La memoria de los peces
Hay por esos mundos de video-clubs una película (bueno, realmente hay dos pero es que la segunda es una película de soft-porno que no viene al caso ahora mismo) titulada La memoria de los peces. Se trata de una típica película coral en la que muchos personajes de distintos géneros y orientaciones sexuales tratan de encontrar el amor. Vamos, nada del otro jueves.
La cuestión está en el título. En la peli se dice que las personas, ante el amor, tenemos la misma memoria que los peces. Para quien no lo sepa (y que tampoco haya visto la pinícula) resulta que los peces tienen una memoria de dos segundos. Vamos, que se dan la vuelta a la pecera y todo les resulta novedoso.
Pues resulta que las personas actuamos del mismo modo cuando conocemos a alguien que nos hace tilín. Para entendernos, que por muy mal que lo hayamos pasado en relaciones anteriores, por muchas depresiones que hayamos agarrado echando de menos a la persona amada o por mucho que hayamos jurado y perjurado, cual Escarlata O'Hara con la patata en la mano, aquello de "A Dios pongo por testigo que jamás me volveré a enamorar" cuando aparece alguien que nos atrae lo suficiente como para intentar empezar una relación se nos olvida todo. Pero todo, todito, todo, oyes.
En el pasado yo también he experimentado esa sensación. Conocía a alguien nuevo, olvidaba ipso facto lo que me hubiera podido ocurrir en el pasado con anteriores parejas y me entregaba en cuerpo y alma a esa nueva churri que me llamaba quince veces al día y se moría por mis huesitos (hay gustos para todo...).
Sin embargo me estoy dando cuenta de que mi memoria ha decidido cambiar el animal al cual parecerse. Y creo que he pasado de tener la memoria de un pez de colores a tener la de un elefante africano.
Me explico. Veréis, en los últimos meses he venido conociendo a bastantes chicas. Para ser más exacta, a bastantes chicas interesantes, guapas y divertidas (porque, claro, conocer chicas es fácil pero que merezcan la pena ya es harina de otro costal...). Y, ¿qué es lo que ha pasado? Pues nada. No ha pasado nada.
Y os preguntáreis por qué, con lo mal que está el patio en cuestión de solteritas de buen ver y bajo índice de esquizofrenia paranoide, no he intentado nada con ninguna de esas prometedoras muchachuelas.
Resulta que yo al principio me dejo llevar, incluso me sorprendo en la oficina dedicándoles algún pensamiento de esos que tienes con una sonrisa en los labios, intento volver a quedar con ellas y todas esas cosas que se hacen en esas circunstancias. Pero llega un momento en que mi memoria me lanza una alerta cual antivirus avisando del peligro inminente si abres ese inofensivo archivito que te han mandado via mail. Y es ese momento cuando empiezo a recordar el pasado, preguntándome si de verdad merecerá la pena volver a intentarlo si el resultado acabara siendo el mismo de siempre (o sea, yo, jodida, abandonada, despechada y albergando instintos asesinos para con mi nueva ex novia).
Asi que reculo y borro de mi cabeza cualquier pensamiento romántico/erótico/obsceno que pueda tener con la candidata y levanto una muralla que me separe de ella. Dicen que una retirada a tiempo es una victoria. Y es que yo últimamente no estoy para muchas batallitas.
Llevo un año sin pareja aunque, teniendo en cuenta que mi estado natural es la soltería, no es nada extraño. Y que conste que me encuentro muy cómoda con mi estado civil, de hecho, si atendemos a lo ocurrido en mi pasado, es justo este momento, en el que me encuentro de maravilla siendo una chica soltera, cuando la casualidad quiere que me lie con la tía que menos me conviene y que se encuentre en un radio de treinta kilometros a la redonda.
Lo que ocurre es que según va pasando el tiempo yo me voy alejando demasiado de ser un buen partido. Repasemos los motivos por los que creo que no sería una buena idea empezar ni siquiera una aventurilla:
-Llevo mucho tiempo viviendo sola (vale, comparto piso pero, en según qué épocas y qué compañeros, realmente vivo sola) y, en consecuencia, mis manías van creciendo.
-Me he acostumbrado a hacer sola todo aquello que me interesa. Si, estando soltera, al salir del curro me da el punto y me voy al cine, no pasa nada pero si tengo novia, la nena se mosqueará porque no he contado con ella.
-Siguiendo con el cine, me gusta ver las películas en versión original tanto en el cine como en casa (bendito DVD) y, por lo general, mis gustos en materia cinematográfica no suelen coincidir con el del resto de los mortales.
-Aunque en el pasado lo hiciera, no pienso sacrificar esos momentos en los que me da el punto y me pongo a escribir como una posesa por muchos (buenos) polvos que me prometan. Por culpa de mi última ex retrasé un año la publicación de mi segunda novela y no me apetece que me vuelva a pasar. Primero las obligaciones y después follamos las veces que quieras, cielo.
-Ahora mismo no me veo capaz de afrontar los dilemas típicos del inicio de una relación: ¿La llamo? ¿No la llamo? Si la llamo pensará que la agobio. Si no la llamo pensará que paso de ella. ¿Nos vemos hoy? ¿Nos vemos sólo el fin de semana? ¿Hago planes contando con ella? Si no lo hago seguro que se mosquea, si saco entradas para un musical al que no podremos ir hasta dentro de tres meses cuando sólo nos conocemos hace uno se asustará y saldrá corriendo porque lo nuestro va "demasiado en serio".
-No me gusta dormir acompañada. Vale, luego me acostumbro, es cierto, pero de entrada se me hace cuesta arriba. Me muevo mucho por las noches, acaparo el colchón y ronco, ronco muchísimo (según mi última ex). Chicas, el tabaco es lo que tiene...
-Soy friki y mitómana. Puedo pasarme horas y horas hablando de cine, música, literatura, series de televisión o la última edición especial en DVD de alguna de mis pelis favoritas (que son muchas). Eso no hay mucha gente que lo soporte (salvo otro friki, como es el caso de mi amigo JM)
-Me gusta hacer fotos a todo lo que hay a mi alrededor y reconozco que a veces puedo ser cansina en mi empeño de parecer un flash con patas.
-No me gusta que me controlen ni que me agobien. Ni que me juzguen ni intenten cambiarme. Si mi ex decía que tenía que dejar de fumar y de beber tanta coca-cola, razón de más para que yo lo hiciera con más ganas si cabe.
-Y, por último (aunque hay muchas razones más), no me aguanto cuando estoy enamorada. Me vuelvo medio subnormal, románticona, cariñosa, detallista, hago planes a tres meses vista, me paso el día mandando empalagosos mensajes al móvil, voy al cine a ver películas de las que despotricaría en un estado de menor estupidez mental, dejo de escribir para estar con mi niña, me abrazo a ella en la cama e intento fumar menos para no molestarla con mis ronquidos. ¡Vamos, que me convierto en una persona que no tiene nada que ver conmigo!
Y eso sí que no...
...de fondo Forbidden love de Madonna
La cuestión está en el título. En la peli se dice que las personas, ante el amor, tenemos la misma memoria que los peces. Para quien no lo sepa (y que tampoco haya visto la pinícula) resulta que los peces tienen una memoria de dos segundos. Vamos, que se dan la vuelta a la pecera y todo les resulta novedoso.
Pues resulta que las personas actuamos del mismo modo cuando conocemos a alguien que nos hace tilín. Para entendernos, que por muy mal que lo hayamos pasado en relaciones anteriores, por muchas depresiones que hayamos agarrado echando de menos a la persona amada o por mucho que hayamos jurado y perjurado, cual Escarlata O'Hara con la patata en la mano, aquello de "A Dios pongo por testigo que jamás me volveré a enamorar" cuando aparece alguien que nos atrae lo suficiente como para intentar empezar una relación se nos olvida todo. Pero todo, todito, todo, oyes.
En el pasado yo también he experimentado esa sensación. Conocía a alguien nuevo, olvidaba ipso facto lo que me hubiera podido ocurrir en el pasado con anteriores parejas y me entregaba en cuerpo y alma a esa nueva churri que me llamaba quince veces al día y se moría por mis huesitos (hay gustos para todo...).
Sin embargo me estoy dando cuenta de que mi memoria ha decidido cambiar el animal al cual parecerse. Y creo que he pasado de tener la memoria de un pez de colores a tener la de un elefante africano.
Me explico. Veréis, en los últimos meses he venido conociendo a bastantes chicas. Para ser más exacta, a bastantes chicas interesantes, guapas y divertidas (porque, claro, conocer chicas es fácil pero que merezcan la pena ya es harina de otro costal...). Y, ¿qué es lo que ha pasado? Pues nada. No ha pasado nada.
Y os preguntáreis por qué, con lo mal que está el patio en cuestión de solteritas de buen ver y bajo índice de esquizofrenia paranoide, no he intentado nada con ninguna de esas prometedoras muchachuelas.
Resulta que yo al principio me dejo llevar, incluso me sorprendo en la oficina dedicándoles algún pensamiento de esos que tienes con una sonrisa en los labios, intento volver a quedar con ellas y todas esas cosas que se hacen en esas circunstancias. Pero llega un momento en que mi memoria me lanza una alerta cual antivirus avisando del peligro inminente si abres ese inofensivo archivito que te han mandado via mail. Y es ese momento cuando empiezo a recordar el pasado, preguntándome si de verdad merecerá la pena volver a intentarlo si el resultado acabara siendo el mismo de siempre (o sea, yo, jodida, abandonada, despechada y albergando instintos asesinos para con mi nueva ex novia).
Asi que reculo y borro de mi cabeza cualquier pensamiento romántico/erótico/obsceno que pueda tener con la candidata y levanto una muralla que me separe de ella. Dicen que una retirada a tiempo es una victoria. Y es que yo últimamente no estoy para muchas batallitas.
Llevo un año sin pareja aunque, teniendo en cuenta que mi estado natural es la soltería, no es nada extraño. Y que conste que me encuentro muy cómoda con mi estado civil, de hecho, si atendemos a lo ocurrido en mi pasado, es justo este momento, en el que me encuentro de maravilla siendo una chica soltera, cuando la casualidad quiere que me lie con la tía que menos me conviene y que se encuentre en un radio de treinta kilometros a la redonda.
Lo que ocurre es que según va pasando el tiempo yo me voy alejando demasiado de ser un buen partido. Repasemos los motivos por los que creo que no sería una buena idea empezar ni siquiera una aventurilla:
-Llevo mucho tiempo viviendo sola (vale, comparto piso pero, en según qué épocas y qué compañeros, realmente vivo sola) y, en consecuencia, mis manías van creciendo.
-Me he acostumbrado a hacer sola todo aquello que me interesa. Si, estando soltera, al salir del curro me da el punto y me voy al cine, no pasa nada pero si tengo novia, la nena se mosqueará porque no he contado con ella.
-Siguiendo con el cine, me gusta ver las películas en versión original tanto en el cine como en casa (bendito DVD) y, por lo general, mis gustos en materia cinematográfica no suelen coincidir con el del resto de los mortales.
-Aunque en el pasado lo hiciera, no pienso sacrificar esos momentos en los que me da el punto y me pongo a escribir como una posesa por muchos (buenos) polvos que me prometan. Por culpa de mi última ex retrasé un año la publicación de mi segunda novela y no me apetece que me vuelva a pasar. Primero las obligaciones y después follamos las veces que quieras, cielo.
-Ahora mismo no me veo capaz de afrontar los dilemas típicos del inicio de una relación: ¿La llamo? ¿No la llamo? Si la llamo pensará que la agobio. Si no la llamo pensará que paso de ella. ¿Nos vemos hoy? ¿Nos vemos sólo el fin de semana? ¿Hago planes contando con ella? Si no lo hago seguro que se mosquea, si saco entradas para un musical al que no podremos ir hasta dentro de tres meses cuando sólo nos conocemos hace uno se asustará y saldrá corriendo porque lo nuestro va "demasiado en serio".
-No me gusta dormir acompañada. Vale, luego me acostumbro, es cierto, pero de entrada se me hace cuesta arriba. Me muevo mucho por las noches, acaparo el colchón y ronco, ronco muchísimo (según mi última ex). Chicas, el tabaco es lo que tiene...
-Soy friki y mitómana. Puedo pasarme horas y horas hablando de cine, música, literatura, series de televisión o la última edición especial en DVD de alguna de mis pelis favoritas (que son muchas). Eso no hay mucha gente que lo soporte (salvo otro friki, como es el caso de mi amigo JM)
-Me gusta hacer fotos a todo lo que hay a mi alrededor y reconozco que a veces puedo ser cansina en mi empeño de parecer un flash con patas.
-No me gusta que me controlen ni que me agobien. Ni que me juzguen ni intenten cambiarme. Si mi ex decía que tenía que dejar de fumar y de beber tanta coca-cola, razón de más para que yo lo hiciera con más ganas si cabe.
-Y, por último (aunque hay muchas razones más), no me aguanto cuando estoy enamorada. Me vuelvo medio subnormal, románticona, cariñosa, detallista, hago planes a tres meses vista, me paso el día mandando empalagosos mensajes al móvil, voy al cine a ver películas de las que despotricaría en un estado de menor estupidez mental, dejo de escribir para estar con mi niña, me abrazo a ella en la cama e intento fumar menos para no molestarla con mis ronquidos. ¡Vamos, que me convierto en una persona que no tiene nada que ver conmigo!
Y eso sí que no...
...de fondo Forbidden love de Madonna
Comentario:
Vaya, pues parece que después de un tiempo el estado de la que está soltera y de la que no lo está es igual... Vamos, que yo de soltera ya ni me acuerdo pero me veo reflejada en mucho de lo que cuentas!
Queda pendiente el título de alguna novela!
Besos!
Queda pendiente el título de alguna novela!
Besos!