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    Tarde cultureta, noche de petardeo
    ¿Qué mejor para acabar una semana de mucho curro que seguir yendo con prisas de acá para allá?

    Al salir de la oficina me quedé por el centro para comer (y es que lo más apetitoso que hay en mi nevera es un bote de pepinillos) mientras hacía esfuerzos por no entrar en la Fnac a dejarme el sueldo. Finalmente vencí mis impulsos y me fui a casa a darme una reparadora ducha, darme un par de chutes de Redbull y cambiarme de ropa con el tiempo un poco pegado al culo (no, si al final acabaré por parecerme a mi madre...).

    La primera parada era la Fnac. Se presentaba el libro Isaac y las dudas de Lluís María Todó. A Todó le conocí hace un par de años en Barcelona en la presentación de otro libro pero, como sospechaba (y luego pude comprobar), él no se acordaba de mí. Pero me llevé el libro dedicado... (ya he dicho que yo también tengo momentos frikis). Luego una breve charla con el editor adjunto de la editorial y corriendo para el auditorio de Ce Ce O O.

    Tocaba sesión bollo, A family affair, premio al mejor largometraje en la edición del 2002. Llegué con el cortometraje previo ya empezado y casi me mato al entrar en la sala (aunque también reconozco que fue porque justo antes de entrar casi me doy de boca con otra allegada del Comando de Bolleras Desalmadas, una que es la típica que dice que ella es muy hetero pero que ahora está con una chica porque se ha enamorado. Que sí, que vale, lo que tú digas...). Me senté como pude y cuando acabó el corto, encendieron las luces de nuevo. Un vistazo alrededor me sirvió para ver que ella y la gente con la que venía se había colocado dos filas por delante de mí. Miro hacia atrás y una muchachuela diciendo mi nombre me saca del letargo de mi propio monólogo interior. Era Tardona, la chica más atareada que me he encontrado en años, que venía con una parejita de amigas. "¿Vienes sola?", me pregunta. "Sí, es que soy de prensa", le respondo. Y acto seguido se cambia de fila y se sienta conmigo.

    Vimos la peli (la crítica cuando acabe el festival) y al salir me pregunta si tengo algún plan. Y yo, que no tenía más plan que irme a casa (el Rusfi se había vengado de mí poniéndose malo después de que yo le dejara plantado las últimas tres veces que habíamos quedado) y que no sé decir que no, acepto quedarme con ellas.

    Nos fuimos a cenar al Colby donde comentamos lo cierta que era la frase que decía en un momento dado la protagonista de la peli: "Me conformo con encontrar a una tía que no esté completamente loca". Qué gran verdad...

    Tras la cena dijimos de ir a La Bohemia porque Tardona había quedado allí con más gente. La parejita rehusa la propuesta así que nos vamos nosotras dos. Allí nos esperaba la misma chica con la que estaba el día que me la encontré en el Escape pero bastante más simpática. Se daba la circunstancia de que Tardona le había dejado mi primer libro y le había encantado. Mientras me hablaba a mí casi me da un ataque de pánico en toda regla al darme cuenta de que esta muchacha es un clon de mi ex, la Bollera Reprimida: el mismo pelo rizado, la misma estatura, la misma forma de vestir, los mismos gestos... ¡Si hasta la conversación para halagarme fue la misma que utilizó mi ex para trastearme! Vale, le faltaba la nariz de boxeador y que ésta no parece reprimida sino bastante fuera del armario pero... ¡joder, qué mal rato!

    El resto de las tías, a la que me presentaron como pudieron, conformaban ese típico grupo que se forma cuando tres o cuatro vienen con sus respectivos grupos de amigas y se acaba formando el Mega-Grupo, es decir, nadie se conoce (ni podrías decir los nombres de las que te han presentado porque la música te ha impedido oirlos) y se limitan a pulular por allí hablando únicamente con las que sí conocen. Acoplamos los abrigos como pudimos sobre una de las mesas y nos pedimos una copa.

    Yo ya empezaba a acusar el cansancio y es que los viernes no son mi mejor día para salir. Sostenía mi copa en una mano y un cigarro en la otra mientras dejaba caer mi peso alternativamente en una pierna y la otra en un intento ridículo de fingir que bailaba. Tardona me decía que tenía cara de circunstancias y que estaba empanada. De repente alguien me toca en el hombro. Ese típico toque que te da alguien que está a tres metros, que te lo da para llamar tu atención pero sin acercarse a ti. Me giro y con gran horror descubro que la autora del golpecito no es otra que la ex de mi ex, una tía que siempre me ha puesto muy nerviosa, tanto cuando estaba con mi ex y yo conocía a ambas de vista y poco más como cuando yo ya estaba con la Bollera Reprimida y esta muchacha continuaba llamando a mi ex con llantos desesperados.

    Como, lógicamente, no iba a perder ni un segundo acercándome a la susodicha para saludarla y, mucho menos, darle dos besos, hice un gesto de reconocimiento con la cabeza y me di la vuelta. La sorpresa vino después cuando vi que estaba hablando con una de las muchas chicas que componían el grupo en el que se suponía que yo estaba. ¡Viva la endogamia! Siempre he pensado que las lesbianas de Chueca somos como los Borbones, todas estamos emparentadas de alguna forma las unas con las otras. Si pudiéramos tener hijos entre nosotras de fijo que todos salían medio tontos...

    A eso de las dos, cuando ya me había tomado un par de copas y ya estaba en ese punto peligroso en que ya se te ha calentado la boca y tienes que decidir si seguir hasta pillar una borrachera en condiciones o irte a casita a planchar la oreja yo opté por lo segundo, aún a costa de los intentos de Tardona y de Clon de mi ex para que me quedase. Que no, que no, que si me quedo al final me acabaré enrrollando con quien menos me conviene...

    Así que me largué. La verdad es que últimamente no estoy yo muy católica...

    ...de fondo Like it or not de Madonna
     
    Comentario:
    esa canción es lo más
    No