Vida social
Después de casi un año haciendo vida monacal y dedicándome tan sólo a currar, castigarme el cuerpo en el gimnasio y cuidando del Chucho Infernal llevo como cosa de un par de meses en los que las calles de Madrid vuelven a verme menear mis cuartos traseros para otra cosa que no sea ir al trabajo…
Siendo como soy, una juerguista empedernida, la verdad es que mucho he tardado en volver a las andadas. Y es que una juerguista empedernida y con vocación como yo lo será para los restos por mucho que le pese…
Aunque ayer me quedé tranquilita en casa viendo los capítulos del martes de Hospital Central (el segundo lo vi ya sin mucho interés porque era repetido y no de los repetidos que yo esperaba que echaran, es decir, los de antes de que me enganchara a la serie), hoy estaba invitada a la casa que Rys y su novio se compraron hace unos meses (bueno, ellos no la compraron, sino el banco que les concedió amablemente una hipoteca y les endeudó para el resto de sus vidas) y que todavía no conocía.
La verdad es que he comido muy bien y entre las dos (su novio estaba currando) nos hemos pimplado una botella de vino antes siquiera de acabar de comer… En consecuencia, cuando estábamos tomando café me he empezado a amodorrar en el sofá mientras su conversación me iba meciendo como un murmullo de fondo (Rys, cielo, no te enfades, es que el sueño es un cruel tirano que domina mis actos). Encima, como le he llevado un ejemplar de mi última novela, quería que le escribiese una dedicatoria especial. Ardua tarea que me ha llevado casi dos horas y tres cafés. Su novio, que, para que os hagáis una idea, es como Rusty de Hospital Central (aunque menos tontorrón, todo hay que decirlo) ha llegado de currar y yo seguía sin haber puesto más que un escueto “Para Rys”.
Por suerte, me he empezado a despabilar como por arte de magia, he acabado escribiéndole una bonita dedicatoria y le estaba diciendo que me iba a ir porque quería pasar por el súper a hacer algo de compra, poner un par de lavadoras y recoger un poco la casa (maruja que es una algunas veces) cuando mi móvil ha empezado a berrear. En un mensaje Rusfi me preguntaba si me apetecía ir a cenar a un mexicano. Ooops! I did it again como diría la petarda de Britney. Y es que yo tengo un serio problema con las proposiciones e invitaciones… No sé decir que no. Vamos, la verdad es que soy incapaz y, a menos que me encuentre con respiración asistida, una sonda entre las piernas y un diagnóstico reservado que me sitúa a las puertas de la muerte, jamás me veréis decir que no a cualquier plan que me propongan un sábado por la noche.
Así que me he venido a casa sin pasar por el súper y he llamado al Rusfi para concretar la hora y el lugar. Aunque la idea del mexicano me ha dejado de convencer en cuanto he entrado por la puerta. Sobre todo por el pequeño detalle de que he entrado disparada al cuarto de baño y antes de que hubieran pasado diez minutos estaba de nuevo encadenada a la taza del water… Con semejantes antecedentes no sé yo si será apropiado seguir esta noche una dieta a base de comida mexicana y alcohol…
De todas formas esta noche saldré y aunque mi intención es cenar, tomar una copilla rápida y venirme para casa como la chica formal que no soy (más que nada porque mañana tengo que poner un poco de orden en mi casa antes de que se me caiga encima y la mierda acumulada se amotine en el salón) sé que hay muchas posibilidades de que me den las seis de la mañana bailando y abriéndome paso a codazos en alguna discoteca…
Si me conoceré yo…
…de fondo The real thing de Gwen Stefani
Siendo como soy, una juerguista empedernida, la verdad es que mucho he tardado en volver a las andadas. Y es que una juerguista empedernida y con vocación como yo lo será para los restos por mucho que le pese…
Aunque ayer me quedé tranquilita en casa viendo los capítulos del martes de Hospital Central (el segundo lo vi ya sin mucho interés porque era repetido y no de los repetidos que yo esperaba que echaran, es decir, los de antes de que me enganchara a la serie), hoy estaba invitada a la casa que Rys y su novio se compraron hace unos meses (bueno, ellos no la compraron, sino el banco que les concedió amablemente una hipoteca y les endeudó para el resto de sus vidas) y que todavía no conocía.
La verdad es que he comido muy bien y entre las dos (su novio estaba currando) nos hemos pimplado una botella de vino antes siquiera de acabar de comer… En consecuencia, cuando estábamos tomando café me he empezado a amodorrar en el sofá mientras su conversación me iba meciendo como un murmullo de fondo (Rys, cielo, no te enfades, es que el sueño es un cruel tirano que domina mis actos). Encima, como le he llevado un ejemplar de mi última novela, quería que le escribiese una dedicatoria especial. Ardua tarea que me ha llevado casi dos horas y tres cafés. Su novio, que, para que os hagáis una idea, es como Rusty de Hospital Central (aunque menos tontorrón, todo hay que decirlo) ha llegado de currar y yo seguía sin haber puesto más que un escueto “Para Rys”.
Por suerte, me he empezado a despabilar como por arte de magia, he acabado escribiéndole una bonita dedicatoria y le estaba diciendo que me iba a ir porque quería pasar por el súper a hacer algo de compra, poner un par de lavadoras y recoger un poco la casa (maruja que es una algunas veces) cuando mi móvil ha empezado a berrear. En un mensaje Rusfi me preguntaba si me apetecía ir a cenar a un mexicano. Ooops! I did it again como diría la petarda de Britney. Y es que yo tengo un serio problema con las proposiciones e invitaciones… No sé decir que no. Vamos, la verdad es que soy incapaz y, a menos que me encuentre con respiración asistida, una sonda entre las piernas y un diagnóstico reservado que me sitúa a las puertas de la muerte, jamás me veréis decir que no a cualquier plan que me propongan un sábado por la noche.
Así que me he venido a casa sin pasar por el súper y he llamado al Rusfi para concretar la hora y el lugar. Aunque la idea del mexicano me ha dejado de convencer en cuanto he entrado por la puerta. Sobre todo por el pequeño detalle de que he entrado disparada al cuarto de baño y antes de que hubieran pasado diez minutos estaba de nuevo encadenada a la taza del water… Con semejantes antecedentes no sé yo si será apropiado seguir esta noche una dieta a base de comida mexicana y alcohol…
De todas formas esta noche saldré y aunque mi intención es cenar, tomar una copilla rápida y venirme para casa como la chica formal que no soy (más que nada porque mañana tengo que poner un poco de orden en mi casa antes de que se me caiga encima y la mierda acumulada se amotine en el salón) sé que hay muchas posibilidades de que me den las seis de la mañana bailando y abriéndome paso a codazos en alguna discoteca…
Si me conoceré yo…
…de fondo The real thing de Gwen Stefani