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    Soy rara
    Ayer, con toda la cháchara que solté con el tema de la Macarrona y la novia (que sí, que vale, que yo también me voy a pedir una así para Reyes…) se me olvidó contar una cosilla que me pasó en el curro. Y es que El Orondo Señor del Taller vuelve a hablarme. No me preguntéis por qué, ni yo misma lo entiendo pero el caso es que no sólo vuelve a dirigirme la palabra pese a mi desviación sexual (cotilleo del año, por no decir de la década, en este tradicional y arcaico centro de trabajo) sino que además ahora resulta que soy supermaja y supertodo. Veréis, la cosa fue tal que así.

    Una de mis tareas es imprimir órdenes de trabajo. Y, creedme, en este sitio se imprimen muuuuuuuuchas órdenes de trabajo (una media de unas 400 a 500 diarias). Yo las imprimo, las preparo, se las subo al Jefe, los chicos se las llevan, las hacen, se las devuelven al Jefe y luego el Jefe nos las devuelve a nosotras para que las codifiquemos, las facturemos y las dejemos sobre una mesa apilándolas en montones de alturas peligrosas hasta que al Puto Almacenero le salga de los albaricoques taladrarlas, meterlas en sus correspondientes carpetas y subirlas al archivo.

    El caso es que ayer, por fin, el buen hombre se puso manos a la obra. Paralelamente, yo estaba enfrascada en la noble tarea de sacar unas ochocientas órdenes. De repente, se acabó el papel en la oficina. En otras ocasiones mis compañeras me han dicho que le pida al Orondo Señor del Taller que me baje algunas cajas de folios. Sin embargo, yo soy de la opinión de que nadie ME tiene que hacer nada cuando puedo hacerlo yo. Es decir, de momento ni soy manca ni inválida así que bajar una caja de folios no me supone ningún trauma ni dilema moral. Y me da igual que Puto Almacenero sea hombre (o mejor dicho, sí, ¿es que porque él sea hombre y yo mujer se supone que yo voy a ser menos capaz de bajar una puta cajita?), siempre he mantenido la postura de que cuando necesito algo, lo hago o lo cojo y si necesito ayuda la pido sin importarme de que la persona a quien se la pido sea hombre o mujer. Pero mis compañeras parecen no entenderlo. Puto Almacenero es muy machista, bien es cierto, pero estas niñas no le dejan atrás, aunque lo disfracen de falso feminismo quejándose de la discriminación que sufren. La mayor parte del tiempo, aunque sea en coña, se lo pasan enzarzadas con Puto Almacenero en comentarios, chistes y bromas varias pertenecientes a una guerra de sexos que, mal acostumbrada como estoy a mi entorno, yo ya creía en desuso. Y luego voy yo y les casco todos sus esquemas. Porque claro, no son capaces de entender que yo prefiera subir por mí misma a por la caja en cuestión en vez de pedirle al macho dominante que me la baje.

    Por el contrario, a Puto Almacenero este detalle le pareció encantador y se ha pasado cinco minutitos largos loando mis virtudes, mi independencia y mi decisión, aunque fuera dentro del tono de broma que estábamos manteniendo. No es la primera vez que lo hace (porque no es la primera vez que subo a por papel arriba) pero desde que ayer me rebozó los oídos ha abandonado su actitud de mutismo total para conmigo y vuelve a incluirme en las conversaciones. A pesar de mi perversión, que no creo que se le haya olvidado, claro.

    Con semejantes antecedentes no ha sido de extrañar que hoy a última hora, en medio de la sarta de chorradas propias del viernes, comenzaran a decirme que es que yo soy muy rara, que siempre les llevo la contraria, que utilizo palabras muy extrañas para expresarme y que tengo unas costumbres de lo más excéntricas (por supuesto, ellas no han empleado esa palabra, pero era la que subyacía bajo su discurso). En lo tocante a mis costumbres no sé si se referían a mis hábitos sexuales (hoy por hoy, más bien inexistentes) o a que en vez de leer el ¡Qué me dices! y el Woman compro Rolling Stone y El Jueves (“¿Y qué es eso? ¿Un cómic”, me preguntó La Pija la primera vez que me vio con él en la mano. Sí, hija, sí, un cómic…).

    A veces alucino con la poca apertura de miras de la gente. Mis compañeras son majas y yo no es que me crea una mujer de mundo (más que nada por una cuestión de realismo, NO lo soy. Más bien al contrario, envidio a muchas personas a las que considero mucho más inteligentes, cultas y con una savoir faire que yo dudo que alcance algún día) pero en momentos como este me doy cuenta de lo limitaditas que pueden llegar a ser algunas personas…

    Chascarrillo laboral de hoy:

    -Supermamá: Oye, ¿cómo era esa palabra que dijiste el otro día de la iglesia?
    -Yo (con media sonrisa burlona adornando mi rostro): ¿Que era una institución arcaica, trasnochada e hipócrita?
    -Supermamá (pelín exasperada): ¡No me sueltes el rollo! No, lo otro, lo de desapuntarse de la iglesia…
    -Yo: ¡Ah! ¿Te refieres a hacer apostasía?
    -Supermamá: ¡Eso! Pues eso, que el miércoles que viene te toca quedarte hasta las seis ¡y no vale hacer apostasía!

    …de fondo Hung up de Madonna (el rompepistas de este otoño, vamos a sudaaaar con esta canción…)
    No