Balance
¿Cuándo nos damos cuenta de que estamos enamoradas? Dicen que mariposas en el estómago, que se acelera el corazón cuando ves a esa persona, que te sudan las manos...dicen, dicen, dicen.
Yo debo ser rara. Me di cuenta de que me estaba quedando pillada cuando empecé a ver coches como el suyo por todas partes... yo, que nunca me fijo en los coches...
Después me di cuenta de que me gustaba, cuando bailábamos, que ella pusiera mi mano justo en el trozo de piel que quedaba al aire libre entre su camiseta y su pantalón...Tiene la piel tan suave... que yo era incapaz de apartar la mano.
Y acabé de darme cuenta de que estaba pillada del todo cuando el cruce de miradas hacía aparecer una estúpida sonrisa en mi cara... O cuando buscaba, disimuladamente, el roce de su mano...
Un día, no sé muy bien cómo, acabamos abrazadas en una calle cualquiera de Madrid. Mi cabeza quedaba justo a la altura de su pecho y escuchaba su corazón latiendo a mil revoluciones por segundo...Ese día se volcó mi mundo...aunque estuviera a punto de echarlo todo por tierra..
El primer día que la besé supe que estaba perdida sin remedio...
Hoy han pasado, exactamente, seis meses desde ese beso...y me encanta...
Hundir la nariz en su cuello y respirarla...
Su sonrisa y la intensidad de su mirada...
Tocarle la oreja cuando conduce...
Los besos lentos, lentos y suaves...
El ascensor de su casa y su coche...que tantos secretos guardan. Acariciarle el pelo cuando apoya la cabeza en mi hombro...
Su admirable fuerza de voluntad...
Las cosas que nos decimos con los ojos y con las manos...
Su nariz...aunque no le llegue el riego...
Su lucha por superarse cada día...
Abrazarla por la espalda y llenarla de besos...
Su seguridad...
Su respiración....agitada y anhelante...
Los silencios cómodos y las largas parrafadas...
Que no pueda parar de tocarme...ni yo a ella...
Hacerla reír...
Hipotecarme con ella a 30 años de cariño...
Su inquietud por aprender...
Los millones de abrazos....
Dibujar su cara con mis manos....
Estar orgullosa de ella que se me note....
Sentirme segura a su lado...
Besarla en cualquier esquina de Madrid...
Observarla...cuando no se da cuenta...
Que desaparezca el mundo entero cuando nos miramos....
Tantas cosas...que me han hecho volverme a sentirme viva...
Estos seis meses a tu lado han sido un verdadero regalo...Te quiero mucho más de lo que soy capaz de expresar....
Izel.
Yo debo ser rara. Me di cuenta de que me estaba quedando pillada cuando empecé a ver coches como el suyo por todas partes... yo, que nunca me fijo en los coches...
Después me di cuenta de que me gustaba, cuando bailábamos, que ella pusiera mi mano justo en el trozo de piel que quedaba al aire libre entre su camiseta y su pantalón...Tiene la piel tan suave... que yo era incapaz de apartar la mano.
Y acabé de darme cuenta de que estaba pillada del todo cuando el cruce de miradas hacía aparecer una estúpida sonrisa en mi cara... O cuando buscaba, disimuladamente, el roce de su mano...
Un día, no sé muy bien cómo, acabamos abrazadas en una calle cualquiera de Madrid. Mi cabeza quedaba justo a la altura de su pecho y escuchaba su corazón latiendo a mil revoluciones por segundo...Ese día se volcó mi mundo...aunque estuviera a punto de echarlo todo por tierra..
El primer día que la besé supe que estaba perdida sin remedio...
Hoy han pasado, exactamente, seis meses desde ese beso...y me encanta...
Hundir la nariz en su cuello y respirarla...
Su sonrisa y la intensidad de su mirada...
Tocarle la oreja cuando conduce...
Los besos lentos, lentos y suaves...
El ascensor de su casa y su coche...que tantos secretos guardan. Acariciarle el pelo cuando apoya la cabeza en mi hombro...
Su admirable fuerza de voluntad...
Las cosas que nos decimos con los ojos y con las manos...
Su nariz...aunque no le llegue el riego...
Su lucha por superarse cada día...
Abrazarla por la espalda y llenarla de besos...
Su seguridad...
Su respiración....agitada y anhelante...
Los silencios cómodos y las largas parrafadas...
Que no pueda parar de tocarme...ni yo a ella...
Hacerla reír...
Hipotecarme con ella a 30 años de cariño...
Su inquietud por aprender...
Los millones de abrazos....
Dibujar su cara con mis manos....
Estar orgullosa de ella que se me note....
Sentirme segura a su lado...
Besarla en cualquier esquina de Madrid...
Observarla...cuando no se da cuenta...
Que desaparezca el mundo entero cuando nos miramos....
Tantas cosas...que me han hecho volverme a sentirme viva...
Estos seis meses a tu lado han sido un verdadero regalo...Te quiero mucho más de lo que soy capaz de expresar....
Izel.
Y como hemos cambiado..
Sonríe mientras abre la bolsa con su regalo de cumpleaños. Impaciente, rompe el papel que lo envuelve y al verlo se le iluminan los ojos, me abraza y me da un beso. Le ha encantado, lo sé porque en eso somos iguales. Es un oso de peluche, su pelo es suave y en la cabeza lleva un sombrero de lona color mostaza que contrasta con el color azulón de su cuerpo.
La miro algo sorprendida mientras ella no aparta la vista del oso, sé que se ha emocionado, ella sabe que yo lo sé y por eso no me devuelve la mirada. Sin decir nada la cojo de la mano, me mira, la abrazo y yo también me emociono. Ambas sabemos, que poco importa el oso, me echaba de menos y yo, aunque me ha costado reconocerlo, también.
Es curioso, pero aunque siempre ha formado parte de mi vida y en muchas ocasiones sus palabras me han dado las fuerzas para seguir adelante, no recuerdo cuando fue la última vez, que nos abrazamos de esa forma. Tal vez, ambas hemos cambiado. Tal vez, yo por fin he comprendido que intentar esconder mis sentimientos no me hace más fuerte sino más inhumana. Tal vez, ella nunca me ha dejado de comprender.
Felicidades abuela.
Hoy hace un año
El problema no es el desamor ni las lagrimas que deja, de el se aprende, te hace fuerte y al igual que la pasión y el amor te recuerda que estas viva. Porque eres capaz de sentir!!! puedes reir de amor, vibrar de pasión o llorar por desamor.
El verdadero problema es el TEMOR, porque te bloque, te limita y te impide recordar que un día fuiste capaz de sentir.
p.d. te echo de menos.
Los colores de Surafrica
Del Blanco

Al Negro

Ahora...el Arco Iris

Hay cosas que simplemente no necesitan palabras.
El debut
El camerino le resulta demasiado pequeño, constantemente hay gente que entra y sale, unos vienen a repasar el maquillaje y el peinado, otros estiran el traje, como si de repente hubiese encogido y tuvieran que sacar diez centímetros más a cada lado. Parece una marioneta en manos de aquellas personas que controlan que esté todo cuidado hasta el mínimo detalle.
Vuelven a llamar a la puerta, esta vez no entra nadie, solo una voz que le dice que se prepare, quedan 5 minutos. Los nervios van en aumento y ella no está allí para acompañarla hasta el escenario. Prometió que estaría, pero después de lo ocurrido ayer, no cree que vaya a aparecer. Se levanta de la silla, tiene las manos húmedas por el sudor aunque están frías, necesita sus palabras susurradas al oído para espantar aquella horrible sensación, necesita sentir el calor de sus labios en los suyos... pero no esta. Abre la puerta y camina de forma pausada intentando ocultar el temblor de sus piernas, el sudor de las manos e intenta relajar la expresión de su cara. A medio camino se detiene, sabe que como no se tranquilice no podrá articular palabra, simula estar buscando algo en su bolsa mientras respira profundamente, siente un escalofrío que le recorre todo el cuerpo, se gira y se encuentra con sus labios, se besan suavemente, mientras se abrazan con ternura. Ha venido, sabía que no se lo perdería. De repente, se escucha un ruido toc, toc, toc, quedan cinco minutos, se había quedado dormida, abre los ojos y la busca pero no esta.
Se sube el telón, los focos en la cara le impiden ver el patio de butacas, no se oye nada, le entra un ataque de pánico, no va a poder hacerlo, quiere que alguien vaya a por ella y la saque de aquel lugar, pero no le sale la voz para pedir ayuda. Solo puede cerrar los ojos y pensar en ella. Cuando todo parece perdido, escucha una voz detrás de ella que comienza a recitar su texto:
"Dormir al sol...sentir los rayos del sol en la cara un día frío (o no tan frío) de otoño o de invierno es una de las cosas que más disfruto en esta vida. Justo en ese momento dejo de pensar y empiezo a sentir. El calor de los rayos en mi cara me hace sentir viva y a la vez me adormecen, me hacen entrar en trance hasta que casi me olvido de lo que tengo a mi alrededor, de dónde estoy, y de qué hago allí... es una forma de recargar las pilas... sí... tal vez yo funcione con energía solar... quién sabe...
Desde que tengo uso de razón he buscado esta sensación... Recuerdo cuando me ponía una manta en el suelo delante del balcón de casa de mis padres para dormir la siesta y mi madre me decía que estaba loca, que iba a pillar una pulmonía de dormir en el suelo... pero nunca la pillé... Recuerdo también las veces que me he dormido en un banco de cualquier parque (sí, en la calle) en mi ciudad, dónde nunca falta el sol, aun a sabiendas de que me pudieran llamar loca... no estoy muy lejos de serlo...
Hoy he vuelto a disfrutar de esa sensación... el sol entraba a raudales por su ventana y venía a parar encima de la cama... ella ha venido a acostarse a mi lado... y nos hemos bañado de sol... y nos hemos quedado dormidas... cogidas de la mano... "
Izel, se gira y la mira, ha reconocido su voz, con lágrimas en los ojos se acerca a ella y la abraza mientras le susurra al oído lo mucho que lo siente....
p.d. esto no es venganza ni na de na por el comentario de ayer. Además tu me diste permiso para publicarlo, yo solo lo he adornado un poquito jijijiji.
Vuelven a llamar a la puerta, esta vez no entra nadie, solo una voz que le dice que se prepare, quedan 5 minutos. Los nervios van en aumento y ella no está allí para acompañarla hasta el escenario. Prometió que estaría, pero después de lo ocurrido ayer, no cree que vaya a aparecer. Se levanta de la silla, tiene las manos húmedas por el sudor aunque están frías, necesita sus palabras susurradas al oído para espantar aquella horrible sensación, necesita sentir el calor de sus labios en los suyos... pero no esta. Abre la puerta y camina de forma pausada intentando ocultar el temblor de sus piernas, el sudor de las manos e intenta relajar la expresión de su cara. A medio camino se detiene, sabe que como no se tranquilice no podrá articular palabra, simula estar buscando algo en su bolsa mientras respira profundamente, siente un escalofrío que le recorre todo el cuerpo, se gira y se encuentra con sus labios, se besan suavemente, mientras se abrazan con ternura. Ha venido, sabía que no se lo perdería. De repente, se escucha un ruido toc, toc, toc, quedan cinco minutos, se había quedado dormida, abre los ojos y la busca pero no esta.
Se sube el telón, los focos en la cara le impiden ver el patio de butacas, no se oye nada, le entra un ataque de pánico, no va a poder hacerlo, quiere que alguien vaya a por ella y la saque de aquel lugar, pero no le sale la voz para pedir ayuda. Solo puede cerrar los ojos y pensar en ella. Cuando todo parece perdido, escucha una voz detrás de ella que comienza a recitar su texto:
"Dormir al sol...sentir los rayos del sol en la cara un día frío (o no tan frío) de otoño o de invierno es una de las cosas que más disfruto en esta vida. Justo en ese momento dejo de pensar y empiezo a sentir. El calor de los rayos en mi cara me hace sentir viva y a la vez me adormecen, me hacen entrar en trance hasta que casi me olvido de lo que tengo a mi alrededor, de dónde estoy, y de qué hago allí... es una forma de recargar las pilas... sí... tal vez yo funcione con energía solar... quién sabe...
Desde que tengo uso de razón he buscado esta sensación... Recuerdo cuando me ponía una manta en el suelo delante del balcón de casa de mis padres para dormir la siesta y mi madre me decía que estaba loca, que iba a pillar una pulmonía de dormir en el suelo... pero nunca la pillé... Recuerdo también las veces que me he dormido en un banco de cualquier parque (sí, en la calle) en mi ciudad, dónde nunca falta el sol, aun a sabiendas de que me pudieran llamar loca... no estoy muy lejos de serlo...
Hoy he vuelto a disfrutar de esa sensación... el sol entraba a raudales por su ventana y venía a parar encima de la cama... ella ha venido a acostarse a mi lado... y nos hemos bañado de sol... y nos hemos quedado dormidas... cogidas de la mano... "
Izel, se gira y la mira, ha reconocido su voz, con lágrimas en los ojos se acerca a ella y la abraza mientras le susurra al oído lo mucho que lo siente....
p.d. esto no es venganza ni na de na por el comentario de ayer. Además tu me diste permiso para publicarlo, yo solo lo he adornado un poquito jijijiji.
La tierra que me vió nacer.
Ayer, junto con Izel y unas amigas visité la ciudad donde nací.
Me fui de allí cuando apenas tenías 3 meses de edad y nunca había vuelto. Como soy un desastre, no le pregunté a mi madre, ni en qué hospital había nacido, ni en que parte de la ciudad estuvimos viviendo. La verdad, es que tampoco sentía ninguna curiosidad por esos lugares. Me llamaba más la atención pasear por sus plazas, tomar una cervecita en alguna taberna y perderme por sus calles.
El día fue precioso, había un sol radiante, calorcito (sin asfixiar), el día perfecto para hacer lo que tenía pensado y lo hicimos. Todo, excepto, lo de la cervecita en una taberna. No sé si es que no hay o no las encontramos, así que nos tuvimos que conformar con una cafetería en la Plaza del Reloj que no estaba mal aunque no es lo que más me apetecía.
En resumen, lo que más me gustó...
La Plaza del Pan

Los Jardines del Prado

y el Tajo, desde luego, el agua no es cristalina, pero el paisaje desde allí, es espectacular.

Al volver, unas amigas me preguntaron ¿que tal? ¿te ha gustado?, yo respondí que si, la ciudad es muy bonita, pero no sé, tenía la extraña sensación de estar perdiéndome algo..tal vez tenga que volver para comprobarlo.

Me fui de allí cuando apenas tenías 3 meses de edad y nunca había vuelto. Como soy un desastre, no le pregunté a mi madre, ni en qué hospital había nacido, ni en que parte de la ciudad estuvimos viviendo. La verdad, es que tampoco sentía ninguna curiosidad por esos lugares. Me llamaba más la atención pasear por sus plazas, tomar una cervecita en alguna taberna y perderme por sus calles.
El día fue precioso, había un sol radiante, calorcito (sin asfixiar), el día perfecto para hacer lo que tenía pensado y lo hicimos. Todo, excepto, lo de la cervecita en una taberna. No sé si es que no hay o no las encontramos, así que nos tuvimos que conformar con una cafetería en la Plaza del Reloj que no estaba mal aunque no es lo que más me apetecía.
En resumen, lo que más me gustó...
La Plaza del Pan

Los Jardines del Prado

y el Tajo, desde luego, el agua no es cristalina, pero el paisaje desde allí, es espectacular.

Al volver, unas amigas me preguntaron ¿que tal? ¿te ha gustado?, yo respondí que si, la ciudad es muy bonita, pero no sé, tenía la extraña sensación de estar perdiéndome algo..tal vez tenga que volver para comprobarlo.
¡Oh, no, no puede ser!
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Había buscado en todos los cajones del armario, sin ningún éxito. Solo le quedaba, recapacitar sobre lo ocurrido, había cometido un error y sabía que iba a tener que pagar un precio. Pensó en la de veces, que a lo largo de la semana, hubiese podido sacar unos minutos para hacerlo, pero siempre lo posponía. En fin, ya no había remedio, solo tenía unos minutos para terminar de vestirse o llegaría tarde a trabajar.
Abrió el cajón de la ropa interior, busco entre la montaña de tangas del tipo sexy, especiales para estas situaciones, y eligió uno a juego con el sujetador, pensó que al menos iría conjuntada. Tras vestirse fue al cuarto de baño a darse un poco de color, al mirarse en el espejo, se dio cuenta de las pocas posibilidades que tenía el maquillaje de mejorar su aspecto, pero aún así, se maquilló como siempre, se echó unas gotas de perfume en el cuello y en las muñecas y se dispuso a afrontar aquel día de la mejor forma posible.
Eran las 8 de la tarde cuando abría la puerta de regreso, nada más entrar y soltar el bolso corrió hacia la habitación, se desnudó y de repente sintió un gran alivio. Se puso un pantalón ancho para estar cómoda y mientras secaba su cara tras quitarse el maquillaje, vio como a su cara volvía el color rosado que le caracterizaba, la tensión que había reflejado su rostro durante todo el día había desaparecido y otra vez sonreía. Por fin, había acabado aquel horrible día. Era consciente de que las secuelas iban a durarle un par de días, pero desde luego no era nada comparable a lo que había pasado.
Por supuesto, había aprendido la lección y tan pronto terminó de secarse la cara, fue a la cocina a poner una lavadora. El cubo de la ropa sucia, estaba desbordado. Encima de toda aquella ropa estaba el conjunto de ropa interior que había llevado ese día, tan monooo. Recordó el día que lo compró, no pudo resistirse al verlo expuesto en el maniquí, no dudó ni un instante buscó uno de su talla y se lo llevó a casa. Esa noche salía y le apetecía sentirse sexy. Todavía recuerda, aquella noche y si, también la semana siguiente, tenía el culo como un mandril. Juró no volver a ponérselo sin anestesia epidural y lo desterró al cajón de tangas sexys destroza almorranas. No le gustaba tirar la ropa y pensaba que ante cualquier imprevisto era mejor eso que nada. Hoy había cambiado de opinión mejor en pelotas que con aquel monísimo tanga, lo cogió del cubo de la ropa sucia y lo tiró con cara triunfante al cubo de la basura...si, por fin, venganza!!!!!
Mi nueva adquisición..

Se me revuelve el estómago
No lo puedo remediar. Izel me acaba de enseñar un e-mail de esos que circulan por la red, es el video de una fiesta, están enfocando la pista de baile, hay un montón de parejas que bailan animadamente, en el centro de la imagen una pareja, ella de espaldas a la cámara el de frente, el la coge del brazo y la gira, una y otra vez, en un descuido sus brazos se chocan con ella y sin parar de bailar el muy HIJO DE PUTA, abofetea a la mujer, sin inmutarse, la coge de las manos y continúa bailando, ella no ha tenido ningún tipo de reacción, ni se ha protegido, ni se ha apartado...nada, solo ha continuado bailando. No lo puedo evitar, se me revuelve el estómago y lo primero que pienso es en patearle los huevos....
Con solo una sonrisa...
Mientras conduce, enciende la radio, la canción que están emitiendo no la conoce, pero la música es suave y la voz de la cantante es dulce, por lo que decide no juguetear con los botones en busca de otra emisora. Piensa en lo curioso que resulta como, de forma casi inconsciente, necesita encontrar una cierta armonía en todo lo que hace. Cualquier otro día, nada más escuchar los primeros acordes de aquella canción, hubiese cambiado inmediatamente de emisora hasta encontrar algo más movido, algo que preparase su ánimo para un día de trabajo intenso. Sin embargo, hoy es su día de descanso y no quiere que nada acelere su ritmo, prefiere disfrutar de aquella sensación de tranquilidad.
La señal horaria indica que son las 10 de la mañana, cuando se incorpora a la carretera. No ha dejado de llover desde que salió de casa y a pesar de no ser intensa, las finas gotas de agua, en pocos segundos cubren por completo la luna del coche. Pero ni el madrugón, ni siquiera, el mal tiempo tienen hoy demasiada importancia.
Sin apartar la vista de la carretera, deja caer, suavemente, el cuello sobre un hombro y luego sobre el otro, intentando relajar la tensión acumulada de la semana. Sin darse cuenta, se ha puesto a pensar en la dura semana de trabajo que ha tenido y en todo el trabajo que le espera mañana sobre su mesa. Justo cuando intentaba recordar a qué hora tenía la reunión con su jefe, ve la señal de la carretera que indica que su salida es la próxima, pone el intermitente, reduce, y al llegar a la glorieta y girar a la derecha, de nuevo aquella sensación. Siempre le ocurre lo mismo. No lleva mucho tiempo frecuentando aquel lugar, pero desde el primer día, siempre la sorprende la mezcla tan extraña de sensaciones que le produce la visión de aquel sitio.
El entorno es espectacular, al fondo, las montañas cubiertas por una intensa capa de color verde, ni siquiera las nubes que cubren sus cimas, consiguen disminuir su belleza. A ambos lados de la carretera, enormes praderas repletas de minúsculas flores de color blanco y amarillo. De vez en cuando, a lo lejos, se ven pequeños bosquecillos, de árboles altísimos, sus troncos son extremadamente delgados, sus ramas resultan algo cortas y sus hojas, algo escasas, tienen un apagado color rojizo. Su aspecto frágil y sus colores mates contrastan con la exhuberancia y la fuerza del resto del paisaje. A simple vista, parecen débiles y con pocas expectativas de salir adelante, sin embargo, año tras año, sobreviven a los rigurosos inviernos de la zona. Es como si la naturaleza, hubiese dotado de una fuerza fuera de lo común a aquellos escuálidos árboles. Tal vez intentando compensar su escasa suerte al haber crecido aislados, en medio de la pradera, en lugar, de en las laderas de las montañas donde el resto de árboles crecen robustos, con fuertes ramas repletas de hojas de un verde intenso.
La primera vez que llegó allí, pensó, en lo mucho que le gustaría vivir en un sitio como este. Inspiró profundamente y al expirar soltó la sensación de angustia que convivía con ella desde hacía demasiado tiempo. Sabía que era un pequeño desahogo, rápidamente se volvería a apoderar de ella, pero aún así, por un instante se sintió liberada.
Casi sin darse cuenta, había tomado la pequeña carretera que se sitúa justo delante de aquella gigantesca mole de hormigón y metal. Sin embargo y a pesar, de sus dimensiones, solo es visible cuando estás cerca, es como si a una determinada distancia fuera imperceptible a la vista. Le sigue resultando tan impresionante como la primera vez, su visión es tan espectacular como la de las montañas, pero bastante más sórdida. Sus muros grises, la alambrada oxidada y aquella enorme torre de control, la recordaron a qué había ido hoy allí. De repente volvió la angustia y la sensación de ahogo, que había dejado atrás hacía apenas un par de kilómetros.
Como en otras ocasiones, busca aparcamiento cerca de la puerta, pero hoy tiene que dar varias vueltas, hay más gente de lo habitual. Baja del coche, se cerciora de haber cerrado las puertas y se dirige a la entrada principal.
En la entrada hay algún grupo de personas, que charlan mientras se fuman un cigarro y esperan a escuchar su nombre por los altavoces. Entra a la sala de espera y echa un vistazo, pero no ve ninguna cara conocida. Coge su teléfono móvil, pero no consigue contactar. Le extraña que no hayan llegado todavía, vuelve a marcar, pero sigue sin obtener respuesta. Sale de nuevo a la puerta y se queda esperando, mirando aquellas montañas, que desde aquel lugar no parecen tener la misma belleza.
Estaba tan concentrada en sus pensamientos, que no se había percatado, de que sus compañeros ya habían llegado. Se acercó a saludarlos y mientras le explicaban que el móvil se había quedado sin batería, sintió que alguien le agarraba su pantalón. Al girarse no vio a nadie, hasta que bajó la vista y le vio Era Rubén, un chiquitín de algo más de un año y del que hacía tiempo que no sabía nada. Le habían comentado que afortunadamente ya no estaba dentro, habían dejado en libertad bajo fianza a su madre y por fin, disfrutaba de una vida en libertad.
Al verlo, lo abrazó, mientras él respondía con una sonrisa. La misma que hace unos meses dio sentido a los madrugones, a los kilómetros de distancia y al cansancio del día siguiente. Hasta aquel día, aunque cumplía con el compromiso que había adquirido, no encontraba mucho sentido a lo que hacía, no se sentía útil. Sin embargo, ese día ocurrió algo, estaban como otras veces en el parque, Rubén no hacía mucho tiempo que había salido por primera vez y se mostraba, serio, distante, ausente, era muy difícil conectar con él, nunca lloraba, pero tampoco reía nunca. Ese día, sin motivo, simplemente porque sí decidió ponerse a correr cuando ella le dijo ¡qué te cojo! aunque se sorprendió no dejó de correr detrás de él hasta que lo alcanzó, lo cogió en brazos, le sonrió mientras le decía ¡te pillé! y le daba un beso en la mejilla...él se quedó mirándola mientras reía a carcajadas. Era la primera vez que le veía sonreír, la primera vez que jugaba, la primera vez que salía de su mundo. Fue en aquel momento, cuando supo que lo que le había dicho Eva, la chica que la orientó cuando comenzó, “nosotros no hacemos caridad, solo intentamos echar una mano”, comenzó a tener sentido. Efectivamente, la caridad se hace sin recibir nada a cambio, y ella con aquella sonrisa había recibido más de lo que había esperado. Había aprendido más de aquel niño, de lo que había aprendido de muchos adultos, había aprendido a confiar, a tener esperanza y a sonreírle a la vida.
¡Hasta arriba!
Llevo unos días con la molesta sensación de no llegar a tiempo a ningún sitio. Odio esta sensación, soy consciente de que hago todo lo que puedo, también soy consciente de que gran parte del agobio es por mi culpa, por mi problema de hiperactividad. No sé porqué pero necesito saber, que desde que me levanto y hasta que me voy a la cama ninguna hora del día estará perdida.
Creo que ya lo he comentado en alguna ocasión, cada año sobre el mes de septiembre, planeo todo lo que voy a hacer. Tengo una lista enorme de cosas pendientes, por lo que exprimo las horas del día, para acaparar todas las que pueda. El otro día, hablando con Izel de este tema, me dijo que era un tema que teníamos que estudiar Y si, desde luego, reconozco que es digno de estudio. Si llego al mes de octubre, con un par de horas “vacías” me entra el agobio y me apunto a lo que haga falta.
Así pasa, que cuando vienen los momentos de subidón de trabajo, o algo se complica y necesito dedicar tiempo a algún imprevisto, me entra el mal rollo. La sensación de no estar cumpliendo con todos los estúpidos objetivos que me he fijado para ese año.
Sé que debo aprender a relajarme, sé que por mucho que me guste algo, si no soy capaz de disfrutarlo se convierte en algo insoportable, pero aún así, año tras otro, me ocurre lo mismo, ajusto al máximo los horarios y al final, esa sensación.
Ayer, decidí dedicar todo el día a estar sin hacer nada. No salí de copas la noche anterior, no limpié la casa, no bañé a pumba y a marqués, ni limpié el coche, ni me puse al día con los apuntes de italiano, ni siquiera, actualicé el blog.
Ayer, dediqué todo el día a disfrutar, simplemente, no pensé en nada, solo quería estar tranquila y disfrutar de mi niña, del sol, de una cerveza en una terraza, de un helado a media tarde, de las palomitas de colores, de nuestra investigación sobre “la dependienta perdida”, de una tarde tirada en el sofá viendo “La vida secreta de las palabras” y un capítulo de “Queer as folk”. Y lo conseguí lo disfruté, disfruté abrazando cuando Izel se puso a llorar tras ver la película (por cierto es super dura), babeé cual perrito de Paulov, cuando Izel me dijo que era la primera vez que no sentía miedo al pensar en un futuro a largo plazo con alguien. Simplemente, no me acordé de nada, porque no había nada que mereciese la pena, tanto, como para amargarme ese día.
Hoy estoy como nueva, ni siquiera mi jefe, que se había perdido durante un par de semanas, dejándome a cargo de su trabajo y el mío, ha sido capaz de sacarme de mis casillas. He trabajado más horas de las que debo y de las que me gustaría, pero todavía tengo las reservas de ayer y no me ha importado. Luego una horita en el gimnasio y después pasear por estos lugares. Claro que cuando pienso que esta noche duermo sola, me empieza a entrar el agobio....
Buen@s noches.
p.d. llevo una horita leyendo blogs, poniéndome al día de cómo le va la vida a mis chicas preferidas. Voy a ver si termino...
Creo que ya lo he comentado en alguna ocasión, cada año sobre el mes de septiembre, planeo todo lo que voy a hacer. Tengo una lista enorme de cosas pendientes, por lo que exprimo las horas del día, para acaparar todas las que pueda. El otro día, hablando con Izel de este tema, me dijo que era un tema que teníamos que estudiar Y si, desde luego, reconozco que es digno de estudio. Si llego al mes de octubre, con un par de horas “vacías” me entra el agobio y me apunto a lo que haga falta.
Así pasa, que cuando vienen los momentos de subidón de trabajo, o algo se complica y necesito dedicar tiempo a algún imprevisto, me entra el mal rollo. La sensación de no estar cumpliendo con todos los estúpidos objetivos que me he fijado para ese año.
Sé que debo aprender a relajarme, sé que por mucho que me guste algo, si no soy capaz de disfrutarlo se convierte en algo insoportable, pero aún así, año tras otro, me ocurre lo mismo, ajusto al máximo los horarios y al final, esa sensación.
Ayer, decidí dedicar todo el día a estar sin hacer nada. No salí de copas la noche anterior, no limpié la casa, no bañé a pumba y a marqués, ni limpié el coche, ni me puse al día con los apuntes de italiano, ni siquiera, actualicé el blog.
Ayer, dediqué todo el día a disfrutar, simplemente, no pensé en nada, solo quería estar tranquila y disfrutar de mi niña, del sol, de una cerveza en una terraza, de un helado a media tarde, de las palomitas de colores, de nuestra investigación sobre “la dependienta perdida”, de una tarde tirada en el sofá viendo “La vida secreta de las palabras” y un capítulo de “Queer as folk”. Y lo conseguí lo disfruté, disfruté abrazando cuando Izel se puso a llorar tras ver la película (por cierto es super dura), babeé cual perrito de Paulov, cuando Izel me dijo que era la primera vez que no sentía miedo al pensar en un futuro a largo plazo con alguien. Simplemente, no me acordé de nada, porque no había nada que mereciese la pena, tanto, como para amargarme ese día.
Hoy estoy como nueva, ni siquiera mi jefe, que se había perdido durante un par de semanas, dejándome a cargo de su trabajo y el mío, ha sido capaz de sacarme de mis casillas. He trabajado más horas de las que debo y de las que me gustaría, pero todavía tengo las reservas de ayer y no me ha importado. Luego una horita en el gimnasio y después pasear por estos lugares. Claro que cuando pienso que esta noche duermo sola, me empieza a entrar el agobio....
Buen@s noches.
p.d. llevo una horita leyendo blogs, poniéndome al día de cómo le va la vida a mis chicas preferidas. Voy a ver si termino...

