En pasado II
Durante todas las vacaciones nos estuvimos enviando mensajitos de buen rollo. Y cuando volví me llamó. Tenía una voz de entre pijo y quillo. Me hizo gracia. Pero cuando volvimos a hablar por msn volvimos a discutir. Aunque al día siguiente me dijo de quedar y accedí. Más que nada porque quería acabar de una vez con esa farsa. Quedamos y al momento supe que no me gustaba. De cuerpo no estaba mal: alto, fibrado y marcando culo y músculos. Pero lo vi demasiado débil. Demasiado embelesado por mi. Y a mi me mola la gente a la que puedo tratar de igual a igual o a la que, de alguna forma, pueda admirar. Y yo a ese tío no lo podía admirar ni pasado de pastillas. Su máxima aspiración era ir al McDonald’s y tener un novio en el primer tío al que pillase. Y eso, lo siento, pero a mí no me va. Y así se lo dije. Yo ahora no quiero ningún novio. Al menos de forma tan premeditada. Y me tengo que ir a casa que mañana madrugo. Se llevó un chasco. Bueno, eso es lo que creí, porque por la noche me envió un sms diciendo que en él tenía un amigo. Pero yo no lo quiero ni de amigo. No lo quiero para nada. Pero el tío insiste. Me envía sms. Me llama en oculto. Vaya plomo. Incluso llegó a preguntarme si quería amistad o algo más. ¿Pero no se lo había dejado claro, coñe? No le contesté. Más que nada porque en ese momento estaba cenando con un tío que conocí también en la red. Con el que antes había ido a tomar algo. Con el que después de cenar fui a tomar una copa. Con el que después fui a bailar. Con el que pensaba que no le molaba y ya borrachos nos liamos. Con el que después me fui a su casa. A follar y a dormir abrazados. Con el que quedé la semana pasada. Y con el que intentaré volver a quedar este finde.
En presente I
Recibo un sms del chico con el que había quedado diciéndome que tiene gripe intestinal y que mejor que lo dejemos para la semana que viene. Me da rabia, pero me voy a casa. Cuando llego, estoy solo y me conecto al messenger. Veo que me ha añadido el chico que ayer leyó mi perfil. Empezamos a hablar y me cuenta que tiene 20 años y es monitor de fitness. Por la foto parece que esté bueno. Me pide que le ponga la cam y se la pongo. Me pone la suya. Seguimos hablando y le caliento un poco. El sigue la broma y me enseña los calzoncillos. Yo también. Me pide que nos hagamos una paja pero me da miedo que llegue mi compañero de piso. Una paja rápida, insiste. Y como soy fácil de convencer, cedo. Me pide de llamarme y le doy mi teléfono. Cuando escucho su voz pienso que se parece mucho a la de mi ex, pero miro bien su cara y compruebo que no es él. El chaval se corre y a mi me falta poco, pero escucho la puerta y pienso que mierda, ya sabía yo que iba a llegar de un momento a otro. Me levanto, me medio visto, cierro el teléfono, la cam y le digo por messenger que ya hablaremos. Saludo a mi compañero de piso como si nada y me pongo a hacer la cena. Cenamos, me conecto al messenger y sigo hablando con el chico de la paja. Cuando nos desconectamos, le escribo un e-mail proponiéndole de venir a mi casa cuando vuelva de vacaciones y le mando un sms diciéndole que tiene un e-mail. Al día siguiente me vuelvo a conectar al msn mientras preparo la cena. Voy y vuelvo de la cocina al ordenador y él me dice que me contesta lento porque está ocupado. Le digo que yo también y que ya hablaremos cuando vuelva. Me dice que no hace falta ser borde y le contesto que no lo soy. Se cabrea y me dice que cuando quiere ser borde lo es y mucho. Le digo que me parece muy bien y que se ponga borde con su tía pero no conmigo. Le digo que me voy a cenar y me dice que no me atragante con el pollo. Estoy por cerrar el msn sin contestarle pero como soy de naturaleza pacífica le digo que tranquilo. Me contesta que ahora había sido borde y le digo que ya lo había notado pero que no tenía ganas de discutir con un desconocido. No sé qué coño dice y cierro el msn mientras aún está escribiendo. Estoy cabreado. Cuando he acabado de comer y estoy haciendo la maleta me hace una perdida. Enciendo mi portátil y me conecto de nuevo al msn. Le digo que me ha hecho una perdida y que qué quería. Me dice que se ha equivocado y que no iba para mi. Le digo que estoy flipando con él y me dice que era broma, que sí que quería hablar conmigo. No sé cómo me dice que sólo tiene dos vicios: el chocolate y el sexo. Le digo que me parece muy bien. Seguimos hablando y me dice que quiere hacerse una paja conmigo. Le digo que no puedo y se cabrea. Le digo que me parece un niñato inmaduro y se cabrea aún más. Me dice que pensaba que era de un modo pero que después de leer el mail ve que no. Le pregunto que por qué y me dice que voy muy a saco. Vuelvo a flipar y le digo que es lo mínimo que se me ocurría para decir a alguien con el que me hago una paja y sólo me habla de sexo. Me dice que él es más cosas a parte de sexo y le digo que yo también y que me lo demuestre. Dice que se tiene que ir a dormir. Le digo que no tengo más ganas de hablar con él y que le voy a desadmitir. Me dice que yo me lo pierdo. Paso y me desconecto. Al momento recibo un sms suyo que me dice que ya hablaremos cuando vuelva de vacaciones.
No puedes, debes
De pequeño, tus padres son tu referente. Los más guapos, los más amados, los más buenos, los más malos, los que más saben. A medida que vas creciendo, te das cuenta que no te puedes fiar de ellos. No saben lo que se lleva, no se enteran de nada, te han engañado toda la vida y, lo que es peor, a pesar de todo les sigues queriendo. Pero esta transmutación de valores es directamente proporcional a la adquisición de responsabilidades y, por consiguiente, de más y más dudas. ¿Qué tengo que estudiar? ¿Tengo que aceptar este trabajo? ¿Tengo que ceder el paso a la furgoneta que se acerca por la derecha? ¿Debo seguir amándole? Uno daría lo que fuera para saber que acierta en cada una de las decisiones que toma pero, por desgracia, siempre se aprende a posteriori. Ya sabía yo que con esa sonrisa no me podía fiar (pero me fié), que ese piso me daría problemas (pero acepté y me los dio, vaya si me los dio), que ese tío me la pegaría (pero ya me gustaría que me la volviera a pegar). La mayoría de veces, uno es lo suficientemente listo como para aprender de sus errores e intentar que no se vuelvan a repetir. Pero otras tantas, somos incapaces de verlos y volvemos a tropezar una y otra vez con la misma piedra. Volvemos a fallar, volvemos a esperar demasiado, volvemos a despreocuparnos cuando no toca. Y las cosas salen como no debiera, mal o muy mal, sin nadie a quien poder echar las culpas, porque el culpable es uno mismo.
Qué gran logro cuando uno es capaz de convivir con sus dudas y de aceptar en su justa medida sus aciertos y sus fallos. Porque cuando haces las cosas bien o muy bien no eres un genio, pero tampoco cuando la cagas eres el ser más imbécil del planeta. Solo eres una persona que intenta vivir cada día sin haberse leído el manual de instrucciones de la vida. Porque no se ha editado. Ni se editará.
Qué gran logro cuando uno es capaz de convivir con sus dudas y de aceptar en su justa medida sus aciertos y sus fallos. Porque cuando haces las cosas bien o muy bien no eres un genio, pero tampoco cuando la cagas eres el ser más imbécil del planeta. Solo eres una persona que intenta vivir cada día sin haberse leído el manual de instrucciones de la vida. Porque no se ha editado. Ni se editará.