Por biblioteca
Nunca llegué a cumplir lo del bookcruising. Y lo podría hacer ahora pero también paso. No sé por qué. En realidad lo tengo todo muy bien planificado.
Compraría un papel granate en la tienda de Pepa Paper de L'Illa y escribiría, a mano y en rotulador negro mi dirección de e-mail buscandonovio@gmail.com
Iría a la biblioteca de la DIBA que tengo cerca de casa, más que nada, porque si tengo que ligar con alguien, que no me toque patearme mucha ciudad. Y allí, dejaría el papelito de marras en tres documentos previamente seleccionados. Serían los siguientes:
-Un disco de Fangoria, por ejemplo, Una temporada en el infierno. También podría ser algún disco de los Pet Shop Boys. Bueno, no sé, la cosa es elegir algún grupo filogay que pueda ser dejado en préstamo a algún maricón con ganas de enviar algún mail a alguien que busque novio. O sea yo. Bueno, yo antes.
- En Tallats de lluna. Por ser una homonovela escrita en catalán de mallorca. Y porque a mi este acento me pone cosa mala.
- En Memorias de Albert Speer. Debo reconocer que los bakalas en general, y los neonazis parcialmente, también me ponen bastante. Así que un neonazi letrado me pondría muchísimo. Me pondría de mala leche, por eso. Así que creo que lo substituiría por El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. La gente con problemas en la cabeza también me va bastante.
Pero no lo haré. Así que en la biblioteca tampoco encontraré novio alguno.
Compraría un papel granate en la tienda de Pepa Paper de L'Illa y escribiría, a mano y en rotulador negro mi dirección de e-mail buscandonovio@gmail.com
Iría a la biblioteca de la DIBA que tengo cerca de casa, más que nada, porque si tengo que ligar con alguien, que no me toque patearme mucha ciudad. Y allí, dejaría el papelito de marras en tres documentos previamente seleccionados. Serían los siguientes:
-Un disco de Fangoria, por ejemplo, Una temporada en el infierno. También podría ser algún disco de los Pet Shop Boys. Bueno, no sé, la cosa es elegir algún grupo filogay que pueda ser dejado en préstamo a algún maricón con ganas de enviar algún mail a alguien que busque novio. O sea yo. Bueno, yo antes.
- En Tallats de lluna. Por ser una homonovela escrita en catalán de mallorca. Y porque a mi este acento me pone cosa mala.
- En Memorias de Albert Speer. Debo reconocer que los bakalas en general, y los neonazis parcialmente, también me ponen bastante. Así que un neonazi letrado me pondría muchísimo. Me pondría de mala leche, por eso. Así que creo que lo substituiría por El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. La gente con problemas en la cabeza también me va bastante.
Pero no lo haré. Así que en la biblioteca tampoco encontraré novio alguno.
Por discoteca
Hace dos meses que no salgo por el ambiente. Siempre decía que lo iba a dejar, en plan politoxicómano, pero nunca daba el paso. Cada semana, un viernes o un sábado, caía alguna copa o un bailoteo rodeado de gays y lesbianas. La verdad es que me gustaba. Me gusta, de hecho. Esto de ir a bailar, escuchar música, beber y hacer el tonto me va. Aunque no lo he empezado a disfrutar hasta ahora.
Creo demasiado en la rectitud. Me pierde hacer las cosas ultracorrectamente. Por eso no me gusta cocinar. Porque me pongo nervioso descontando los minutos exactos que se debe cocer el arroz, pesando los gramos de chocolate que tienen que ir en la fondue o los centilitros de vino blanco para el sofrito. Y lo mismo me pasaba en las discotecas. Yo me centraba en bailar y no podía hacer nada más: siempre me quedaba en la pista y la gente revoloteaba a mi alrededor.
Algo de esto queda. Pero menos, chicos, menos. He aprendido a pasar más. Y a estar más rato pululando por la barra y cambiándome de pista que no en el centro como una especie de marmota temblequeante.
Pero llega un momento en que te cansas de todo. Y salir de ambiente me ha cansado. No sólo por la música, siempre la misma y cansina hasta decir basta. También por la gente. En algunos antros, modelos de mírame y no me folles. O mejor dicho, fóllame y no me hables. En otros, más bien ni me hables ni me folles. Y en la gran mayoría, háblame porque follar, te quedarás con las ganas. Y yo, pues como soy un poco tonto, nunca entro y me quedo en la barrera. Prefiero que me entren. Pero si lo hacen, que lo hagan a matar. Cada vez me van menos las medias tintas. Así que, o me pasaba toda la noche bailando o, a la que uno me preguntaba la hora, le metía la lengua hasta el fondo. Pero es que el problema es que si no me lo dan masticao, no me entero que me buscan. Creo que fue Hairblue el que escribió que no sabía que le molaba a alguien hasta que éste se le corría en la boca. A mí casi que me pasa igual.
Ahora el grupo con el que me ambientaba se ha disgregado. Uno con novio, otro se dedica a batir el récord de aspirar más rayas por minuto, el de más allá que lo veo cada día y ya es suficiente y servidor con 1.000 cosas mejores que hacer que rodearme de salidos como yo que son demasiado orgullosos como para aceptar que alguien les mola.
Y si se está en este plan, mejor aparcarse un tiempo. Para probar otras cosas o posponer un regreso triunfal. Sea lo que sea, pero pasando que es gerundio.
Creo demasiado en la rectitud. Me pierde hacer las cosas ultracorrectamente. Por eso no me gusta cocinar. Porque me pongo nervioso descontando los minutos exactos que se debe cocer el arroz, pesando los gramos de chocolate que tienen que ir en la fondue o los centilitros de vino blanco para el sofrito. Y lo mismo me pasaba en las discotecas. Yo me centraba en bailar y no podía hacer nada más: siempre me quedaba en la pista y la gente revoloteaba a mi alrededor.
Algo de esto queda. Pero menos, chicos, menos. He aprendido a pasar más. Y a estar más rato pululando por la barra y cambiándome de pista que no en el centro como una especie de marmota temblequeante.
Pero llega un momento en que te cansas de todo. Y salir de ambiente me ha cansado. No sólo por la música, siempre la misma y cansina hasta decir basta. También por la gente. En algunos antros, modelos de mírame y no me folles. O mejor dicho, fóllame y no me hables. En otros, más bien ni me hables ni me folles. Y en la gran mayoría, háblame porque follar, te quedarás con las ganas. Y yo, pues como soy un poco tonto, nunca entro y me quedo en la barrera. Prefiero que me entren. Pero si lo hacen, que lo hagan a matar. Cada vez me van menos las medias tintas. Así que, o me pasaba toda la noche bailando o, a la que uno me preguntaba la hora, le metía la lengua hasta el fondo. Pero es que el problema es que si no me lo dan masticao, no me entero que me buscan. Creo que fue Hairblue el que escribió que no sabía que le molaba a alguien hasta que éste se le corría en la boca. A mí casi que me pasa igual.
Ahora el grupo con el que me ambientaba se ha disgregado. Uno con novio, otro se dedica a batir el récord de aspirar más rayas por minuto, el de más allá que lo veo cada día y ya es suficiente y servidor con 1.000 cosas mejores que hacer que rodearme de salidos como yo que son demasiado orgullosos como para aceptar que alguien les mola.
Y si se está en este plan, mejor aparcarse un tiempo. Para probar otras cosas o posponer un regreso triunfal. Sea lo que sea, pero pasando que es gerundio.
Por blog
Pensé que escribir un blog sería una buena forma de desahogarme y, por qué no, de encontrar pareja. Bueno, no, qué digo, pensé que verdaderamente encontraría pareja y que follaría un montón. Que alguien se sentiría atraído por mi historia, que sentiria compasión por mi y acudiría raudo y veloz a mis brazos para convertirse en mi principe-azul-salvador-que-ahora-sé-que-nunca-conseguiré.
El blog me ha servido para escupir, para sacar la mierda que tenía dentro y que no sabía a quien contar. No quería convertirme en un ser pesado y neurótico-obsesivo para mis amigos, así que me dediqué a vaciarme por vía internáutica.
Para mi sorpresa, hubo gente que se me enganchó. Y yo me enganché a otros. Pero nada de novios. Ni de follamigos. La mayoría de gente que escribe por aquí son como el que escribe en este blog: gente psicológicamente tocada incapaz de sincerarse con los que verdaderamente tienen alrededor. O ególatras insaciables a los que sólo hacen caso a distancia, porque los que les conocen en persona pasan de ellos de lo insignificantes que son. O solitarios misántropos que se creen elegidos porque cuatro gatos de la aldea global les ríen las gracias. Porque con los degraciados que les ha tocado vivir, no pueden desarrollarse como podrían. O ñoños insoportablemente imbéciles.O Gianis. O renegados sexuales. Pornógrafos compartidores. Artistas frustrados. Adultos fracasados. Niños putos. Putos cabrones.Intelectualoides de pacotilla i de pa sucat amb oli. Niñas malcriadas. Niñatos (in)culturistas. Obsesos irredentos. Gilipollas con mucho tiempo que perder. Perdedores natos. Aunque por suerte hay algunos que están algo más centrados. ¿Sí? Sí. Lo suficiente como para no tomarse esto en serio ni perder el tiempo en internet más de lo imprescindible. Justo el tipo de tío al que se la comería. Y con el que nunca podré contactar.
He conocido a gente a través de la coña esta, sí. No voy negarlo porque sería faltar a la verdad. Algunas citas han sido absolutamente desastrosas. Otras no han dado para más que un café. Aunque quizás en esto comparta la culpa al 50%. Y last but not least, otras han dado para una cena, dos, tres, cinco y cuarenta. Como mínimo sí que me ha servido de algo. Para que no reniegue de haber escrito todas las gilipolleces que preceden a este post.

El blog me ha servido para escupir, para sacar la mierda que tenía dentro y que no sabía a quien contar. No quería convertirme en un ser pesado y neurótico-obsesivo para mis amigos, así que me dediqué a vaciarme por vía internáutica.
Para mi sorpresa, hubo gente que se me enganchó. Y yo me enganché a otros. Pero nada de novios. Ni de follamigos. La mayoría de gente que escribe por aquí son como el que escribe en este blog: gente psicológicamente tocada incapaz de sincerarse con los que verdaderamente tienen alrededor. O ególatras insaciables a los que sólo hacen caso a distancia, porque los que les conocen en persona pasan de ellos de lo insignificantes que son. O solitarios misántropos que se creen elegidos porque cuatro gatos de la aldea global les ríen las gracias. Porque con los degraciados que les ha tocado vivir, no pueden desarrollarse como podrían. O ñoños insoportablemente imbéciles.O Gianis. O renegados sexuales. Pornógrafos compartidores. Artistas frustrados. Adultos fracasados. Niños putos. Putos cabrones.Intelectualoides de pacotilla i de pa sucat amb oli. Niñas malcriadas. Niñatos (in)culturistas. Obsesos irredentos. Gilipollas con mucho tiempo que perder. Perdedores natos. Aunque por suerte hay algunos que están algo más centrados. ¿Sí? Sí. Lo suficiente como para no tomarse esto en serio ni perder el tiempo en internet más de lo imprescindible. Justo el tipo de tío al que se la comería. Y con el que nunca podré contactar.
He conocido a gente a través de la coña esta, sí. No voy negarlo porque sería faltar a la verdad. Algunas citas han sido absolutamente desastrosas. Otras no han dado para más que un café. Aunque quizás en esto comparta la culpa al 50%. Y last but not least, otras han dado para una cena, dos, tres, cinco y cuarenta. Como mínimo sí que me ha servido de algo. Para que no reniegue de haber escrito todas las gilipolleces que preceden a este post.

¿Felicidades?
Nunca he celebrado San Valentín y dios quiera que nunca lo celebre.
Eres un nazi
Pues no. Es que a mi me hace mucha gracia la gente que se queja de cosas y no hace nada por cambiarlas. Será que están bien como están o que de lo que se quejan no les afecta tanto. ¿Tu amigo dices que está traumatizado porque está gordo? Pues que adelgace. Y no, no me digas que es mi obsesión anti-gordos porque yo no tengo nada en contra de los gordos. Vamos, al menos contra un gordo que lo sea porque quiere. Si no quiere ser gordo, pues coño, que no coma. Mientras ingiera las calorías mínimas para sobrevivir, lo demás es accesorio. Que no me valen excusas. Una cosa es ser bajo, o ser alto, o ser cojo o ser pecoso. Esto es de nacimiento o genético y no puedes hacer nada. Pero por todo el resto, cada uno es responsable de sus actos y de cómo es. Y oye, que no tengo ningún problema con tu amigo, que esto me lo aplico a mi mismo. Pues si no me gusta conducir y me aterroriza no poder controlar lo que hace el del carril de al lado o lo que puedan decir los demás, pues no conduzco y listos. Pero no me quejo de no conducir. Si tengo que coger metro, nit bus, tren o helicóptero ya me apaño yo. O si me dan miedo los médicos, pues descuida, que cuando me encuentren un cáncer porque haya faltado a las revisiones sistemáticas, moriré e intentaré no dar la brasa, que es mi culpa. Y no es que sea comprensivo o no comprensivo. ¿Insinúas que soy inflexible? Pues no. Esto te lo digo a ti porque te tengo confianza. Y porque tú no te lamentas sin sentido, pero otros sí. Y tú y yo sabemos de quién hablamos. Es que es como el que se quejaba porque sacaba un 4. Pues que hubiera estudiado, ¿no te jode? Por algo me quedé yo un fin de semana encerrado. Y si le cuesta, pues que se quede cuatro días sin salir. Y si quiere dejar de fumar, pues que no fume. ¿A caso le obligaron a empezar a fumar? Pues ahora que se joda y que se apañe. No será el primero que lo intenta. Y muchos lo han conseguido. Es que el que no se esfuerza no consigue. Yo no me quejo por lo que no hago. ¿Qué no tengo músculos? Vale. ¿Y qué? No me traumatiza. Tampoco me gustaría ser un cachas. No si para conseguirlo me tengo que machacar dos horas de gimnasio al día. Me aburre. Pero si fuera algo sin lo que no pudiera vivir, por mucho que me jodiera, lo haría. O supongo que lo haría. Pero como no es el caso, pues no. Y si no follo, pues no follo. Me aburre tener que convencer a un tio para quedar. Es que los que me molan del gaydar tienen todos un ideal romántico que es absurdo.. No te engañes, hasta que no quedes no sabrás si te gustará, así que deja de llenarte la cabeza de pájaros y queda. Pero como me aburre el cuento este, pues no quedo. Y si alguien quiere quedar, pues quedamos. Pero como no tengo tiempo ni me marca el quedar o no quedar, pues cuando pueda ya quedaré y si follo bien y si no también. Y por favor, no digas “pobrecita” porque mi amiga no tiene novio porque esto es algo con lo que tenemos que acabar. ¿Qué pasa, que por no tener novio es “pobrecita”? Pues la mar de bien que está y no como esas inútiles con un novio imbécil. ¿Tu no estás bien sin novio? Yo estupendamente.
7:40
De lunes a viernes suena primero el despertador-radio. Después el móvil. Y al cabo de diez minutos me levanto de la cama. Tiro la persiana de mi habitación hacia arriba para que entre algo de luz natural. Descorro las cortinas del comedor y me ducho en diez minutos. La calefacción del comedor se habrá encendido 10 minutos antes de que suene el primer despertador. Y antes de dirigirme a la ducha habré encendido una línea de la estufa eléctrica que me llevé de casa de mi abuela. Las otra línea la enciendo cuando regreso para vestirme. Supongo que debe ser porque una vez, de pequeño, incendié un colchón de mis padres porque pegué mucho el radiador y me da miedo que se pueda volver a repetir.
Tardo en vestirme porque me gusta sentir el calor desnudo y porque soy un poco lento haciéndolo, para qué os voy a engañar. Luego me tomo un zumo o bebo agua y me tomo un yoghourt o un Danonino. También me preparo un bocata para tomar a media mañana en el trabajo y cojo algo de bollería industrial para tomarme camino del metro.
Antes de salir de casa grito "adéu", "ens veiem per la nit" o algo equivalente hasta que mi compañero de piso responde. Y cierro la puerta tranquilo.
Esta semana no lo he cumplido ningún día. Ni el lunes, ni el viernes, ni el martes, ni el jueves, ni el miércoles he sido el primero en levantarme. He tenido que sumergirme en toneladas de ropa sin planchar para encontrar algo decente con lo que vestirme.Y no me ha dado tiempo a prepararme ningún bocata.
Y es que cuando me descontrolo un día, se produce un efecto dominó que soy incapaz de arreglar hasta el siguiente viernes. Mi drama horario empezó el viernes pasado. He ido encadenando un dia con otro durmiendo poco y haciendo menos. En el trabajo he estado agotado y desconcentrado. Y ahora que llega temporada de renegociación de contrato, tengo que hacer como la mujer del César: trabajar y además parecer que lo hago (bueno, ella tenía que hacer y parecer otras cosas). Creo que he disimulado bastante bien. Pero no puedo más. Hoy no salgo para regularme un poco. Mañana dormiré hasta tarde y la semana que viene seré persona. Estoy muy cansado. Buenas noches.