el final no hay más que decir. Me despido de tí.
-Sección especial Mónica Naranjo. Gays y lesbianas la adoraban por igual. Ellos por su histrionismo y sus estilismos imposibles, ellas por su imagen de mujer fuerte y ciertos y malintencionados rumores sobre su sexualidad. Sus discos están plagaditos de estas canciones pero son tres las que resaltan sobre todas las demás:
-Desátame. Perfecta crónica del ni contigo ni sin ti de muchas relaciones gays. Trágica, desgarrada y preñada de dolor. Frase a recordar: Porque no hay en mi vida un martirio que dure más (¡joder, con la tragedia!)
-Sobreviviré. No es una versión del I will survive pero continua en su estela aunque recrudezca mucho las tintas. La más grande (a.k.a. Rocío Jurado) aprovechó el tirón versionándola a su vez y demostrando que pa’ histriónica, ella. Frase a recordar: y cada amanecer me derrumbo al ver la puta realidad (eso, eso, que la vida es muuuu dura).
-Chicas malas: De nuevo llegamos a la fase de la autoafirmación. Y ahora que hemos aprendido la lección somos más malinos que quien nos hizo daño y no nos fiamos ni de nuestra propia sombra. Frase a recordar: Hoy soy libre como el aire, yo no volveré a entregarme, no vuelvo a darme nunca a nadie (ahí, cerrando el corazón a cal y canto, que nunca se sabe quien puede entrar).
-Serpiente con tacón de Lorca. A estas alturas nuestr@ ex ya nos cae francamente mal y lo que mejor nos sienta es soltar por nuestra boquita de piñón una sarta de insultos e ironías con las que despacharnos a gusto. Frase a recordar: Vete ya, ponte la minifalda y vete a petardear, que a más de un gilipollas le podrás demostrar que tú eres la más golfa de la promoción (pues sí, anda que no me he encontrado yo con golfillas de esas…ayss!!)
-Mi mundo sin ti de Soraya ‘O.T. 4’ Arnelas. Esta es la canción-despecho-autoafirmación de la temporada. Esa mención al cuerno hace que todos los que la bailan alcen sus dedos índice y meñique en tan significativo gesto. Si, además, le añades que tu ex está a dos metros de ti viendo lo bien que te lo pasas el resultado es casi orgásmico (habla la voz de la experiencia). Frase a recordar: Márchate y llora por mí que has perdido tu oportunidad, me engañaste y ahora tendrás que sufrir (que sufra, que sufra, que ya hemos sufrido bastante nosotr@s).
Pero no sólo en disco divas y chochi music se sustenta este bonito subgénero. En el pop y el rock también tienen su corazoncito y lloran sus penas de amor con otros ritmos pero con los mismos sentimientos. Ahí van algunas de las que me he podido acordar:
-Que te den de Amparanoia. ¡Lo que me gusta esta canción! ¡ Y lo que me gusta cantarla pegando botes por todo el local y gesticulando! Es de las pocas que consigue animarte de verdad. Frase a recordar: Adiós mi corazón, y que te den, que te den por ahí, que no me supiste dar, ni un poquito lo que te di a ti (vamos, que no saben lo que se han perdido dejándote).
-Pa’ ti no estoy de Rosana. Aunque parezca una declaración de buenos deseos tras una ruptura más o menos amigable, bajo sus estrofas destila una ironía y una mala leche que pa’ qué. Por lo general Rosana no es santa de mi devoción pero reconozco que aquí lo bordó. Frase a recordar: Salud, amor y fortuna, me llevo todo en orden, salud pa' ver, amor pa' ser, fortuna pa' olvidar tu nombre (a ver qué te habías creído tú, amos que…)
Pero quizá los que se merecen una mención de honor dentro del pop rock son los madrileños El Canto del Loco, esos grandes filósofos de la juventud de hoy en día que como no encuentran causas por las que luchar deciden quejarse por que los gorilas de las discotecas no les dejan entrar con zapatillas. Salvo en A contracorriente, siempre tienen en sus discos una o dos canciones de despecho de lo más grandilocuente.
-Traidora. Aquí todavía intentas arreglar las cosas. Tienes esa absurda creencia de que hablando se entiende la gente sin caer en la cuenta de que los ex son ese raro espécimen que nunca atiende a razones. Frase a recordar: desde luego no tienes ni idea de lo que te amé, desde el día que esto acabó y no soy el que era, yo quisiera que vieras, traidora, lo malo que fue, que pudieras pasar la "mitá" de lo que yo pasé (di que sí, haciéndote el más mártir a este lado del río).
-No quiero nada. Vamos, por si aún quedan dudas de que no quieres ver a tu ex ni en pintura. Frase a recordar: Eres lo peor que me pudo pasar, eres esa piedra para tropezar, eres un examen de retrasado mental, treinta mil colonias te podrás echar pero para mi olerás fatal (sutiles, lo que se dice sutiles pues no lo son, la verdad)
-Insoportable: Personalmente me parece el punto más álgido de las canciones de despecho. En poco más de cuatro minutos es capaz de conjugar la rabia, el odio, la resignación y la reafirmación de la autoestima con una naturalidad pasmosa. Y encima te deja buen sabor de boca porque acabas por darte cuenta de que tu ex es… pues eso, insoportable. Frase a recordar (y que tire la primera piedra quien no haya cantado esta estrofa a voz en grito): Aunque digas no se te ha hecho tarde. Sabes que eres un poquito insoportable. Mirarás siempre hacia atrás arrepentida. Sabes que yo he dado todo, todo en balde (ayss, si es que en el fondo no eras dign@ de mí, que lo sepas, chat@).
En su último disco de estudio hasta la fecha (porque ya sabéis que a estos chicos les encanta editar discos en directo, el eurito es el eurito) lo intentan con una nueva canción, Desaparece. No alcanza las épicas proporciones de Insoportable pero para desfogarse da el pego. Frase a recordar: Ya me he cansado, esto se acaba aquí. Niña, que te aguante tu madre (si es que teníamos que haber empezado por ahí, coño, que yo no estoy para aguantar gilipolleces).
...de fondo... pues todas estan cancioncillas reproduciéndose en el winamp una y otra vez para inspirarme.
Propósitos de enmienda
Como buena Acuario que soy tiendo al caos y la excentricidad. Pero mi ascendente Libra me impulsa a la vez (aún incurriendo en contradicción con mi propia naturaleza) a buscar el equilibrio y convertirme en una muchacha decente, responsable, apañada y todas esas cosas que son tan importantes para nuestras abuelillas. Así que he decidido que:
-Tengo que reducir el número de veces que como fuera de casa. No sólo por el dinero que me gasto sino porque al final mi alimentación deja mucho que desear.
-Idem de idem con los taxis. Lógico cogerlos de noche (y bastante complicado, por cierto) pero no en pleno día porque haciendo el gamba me he dado cuenta de que voy con el tiempo pegado al culo y coger uno será la única forma de no llegar tarde.
-Volver a ser una persona normal que va al super a hacer la compra. Volver a acostumbrarme a hacer la comida a diario. Recordar que en el frigorífico se pueden meter más cosas aparte de botellas...
-Moderar mi adicción al eMule. Esto no tiene nada que ver con posturas ramoncísticas acerca de la propiedad intelectual. Es que no tengo tiempo de ver todo lo que descargo. Además, a mi ordenador le hace falta un buen formateo en breve que le quite las malas pulgas.
-Ir a la peluquería a la voz de ya. No es que tenga las puntas abiertas, es que parece que me he puesto el mocho de la fregona en la cabeza.
-Llevar a Chuchín Infernal a que le pongan su pinchacito anual. Comprarle un hueso para agradecerle todo el dinero que me ahorra por estar tan sano. En seis años sólo ha tenido una gastroenteritis.
-Escucharme los dos discos de Marlango para poder tararear las canciones el viernes. No recordar lo que hacía cuando descubrí el primero. Repetir como mantra: "Dos años no es tanto tiempo, podría ser peor. Dos años no es tanto tiempo, podría ser peor...".
-Controlar la ironía brutal que me domina últimamente. Hay gente que no tiene la culpa de ser más simple que el mecanismo de un botijo. Y hay otra gente que no tiene la culpa de ser tan caprichosa como un niño de guardería que deja de desear algo en cuanto lo tiene delante. Animalitos...
De escribir ya no digo nada que mi pelotón de linchamiento particular puede empezar a sacar los bates y no es plan...
...de fondo It's all right de Marlango
-Tengo que reducir el número de veces que como fuera de casa. No sólo por el dinero que me gasto sino porque al final mi alimentación deja mucho que desear.
-Idem de idem con los taxis. Lógico cogerlos de noche (y bastante complicado, por cierto) pero no en pleno día porque haciendo el gamba me he dado cuenta de que voy con el tiempo pegado al culo y coger uno será la única forma de no llegar tarde.
-Volver a ser una persona normal que va al super a hacer la compra. Volver a acostumbrarme a hacer la comida a diario. Recordar que en el frigorífico se pueden meter más cosas aparte de botellas...
-Moderar mi adicción al eMule. Esto no tiene nada que ver con posturas ramoncísticas acerca de la propiedad intelectual. Es que no tengo tiempo de ver todo lo que descargo. Además, a mi ordenador le hace falta un buen formateo en breve que le quite las malas pulgas.
-Ir a la peluquería a la voz de ya. No es que tenga las puntas abiertas, es que parece que me he puesto el mocho de la fregona en la cabeza.
-Llevar a Chuchín Infernal a que le pongan su pinchacito anual. Comprarle un hueso para agradecerle todo el dinero que me ahorra por estar tan sano. En seis años sólo ha tenido una gastroenteritis.
-Escucharme los dos discos de Marlango para poder tararear las canciones el viernes. No recordar lo que hacía cuando descubrí el primero. Repetir como mantra: "Dos años no es tanto tiempo, podría ser peor. Dos años no es tanto tiempo, podría ser peor...".
-Controlar la ironía brutal que me domina últimamente. Hay gente que no tiene la culpa de ser más simple que el mecanismo de un botijo. Y hay otra gente que no tiene la culpa de ser tan caprichosa como un niño de guardería que deja de desear algo en cuanto lo tiene delante. Animalitos...
De escribir ya no digo nada que mi pelotón de linchamiento particular puede empezar a sacar los bates y no es plan...
...de fondo It's all right de Marlango
Cosas que recordar del orgullo 2006
Una gran sensación de alivio me invade esta tarde de domingo. Y poco me importa que mañana tenga que volver a la oficina después de diez días alejada de ella. La normalidad regresa para hacer el calor un poquito más insoportable. Pero bienvenida sea.
Esta semana de fiestas no ha sido tan intensa como lo esperaba porque la mitad del tiempo me lo he pasado encerrada en mi cuarto intentando escribir. Pero la otra mitad he estado danzando por los multiples eventos a los que había sido invitada.
Recordaré la conversación con mi editor y con uno de los actores del musical de Mecano, copas de whisky de por medio, risas y proyectos.
Recordaré la madrugada del martes deambulando por las calles del centro filosofando sobre la vida y la literatura.
Recordaré también el cariño que me está cogiendo el gremio de taxis de Madrid. Es lo que tiene dejarse la mitad del sueldo en su servicio...
Recordaré el apogeo de las fiestas el viernes, disfrutando de las actuaciones, de la compañía y de los minis que iban cayendo como moscas.
No olvido el ombliguismo y la ausencia de autocrítica del colectivo gay. El impuesto revolucionario recordándome que dan igual los logros que se vayan consiguiendo porque a quienes mueven los hilos les interesa sobremanera que sigamos siendo diferentes. El guetto está más en forma que nunca, aunque se le quiera quitar la connotación negativa revistiéndolo con esa pátina de vanguardia y modernidad que cada vez me resulta más incómoda.
Tampoco olvido que pese a todo me sigue emocionando ver las calles llenas de gente, saber todo lo que se ha avanzado en los últimos años, logros que los que estábamos metidos en el ajo pidiéndolos no pensábamos alcanzar tan pronto. Y eso siempre hace que una lagrimilla se me salte aunque procure llevar siempre unas gafas de sol para que nadie me las vea.
Pero recordaré sobre todo el momento confessions at the bus stop, cuando yo no hacía más que quejarme de mi mala suerte, de lo zorras que son algunas de las tías con las que me cruzo y de lo harta que estoy de tantas cosas que me rodean. Me quedo con ese abrazo espontáneo y esa mirada de sincera preocupación, ese empeño en demostrarme que las cosas pueden mejorar y las risas cuando vimos que a Chucho Infernal no le hace ninguna gracia que me den besos... (¡Ay, madre, qué pelusón que se me pone el muy jodío!)

Luego diréis que somos cinco o seis...
...de fondo Qué caro es el tiempo de El Canto del Loco
Esta semana de fiestas no ha sido tan intensa como lo esperaba porque la mitad del tiempo me lo he pasado encerrada en mi cuarto intentando escribir. Pero la otra mitad he estado danzando por los multiples eventos a los que había sido invitada.
Recordaré la conversación con mi editor y con uno de los actores del musical de Mecano, copas de whisky de por medio, risas y proyectos.
Recordaré la madrugada del martes deambulando por las calles del centro filosofando sobre la vida y la literatura.
Recordaré también el cariño que me está cogiendo el gremio de taxis de Madrid. Es lo que tiene dejarse la mitad del sueldo en su servicio...
Recordaré el apogeo de las fiestas el viernes, disfrutando de las actuaciones, de la compañía y de los minis que iban cayendo como moscas.
No olvido el ombliguismo y la ausencia de autocrítica del colectivo gay. El impuesto revolucionario recordándome que dan igual los logros que se vayan consiguiendo porque a quienes mueven los hilos les interesa sobremanera que sigamos siendo diferentes. El guetto está más en forma que nunca, aunque se le quiera quitar la connotación negativa revistiéndolo con esa pátina de vanguardia y modernidad que cada vez me resulta más incómoda.
Tampoco olvido que pese a todo me sigue emocionando ver las calles llenas de gente, saber todo lo que se ha avanzado en los últimos años, logros que los que estábamos metidos en el ajo pidiéndolos no pensábamos alcanzar tan pronto. Y eso siempre hace que una lagrimilla se me salte aunque procure llevar siempre unas gafas de sol para que nadie me las vea.
Pero recordaré sobre todo el momento confessions at the bus stop, cuando yo no hacía más que quejarme de mi mala suerte, de lo zorras que son algunas de las tías con las que me cruzo y de lo harta que estoy de tantas cosas que me rodean. Me quedo con ese abrazo espontáneo y esa mirada de sincera preocupación, ese empeño en demostrarme que las cosas pueden mejorar y las risas cuando vimos que a Chucho Infernal no le hace ninguna gracia que me den besos... (¡Ay, madre, qué pelusón que se me pone el muy jodío!)

Luego diréis que somos cinco o seis...
...de fondo Qué caro es el tiempo de El Canto del Loco
10.000 días
Como buena friki que soy y como persona que pierde el tiempo con suma facilidad en todo en lo que no debería perderlo, el otro día me puse a hacer cuentas y me di cuenta de que hoy cumplía 10.000 días.
No es mi cumpleaños ni una fecha señalada pero 10.000 me parece un número tan redondo que me apetecía resaltarlo.
Ahora sólo espero que en los próximos 10.000 días las aguas se calmen un poco, que me sigan acompañando tantas personas a las que quiero y que el número de impresentables con los que me tenga que cruzar se reduzca, que ya me tienen un poquito harta...
Y en un ratito... a gritar con unos cuantos cientos de miles...
¿Habrá este año un recuento de asistentes real? Hagan sus apuestas...
Nos vemos por las calles...
No es mi cumpleaños ni una fecha señalada pero 10.000 me parece un número tan redondo que me apetecía resaltarlo.
Ahora sólo espero que en los próximos 10.000 días las aguas se calmen un poco, que me sigan acompañando tantas personas a las que quiero y que el número de impresentables con los que me tenga que cruzar se reduzca, que ya me tienen un poquito harta...
Y en un ratito... a gritar con unos cuantos cientos de miles...
¿Habrá este año un recuento de asistentes real? Hagan sus apuestas...
Nos vemos por las calles...