Gracias
Fan nº 1
Ha cerrado uno de los escasos blogs que aún leía. La verdad es que nunca me había gustado demasiado. Supongo que lo descubrí a través de algún comentario en algún post vete tú a saber dónde, algún día de esos que me dedicaba a curiosear en bitácoras ajenas. Ahí aterricé y el título ya me pareció inapropiado, casi insoportable: Buscando novio. Mi primer pensamiento fue condescendiente. Debe ser un chico de pueblo que no ha salido nunca de su comarca, acomplejado, solitario y feúcho. Pobrecito.
Leí el post que había publicado ese día y me pareció absolutamente pornográfico. En él reproducía un mail –creo recordar- que su ex le había mandado, palabra por palabra, y pedía consejo a los lectores sobre cuál debía ser su reacción. Me pareció que se merecía la cámara de gas o, al menos, un linchamiento en la plaza del ayuntamiento.
A partir de ahí me tomé la obligación de dejarle comentarios en cada uno de sus posts, recordándole la pésima calidad literaria de sus escritos y el nulo interés que provocaban en alguien mínimamente leído y escuchado como un servidor. Mis palabras pretendían ser ofensivas pero con gracia, hirientes con simpatía, tiernamente dañinas.
A la par, el chico que buscaba novio empezó también a dejarme comentarios en mis notabilísimos y nunca suficientemente alabados posts. Comentarios mordaces, irónicos, inteligentes. Y un día recibí un mail. Tuve la sensación de estar ante el doctor Jeckyll y Mr. Hyde. El autor de los posts era melodramático. El autor del mail era ingenioso. Y ahí empezó una serie de mensajes de correo hasta que, un día, él desveló mi identidad real. Sabía quién era. Cómo me llamaba. Dónde trabajaba. Y lo había averiguado, sencillamente, a partir de pequeñísimos detalles que yo había dejado entrever en mis escritos. Detalles que habrían pasado inadvertidos a todo el mundo excepto a él, un gran observador.
Un día, finalmente, quedamos para conocernos e ir a cenar. A esas alturas ya no me sorprendió no encontrar a un chico de pueblo acomplejado, solitario y feúcho.
Cenamos. Hablamos mucho. Yo hablé mucho. Él escuchaba. Comimos muy bien. Bebimos mejor. Y le propuse continuar la conversación en mi casa. Nos sentamos en el sofá y estuvimos cinco horas más hablando. La verdad es que esta vez, casi solo habló él y yo dormí durante buena parte de la conversación. El caso es que él me gustó. Y mucho.
Desde entonces, hará unos dos años, no hemos dejado de vernos. Me gusta considerarlo uno de mis amigos. Me siento bien con él porque desborda bondad, curiosidad e ingenio, tres cualidades que siempre me enamoran, sean en un hombre, una mujer o un crustáceo. Él es de esas personas que me encantaría que me acompañaran el resto de mi vida, de esos pocos que, de verdad, me apetece ver siempre. Incluso en los momentos en que no quiero ver a nadie.
Ahora ya tiene novio y su blog ha dejado de tener sentido. Pero yo creo que en estos dos años no solo es novio lo que ha conseguido. Me gusta lo que escribe y cómo escribe. Me gusta su sentido del humor. Su fidelidad y su buen carácter. Me gusta cuando vamos al teatro y cuando cenamos, contándonos el todo y la nada. Me gusta lo que me transmite. En estos dos años he conseguido convertirme en un auténtico fan de su persona.
Y ya iba siendo hora de que se lo dijera
Ha cerrado uno de los escasos blogs que aún leía. La verdad es que nunca me había gustado demasiado. Supongo que lo descubrí a través de algún comentario en algún post vete tú a saber dónde, algún día de esos que me dedicaba a curiosear en bitácoras ajenas. Ahí aterricé y el título ya me pareció inapropiado, casi insoportable: Buscando novio. Mi primer pensamiento fue condescendiente. Debe ser un chico de pueblo que no ha salido nunca de su comarca, acomplejado, solitario y feúcho. Pobrecito.
Leí el post que había publicado ese día y me pareció absolutamente pornográfico. En él reproducía un mail –creo recordar- que su ex le había mandado, palabra por palabra, y pedía consejo a los lectores sobre cuál debía ser su reacción. Me pareció que se merecía la cámara de gas o, al menos, un linchamiento en la plaza del ayuntamiento.
A partir de ahí me tomé la obligación de dejarle comentarios en cada uno de sus posts, recordándole la pésima calidad literaria de sus escritos y el nulo interés que provocaban en alguien mínimamente leído y escuchado como un servidor. Mis palabras pretendían ser ofensivas pero con gracia, hirientes con simpatía, tiernamente dañinas.
A la par, el chico que buscaba novio empezó también a dejarme comentarios en mis notabilísimos y nunca suficientemente alabados posts. Comentarios mordaces, irónicos, inteligentes. Y un día recibí un mail. Tuve la sensación de estar ante el doctor Jeckyll y Mr. Hyde. El autor de los posts era melodramático. El autor del mail era ingenioso. Y ahí empezó una serie de mensajes de correo hasta que, un día, él desveló mi identidad real. Sabía quién era. Cómo me llamaba. Dónde trabajaba. Y lo había averiguado, sencillamente, a partir de pequeñísimos detalles que yo había dejado entrever en mis escritos. Detalles que habrían pasado inadvertidos a todo el mundo excepto a él, un gran observador.
Un día, finalmente, quedamos para conocernos e ir a cenar. A esas alturas ya no me sorprendió no encontrar a un chico de pueblo acomplejado, solitario y feúcho.
Cenamos. Hablamos mucho. Yo hablé mucho. Él escuchaba. Comimos muy bien. Bebimos mejor. Y le propuse continuar la conversación en mi casa. Nos sentamos en el sofá y estuvimos cinco horas más hablando. La verdad es que esta vez, casi solo habló él y yo dormí durante buena parte de la conversación. El caso es que él me gustó. Y mucho.
Desde entonces, hará unos dos años, no hemos dejado de vernos. Me gusta considerarlo uno de mis amigos. Me siento bien con él porque desborda bondad, curiosidad e ingenio, tres cualidades que siempre me enamoran, sean en un hombre, una mujer o un crustáceo. Él es de esas personas que me encantaría que me acompañaran el resto de mi vida, de esos pocos que, de verdad, me apetece ver siempre. Incluso en los momentos en que no quiero ver a nadie.
Ahora ya tiene novio y su blog ha dejado de tener sentido. Pero yo creo que en estos dos años no solo es novio lo que ha conseguido. Me gusta lo que escribe y cómo escribe. Me gusta su sentido del humor. Su fidelidad y su buen carácter. Me gusta cuando vamos al teatro y cuando cenamos, contándonos el todo y la nada. Me gusta lo que me transmite. En estos dos años he conseguido convertirme en un auténtico fan de su persona.
Y ya iba siendo hora de que se lo dijera
Comentario:
Pues yo me pido fan número dos... Bueno, deja ponerme de fan número tres, que a por el dos es por quienes van las Eva Brown del mundo, y no quisiera yo caer por las escaleras y romper mi micrófono; ohhh, sí, pero ese no es el tema :)
Eeey, me alegra que escribas again; ¡y lo del cementerio... ya mismo, que se me había olvidao!
Un abrazo
Eeey, me alegra que escribas again; ¡y lo del cementerio... ya mismo, que se me había olvidao!
Un abrazo