Bimbolla
Más tierna que el pan bimbo, eso dice mi novia. Ya veremos...
Acerca de

Más tierna que el pan bimbo, eso dice mi novia, ya veremos.

Para sugerencias, quejas, cotilleos o lo que me quieras contar:

bimbolla-@hotmail.com


Sindicación
 
Si sirviera para algo.
Si sirviera para algo hablaría con vosotros intentando encontrar un comienzo.

Si sirviera para algo os explicaría desde la ignorancia algo que vosotros deberías saber desde la experiencia.

Si sirviera para algo os pediría que os pusierais en su lugar.

Si sirviera para algo os recordaría tantas y tantas cosas. Las mismas que ahora juzgáis con tanta dureza en otros.

Si sirviera para algo os escucharía e incluso estoy segura de que entendería alguno de vuestros argumentos, aunque no el por qué de vuestros actos.

Si sirviera para algo buscaría el modo de poner un punto y seguido en lugar de un punto y aparte.

Supongo que antes o después os daréis cuenta, aunque no lo reconozcáis. Supongo que antes o después algo se removerá por dentro y tal vez, solo tal vez y si hemos conseguido aprender algo de esto podamos intentar entendernos.

Sé que no puedo ni imaginar por lo que tuvo que pasar ella el otro día, solo sé que lloré, lloramos. Por lo injusto, por lo triste, por lo decepcionante. Porque no había otra salida, ni vuelta atrás. Porque se encontraba sola, asustada y sin vuestro apoyo. Porque os quedasteis con una parte de su vida, de ella misma.

Hoy he recibido un mensaje suyo, se encuentra mejor, yo la animo como puedo, pero sé que no es suficiente. Me gustaría hacer más, pero no esta en mis manos sino en las vuestras.
 
Coctelera.
Estos últimos días han sido de esos que no te dejan ni un momento para respirar. Van pasando las horas, los días y una cosa se junta con otra sin dejarte tiempo para reflexionar sobre lo que esta ocurriendo. Pero de repente llega un día en el que ya no puedes más y bajas el ritmo hasta que poco a poco eres capaz de detenerte. Te sientas y te preparas un buen cóctel a base de ideas ajenas que asumes como propias y mezclas a tu antojo con lo que te pille más mano. Lo remueves bien, boca abajo, boca arriba, bien agitado. La mezcla final te la tomas de un trago y la digieres como puedes.

--------------------------xxxxx-------------------------------xxxxx---------------------------

Hace unos días conocí a una chica que me dijo “para ser feliz necesito disfrutar al máximo de lo que hago en cada momento”. No es la primera vez que escuchaba si no esta misma frase, una similar. Sin embargo, son esas cosas que escucho y sin saber muy bien por qué motivo nunca llego a hacerlas mías. Probablemente, porque pienso que eso es fácil decirlo pero no hacerlo. Tal vez, porque hasta el otro día nadie me había hecho creer que eso fuera posible. En realidad, no sé muy bien por qué, quizás sea porque ahora necesito creerlo y dejar de vivir pensando en lo que voy a hacer dentro de un rato, de una semana o de un mes. Poniendo demasiadas esperanzas en algo futuro para ilusionarme con el presente. Tal vez porque sé que esto es válido por un tiempo pero no como forma de vida. En fin, que me he propuesto intentarlo, sé que no va a ser suficiente con levantarme todas las mañanas y repetir 150 veces frente al espejo la frasecita en cuestión. Sé que necesito hacer cambios, sé cual es el origen del problema y sé que para solucionarlo tendré que renunciar a algunas cosas.

--------------------------xxxxx-------------------------------xxxxx---------------------------

Hay veces que pienso que mi cerebro tiene vida propia y toma decisiones mucho antes de que yo sea consciente de por qué. Yo necesito pensar las ventajas y los inconvenientes de una decisión u otra, meditarlo y ver que soy capaz de hacerlo. Necesito saber que existe un cierto equilibrio entre lo que quiero y lo que pienso. Entonces decido. Pero en la vida todo ocurre demasiado rápido y la mayoría de las veces no dispongo del tiempo que este proceso requiere. Así que en ocasiones me veo tomando decisiones rápidamente, incluso con cierta seguridad, como si supiera lo que estoy haciendo. A veces me equivoco, pero otras me sorprendo cuando al cabo de unos días comienzo mi peculiar proceso y resulta que aquello a lo que dije que sí, sin saber muy bien por qué, resulta que puede ayudarme a resolver una situación agobiante. La verdad es que a veces no me entiendo ni yo.

------------------------xxxxx-------------------------------xxxxx-----------------------------

Siempre quise tener una situación laboral que me aportase una cierta seguridad, que me gustara y que a la vez fuera lo suficientemente cómoda como para permitirme tener más tiempo libre para dedicarlo a hacer las cosas que me apetecen. A lo largo de mi vida profesional, he estado al menos en un par de ocasiones en esa situación y al final siempre me ha resultado frustrante. Supongo que es porque necesito disfrutar con lo que hago pero odio la rutina, esa que hace que todo sea más cómodo. Supongo que necesito encontrar el equilibrio entre un trabajo absorbente que me impida hacer nada más y un trabajo tan rutinario y poco gratificante que me haga lamentarme cada minuto que le dedico. Hace unos días, mi jefe me ofreció hacer un cambio. Por supuesto, acepté inmediatamente. Estoy contenta no sólo porque me diera la posibilidad de elegir, ni siquiera porque sea una oportunidad para ascender. Estoy contenta porque necesitaba un cambio que me devolviera la ilusión en lo que hago y creo que esto puede ser el comienzo. Tal vez, dentro de un tiempo mi trabajo se convierta en una de esas cosas que “me gusta hacer” y deje de hablar de renuncias.

---------------------------xxxxx-------------------------------xxxxx-------------------------

Este fin de semana, se suponía que iba a venir mi hermana mayor a casa. En unos días se marcha a miles de kilómetros y además de despedirse tenía que buscar algunas cosas que dejó en el trastero. No vino, pero no me extraña, ella es así. Esta algo loca, pero quién no, y necesita y se merece una oportunidad. Espero que allí la encuentre, espero que el día que vaya a visitarla no tenga ojeras, ni los ojos tristes, ni el corazón dolido. Espero y te deseo que vivas, pero con cabeza, disfrutando cada día. Esto nunca lo leerás, y ahora no es un buen momento para decirte que tienes que aprender muchas cosas. Por eso, solo te diré que sé que puedes hacerlo, que te lo mereces y que te quiero un montón.

------------------------xxxxx-------------------------------xxxxx-----------------------------

Hace un par de años “conocí” a una chica que en aquel momento removió toda mi vida. Lo digo entre comillas porque en realidad, apenas cruzamos unas palabras, pero aún así me enganchó. No estaba en un buen momento y necesitaba agarrarme a algo. Supongo que fue ella como pudo haber sido cualquier otra. Nunca llegamos a acercarnos más porque ella no sé si tuvo un interés más allá de las miradas, las sonrisas y un coqueteo bastante inocente y yo necesitaba tenerla como la tuve en una cómoda distancia que permitiera un cierto tonteo sin complicaciones mientras intentaba curar heridas, seguir adelante y averiguar que es lo que quería hacer con mi vida. Debido a ésta situación y por el entorno en el que la conocí supongo que saqué ciertas conclusiones y la imaginé de una determinada forma, como una chica con carácter pero dulce, graciosa, simpática, extrovertida. En realidad, creo que la hice a mi medida y de alguna manera la idealicé. La semana pasada me la encontré de forma casual y tuve la oportunidad de hablar con ella más de lo que habíamos hablado en todo aquel tiempo, vi que obviamente no era ni la sombra de lo que imaginé y si lo fue desde luego ya no lo es. Parece feliz y me alegro por ella.

-------------------------xxxxx-------------------------------xxxxx----------------------------

No me gusta que nos enfademos, pero a veces es inevitable. Poco a poco nos vamos encajando, no sin dificultad pero sí con muchas ganas. El otro día comentaba con una amiga, que por mucho que quieras a alguien, en ocasiones haces daño sin darte cuenta, porque lo que para mí no tiene importancia para ella si la tiene o viceversa. La vida es así, no pretendo salir ilesa, pretendo salir victoriosa.

---------------------------xxxxx-------------------------------xxxxx--------------------------

Odio sentir esa vergüenza que me invade cuando noto que me he comportado como si tuviera 20 años. Siempre que me siento así acudo a mi hermana pequeña, ella se ríe, me consuela y me anima diciendo que cuando tenía 20 vivía como si tuviera 35, que no sea idiota y que disfrute un poco de la vida.

-----------------------------xxxxx-------------------------------xxxxx------------------------

Adoro tu capacidad para sacar lo mejor de mí. Me encanta aprender de ti. Odio verte llorar. Me encanta poder hablar contigo sin miedo a que me juzgues, solo escuchas, me calmas y yo no puedo evitar quererte cada día más.
 
De camino
a tus brazos ausentes, recorro las mil imágenes de lugares imposibles que una vez recorrí, descubrí, de camino a ti.

 
Menú del día.
Como esta siendo costumbre últimamente suelo comer muy tarde. Normalmente voy a casa y me preparo cualquier cosa, pero hoy me encontraba demasiado cansada y he parado en un Vips que hay de camino a mi casa. Si, ya sé que lo que venden allí no se puede comparar con una buena comida casera, pero en realidad lo que yo cocino tampoco.

He llegado justita de hora para que me pudieran poner un menú y no uno de esos sandwich bañados en mantequilla que luego tardo tres días en digerir. Como ya sé que en éste lugar, la palabra "prisa" no existe o si existe desde luego tiene un significado distinto, en lugar de sentarme en una mesa he ido a la barra con la esperanza de que el camarero que estaba detrás de ella se acercara a la única persona que compartía barra con él, es decir, yo misma. Pero no ha habido suerte, por lo que he pasado al plan B. Le miro fijamente para llamar su atención. Y le miro. Y un rato después continúo mirándole y pensando que éste plan B es una estupidez. Justo cuando estaba a punto de desintegrarle con la mirada, levanta la cabeza, me mira, y pienso ¡por fin!, hasta que de repente baja la cabeza y continúa colocando los sobres de ketchup. Al cabo de unos segundos, cuando ya me iba a levantar a la cocina a pedir mi menú, me vuelve a mirar, le vuelvo a mirar y me imagino que mi cara tenía que ser un poema porque ha dejado los sobrecitos y se ha acercado.

Transcurrida media hora desde que entré y estando prácticamente vacío el local, he conseguido que me pusieran el primer plato, verdura a la parilla (por decir algo, claro). Cuando estaba a la mitad, me han puesto el segundo y la verdad es que me ha venido bien, porque la cebolla en lugar de cocinada a la parrilla parecía una especie de puré algo pringoso que en fin, mejor ahorro los detalles. Para cuando he terminado de comer las pocas mesas que había cuando entré se habían marchado, así que he sacado el periódico y me he puesto a leerlo tranquilamente mientras me tomaba el zumo.

Al ratito, escucho una voz que dice " han venido a verte". Me he girado porque aunque sabía que no me hablaban a mí, me ha sonado como de película de mafiosos, cuando el malo va a ver al malísimo para matarlo mientras se come un plato de spaghetti. Si, a veces, se me va un poco la olla. El caso es que cuando he mirado con disimulo (creo) he visto que quién hablaba era una camarera y se dirigía a la encargada (que casualmente comía un plato de pasta jua, jua, en una mesa detrás de mí) y los visitantes eran una señora menuda de algo más de 40 años y un chico de unos 18 que le sacaba dos cabezas a la señora, fuertote, con cara de niño malo, un piercing en la ceja y una camiseta de Superman. Como la escena me ha resultado curiosa, he seguido escuchando. La mujer se acerca y le dice a la encargada, "mi hijo ha estado haciendo el curso para empezar a trabajar, y como no sabíamos que camisa necesitaba le he comprado ésta" en ese momento saca de una bolsa de plástico una camisa blanca de manga corta. La encargada mira (algo incrédula por la situación), mientras deja el tenedor en el plato y le contesta que tiene que ser de manga larga. La madre algo molesta le responde que cómo no se lo han dicho antes y que ahora qué hace con esa camisa. La chica intenta explicarle que no se preocupe que le pueden vender una con el logo (yo flipo con esto) por casi 18€. A regañadientes la mujer coge la camisa y la vuelve a meter en la bolsa de plástico, mientras le comienza a hablar de lo buenísimo que es su chico para terminar pidiendo que lo traten bien.

La escena la verdad es que ha sido curiosa y algo cómica, pero también tierna. No sé quién estará más nervioso el primer día de trabajo si el chico o la madre.

Esto me ha recordado que hace un par de días fue el día de la madre y que no llamé. No me apetecía. Tampoco quiero darle más vueltas al tema, aunque es obvio que si que las doy, pero sin encontrar la respuesta. Supongo que ha habido momentos en mi vida, en que he echado de menos sentirme tan segura, como se debió de sentir hoy el chico de la camiseta de Superman. Intento pasar páginas sin llegar hasta el final, por eso una y otra vez se revuelven y me devuelven donde me quedé, donde nos quedamos.
 
Hechos relevantes
No he ido a la megafiesta y no me importa, no he ido a la megafiesta y no me importa, no he ido a la megafiesta y no me importa, no he ido a la megafiesta y no me importa, no he ido a la megafiesta y no me importa, no he ido a la megafiesta y no me importa, no he ido a la megafiesta y no me importa, no he ido a la megafiesta y no me importa, no he ido a la megafiesta y no me importa, no he ido a la megafiesta y no me importa...ya casi me lo he creído, solo tengo que repetirlo 150 veces más y seguro que ya me lo creeré.

Además de haber ido no me habrían regalado esta mañana una preciosa plantita por el día de la madre...ay que bonito! aunque para mí que se han confundido porque las únicas criaturas que tengo son marqués y pumba y para mí que estos no cuentan.

En fin, que mientras que sigo con el lavado de cerebro, no habrá por aquí alguien que me pueda contar como fue el megafiestón...anda, contadme, contadme algo.

 
Duele.
Hay momentos en los que duele y todas aquellas cosas que pensabas superadas te invaden. Te recuerdan de donde vienes y te hacen más fuerte, pero no dejan de doler. Entonces te pones la máscara, la que todo lo oculta, incluso las lágrimas, y los demás ven lo feliz que eres y nadie sabe lo que hay detrás de ella, hasta que un día llega alguien y la máscara desaparece y entonces sientes que duele menos pero eres más vulnerable y lloras sin esconder las lágrimas y te haces más fuerte y los demás ven lo feliz que eres.