Una chica normal viviendo en una sociedad enferma
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Si tuviera sueños, no dormiria un dia entero...
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ehmmm

Prometí ser una buena chica, pero como siempre todo lo que planeo no me sale bien, el domingo todas mis buenas intenciones se fueron por el caño.

No voy a negar que me fascina el carnaval y toda la joda que conlleva, y que espero impaciente estas fechas para olvidarme de todo, pero sé que necesito ponerme límites.

Despertar el martes, entre malestares y sin conciencia de donde estaba, aún con el flor de porrazo que me lleve el domingo en la cabeza y con otros tantos en el cuerpo, tanteando la puerta en la oscuridad, mamá me encuentra en ese penoso estado y después del merecido sermón me quedo en el baño por dos horas, dejando hasta el apellido con los restos de la fiesta.

Mamá me dice que este será mi último carnaval, o al menos será el último en el que me reciba en ese estado. No me defiendo, esta vez ella tiene razón, y es que tampoco no basta con tener buenas intenciones, además tengo que cumplirlas.

Y mientras me tomo un mate para convalecer mi pobre y maltratado cuerpo y mi hermano se disponía a festejar el último día de carnaval, le lanzo un consejo.


“No bebas ni llegues muy tarde,que el puesto de irresponsable en esta casa lo ocupo yo”



P.D: Un agradecimiento especial a la Srta. Escándalo, que escucho mis lamentos de ebria sin huir, y otro al anónimo taxista que me aguanto otro poco.
 
LUNARES
Después de la película postergo la cena con mis amigos para volver rápido a casa.
Era cerca de las 10:30 de la noche, tenía poco dinero y estaba algo cansada.

El colectivo se tarda más de lo normal, y llega repleto. Me pongo los auriculares para hacer más llevadero el trayecto, en el fondo están la pareja de invidentes que siempre me encuentro a esta hora, ella es joven y linda, a él no puedo verle la cara por la oscuridad, pero recuerdo que no lo es tanto. Ambos están de la mano y cuando los veo por la calle no se sueltan en ningún momento, me quedo pensando en eso.

En otra ventanilla un conocido de mi facultad al cual no saludo, y sentada cerca de mí Princess, que me acompañó a la función. Le converso algo, pero ella esta concentrada tratando de recordar una frase de la película, la recuerdo, pero no se la digo para que siga concentrada mientras escucho música.

Es raro que el colectivo no tenga luz, estoy muy apretada, meto mis manos al bolsillo asegurando mi celular, de pronto algo llama mi atención.

Era una chica con un vestido a lunares.
En que parte subió? Antes que mí? No la vi al subir.
Esta contra el vidrio igual de apretada, pero a ella pareciera no importarle.

Solo lleva una pequeña agenda en sus manos, se me hace extraño, observo sus detalles, cabello lacio, manos perfectamente cuidadas, y…uno, dos, dos lunares cerca de la boca, uno en la espalda, café claro, otro en el antebrazo.

Viendo el detalle de los lunares cerca de la boca me descubre mirándola, disimuladamente miro hacia Princess.

-eh…te voy acompañar hasta tu casa para que no te reten.
-Bueno, no hay lío.


Desvío de nuevo la mirada hacia la chica del vestido a lunares, se quedo observándome un buen rato, tal vez se le hizo raro que yo también estuviera mirándola, o quizás mira la ridícula mancha de café que llevo en la remera blanca.

Como parece no importarle si la miro o no, sigo haciéndolo.

El semáforo hace que el colectivo se detenga, y su vestido blanco a lunares es rojo, luego amarillo, luego verde, juego con ella, la invento a mi manera, el por qué de su agenda, el por qué sola a esta hora, por qué el vestido, por qué su apariencia indiferente.

Llego a mi barrio y paso por la nueva casa vacía, ojala alguna muchacha de vestido a lunares se mude allí.

 
SENTIDOS

Ojos que recorren la ciudad, se escabullen entre las luces y se pierden entre la gente.

Se cierran con dificultad en las noches… se pasean adormilados de día, sueñan despiertos.

Ojos y el brillo que les provoca una euforia breve, que demuestran picardía, brindan calma.

Esquivan otros ojos, más lascivos, buscan la pupila profunda…dilatada, la mirada intensa, color esperanza, una en la cual extraviarse.

Ojos que rápidamente… esconden la mirada húmeda.



 
BEEEEEE.....

En cada familia siempre existe una oveja negra.

En la mía yo tengo ese puesto.

Lo obtuve por mérito propio? Tal vez sí, adaptarse a las reglas de lo correcto-incorrecto en mi casa es algo que yo no puedo hacer.

El instinto siempre hizo que fuera en contra de las ideas y opiniones de mi madre. Creando mis propias teorías, defendiéndolas y recibiendo las reprensiones por las mismas.

Acepto que he sido caprichosa, sí, que soy atrevida, que aún suelo comportarme como adolescente. He cometido muuuuuuchas estupideces en mi vida, pero no me arrepiento de ninguna de ellas. Aprendo de mis errores, eso es lo importante.

El precio de ser diferente, de pensar diferente, de vivir diferente. Cansada de que trate de hacer de mí la persona que tal vez ella quiso ser.

Al fin y al cabo, cuantas personas en mi casa guardan secretos, cuantas veces ella misma negó cosas que yo sé que hizo, y cuantas otras que no sé. Pago el precio de ser un poco más sincera que el resto.

Nunca busqué ser un ejemplo en casa, eso no me quita el sueño.

 
CUERDAS



Mi padre tenía una guitarra, muy vieja, con muy mal sonido, aunque no recuerdo haberlo visto tocándola alguna vez.

De repente un día cayó sola del sitio donde estaba, el cuerpo se abrió y las cuerdas se soltaron, mi madre trató de hacerla componer, tal vez por nostalgia, no soltó esa guitarra, sobrevivió tres mudanzas hasta que cumplí 12 años.

La curiosidad por aprender a tocarla me invadió, obviamente no llevaba ese triste instrumento a otra parte que no fuese la sala de mi casa, Karol me enseñó un poquito de esto, Luís un poquito de lo otro, el resto fue simple observación.

La suerte de que en mi colegio hubiera un conjunto de música ayudó, admiraba a Leo, tocaba genial, veía sus manos, un poco regordetas, y los dedos pequeños… me parecía curioso, porque las manos de los guitarristas que conocí siempre eran delgadas y largas. Cuando él se graduó llegué a ser primera guitarra, su puesto, pero sólo toque dos veces en público. Me aterraba presentarme, sólo tocaba y toco con amigos íntimos.

La vieja guitarra desapareció, nunca pregunte que hicieron con ella, seguramente mi hermano mayor la desechó, pero prefiero pensar que esta en algún depósito, llena de polvo y ese boquete en el cuerpo.

Compraron una nueva cuando a Hnito. le entró el capricho de aprender, le enseñé las notas, de las cuales sólo aprendió Do mayor, a la semana fue reemplazada por su nueva distracción el playstation.

Me adueñé de ella, desempolvé mis antiguas canciones y empecé de nuevo. Igual que manejar bicicleta, tocar guitarra no se olvida.

Aunque es más presentable que la guitarra de mi padre, tampoco sale de mi casa, y aunque ya no estoy en un conjunto, sigo con esa fobia al público.

Como cuando Chiquitita me sorprendió tocando, entró a la sala en silencio y yo me sonrojé.

- No sabía que tocabas.
- Hay muchas cosas que no sabés de mí.


Hace tiempo que no la uso, aunque sigue ahí, en la sala, con un poco de polvo y seguro con las cuerdas desafinadas. Un poco olvidada por otras distracciones y trabajos, como una amante abandonada diciéndome… “Tócame Pollita, tócame”.


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