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    No entiendo
    Creo que voy a ser la única que no haga crónica de la noche del viernes. Y no porque no me gustara el concierto de Marlango (que me gustó) o porque no me gustara la Watling (¡esos tirantes!) o porque no me encantara conocer a más blogueras… Nada de eso. Pero como ya ha habido por ahí suficientes crónicas de las otras sospechosas implicadas me apetece escribir sobre otra cosa. Y en esta ocasión no se trata de algo agradable.

    Veréis, el concierto fue en el patio central del Conde Duque. Al salir, mientras decidíamos dónde ir (juas, si era obvio que íbamos a acabar en el parque temático) fuimos atravesando Malasaña hasta llegar a Fuencarral y, a partir de ahí, hacia Chueca. Las siete que éramos caminábamos tranquilamente calle abajo cuando, casi a la altura del Mercado, mi mirada se clavó en dos sujetos que venían en dirección contraria a nosotras. Dos skins. Con toda su parafernalia de Doc Martens con cordones blancos, cruces gamadas y demás simbología fascista. Se lo comenté a quienes iban a mi lado, Sita y Sinfonía, preguntándome en voz alta qué coño harían esos dos tan cerca de la zona gay y tan lejos de la suya.

    Ver a estos individuos, pese a que es algo que no me ocurre muy a menudo, consigue que se me ponga muy mal cuerpo. No lo puedo evitar. Es una mezcla de temor, asco y lástima lo que me inspiran. No es que pensara que esos dos fuesen a montarla. Todos sabemos que a menos que vayan en manada no se atreven a hacer nada. Pero me pusieron mal cuerpo. Porque hace que me haga muchas preguntas, que me cabree con la situación de ciertas cosas, que me siga dando cuenta de que no vivimos en el país de las maravillas por mucho que algunos se empeñen en decirnos que sí. De todas formas ese encontronazo no hubiera pasado de ser una mera anécdota si al día siguiente no hubiera vuelto a tener otro encontronazo. Pero no con dos aislados sino con la manada al completo.

    El sábado por la tarde había quedado con Rys aprovechando que en el trabajo tenía un rato entre turno y turno. Rys trabaja por la zona del Bernabeu, así que nos fuimos al Vips del Paseo de la Habana donde pasamos un par de horas poniéndonos al día. Cuando llegó el momento en que ella tenía que volver al trabajo y yo volverme a casa porque no tenía el cuerpo para muchas fiestas, me dijo que me acompañaba al metro. Nos fumamos un par de cigarros junto a la boca de la estación mientras nos despedíamos. Ya estaba a punto de irme cuando divisé en el paso de cebra cercano a un nutrido grupo de chavales. Ninguno cumplía los dieciocho. De hecho no creo que ni llegaran a los diecisiete. La ropa de la mayoría era totalmente normal, sin rasgos distintivos de nada. Camisetas y vaqueros. Las pocas chicas del grupo iban muy arregladas, con falditas cortas y mucho maquillaje. Pero entre toda esa aparente normalidad destacaban varios chavales de inequívoca estética skin. Más cabezas rapadas, más esvásticas, más cruces gamadas, litronas en las manos, signos visibles de que la borrachera llevaba fraguándose toda la tarde, más escalofríos que me recorren. Rys y yo nos miramos y yo le digo que esperaré un poco porque no me apetece cruzármelos en el andén ni en el vagón. Y espero unos minutos pensando en qué habría pasado si me hubiera despedido de Rys justo cuando ellos iban a entrar al metro. Porque, pese a que hace años que ella y yo no estamos juntas, solemos saludarnos y despedirnos con un beso en los labios.

    Cuando creí que había pasado un tiempo prudencial nos despedimos al fin y yo me metí en la estación. Pero el tiempo no había sido suficiente porque al llegar al andén allí estaba toda la manada gritando y haciéndose notar, consiguiendo que el resto de viajeros se situase lo más lejos posible de ellos. Yo hice lo mismo. Me fui hacia el final del andén y cuando llegó el tren me monté tranquilamente sabiendo que no estaban cerca.

    La casualidad quiso que cuando yo me bajé en Alonso Martínez para hacer el trasbordo también lo hicieran ellos. Caminé hasta la salida del andén con normalidad. Llevaba el mp3 puesto así que no me enteraba de nada. Pero al ir llegando a la escalera mecánica vi cómo la gente se apartaba temerosa de ese grupito de skins, casuals y chelseas. Bajé el volumen pero sólo escuché murmullos. Vi a una de las chicas hacerle un placaje con el cuerpo al que debía ser el cabecilla del grupo, un bigardo de metro ochenta y cinco y cara de mala hostia, mientras le decía “para, para”. Comencé a subir por la escalera mecánica dejándoles a mi espalda. Unas chicas pasaron por mi lado con urgencia mientras una de ellas, apurada, les decía a las demás “subid, subid”. Dos señores de mediana edad iban comentando indignados la actitud de los chavales. Vi que un chavalito negro bajaba las escaleras por el otro lado y temí que pudieran tomarla con él. Agucé el oído pero no escuché nada. Me fui al andén de mi línea y llegué a casa.

    Me sentía contrariada, indignada, cabreada y muy, muy impotente. Incapaz de comprender a esos padres que se desentienden de sus hijos y suplen la educación con dinero. Sintiendo lástima por esos otros padres que viven atemorizados por sus propios hijos adolescentes. No entendiendo cómo la gente se sigue dejando llevar hoy en día por la ignorancia. Preguntándome cuántos de esos chavales saben realmente lo que implican los símbolos que lucen con tanto orgullo.

    Y navegando por Internet esa tarde me entero de que la plataforma HazteOír quiere denunciar a la marcha del Orgullo Gay por considerarla una campaña de ofensas y calumnias, discriminatoria y heterófoba. Y que también llaman al boicot a las marcas patrocinadoras del evento (entre ellas el Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid). Incluyen una bonita galería de fotos con las pancartas que se sacaron el pasado día 1 con la advertencia de que “algunas imágenes pueden herir la sensibilidad” (todas eran de pancartas, vamos, que no es que hubiera una drag queen en pelotas).

    Y para colmo, este ha sido el fin de semana de la visita del papa Ratzinger a Valencia para recordarnos que el matrimonio es algo que sólo puede darse entre un hombre y una mujer. Ese papa que militó en las juventudes hitlerianas, ese estandarte de una institución que fomenta la extensión de la epidemia del sida en los países del tercer mundo llegando a decir que el condón es una de las vías de transmisión. Vivir para ver. Ver para creer.

    Me jode la doble moral. Me jode tener que vivir en una sociedad con individuos que ejercen su libertad de expresión a costa de vulnerar la de los demás. Me jode que tengan el descaro de enarbolar esa libertad de expresión cuando todos sabemos que si viviéramos bajo sus normas ese concepto no podría ni mencionarse en voz alta.

    Todos discriminamos aunque no queramos. Yo también lo hago. Pero si llamo enfermo a elementos como Aquilino Polaino es porque me lo ha llamado antes él a mí. Si critico a Ana Botella es porque ella me sigue considerando una ciudadana de segunda. Si reniego de la iglesia católica es porque ella ha renegado de mí. Y digo en voz muy alta que no me gusta esta gente, que no la entiendo ni quiero hacer esfuerzos para entenderla y afirmo, sin lugar a dudas, que el mundo sería un lugar mucho mejor sin ellos.

    Todos somos intolerantes con algo. Todos tenemos prejuicios. Esos son los míos.



    …de fondo Nothing in my way de Keane
     
    Comentario:
    Pues toma la posición del pasotismo.
    Es tan simple como quedarte con tus cosas e intentar llevar de la mejor manera la de los demás.
    Es dificil admitir ( por lo menos para mi) que personas como estas ( todas aquellas a las que nombras )compartan tu mundo y tu vida pero, lamentablemente, no nos queda otra.
    Con lo que te gustan a tí las camisetas deberías haber visto más de un eslogan de los que ponián en las camisetas los "papistas" de Valencia. Algunas demenciales de verdad.
    Un besote mi niña.
     
    Comentario:
    siempre he pensado que detrás de esas botas y de esas cabezas rapadas no hay más que un terrible complejo de inferioridad.....
     
    Comentario:
    Totalmente de acuerdo contigo. Pero en todos lados hay tarados. Gracias al cielo aquí en Tenerife los skins no están tan organizados.
     
    Comentario:
    La primera vez que ví skins en mi vida fue en Nuremberg. No es que en el país Vasco no haya skins (que los hay) pero los fascistas que abundan son de otro tipo. Me impactó muchísimo. Allí estaban, en las gradas donde el Fürher lanzaba sus discursos, con la mano derecha levantada y la vista perdida en las campas de Nuremberg.

    Me asustan las personas que hacen del odio una filosofía...

    Yo, al igual que tú, también soy intransigent con la intolerancia.

    Un saludo

     
    Comentario:
    Acojonan los muy cabrones... de hecho se nos puso a todas el cuerpo tieso... que cabrones!

    En fin... nenaaaaa, deja de postear que al final pasa lo que pasa ;-)
    Besazos
     
    Comentario:
    Yo no puedo evitar ponerme muy nerviosa al ver a este tipo de individuos, que por suerte en Barcelona son los menos, pero me acojonan bastante, aunque nunca me hayan hecho ni dicho nada a mi ni a mi chica, ni a ningun@ de mis amig@s bollos y gays.
     
    Comentario:
    Lo que más me jode no es que su inseguridad les exija sembrar el miedo sino que sus agresiones queden impunes.
     
    Comentario:
    Si es que esto con Franco, no pasaba... suerte que ahora no pasa Franco...
    Un beso enorme...
     
    Comentario:
    Me da miedo que nos peguen los skins y más miedo aún que los ratzinger del mundo "se hagan oir" y se impongan. Me da asco y mala gana tener miedo, pero lo tengo
     
    Comentario:
    toda la razón del mundo. Suscribo tus palabras al 100%.

    una curiosidad al margen: ¿de qué países cicutarsenica?

     
    Comentario:
    ante esto q cuentas, solo me sale decir : "puagggggg", ojalá las autoridades hagan algo para frenar esta lacra disfrazada de ideales...

    besos y, ya sabes, al tajo ;-)
     
    Comentario:
    ante esto q cuentas, solo me sale decir : "puagggggg", ojalá las autoridades hagan algo para frenar esta lacra disfrazada de ideales...

    besos y, ya sabes, al tajo ;-)
     
    Comentario:
    ante esto q cuentas, solo me sale decir : "puagggggg", ojalá las autoridades hagan algo para frenar esta lacra disfrazada de ideales...

    besos y, ya sabes, al tajo ;-)
     
    Comentario:
    A mí me indignan profundamente todas estas cosas que has descrito en tu post. Yo no puedo evitar que se me ponga mal cuerpo cuando veo a este tipo de personas, o cuando voy con unas amigas que tengo que son pareja y algún gilipollas se ríe o se pega a ellas para rozarlas en plan machito y que sus amigos les rían la gracia. No se me pone mal cuerpo porque teman que nos vayan a hacer nada, sino por eso mismo que dices tú: qué clase de educación se les ha dado?? Qué es lo que piensan? Cuáles son sus ideas? Qué les van a enseñar a sus hijos?

    Es una mierda. Ojalá las cosas fueran de otra manera y pudiéramos decir a boca llena que vivimos en ese mundo de mariposas, arcoiris, plastilina. No por los gays, sino por todos. Porque no entiendo cómo la gente puede no respetar a los demás. Todos somos intolerantes. Pero hay una diferencia entre no ser tolerante con algo y hacerle un acoso y derribo porque sí, porque te apetece, porque te da la gana. Es como si le reventaras la boca a cada persona que no te cae bien a lo largo del día.

    Un beso y fantástico post.
     
    Comentario:
    ¡Gracias a Dios que en mi país no existen!. Lo único malo que allá te puede pasar en la calle es que algún ratero te robe, nada más, y si lo hace es porque tiene hambre y no encontró trabajo, no por que sienta odio hacia tí por lo que eres o representas.
     
    Comentario:
    Muy bueno el post.

    Conozco esa sensación de miedo, de impotencia, de asco y de amargura cuando me cruzo con ellos. Y la sensación mas grande es la de pena.

    Educar, educar y educar. Es la unica vía (y ver un poquito de mundo no les vendria mal)

    Saludis
    No