Pa mi princesa, pa mi guerrera...
¡Felicidades cariño!
Podría hablar...
de lo cabreada que estoy con los organizadores de un cursito, que nos exigen cumplir estrictamente con las fechas, para luego ellos incumplirlas de forma reiterada.
- de lo agobiante que esta mi jefe. Lo han ascendido esta en pleno subidón y animando a todos a seguirlo.
- de que he dejado el curso de italiano.
- de que por primera vez en mi vida he podido dejar algo a medias sin sentirme culpable.
- de que prefiero dedicar el 100% de mi tiempo a algo que me apasiona a tener compartirlo con algo que solo me gusta.
podría hablar de cualquiera de estas cosas u otras, pero he decidido que prefiero hablar:
- de que Izel me ha pedido esta noche que la depile las cejas el fin de semana. Esta claro que lo nuestro es una relación totalmente consolidada je, je.
- de que éste puente no nos vamos a ningún sitio pero no me importa. Podremos descansar, disfrutar un poco de Madrid, de nosotras y celebrar su cumple (uy! se me ha escapado).
- de que por fin, han decidido instalarme el "trasto" que me dejaron en la cocina hace un par de semanas y gracias al cual hacemos salto de pértiga cada vez que queremos ir a por un vaso de agua.
- de que ayer pasé una vergüenza terrible cuando el profesor de baile me puso a su lado delante del espejo y de todos los presentes, para marcar los pasos de la coreografía. Prometí matarle pero es tan majete que antes de terminar la clase ya le había perdonado.
- de que mientras escribo pumba y marqués se tumban al lado de la silla. De vez en cuando levantan la cabeza y me miran reclamando mi atención, hasta que sienten tanta curiosidad por lo que hago que se ponen a dos patitas para que les suba.
- de que hoy, a diferencia de lo que ocurre casi todos los días, es Izel la que me está esperando en la cama.
- de que por hoy se ha acabado, estoy deseando acurrucarme entre sus brazos para que me de mis achuchones diarios que ya me hacen falta.
No he podido resistirlo...este es pumba.

Buenas noches.
Editado para corregir el dichoso "laísmo" que me lleva de cabeza (Gracias caríñín, esto sí que es cursi je, je).
- de lo agobiante que esta mi jefe. Lo han ascendido esta en pleno subidón y animando a todos a seguirlo.
- de que he dejado el curso de italiano.
- de que por primera vez en mi vida he podido dejar algo a medias sin sentirme culpable.
- de que prefiero dedicar el 100% de mi tiempo a algo que me apasiona a tener compartirlo con algo que solo me gusta.
podría hablar de cualquiera de estas cosas u otras, pero he decidido que prefiero hablar:
- de que Izel me ha pedido esta noche que la depile las cejas el fin de semana. Esta claro que lo nuestro es una relación totalmente consolidada je, je.
- de que éste puente no nos vamos a ningún sitio pero no me importa. Podremos descansar, disfrutar un poco de Madrid, de nosotras y celebrar su cumple (uy! se me ha escapado).
- de que por fin, han decidido instalarme el "trasto" que me dejaron en la cocina hace un par de semanas y gracias al cual hacemos salto de pértiga cada vez que queremos ir a por un vaso de agua.
- de que ayer pasé una vergüenza terrible cuando el profesor de baile me puso a su lado delante del espejo y de todos los presentes, para marcar los pasos de la coreografía. Prometí matarle pero es tan majete que antes de terminar la clase ya le había perdonado.
- de que mientras escribo pumba y marqués se tumban al lado de la silla. De vez en cuando levantan la cabeza y me miran reclamando mi atención, hasta que sienten tanta curiosidad por lo que hago que se ponen a dos patitas para que les suba.
- de que hoy, a diferencia de lo que ocurre casi todos los días, es Izel la que me está esperando en la cama.
- de que por hoy se ha acabado, estoy deseando acurrucarme entre sus brazos para que me de mis achuchones diarios que ya me hacen falta.
No he podido resistirlo...este es pumba.

Buenas noches.
Editado para corregir el dichoso "laísmo" que me lleva de cabeza (Gracias caríñín, esto sí que es cursi je, je).
Cuando no es lo que parece, es más divertido.
Desde hace algo más de una semana estamos de obras en la oficina y es una locura. No he sido consciente de la tranquilidad de la que disfrutábamos hasta que aparecieron todos aquellos hombrecillos de azul con el taladro en la mano.
Los pobres intentan molestar lo menos posible, pero como aún no se ha inventado el taladro con silenciador, vivimos en un continúo sobresalto. En el momento que menos te lo esperas pulsan el botoncito y ¡zas! votamos todos de las sillas.
Esta mañana nos han concedido una tregua y se han dedicado a colocar las puertas de unos armarios que días atrás habían desmontado y apilado en la sala de reuniones. A media mañana, ya habían colocado casi todas y solo les quedaban por colocar un par de puertas que están justo a lado de mi sitio. La verdad es que estaba tan metida en mis temas, que no me había dado cuenta de lo cerca que estaban dos de ellos, hasta que de repente escucho:
- No, no, un poco más a la derecha.
-¿Ahí?.
- Si, eso es, sigue, sigue. Ahora, hasta el fondo.
Al escuchar esto, mi yo más malvado no ha podido evitar sonreír. Como la conversación prometía, he permanecido inmóvil con la cara pegada a la pantalla y ellos por supuesto, no se han percatado de mi intromisión y han continuado a lo suyo:
- No puedo, no entra.
-Espera que te ayudo. La sujetamos entre los dos y la movemos un poco a la derecha.
- Vale, ¿la tienes?
- La tengo. Venga, un poco a la derecha, así, así, empuja. Nada, imposible la has metido mal. Mejor la sacamos y empezamos de nuevo.
- ¿Otra vez?.
- Si. Vamos a intentarlo una vez más.
- Venga, va, vamos, sácala despacio, despacio. Vale, ya está fuera.
- Ahora muévela un poco muévela, muévela...si, sigue, sigue....bien, parece que esta vez ha entrado. Cuidado que la suelto un momento. Vale, ha entrado. Ahora empuja.
- Ahhhhhhh! Ufff ¡lo que pesa!.
Ha sido buenísimo y lo mejor es que ellos no han sido conscientes de lo que una mente perversa puede llegar a interpretar de aquella sencilla conversación de trabajo.
Los pobres intentan molestar lo menos posible, pero como aún no se ha inventado el taladro con silenciador, vivimos en un continúo sobresalto. En el momento que menos te lo esperas pulsan el botoncito y ¡zas! votamos todos de las sillas.
Esta mañana nos han concedido una tregua y se han dedicado a colocar las puertas de unos armarios que días atrás habían desmontado y apilado en la sala de reuniones. A media mañana, ya habían colocado casi todas y solo les quedaban por colocar un par de puertas que están justo a lado de mi sitio. La verdad es que estaba tan metida en mis temas, que no me había dado cuenta de lo cerca que estaban dos de ellos, hasta que de repente escucho:
- No, no, un poco más a la derecha.
-¿Ahí?.
- Si, eso es, sigue, sigue. Ahora, hasta el fondo.
Al escuchar esto, mi yo más malvado no ha podido evitar sonreír. Como la conversación prometía, he permanecido inmóvil con la cara pegada a la pantalla y ellos por supuesto, no se han percatado de mi intromisión y han continuado a lo suyo:
- No puedo, no entra.
-Espera que te ayudo. La sujetamos entre los dos y la movemos un poco a la derecha.
- Vale, ¿la tienes?
- La tengo. Venga, un poco a la derecha, así, así, empuja. Nada, imposible la has metido mal. Mejor la sacamos y empezamos de nuevo.
- ¿Otra vez?.
- Si. Vamos a intentarlo una vez más.
- Venga, va, vamos, sácala despacio, despacio. Vale, ya está fuera.
- Ahora muévela un poco muévela, muévela...si, sigue, sigue....bien, parece que esta vez ha entrado. Cuidado que la suelto un momento. Vale, ha entrado. Ahora empuja.
- Ahhhhhhh! Ufff ¡lo que pesa!.
Ha sido buenísimo y lo mejor es que ellos no han sido conscientes de lo que una mente perversa puede llegar a interpretar de aquella sencilla conversación de trabajo.
La bicicleta.
Hace ya unos cuántos años, cuando todavía había jugueterías donde la dependienta se conocía a todos los niños del barrio y se sabía la fecha de cumpleaños de la mitad. Recuerdo que solía asomarme, casi a diario, al escaparate de la tienda. Pegaba la nariz al cristal e imaginaba que vestidito le pondría a aquel nenuco cabezón, o si me atrevería a tirarme por la cuesta del parque con aquellos patines o en como ganar a mis hermanos con aquel juego de hipopótamos que tragaban bolas de plástico.
Creo que si en algún momento hubiese tenido alguno de aquellos juguetes, me hubiera aburrido de él enseguida, porque cada vez que cambiaban el escaparate me olvidaba de los que habían estado en mi imaginación durante las últimas semanas y comenzaba a soñar con los nuevos.
Un día al salir del colegio y de camino a casa, como era costumbre me paré ante el cristal de la tienda y la vi. Era la bicicleta más bonita que había visto, llevaba cuatro ruedas pero a mí me encantaba. Tenía timbre, un sillín sobre la rueda de atrás y era de un color verde precioso. También había juguetes y muñecas nuevas, pero ya no llamaban mi atención, sólo veía la bicicleta y me pasé días soñando con los paseos que me daría en ella.
Al poco tiempo, llegó la fecha de mi cumpleaños y para mi sorpresa me encontré con la bicicleta de mis sueños en el salón de mi casa. Estaba eufórica y enseguida comencé a pasearme con ella, al principio me costaba ir en línea recta pero poco a poco aprendí a colocar bien el manillar y a utilizar los frenos. Estaba tan entretenida con mi bici que ya ni siquiera me paraba frente al escaparate de la juguetería, solo quería llegar a casa lo antes posible para poder darme unas vueltas con ella.
Poco a poco fui cogiendo confianza y llegó el momento de la verdad, había que quitarle las ruedas de atrás. Tenía algo de miedo, pero aún así quise quitarlas porque después de unas semanas me sentía cómoda y segura sobre ella.
Nada más levantar los pies del suelo, perdí el equilibrio y me caí. Además, como no me lo esperaba caí mal y me hice una herida en la mano y un moratón en la pierna que me duró semanas. Me enfadé un montón, no quería volver a subirme a ella y la desterré a la terraza. Siempre fui una niña bastante tranquila, no me gustaban los juegos de fuerza, ni las peleas, por lo que no estaba acostumbrada a hacerme daño jugando o al menos no tanto. Además no solo estaba dolorida por las heridas también estaba molesta con la bici, para mí se había convertido en mi mejor compañera de juegos y sentía que me había fallado. Pasé días sin querer acercarme a ella e intenté recuperar mi vieja afición por el escaparate de la tienda de juguetes. Pero ya no me hacía ilusión nada de lo que había.
Una tarde, me asomé a la terraza y al verla me di cuenta de lo mucho que echaba de menos los paseos con mi bici. Fue en ese momento cuando pensé que aquel enfado ya no tenía sentido. Cogí la bicicleta y la bajé a la calle. Busqué la zona más llana del parque, agarré el manillar y levanté los pies del suelo. Perdí el equilibrio de nuevo, pero esta vez estaba prevenida y logré apoyar el pie a tiempo, sin embargo el peso de la bici terminó por desequilibrarme y volví a caer aunque esta vez no me hice tanto daño. Me levanté y lo volví a intentar. No recuerdo cuántas veces me caí ese día y los siguientes, pero al final lo logré o tal vez tendría que decir que lo logramos, porque ahora que lo pienso no sé si era yo la que me mantenía sobre la bicicleta o era ella la que me mantenía a mi.
No sé quién se llevó más golpes si la bici o yo. Incluso aún cuando ya sabía montar en alguna ocasión, nos encontramos con algún bache o con alguna cuesta que nos ponía las cosas difíciles y en más de una ocasión volvimos a topar contra el suelo. A veces me enfadaba, a veces me hacía daño yo y otras veces la bici sufría algún desperfecto, pero al final, siempre me terminaba levantando, recogía la bici y continuábamos nuestro camino. Con el tiempo aprendí que ese era el precio que tenía que pagar por vivir en lugar de soñar.
Hoy por hoy, me sigo cayendo, me sigo haciendo daño, me sigo enfadando, pero creo que aprendí la lección.
Hoy por hoy sigo apostando por vivir.
Creo que si en algún momento hubiese tenido alguno de aquellos juguetes, me hubiera aburrido de él enseguida, porque cada vez que cambiaban el escaparate me olvidaba de los que habían estado en mi imaginación durante las últimas semanas y comenzaba a soñar con los nuevos.
Un día al salir del colegio y de camino a casa, como era costumbre me paré ante el cristal de la tienda y la vi. Era la bicicleta más bonita que había visto, llevaba cuatro ruedas pero a mí me encantaba. Tenía timbre, un sillín sobre la rueda de atrás y era de un color verde precioso. También había juguetes y muñecas nuevas, pero ya no llamaban mi atención, sólo veía la bicicleta y me pasé días soñando con los paseos que me daría en ella.
Al poco tiempo, llegó la fecha de mi cumpleaños y para mi sorpresa me encontré con la bicicleta de mis sueños en el salón de mi casa. Estaba eufórica y enseguida comencé a pasearme con ella, al principio me costaba ir en línea recta pero poco a poco aprendí a colocar bien el manillar y a utilizar los frenos. Estaba tan entretenida con mi bici que ya ni siquiera me paraba frente al escaparate de la juguetería, solo quería llegar a casa lo antes posible para poder darme unas vueltas con ella.
Poco a poco fui cogiendo confianza y llegó el momento de la verdad, había que quitarle las ruedas de atrás. Tenía algo de miedo, pero aún así quise quitarlas porque después de unas semanas me sentía cómoda y segura sobre ella.
Nada más levantar los pies del suelo, perdí el equilibrio y me caí. Además, como no me lo esperaba caí mal y me hice una herida en la mano y un moratón en la pierna que me duró semanas. Me enfadé un montón, no quería volver a subirme a ella y la desterré a la terraza. Siempre fui una niña bastante tranquila, no me gustaban los juegos de fuerza, ni las peleas, por lo que no estaba acostumbrada a hacerme daño jugando o al menos no tanto. Además no solo estaba dolorida por las heridas también estaba molesta con la bici, para mí se había convertido en mi mejor compañera de juegos y sentía que me había fallado. Pasé días sin querer acercarme a ella e intenté recuperar mi vieja afición por el escaparate de la tienda de juguetes. Pero ya no me hacía ilusión nada de lo que había.
Una tarde, me asomé a la terraza y al verla me di cuenta de lo mucho que echaba de menos los paseos con mi bici. Fue en ese momento cuando pensé que aquel enfado ya no tenía sentido. Cogí la bicicleta y la bajé a la calle. Busqué la zona más llana del parque, agarré el manillar y levanté los pies del suelo. Perdí el equilibrio de nuevo, pero esta vez estaba prevenida y logré apoyar el pie a tiempo, sin embargo el peso de la bici terminó por desequilibrarme y volví a caer aunque esta vez no me hice tanto daño. Me levanté y lo volví a intentar. No recuerdo cuántas veces me caí ese día y los siguientes, pero al final lo logré o tal vez tendría que decir que lo logramos, porque ahora que lo pienso no sé si era yo la que me mantenía sobre la bicicleta o era ella la que me mantenía a mi.
No sé quién se llevó más golpes si la bici o yo. Incluso aún cuando ya sabía montar en alguna ocasión, nos encontramos con algún bache o con alguna cuesta que nos ponía las cosas difíciles y en más de una ocasión volvimos a topar contra el suelo. A veces me enfadaba, a veces me hacía daño yo y otras veces la bici sufría algún desperfecto, pero al final, siempre me terminaba levantando, recogía la bici y continuábamos nuestro camino. Con el tiempo aprendí que ese era el precio que tenía que pagar por vivir en lugar de soñar.
Hoy por hoy, me sigo cayendo, me sigo haciendo daño, me sigo enfadando, pero creo que aprendí la lección.
Hoy por hoy sigo apostando por vivir.
Bando de la Güerta: Crónica de un cebollón.
-9h: Suena el despertador. Me escondo bajo las sábanas mientras Izel salta de la cama.
-10h: Izel se ha duchado, se ha vestido, ha paseado a pumba y a marqués y trata de convencerme para que me levante y deje de hacer el tonto “cariño, no, no eres un camaleón, por mucho que lo intentes, el blanco de tu culo no mimetiza con el rojo del edredón”.
-11h: Llegamos a casa de los padres de Izel, por lo visto es una tradición disfrazarse, digo, vestirse de huertano en el nido familiar (jua, jua, jua y voy yo y me lo creo...ays ,soy una santa!). Izel me hace entrega de todo lo necesario: camisa, chaleco, fajín, medias (de agujeros, si, de agujeros), zaragüeles (o algo así), esparteñas y el broche final: los ligueros.
-11:30h: Me enfrento al espejo con el atuendo que me han prestado de la hermana pequeña de Izel.
-11:35h: Trato de mimetizar con el perchero de la entrada, pero no hay forma, no me salen ocho brazos por ningún sitio.
-11:36h: Izel me pilla tratando de mimetizar y me pide cariñosamente que deje de hacer el gilipollas.
-11:40h: Decido no volver a mirarme nunca más a un espejo.
-11:45h: Bajamos las escaleras hasta la calle. Asomo la cabeza por la puerta del portal, miro a un lado y luego al otro, la calle esta desierta. Decido salir.
-11:46h: Aparecen como de la nada, la madre, el padre, la hermana, la amiga 1 de la hermana, la amiga 2 de la hermana, la spice-huertana (amiga también de la hermana), la abuela, la hermana de la abuela de Izel y una gitana con tres niñas vestidas para la ocasión.
-11:47h: No sé donde meterme, cada vez me siento más pequeña. Pienso en lo bien que mimetizaría, ahora con el edredón.
- 11:50h: He menguado hasta el extremo de tener que hacer puenting para bajar el escalón de la acera.
-12:00h: Decidimos ir en transporte público hasta la zona de fiesta. Mientras esperamos en la calle principal del pueblo a que pase el autobús, noto que la gente nos mira, si, nos mira, porque por mucho que diga Izel allí nadie va vestido (de huertano, claro está, que por esos lugares son muy pudorosos y vestidos van, pero de personas!).
-12:05h: Mientras seguimos esperando en la parada del autobús, aparecen por la esquina la abuela y la hermana de la abuela de Izel, cámara de fotos en mano y en actitud de...no, no puede ser. Pues sí, fotito.
-12:25h: Bimbolla agradece que las distancias en Murcia sean tan cortas y que aún a pesar de haber atravesado la mitad de la ciudad hayan llegado en solo 20 minutos.
-12:30h: Comienza a aparecer gente como “nosotras” por todos los sitios (si, ya sé que mal de muchos consuelo de tontos, pero en aquella situación prefiero pecar de tonta que de lista).
-13:30h: Tras encontrarnos y hacer unas fotitos a la cabalgata de bicicletas antigüas y super chulas, con las que hace años, la gente del lugar iba de pueblo en pueblo vendiendo leche, pollos o cables, decidimos tomar una cervecita y una “marinera” en un bar llenito de huertanicos y huertanicas.
-13:45h: Llevamos quince minutos luchando (a lo sumo) para llegar hasta la barra, pero al final conseguimos hacernos un hueco y codazo a codazo tenemos el puesto asegurado.
-13:55h: El camarero, todavía no se ha percatado de que existimos, tengo hambre y sed.
-14:10h: El “viejoverdedelcamarero” ha decidido no hacernos ni puñetero caso cuando nos tocaba. Y todo porque al otro lado de la barra hay 3 o 4 chicas echándole piropos desde hace 15 minutos y el muy pavo se lo habrá creído y todo.
-14:11h: Le digo a Izel (creo que algo enfadada) que me voy. Mientras salimos del bar le indico, amablemente, a la gente que entra que para encontrar al camarero solo tienen que seguir el reguero de baba que va dejando el “muyviejoverdebaboso”.
-14:15: Encontramos una barra en la calle donde tomar lo mismo, solo que servido por una camarera amabilísima que nos atiende al instante.
-14:30h: Ya estamos todos, mejor dicho todas. Han aparecido todas las amiguitas de Izel y bien preparadas con mochilas como para hacer el Camino de Santiago.
-14:35h: Cerveza y risas.
-15:00h: Paseo hasta la barra que hay dos calles más arriba.
-15:35h: Botellín, risas y fotos.
-15:45h: Vemos a un perrito vestido de huertano, su dueño lo hace posar cogiéndolo de las patitas delanteras. Sesión de fotos perrunas.
-16:00h: Cerveza y bocatín.
-16:30h: Cola en el baño.
-17:00h: Solo he tardado 30 minutos en hacer pis. No sé si he tardado más en la cola o en bajar y subirme los zaragüeles, el fajín y los ligueros.
-17:10h: Comenzamos el peregrinaje hacia los bares de ambiente.
-17:15h: Una de las amigas de Izel saca de una mochila una especie de termo lleno de ¿pelotas?. Agradezco la invitación pero paso. Me tomo otra cerveza, mientras el resto se hincha de pelotas, si, si pelotas.
-17:45h: Paramos en un bar a tomar café. No hay café. Nos pedimos unas copitas.
-17:50h: Excursión al baño.
-18:00h: Por la ventana veo que aparece un rayo de sol, salgo corriendo a la calle.
-18:05h: Se evapora el rayito de sol.
-Empiezo a tener problemas para saber que hora es, pero todavía es de día.
-Le hago fotos a Izel del liguero.
-Izel me sube los zaragüeles y me hace una foto del culo.
-Le enseña la foto a su tía y a todo bicho viviente.
-Borro la foto.
-Le enseño el culo a su tía. Sigo sin saber que hora es.
-Alguien me regala un litro de cerveza.
-Ha anochecido, Izel intenta convencerme para que nos vayamos a casa.
-Sigue siendo de noche, me escabullo de Izel que me busca para llevarme a casa.
-Izel me ha encontrado y me arrastra hasta el coche de su tía.
-Me sube al coche, no encuentro mi litro de cerveza, pero tengo la cámara de fotos...
Izel...no hay escapatoria...jua, jua, jua.
-10h: Izel se ha duchado, se ha vestido, ha paseado a pumba y a marqués y trata de convencerme para que me levante y deje de hacer el tonto “cariño, no, no eres un camaleón, por mucho que lo intentes, el blanco de tu culo no mimetiza con el rojo del edredón”.
-11h: Llegamos a casa de los padres de Izel, por lo visto es una tradición disfrazarse, digo, vestirse de huertano en el nido familiar (jua, jua, jua y voy yo y me lo creo...ays ,soy una santa!). Izel me hace entrega de todo lo necesario: camisa, chaleco, fajín, medias (de agujeros, si, de agujeros), zaragüeles (o algo así), esparteñas y el broche final: los ligueros.
-11:30h: Me enfrento al espejo con el atuendo que me han prestado de la hermana pequeña de Izel.
-11:35h: Trato de mimetizar con el perchero de la entrada, pero no hay forma, no me salen ocho brazos por ningún sitio.
-11:36h: Izel me pilla tratando de mimetizar y me pide cariñosamente que deje de hacer el gilipollas.
-11:40h: Decido no volver a mirarme nunca más a un espejo.
-11:45h: Bajamos las escaleras hasta la calle. Asomo la cabeza por la puerta del portal, miro a un lado y luego al otro, la calle esta desierta. Decido salir.
-11:46h: Aparecen como de la nada, la madre, el padre, la hermana, la amiga 1 de la hermana, la amiga 2 de la hermana, la spice-huertana (amiga también de la hermana), la abuela, la hermana de la abuela de Izel y una gitana con tres niñas vestidas para la ocasión.
-11:47h: No sé donde meterme, cada vez me siento más pequeña. Pienso en lo bien que mimetizaría, ahora con el edredón.
- 11:50h: He menguado hasta el extremo de tener que hacer puenting para bajar el escalón de la acera.
-12:00h: Decidimos ir en transporte público hasta la zona de fiesta. Mientras esperamos en la calle principal del pueblo a que pase el autobús, noto que la gente nos mira, si, nos mira, porque por mucho que diga Izel allí nadie va vestido (de huertano, claro está, que por esos lugares son muy pudorosos y vestidos van, pero de personas!).
-12:05h: Mientras seguimos esperando en la parada del autobús, aparecen por la esquina la abuela y la hermana de la abuela de Izel, cámara de fotos en mano y en actitud de...no, no puede ser. Pues sí, fotito.
-12:25h: Bimbolla agradece que las distancias en Murcia sean tan cortas y que aún a pesar de haber atravesado la mitad de la ciudad hayan llegado en solo 20 minutos.
-12:30h: Comienza a aparecer gente como “nosotras” por todos los sitios (si, ya sé que mal de muchos consuelo de tontos, pero en aquella situación prefiero pecar de tonta que de lista).
-13:30h: Tras encontrarnos y hacer unas fotitos a la cabalgata de bicicletas antigüas y super chulas, con las que hace años, la gente del lugar iba de pueblo en pueblo vendiendo leche, pollos o cables, decidimos tomar una cervecita y una “marinera” en un bar llenito de huertanicos y huertanicas.
-13:45h: Llevamos quince minutos luchando (a lo sumo) para llegar hasta la barra, pero al final conseguimos hacernos un hueco y codazo a codazo tenemos el puesto asegurado.
-13:55h: El camarero, todavía no se ha percatado de que existimos, tengo hambre y sed.
-14:10h: El “viejoverdedelcamarero” ha decidido no hacernos ni puñetero caso cuando nos tocaba. Y todo porque al otro lado de la barra hay 3 o 4 chicas echándole piropos desde hace 15 minutos y el muy pavo se lo habrá creído y todo.
-14:11h: Le digo a Izel (creo que algo enfadada) que me voy. Mientras salimos del bar le indico, amablemente, a la gente que entra que para encontrar al camarero solo tienen que seguir el reguero de baba que va dejando el “muyviejoverdebaboso”.
-14:15: Encontramos una barra en la calle donde tomar lo mismo, solo que servido por una camarera amabilísima que nos atiende al instante.
-14:30h: Ya estamos todos, mejor dicho todas. Han aparecido todas las amiguitas de Izel y bien preparadas con mochilas como para hacer el Camino de Santiago.
-14:35h: Cerveza y risas.
-15:00h: Paseo hasta la barra que hay dos calles más arriba.
-15:35h: Botellín, risas y fotos.
-15:45h: Vemos a un perrito vestido de huertano, su dueño lo hace posar cogiéndolo de las patitas delanteras. Sesión de fotos perrunas.
-16:00h: Cerveza y bocatín.
-16:30h: Cola en el baño.
-17:00h: Solo he tardado 30 minutos en hacer pis. No sé si he tardado más en la cola o en bajar y subirme los zaragüeles, el fajín y los ligueros.
-17:10h: Comenzamos el peregrinaje hacia los bares de ambiente.
-17:15h: Una de las amigas de Izel saca de una mochila una especie de termo lleno de ¿pelotas?. Agradezco la invitación pero paso. Me tomo otra cerveza, mientras el resto se hincha de pelotas, si, si pelotas.
-17:45h: Paramos en un bar a tomar café. No hay café. Nos pedimos unas copitas.
-17:50h: Excursión al baño.
-18:00h: Por la ventana veo que aparece un rayo de sol, salgo corriendo a la calle.
-18:05h: Se evapora el rayito de sol.
-Empiezo a tener problemas para saber que hora es, pero todavía es de día.
-Le hago fotos a Izel del liguero.
-Izel me sube los zaragüeles y me hace una foto del culo.
-Le enseña la foto a su tía y a todo bicho viviente.
-Borro la foto.
-Le enseño el culo a su tía. Sigo sin saber que hora es.
-Alguien me regala un litro de cerveza.
-Ha anochecido, Izel intenta convencerme para que nos vayamos a casa.
-Sigue siendo de noche, me escabullo de Izel que me busca para llevarme a casa.
-Izel me ha encontrado y me arrastra hasta el coche de su tía.
-Me sube al coche, no encuentro mi litro de cerveza, pero tengo la cámara de fotos...
Izel...no hay escapatoria...jua, jua, jua.
Estrés prevacacional.
Me encanta viajar, conocer lugares nuevos, hacer cosas diferentes, salir de la rutina diaria...pero tengo que reconocer que el día antes de salir estoy completamente atacada. Haciendo maletas (las mías y la de mis chuchines), planchando, incluso, poniendo lavadoras porque a última hora me acuerdo de que mi camiseta o mi pantalón preferidos están en el cubo de la ropa sucia grrr.
Pero hoy ya está llegando a su fin, y pronto será mañana y estaré de vacaciones una semanita y ni los "deberes" de italiano, ni de diseño gráfico, ni siquiera, el portátil que me han prestado amablemente en mi empresa para que haga unos trabajillos, van a conseguir estresarme.
Voy a relajarme, a pasear por la playa, a vestirme a huertano (una apuesta es una apuesta), a salir de cañas, a dormir hasta las mil abrazada a Izel y a leer un libro que compré el otro día y que promete "La señora Dalloway" de Virginia Woolf.
Y por supuesto, si la conexión me lo permite, me conectaré para contaros alguna cosilla y cotillear en vuestros blogs.
Que a nadie se le olvide que alguien tiene que cumplir una promesa y publicar su foto vestida de huertano aquí.
Pero hoy ya está llegando a su fin, y pronto será mañana y estaré de vacaciones una semanita y ni los "deberes" de italiano, ni de diseño gráfico, ni siquiera, el portátil que me han prestado amablemente en mi empresa para que haga unos trabajillos, van a conseguir estresarme.
Voy a relajarme, a pasear por la playa, a vestirme a huertano (una apuesta es una apuesta), a salir de cañas, a dormir hasta las mil abrazada a Izel y a leer un libro que compré el otro día y que promete "La señora Dalloway" de Virginia Woolf.
Y por supuesto, si la conexión me lo permite, me conectaré para contaros alguna cosilla y cotillear en vuestros blogs.
Que a nadie se le olvide que alguien tiene que cumplir una promesa y publicar su foto vestida de huertano aquí.
Parece mentira, pero no lo es.
En una fría y lluviosa noche de finales de marzo, los faros de un coche iluminan las curvas de una solitaria carretera manchega. Llevan varios kilómetros sin cruzarse con ningún otro vehículo y tampoco recuerda cuanto tiempo ha transcurrido desde que dejaron atrás la última gasolinera. Echa un vistazo al indicador de la gasolina y se alegra al comprobar que le queda medio depósito.
Esta cansada, aunque el viaje no es muy largo, está siendo bastante incómodo. Además arrastra el cansancio de toda la semana y de un día agotador. Se ha levantado prontísimo para poder terminar todo el trabajo pendiente y así poder salir de la oficina con el tiempo suficiente como para comprar las provisiones del fin de semana, ir a casa a hacer la maleta y llegar pronto a recoger a Izel. Antes de salir de casa, la ha llamado para confirmar si iba a poder salir antes de lo previsto y por si necesitaba que cogiera algo más. Le ha dicho que cogiera el frasco de colonia y el cepillo de dientes, Bimbolla
contesta "eso ya lo he cogido, ¿necesitas algo más?". "No, nada más cariño, nos vemos ahora".
Mira el reloj, hace algo más de una hora que salieron de la ciudad, piensa que ya no debe quedar mucho hasta el desvío, cuando un golpe de aire, la sobresalta y coge el volante con fuerza mientras que vuelve a centrar al vehículo en la carretera. Mira al asiento del copiloto y ve que Izel, esta comenzando a salir del sueño en el que se había sumergido a los pocos minutos de comenzar el viaje. Bueno en realidad, se quedó dormida tras algo más de media hora, es decir, el tiempo exacto que tardó en hablar con dos amigas y su madre.
Cuando, por fin, logra abrir los ojos la mira y sonríe. Bimbolla se hace la despistada y finge centrar toda su atención en la carretera. Piensa que tiene una sonrisa preciosa y que si no fuera porque no se atreve a parar en medio de la nada que atraviesa aquella carretera, echaría el freno y la comería a besos.
Bimbolla: "¿como estás?".
Izel: "umm creo que me he quedado dormida jeje, ¿estás muy cansada?".
Bimbolla: "un poco", le contesta, (pero en realidad, le importa poco, está deseando llegar y meterse en la cama con ella. Disfruta imaginando el placer de aquel momento). "Y ¿tú?".
Izel: "yo estoy deseando llegar y tomarme un vaso de cola-cao. (¿ein? a tomar por saco el romanticismo) ¿lo has cogido verdad?".
Bimbolla: "¿yo? tú no me dijiste nada del cola-cao".
Izel: "¿cómo te has podido olvidar?" (responde con una voz fingidamente triste al tiempo que hace pucheros).
Bimbolla: "pero, cariño, te he llamado para que me dijeras si querías algo más y no me lo has dicho".
Izel: "pensaba que tu caerías sin que yo te lo dijera" (Vuelve a poner morritos).
Bimbolla: (piensa: GRRRRRRR) pero dice "no te preocupes, paro en la primera gasolinera que vea y compramos cola-cao".
Izel: (continúa haciendo ruiditos imitando el llanto de un bebé).
Bimbolla: (al borde de un ataque de nervios, reza por encontrar una gasolinera en mitad de aquella carreterucha).
A los 10 kms más o menos, luces de una gasolinera.
Bimbolla: "mira, cariño paro y compramos cola-cao".
Izel: "vale". (pucheritos y morritos).
Para el coche, baja y se acerco hasta la puerta pero la gasolinera resulta estar en construcción. Por suerte, detrás hay una especie de cafetería-pub-putiferio. Se acerca al coche y le dice "no te preocupes que aunque la gasolinera está cerrada (morritos y un buaa algo forzado, la verdad) me acerco al antro".
Entra al antro, camarero que la mira con cara de "te voy a clavar" cuando le pregunta si le puede vender unos sobres de cola-cao. Efectivamente, la clava, pero no le importa, vuelve al coche victoriosa con 3 sobres de cola-cao. Entra y le dice "mira cariño tienes para ésta noche y para desayunar mañana". Se acerca en busca de su beso-premio, pero en lugar de eso se encuentra con un "es poco" a mí ya sabes que me gusta muy espeso....
Bimbolla: respira, respira, respira profundamente....(buaaa, pucheritos y morritos).
Esta cansada, aunque el viaje no es muy largo, está siendo bastante incómodo. Además arrastra el cansancio de toda la semana y de un día agotador. Se ha levantado prontísimo para poder terminar todo el trabajo pendiente y así poder salir de la oficina con el tiempo suficiente como para comprar las provisiones del fin de semana, ir a casa a hacer la maleta y llegar pronto a recoger a Izel. Antes de salir de casa, la ha llamado para confirmar si iba a poder salir antes de lo previsto y por si necesitaba que cogiera algo más. Le ha dicho que cogiera el frasco de colonia y el cepillo de dientes, Bimbolla
contesta "eso ya lo he cogido, ¿necesitas algo más?". "No, nada más cariño, nos vemos ahora".
Mira el reloj, hace algo más de una hora que salieron de la ciudad, piensa que ya no debe quedar mucho hasta el desvío, cuando un golpe de aire, la sobresalta y coge el volante con fuerza mientras que vuelve a centrar al vehículo en la carretera. Mira al asiento del copiloto y ve que Izel, esta comenzando a salir del sueño en el que se había sumergido a los pocos minutos de comenzar el viaje. Bueno en realidad, se quedó dormida tras algo más de media hora, es decir, el tiempo exacto que tardó en hablar con dos amigas y su madre.
Cuando, por fin, logra abrir los ojos la mira y sonríe. Bimbolla se hace la despistada y finge centrar toda su atención en la carretera. Piensa que tiene una sonrisa preciosa y que si no fuera porque no se atreve a parar en medio de la nada que atraviesa aquella carretera, echaría el freno y la comería a besos.
Bimbolla: "¿como estás?".
Izel: "umm creo que me he quedado dormida jeje, ¿estás muy cansada?".
Bimbolla: "un poco", le contesta, (pero en realidad, le importa poco, está deseando llegar y meterse en la cama con ella. Disfruta imaginando el placer de aquel momento). "Y ¿tú?".
Izel: "yo estoy deseando llegar y tomarme un vaso de cola-cao. (¿ein? a tomar por saco el romanticismo) ¿lo has cogido verdad?".
Bimbolla: "¿yo? tú no me dijiste nada del cola-cao".
Izel: "¿cómo te has podido olvidar?" (responde con una voz fingidamente triste al tiempo que hace pucheros).
Bimbolla: "pero, cariño, te he llamado para que me dijeras si querías algo más y no me lo has dicho".
Izel: "pensaba que tu caerías sin que yo te lo dijera" (Vuelve a poner morritos).
Bimbolla: (piensa: GRRRRRRR) pero dice "no te preocupes, paro en la primera gasolinera que vea y compramos cola-cao".
Izel: (continúa haciendo ruiditos imitando el llanto de un bebé).
Bimbolla: (al borde de un ataque de nervios, reza por encontrar una gasolinera en mitad de aquella carreterucha).
A los 10 kms más o menos, luces de una gasolinera.
Bimbolla: "mira, cariño paro y compramos cola-cao".
Izel: "vale". (pucheritos y morritos).
Para el coche, baja y se acerco hasta la puerta pero la gasolinera resulta estar en construcción. Por suerte, detrás hay una especie de cafetería-pub-putiferio. Se acerca al coche y le dice "no te preocupes que aunque la gasolinera está cerrada (morritos y un buaa algo forzado, la verdad) me acerco al antro".
Entra al antro, camarero que la mira con cara de "te voy a clavar" cuando le pregunta si le puede vender unos sobres de cola-cao. Efectivamente, la clava, pero no le importa, vuelve al coche victoriosa con 3 sobres de cola-cao. Entra y le dice "mira cariño tienes para ésta noche y para desayunar mañana". Se acerca en busca de su beso-premio, pero en lugar de eso se encuentra con un "es poco" a mí ya sabes que me gusta muy espeso....
Bimbolla: respira, respira, respira profundamente....(buaaa, pucheritos y morritos).

