Sigo con discusiones con mi jefe día si y día también, aunque hoy he percibido un cambio en su actitud, que no en el mía. Sigo sin soportar los comentarios que tienen como única finalidad tocar
Hoy, de nuevo mi jefe se ha acercado a mi mesa a soltarme uno de esos comentarios y yo he vuelto a reaccionar como siempre, he montado en cólera y le he expuesto los motivos que me han llevado a tomar una decisión rápida y perfectamente valida en un asunto de importancia nula, al menos comparado con el resto de los que tenía pendientes, y tras explicárselo con la cara roja de ira y los ojos encendidos le he dicho "se acabó, me voy a mi casa, no entiendo como con todos los temas que tenemos entre manos el único comentario que se haga a mi trabajo sea este". En este justo momento es cuando él respondería metiendo más caña al asunto, imagino que por sentirse "atacado" por mi comentario, pero hoy ha sido diferente. Su actitud ha sido conciliadora, me ha reconocido lo estúpido que es el comentario y me ha recordado que la semana pasada me felicitó por uno de los trabajos y que tenemos una comida pendiente con el equipo que lo desarrolló para celebrarlo. Casi inmediatamente, mi tono ha cambiado, me ha costado un poco reaccionar y bajar revoluciones pero hemos terminado dialogando cordialmente, he continuado trabajando una hora más y todos tan contentos. Si, lo sé soy facilona..si no fuera porque me gusta lo que hago, grr. Vale, vale y por la hipoteca.
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Una de las no premiadas que comenta Izel, snif, snif.

Oceanográfico de Valencia. Julio 2007.
Desde entonces y hasta ahora, no sé cuántas he podido llegar a ver, aunque tengo que reconocer que me he vuelto más quisquillosa y ya no me da igual ver una u otra. Me gusta leer el argumento y elegir. No es que prefiera un género a otro, o una nacionalidad a otra. En realidad, creo que va por épocas. Ha habido momentos en los que no paraba de ver comedias, otras en las que sólo veía bélicas, otras suspense, excepto dibujos animados, creo que he tenido etapas para el resto de géneros.
Ahora mismo estoy en una etapa algo extraña en la que lo mismo vería "El Orfanato" que la "Extraña que hay en ti" o "Ratatouille". Sin embargo, "Las trece rosas" no me llamaba especialmente la atención. El sábado fuimos a verla porque a Izel le ha dado por leer y ver todo aquello que cae en sus manos sobre la guerra civil. Y tengo que decir que me alegro, porque merece la pena.
Nunca he sabido diseccionar una película para dar mi opinión acerca de la fotografía, el vestuario o el guión. Así que sólo puedo decir que se me pasaron las dos horas volando, que las actrices me hicieron reír y llorar mucho. El director no ha hecho sangre, no creo que sea una película que levante ampollas. Es una película que habla de sentimientos, de juventud, de ganas de luchar, de ganas de vivir, de justicia, de dolor, de traición, de hambre, de amistad, de libertad.
Lo que más me impactó es el silencio que reinó en la sala al terminar la película, pasaron unos minutos hasta que alguién se decidió a ponerse de pie. Me dió la sensación de que no era yo la única que se había quedado impactada, que no era la única que no podía reprimir las lágrimas.
Este es el gesto que he llevado todo el día dibujado en la cara. Es bastante incómodo, además de antiestético y poco beneficioso para mis arrugas, llevar por más tiempo ese ceño fruncido. Así que con vuestro permiso, lo dejo aquí.
Prometo compensar el día que me duela la mandíbula de tanto sonreír.
Como no podía ser de otra forma, llevo toda la tarde escuchando a kd lang. Me encanta.
No hay que ser vidente para saber que si no ponía remedio, al final las "Diabólicas" acabarían desapareciendo. Y no en circunstancias extrañas, ni a causa de un suceso paranormal. En realidad, las pobres acabarían en el cubo de la basura en el próximo ataque de pánico de Izel...aunque pensándolo bien, creo que la expresión de sus ojos , la transformación de su cara y los ruiditos que emite en esos momentos son lo más cercano a un suceso paranormal que yo haya presenciado. Ya decía yo que me resultaba familiar la cara de una de las diabólicas, ejem.
El remedio creo que es efectivo, vamos que ahora no creo que nadie pueda decir que dan miedo. Si bien estéticamente, creo que es incluso peor que el primero. Eso si ahora tiene un valor sentimental añadido y es que como podéis observar en la "remodelación" del cuadro ha participado la familia al completo, je.
Hace unos días recibí una llamada inesperada. Justo cuando ya empezaba a acostumbrarme a la distancia provocada, necesaria y algo dolorosa -aunque la cabezonería y el orgullo me impidan decirlo en voz alta-.
Al ver las llamadas perdidas en el móvil y tras unos segundos en los que me invadió la sorpresa, la preocupación y la desconfianza, decidí marcar el número. La conversación fue breve, algo fría, al igual que la última vez que supimos algo el uno del otro, -un breve mensaje de felicitación en mi cumpleaños, fue nuestro último contacto-. Antes colgar quedamos en vernos un día de ésta semana para hablar.
Ayer nos vimos, no vino solo, le acompañó mi hermana. Me hizo mucha ilusión volver a verla, a pesar de que la muy pécora no contestara a mis llamadas desde hacía semanas. Tal y cómo me confirmó después y tal y como yo imaginaba, le costaba hablar conmigo de nuevo, decirme que había vuelto con él.
Hablamos mucho, durante casi 6 horas Èl se desahogó y yo le dije que no estaba de acuerdo en alguna de las cosas que argumentaba con la fuerza que tienen lo que creemos verdades absolutas. Esa es una de las actitudes que creo que he heredado de él y de lo que no me siento especialmente orgullosa.
Yo me desahogué y como soy llorona se me escapó alguna lagrimilla. Porque a veces, incluso teniendo alguna cana, no puedes evitar que salga la niña de 8 años que aún continúa dolida. Mi hermana también habló mucho, también es llorona y se le escapó alguna lagrimilla, también tiene una niña dolida, escondida en algún lugar. En realidad, ¿quién no la tiene?.
Todo fue mejor de lo que esperaba, ésta vez no me quería pedir nada, sólo hablar y me gustó que fuera así.
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Aprovechando que estoy de vacaciones nos fuimos una mañana a pasear por Madrid. Estoy redescubriendo ésta ciudad, aprendiendo a disfrutarla, puede parecer algo sorprendente para alguien que lleva viviendo en ella casi toda su vida, pero las cosas se ven de forma diferente cuando vas de paseo y no a trabajar.
Nos pasamos por Chueca, compramos un par de libros en Berkana y nos fuimos a pasear por El Retiro. Hacía un día de otoño precioso y mientras yo me dedicaba a explorar todas las posibilidades que ofrece mi cámara, Izel se tumbó en un banco al sol. Paseamos por la rosaleda, igual que hace algo más de un año, cuando todavía no nos atrevíamos ni a rozarnos las manos, cuando ella sabía lo que yo sentía porque ya se lo había dicho, cuando yo intuía lo que ella sentía porque hay cosas que aún sin decirlas en voz alta las percibes en una mirada, en una sonrisa, incluso en un silencio.

Estuvimos comiendo en el mismo restaurante donde hace más de un año nos alimentábamos más con nuestras miradas que con el plato del día. Le dije a Izel que ya no me miraba tanto como entonces y sonrío. Me confesó algo que venía callando desde hace algunos días, que yo intuía y supongo que no preguntaba por lo mismo que ella no me lo contaba. Me hizo ilusión escucharlo, y saber que a ella también le apetece. Aunque las dos estemos muertas de miedo, aunque sepamos que no hay garantías. Es una lotería y como en cualquier juego el que no apuesta no gana. Hemos decidido apostar aunque todavía no sabemos cuando.
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Me encanta viajar y me encantan los preparativos. Me puedo tirar días, semanas, buscando un destino. Miro todas las posibilidades incluso aquellas que no pueden ser. La otra tarde tras un par de horas mirando en foros y agencias de viajes en internet, comencé a divagar con países como la India, China o Tailandia. Éste año no puede ser, pero anotados quedan junto con otros tantos. Si algún día me tocase la lotería creo que lo primero que haría sería dedicar un año entero a viajar.
Este año al final ni Riviera Maya ni Barcelona, nos vamos a Jordania. Estoy como loca, tengo muchísimas ganas de ver Petra, dormir en el desierto y bañarme en el Mar Muerto, porque yo me baño de todas todas -ni la experiencia del pilón, me hace recapacitar antes de abrir la boca, ays-.
Me siento un poco como Indiana Jones.
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El lunes vuelvo a trabajar. No se puede decir que haya hecho nada extraordinario, he seguido con mi rutina de gimnasio, con las clases de diseño gráfico, con los paseos por el parque con Pumba y Marqués. Me he levantado tarde, muy tarde, junto a Izel y eso me encanta, hemos comido juntas todos los días, nos hemos acostado a las tantas...umm ahora que lo pienso, si, definitivamente, si que ha sido una semana extraordinaria.
Por si fuera poco, detrás de la casa hay varios caminos que se pierden en el monte. Todo un fílón para nosotras, así que, ni cortas ni perezosas nos calzamos nuestras botas de montaña y emprendimos la aventura. El paisaje es increíble, tengo que reconocer que yo como buena "rata de ciudad" soy bastante cobardica y los bichos de campo me dan un poco de asco, así que me dediqué a sacar fotitos de las cascadas, los riachuelos y los caminos. Las más atrevidas, se dedicaron a la fauna, hubo alguna que hizo un reportaje de arañas gigantes digno del mismísimo National Geographic. Incluso, se llegó a plantear la cuestión de que estuvieramos ante el descubrimiento de una nueva especie de medidas descomunales, justo en el momento en que Pumba con la habilidad que le caracteriza pisó el especimen. Para sorpresa de unas y el asco de otras, el enorme cuerpo de la araña se desvaneció y como si de un espectáculo de circo se tratara, decenas de arañitas bajaron de la espalda de mamá dejando al descubierto el esquelético cuerpo del descomunal ejemplar, ja. Vamos que no era más que una mamá araña vulgaris cargando con las crías.
Tras éste decepcionante a la par que asqueroso descubrimiento, decidimos darnos una tregua en el bar del pueblo. Y ya se sabe, que una cosa lleva a otra y una cerveza lleva a una croqueta y a otra cerveza y a un pincho de tortilla y justo cuando ya estábamos metidas en un bucle de botellín-pincho sin aparente salvación, las del bucle cocacola-pincho, pusieron cordura y nos arrastaron a la casa rural, donde unas más que otras, continuamos con el bucle cerveza-calabacín-filete. Las más inteligentes pusieron fin al bucle de la perdición con un café, yo no fui de las inteligentes.
Total que para cuando ya me explicaron las reglas del nuevo mentiroso (juego que no perdonamos nunca en una casa rural,) la que pierde va al pilón ya estaba claro quién iba a acabar aquella noche dándose el chapuzón. Así que salí a tomar la temperatura del agua. A partir de ese momento solo recuerdo un grupillo de señoras y un señor rodeándome y una voz que decía "Si usted limpia el pilón yo me baño". Para mi sorpresa y mi susto la voz salía de mi garganta y la sonrisa del abuelo que tenía enfrente, me dejó claro en ese mismo momento que soy una bocazas. Bueno la cara del buen señor y las voces de mis amigas que escuché como decían al unísono "Si, si, si ha dicho que se tira al pilón, que se tire"...¡Arpías!.
Desde ese momento y hasta que decidí cerrar la boca hasta el día siguiente, mi cara debió convertirse en un poema. Situación que supieron manejar a la perfección mis compañeras de casa rural, incluída una que yo me sé, y ante mi agobio decidieron tranquilizarme con comentarios del estilo "La señora María me ha dicho que trae a su hijo soltero", "No te preocupes, para que no pises el suelo yo te dejo mis chanclas" "Si, y yo te espero con la toalla". Mientras yo en mi delirio sólo podía pensar en cual sería el momento más adecuado para escapar.
Afortunadamente, al final, todo quedó en un susto para mí y unas risas para el resto. Claro, que ya se sabe queridas amigas "Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos", grrr.
Por cierto, aquí os dejo una buena vista de mi exploradora favorita, ji,ji.

¿Cómo es posible que alguien llegue hasta mi blog con ésta búsqueda? y lo que es más interesante ¿Qué cara se le habrá quedado al o la pobre cuándo haya abierto el blog?.
Si alguna vez por esas casualidades de la vida, vuelves a caer por aquí intentando, por ejemplo, hacer un despertador con unos auriculares, te importaría decirme ¿para qué quieres hacer un termómetro con una bombilla?, con lo sencillo que sería ir a la farmacia y comprar uno, vamos digo yo.
Esto me hace recordar que la única asociación que recuerdo haber hecho entre una bombilla y un termómetro, tenía como finalidad fingir un catarrazo para quedarme en la camita y no ir al colegio, ¡qué buenos tiempos aquellos!.
Esta es la frase con la que más reí el sábado viendo "Misterioso Asesinato en Manhattan". Enrique San Francisco esta simplemente genial.
Pues bien, esta misma frase es la que me ha venido a la cabeza esta mañana en cuánto he visto aparecer en la oficina a mi jefe y a un especimen del tipo trepilla aspirante a jefe. Casi no había tenido tiempo de gritar (para mí, se entiende) por segunda vez ¡¡¡Ya están aquí!!! -aunque creo que la cara de pánico me ha quedado de oscar, je- , cuando ya los tenía delante de mi mesa. El error ha sido continuar con la actuación y preguntar ¿qué queréis?, prometo que sólo lo he hecho una vez y sin el tono dramático adecuado, cuando me he arrepentido de inmediato de hacerla y ,por supuesto, ni se me ha ocurrido intentar preguntar de nuevo. La respuesta obviamente, no ha sido: "Anda Bimbolla, vete a casa que se te ve cansada", sino más bien una serie de peticiones que han retrasado mi vuelta al dulce hogar mucho más tiempo del deseado.
"A Enrique San Francisco pongo por testigo, que nunca jamás de los jamases volveré a plagiar a nadie". (Bimbolla O'Hara).



