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    ...se acabó la navidad! Y me da igual lo que diga ese dicho popular de que "hasta San Antón fiestas son". Los adornos ya se están quitando, los extractos de las tarjetas de crédito están preparando los sustos de fin de mes y los gimnasios empiezan a tener más movimiento que el metro en hora punta. Así que yo recibo la rutina cotidiana con los brazos abiertos.

    Como no he debido ser muy buena este año, los Reyes no me han traído lo que pedí. Y mira que yo les dije que lo único que les pedí fue La Pediatra Motorista o La Peluquera Promiscua pero nada, ni la una ni la otra... En fin, si algún alma caritativa se apiada de mí, cumplo años el mes que viene ... ;-p

    Como en mi familia más cercana sólo hay un crío (mi pequeño bichito que tanto disfruta viniendo a mi casa a jugar con Chucho Infernal, la Play y el ordenata) pues el niño ayer se puso las botas porque pilló por todos los lados. Pero, como siempre, su hermano puso la puntilla llegando a las seis de la tarde (su novia y él viven a cinco minutos de mis tíos aunque, por supuesto, vinieron en coche...) con una enorme caja al hombro. Burro grande, ande o no ande. Un coche teledirigido ultímisimo modelo que relegó a segundo plano cualquier otro regalo. ¿Que si me molestó? Hombre, teniendo en cuenta lo que yo me gasté en los Reyes del crío, que este mes me han quitado mas de cuarenta mil pelas de mi nomina por la puta regularización del IRPF y que, por tanto, el día quince dará comienzo para mí el fin de mes... Pues sí, me molestó. Siempre me ha jodido la ostentación, la gente que suple sus ausencias con regalos caros y la prepotencia y estupidez que se gasta mi primo el mayor (al que hasta hace no mucho consideraba mi hermano). Pero en fin, pelillos a la mar...

    La noche de Reyes salimos JM y yo un ratillo. Después de tres años y medio su relación con El Sevillano ha llegado al encefalograma plano y necesitaba hablar con alguien, salir de casa y desintoxicarse. Y a mí, que pese a haber abandonado mi vena juerguista, no sé decir que no y menos si se trata de escuchar a un amigo, me faltó tiempo para darme un duchazo y plantarme, puntual como un reloj suizo, en donde habíamos quedado.

    Y aquí toca hablar de los estragos que está causando la entrada en vigor de la Ley Antitabaco. Vamos a ver, yo soy fumadora desde hace diez años y consumo al día entre una o dos cajetillas (dependiendo de la temporada que esté pasando, del nerviosismo y la ansiedad). Siempre he respetado los lugares en los que no se podía fumar, he preguntado si puedo hacerlo en casas y coches de amigos (incluso de aquellos que también fuman, que no a todos les gusta montarse en un coche que huele a cenicero) y no me ha importado salirme a la terraza a fumarme un piti si he tenido que hacerlo.

    En el trabajo, tres cuartos de lo mismo. Desde hace cinco años, en la mayoría de empresas por las que he pasado, sólo se podía fumar en zonas habilitadas para ello. Y allí me he ido a calmar mi adicción. En mi trabajo actual se podía fumar hasta ahora pero, puesto que mis compañerillas no fuman (La Pija de vez en cuando), tampoco he fumado. Es decir, no me cuesta pasar ocho horas o las que sean sin llevarme un cigarrillo a los labios. Me puedo poner un poquito nerviosa pero se me pasa enseguida.

    Desde el día 1 me siento como una delincuente. Ese mismo día por la noche me quedé sin tabaco. Y bajé a la tiendecilla de mi chinito. Como ya se supone que sólo se vende tabaco en estancos y maquinas expendedoras, temí no poder comprar. El lugar en donde tenía el tabaco lo ocupaba ahora un surtido de golosinas. Y mi chino que, habitualmente, me ve entrar y automáticamente pone sobre el mostrador un paquetito de L&M Azul, me miró expectante en esta ocasión. Yo se lo pedí entre susurros. Él rebuscó en una bolsa y me lo tendió sin dejarlo en el mostrador. Lo cogí, me lo guardé, lo pagué y me fui de allí con la cabeza gacha y la mirada huidiza como si en vez de haber comprado un simple paquete de tabaco hubiera ido a pillar un gramo de coca.

    El lunes pasado, la prueba de fuego para todos, entré en el bar que hay al lado del metro a tomarme mi sagrado café de todos los días. Yo había escuchado decir al camarero días atrás que se iba a poder fumar pero al entrar y sentarme frente a la barra vi que ninguno de los presentes (caras conocidas a fuerza de verlas todos los días a la misma hora y, muchas de ellas, fumadoras empedernidas como yo) estaba fumando. Y todos nos mirábamos unos a otros como retándonos a ser los primeros en encender el cigarrillo. Hasta que uno, quizá con más mono que yo, le pregunta al camarero si se pude fumar. Ante el "claro que sí" del interpelado la barra sufrió el efecto dominó: todos comenzamos a sacar el tabaco y encender cigarrillos como si fuéramos condenados a muerte.

    El resto de la semana ha seguido una tónica parecida. Entrar a un bar o cafetería y, antes de pedir tu consumición, preguntar si se puede fumar y, de paso, averiguar cuánto ha subido todo porque con tanto rollo de fumar o no fumar no nos estamos dando cuenta de las clavadas que nos meten en algunos sitios.

    Pero para mí la prueba de fuego era salir de copas. Pese a que, hasta ahora, todos los bares que voy viendo por la calle, lucen el cartel de que se permite fumar (menos uno, una bodeguilla que es el punto de reunión habitual de los 'manolos' de mi barrio y que me sorprendió muchísimo ver que no dejaban fumar) pues no sabía qué iba a pasar con los bares de copas.

    Dando vueltas por Chueca mientras íbamos a sacar perruchis a nuestros respectivos cajeros íbamos comprobando que todos los bares tenían el cartel indicador de que nos iban a dejar delinquir sin problemas. Pero otros es que ni siquiera tenían cartel, entre ellos, el restaurante al que fuimos a cenar, el Momo. Pero al pedir al encargado una mesa para dos y fumadores con cara de delito, nos tranquilizó diciendo que él dejaba fumar en todo el restaurante.

    Luego fuimos al Fulanita y más tarde a uno nuevo de la calle Libertad que, muy originalmente, han bautizado como Local Chueca. De este último nos gustó mucho la decoración, con un estilo que JM definió como avant retro y que nos llevó a comenzar una conversación sobre estética y corrientes artísticas (en un momento dado comencé una frase con 'la percepeción de la belleza' y me frené en seco al notar lo surrealista de la escena. Está claro que JM y yo somos unos rara avis, no conozco a mucha gente que tenga esas conversaciones en un bar de copas...).

    A eso de las dos nos fuimos. Los dos hemos perdido la costumbre de las juergas desfasadas y en algunos momentos nos sentíamos como pulpos en un garaje (amen de que siempre que salimos juntos la gente piensa que somos pareja y, por tanto, cuando hemos salido a ligar nos volvíamos con las manos vacías). Yo al día siguiente tenía comida familiar en plena provincia de Toledo y no me podía levantar demasiado tarde.

    Pero lo que yo quería decir es que me parece excesivo todo lo que se está montado con lo del tabaco. Me explico. Creo que algunas medidas son acertadas. Veo muy lógico que en algunos establecimientos separen zonas para fumadores y para no fumadores (al fin y al cabo, eso no es nada nuevo). Veo muy lógico también que en el trabajo no se pueda fumar. Veo aún más lógico que no se permita vender a menores (aunque, seamos realistas, eso no va a hacer que dejen de fumar sino que creará pequeñas mafias en las que los mayores comprarán el tabaco y trapichearán con las más jóvenes). Me parece un tanto excesivo que sólo dejen vender en estancos y máquinas (eso creará también pequeñas mafias: la chinita de otra tienda de la que soy habitual ya me ha dicho que no me preocupe, que si me hace falta... hay). Y me parece totalmente surrealista que no puedas entrar a un estanco con el cigarrillo encendido (y muy hipócrita).

    Me parece también excesiva la reacción de mucha gente no fumadora que, incluso por la calle, te mira como si fueras una criminal porque vas fumando. O como lo que me contó mi abuelo que le pasó en Benidorm hace unos días. Se sentó en un banco en donde había sentado un viejecillo que, al ver a mi abuelo, le dijo: "He rezado tres avemarías y un padrenuestro para que quien se sentara aquí no fumase". Y mi abuelo, que eso de que le mienten la religión lo lleva un poco mal, le miró como quien miraría a un marciano y le dijo: "Pues siga usted rezando" y se sacó el paquete de tabaco. Obvia decir que el susodicho viejecillo se levantó y se fue...

    ¿Y qué decir de los protagonistas de algunos anuncios de la campaña que representan la actitud de los fumadores intransigentes? Vamos, que es que tienen una cara de malos que no pueden con ellas. Lo mismo que en las pelis yanquis en las que los únicos que fuman son los malos. Muchos asocian ya el fumar con ser mala persona y, perdone usted, pero creo que están cargando las tintas.

    Que fumar es malo, lo sabemos todos y lo notamos los fumadores cada vez que nos resfriamos. Que la SS de este país se gasta mucho en tratamientos médicos para enfermedades provocadas por el tabaco es bien cierto. Pero también lo es la cantidad de ingresos que obtiene el Estado (el español y los del resto del mundo) gracias a los impuestos aplicados al tabaco. Por no hablar de los miles de familias que viven directamente de su producción, manipulación y distribución. ¿Por qué el Gobierno no prohibe directamente lo que en realidad no es más que una droga (legal, pero droga al fin y al cabo) y piensa en alternativas a todo eso? Subvencionando las plantaciones de tabaco para cambiarlas a otro tipo de producto o materia prima o haciendo que los estancos puedan suplir la venta de tabaco con la de otros artículos, evitando así que todas esas familias se queden sin su medio de vida. Pero claro, eso no debe interesar. Es mucho más cómodo dejar las cosas como están y seguir recibiendo pasta.

    Y ahora se está empezando a escuchar que, en el momento que Reino Unido levanta la antigua prohibición de no servir alcohol a partir de las doce de la noche, se está planteando hacer aquí. ¿Aquí? ¿En España? ¿Un país donde el alcohol está socialmente aceptado y asociado a las juergas hasta el amanecer que tanto atraen al turismo? ¿Un país en el que mucha gente, como yo, no es capaz de estar en un bar sin una copa en una mano y un cigarro en la otra? ¿Y qué va a ser lo próximo? ¿El toque de queda?

    En fin, que como ya noto que se me están revolucionando las pocas neuronas que me quedan, os voy a dejar, que JM está al venir y esta noche nos vamos a quedar en casa fumando y bebiendo para no molestar a nadie.

    ... de fondo One day in your life de Anastacia
     
    Comentario:
    pues en canarias si k se puede seguir vendiendo pq dicen k el cocepto d estanco peninsular al canario es distinto. Pero mas normal para venderlo...
     
    Comentario:
    Tienes razón con lo de sentirse un poco delincuente. Con un poco de suerte dejamos todos de fumar, se arruina el estado y vuelven a permitir fumar everywhere.
    Besos.
    No