Arrieritos somos...
...y en el camino nos encontraremos
Arrierita...
Acercándome peligrosamente a los treinta alucino día tras día.. Quizá por eso sigo teniendo un blog...
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    Stress
    Anoche no podía dormir. Tenía demasiadas cosas en la cabeza y el llevar casi un mes con el horario cambiado a consecuencia de la baja no ayudaba demasiado. Ayer mi madre me llamó a mediodía para pedirme que la avalara a ella y a su novio para comprarse una casa. Se me puso cara de ein? Por la noche me llamó para contarme que había cambiado de idea, que iban a buscar algo más barato para lo que no tuvieran que implicar a nadie. Hablé con mis tíos y me dijeron que mi abuelo, operado de la vejiga el viernes y a punto de ser dado de alta, había tenido complicaciones y le habían vuelto a bajar a observación para hacerle un TAC. Qué raro se me hizo escuchar ese término en la vida real y no en una serie de ficción. Me acosté a medianoche. Traté de dormir por todos los medios. Pero no pude.

    A las cuatro y media me cansé de dar vueltas en la cama. Me levanté, me di una ducha, me vestí y me preparé café. Y mientras esperaba que llegara la hora de irme a la oficina me dediqué a escribir y corregir cosas pendientes.

    Otro café en el bar que hay al lado del metro y me dirigí a mi trabajo. Allí charla con Jefe y mis Compañerillas. Algunos fontanerillos me preguntaban que qué tal mis vacaciones. ¿Vacaciones? No he estado de vacaciones. He estado casi sin poder moverme y con la manta eléctrica como una segunda piel todo el día. Mucho jaleo en el curro y también muchas risas. Ese cachondeo que nos traemos La Pija, Ricitos y yo (a falta de Supermamá, que sí esta de vacaciones) hacen que no sea tan dura la vuelta al curro.

    Salgo a desayunar. Me llama mi editor acelerado. Planes, proyectos y promesas. Quedamos en comer juntos el viernes. Mis fuerzas comienzan a decaer pese a la cafeína. Ni siquiera tengo ganas de navegar por Internet. Hablo con mi tía a la hora de la comida. Mi abuelo ya está algo mejor pero han descubierto que los riñones no le funcionan y que le tendrán que poner diálisis. Noto derrumbarse algo dentro de mí. Aunque por quien más lo siento es por mi abuela. Nadie sabe lo que ella padece con sus dolores y los dolores de su marido. Pero ella resiste con un estoicismo casi heróico.

    Llego a casa. GayArdón sigue lijando y pintando a partes iguales. La Psicóloga está intentando quitar el polvo que cubre todo el piso. Yo me preparo un café y me siento al ordenador. En un rato tengo una nueva sesión con mi fisioterapeuta. Mañana iré al hospital a ver a mi abuelo. Lo siento pero hoy ya no me quedan fuerzas.



    ...de fondo FutureSex/LoveSounds de Justin Timberlake
     
    Otoño movido
    Comienza la semana y yo sigo en casa. Hoy vuelvo al médico a pedir el alta. Si nada falla mañana volveré a la oficina, confiando en que mi puesto se trabajo siga allí y no me hayan despedido en mi ausencia, ¡glups!

    Amigo Gay lleva casi una semana lijando las paredes de su cuarto. A este paso va a atravesarlas y hacer una ventana entre su habitación y la mía. Pero no pinta. Y toda la casa parece un tramo en obras de la M-30, llena de yeso, polvo y mierda. A este paso Amigo Gay va a ser rebautizado como GayArdón

    Mi editor me ha despertado para darme la fecha definitiva de la presentación en la Fnac. Y es I-NA-MO-VI-BLE. Y yo me pongo muy triste porque una de mis niñas no podrá venir… ¡Snif! Y ahora que había conseguido que la ansiedad por mi estado de salud se redujera, comienzo con un nuevo ataque porque el día en que me enfrentaré a la horda de bollos cabreados por el final del libro (joer, nenas, que es una trilogía… aún queda esperanza) está más cerca de lo que yo pensaba. Las piernas ya empiezan a temblarme y mi estómago se ha encogido a su mínima expresión.

    Ya hace fresquito. Ya tengo que ponerme una chaqueta para salir a la calle. Me encanta el otoño. A ver qué cosas me trae este año…



    ...de fondo Arrieros somos de Chavela Vargas (¡gracias, fosfenos!)
     
    El tiro por la culata
    Imaginaos. Enero de 1993. Una Arrierita a punto de cumplir catorce añitos que ya comenzaba a poner en marcha su gaydar. Y eso que todavía no había dicho en voz alta que le gustaban más las niñas que a un tonto un chupe. Esa Arrierita adolescente iba muy a menudo a casa de sus tíos (tampoco es que tenga mucho mérito, vivían a la vuelta de la esquina). Sus tíos, pertenecientes a esa progresía hippie que se gestó durante los últimos años de dictadura y se hizo fuerte durante la transición, solían ser su apoyo moral cuando la vida cotidiana con los abuelitos se tornaba insufrible. Por no mencionar que las tardes en aquel piso estaba repletas de música, bien en forma de disco o video-clip, bien porque su tío enganchaba la guitarra y todos juntitos improvisaban una jam-session en el salón entre canutos y cerveza fresquita (esto último, se entiende, sólo lo hacían mis tíos, que mi primo y yo todavía éramos niños buenos).

    Una de esas tardes descubro a mis tíos viendo una especie de concierto llamado Peter’s Pop Show (¿?)que habían grabado unos días atrás de La 2. Entre el elenco participante (pese a que casi todos actuaban en playback) se encontraban Bon Jovi, INXS, Sisters of Mercy, Bonnie Tyler o Chris Rea. Pero los ojos de esa Arrierita treceañera se quedaron prendados en una chavala cuya música le era desconocida pero cuyo nombre le resultaba vagamente familiar, Sophie B. Hawkins (luego descubrí que me sonaba de haberlo leído en un test de, ¡alucinad! Ragazza).

    Entendedme, en aquellos momentos su actuación no me llamó la atención porque despertará mis instintos sáficos aún dormidos (¿o sí?). La tal Sophie vestía vaqueros, camiseta blanca y camisa de cuadros, es decir, el uniforme bollo reglamentario, pero su larga melena rubia y su carita de typical but alternative yankee no daban el perfil de bollo. Además, acompañándola había dos maromos, muy machos ellos, que la metían mano sutilmente al ritmo de la canción (y no tan sutilmente, que uno de ellos llegaba a meter la cabeza bajo la camiseta de la muchacha).

    Por alguna razón me quedé enganchada a esa actuación. Me la puse una y otra vez a lo largo de ese año. Recordad que Internet por aquel entonces no existía y una pipiolina de catorce añitos no tenía ni dinero ni permiso para acercarse a la capital del reino (por muy cerca que estuviese) a comprarse la cinta (porque yo todavía utilizaba cintas) de la susodicha Sophie, toda una desconocida, aún hoy, en tierras ibéricas.

    Llegaron las navidades de aquél año. Junto a mi obsesión con Sophie B. Hawkins se me había quedado pegada a la cabeza una canción, cuyo vídeo también ponía una y otra vez, titulada Constant Craving de una tal K.d. Lang que sí que era un poco más conocida aquí y de la que incluso tenía grabado un documental en el que daban un buen repaso a su carrera y su salida del armario a través de la portada de una conocida revista en la que se dejaba “afeitar” por Cindy Crawford (si es que una ya apuntaba maneras por aquel entonces). Así que una de esas tardes en las que fui con mis tíos y con mi primo al centro, recalamos en el extinto Madrid Rock (la Fnac aún no existía… ains, empiezo a darme cuenta de lo viejecita que me estoy haciendo) en busca de las cintas de estas dos muchachas. Tongues and tails de Sophie B. Hawkins e Ingenue de K.d. Lang.



    Por mucho que mis tíos se hicieran los progres tenían una vena carca (que ha ido creciendo con los años) que les impulsaba a actuar de censores haciéndose los tontos al mismo tiempo. Esa facilidad para hacerse los tontos les llevó a tener el morro de decirme años después, cuando mi primo me sacó del armario a puntapiés, que jamás se imaginaron mis tendencias (que tu sobrina de quince años te deje leer su primera novela en la que la protagonista era una adolescente bisexual y poli toxicómana con habilidad pasmosa para meterse en líos no debió resultarles una pista lo suficientemente fiable). Pero esa es otra historia.

    Una vez sabiendo que esas eran las cintas que yo quería dijeron que sólo me regalarían una pero que no me dirían cual para que así fuera una sorpresa. Juas. Habéis visto las portadas. Mis tíos NO me iban a comprar el disco de una mujer que parecía un hombre y que con toda seguridad era lesbiana. No, mejor me compraban el otro, en cuya portada salía otra mujer más femenina y con pinta de devorahombres. Y, efectivamente, así fue. El día de reyes, bajo el papel de regalo apareció la devorahombres y no la lesbiana. Lo cual da muestra de dos cosas. Una, la estrechez mental de esas personas supuestamente progres que creen más correcto tener un referente en una mujer que parece ligera de cascos que en una que parece lesbiana. Y dos, el poco conocimiento que tenían mis tíos de la lengua de Shakespeare. Sin saberlo me regalaron un disco cuya traducción literal (sin entrar en juegos de palabras) era “lenguas y rabos” en lugar de regalarme uno con el cándido titulo de “ingenuo”… Aysss…

    Aunque en cierto modo acertaron porque el de Sophie era el que más me apetecía tener. Y es que supongo que me atraía mucho más aquella rubita que la buena de K.d. Lo que mis tíos no podían saber (y yo tampoco supe hasta años después) es que Sophie B. Hawkins se define a sí misma como pansexual, que a fecha de hoy (y sin mis fuentes no fallan) lleva casi una década manteniendo una relación estable con otra mujer y que es uno de los referentes bollos más conocidos en yanquilandia, habiendo formado parte de varias ediciones del Lilith Fair Festival, un festival itinerante sólo para mujeres que recorre Estados Unidos y Canadá en el que ha compartido cartel con otras bollos y “bis” ilustres como Melissa Etheridge, Indigo Girls, Sarah MacLachlan,…

    Lo dicho. Ya con trece años mi gaydar comenzó a funcionar. Pese a dejarse meter mano por dos tíos algo en mí supo que esa mujer se movía por el mismo lado de la calle que yo…Y mis tíos no acertaron en su intento de mantenerme alejada del lado oscuro... Y ya no os doy más la brasa por hoy (jo, hacía mucho que no escribía un post largo). Pero de propina os dejo un par de vídeos de estas mujeres…

    El de Sophie... (lo siento, el que salía con los dos maromos no lo he encontrado)



    Y el de K.d. (como se nota que eran los noventa...)



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    Gracias por los ánimos de ayer. Hoy he andado de médicos y apenas he podido comentar. Mañana vuelvo al curro y trataré de ponerme al día todo lo que mis compañerillas me dejen…
     
    Impotencia
    Hoy pensaba escribir un post jocoso e irónico a ver si así me podía sacudir el mal rollo del cuerpo. Pero no puedo. No puedo porque tengo la cabeza embotada y el estómago encogido por cuestiones de las que no consigo librarme.

    Siento impotencia porque veo que se me siguen subiendo a las barbas justo cuando yo estoy llegando a las más altas cotas de misantropía conocidas por mi persona. No soporto que la gente entre en mi piso y en lugar de dialogar las normas ya existentes intenten imponer las suyas. Ni que colonizen un espacio que es mío. Aquí cada uno tiene un espacio asignado. Yo no entro en el tuyo, tú no entres en el mío.

    Siento impotencia por mis dolores de espalda que me están impidiendo seguir con mi rutina cotidiana. Sé que pasarán pero, en momentos como este, en los que mi paciencia está a punto de agotarse, no puedo evitar sentirme agobiada.

    Siento impotencia cuando veo que hay gente que piensa que por el mero hecho de publicar libros ya soy rica y famosa. Juas. Con lo que saco por mis novelas no tengo ni para pipas. ¿De verdad creéis que si me diera algo de dinero seguiría compatiendo piso? Y lo de famosa ya es para troncharse. Que mi persona sea conocida en cuatro antros de Chueca no me convierte en famosa. Además, ¿cuándo he dicho yo que quiera serlo si sólo con pensar en cualquier acto público en el que tenga que aparecer mis rodillas tiemblan cual gelatina recién salida del molde?

    Siento impotencia por otras muchas cosas que no vienen al caso ahora mismo ni me apetece contar. Siento impotencia cuando me dicen que debería ser feliz y yo no hago más que preguntarme por qué no lo soy. No soy feliz. No puedo serlo con esta angustia alojada en mi pecho.

    Sé que todo pasará. Pero qué larga se hace la espera...



    ...de fondo sigo escuchando Set the fire to the third bar de Snow Patrol feat. Martha Wainwright
     
    Unos días para recordar
    Hoy es un lunes duro. Es duro porque los dolores de cervicales me han vuelto a impedir ser una mujer responsable e ir al curro (que no a currar). No ha sido hasta mediodía cuando, anestesiada por los relajantes musculares, he podido dar dos pasos por mi piso…

    Pero también es un lunes duro porque cuando vives unos días tan inmensamente feliz como lo he sido yo, cuesta aterrizar en la realidad. O tal vez sea la sobredosis de ñoñez que mi corazoncito (poco acostumbrado a esas cosas) ha recibido durante el fin de semana la que hoy se ha unido a mis dolores para impedirme levantarme de la cama.

    Como much@s ya sabréis, gracias a la incansable campaña de Sita en su blog, mi nuevo libro se ponía a la venta el pasado viernes. Teóricamente. Yo ya sabía que entraría en el almacén de cierta librería el día anterior y sólo estaba esperando una llamadita para ir a recogerlos y mantenerlo bien guardadito hasta el sábado por la tarde, momento en que podría hacer entrega de los ejemplares a las Polinenas. Ahora bien, ¿cómo mantener alejadas a las susodichas de Chueca y, por ende, de la librería? Ay, ay, ay, Rita, que el corazón me dio un vuelco cuando vi tus comments… (y convirtió en cierta la corazonada de Lincesa cuando le dije que antes de ir a recogerlos ya se había vendido un ejemplar: “Jo, seguro que ha sido una bloguera impaciente”.)

    Pero al final todo salió bien y en un acto íntimo y privado en el salón de la casa de Gran Hermano, digo, de mi piso, pude hacer entrega de los ansiados ejemplares entre abrazos, caras de sorpresa y eufóricos saltitos de Chuchín Infernal.

    Hice una reserva para cenar con las Polinenas y con JM (puesto que El Sevillano andaba por sus tierras). Cenamos y nos fuimos de copeo al Medaigual donde nos encontramos con MariPili y su amigo Ray que portaban sendas chapitas del blog de la primera (entre risas le decía a la Lincesa que en breve me pondré en la plaza de Chueca con un cuaderno y me pondré a preguntar a toda fémina con la que me cruce si es bloguera… Empiezo a pensar que son minoría las que no tienen una doble vida). Un rato después se nos unió Rys que salía de trabajar a esas horas. Las Polinenas no dijeron nada pero no estoy segura de si no les sorprendió ver a la Arrierita tan tremendamente ñoña y cariñosa con alguien que a) no es su novia (aunque lo fuese en un tiempo ya muy pretérito) y b) tiene un novio formalísimo con el que se ha comprado un piso. Pero ahí estaba yo, primero en el Medaigual y más tarde, como no, en el Escape, abrazadita a Rys que me decía una y otra vez: “¿Seguro que estás bien? No es muy propio de ti estar tan cariñosa”.

    No apuramos la noche, no. La Lincesa había venido en viaje superflash y tenía que volverse a sus tierras prontito al día siguiente. Así que abandonamos nuestro rincón del Escape y nos fuimos hacia los búhos. En el trayecto hasta casa unos tipos intentaron ligar con nosotras (ante nuestras imperceptibles carcajadas) y al llegar a casa nos encontramos a La Psicóloga repantigada en el sofá viendo el enésimo capítulo de The L Word (lleva tooooodooooo el fin de semana enganchadíiiiiiisima a la serie) y cuando dijimos que nos íbamos a la cama me soltó un cómplice “Pásalo bien”… ¡Glups! La tía se pensó que la Lincesa y yo… pues eso… Juas juas juas

    El domingo fue raro. La Psicóloga viendo The L Word en el salón, Amigo Gay viendo Queer as Folk en su cuarto y yo en el mío grabándo dvd’s con capítulos de ambas series… De La Psicóloga y Amigo Gay ya hablaré porque… Bueno, ya veréis…

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    Releo lo anterior y me doy cuenta de que por mucho que lo intente no soy capaz de escribir un ñoñipost en condiciones. Esto desmonta la teoría de Sinfonía de que yo soy un ser ñoño… Pues no, no lo soy (o, al menos, no lo soy tanto como ella cree). No me sale. Lo siento.

    Aún así, gracias a tod@s l@s que habéis ido dejando comentarios de ánimo y de felicitación y a tod@s los que estáis comprando el libro o lo pensáis comprar. Sobra decir que estoy muy nerviosa con todo esto y que hoy estoy muy triste porque este fin de semana tan especial se ha quedado atrás…



    La calidad es del móvil de la Lincesa pero la magia de la noche no se puede describir...

    ...de fondo Set the fire to the third bar de Snow Patrol feat. Martha Wainwright
     
    Un añito...
    Hace un año, tal día como hoy, una servidora podía darse el capricho de abrirse un blog porque ya tenía, de nuevo, conexión a Internet desde casa. Al principio no se llamó Arrierita sino que, muy poco original ella, se puso como nick el diminutivo por el que todo el mundo la llama. Pero pronto una avispada amiga la bautizó con el nombre que ya conocéis (“¡¡Joer!!”, recuerdo que pensé, “¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí con lo obvio que resulta?”).

    Hace un año curraba en el mismo sitio que ahora, en mi piso estaban Er de Huerva y El chico de la Tele, mis amigos eran los que siempre lo habían sido (JM y El Sevillano, Rys, Gon…), se acababa de publicar mi segunda novela y ya estaba empezando a acumular kilos de un modo inexplicable.

    Hoy sigo currando en la misma empresa con coletilla de “Fundada en…”, en mi piso están La Psicóloga y El Sustituto de Tacita de Plata (aunque en un par de días entrará Amigo Gay, al cual le debería buscar un apodo mejor), JM y El Sevillano junto con Rys, Gon y otros muchos siguen siendo amigos míos, en un par de días se publica mi tercera novela y ya he averiguado el por qué de esa avalancha de kilos que ha recibido mi cuerpecillo.

    A simple vista pudiera parecer que nada ha cambiado en estos últimos 365 días. Sin embargo las cosas, tanto por dentro como por fuera, han cambiando sustancialmente. He seguido creciendo y madurando, he hecho cosas, algún viajecillo y una nueva paja mental en forma de libro. Aunque nunca pretendí abrir un blog para ligar (y la prueba es que sigo soltera y casi entera) he conocido a mucha gente. La mayoría muy agradable, alguna que otra niñata olvidable (uys! pero si a esa no la conocí a través del blog) pero sobre toda la gente que he conocido destacan tres tías estupendas que se han metido en mi vida y que me gustaría que se quedaran aquí por mucho tiempo.

    Para algunos un blog no es más que un hobby o un rincón de narcisismo. A otros les cambia la vida para bien o para mal. O para ambas cosas. A mí me la ha cambiado de un modo quizá no tan drástico como a otras pero sin duda muy positivo.

    Hoy la Arrierita cumple un año en la red. Y de momento no me planteo desaparecer. Aún me quedan muchos post hiper-extra-largos que escribir para que los podáis leer en diagonal. Aún me quedan muchas peripecias de mi Gran Hermano particular que contaros. Y muchas cosas que sólo algun@s podrán descubrir entre líneas…

    Que sí, que sí, que ya sé que es triste pero no pienso dejar de daros el coñazo… ;-p Pero mientras tanto podéis pasaros a comer un trocito de tarta...

    P.D.: Con La Psicóloga volví a hablar anoche…Y al final sí que me hizo la mágica preguntita de “¿Tú eres…?”. Vamos, que mis historias con muchachuelos la habían despistado… Durante un par de horas le estuve dando un breve repaso de historia gay y lésbica. Y es que la pobre anda todavía un poco verde en estas lides… juas

    P.D.2: Sita, ¿esto no te sirve como ñoñi-post? Es que es lo más cerca que puedo estar dadas mis cicunstancias...



    ...de fondo Qué caro es el tiempo de El Canto del Loco
     
    Pues va a ser que sí...
    Como dijeron en un comentario del post anterior la cosa con mi compañera de piso era blanca y en botella... Mi infalible gaydar falló pero todo tiene su lógica... Ahora veréis.

    Hoy he vuelto al curro. Y me da la sensación de que he pedido el alta con mucha ligereza porque hoy me han vuelto las nauseas, los mareos y los dolores en las cervicales. O quizá es que lo que me pone mala sea el curro. Y no creo porque hoy hasta me lo he pasado bien en la oficina hablando de nuevo con mis compañerillas.

    El caso es que he llegado a casa hecha polvo. Tras bajar a Chuchín Infernal, lejos de encerrarme en mi cuarto, me he sentado en el sofá a ver la tele justo cuando La Psicóloga iba a empezar a comer. Luego se ha sentado conmigo en el sofá y a propósito de uno de mis libros, que ya se está acabando, nos hemos puesto a hablar del tema de moda en mi casa últimamente, las relaciones. Ha empezado hablando de su primer novio cuando era adolescente pero a partir de ahí ha dejado de emplear esa palabra para sustituirla por la de pareja... Vamos, que ya sabemos tod@s cuándo y por qué se utiliza esa palabra.

    Hemos hablado de Chueca, del anonimato de las grandes ciudades, de sexo, de mis experiencias con los tíos (sí, también he tenido de esas) y de las suyas. De lo mucho que molesta enrrollarse con un tío y que te deje la cara hecha un cristo por la barba. "Eso es lo bueno que tienen las chicas, que ellas no pinchan", ha sentenciado con una sonrisa cómplice. Y yo, por supuesto, le he dado la razón.

    Hemos seguido hablando. Pese a que todo estaba bastante clarito (incluyendo un comentario bastante obvio sobre la nena que se paseaba el sábado en braguitas por el pasillo) los pronombres iban cambiando de género alternativamente o se susurraban... Aysss...

    Luego me he puesto a pensar en que yo siempre defiendo que ya va siendo hora de no tener que hacer "la escena de la confesión" a la hora de hablar de las preferencias sexuales de un@. O lo que es lo mismo, ninguna de las dos hemos tenido que pronunciar las palabras mágicas de "soy..." pero anda que no hemos tanteado el terreno hasta conseguir hablar al menos ambiguamente. Pero veo que sigue costando (y ya hablo en general) hablar con claridad. Ya no se dice lo de "oye, mira es que yo soy..." pero tampoco se utiliza un género concreto para hablar de las personas con las que has estado. Me resulta raro. Presumimos de mente abierta y luego nos cuesta decir "es que mi novia y yo" incluso con alguien de quien ya sabemos que está en el mismo lado de la calle que nosotr@s.

    Así que sí, querid@s lector@s de este Gran Hermano Bloguero, La Psicóloga entiende, aunque he notado que su bisexualidad se decanta más hacia el lado hetero que hacía la repostería fina, de ahí que mi gaydar fallara... Al menos espero que me presente a alguna nena monina, que ya va siendo hora de que mi abstinencia sexual acabe, ¿no?

    Proximamente en sus monitores el siguiente capítulo...



    ...de fondo Is it any wonder? de Keane
     
    Y yo sigo flipando...
    La noche del miércoles, antes del “momento Silkepil”, escuché cómo La Psicóloga y El Sustituto de Tacita de Plata hablaban de relaciones. Y claro, si su volumen era exageradamente alto para las horas que eran y una no tiene nada de sorda, sobra decir que me enteré de todo. Ella hablaba de tíos y él de tías. Todo muy normal. Ya dije en su momento que a mí no me parecía que entendiera.

    El caso es que al día siguiente, cuando volví de mi interminable día de médicos, La Psicóloga estaba en casa con una amiga a la cual me presentó. En cuanto posé mi mirada en ella mi gaydar entró en código rojo, con sirenas y todo. Como yo volví a irme no le presté la mayor atención. Al volver un rato después me metí en mi cuarto a hacer unas cosas y ellas salieron poco después del cuarto de La Psicóloga y se fueron, supongo que porque tenían pensado salir, aprovechando que era jueves y La Psicóloga no está trabajando ahora.

    Al día siguiente estaban de nuevo juntitas sin salir del cuarto y yo ya alzaba la ceja sumamente extrañada. A ver si va a ser que la niña hace a la carne y al pescado (vamos, como si a mí me importara lo que ella haga). Pero, sin duda, mi cara de perplejidad aumentó pasmosamente durante el sábado. Hacia mediodía yo estaba, para variar, encadenada al ordenador y ellas haciendo la comida en la cocina. En un momento dado, fui a la cocina a por una botella de Aquarius que había dejado a enfriar en el congelador. Su reacción ante mi repentina presencia fue la misma que si viendo una película le hubiera dado a la tecla de pausa. La amiga se estaba acercando a La Psicóloga como si fuera a hacerla una carantoña y al verme aparecer se quedó congelada a medio camino y con cara de “¡oops, casi me pilla!”. Yo cogí la botella y me fui por donde había venido como si tal cosa. Eso sí, sonriéndome para mis adentros.

    A media tarde, cuando ya me había duchado y todo el mundo andaba en sus cuartos, estaba frente al espejo de la entrada quitándome los pelillos de las cejas. Y ese fue el momento en que veo a través del espejo cómo se abre la puerta del cuarto de La Psicóloga y sale de él la amiga… en braguitas y camiseta. La otra le dice que cierre la puerta. Ella, que ya estaba a medio pasillo, vuelve sobre sus pasos y la cierra. Luego, pegando saltitos pasó junto a mí con una sonrisa vergonzosa, fue hasta la cocina, cogió algo y volvió sobre sus pasos…

    Mi cara, reflejada en el espejo, era la viva imagen del estupor y el cachondeo. Incluso tuve que dejar las cejas para irme a mi cuarto a reírme a gusto.

    Y digo yo… La Psicóloga sabe que salgo por Chueca. Sabe qué tipo de libros publico y, de hecho, los está leyendo. Ha podido ver los carteles del Festival de Cine Gay que hay en el pasillo. Ha entrado en mi cuarto donde tengo un poster de dos chicas besándose y un, desfasado ya, cartel de IU pidiendo el matrimonio gay con otra bonita foto de una pareja de chicas… ¿Cuál es la pieza que no le encaja? ¿Por qué se cortan? ¿Se piensa La Psicóloga que si me dice que entiende me voy a colgar de ella (amos, solo me faltaba eso)?

    Juro por mi Chuchín Infernal que cada día entiendo menos a la gente.

    P.D.: Hoy he llegado a casa a las diez y pico de la mañana. La resaca ha convertido este domingo en un día interminable justo cuando empieza una nueva semana en la que tengo que volver a currar. Además, llevo varios días dándole vueltas y he decidido que en unos meses me largo de este piso. Ya no aguanto más. Creo que mi cabeza va a explotar. Lo más raro de todo es que tengo ganas de ir al trabajo… Está claro, estoy enfermando…



    ...de fondo Knock'em out de Lily Allen
     
    Bajas, ginecólogas y una silkepil intempestiva
    Las vacaciones forzosas se acaban. Por un lado me alegro porque estaba harta de no hacer nada pero por otro… ¡vaya fastidio! ¡ahora que me había acostumbrado a no hacer nada!

    El caso es que hoy tenía el día de médicos. Por un lado bien por aquello de ir acostumbrándome a levantarme a horas razonables pero por otro… claro, no podía dormir. Y mis compañerillos hablando en el salón no me lo ponían muy fácil. La una y media y los dos raja que te raja y yo enterándome de la conversación con claridad absoluta. ¿Qué hacer cuándo el enemigo te supera en número? Pues únete a él. Así que salí a tomarme un tazón de cereales que, además, me había entrado un poco de gusa.

    Estuve un rato con ellos hablando. La Psicóloga fue la primera en abandonarnos. Al rato, El sustituto de Tacita de Plata y yo escuchamos un ruido proveniente del final del pasillo. Rápidamente identifico el ruido como el sonido de la Silkepil que el otro día ya vi que ella tenía. Él, que duerme justo en la habitación de al lado, se fue a dormir. Yo hice lo mismo poco después. Y ella seguía con el infernal ruidito amplificado por el sepulcral silencio de esas horas de la noche. Aguanté veinte minutos totalmente alucinada de la poca consideración que puede tener una persona con los demás. Mi compañero, lejos de decirle nada, se levantó y volvió al salón a ver la tele. De pronto el sonido cesó. Respiré hondo y apagué la luz. Pero el ruido volvió a comenzar y mi perplejidad alcanzó límites pasmosos. Y ahí ya fue ruido-silencio-ruido-silencio-ruido-silencio-ruido… Las tres y media de la mañana y ella como si fueran las cinco de la tarde. Ya no pude más. Me levanté blasfemando. Recorrí el pasillo tratando de calmar mi furia. Piqué en su puerta. El ruido volvió a cesar. “¿Sí?”, preguntó con voz cándida. “¿No puedes dejar eso para mañana, por favor?”, le dije en tono inocente tratando de para la otra frase que se me subía por la garganta a borbotones (“¡Quieres hacer el puto favor de dejar de hacer ruido que son las tres y media de la mañana y hay gente que quiere dormir!”). “¡Ay, sí, perdona!”, dijo de nuevo con voz cándida, como si no se hubiera percatado del pequeño detalle de que a altas horas de la madrugada la gente suele dormir.



    Me volví a la cama completamente alterada y me costó un triunfo dormirme porque el ruidito de marras se me había metido en la cabeza. Y, claro, esta mañana me ha costado un triunfo levantarme. Y la verdad es que me lo podía haber ahorrado porque el día me ha dejado completamente agotada.

    La primera consulta era con la ginecóloga para la revisión anual. Porque te meten en la cabeza que la mujer adulta tiene que ir al dichoso ginecólogo una vez al año y tú vas y te lo tomas en serio. Y cuando la ginecóloga (una que no es la mía y que no sé qué demonios hacía allí) te dice que para qué vienes si estás bien, se te llevan los demonios. Y al final te cita para una ecografía para que te quedes tranquilita. He vuelto a la calle para tomar algo hasta la siguiente consulta al borde de la crisis nerviosa por la falta de sueño, por la negligencia sanitaria, por la seria conversación con mi compañera que pensaba mantener en cuanto pusiera el pie en casa para dejar ciertas cosas claritas y evitar futuros malentendidos, por la ansiedad que aumenta con cada nuevo compañero o compañera que entra en esta casa y las infinitas ganas que tengo de vivir sola… He llamado a JM pero no estaba así que me he pasado veinte minutos soltándole todo eso y más al Sevillano que a veces tiene más paciencia que un santo…

    Después consulta con el traumatólogo (y yo todo el rato cargando con las enormes radiografía de mi columna) para que me diga que me siga dando masajes (costeados por mi bolsillo, por supuesto) y que me ha dado una bonita tabla de ejercicios de rehabilitación. Tras la sesión médica, visita a mi ETT para hablar del tema de mi baja (y mejor no comento nada porque se me llevarían los demonios, los diablos, las brujas, los trolls… y, vamos, que no es plan).

    A esas alturas, la Arrierita sin comer y hasta el moño del mundo, vuelvo a casa para sacar a mi pobre Chuchín Infernal. La Psicóloga me recibe diciendo que ha hecho cous-cous (o como se escriba) y que le ha echado a Chuchín lo que ha sobrado. Juas, así ha salido el perro disparado de mi cuarto hacia la cocina. Me asomo por allí y veo que, lejos de haberle echado las sobras en su escudilla, había puesto uno de nuestros platos, en el cual Chuchín estaba metiendo el hocico más feliz que una perdiz ante semejante festín. ¡Fli-po! (como diría una que yo me sé…) Mírala ella, la maniática de la limpieza…

    Esta noche comienza Gran Hermano 8 y no estoy dispuesta a engancharme. ¿Para qué? Yo sí que lo vivo en directo…

    … de fondo Something’s always wrong de Toad the Wet Sprocket (gran canción que es una de mis favoritas desde los catorce años).
     
    Y yo que pensaba que esto ya no pasaba...
    Como aún no es seguro que Amigo Gay entre en el piso para el día 15 yo sigo con el casting compañeril (¿creéis que podría convencer para que Gran Hermano se rodase en mi casa?).

    Hoy han venido varios a ver el piso, todos chicos, y la verdad es que bastante majetes. Pero el que mejor me ha caído es justamente el que no se puede quedar.

    Al susodicho le ha gustado el piso, le he caido bien, trabaja a diez minutos de aquí, el precio le parece de lo más razonable que ha visto y además, le encanta Chuchín Infernal. Pero...

    ...al enterarse que lo compartiría con dos chicas más ha puesto cara de circunstancias y me ha dicho (tal cual, lo juro): Es que mi novia no me va a dejar vivir con dos chicas...

    ¡Glups!

    El caso es que me ha dicho que lo hablaría con ella y que más tarde me mandaría un sms para decirme si podía contar con él. Y, efectivamente, me lo ha mandado: Lo siento pero no puedo ir a vivir allí sin discutir con mi novia...

    Conclusión: El mundo está lleno de inseguras y de calzonazos... Porque vamos, lo último que se me ocurriría a mí es liarme con alguien que vive conmigo, fuese tío o tía... Que bastantes problemas me dan sin tener que pasar por la cama...



    ...de fondo Fueron los celos de La Unión
     
    Conviviendo
    Pese a llevar más de ocho años compartiendo piso aún hoy no dejo de sorprenderme ante las reacciones de los nuevos inquilinos una vez ha comenzado la convivencia…

    Y es que cuánto daño ha hecho Friends a las jóvenes mentes que pueblan nuestro país. Muchos jovenzuelos han llegado a creer de verdad que compartir piso puede ser taaaaan divertido como en la serie (bueno, a veces lo es, no sólo por la gente implicada sino por las surrealistas situaciones que pueden llegar a darse). Inocentemente quieren prolongar los esquemas que llevan toda la vida viviendo en casa de sus papis. Imaginaos mi ceja izquierda cuando empiezan a contarme sus planes de preparar comidas de puchero para todos los habitantes del piso… Angelitos míos, ¿acaso no se dan cuenta de que una vez has salido del nido tus horarios empiezan a ser un tanto, digamos, caóticos? Por no mencionar el hecho de que resulta harto improbable que todos los habitantes del piso coincidan a las mismas horas para desayunar, comer y cenar. O de que como a alguien se le ocurra plantarme delante un plato de lentejas puede acabar con él de sombrero…

    Otro cantar es el tema de la limpieza. Con un cambio de compañeros cada tres o cuatro meses el concepto “limpieza general” acaba cayendo en desuso. Básicamente porque yo ya me he negado a ser la chacha de nadie y estoy harta de limpiar a fondo la casa para que los que vienen detrás se lo pasen por el forro de los cataplines. Hay turnos de limpieza y se llevan a cabo con el mero objetivo de que no nos coma la mierda. Salvo casos especiales (descongelación y limpieza del frigorífico, por ejemplo) eso que hacían nuestras madres de poner la casa patas arriba tres o cuatro veces al año para limpiar hasta el último rincón no se suele ver en un piso compartido. Hoy por hoy me conformo con que no haya platos sucios en el fregadero y con que me pueda sentar en el WC o meterme en la ducha sin una mueca de asco y temor. Y no porque yo sea poco limpia (forma eufemística de la palabra guarra de toda la vida), cosa que algun@s tiquismiquis con los que he convivido me han llegado a decir (por ejemplo, Tacita de Plata, esa entrañable ladronzuela que dejaba su mierda en el váter y luego se quejaba del pobre Chuchín Infernal). En lo que estos elementos no caen es que si la casa fuera mía (o en su defecto, que yo viviera sola) el piso sería un prodigio de limpieza porque a maniática, limpia y ordenada no me gana nadie. Pero las circunstancias te obligan a hacer la vista gorda en ocasiones. Y es que, como ya he dicho, estoy hasta el chichi de limpiarle la mierda a los demás.

    Ahora tengo a La Psicóloga y su amigo gay arreglando y pintando las paredes de la habitación de la primera. Lo cual me parece perfecto ya que me exime de hacerlo a mí, qué queréis que os diga. Porque otra cuestión es el estado del piso que, antaño reformado, el paso del tiempo y de los innumerables entes que han pasado por él ha ido deteriorando. Vamos, tampoco os penséis que es inhabitable. Lo que pasa es que algunas cosas ya van fallando o faltando: una manita de pintura por aquí, un tornillito por allá… Esas típicas cosas que yo haría si fuera mi casa (o viviera sola, repito) pero que no pienso hacer mientras tenga que compartir este lugar con gente que me dura menos de lo que me duraban las novias…

    Y claro, a veces ocurre que yo me llevo las culpas porque soy la que más tiempo llevo aquí y me consideran la responsable de todo lo malo (y mira que, pese a todo, cada vez que entra alguien nuevo, limpio para que la cosa se equilibre). Leñe, que yo no tengo la culpa de nada, que yo solo quiero vivir tranquila y que los demás asuman su parte de responsabilidad dentro del piso tal y como yo asumo la mía...!!!!

    Eso sí, no veáis como disfrutan l@s jodi@s con eso de tener incluido en el precio el video-club, la biblioteca y las discoteca… Ainsss…



    ...de fondo Nada que perder de Pignoise
     
    ¿Realmente importa?
    Hace un año, cuando Er de Huerva se mudó a mi piso y al cabo de quince días me confesó que era gay (cosa que yo ya sospechaba), al contárselo a mis compañeras de curro me preguntaron que si es que yo los elegía adrede o es que ahora era una plaga lo de encontrar gays por todas partes. Animalitas… Mi respuesta os la podéis imaginar así que no me extenderé explicándola, que ya me cansa decir siempre lo mismo.

    Hace años sí que solía especificar en los anuncios que ponía buscando compañero o compañera de piso eso de “preferiblemente gay o lesbiana”. Incluso ponía el anuncio en los tablones de colectivos o librerías por Chueca. Luego me pareció absurdo y en contra de mis propias ideas lo de limitarme a cierto sector de la sexualidad, así que dejé de especificar para encontrarme que grillados hay en todas partes y no sólo entre maricas y bollos.

    El viernes se fue La Punkarrilla y el próximo día 15 se irá El sustituto de Tacita de Plata (que es hetero y raro de cojones, todo hay que decirlo). Y, por primera vez en mucho tiempo, me ha costado muy poquito encontrar a gente que ocupe sus habitaciones. A mediados de agosto vino a ver el piso una chiquita que me pareció bastante maja. Además, decía que tenía un amigo que podía estar interesado en la otra habitación para las fechas en que se quedaba disponible. Dejé pasar unos días por aquello de ver a más gente pero tenía clara mi decisión, así que la llamé. La chica volvió a venir acompañada de su amigo. A él le gustó la habitación y dijo que le interesaba mucho. Además, dijeron, querían vivir juntos desde hacía tiempo. Ante esto no pude evitar preguntar si eran pareja. Ambos se miraron y se echaron a reír con complicidad. Sí, esa complicidad que tan familiar me resulta. Y respondieron que no, no eran pareja. Sólo buenos amigos. Yo alcé mi ceja Sobera y me dije “cuate, aquí hay tomate”. Que una ya tiene una edad…

    Volvieron a venir otra vez para hablar acerca de las condiciones del piso un poco más fondo. Lo cual me gustó porque nunca había hablado tanto con un futurible compañero antes de que se mudase. Creo que de ese modo ya no es tan violento comenzar a convivir.

    El viernes mientras La Punkarrilla sacaba sus últimas cosas, la nueva (de aquí en adelante La Psicóloga) traía las suyas. Se pasaron el testigo en forma de llaves y yo le devolví la fianza a la Punkarrilla (porque salvo causa de robo y fuerza mayor, yo siempre devuelvo las fianzas). Cuando la Psicóloga acabó de colocar sus cosas y yo de explicarle así por encima cuales eran sus estantes en la cocina y dónde estaba todo, se sentó en el salón y encendió la tele. Y yo, ejerciendo de casera sociable, me senté con ella para charlar un poco. Lo primero que me dijo es si me iba de marcha. Le expliqué que no, que tal y como tengo la espalda no estaba en condiciones. Y la obligada pregunta posterior fue: “¿Y tú por dónde sueles salir?”. Y mi obvia respuesta: “Por Chueca”. ¿Adivináis su subsiguiente respuesta? Sí, ella también sale por Chueca. Con el que también será mi compañero en quince días y con un amplio grupito de chicos. Empezó a mencionar locales como el Medaigual, Gris, Long Play, Ohm… Y según yo me iba soltando, ella lo hacía también, supongo que porque, pese a todo, estaba intentando averiguar si yo entendía o no. A mí ella no me da que entienda. Hablaba de sus amigos como un grupo muy heterogéneo, que aparte de salir por Chueca también lo hacían por Malasaña. Pero estoy casi segura de que mi futuro compañero sí que entiende.

    Y os preguntáreis, ¿es eso importante? Obviamente no. A priori. Compartir una misma orientación sexual no implica, por fuerza, mayor afinidad que con el vecino del cuarto. Pero sí que es cierto que siempre se crea cierta complicidad y tranquilidad al saber al otro de tu mismo equipo. A mí, a día de hoy, me importa poco con quién se acuesten las personas que comparten el piso conmigo pero también sé que a veces se hace más llevadero no tener que andar dando explicaciones innecesarias acerca de lo que te gusta (porque la gente hoy en día puede ser muy liberal pero siempre hay que aclararles cosas y derribarles falsos mitos acerca del “mundo gay”).

    Sé que aún es pronto para decirlo pero ambos me dan buen rollo. No les veo el tipo de personas que me puedan crear problemas. Y es que a mí no me importa cambiar de compañeros siempre y cuando los cambios sean pacíficos y los que entren sean tan buena gente como los que se marchen.

    Ya os iré contando…



    ...de fondo One way or another de Blondie