El intruso.
Esta mañana tras sonar 5 o 6 veces el despertador he conseguido levantarme. Como todos los días antes de tomar un café, me he arrastrado hasta el baño y me he echado agua en la cara hasta que he sido capaz de abrir los ojos lo suficiente, como para llegar a la cocina sin poner en serio peligro mi integridad física.
Una vez allí, he contiuado con mi rutina. Abro el frigorífico y cojo la leche. Hasta ahí todo normal, la sorpresa me la he llevado cuando he vuelto a abrir el frigorífico y me he percatado de que había un intruso. Al verlo he sonreído (maliciosamente), y he salido corriendo a por la cámara. Aquí está el resultado (vale, esta borrosa pero a esas horas..).
A ver quién encuentra al intruso o mejor aún a ver si adivináis quién lo dejó allí. Por supuesto, yo no fui y si hacemos recuento anoche en casa eramos 4. Si yo no he sido y los otros dos andan a 4 patas...solo queda una posibilidad je, je.

El otro día ví en el blog de Ave que alguién había pagado 3 millones de dólares por una foto hecha en un supermercado. Y digo yo, que si dejamos a un lado los detalles técnicos (de los que por supuesto no tengo ni idea) mi foto sin duda es muchísimo más chula que esa. Así que venga se abre la puja quién ofrece, digamos que un par de milloncejos de ná...no seais racanas que es para fines solidarios, el dinero obtenido lo destinaré al tratamiento de senilidad que sin duda "alguna" necesitará en breve jiji.
Una vez allí, he contiuado con mi rutina. Abro el frigorífico y cojo la leche. Hasta ahí todo normal, la sorpresa me la he llevado cuando he vuelto a abrir el frigorífico y me he percatado de que había un intruso. Al verlo he sonreído (maliciosamente), y he salido corriendo a por la cámara. Aquí está el resultado (vale, esta borrosa pero a esas horas..).
A ver quién encuentra al intruso o mejor aún a ver si adivináis quién lo dejó allí. Por supuesto, yo no fui y si hacemos recuento anoche en casa eramos 4. Si yo no he sido y los otros dos andan a 4 patas...solo queda una posibilidad je, je.

El otro día ví en el blog de Ave que alguién había pagado 3 millones de dólares por una foto hecha en un supermercado. Y digo yo, que si dejamos a un lado los detalles técnicos (de los que por supuesto no tengo ni idea) mi foto sin duda es muchísimo más chula que esa. Así que venga se abre la puja quién ofrece, digamos que un par de milloncejos de ná...no seais racanas que es para fines solidarios, el dinero obtenido lo destinaré al tratamiento de senilidad que sin duda "alguna" necesitará en breve jiji.
Ha nacido una estrella.
Se apagan las luces, comienzan a escucharse los primeros acordes de "I will survive", la gente expectante guarda silencio y tras unos instantes se sube el telón lentamente.
La expectación va en aumento, cuando por los altavoces se anuncia "Señoras, sin más preámbulos, la irrepetible, la inclasificable, la inigualable...... ".
En el escenario que permanecía a oscuras, un foco ilumina el centro y ahí esta ella, con cara de....poker? atónita mira hacia un lado y hacia el otro. Parece que quiere decir algo, pero con la música a todo volumen no se escucha nada, de repente la música se corta y se escucha que dice:
"¡¡¡¡OZTIA, COJONE!!!!!!...PERO ETTO QUE É???" y PUNTOS SUSPENSIVOS.
p.d. churriiii cuando leas esto, que no se te olvide lo muchísisisimo que me quieres. muacks.
p.d.1. pos lo dicho que IZEL ha abierto un blog, pero es secreto no se lo digas a nadie.
La expectación va en aumento, cuando por los altavoces se anuncia "Señoras, sin más preámbulos, la irrepetible, la inclasificable, la inigualable...... ".
En el escenario que permanecía a oscuras, un foco ilumina el centro y ahí esta ella, con cara de....poker? atónita mira hacia un lado y hacia el otro. Parece que quiere decir algo, pero con la música a todo volumen no se escucha nada, de repente la música se corta y se escucha que dice:
"¡¡¡¡OZTIA, COJONE!!!!!!...PERO ETTO QUE É???" y PUNTOS SUSPENSIVOS.
p.d. churriiii cuando leas esto, que no se te olvide lo muchísisisimo que me quieres. muacks.
p.d.1. pos lo dicho que IZEL ha abierto un blog, pero es secreto no se lo digas a nadie.
Recuerdos de la infancia.
Sentada en una de las sillas forradas de polipiel rojo que hay junto a la recepción, observo la puerta. No sé cuanto tiempo llevo esperando, tal vez no sea mucho, pero los minutos se hacen eternos.
De vez en cuando, la señorita de la recepción levanta la vista por encima del mostrador y me mira, eso me hace sentir incómoda y agacho la cabeza avergonzada. En silencio, repito una y otra vez, sal ya, por favor, sal ya. Si no fuera tan miedosa probablemente, ya hubiese salido corriendo hace rato, pero esta oscureciendo, no tengo dinero para el autobús y mi casa esta demasiado lejos para ir andando.
Escucho ruido en la sala colindante y levanto la mirada. Estoy ansiosa por verla y sonrío. Pienso que de un momento a otro se abrirá aquella enorme puerta y aparecerá, me cogerá de la mano y nos iremos a casa.
Pasan unos segundos y se abre la puerta de la sala, comienza a salir gente. Sin levantarme de la silla, me inclino de un lado a otro, intento localizarla entre el grupo de 5 o 6 personas que sale. No está. Antes de que se cierre la puerta, estiro el cuello por si logro verla, pero la sala es demasiado grande, hay demasiada gente y la puerta se cierra demasiado rápido. Intento no ponerme nerviosa sé que todavía hay tiempo. Mientras siga escuchando el alboroto de las sillas, de la gente charlando y riendo y sobre todo, mientras que no se encienda el letrero rojo de “No pasar” aún puede aparecer.
Al abrirse la puerta de la calle, noto en la espalda una ráfaga de aire frío. Me giro y veo a una pareja que se dirige hacia el mostrador de recepción. Al pasar por delante de mí me lanzan una mirada de “desaprobación”. No entiendo porqué me miran así o tal vez sí y por eso en lugar de gritarles que no me miren de esa forma, que solo estoy esperando a mi madre. Callo y miro al suelo.
Al llegar al mostrador, la señorita les toma los datos rápidamente para que les dé tiempo a entrar antes de que se apague el letrero que permite acceder a la sala. Cuando abren la puerta para entrar, no puedo evitar ponerme de pie para mirar. La señorita del mostrador levanta la vista y me mira sin decir nada. Yo permanezco de pie, intentado verla, pero la puerta se cierra de nuevo. Vuelvo a sentarme y la señorita vuelve a esconderse tras el mostrador. Se enciende el letrero rojo y poco a poco todo se queda en silencio.
Sentada con las manos agarradas a los lados del asiento de la silla, levanto un poco los pies del suelo manteniendo las rodillas flexionadas y comienzo a balancearme suavemente. En pocos segundos, mi naturaleza soñadora, me permite alejarme de aquella sala y me traslada a un mundo en el que solo hay niños. Yo también lo soy, pero además soy una bruja buena, con escoba voladora y polvos mágicos con los que hago aparecer tartas que nos comemos con las manos y nos tiramos a la cara unos a otros. Justo cuando estoy en mitad de una batalla de bizcocho y nata, escucho una voz que grita ¡Bingo!. Poco a poco, se desvanece todo ante mis ojos y me veo de nuevo en la sala de espera. Detengo el balanceo, apoyo los pies en el suelo y permanezco quieta esperando escuchar de nuevo aquella voz. De pronto, otra vez, alboroto en la sala y se apaga el letrero rojo. Las máquinas tragaperras que están junto al mostrador parecen detectar el movimiento y comienzan a emitir aquella musiquilla horrible.
Se abre la puerta y veo a mi madre, rápidamente me levanto de la silla y voy hacia ella. Al verme me coge de la mano y me sonríe, mientras nos acercamos de nuevo a la silla a por mi abrigo. Algo enfuruñada, le reprocho todo el tiempo que me ha dejado sola, me contesta que tampoco ha sido tanto y me pide que me ponga el abrigo.
Cuando salimos a la calle ya ha anochecido. Nos dirigimos hacia la parada del autobús y una vez allí, mientras esperamos a que llegue el nuestro, nos sentamos en el banco. Estamos sentadas la una junto a la otra, en silencio, no me ha vuelto a dirigir la palabra desde que salimos. La miro pero ella esquiva mi mirada. No es la primera vez que la veo así, por lo que ya sé lo que ocurre y prefiero no preguntar. Al cabo de unos minutos, no lo puede evitar y rompe a llorar, le digo que no se preocupe que no pasa nada. Ella me responde que ha perdido, intuía que hoy iba a tener suerte y se ha jugado todo el dinero. Continúa diciendo que lo ha hecho porque si hubiese ganado, tendríamos dinero para pasar todo el mes, pero no ha sido así y ahora nos hemos quedado sin nada.
Me invade la rabia, la impotencia y me enfado mucho, muchísimo con ella, pero me callo, me agarro con fuerza a su brazo y lloramos.
De vez en cuando, la señorita de la recepción levanta la vista por encima del mostrador y me mira, eso me hace sentir incómoda y agacho la cabeza avergonzada. En silencio, repito una y otra vez, sal ya, por favor, sal ya. Si no fuera tan miedosa probablemente, ya hubiese salido corriendo hace rato, pero esta oscureciendo, no tengo dinero para el autobús y mi casa esta demasiado lejos para ir andando.
Escucho ruido en la sala colindante y levanto la mirada. Estoy ansiosa por verla y sonrío. Pienso que de un momento a otro se abrirá aquella enorme puerta y aparecerá, me cogerá de la mano y nos iremos a casa.
Pasan unos segundos y se abre la puerta de la sala, comienza a salir gente. Sin levantarme de la silla, me inclino de un lado a otro, intento localizarla entre el grupo de 5 o 6 personas que sale. No está. Antes de que se cierre la puerta, estiro el cuello por si logro verla, pero la sala es demasiado grande, hay demasiada gente y la puerta se cierra demasiado rápido. Intento no ponerme nerviosa sé que todavía hay tiempo. Mientras siga escuchando el alboroto de las sillas, de la gente charlando y riendo y sobre todo, mientras que no se encienda el letrero rojo de “No pasar” aún puede aparecer.
Al abrirse la puerta de la calle, noto en la espalda una ráfaga de aire frío. Me giro y veo a una pareja que se dirige hacia el mostrador de recepción. Al pasar por delante de mí me lanzan una mirada de “desaprobación”. No entiendo porqué me miran así o tal vez sí y por eso en lugar de gritarles que no me miren de esa forma, que solo estoy esperando a mi madre. Callo y miro al suelo.
Al llegar al mostrador, la señorita les toma los datos rápidamente para que les dé tiempo a entrar antes de que se apague el letrero que permite acceder a la sala. Cuando abren la puerta para entrar, no puedo evitar ponerme de pie para mirar. La señorita del mostrador levanta la vista y me mira sin decir nada. Yo permanezco de pie, intentado verla, pero la puerta se cierra de nuevo. Vuelvo a sentarme y la señorita vuelve a esconderse tras el mostrador. Se enciende el letrero rojo y poco a poco todo se queda en silencio.
Sentada con las manos agarradas a los lados del asiento de la silla, levanto un poco los pies del suelo manteniendo las rodillas flexionadas y comienzo a balancearme suavemente. En pocos segundos, mi naturaleza soñadora, me permite alejarme de aquella sala y me traslada a un mundo en el que solo hay niños. Yo también lo soy, pero además soy una bruja buena, con escoba voladora y polvos mágicos con los que hago aparecer tartas que nos comemos con las manos y nos tiramos a la cara unos a otros. Justo cuando estoy en mitad de una batalla de bizcocho y nata, escucho una voz que grita ¡Bingo!. Poco a poco, se desvanece todo ante mis ojos y me veo de nuevo en la sala de espera. Detengo el balanceo, apoyo los pies en el suelo y permanezco quieta esperando escuchar de nuevo aquella voz. De pronto, otra vez, alboroto en la sala y se apaga el letrero rojo. Las máquinas tragaperras que están junto al mostrador parecen detectar el movimiento y comienzan a emitir aquella musiquilla horrible.
Se abre la puerta y veo a mi madre, rápidamente me levanto de la silla y voy hacia ella. Al verme me coge de la mano y me sonríe, mientras nos acercamos de nuevo a la silla a por mi abrigo. Algo enfuruñada, le reprocho todo el tiempo que me ha dejado sola, me contesta que tampoco ha sido tanto y me pide que me ponga el abrigo.
Cuando salimos a la calle ya ha anochecido. Nos dirigimos hacia la parada del autobús y una vez allí, mientras esperamos a que llegue el nuestro, nos sentamos en el banco. Estamos sentadas la una junto a la otra, en silencio, no me ha vuelto a dirigir la palabra desde que salimos. La miro pero ella esquiva mi mirada. No es la primera vez que la veo así, por lo que ya sé lo que ocurre y prefiero no preguntar. Al cabo de unos minutos, no lo puede evitar y rompe a llorar, le digo que no se preocupe que no pasa nada. Ella me responde que ha perdido, intuía que hoy iba a tener suerte y se ha jugado todo el dinero. Continúa diciendo que lo ha hecho porque si hubiese ganado, tendríamos dinero para pasar todo el mes, pero no ha sido así y ahora nos hemos quedado sin nada.
Me invade la rabia, la impotencia y me enfado mucho, muchísimo con ella, pero me callo, me agarro con fuerza a su brazo y lloramos.
“Izelitis”.
Sin ninguna duda, padezco de Izelitis, que nada tiene que ver con cistitis, gingivitis, conjuntivitis, ni con ninguna otra afección terminada en “itis. A diferencia de lo que pueda parecer, “Izelitis” no significa que Izel esté inflamada (aunque me consta que a veces también lo esta jiji) más bien hace referencia al efecto que Izel produce en mí. Si, efectivamente, padezco de inflamación, a veces severa, y sufro mucho, muchísimo de hecho casi todos los días.
El proceso casi siempre es el mismo, comienzo a sentir calor, la intensidad depende del tiempo transcurrido desde la última “Izelitis”, acompañado de leve alteración del ritmo cardíaco. En ocasiones, he comenzado a sentir estos síntomas cuando Izel estaba lejos y en lugares poco “adecuados”, por lo que he recurrido a todos los trucos conocidos para evitar la automedicación. Que si yoga sobre la taza del water de la oficina, que si sentarme sobre el congelador de los helados del restaurante. En fin, ya sabéis esos truquillos que vienen en las revistas junto con los de cómo eliminar las manchas amarillas de los sanitarios y que casi nunca dan buen resultado.
Afortunadamente, los procesos más graves siempre los sufro cuando ella esta cerca. Recuerdo uno, especialmente fuerte, en una discoteca de cuyo nombre no puedo acordarme. Izel, se asustó tanto al percatarse de la gravedad de mi situación que no dudo ni un instante. Me arrastró hasta el baño, me bajó los pantalones y me quitó la camiseta. Comenzó a deslizar, suavemente, un cubito de hielo por el pecho, la espalda y la nuca intentando así, controlar la temperatura corporal. Y controlar, controlaba y bastante, pero la temperatura no dejaba de subir, la piel me ardía y comenzaba a sudar. Cuando las piernas dejaron de sostenerme, rodeó mi cintura con sus manos y me sujetó contra la puerta del aseo, mientras recorría mi cuello con un cubito que sujetaba con sus labios. Las gotas del hielo derretido resbalaban por el cuello hasta el escote, algunas se deslizaban rápidamente hasta mi ombligo y de ahí hasta el pubis. Cuando alguna rozaba el clítoris, notaba como mi cuerpo se arqueaba de placer. Otras, al llegar al escote se dirigían directamente hacia mis pezones antes de caer al suelo. Comencé a jadear, como si me faltara el oxígeno, justo en el momento en el que ella me abría los labios con su boca. El cubito se había evaporado dejando sus labios y su lengua fría. Un escalofrío me recorrió la espalda cuando me susurró “cierra los ojos y déjate llevar”. Obedecí, cerré los ojos, y noté como su lengua comenzó a dibujar un nuevo camino...
p.d. ayer, Izel me dijo, por motivos que no vienen al caso, que era una guarrona...no quiero pensar en lo que me dirá cuando lea esto.
El proceso casi siempre es el mismo, comienzo a sentir calor, la intensidad depende del tiempo transcurrido desde la última “Izelitis”, acompañado de leve alteración del ritmo cardíaco. En ocasiones, he comenzado a sentir estos síntomas cuando Izel estaba lejos y en lugares poco “adecuados”, por lo que he recurrido a todos los trucos conocidos para evitar la automedicación. Que si yoga sobre la taza del water de la oficina, que si sentarme sobre el congelador de los helados del restaurante. En fin, ya sabéis esos truquillos que vienen en las revistas junto con los de cómo eliminar las manchas amarillas de los sanitarios y que casi nunca dan buen resultado.
Afortunadamente, los procesos más graves siempre los sufro cuando ella esta cerca. Recuerdo uno, especialmente fuerte, en una discoteca de cuyo nombre no puedo acordarme. Izel, se asustó tanto al percatarse de la gravedad de mi situación que no dudo ni un instante. Me arrastró hasta el baño, me bajó los pantalones y me quitó la camiseta. Comenzó a deslizar, suavemente, un cubito de hielo por el pecho, la espalda y la nuca intentando así, controlar la temperatura corporal. Y controlar, controlaba y bastante, pero la temperatura no dejaba de subir, la piel me ardía y comenzaba a sudar. Cuando las piernas dejaron de sostenerme, rodeó mi cintura con sus manos y me sujetó contra la puerta del aseo, mientras recorría mi cuello con un cubito que sujetaba con sus labios. Las gotas del hielo derretido resbalaban por el cuello hasta el escote, algunas se deslizaban rápidamente hasta mi ombligo y de ahí hasta el pubis. Cuando alguna rozaba el clítoris, notaba como mi cuerpo se arqueaba de placer. Otras, al llegar al escote se dirigían directamente hacia mis pezones antes de caer al suelo. Comencé a jadear, como si me faltara el oxígeno, justo en el momento en el que ella me abría los labios con su boca. El cubito se había evaporado dejando sus labios y su lengua fría. Un escalofrío me recorrió la espalda cuando me susurró “cierra los ojos y déjate llevar”. Obedecí, cerré los ojos, y noté como su lengua comenzó a dibujar un nuevo camino...
p.d. ayer, Izel me dijo, por motivos que no vienen al caso, que era una guarrona...no quiero pensar en lo que me dirá cuando lea esto.
Hubo un tiempo...
en el que llegué a pensar que era incapaz de sentir. Llegar a esa conclusión, tuvo sus consecuencias, para mí y para otros. Llegué a estar tan asustada que decidí separarme, aislarme de todo.
Una persona a la que quiero pese a todo. Aunque no quiera, aunque no se deje, probablemente porque esté tan asustada como yo lo estuve. Bueno pues ella, mi hermana, hace poco me dijo que una de las cosas más duras a las que se había enfrentado nunca era a ella misma. Sentarse frente a uno y mirar y aprenderse y aceptarse sin adornos, sin artificios, es duro y duele, a veces, demasiado. Supongo que me lo dijo, porque en ese momento, aunque yo no fuera muy consciente de ello, era justamente lo que estaba haciendo.
Y era cierto, hubo momentos muy duros y otros simplemente duros, en los que estuve a punto de tirar la toalla y huir de mí. En los que necesitaba llorar y no podía, cuando eso sucedía me ponía la música de esta mujer y a veces conseguía soltar los litros de lágrimas que me ahogaban, otras simplemente, esa voz rota se convertía en la mía y aquellas palabras que no entendía se convertían en las mías...
Demasiado tiempo intentando ser "normal" para llegar a la conclusión de que solo puedo ser feliz siendo "rara".
Soy retorcidísima.
Ayer le pregunté a Izel: "¿por qué no has abierto tú el blog?desde luego eres mejor relaciones públicas y escribes mejor que yo".
Si, efectivamente, fue una pregunta trampa, que ella no captó y respondió: "porque tú eres más constante" ¿ein?
Te pillé!. Lo sabía, sabía que te aburres leyendo mis posts y que solo me contestas porque soy tu novia, grrrrr. Por supuesto, esto lo pensé pero no se lo dije.
Luego pensé, que la pobre está con fiebre y que probablemente no entendió bien mi pregunta, así que he decidido no volver a preguntar a ver si me voy a quedar sin excusas.
También pensé que escribo, porque me gusta, porque me sirve de terapia y porque me gusta conocer gente...ah! y si, ya puestos, confieso que me encanta leer los comentarios. Y es por todo esto por lo que seguiré escribiendo y por lo que no volveré a animarla para que abra su blog, no vaya a ser que termine descuidando el mío jijiji.
Si, efectivamente, fue una pregunta trampa, que ella no captó y respondió: "porque tú eres más constante" ¿ein?
Te pillé!. Lo sabía, sabía que te aburres leyendo mis posts y que solo me contestas porque soy tu novia, grrrrr. Por supuesto, esto lo pensé pero no se lo dije.
Luego pensé, que la pobre está con fiebre y que probablemente no entendió bien mi pregunta, así que he decidido no volver a preguntar a ver si me voy a quedar sin excusas.
También pensé que escribo, porque me gusta, porque me sirve de terapia y porque me gusta conocer gente...ah! y si, ya puestos, confieso que me encanta leer los comentarios. Y es por todo esto por lo que seguiré escribiendo y por lo que no volveré a animarla para que abra su blog, no vaya a ser que termine descuidando el mío jijiji.
Poderes curativos.
Ha sido un fin de semana agotador. Entre la cena de empresa , la noche loca y la noche en urgencias, me he hecho algo más de 1.200 kms. Además he ejercido de enfermera para Izel, de consejera matrimonial para mi hermana y todo eso, sin tener ni idea ni de una cosa ni de la otra. Pero como ya se sabe que más sabe el diablo por viejo que por diablo, inmediatamente les puse en tratamiento a las dos. Leche caliente y cama para una y cervezas y bailoteo hasta el amanecer para otra. Si, además, todo esto lo mezclas con la dosis adecuada de cariños y besos, el efecto curativo se multiplica, y sino que se lo digan a mi hermana que terminó viendo triple y super contenta.
Por "Pirata".
Hace tiempo que decidí no volver a ir de rebajas, normalmente compraba cosas que no necesitaba, pero claro como eran un auténtico "chollo" tenía que comprarlas. Por supuesto al cabo de unos años pasaban directamente de la percha del armario a la bolsa de la basura. No puedo evitarlo, cuando algo entra dentro de mi especial concepción de "chollo" lo compro aunque no lo necesite.
Pues bien, como esta claro que no aprendo, el otro día, mientras me tomaba una cervecita tranquilamente en Chueca un chino con cara de angelito nos abordó para ofrecernos unas películas piratas, por supuesto, tiradas de precio. Al principio, me resistí pero al final la tentación fue muy grande y accedí a echar un vistazo. Me acordé de que me había quedado con muchas ganas de ver "La educación de las hadas" y en mi "cutrevideoclub" no esta. Le pregunté al simpatico vendedor , si la tenía y no sé si no me entendió o se hizo el sueco, porque por respuesta solo obtuve una enorme sonrisa (después caí en la cuenta de que probablemente se estaba descojonando al ver que había picado).
En fin, que terminé comprando 3 ninguna de ellas era la que buscaba (creo que solo tenía las que están en cartelera). Pero lo mejor fue cuando al ponerlas en el DVD nos percatamos de que 2 de ellas no se correspondían con la carátula y la 3ª supongo que se puede decir que la vimos "codificada".

Mi pirata de peluche..."flipando"
Pues bien, como esta claro que no aprendo, el otro día, mientras me tomaba una cervecita tranquilamente en Chueca un chino con cara de angelito nos abordó para ofrecernos unas películas piratas, por supuesto, tiradas de precio. Al principio, me resistí pero al final la tentación fue muy grande y accedí a echar un vistazo. Me acordé de que me había quedado con muchas ganas de ver "La educación de las hadas" y en mi "cutrevideoclub" no esta. Le pregunté al simpatico vendedor , si la tenía y no sé si no me entendió o se hizo el sueco, porque por respuesta solo obtuve una enorme sonrisa (después caí en la cuenta de que probablemente se estaba descojonando al ver que había picado).
En fin, que terminé comprando 3 ninguna de ellas era la que buscaba (creo que solo tenía las que están en cartelera). Pero lo mejor fue cuando al ponerlas en el DVD nos percatamos de que 2 de ellas no se correspondían con la carátula y la 3ª supongo que se puede decir que la vimos "codificada".

Mi pirata de peluche..."flipando"
En un país multicolor...lalalalala
Qué ocurre, si cuando consideras haber superado todos tus traumas infantiles, un día aparece tu novia y te dice: “he visto unas camisetas chulísimas de La Abeja Maya".
Pues que te invade una ansiedad tremenda. No dejas de pensar día y noche en que quieres una y le rezas todos los días a D. Pim Pom (¿qué pasa? cada uno reza a quién quiere) para que no se acaben las existencias.
Por supuesto, el sábado por la tarde arrastré a Izel hasta la tienda para comprarme una y de paso echar un vistazo por si hubiese una de Afrodita. Y es que tengo que confesar, que de todos mis ídolos infantiles La Abeja Maya y Afrodita, si, si la de “¡tetas fuera!” eran mis preferidas.
En realidad, yo era pequeña pero no tonta. De mayor quería ser un híbrido entre la Abeja Maya y Afrodita por un lado podría “volar de flor en flor” y por otro daría alguna utilidad a aquellos dos molestos granos que comenzaban a marcarse en mi camiseta y que amenazaban con crecer mucho más.
Con el tiempo descubrí que no me había convertido ni en una cosa ni en la otra. Al menos, no tengo ni alas (me refiero a propias) ni tetas de quita y pon. Pero descubrí que el no tener alas no me impedía “volar de flor en flor” y que en realidad las tetas fijas (las propias y las ajenas) eran muy útiles, aunque reconozco que, en ocasiones, no estaría mal que fueran móviles.
Aún así y a pesar de haber superado felizmente el hecho de convertirme en un ser humano de lo más corriente (al menos en apariencia), ¡quería una camiseta!. Pero una vez más, todo acabó tristemente cuando al llegar a la tienda en cuestión, comprobé que mi querida Abeja Maya estaba impresa en una camiseta de un color rosa pastel de indescriptible mal gusto. Eso por no mencionar la calidad del tejido, estoy segura que de haberme puesto aquella camiseta, hubiese hecho honor a mi querida Afrodita con aquello de ¡tetas fuera!.
Pues que te invade una ansiedad tremenda. No dejas de pensar día y noche en que quieres una y le rezas todos los días a D. Pim Pom (¿qué pasa? cada uno reza a quién quiere) para que no se acaben las existencias.
Por supuesto, el sábado por la tarde arrastré a Izel hasta la tienda para comprarme una y de paso echar un vistazo por si hubiese una de Afrodita. Y es que tengo que confesar, que de todos mis ídolos infantiles La Abeja Maya y Afrodita, si, si la de “¡tetas fuera!” eran mis preferidas.
En realidad, yo era pequeña pero no tonta. De mayor quería ser un híbrido entre la Abeja Maya y Afrodita por un lado podría “volar de flor en flor” y por otro daría alguna utilidad a aquellos dos molestos granos que comenzaban a marcarse en mi camiseta y que amenazaban con crecer mucho más.
Con el tiempo descubrí que no me había convertido ni en una cosa ni en la otra. Al menos, no tengo ni alas (me refiero a propias) ni tetas de quita y pon. Pero descubrí que el no tener alas no me impedía “volar de flor en flor” y que en realidad las tetas fijas (las propias y las ajenas) eran muy útiles, aunque reconozco que, en ocasiones, no estaría mal que fueran móviles.
Aún así y a pesar de haber superado felizmente el hecho de convertirme en un ser humano de lo más corriente (al menos en apariencia), ¡quería una camiseta!. Pero una vez más, todo acabó tristemente cuando al llegar a la tienda en cuestión, comprobé que mi querida Abeja Maya estaba impresa en una camiseta de un color rosa pastel de indescriptible mal gusto. Eso por no mencionar la calidad del tejido, estoy segura que de haberme puesto aquella camiseta, hubiese hecho honor a mi querida Afrodita con aquello de ¡tetas fuera!.
¿A quién pretendo engañar?
Mira que lo intento pero no hay manera. Con lo bien que me veo yo en el papel de mujer fría, distante, seria y lo mucho que se empeñan los demás en sacar ese ramalazo mío sensiblón.
Ayer en la oficina, entre los millones de avisos con los que el chivato y desesperante windows me ameniza la mañana, vi uno que me sorprendió. El remitente era una compañera del departamento y las primeras palabras del mensaje eran “Oye, no quiero meterme donde no me llaman...”, por supuesto, inmediatamente lo abrí y me quedé alucinada cuando terminé de leerlo. En resumen, me decía que últimamente me veía rara y que si necesitaba hablar con alguien que contara con ella.
La verdad es que hasta hace poco, de vez en cuando, nos íbamos todos a tomar cervecitas al salir del trabajo y es cierto que lo pasábamos bien y que, en alguna ocasión, ya a última hora cuando terminábamos los mismos de siempre y con un puntillo algunos y con un puntazo otros, las conversaciones derivaban hacia temas algo más personales, por lo que se puede decir que ella es de las pocas de la oficina que conoce algo más de mi más allá de la imagen de “jefa” estirada, seca y seria que creo que doy en la oficina. No lo hago a propósito pero soy exigente conmigo y con los que me rodean y, a veces, esto crea tensiones, aunque casi siempre se superan cuando la gente percibe que estás dispuesta a dar lo mismo que pides y no de boquilla sino con hechos. Esto no lo digo por tirarme flores, sino porque es algo que siempre me preocupó, que la gente estuviera a gusto. Creo que es fundamental crear un buen ambiente, echándonos unas risas cuando procede, haciendo la vista gorda en algunos momentos y exigiendo en otros.
Estuve mucho tiempo currándome todo esto y no fue fácil. Cuando me hicieron responsable del área, yo era una más entre todos y hubo gente que no lo aceptó con mucha deportividad. Con el paso del tiempo y poniendo todos de nuestra parte conseguimos adaptarnos todos, incluida yo. Sin embargo, siempre pensé que no volvería a ser lo mismo, que poco a poco nos distanciaríamos y se perdería el buen rollito que nos traíamos...una vez más me equivocaba y me alegro.
Al terminar de leer el e-mail tenía una estúpida sonrisa en mi cara, me acerqué a su mesa le di las gracias por preocuparse y charlamos un ratito...
Ayer en la oficina, entre los millones de avisos con los que el chivato y desesperante windows me ameniza la mañana, vi uno que me sorprendió. El remitente era una compañera del departamento y las primeras palabras del mensaje eran “Oye, no quiero meterme donde no me llaman...”, por supuesto, inmediatamente lo abrí y me quedé alucinada cuando terminé de leerlo. En resumen, me decía que últimamente me veía rara y que si necesitaba hablar con alguien que contara con ella.
La verdad es que hasta hace poco, de vez en cuando, nos íbamos todos a tomar cervecitas al salir del trabajo y es cierto que lo pasábamos bien y que, en alguna ocasión, ya a última hora cuando terminábamos los mismos de siempre y con un puntillo algunos y con un puntazo otros, las conversaciones derivaban hacia temas algo más personales, por lo que se puede decir que ella es de las pocas de la oficina que conoce algo más de mi más allá de la imagen de “jefa” estirada, seca y seria que creo que doy en la oficina. No lo hago a propósito pero soy exigente conmigo y con los que me rodean y, a veces, esto crea tensiones, aunque casi siempre se superan cuando la gente percibe que estás dispuesta a dar lo mismo que pides y no de boquilla sino con hechos. Esto no lo digo por tirarme flores, sino porque es algo que siempre me preocupó, que la gente estuviera a gusto. Creo que es fundamental crear un buen ambiente, echándonos unas risas cuando procede, haciendo la vista gorda en algunos momentos y exigiendo en otros.
Estuve mucho tiempo currándome todo esto y no fue fácil. Cuando me hicieron responsable del área, yo era una más entre todos y hubo gente que no lo aceptó con mucha deportividad. Con el paso del tiempo y poniendo todos de nuestra parte conseguimos adaptarnos todos, incluida yo. Sin embargo, siempre pensé que no volvería a ser lo mismo, que poco a poco nos distanciaríamos y se perdería el buen rollito que nos traíamos...una vez más me equivocaba y me alegro.
Al terminar de leer el e-mail tenía una estúpida sonrisa en mi cara, me acerqué a su mesa le di las gracias por preocuparse y charlamos un ratito...

