Descerebrada.
Hace unos días me encontré esta nota:
"Me voy. No soporto el poco valor que das a mi trabajo, no haces más que machacarme con asuntos absolutamente irrelevantes, ridículos y totalmente inadecuados para mi categoría. Me voy al Tibet unos días a meditar y a ver si allí puedo solucionar el estropicio que me has hecho a lo largo de toda tú vida".
Con afecto,
tu cerebro.
Al tercer día sin recibir noticias suyas llamé al monasterio y me dijeron que seguía en tratamiento de choque, al parecer el pobre había llegado en unas condiciones lamentables. Cuando pregunté que cuando calculaban que podría estar preparado para regresar, me dijeron que había contratado el tratamiento más largo, ya que según él mismo les dijo la propietaria apenas notaría su ausencia (sí, es un poco cabroncete, pero según dice él lo aprendió de mi).
"Me voy. No soporto el poco valor que das a mi trabajo, no haces más que machacarme con asuntos absolutamente irrelevantes, ridículos y totalmente inadecuados para mi categoría. Me voy al Tibet unos días a meditar y a ver si allí puedo solucionar el estropicio que me has hecho a lo largo de toda tú vida".
Con afecto,
tu cerebro.
Al tercer día sin recibir noticias suyas llamé al monasterio y me dijeron que seguía en tratamiento de choque, al parecer el pobre había llegado en unas condiciones lamentables. Cuando pregunté que cuando calculaban que podría estar preparado para regresar, me dijeron que había contratado el tratamiento más largo, ya que según él mismo les dijo la propietaria apenas notaría su ausencia (sí, es un poco cabroncete, pero según dice él lo aprendió de mi).
Clones.
Como si fuéramos clones, trato de buscar en ti, lo que sé que existe en mí. Todo, lo bueno y lo malo. Intento encontrar un reflejo de lo que pienso y lo que siento.
Como si fuéramos clones, genéticamente perfectos, busco tus penas en el mismo lugar donde yo guardo las mías. Pero no las encuentro. Tus alegrías tienen que estar justo por encima de las penas y a medio camino entre tus sueños y tus deseos. Pero no, tampoco están en su sitio.
Me angustio pensando, que no sientes como yo, que no piensas como yo. Me siento débil al no encontrar ni miedos ni inseguridades. Me aterra creer que te irás cuando tu busques en mí y los encuentres.
Entonces comienzo a pensar. No somos clones, somos diferentes y no pasa nada. Me tranquilizo e intento que me muestres donde los guardas....siento que te alejas y te encierras...me separo y te recompones.
Me abrazas, me apoyo en tu pecho e intento aprender....
Como si fuéramos clones, genéticamente perfectos, busco tus penas en el mismo lugar donde yo guardo las mías. Pero no las encuentro. Tus alegrías tienen que estar justo por encima de las penas y a medio camino entre tus sueños y tus deseos. Pero no, tampoco están en su sitio.
Me angustio pensando, que no sientes como yo, que no piensas como yo. Me siento débil al no encontrar ni miedos ni inseguridades. Me aterra creer que te irás cuando tu busques en mí y los encuentres.
Entonces comienzo a pensar. No somos clones, somos diferentes y no pasa nada. Me tranquilizo e intento que me muestres donde los guardas....siento que te alejas y te encierras...me separo y te recompones.
Me abrazas, me apoyo en tu pecho e intento aprender....
Yo solo sé que no sé nada.
Lo único que sé es que una herradura cuesta entre 60 y 80 euros. Que cuando te sumerges en mundos ajenos, no debes llevarte nada. Que ni todo es tan pequeño, ni tan grande como parece. Que no debes fiarte de los camareros cuando te ofrecen pinchos calientes. Que por la salida también se puede entrar, pero por la entrada no se puede salir. Que cuando olvidas algo importante, siempre hay alguien importante que te lo recordará. Que cuando te pierdes alguien siempre te ofrece un plano. Que aunque algún capullo te deja sin oxígeno siempre puedes quitarle el suyo. Que el capullo, quizás no lo es tanto. Que los güevos en la cabeza desaparecen sin dejar cicatrices. Que cuando te desequilibras te haces daño. Que a veces alguien te tiende una mano para equilibrarte. Que no eres más fuerte por negarte a cogerla. Que la vida sin riesgo, no es vida. Que ofrecer no significa inmiscuirse. Que hay cosas que se hacen paso a paso. Que cuando te sonríen debes sonreír. Que es muy tarde. Que mañana me volveré a quedar dormida. Y ¿ qué?
El otro día hablando con una amiga, me comentó que era increíble el cambio que había dado en menos de un año. Cuando me lo dijo me quedé unos segundos pensando, recordé algunas cosas y sonreí. Tuve que reconocer que es cierto, que afortunadamente he cambiado y sin duda para mejor, al menos yo me siento mejor. Hoy al recordar la conversación he ido a los archivos de cosas que escribía por aquella época y he rescatado esto, que por cierto escribí tras una noche de juerga con ésta amiga y su pareja.
El otro día hablando con una amiga, me comentó que era increíble el cambio que había dado en menos de un año. Cuando me lo dijo me quedé unos segundos pensando, recordé algunas cosas y sonreí. Tuve que reconocer que es cierto, que afortunadamente he cambiado y sin duda para mejor, al menos yo me siento mejor. Hoy al recordar la conversación he ido a los archivos de cosas que escribía por aquella época y he rescatado esto, que por cierto escribí tras una noche de juerga con ésta amiga y su pareja.
El Sr. R.
Hace unos días nos fuimos a comer para celebrar la jubilación del Sr. R., una de las “vacas sagradas” de mi empresa. Cualquiera que me conozca un poco, sabe que huyo de cierto tipo de eventos, sobre todo, porque en la mayoría de los casos me resultan fríos, vacíos, forzados y lo peor de todo falsos. Sin embargo ésta era la despedida “no oficial”, es decir, organizada por y con la gente más cercana en la que cada cual paga lo suyo y pone algo de dinerillo para hacer un regalito.
Me apetecía estar allí, porque aunque el tipo en cuestión al comienzo fue muy duro conmigo, con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que realmente me caló desde el primer día y que aunque, en ocasiones, tuviera ganas de matarlo, lo cierto es que hubo momentos en los que sus provocaciones reforzaron mi actitud.
En algún momento llegué a pensar que yo para él no era más que una cría, sin estudios y sin ningún futuro que no fuera meramente administrativo. Que conste que no tengo nada en contra, de hecho durante mucho tiempo fueron mis únicas funciones, pero tenía otras inquietudes, quería aprender y sobre todo quería demostrar que podía hacerlo.
Todavía recuerdo el día que le dije que comenzaba a estudiar la carrera, levantó la vista del papel en el que estaba escribiendo, me miró y con una media sonrisa me dijo “no sabes donde te estás metiendo” bastó con eso para darme cuenta de lo poco que confiaba en mis posibilidades. Por supuesto, esto no solo no me acobardó sino que me indignó y me sirvió de motivación. Desde el primer año y hasta el último me fue preguntando periódicamente como me iba. Al principio, con ese aire de desconfianza pero al finalizar el primer año y decirle que había aprobado todo con una nota media de notable, su actitud cambió. Los comentarios irritantes se convirtieron en palabras de ánimo y comenzó a llamarme a su despacho para enseñarme los “trucos” que no me iban a enseñar en la facultad. Tengo que decir que él junto con mi jefe actual son las personas que más me han enseñado y que más han confiado en mí a lo largo de los más de 15 años que llevo en la empresa.
Por todo eso y por el montón de momentos compartidos, buenos y no tanto, quería estar presente. Tras la comida, comenzaron una serie de espontáneos “mini discursillos” de agradecimiento. Lo cierto, es que la mayoría fueron muy cariñosos, excepto algún graciosillo que con 3 copas de más o tres neuronas de menos hizo el típico comentario con tintes machistas que algunos descerebrados consideran gracioso. Afortunadamente, comprobé que cada vez son menos. Al terminar los postres y servir el café aproveché que nos llamaron para hacernos una foto, para sentarme a su lado y disponer de unos minutos para charlar.
Mi carácter (mal carácter, que dirían ellos) me impide mostrar de forma abierta mis sentimientos. Pero el otro día, era un día especial y a mi “manera” quería darle las gracias. Sin embargo, antes de que pudiera empezar a hablar, comenzó a preguntarme por mi vida, quería saber si ya me había recuperado tras los altibajos de los dos últimos años. Y es que por muy reservada que sea todo se termina sabiendo. Me sorprendió y me agradó su preocupación, así que le contesté la verdad, que lo pasé mal durante un tiempo pero que ya me encontraba mucho mejor. Antes de que tuviera tiempo para reaccionar, siguió diciendo que hace un tiempo le había comentado a mi jefe que me consideraba una magnífica profesional pero con mucho carácter, en ese momento quería que la tierra me tragase, pero cuando al final dijo: “sabes, me recuerdas a mí cuando tenía tu edad”, tuve que tragar saliva y hacer un esfuerzo sobre humano para no emocionarme y es que, en realidad, soy una sensiblona, con cara de mala leche, pero sensiblona.
Me puse tan nerviosa, que cuando pude levantar la vista del mantel y volver a mirarlo a los ojos, solo acerté a decir “gracias por todo”. Supongo, que es cierto lo que dicen de que una mirada vale más que mil palabras, porque simplemente me sonrío y contestó “lo sé, lo sé”.
Me apetecía estar allí, porque aunque el tipo en cuestión al comienzo fue muy duro conmigo, con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que realmente me caló desde el primer día y que aunque, en ocasiones, tuviera ganas de matarlo, lo cierto es que hubo momentos en los que sus provocaciones reforzaron mi actitud.
En algún momento llegué a pensar que yo para él no era más que una cría, sin estudios y sin ningún futuro que no fuera meramente administrativo. Que conste que no tengo nada en contra, de hecho durante mucho tiempo fueron mis únicas funciones, pero tenía otras inquietudes, quería aprender y sobre todo quería demostrar que podía hacerlo.
Todavía recuerdo el día que le dije que comenzaba a estudiar la carrera, levantó la vista del papel en el que estaba escribiendo, me miró y con una media sonrisa me dijo “no sabes donde te estás metiendo” bastó con eso para darme cuenta de lo poco que confiaba en mis posibilidades. Por supuesto, esto no solo no me acobardó sino que me indignó y me sirvió de motivación. Desde el primer año y hasta el último me fue preguntando periódicamente como me iba. Al principio, con ese aire de desconfianza pero al finalizar el primer año y decirle que había aprobado todo con una nota media de notable, su actitud cambió. Los comentarios irritantes se convirtieron en palabras de ánimo y comenzó a llamarme a su despacho para enseñarme los “trucos” que no me iban a enseñar en la facultad. Tengo que decir que él junto con mi jefe actual son las personas que más me han enseñado y que más han confiado en mí a lo largo de los más de 15 años que llevo en la empresa.
Por todo eso y por el montón de momentos compartidos, buenos y no tanto, quería estar presente. Tras la comida, comenzaron una serie de espontáneos “mini discursillos” de agradecimiento. Lo cierto, es que la mayoría fueron muy cariñosos, excepto algún graciosillo que con 3 copas de más o tres neuronas de menos hizo el típico comentario con tintes machistas que algunos descerebrados consideran gracioso. Afortunadamente, comprobé que cada vez son menos. Al terminar los postres y servir el café aproveché que nos llamaron para hacernos una foto, para sentarme a su lado y disponer de unos minutos para charlar.
Mi carácter (mal carácter, que dirían ellos) me impide mostrar de forma abierta mis sentimientos. Pero el otro día, era un día especial y a mi “manera” quería darle las gracias. Sin embargo, antes de que pudiera empezar a hablar, comenzó a preguntarme por mi vida, quería saber si ya me había recuperado tras los altibajos de los dos últimos años. Y es que por muy reservada que sea todo se termina sabiendo. Me sorprendió y me agradó su preocupación, así que le contesté la verdad, que lo pasé mal durante un tiempo pero que ya me encontraba mucho mejor. Antes de que tuviera tiempo para reaccionar, siguió diciendo que hace un tiempo le había comentado a mi jefe que me consideraba una magnífica profesional pero con mucho carácter, en ese momento quería que la tierra me tragase, pero cuando al final dijo: “sabes, me recuerdas a mí cuando tenía tu edad”, tuve que tragar saliva y hacer un esfuerzo sobre humano para no emocionarme y es que, en realidad, soy una sensiblona, con cara de mala leche, pero sensiblona.
Me puse tan nerviosa, que cuando pude levantar la vista del mantel y volver a mirarlo a los ojos, solo acerté a decir “gracias por todo”. Supongo, que es cierto lo que dicen de que una mirada vale más que mil palabras, porque simplemente me sonrío y contestó “lo sé, lo sé”.
Entre lo divino y lo humano, me quedo con lo humano.
Esta mañana leyendo el periódico he visto ésta noticia. Si tengo que ser sincera diré que aunque no creo en la iglesia, me admira su visión empresarial y me espanta su arcaísmo y su más que cuestionable “moralidad”.
No conozco ninguna otra institución que haya perdurado tanto en el tiempo y que haya obtenido tantos beneficios ofreciendo un “producto” con una fecha de envasado de hace más de 2.000 años. Ni siquiera se han tenido que molestar en cambiar su campaña publicitaria y cuando lo intentaron, recuerdo en concreto un anuncio en televisión, fue un auténtico escándalo, me imagino que por lo explícito de sus intenciones. Viendo el estrepitoso fracaso de aquel intento de “modernización” decidieron continuar confiando en la gigante y convenientemente adoctrinada red de distribución, dejando para el “superjefe” las apariciones televisivas.
Pero como todos sabemos, en la olla siempre hay un garbanzo negro, o dicho en su jerga, en todo rebaño existe una oveja negra, y si de algo saben éstos señores es precisamente de estas cuestiones. Pues bien, todo esto venía porque al parecer hay un miembro de su rebaño que ha intentado dar una visión más actual de su “producto estrella”. Acorde con los nuevos tiempos que corren, en los que algunos humanos corrientes y molientes hemos degenerado hasta el punto de dejar de creer en los dioses que curan, multiplican los peces y mueren para salvar a toda la humanidad. Y es que desde luego, ya nos vale, nos hemos convertido en un atajo de desagradecidos y seremos desterrados al infierno por todo el mal que le hemos hecho a la humanidad. Esta nueva visión no ha parecido hacerle mucha gracia a los “jefes” que inmediatamente han repudiado al autor y la obra .
Lo que no saben es que todavía algunos creemos. Yo sigo creyendo en ciertos poderes aunque no divinos, sino humanos. Y si que creo que la muerte de algunos salvaría a la humanidad y que la pasta de otros haría que se multiplicasen los peces (por ejemplo, la del vaticano) incluso creo que hay gente que puede curar (a golpe de medicamentos genéricos).
No conozco ninguna otra institución que haya perdurado tanto en el tiempo y que haya obtenido tantos beneficios ofreciendo un “producto” con una fecha de envasado de hace más de 2.000 años. Ni siquiera se han tenido que molestar en cambiar su campaña publicitaria y cuando lo intentaron, recuerdo en concreto un anuncio en televisión, fue un auténtico escándalo, me imagino que por lo explícito de sus intenciones. Viendo el estrepitoso fracaso de aquel intento de “modernización” decidieron continuar confiando en la gigante y convenientemente adoctrinada red de distribución, dejando para el “superjefe” las apariciones televisivas.
Pero como todos sabemos, en la olla siempre hay un garbanzo negro, o dicho en su jerga, en todo rebaño existe una oveja negra, y si de algo saben éstos señores es precisamente de estas cuestiones. Pues bien, todo esto venía porque al parecer hay un miembro de su rebaño que ha intentado dar una visión más actual de su “producto estrella”. Acorde con los nuevos tiempos que corren, en los que algunos humanos corrientes y molientes hemos degenerado hasta el punto de dejar de creer en los dioses que curan, multiplican los peces y mueren para salvar a toda la humanidad. Y es que desde luego, ya nos vale, nos hemos convertido en un atajo de desagradecidos y seremos desterrados al infierno por todo el mal que le hemos hecho a la humanidad. Esta nueva visión no ha parecido hacerle mucha gracia a los “jefes” que inmediatamente han repudiado al autor y la obra .
Lo que no saben es que todavía algunos creemos. Yo sigo creyendo en ciertos poderes aunque no divinos, sino humanos. Y si que creo que la muerte de algunos salvaría a la humanidad y que la pasta de otros haría que se multiplicasen los peces (por ejemplo, la del vaticano) incluso creo que hay gente que puede curar (a golpe de medicamentos genéricos).
Dudas existenciales de una lesbiana novata a las tantas de la mañana.
Para mí ser lesbiana no se limita a mi preferencia sexual por las mujeres, por mucho que lo digan los académicos de la RAE . Cuando yo me identifico como tal, lo hago porque si algo me ha quedado claro tras mis experiencias heterosexuales, es que un hombre, no puede satisfacer mis necesidades sexuales, pero tampoco mis necesidades afectivas, al igual, que, probablemente, yo tampoco pueda satisfacer las suyas.
El hecho de que me identifique como lesbiana desde hace muy poco tiempo, hace que me pregunte un montón de cosas que antes ni siquiera me había planteado. En ocasiones puedo resultar excesivamente racional, aún a sabiendas de que hay cuestiones que no se pueden analizar desde esa perspectiva y probablemente desde ninguna otra. Simplemente, hay cosas que ocurren, que sientes y que te llenan pero para las que no es posible encontrar un por qué y de encontrarlo probablemente para cada cual sea diferente. Pero en fin, como además también soy bastante cabezota, no puedo evitarlo y aquí estoy yo, planteándome preguntas del tipo ¿tenemos las lesbianas diferentes necesidades afectivas? ¿y sexuales? ¿realmente existe la homosexualidad y la heterosexualidad?.
En fin, estas son un pequeño ejemplo de un montón más que me han surgido en los últimos tiempos y para las que poco a poco voy encontrando una respuesta, más o menos convincente, pero en cualquier caso la mía y claro está, basada en mis circunstancias y mis experiencias.
Yo, si creo que las lesbianas tenemos diferentes necesidades afectivas que las heterosexuales y me explico. Los hombres que he conocido, ya sea porque realmente son así o por motivos culturales o educacionales, nunca me han demostrado que tengan necesidades afectivas, o al menos no las mismas, ni siquiera similares a las mías y no me refiero solo como pareja sino también en otros ámbitos. Con esto no quiero decir que necesite vivir pegada cual garrapata a mi pareja, pero si necesito ver en ella algún gesto, alguna palabra, que me haga sentirla cerca al igual que necesito demostrárselo yo a ella. Hasta ahora, esto solo ha ocurrido con una mujer, que por otra parte es la única con la que he estado. Y hasta ahora, también, éste asunto ha sido una barrera infranqueable con el resto de mis parejas que sin duda ha contribuido a que todas mi relaciones anteriores hicieran aguas. Con las mujeres me ocurre lo contrario que con los hombres, la gran mayoría me han demostrado tener necesidades afectivas de una forma u otra, pero sin duda diferentes a las mías, sobre todo porque sino estaría convirtiendo en lesbianas a todas las mujeres del planeta o al menos de mi entorno y esto ya es pasarse.
En cuanto a la segunda duda existencial, sólo voy a decir que he descubierto sensaciones totalmente nuevas, simplemente cerrando los ojos y sintiendo el contacto de su piel o el roce de la yema de sus dedos. Hemos pasado horas disfrutándonos, saboreándonos y recreándonos con nuestros cuerpos y he disfrutado de sesiones express, tan intensas y tan placenteras como las otras. No voy a decir cual de las dos últimas no conocía...
Homosexualidad, heterosexualidad, me gustaría saber si realmente estas palabras no las hemos inventado para complicarnos la vida más de lo que ya es. ¿Por qué catalogarnos, cuando en la mayoría de las ocasiones nos definimos de una manera u otra, sin saber lo que es estar con un hombre o una mujer? o lo que es más retorcido aún, ¿quién nos garantiza que aún sabiéndolo y definiéndonos de una forma u otra un día no aparezca alguien que nos haga cambiar de idea?.
Y tú ¿qué piensas?
El hecho de que me identifique como lesbiana desde hace muy poco tiempo, hace que me pregunte un montón de cosas que antes ni siquiera me había planteado. En ocasiones puedo resultar excesivamente racional, aún a sabiendas de que hay cuestiones que no se pueden analizar desde esa perspectiva y probablemente desde ninguna otra. Simplemente, hay cosas que ocurren, que sientes y que te llenan pero para las que no es posible encontrar un por qué y de encontrarlo probablemente para cada cual sea diferente. Pero en fin, como además también soy bastante cabezota, no puedo evitarlo y aquí estoy yo, planteándome preguntas del tipo ¿tenemos las lesbianas diferentes necesidades afectivas? ¿y sexuales? ¿realmente existe la homosexualidad y la heterosexualidad?.
En fin, estas son un pequeño ejemplo de un montón más que me han surgido en los últimos tiempos y para las que poco a poco voy encontrando una respuesta, más o menos convincente, pero en cualquier caso la mía y claro está, basada en mis circunstancias y mis experiencias.
Yo, si creo que las lesbianas tenemos diferentes necesidades afectivas que las heterosexuales y me explico. Los hombres que he conocido, ya sea porque realmente son así o por motivos culturales o educacionales, nunca me han demostrado que tengan necesidades afectivas, o al menos no las mismas, ni siquiera similares a las mías y no me refiero solo como pareja sino también en otros ámbitos. Con esto no quiero decir que necesite vivir pegada cual garrapata a mi pareja, pero si necesito ver en ella algún gesto, alguna palabra, que me haga sentirla cerca al igual que necesito demostrárselo yo a ella. Hasta ahora, esto solo ha ocurrido con una mujer, que por otra parte es la única con la que he estado. Y hasta ahora, también, éste asunto ha sido una barrera infranqueable con el resto de mis parejas que sin duda ha contribuido a que todas mi relaciones anteriores hicieran aguas. Con las mujeres me ocurre lo contrario que con los hombres, la gran mayoría me han demostrado tener necesidades afectivas de una forma u otra, pero sin duda diferentes a las mías, sobre todo porque sino estaría convirtiendo en lesbianas a todas las mujeres del planeta o al menos de mi entorno y esto ya es pasarse.
En cuanto a la segunda duda existencial, sólo voy a decir que he descubierto sensaciones totalmente nuevas, simplemente cerrando los ojos y sintiendo el contacto de su piel o el roce de la yema de sus dedos. Hemos pasado horas disfrutándonos, saboreándonos y recreándonos con nuestros cuerpos y he disfrutado de sesiones express, tan intensas y tan placenteras como las otras. No voy a decir cual de las dos últimas no conocía...
Homosexualidad, heterosexualidad, me gustaría saber si realmente estas palabras no las hemos inventado para complicarnos la vida más de lo que ya es. ¿Por qué catalogarnos, cuando en la mayoría de las ocasiones nos definimos de una manera u otra, sin saber lo que es estar con un hombre o una mujer? o lo que es más retorcido aún, ¿quién nos garantiza que aún sabiéndolo y definiéndonos de una forma u otra un día no aparezca alguien que nos haga cambiar de idea?.
Y tú ¿qué piensas?
Una llamada.
Esta mañana he recibido una llamada que no esperaba. Podría contar con los dedos de una mano las veces que lo ha hecho. Al principio me ha sorprendido, incluso me he asustado un poco pensando que ocurría algo. Al confirmar que todo iba bien, me he sentido culpable por no llamar yo más a menudo, pero también me ha hecho ilusión que me llamara él.
Al colgar el teléfono me he sentido decepcionada, nada cambia.
A veces, pienso en lo que me gustaría que cogieras el teléfono,simplemente, para saber como estoy. Con un "Hola ¿estas bien?" bastaría. No sé algo que me hiciera pensar que realmente te has acordado de mí.
Al colgar el teléfono me he sentido decepcionada, nada cambia.
A veces, pienso en lo que me gustaría que cogieras el teléfono,simplemente, para saber como estoy. Con un "Hola ¿estas bien?" bastaría. No sé algo que me hiciera pensar que realmente te has acordado de mí.

