Bimbolla
Más tierna que el pan bimbo, eso dice mi novia. Ya veremos...
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Más tierna que el pan bimbo, eso dice mi novia, ya veremos.

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Sindicación
 
Mi peor pesadilla
Camina con los ojos clavados en las baldosas, abstraída en sus pensamientos, lleva meses o tal vez años, pensando, buscando, intentando encontrar las respuestas a las preguntas que no conoce, algo que de un poco de sentido a todo. Por momentos, se desespera, se siente agotada, se siente impotente, no sabe si algún día encontrará lo que esta buscando. De vez en cuando se encuentra con otros que también caminan con la cabeza agachada, aunque la mayoría de la gente que pasa por su lado mira hacia el frente, lo sabe, porque a veces, cuando esta demasiado agotada de sus propios pensamientos, mira de reojo sin levantar la cabeza y les ve pasar por su lado y alejarse, algunos al verla bajan el ritmo y la observan con curiosidad, pero continúan con su camino. Otros van tan deprisa que ni siquiera la ven. Algunos, incluso, han tropezado con ella, pero ella nunca levanta la vista del suelo y los otros tienen demasiada prisa como para detenerse a mirarla. Le gusta sentirse protegida por la indiferencia de algunos y le duele no tener fuerzas para levantar la vista del suelo.

Conoce perfectamente las baldosas de su vida, tres pasos de baldosas grises y con un salto pasa por encima de dos baldosas rojas. Lo ha memorizado al milímetro y todos sus movimientos ya le salen de forma inconsciente. Todas sus fuerzas se centran en su búsqueda. De vez en cuando se encuentra con una baldosa levantada que la hace tropezar, pero sin que de momento haya llegado a caer.

Un día, mientras permanecía inmersa en sus pensamientos, algo ocurrió. Como siempre, estaba reproduciendo cada movimiento..tres pasos y salto, tres pasos y salto, tres pasos y salto...y sin embargo algo falló, tal vez las baldosas grises fueran demasiado grandes o las baldosas rojas demasiado pequeñas pero al dar el salto sus pies no encontraron las baldosas, en su lugar había un extraño vacío y comenzó a caer. Continuaba mirando al suelo que ya no estaba bajo sus pies, solo había...nada. Sus pies ya no se movían, caía por un extraño agujero, su cuerpo caía y ella no podía levantar la cabeza, ya no había nadie a su alrededor, simplemente caía, mientras continuaba abstraída en sus pensamientos...

De repente su cuerpo comenzó a moverse de forma violenta, hacía muchísimo frío y le faltaba el aire, se estaba asfixiando mientras caía rodeada de nada. Levantó bruscamente la cabeza y cerro los ojos. Comenzó a llorar, le dolía el pecho, era un dolor agudo que subía hasta su garganta. Su corazón que hasta ahora había permanecido controlado y protegido comenzó a latir rápidamente, tan rápido que parecía que quisiera huir de aquel cuerpo, de aquel doloroso encierro al que le habían sometido durante años.

Estaba tan alterada, que fue incapaz de gritar cuando notó que alguien la tocaba, estaba paralizada por el miedo. Nunca antes nadie le había tocado, al menos no de aquella forma, sentía como unas manos recorrían su espalda, su nuca, apenas la rozaban y sin embargo, a su paso notaba como su cuerpo se relajaba. El frío que le estaba helando los huesos, se transformaba en un calor intenso y su corazón dejó de golpear su pecho buscando una salida. Los brazos que rodeaban su cintura, la acercaban suavemente hacia aquel cuerpo desconocido, llegó un momento en que estaban tan cerca que sintió como sus corazones latían al mismo ritmo.

Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que ya no pensaba en nada, ya no buscaba nada, simplemente, se dejó contagiar por la sensación de aquel cuerpo rozando el suyo, de aquellos brazos sujetándola, de aquellas manos recorriendo su espalda, de unos labios borrando sus lágrimas, de su corazón unido a otro por el mismo ritmo.

Por primera vez en su vida, levantó la cabeza y abrió los ojos...
 
Resetear
Llevo todo el día buscando el botón, el dichoso botón que me deje en off. Tengo agujetas en el cerebro y no entiendo nada. Esta noche, espero soñar con tele transportarme a la Isla de Borneo, a ver si entre tanto espécimen raro encuentro mi lugar. Si ya lo dijo mi padre al verme por primera vez, “Esta niña parece un langostino!!”. Hace unos días que se me olvida ponerme mi capa de superwoman para salir a la calle y por las noches ando curando las heridas y cada día me siento más rara, no digo diferente, digo rara.



Llevo todo el día tarareando la cancioncita
 
Hoy me quedo
Con la mirada de mi hermano que dice “tranquila, no pasa nada”, con las cervezas compartidas con mi hermana en la sala de espera, con la mano de mi madre cogiendo la mía, con las risas alrededor de su cama, con su cabeza apoyada en mi hombro, con los brazos de Izel sujetándome por la noche, con las palabras de ánimo de la cirujana, con la complicidad y el cariño de una enfermera, con nuestra conversación del día anterior, con su valentía, con su fortaleza y también con sus lágrimas y las mías, con la sensación de sentirme más humana, de sentirle más cerca, de saberme protegida y arropada, con su mano cogiendo la mía esta mañana, con sus ganas beberse la vida, con la alegría de saber que todo va bien.
 
Cosas que hacen que un día sea odioso.
Primero: Revisión ginecológica en la otra punta de Madrid, esto es hora de ida, hora de vuelta y por si fuera poco hora y pico en la sala de espera. Por lo menos la revisión de los aliens que habitan en mis tetas ha sido satisfactoria y hasta dentro de unos meses no tendré que volver. No es que sea hipocondríaca, que para nada, nadita. Aunque es posible, que el ecógrafo no piense lo mismo después del tercer grado que le hice, pero ¿qué iba a hacer? si me sueltan que tengo que tengo una “Sucursal de Quistes S.A.” en cada teta, lo normal es que haga alguna preguntilla ¿no?.

Segundo: Que ayer se fundiesen las dos luces de cruce al tiempo, ya es una faena por sí misma, pero que llegues al taller después del sobeteo ginecológico, sin comer y te suelten que para cambiar dos simples bombillas tardan una hora y media, me pone grrrrr. Vale, que el ingeniero que diseño mi coche es un capullo, ayer, las intenté cambiar y fue misión imposible, al final, me sobraban hasta piezas! Pero hombre, que vosotros se supone que entendéis de esto....

Tercero: Llegar de nuevo a trabajar, después del sobeteo, el clavazo de las dos puñeteras bombillas y de mal comer y te toque trabajar hasta las tantas de la tarde, porque hay un piiiiiiii que lleva exactamente 10 horas intentando resolver un temilla, sin el cual mañana no podré trabajar. Ale, y ahí estoy yo como una campeona quedándome hasta las mil para que el piiiiiiii resuelva un problema suyo para que yo pueda trabajar mañana de nuevo hasta las mil...aysss, si es que soy tann lista!

Cuarto: No llegar ni al gimnasio, ni a italiano. Con lo que me desahogo yo dando puñetazos!

Quinto: Ir a buscar a Izel y tardar otra hora, porque algún iluminado ha decidido cortar la Gran Vía, para el estreno de no sé que película.

En fin, que no ha sido muy buen día...aunque ahora mismo me están esperando y seguro que todo, todito se me olvida jijij.


p.d. retiro esto último y añado:

Sexto: Actualizar el blog, mientras tu novia espera en la cama y que cuando te gires para decirle “ya voy”, se haya quedado dormida. Vaya día!
 
¿Qué hace una chica como tu en un sitio como éste?
En realidad, no era una sino 6 chicas y el lugar este...


La semana pasada nos fuimos unas cuantas amiguitas de fin de semana rural. Lo teníamos todo preparado, bueno casi todo, de hecho quedamos en varias ocasiones para ultimar detalles y hacer la lista de provisiones, que dicho sea de paso no sirvió para nada. Y es que a quién se le ocurre hacer una lista a las 4 de la mañana tras 2 o 10 cervezas (no recuerdo exactamente), y lo que es peor aún, a quién se le ocurre darme a mí ese minúsculo trocito de papel del que, por supuesto, nunca más se supo. Así que improvisamos un poco y cada una compró lo que recordaba o lo que le apetecía. A mi no se me olvidaron, ni las cervezas, ni el ron (que tenía en el armario desde la última casa rural), ni tampoco los boniatos, que aunque no estuvieran en la lista me hacía ilusión volver a comerlos, como cuando era peque y mi madre los asaba en casa.

La verdad es que fue y se nos hizo corto, pero también fue intenso, muy intenso. Salimos el viernes por la tarde-noche, el viaje fue bueno si obviamos que algún gracioso se dedicó a quitar/cambiar los carteles de la carretera, que la lluvia caía a cubos sobre la luna, que a algún despistado se le olvidó encender las farolas y por último pero no menos importante, el viento, ese agradable viento que dejaba a su paso la carretera llena de ramas, y que casi convierte a mi coche en descapotable... yo ya no sabía si agarraba el volante para mantener el coche en la carretera o para no salir volando.

Pero cuando llegamos y vimos la casa se nos olvidó todo, nos esperaban con la chimenea encendida, la cena puesta en la mesa y la habitación preparada. La casa era preciosa, habían cuidado hasta el último detalle, en nuestra habitación teníamos hasta un colchón de agua. Yo cuando lo vi aluciné, pero todavía aluciné más cuando al sentarme, chof, chof, chof..oohhh ni colchón de agua ni ná, goteras!

Aunque para alucinar el paseo por “Las Chorreras”,

es un lugar precioso, lleno de vegetación y animalitos, nosotras nos encontramos con unos 100 o 200 como este...


En fin, y fuera de broma, lo pasé genial, me reí un montón, volví a comer boniatos y castañas asadas, aprendí a jugar con los dados al mentiroso (y no perdí), aunque alguna se picó jijiji. Izel y yo nos enfurruñamos aunque se solucionó con unos cuantos achuchones y celebramos nuestro 6º aniversario pero esto, sshhh, que es secreto. Pumba y Marques se lo pasaron bomba correteando por el campo y saltando por todos los charcos que encontraban, la casa, incluso con goteras es una pasada y el sitio es un privilegio...y si, vale, vale, lo reconozco soy una paleta de asfalto!

La castaña de mojitos se pospuso y la botella de ron volvió al armario de la cocina, a la espera de la próxima escapada que ya tiene fecha.