Maneras de vivir, maneras de sentir
Parece que en las últimas semanas se ha reactivado mi vida social. Esto quiere decir que ahora paso (un poquito) menos tiempo encerrada en mi casa y que estoy haciendo algo que me gusta mucho: conocer personas nuevas y mantener largas conversaciones.
El otro día pasé la tarde con un grupo de chicas. Fuimos a uno de esos lugares con poca luz que propician la relajación y la charla íntima. Allí, entre velas, cojines y humo, dimos rienda suelta a un torrente de palabras que a cada una nos salía por la boca sin atropello pero también sin pausa. El tiempo se nos pasó volando, como un suspiro, hasta la madrugada, pese a que el día siguiente era laborable. Creo que eso fue lo que nos disuadió de continuar hablando. Creo que, de haber sido sábado, el amanecer hubiera llegado sin que nos diéramos cuenta, susurrando rayitos de sol por la ventana.
Lo que predominó en la conversación, por encima de otras cosas, fue el amor. Relatos de amores pasados, emociones vividas, sentimientos ahogados o liberados. Cada una teníamos una historia distinta, un modo diferente de vivir nuestros respectivos episodios románticos. Escuché bellas historias de amor, con final feliz, sin él o en suspenso. Me hicieron recordar mis propias historias e intenté hacerlo obviando al mismo tiempo el dolor que me provocaron después, cuando se acabaron, cuando todo el amor se convirtió, quizá no en odio pero sí en resentimiento, en esa eterna pregunta que todas nos hacemos alguna vez: ¿por qué? ¿por qué tú? ¿por qué a mí? ¿por qué ahora?
He estado recordando mucho. Recordando personas, lugares, momentos, emociones y, sí, también dolor. Pero ha sido como tratar de recordar un sueño que tuviste a mitad de la noche cuando llevas mucho tiempo despierta. Tratas de retener su impronta en la cabeza pero se te escapa, te resulta ajeno, lejano. Así es como recuerdo ahora mis relaciones, las personas a las que amé o creí amar. Como si no tuvieran nada que ver conmigo, como si pertenecieran al pasado de una persona que no soy yo.
Dos razones han sido las únicas que he encontrado para explicarme a mí misma por qué me siento ahora como una paralítica emocional. La primera es muy racional, como intento ser yo siempre. Todas esas historias las he plasmado por escrito, en decenas de cuadernos, de folios sueltos, de archivos de word desperdigados por mi disco duro. Las escribí para no olvidarlas, para hacer una copia de seguridad. Por eso ahora me cuesta tanto recordarlas. Porque las escribí para dejar constancia de ellas y no preocuparme de recordar sus detalles. La segunda razón es más visceral, más reactiva. He olvidado para anestesiar el dolor aun a costa de olvidar también el placer, la felicidad sentida. He olvidado para que el recuerdo no me persiga con esa crueldad que le caracteriza y me aseste un golpe cuando menos me lo espere. He ido cubriendo, capa a capa, un corazón quizás demasiado sensible, acorazándole a él y a mis emociones. Por seguridad. Por cautela. Y he ido dejando que el manto del tiempo lo cubriera. Cuanto más tiempo pase menos apreciaré el dolor, menos sentiré yo.
Cuando mi última novia me dejó, en una de esas incómodas citas que tuvimos para hablar (bueno, para que yo monologará porque ella no soltaba prenda) recuerdo haber cogido el posavasos sobre el que estaba mi cerveza. Rota de dolor y con lágrimas en los ojos fui rompiendo el posavasos trozo a trozo, diciendo que cada uno lo había arrancado cada persona que había estado conmigo, que mi corazón se estaba haciendo cada vez más chiquitito. Que cada persona que había pasado por mi vida se había llevado más de lo que había dejado y que qué se iba a encontrar la persona que quisiera quedarse. Por supuesto, esto último sólo lo pensé. Ella ya me consideraba demasiado melodramática como para darle más razones.
Si me preguntaran cuál ha sido el amor de mi vida no sabría qué contestar. Podrían haber sido todos o podría no haber sido ninguno. Tal vez fuese aquella aprendiz de lolita que me enamoró con sus indómitos diecisiete años. O aquél pintor que tambaleó mi mundo cuando más asentado creía yo que estaba y cuya fugacidad fue inversamente proporcional a la intensidad sentida. O la casi menor de edad que se echó en mis brazos nada más conocerme. O aquella que me trató como a una reina, haciéndome sentir lo que nunca había sentido para luego dejarme sin una sola explicación. O esos amores platónicos tan fuertes, tan arrasadores que me marcaron más por lo que pudieron ser que por lo que fueron realmente.
He amado mucho e intensamente pero no, honestamente no puedo decir cuál ha sido el amor de mi vida. Aunque confio que esto sea porque el amor de mi vida esté ahora mismo preguntándose dónde demonios me estoy escondiendo y cuando voy a aparecer en la suya.
P.D.: Que malas son las influencias, mari, qué críptica me estoy volviendo… ;-p

…de fondo Muñeca de trapo de La Oreja de Van Gogh (¡¡¡ñoñita que estoy hoy, leñe!!!)
El otro día pasé la tarde con un grupo de chicas. Fuimos a uno de esos lugares con poca luz que propician la relajación y la charla íntima. Allí, entre velas, cojines y humo, dimos rienda suelta a un torrente de palabras que a cada una nos salía por la boca sin atropello pero también sin pausa. El tiempo se nos pasó volando, como un suspiro, hasta la madrugada, pese a que el día siguiente era laborable. Creo que eso fue lo que nos disuadió de continuar hablando. Creo que, de haber sido sábado, el amanecer hubiera llegado sin que nos diéramos cuenta, susurrando rayitos de sol por la ventana.
Lo que predominó en la conversación, por encima de otras cosas, fue el amor. Relatos de amores pasados, emociones vividas, sentimientos ahogados o liberados. Cada una teníamos una historia distinta, un modo diferente de vivir nuestros respectivos episodios románticos. Escuché bellas historias de amor, con final feliz, sin él o en suspenso. Me hicieron recordar mis propias historias e intenté hacerlo obviando al mismo tiempo el dolor que me provocaron después, cuando se acabaron, cuando todo el amor se convirtió, quizá no en odio pero sí en resentimiento, en esa eterna pregunta que todas nos hacemos alguna vez: ¿por qué? ¿por qué tú? ¿por qué a mí? ¿por qué ahora?
He estado recordando mucho. Recordando personas, lugares, momentos, emociones y, sí, también dolor. Pero ha sido como tratar de recordar un sueño que tuviste a mitad de la noche cuando llevas mucho tiempo despierta. Tratas de retener su impronta en la cabeza pero se te escapa, te resulta ajeno, lejano. Así es como recuerdo ahora mis relaciones, las personas a las que amé o creí amar. Como si no tuvieran nada que ver conmigo, como si pertenecieran al pasado de una persona que no soy yo.
Dos razones han sido las únicas que he encontrado para explicarme a mí misma por qué me siento ahora como una paralítica emocional. La primera es muy racional, como intento ser yo siempre. Todas esas historias las he plasmado por escrito, en decenas de cuadernos, de folios sueltos, de archivos de word desperdigados por mi disco duro. Las escribí para no olvidarlas, para hacer una copia de seguridad. Por eso ahora me cuesta tanto recordarlas. Porque las escribí para dejar constancia de ellas y no preocuparme de recordar sus detalles. La segunda razón es más visceral, más reactiva. He olvidado para anestesiar el dolor aun a costa de olvidar también el placer, la felicidad sentida. He olvidado para que el recuerdo no me persiga con esa crueldad que le caracteriza y me aseste un golpe cuando menos me lo espere. He ido cubriendo, capa a capa, un corazón quizás demasiado sensible, acorazándole a él y a mis emociones. Por seguridad. Por cautela. Y he ido dejando que el manto del tiempo lo cubriera. Cuanto más tiempo pase menos apreciaré el dolor, menos sentiré yo.
Cuando mi última novia me dejó, en una de esas incómodas citas que tuvimos para hablar (bueno, para que yo monologará porque ella no soltaba prenda) recuerdo haber cogido el posavasos sobre el que estaba mi cerveza. Rota de dolor y con lágrimas en los ojos fui rompiendo el posavasos trozo a trozo, diciendo que cada uno lo había arrancado cada persona que había estado conmigo, que mi corazón se estaba haciendo cada vez más chiquitito. Que cada persona que había pasado por mi vida se había llevado más de lo que había dejado y que qué se iba a encontrar la persona que quisiera quedarse. Por supuesto, esto último sólo lo pensé. Ella ya me consideraba demasiado melodramática como para darle más razones.
Si me preguntaran cuál ha sido el amor de mi vida no sabría qué contestar. Podrían haber sido todos o podría no haber sido ninguno. Tal vez fuese aquella aprendiz de lolita que me enamoró con sus indómitos diecisiete años. O aquél pintor que tambaleó mi mundo cuando más asentado creía yo que estaba y cuya fugacidad fue inversamente proporcional a la intensidad sentida. O la casi menor de edad que se echó en mis brazos nada más conocerme. O aquella que me trató como a una reina, haciéndome sentir lo que nunca había sentido para luego dejarme sin una sola explicación. O esos amores platónicos tan fuertes, tan arrasadores que me marcaron más por lo que pudieron ser que por lo que fueron realmente.
He amado mucho e intensamente pero no, honestamente no puedo decir cuál ha sido el amor de mi vida. Aunque confio que esto sea porque el amor de mi vida esté ahora mismo preguntándose dónde demonios me estoy escondiendo y cuando voy a aparecer en la suya.
P.D.: Que malas son las influencias, mari, qué críptica me estoy volviendo… ;-p

…de fondo Muñeca de trapo de La Oreja de Van Gogh (¡¡¡ñoñita que estoy hoy, leñe!!!)
Comentario:
No me conoces, me llamo Leonor y he leido tu comentario. Me a parecido mas real que nada que haya leido jamás, y me gustaria decir que no me ha pasado nada parecido, pero la verdad es que me asusta lo identificada que me he podido llegar a sentir.Toda mi vida he tenido esa sensación de que las personas que he amado se han llevado partes de mi que no volverán, sabiendo que ellas no han sufrido ni la mitad.Como tu, he ido haciendome capas, esperando que el tiempo y la monotomía se apoderen de mí, porque el dolor es demasiado como para afrontarlo. Pero si no lo haces, y como bien decias, llega un dia por sorpresa y te abofetea en la cara desmontandote por completo.
Sólo quería compartir contigo, lo que parece que es demasiado común, el dolor a una pérdida. El secreto del éxito, no lo sé. Lo único que es seguro que mañana nacera otro dia y no sabes lo que te puede traer, por esa razon intento corregir mi caparazón, ya me he perdido suficientes cosas.
un beso y que tu cariño sea bien recibido y cuidado.
Sólo quería compartir contigo, lo que parece que es demasiado común, el dolor a una pérdida. El secreto del éxito, no lo sé. Lo único que es seguro que mañana nacera otro dia y no sabes lo que te puede traer, por esa razon intento corregir mi caparazón, ya me he perdido suficientes cosas.
un beso y que tu cariño sea bien recibido y cuidado.
Comentario:
no busques a quien amar , sino a quien ayudar, aquel que disfrute de tu ayuda se llenara de ti y buscarà siempre complaceros a ambos, amor no es mas que compañerismo siego, entre dos seres sin indiferencias fisicas en los que tal amor por su amistad permite ademas darse de besos y cojones. Vive y siempre sueña con hacer vivir a quien esta a tu lado
Comentario:
... lo he repetido tantas veces a mi misma, a mis amigas...
supongo que con el tiempo todo llega...
esperemos de la mejor manera...
supongo que con el tiempo todo llega...
esperemos de la mejor manera...
Comentario:
nena, o yo soy dislexica visual o la tía esa q baila de tu perfil antes estaba a la izquierda...
q me está pasando????
help
q me está pasando????
help
Comentario:
?????¿¿¿¿¿?????
Esto me pasa por romper mis promesas...
P.D. Por lo menos la foto está bien
Comentario:
Pues el amor de mi vida no ha llegado aún, ni el amor, ni el día más feliz, ni la suerte más grande, ni las mejores personas, ni lo mejor que me ha pasado nunca.
A mí sólo me han llegado mínimos,lo máximo siempre está por venir, si no tuviera este pensamiento ni me levantaría de la cama.
besos
A mí sólo me han llegado mínimos,lo máximo siempre está por venir, si no tuviera este pensamiento ni me levantaría de la cama.
besos
Comentario:
El mio, el amor de mi vida es el propio amor, el querer que perdure para siempre la capacidad de dedicarme de lleno a una persona, ser capaz de dar sin recibir nada a cambio, tan solo las emociones y sentimientos que eso mismo me proporcione...
Comentario:
Uno y no más Santo Tomás??
Sabes?? Es curioso, pero hace un mes y medio yo estaba en un bar rompiendo un posavasos en trocines... Muy curioso sí sí!
En esto no vale lo de la mancha de la mora no??
Besazos niña!
Sabes?? Es curioso, pero hace un mes y medio yo estaba en un bar rompiendo un posavasos en trocines... Muy curioso sí sí!
En esto no vale lo de la mancha de la mora no??
Besazos niña!
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El mío me dijeron que llegaría a los 40, así que puedo lobear tranquilamente los 12 años y pico que me quedan;P
Buenos días, sentimental!
Buenos días, sentimental!
Comentario:
Con 15 años pensaba que una se podía morir de amor...pensaba que si un día mi tenista me dejaba, me moriría.
Me dejó, y a los dos meses conocí a Rajuela, me llenó de todo, me hizo el ser más feliz de este planeta...he muerto de amor hace tan solo unos meses, y ahora vuelvo a la vida. Pero a su lado, la resurección de este amor, es mucho más fuerte que nunca.
Besos nena
Me dejó, y a los dos meses conocí a Rajuela, me llenó de todo, me hizo el ser más feliz de este planeta...he muerto de amor hace tan solo unos meses, y ahora vuelvo a la vida. Pero a su lado, la resurección de este amor, es mucho más fuerte que nunca.
Besos nena
Comentario:
El a,or de mi vida lo que tengo a mi lado,Mi amada esposa 20 años amandola,creo que no ,e alcanzarà mi vida para amarla como se lo merece.
Marcos
MarcosComentario:
yo si se cual fue el amor de mi vida. 7 años 7 (como los toros). contenido e intenso.
encontraré más personas, pero ninguna con la intensidad de los 18 q fue ella...
un kiss
encontraré más personas, pero ninguna con la intensidad de los 18 q fue ella...
un kiss