Pequeños placeres
Disfruto mucho de los sábados por la tarde en casa. Me gusta estar sola, cuando mis compañeros de piso se van y yo puedo andar a mis anchas. Recojo y limpio, pongo cada cosa en su sitio, escucho esas canciones que me llegan, me gustan o, simplemente, desatan mi lado petardo. Canto a gritos y bailo con la fregona. Mi perrillo se esconde bajo la cama cuando saco la aspiradora y al acabar se acerca a mí todavía temblando de miedo. A ratos me paro para fumar un cigarrillo, ver qué cositas nuevas se han descargado, ver o escuchar algunas. Otras archivarlas para más tarde.
Me gusta bajar a hacer la compra (aunque últimamente me cueste un triunfo). Comprar mis cositas pensando en qué me voy a cocinar esta noche o qué me puedo dejar hecho para llevarme al trabajo. Volver cargada de bolsas (creo que voy a empezar a comprar por internet, aunque sea mi perdición... no volveré a salir de casa) y colocar las cosas en la nevera y los armarios. Bajar a mi perrillo y observarle mientras husmea cada arbusto, farola o árbol que se cruza en nuestro camino. Volver a casa y rellenarle su escudilla con pienso y agua fresca y observarle de nuevo mientras bebe para acabar lanzándome una mirada de agradecimiento.
Leer tantos blogs que tengo pendientes de leer. Ir saltando de unos a otros, leer a amigos y ver que hablan de mí y recogen mi testigo de las cinco manías (¿alguien se ha librado?). Leer a ratos el nuevo manuscrito que me ha pasado la editorial (no comment, informe negativo) para luego ponerme a pensar en quién soy yo para decidir sobre los sueños de otros. Y recuerdo cuándo yo era esa adolescente que escribía por puro amor a la literatura, deseosa de que llegase el fin de semana para poder encerrarme en mi castillo a darle alas a mi imaginación. En cuando yo también envié por primera vez una novela a un premio literario y cómo aguardé ansiosa que me contestaran. Tuve suerte porque lo hicieron. Y justo cuando me convertí en "escritora" comprendí que había dejado de serlo. Me convertí en un producto.
Pero acabo el libro. Y lo dejo a un lado pensando en lo que le voy a decir a mi editor (¿alguien tiene la gran novela bollo durmiendo en un cajón? Enviadsela, por favor...). Y me preparo una pizza para cenar prontito. Porque los pequeños placeres también deben ser breves y porque el Rusfi me ha conminado a salir un ratín por el Parque Temático esta noche. Y una está descuidando mucho sus relaciones sociales últimamente... Aisss, qué cruz, con lo que cuesta arrancarme de casa en estos tiempos invernales...

¿¡Viene esa pizza o qué!?
...de fondo Dyslexic Heart de Paul Westerberg
Me gusta bajar a hacer la compra (aunque últimamente me cueste un triunfo). Comprar mis cositas pensando en qué me voy a cocinar esta noche o qué me puedo dejar hecho para llevarme al trabajo. Volver cargada de bolsas (creo que voy a empezar a comprar por internet, aunque sea mi perdición... no volveré a salir de casa) y colocar las cosas en la nevera y los armarios. Bajar a mi perrillo y observarle mientras husmea cada arbusto, farola o árbol que se cruza en nuestro camino. Volver a casa y rellenarle su escudilla con pienso y agua fresca y observarle de nuevo mientras bebe para acabar lanzándome una mirada de agradecimiento.
Leer tantos blogs que tengo pendientes de leer. Ir saltando de unos a otros, leer a amigos y ver que hablan de mí y recogen mi testigo de las cinco manías (¿alguien se ha librado?). Leer a ratos el nuevo manuscrito que me ha pasado la editorial (no comment, informe negativo) para luego ponerme a pensar en quién soy yo para decidir sobre los sueños de otros. Y recuerdo cuándo yo era esa adolescente que escribía por puro amor a la literatura, deseosa de que llegase el fin de semana para poder encerrarme en mi castillo a darle alas a mi imaginación. En cuando yo también envié por primera vez una novela a un premio literario y cómo aguardé ansiosa que me contestaran. Tuve suerte porque lo hicieron. Y justo cuando me convertí en "escritora" comprendí que había dejado de serlo. Me convertí en un producto.
Pero acabo el libro. Y lo dejo a un lado pensando en lo que le voy a decir a mi editor (¿alguien tiene la gran novela bollo durmiendo en un cajón? Enviadsela, por favor...). Y me preparo una pizza para cenar prontito. Porque los pequeños placeres también deben ser breves y porque el Rusfi me ha conminado a salir un ratín por el Parque Temático esta noche. Y una está descuidando mucho sus relaciones sociales últimamente... Aisss, qué cruz, con lo que cuesta arrancarme de casa en estos tiempos invernales...

¿¡Viene esa pizza o qué!?
...de fondo Dyslexic Heart de Paul Westerberg
Comentario:
vaya, ha sido más fácil de lo que esperaba...
Comentario:
un pequeño placer: buscar cosas... y encontrarlas
con un poco de suerte, encontraré el título de tu primera novela. y de la segunda. a ver si soy capaz.
otro placer: probarme a mí misma
con un poco de suerte, encontraré el título de tu primera novela. y de la segunda. a ver si soy capaz.
otro placer: probarme a mí misma
Comentario:
De verdad, que seriamos sin pequeños placeres? pues, sin duda alguna , sólo seríamos unas insatisfechas porque mira que nos conformamos con poco, al menos yo!!!
Y que sería de los tiempos invernales, sin manta, sofá, peli, chuches varias y una buena compañía para quien guste y una maravillosa soledad para quien la desee.
Mil besos
Y que sería de los tiempos invernales, sin manta, sofá, peli, chuches varias y una buena compañía para quien guste y una maravillosa soledad para quien la desee.
Mil besos
Comentario:
¿Me escribes un correo? (así yo te escribo otro... poruqe soy incapaz de encontrar tu dirección).
un beso
un beso