Menú del día.
Como esta siendo costumbre últimamente suelo comer muy tarde. Normalmente voy a casa y me preparo cualquier cosa, pero hoy me encontraba demasiado cansada y he parado en un Vips que hay de camino a mi casa. Si, ya sé que lo que venden allí no se puede comparar con una buena comida casera, pero en realidad lo que yo cocino tampoco.
He llegado justita de hora para que me pudieran poner un menú y no uno de esos sandwich bañados en mantequilla que luego tardo tres días en digerir. Como ya sé que en éste lugar, la palabra "prisa" no existe o si existe desde luego tiene un significado distinto, en lugar de sentarme en una mesa he ido a la barra con la esperanza de que el camarero que estaba detrás de ella se acercara a la única persona que compartía barra con él, es decir, yo misma. Pero no ha habido suerte, por lo que he pasado al plan B. Le miro fijamente para llamar su atención. Y le miro. Y un rato después continúo mirándole y pensando que éste plan B es una estupidez. Justo cuando estaba a punto de desintegrarle con la mirada, levanta la cabeza, me mira, y pienso ¡por fin!, hasta que de repente baja la cabeza y continúa colocando los sobres de ketchup. Al cabo de unos segundos, cuando ya me iba a levantar a la cocina a pedir mi menú, me vuelve a mirar, le vuelvo a mirar y me imagino que mi cara tenía que ser un poema porque ha dejado los sobrecitos y se ha acercado.
Transcurrida media hora desde que entré y estando prácticamente vacío el local, he conseguido que me pusieran el primer plato, verdura a la parilla (por decir algo, claro). Cuando estaba a la mitad, me han puesto el segundo y la verdad es que me ha venido bien, porque la cebolla en lugar de cocinada a la parrilla parecía una especie de puré algo pringoso que en fin, mejor ahorro los detalles. Para cuando he terminado de comer las pocas mesas que había cuando entré se habían marchado, así que he sacado el periódico y me he puesto a leerlo tranquilamente mientras me tomaba el zumo.
Al ratito, escucho una voz que dice " han venido a verte". Me he girado porque aunque sabía que no me hablaban a mí, me ha sonado como de película de mafiosos, cuando el malo va a ver al malísimo para matarlo mientras se come un plato de spaghetti. Si, a veces, se me va un poco la olla. El caso es que cuando he mirado con disimulo (creo) he visto que quién hablaba era una camarera y se dirigía a la encargada (que casualmente comía un plato de pasta jua, jua, en una mesa detrás de mí) y los visitantes eran una señora menuda de algo más de 40 años y un chico de unos 18 que le sacaba dos cabezas a la señora, fuertote, con cara de niño malo, un piercing en la ceja y una camiseta de Superman. Como la escena me ha resultado curiosa, he seguido escuchando. La mujer se acerca y le dice a la encargada, "mi hijo ha estado haciendo el curso para empezar a trabajar, y como no sabíamos que camisa necesitaba le he comprado ésta" en ese momento saca de una bolsa de plástico una camisa blanca de manga corta. La encargada mira (algo incrédula por la situación), mientras deja el tenedor en el plato y le contesta que tiene que ser de manga larga. La madre algo molesta le responde que cómo no se lo han dicho antes y que ahora qué hace con esa camisa. La chica intenta explicarle que no se preocupe que le pueden vender una con el logo (yo flipo con esto) por casi 18€. A regañadientes la mujer coge la camisa y la vuelve a meter en la bolsa de plástico, mientras le comienza a hablar de lo buenísimo que es su chico para terminar pidiendo que lo traten bien.
La escena la verdad es que ha sido curiosa y algo cómica, pero también tierna. No sé quién estará más nervioso el primer día de trabajo si el chico o la madre.
Esto me ha recordado que hace un par de días fue el día de la madre y que no llamé. No me apetecía. Tampoco quiero darle más vueltas al tema, aunque es obvio que si que las doy, pero sin encontrar la respuesta. Supongo que ha habido momentos en mi vida, en que he echado de menos sentirme tan segura, como se debió de sentir hoy el chico de la camiseta de Superman. Intento pasar páginas sin llegar hasta el final, por eso una y otra vez se revuelven y me devuelven donde me quedé, donde nos quedamos.
He llegado justita de hora para que me pudieran poner un menú y no uno de esos sandwich bañados en mantequilla que luego tardo tres días en digerir. Como ya sé que en éste lugar, la palabra "prisa" no existe o si existe desde luego tiene un significado distinto, en lugar de sentarme en una mesa he ido a la barra con la esperanza de que el camarero que estaba detrás de ella se acercara a la única persona que compartía barra con él, es decir, yo misma. Pero no ha habido suerte, por lo que he pasado al plan B. Le miro fijamente para llamar su atención. Y le miro. Y un rato después continúo mirándole y pensando que éste plan B es una estupidez. Justo cuando estaba a punto de desintegrarle con la mirada, levanta la cabeza, me mira, y pienso ¡por fin!, hasta que de repente baja la cabeza y continúa colocando los sobres de ketchup. Al cabo de unos segundos, cuando ya me iba a levantar a la cocina a pedir mi menú, me vuelve a mirar, le vuelvo a mirar y me imagino que mi cara tenía que ser un poema porque ha dejado los sobrecitos y se ha acercado.
Transcurrida media hora desde que entré y estando prácticamente vacío el local, he conseguido que me pusieran el primer plato, verdura a la parilla (por decir algo, claro). Cuando estaba a la mitad, me han puesto el segundo y la verdad es que me ha venido bien, porque la cebolla en lugar de cocinada a la parrilla parecía una especie de puré algo pringoso que en fin, mejor ahorro los detalles. Para cuando he terminado de comer las pocas mesas que había cuando entré se habían marchado, así que he sacado el periódico y me he puesto a leerlo tranquilamente mientras me tomaba el zumo.
Al ratito, escucho una voz que dice " han venido a verte". Me he girado porque aunque sabía que no me hablaban a mí, me ha sonado como de película de mafiosos, cuando el malo va a ver al malísimo para matarlo mientras se come un plato de spaghetti. Si, a veces, se me va un poco la olla. El caso es que cuando he mirado con disimulo (creo) he visto que quién hablaba era una camarera y se dirigía a la encargada (que casualmente comía un plato de pasta jua, jua, en una mesa detrás de mí) y los visitantes eran una señora menuda de algo más de 40 años y un chico de unos 18 que le sacaba dos cabezas a la señora, fuertote, con cara de niño malo, un piercing en la ceja y una camiseta de Superman. Como la escena me ha resultado curiosa, he seguido escuchando. La mujer se acerca y le dice a la encargada, "mi hijo ha estado haciendo el curso para empezar a trabajar, y como no sabíamos que camisa necesitaba le he comprado ésta" en ese momento saca de una bolsa de plástico una camisa blanca de manga corta. La encargada mira (algo incrédula por la situación), mientras deja el tenedor en el plato y le contesta que tiene que ser de manga larga. La madre algo molesta le responde que cómo no se lo han dicho antes y que ahora qué hace con esa camisa. La chica intenta explicarle que no se preocupe que le pueden vender una con el logo (yo flipo con esto) por casi 18€. A regañadientes la mujer coge la camisa y la vuelve a meter en la bolsa de plástico, mientras le comienza a hablar de lo buenísimo que es su chico para terminar pidiendo que lo traten bien.
La escena la verdad es que ha sido curiosa y algo cómica, pero también tierna. No sé quién estará más nervioso el primer día de trabajo si el chico o la madre.
Esto me ha recordado que hace un par de días fue el día de la madre y que no llamé. No me apetecía. Tampoco quiero darle más vueltas al tema, aunque es obvio que si que las doy, pero sin encontrar la respuesta. Supongo que ha habido momentos en mi vida, en que he echado de menos sentirme tan segura, como se debió de sentir hoy el chico de la camiseta de Superman. Intento pasar páginas sin llegar hasta el final, por eso una y otra vez se revuelven y me devuelven donde me quedé, donde nos quedamos.
Comentario:
bueno, algo ya ha mejorado desde q escribiste esto, no? :)
(y estoy de acuerdo con los de+ comentarios. Me "muero" si me hace eso mi madre... aunk tb de pena por lo de la camisa... lo había hecho con toda su buena intención!)
(y estoy de acuerdo con los de+ comentarios. Me "muero" si me hace eso mi madre... aunk tb de pena por lo de la camisa... lo había hecho con toda su buena intención!)
Comentario:
La mayoría de cosas en la vida (toma 7 palabras iniciales... tópico y polivalente para todo) que si se dejan, no avanzan. Duelen... molestan, pero en algún momento hay que estirarlas para sacarlas adelante.
Si se pudren en demasía, no se puede reparar completamente y encima huelen para siempre...
Un abrazo enorme :) Sé superman :P
Si se pudren en demasía, no se puede reparar completamente y encima huelen para siempre...
Un abrazo enorme :) Sé superman :P
Comentario:
a mi me hace eso mi madre y me la como por los pies... vaya tela!
Comentario:
jajaja. pobre chico. A mi madre ni se le ocurriría hacer eso a no ser que quiera que no le hable más. Izel, otras cosas buenas te hará la muchacha...besitos ;-)
Comentario:
Hola, no se como he llegado hasta aqui,pero me gusta lo que cuentas. Si , pobre chico,aún estara colorado, o tal vez ni siquiera comenzo al trabajo. Aprovecho para invitarte a conocer mi blog el cual participamos cinco amigas, aún estamos en los comienzos. Te esparamos, Besitos
Comentario:
Pues yo te aseguro que mi madre me acompaña a una entrevista de trabajo... y me da un síncope ahí mismo... y más si se pone a hablar de lo buena que es su hija...
¿Lo que tú cocinas?¿LO QUE TÚ COCINAS? ¿Cuándo cocinas tú que yo nunca estoy preente? jajajajaja
¿Lo que tú cocinas?¿LO QUE TÚ COCINAS? ¿Cuándo cocinas tú que yo nunca estoy preente? jajajajaja

