“Izelitis”.
Sin ninguna duda, padezco de Izelitis, que nada tiene que ver con cistitis, gingivitis, conjuntivitis, ni con ninguna otra afección terminada en “itis. A diferencia de lo que pueda parecer, “Izelitis” no significa que Izel esté inflamada (aunque me consta que a veces también lo esta jiji) más bien hace referencia al efecto que Izel produce en mí. Si, efectivamente, padezco de inflamación, a veces severa, y sufro mucho, muchísimo de hecho casi todos los días.
El proceso casi siempre es el mismo, comienzo a sentir calor, la intensidad depende del tiempo transcurrido desde la última “Izelitis”, acompañado de leve alteración del ritmo cardíaco. En ocasiones, he comenzado a sentir estos síntomas cuando Izel estaba lejos y en lugares poco “adecuados”, por lo que he recurrido a todos los trucos conocidos para evitar la automedicación. Que si yoga sobre la taza del water de la oficina, que si sentarme sobre el congelador de los helados del restaurante. En fin, ya sabéis esos truquillos que vienen en las revistas junto con los de cómo eliminar las manchas amarillas de los sanitarios y que casi nunca dan buen resultado.
Afortunadamente, los procesos más graves siempre los sufro cuando ella esta cerca. Recuerdo uno, especialmente fuerte, en una discoteca de cuyo nombre no puedo acordarme. Izel, se asustó tanto al percatarse de la gravedad de mi situación que no dudo ni un instante. Me arrastró hasta el baño, me bajó los pantalones y me quitó la camiseta. Comenzó a deslizar, suavemente, un cubito de hielo por el pecho, la espalda y la nuca intentando así, controlar la temperatura corporal. Y controlar, controlaba y bastante, pero la temperatura no dejaba de subir, la piel me ardía y comenzaba a sudar. Cuando las piernas dejaron de sostenerme, rodeó mi cintura con sus manos y me sujetó contra la puerta del aseo, mientras recorría mi cuello con un cubito que sujetaba con sus labios. Las gotas del hielo derretido resbalaban por el cuello hasta el escote, algunas se deslizaban rápidamente hasta mi ombligo y de ahí hasta el pubis. Cuando alguna rozaba el clítoris, notaba como mi cuerpo se arqueaba de placer. Otras, al llegar al escote se dirigían directamente hacia mis pezones antes de caer al suelo. Comencé a jadear, como si me faltara el oxígeno, justo en el momento en el que ella me abría los labios con su boca. El cubito se había evaporado dejando sus labios y su lengua fría. Un escalofrío me recorrió la espalda cuando me susurró “cierra los ojos y déjate llevar”. Obedecí, cerré los ojos, y noté como su lengua comenzó a dibujar un nuevo camino...
p.d. ayer, Izel me dijo, por motivos que no vienen al caso, que era una guarrona...no quiero pensar en lo que me dirá cuando lea esto.
El proceso casi siempre es el mismo, comienzo a sentir calor, la intensidad depende del tiempo transcurrido desde la última “Izelitis”, acompañado de leve alteración del ritmo cardíaco. En ocasiones, he comenzado a sentir estos síntomas cuando Izel estaba lejos y en lugares poco “adecuados”, por lo que he recurrido a todos los trucos conocidos para evitar la automedicación. Que si yoga sobre la taza del water de la oficina, que si sentarme sobre el congelador de los helados del restaurante. En fin, ya sabéis esos truquillos que vienen en las revistas junto con los de cómo eliminar las manchas amarillas de los sanitarios y que casi nunca dan buen resultado.
Afortunadamente, los procesos más graves siempre los sufro cuando ella esta cerca. Recuerdo uno, especialmente fuerte, en una discoteca de cuyo nombre no puedo acordarme. Izel, se asustó tanto al percatarse de la gravedad de mi situación que no dudo ni un instante. Me arrastró hasta el baño, me bajó los pantalones y me quitó la camiseta. Comenzó a deslizar, suavemente, un cubito de hielo por el pecho, la espalda y la nuca intentando así, controlar la temperatura corporal. Y controlar, controlaba y bastante, pero la temperatura no dejaba de subir, la piel me ardía y comenzaba a sudar. Cuando las piernas dejaron de sostenerme, rodeó mi cintura con sus manos y me sujetó contra la puerta del aseo, mientras recorría mi cuello con un cubito que sujetaba con sus labios. Las gotas del hielo derretido resbalaban por el cuello hasta el escote, algunas se deslizaban rápidamente hasta mi ombligo y de ahí hasta el pubis. Cuando alguna rozaba el clítoris, notaba como mi cuerpo se arqueaba de placer. Otras, al llegar al escote se dirigían directamente hacia mis pezones antes de caer al suelo. Comencé a jadear, como si me faltara el oxígeno, justo en el momento en el que ella me abría los labios con su boca. El cubito se había evaporado dejando sus labios y su lengua fría. Un escalofrío me recorrió la espalda cuando me susurró “cierra los ojos y déjate llevar”. Obedecí, cerré los ojos, y noté como su lengua comenzó a dibujar un nuevo camino...
p.d. ayer, Izel me dijo, por motivos que no vienen al caso, que era una guarrona...no quiero pensar en lo que me dirá cuando lea esto.
Comentario:
Di que si, no hay mejor remedio para la Izelitis que tomar Izelina. Besos
Comentario:
Eso,eso, y las demás meandonos vivas mientras acababais vuestro proceso de calentamiento global particular.
Comentario:
Juaaaassssss me parto... por fin alguien se anima con sexo en la blogosfera (¿Tenías que ser tú?)...
Eres muuuy guarrona... pero..."quiero a la loca que hay bajo tu ropa"
PD: En el, post de Bimbolla todos los nombres, lugares y fechas están cmbiados para preservar la identidad de sus protagonistas, cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia...
Eres muuuy guarrona... pero..."quiero a la loca que hay bajo tu ropa"
PD: En el, post de Bimbolla todos los nombres, lugares y fechas están cmbiados para preservar la identidad de sus protagonistas, cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia...
Comentario:
jajaja. yo sí que me lo puedo imaginar ( a mi me dice " qué bruta eres cuando quieres, guapa") pero vamos,quejarse, quejarse no se queja. ( oye ya me diras que te dice y qué contestas por eso de variar respuestas) un besazo a las dos en la mejilla.

