¡Por fin es viernes!
Antes de empezar quiero hacer una aclaración. He leído muchos blogs, buenos, malos y regulares pero dos cosas que la mayoría tenían en común era que sus post eran breves y concisos. Y ahora que yo soy la autora de un blog me encuentro metiendo peñazos bastante largos que os pueden ahuyentar antes de que haya podido ni pestañear… Y juro por mi perrito cabrón que intento ser breve pero… soy incapaz. Supongo que será deformación profesional… En finnnnsss…
En el curro, la verdad es que el día ha sido bastante tranquilito, no demasiado jaleo, más de media horita de escaqueo para ir a desayunar y acercarme a El Corte Inglés a franquear unos paquetitos (sí, en El Corte Inglés hay una oficina de correos, al menos en el de Sol, yo me he enterado hoy). Y a las tres de la tarde todas fuera que para algo es viernes y la semana se me ha hecho casi tan larga como el año que llevo sin echar… bueno, eso, ya me entendéis.
Al salir había quedado con uno de los chicos de mi editorial para hablar de temas de promoción. Veréis, por lo que yo sé, en el mundillo de las editoriales, los escritores conocidos se van a cenar a restaurantes de cuatro tenedores para debatir con los jefazos las cuestiones relativas a sus novelas. En la vida real, los autores como yo, a los que sólo nos conocen en nuestra casa a la hora de cenar (y a veces ni eso), nos vamos con el adjunto del mandamás de cañitas por Malasaña a contarle nuestras penas y tribulaciones ante la incertidumbre que nos supone sacar un nuevo libro que no sabemos qué acogida tendrá. Así que tras la jornada laboral he llenado mi estómago de cerveza y cuatro patatejas fritas (y, teniendo en cuenta la cantidad de agua que bebo al cabo del día y lo limpíiiiisimos que tengo los riñones, os podéis imaginar que el zumito de cebada a efectuado el recorrido vertical de mi boca a mi vejiga en un santiamén) y mi cabeza de más dudas de las que tenía antes.
Tras la charleta he dado comienzo al ritual que todo escritor (conocido o no) lleva a cabo cuando publica: visitar los puntos de venta y comprobar dónde y cómo han colocado a su criaturita. Os ahorraré los detalles farragosos de los lugares en los que sí estaba y en los que no. Sólo diré que, para variar, he acabado en la Fnac porque, además, puesto que mi ordenador está en plan rebelde y La Mula me dice que no piensa bajarme ni una sola canción hasta que no le pegue un buen repaso al puto ordenador, quería comprarme el nuevo disco de Pastora. Y es que, ya lo dice arcosinflechas, la Fnac es una secta camuflada de tienda para sacarnos los cuartos… Afortunadamente, hoy no he dado rienda a mi lado consumista. Iba a comprar un disco y SÓLO he comprado un disco. Todo un logro en mí en un momento en que mi cuenta corriente no sólo me lo permite sino que me anima a que saque la tarjeta de débito (de las otras no tengo… ¡por suerte!) a la más mínima ocasión.
Y con las mismas me he venido a casa, me he dado una duchita y me he sentado al ordenador mientras escuchaba el disco en cuestión. Y aunque tengo ganas de hablar de música (una de mis tres grandes pasiones, además del cine y la literatura), como que mejor lo dejo para otro ratito, que estoy un poco chof y, además, me esperan los capítulos de Hospital Central que grabé el otro día y que aún no he podido ver…
Antes de irme. Conversación chorra hoy en la oficina:
-La Pija: Tías, ¿habéis probado el algodón mágico de Don Limpio?
-Supermamá: No, tía, ¿qué es eso?
-La Pija: Es muy fuerte, tía, es una esponjita que lo borra todo sin frotar. Ayer me tiré toda la tarde limpiando y gasté dos paquetes…
-Supermamá: Jo, tía, qué fuerte
-La Pija: Sí, tía, tengo que ir al Carrefour a comprarme unos cuantos paquetes más…
Y yo miraba alternativamente a una y a otra mientras mi ceja izquierda, más conocida como Carlos Sobera, se alzaba hasta el infinito…
…de fondo (una y otra vez) Desolado de Pastora
En el curro, la verdad es que el día ha sido bastante tranquilito, no demasiado jaleo, más de media horita de escaqueo para ir a desayunar y acercarme a El Corte Inglés a franquear unos paquetitos (sí, en El Corte Inglés hay una oficina de correos, al menos en el de Sol, yo me he enterado hoy). Y a las tres de la tarde todas fuera que para algo es viernes y la semana se me ha hecho casi tan larga como el año que llevo sin echar… bueno, eso, ya me entendéis.
Al salir había quedado con uno de los chicos de mi editorial para hablar de temas de promoción. Veréis, por lo que yo sé, en el mundillo de las editoriales, los escritores conocidos se van a cenar a restaurantes de cuatro tenedores para debatir con los jefazos las cuestiones relativas a sus novelas. En la vida real, los autores como yo, a los que sólo nos conocen en nuestra casa a la hora de cenar (y a veces ni eso), nos vamos con el adjunto del mandamás de cañitas por Malasaña a contarle nuestras penas y tribulaciones ante la incertidumbre que nos supone sacar un nuevo libro que no sabemos qué acogida tendrá. Así que tras la jornada laboral he llenado mi estómago de cerveza y cuatro patatejas fritas (y, teniendo en cuenta la cantidad de agua que bebo al cabo del día y lo limpíiiiisimos que tengo los riñones, os podéis imaginar que el zumito de cebada a efectuado el recorrido vertical de mi boca a mi vejiga en un santiamén) y mi cabeza de más dudas de las que tenía antes.
Tras la charleta he dado comienzo al ritual que todo escritor (conocido o no) lleva a cabo cuando publica: visitar los puntos de venta y comprobar dónde y cómo han colocado a su criaturita. Os ahorraré los detalles farragosos de los lugares en los que sí estaba y en los que no. Sólo diré que, para variar, he acabado en la Fnac porque, además, puesto que mi ordenador está en plan rebelde y La Mula me dice que no piensa bajarme ni una sola canción hasta que no le pegue un buen repaso al puto ordenador, quería comprarme el nuevo disco de Pastora. Y es que, ya lo dice arcosinflechas, la Fnac es una secta camuflada de tienda para sacarnos los cuartos… Afortunadamente, hoy no he dado rienda a mi lado consumista. Iba a comprar un disco y SÓLO he comprado un disco. Todo un logro en mí en un momento en que mi cuenta corriente no sólo me lo permite sino que me anima a que saque la tarjeta de débito (de las otras no tengo… ¡por suerte!) a la más mínima ocasión.
Y con las mismas me he venido a casa, me he dado una duchita y me he sentado al ordenador mientras escuchaba el disco en cuestión. Y aunque tengo ganas de hablar de música (una de mis tres grandes pasiones, además del cine y la literatura), como que mejor lo dejo para otro ratito, que estoy un poco chof y, además, me esperan los capítulos de Hospital Central que grabé el otro día y que aún no he podido ver…
Antes de irme. Conversación chorra hoy en la oficina:
-La Pija: Tías, ¿habéis probado el algodón mágico de Don Limpio?
-Supermamá: No, tía, ¿qué es eso?
-La Pija: Es muy fuerte, tía, es una esponjita que lo borra todo sin frotar. Ayer me tiré toda la tarde limpiando y gasté dos paquetes…
-Supermamá: Jo, tía, qué fuerte
-La Pija: Sí, tía, tengo que ir al Carrefour a comprarme unos cuantos paquetes más…
Y yo miraba alternativamente a una y a otra mientras mi ceja izquierda, más conocida como Carlos Sobera, se alzaba hasta el infinito…
…de fondo (una y otra vez) Desolado de Pastora
Comentario:
eyyyyyyyyy, yo tb levanto la ceja así ... !! me estoy enganchando a tus historias!!
Comentario:
Compi, compi, compi....eres genial, me encanta tu diary pessoná niña, sigue pa´lante, q es mu divertido, asi me entero ma de tus cosas. A ve si ma´nimo y hago 1, q mi vida tb tiene cojones y creo q tu mejor q nadie....lo sabe, jajaja, besos, y animo des´daky a to los que los leen no dejen de llerlo, q pa argo está...pa leerlo.