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    Tarde de sábado
    Anoche no salí y me acosté a esos de las dos pensando: "Con ocho horitas de sueño me bastarán, ¿no? Pues nada, pongo el despertador a las diez y así puedo hacer todas las cosas que tengo que hacer" (Aclaración de la autora: las "cosas que tengo que hacer" y que, para más inri, no hago nunca, darían de sí lo suficiente para llenar los post de los próximos tres meses). Y sí, a las diez el despertador ha sonado con puntualidad inglesa. Pero mi vaguería patria me ha impedido levantarme asi que, hora tras hora, he ido posponiendo el momento de poner el pie en el suelo. ¡Brrr! ¡Con lo frío que está!

    Me empieza a resultar preocupante mi capacidad para dormir cual marmota y después de lo de hoy empiezo a creer que, más que dormir, lo que hago yo es hibernar. ¡A las cinco y media de la tarde me he despertado, damas y caballeros! ¡A las cinco y media!

    Muy, muy preocupante...

    Pues a esas horas me he levantado (lo cual no implica necesariamente que me haya despertado), me he enfudando en el uniforme de los findes (usease, el chandal) y, todavía en estado comatoso, me he sentado ante el ordenador armada con una jarra de coca-cola y un cigarro.

    Muy, muy preocupante...

    ¿Es que no tengo nada mejor que hacer un sábado que sentarme delante del puto ordenata a intoxicarme de información inútil? ¿Es que no hubiera sido mejor darme un duchazo, espabilarme, bajar a Chucho Infernal, ir a hacer la compra y poner alguna lavadorita aprovechando que, de momento, no llueve?

    Muy, muy preocupante...

    Tras dos horas, cuando parecía que remitía mi estado comatoso y ya tenía la piel del muslo en carne viva de tanto arañazo desesperado de Chucho Infernal, me he apiadado del pobre perro, de mi estómago rugiendo y de mis reservas de tabaco que se reducían a tres cigarros así que he decidido bajar a la calle.

    Ya en la calle me he dirigido a un cajero para sacar pasta mientras asistía atónita al espectáculo de las aceras vacías de gente y coches. Me he metido en una tienda de chinas a hacer acopio de víveres (tabaco, coca-cola, pastelitos y varios tipos de tallarines de dudosa procedencia) y al volver a este, mi hogar me he dado cuenta de que, si bien las calles estaban vacías, eran los bares los que acogían a media humanidad. Un vistazo al interior de uno de ellos y la visión de un rectángulo verde con muñequitos blancos y azulgranas me ha dado la respuesta. ¡Claro, el Madrid-Barça!

    Veréis, a mí el fútbol ni me gusta ni me disgusta aunque la mayoría de las veces me resulta más bien indiferente. Sin embargo, reconozco que en mi adolescencia jugué, como muchas lesbianas que he conocido, en un equipillo aunque habría que aclarar que las razones que me llevaron a perseguir un balón echando el bofe por la boca tenían más que ver con otra integrante del equipo que por una noble pasión por el mundo del fútbol. Sí, es cierto, lo admito, si me convertí en extremo derecho y carne de banquillo fue porque la que de verdad me ponía era la portera. Y es que mira que soy poco práctica. Porque si hubiese jugado en otra posición hubiera sido fantástico eso de meterle mano con la excusa de celebrar un gol pero, claro, siendo la portera, quedaba un poco cantoso lo de cruzarme todo el campo para darle un abrazo... Lo curioso de aquel equipo es que, que yo recuerde, de ninguna de sus integrantes tenía sospechas de que entendiera. Y mira que eso es raro... Pero no, exceptuándome a mí, ninguna de las chicas del equipo ha resultado ser de la vereda de enfrente, ni la portera (para mi disgusto porque estaba y sigue estando un rato buena) ni la más machota de todas, de la que lo último que supe es que se iba a casar con su novio de toda la vida... Y es que a veces los estereotipos también fallan...

    Con el tiempo me he encontrado con algunas muchachuelas, lesbianas todas ellas, que eran apasionadas del juego de "los veintidós detrás del balón". Pero la más acérrima y futbolera que me he encontrado jamás tuvo que tocarme en suerte. Porque, sí, mi ex, la Bollera Reprimida, era futbolera y madridista hasta la médula. Y no sabéis de que forma. Recuerdo que cada vez que había partido por cable nos tocaba excursión en busca del bar en el que mejor se viera, con la mejor pantalla y los mejores aperitivos. Y por mucho que dijera con la boca chica aquello de "si no te apetece, no pasa nada" sí que pasaba. Pasaba que, casualmente después, cuando a mí me, ¡ejem! interesara, podría dolerle la cabeza una jartá... Así que allá que nos íbamos. Y la verdad es que la muchacha lo pasaba realmente mal (creo que el Madrid perdió la mayoría de encuentros que vimos juntas). De hecho, llegaba a ser más divertido observar su cara mientras miraba el partido que el partido en sí.

    A raíz de la ruptura, como comprendereis, le he cogido una grima al Madrid que ni os cuento (y eso que, puestos a ser de algún equipo, yo siempre he dicho que soy del Madrid, más que nada poque es mi ciudad y no tengo suficiente moral ni espiritu masoquista para ser del Atleti), hasta el punto de alegrarme de todas y cada una de sus derrotas porque eso significa que mi ex estará muy cabreada (porque se cabrea, y mucho, cada vez que su equipo pierde).

    Así que os podéis imaginar qué buen humor tengo ahora mismo sabiendo que el Barça le ha metido no uno ni dos, sino tres golazos al equipo merengue. Y que ahora mi ex, aunque supongo que estará en la fiesta de cumpleaños de un amigo suyo (el Marica Gillipollas) estará de un humor de perros. Y si encuentro esta camiseta, ganitas me dan de mandársela.



    Toma, cariño, para que recuerdes que no siempre el blanco se impone...

    El partido, como es lógico, no lo he visto, pero me hubiera gustado ser mosca y zumbar alrededor de Bollera Reprimida porque ha debido ser de infarto, empezando por este personaje que hace tiempo que no veía correr por el cesped de los estadios...



    ¡A que no me cogeis!

    Personaje que, por supuesto, las fuerzas de la ley y el orden no han tardado en detener, retener y reducir...



    ¿No os da la sensación de que parece más delgado de espaldas?

    Eso por no mencionar aquello de que bajo la fachada de homofobia y machismo de los jugadores se esconde una pulsión homoerótica que no veas...



    Luego nos vemos en el vestuario... ¡chiquitín!

    Pero nada, que el Madrid, pese a definirse a sí mismo como el mejor equipo del mundo, lo único que tiene es a una pandilla de niñatos más preocupados por su carrera publicitaria y su vida social que por meter goles. Y luego, claro, se lamentan.



    Habrá que poner cara de compugido pero en cuanto me duche... ¡me voy de fiesta!


    ...de fondo el himno del Barça... jejeje

     
    Comentario:
    Baaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarça!!!
     
    Comentario:
    Pues me alegro que estés contenta pero...¿qué quieres que te diga? hubiera preferido que palmara el Barça.

    Agg!! creo que me ha entrado alergia sólo de escribir ese nombre...

    Besos.
     
    Comentario:
    Jo niña, que yo tambien soy del Madrid y fan de tu blog!!! eso no es justo. Estoy viendo que cada vez que juegue el Madrid no voy a poder entrar a leerte.
    A pesar de todo cuanta razón tienes en muchas cosas. En fin, que si hay que perder para que estés contenta...anda y que nos metan 5.

    Un beso
     
    Comentario:
    Vaya marmota estás hecha nena! Mmmmm, me encanta esa música que has puesto hoy! Mmmmmmm!
    No