tras la cortina de humo
se puede describir una ilusión, un miedo, un sentimiento? podrías describir un sueño?
Acerca de
¿A alguien le importa quien sea?Lo que importa son los sentimientos, las ilusiones, los miedos y los sueños. Por ellos me conocereis.A mi. Al alquimista
Sindicación
 
... conversaciones a medianoche... o sorpresas que da la vida...
- Amor
- ¡hummmmmm!
- ¿Estás dormido?
- Ya no… - David encendió la luz y cogió el reloj – Efrén… ¡son las 4,30!
- Ya…
- ¿Qué te pasa?
- Es que no me puedo dormir...

David dejó el reloj en la mesilla, se dio la vuelta, y abrazó a Efrén. Acercó su cara lentamente y le dio un suave beso en los labios.

- ¿Qué te pasa? Venga dímelo… que sé que te pasa algo.
- Estoy preocupado… mi padre…
- ¿Se ha vuelto a meter contigo por ser gay?
- Bueno, no… - Efrén dudaba
- Gordi, cuéntame anda… ¿qué te preocupa para que me despiertes a las 4 y media de la mañana…?
- Yo no te he despertado…
- Vale, vale, sólo me has zarandeado preguntándome si estaba despierto…
- No ha sido así…
- Gordi… ¡Efrén! Habla, coño – le dijo pasándole suavemente la mano por su cara – cuéntame, que sabes que yo tengo solución para todo.
- Mi padre… - pero que nada… que no se decidía… Efrén seguía sin decidirse…
- ¿Quieres que juguemos a las adivinanzas?
- No ibas a acertar nunca… sería un juego interminable, y mañana trabajas…
- ¡Pues suéltalo ya! – David empezaba a perder la paciencia, a parte de contar los minutos que luego le quedarían para levantarse a las 6 de la mañana y coger el cercanías para ir a trabajar… y eso hacía que perdiera un poquito más la paciencia…
- Agárrate, que te vas a caer de espaldas…
- Estoy agarrado a ti – y mientras tanto se juntó más y se pegó completamente y le zarandeó levemente – además sabes que, nada de lo que me cuentes de tu familia, puede sorprenderme. Y que ya tengo respuestas para todo.
- Para esto no – dijo seguro Efrén.
- Salgamos de dudas, si no me veo con esta conversación hasta la estación de RENFE. ¡Cojones, dispara!
- Bueno, mi padre … ha dejado a mi madre.
- ¿Y eso es tan grave? ¿Para eso tanto misterio? Miles de parejas se separan todos los días… aunque no sé donde va a encontrar otra tonta tu padre… tu madre es irrepetible.
- Ya tiene a alguien.
- ¡Vaya!, unos nacen con suerte… Y será joven… ¡encima!
- Sí, es joven…
- ¿La conocemos?
- Sí…
- ¡Pues dime quién es! – David se incorporó sobre el brazo izquierdo, espoleado por la emoción de cotillear a costa del padre de Efrén que tantos problemas les ha causado.
- Vive en el cuarto, en la misma casa que mis padres…
- ¡Huyyyyyyyyy! Romance en la escalera… jijijijiji. Pero en el cuarto… ¿La Pepi ha cogido otra vez inquilina? ¿Y como es? ¿Qué estudia ésta? ¿O también trabaja en un sex shop como la anterior… jijiji?
- No, es… ese cuarto…
- No me fastidies que la mujer de Jonás, le ha dejado por tu padre… ¡increíble! Pero si… ¿No es ella? Pues no hay más cuartos…
- Es ese cuarto…
- Pero ahí solo viven … Jonás, su mujer… ¿cómo se llamaba… Sofía? ... y su hijo Felipe… ¡No! ¿Sí? ¡Me estás tomando el pelo! ¡No! ¡Venga ya! Pero si… ¡pero no puede ser! ¡Con lo homófono que es tu padre! … ¿Sí? ¡Hostia! ¡Pero si Flip tiene 20 años!
- 18 y dice mi padre que, en cuanto consiga el divorcio… ¡se casan!

De repente sonó un ruido. Como de un peso muerto caído de golpe sobre el suelo. De hecho, este vibró un poco. De hecho un peso muerto cayó sobre el suelo.

Después del ruido sonó un…

- ¡Ay!

Y después una exclamación más contundente…

- ¡Hijo de puta! ¡Joder! ¡Me ha salido un chichón por culpa de tu padre!

- ¿Qué haces en el suelo? – le dijo Efrén a su novio David que tirado en el suelo, se frotaba la cabeza, justo donde la empezaba a salir un gran huevo de avestruz.- Te dije que te agarraras...

- sognvoifrnonviwernvo sak vskvdsks dvso vso vskv – dijo David

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Déjate besar y abrazar, todo será más bonito.


 
de blogs, de amigos...
Siento envidia...

He dado hoy una vuelta por la blogsfera. Como un voyeur cualquiera. Siempre con mi sempiterno cigarrillo en mis labios. Siempre con esa cortina de humo que se levante delante de mi. Que me protege.

He llegado al blog de canalla. Y me he encontrado con un relato impresionante. Una historia. La historia de una amistad. Una amistad que empezó a través de un blog. O de dos. De sus blogs. Del blog de canalla y del blog de Absollut Ruben.

Amigos.
Amigos del alma.

Un sorbo. De café. Con un chorrito de leche.

La amistad es un concepto al que le doy vueltas, muchas vueltas. Ayer, o antes de ayer, o sencillamente el otro día, escribía sobre una amistad. Y hoy vuelvo al tema. Muchas veces empleamos ese concepto muy alegremente. Y en realidad, de amigos de verdad, no andamos sobrados ninguno. Amigo es alguien al que se quiere. La diferencia entre el querer de un amigo verdadero y el amor, es una delgada línea. Incluso diría que, alguna historia de amor se pierde en esa línea. Y eso se siente por muy pocas personas. Muy pocos nos apoyan de esa forma especial. Hoy, en otro blog, leí una frase que puede definirlo muy bien: “un amigo es el que te conoce por completo, y a pesar de ello, quiere seguir siendo tu amigo.”

Una calada. El humo sube. Forma otra vez una figura. Y sí, es la cara de él.

Hace unos días, ese amigo, hizo una reflexión. Buena reflexión. “parece que ya no necesitamos ocupar los silencios. Podemos estar juntos sin necesidad de hablar, sin que nos ahoguen los silencios. Parece que ya somos amigos” Y es que, si una buena charla, trascendente o gilipollas, con un amigo es uno de los mejores placeres que se puede tener, un silencio en la compañía de ese amigo, es algo insuperable.

Un suspiro pugna por salir de mi corazón. Lo consigue. Parece que se me ha ido el alma. Una calada. Un sorbo.

Rubén ha dejado su blog. Canalla le escribe echándole de menos. Un relato de amor... de amigo. Un breve repaso de su historia. Breve, sí. Solo un año. Pero intensa. Es una historia triste. Y no debería serlo. Dos blogs les unieron. Uno se cierra. Pero hace tiempo que, su relación, su cariño, traspasó los límites de la pantalla. No necesitan ya de ese medio. Pueden quererse, hablar, sonreír y llorar, sin necesidad del blog. No es un relato triste, rectifico. Es una historia llena de nostalgia. De cariño.

Un suspiro. Otro. Se escapa. Si se me escapa otro, me desintegraré.

Los amigos llegan no se sabe muy bien como. Creo que ninguno de ellos, se podría imaginar que un blog, les daría una relación de amistad tan intensa. Y a Rubén le ha dado también un amor. Nunca se sabe donde está la puerta abierta. Dónde está el camino.

Mierda. Una lágrima. Ya, lo que me hacía falta. No tengo remedio. No me quedan suspiros, y hala, a darle con las lágrimas. Y eso que es una historia de personas que no conozco.

Apago el cigarrillo. Apuro el café. Voy a darme un paseo. Unas gafas de sol, me permitirán seguir pensando en historias bonitas como las de Canalla y Rubén. Ojalá un día, alguien me escriba a mi algo tan bonito.

Déjate abrazar y besar, todo será más bonito.

Blogografía:

http://blogs.chueca.com/canallasp/
http://absollut.blogspot.com/
http://blogs.chueca.com/sweetsacrifice/




 
... interludio musical...
¿Dónde está el paraiso?

¿Estará dentro de nosotros?



Luar na Lubre
Hay un paraíso

Déjate besar y abrazar, todo será más bonito.

 
... de amigos y sensaciones...
¡Por fin es domingo!
¿Es domingo?
Cierto, lo es. Lo dice mi ordenador. Y lo que dice el ordenador, es una verdad inmutable. A veces se equivocan. Muchas veces se equivocan. Pero como lo dice el ordenador, o el Internet, o el vecino del quinto, debe ser cierto. ¿Por qué a veces hacemos más caso a cualquiera que al que tenemos al lado? ¿Por qué nos afecta lo que dice el gilipollas que acabamos de conocer, más, que el que nos conoce un poco y nos quiere? El masoquismo está de moda.

Ya estamos como todos los días. Mis dedos deciden tomar las riendas y visitar rincones que no estaban en el guión.

Respiremos hondo.

Otra vez…

Estoy sentado en mi butaca orejera. Con los pies subidos en el Puff, ese de color marrón, que es un color muy sufrido que pega bien con todo. Con el portátil sobre mis piernas. Unas piernas muy bonitas por cierto. Lástima que no las podáis disfrutar. Mis piernas desnudas. Os indicaría cual es el resto de mi vestimenta, pero esto sería un relato erótico. Y hoy no toca. Mañana posiblemente tocará. Pero hoy no.

En la mesita de mi lado, tengo mi café. Hoy hace mucho calor. Demasiado calor. Hoy toca café con hielo. Y pienso. Recuerdo hace apenas unos meses. Un fin de semana. Un amigo. 4 días. Vivimos en ciudades distintas, muy lejanas. No tenemos muchas oportunidades de compartir días juntos.

Doy un sorbo al café. ¡Qué bien me ha salido hoy!

Una lágrima asoma en mi ojo. Esta vez en el derecho.

Algo ha cambiado en nuestra relación. No sé explicarlo. Es cuestión de sensaciones. Sensaciones que de momento no puedo poner en palabras. Pero algo ha cambiado. Creo que le he decepcionado. Algo habré hecho mal. Aquellos días recuerdo que no estaba yo muy bien. Y estaba muy sensible. Tenía la lágrima fácil. En realidad siempre la tengo con según quien. Estaba en aquellos días un poco desanimado, en realidad como últimamente. No son aquellos días solo, son casi todos los días desde hace mucho. Desde hace demasiado. Quizás no tengo ya espíritu de lucha. Y quizás eso. Y otras cosas, hace que canse a los que se acercan a mi. Y puede que todo esto haya hecho que me haya visto como alguien que no merece la pena profundizar más, o seguir compartiendo momentos. O me haya visto como alguien al que hay que cuidar de vez en cuando, y no le apetezca la idea.

Prendo un cigarrillo.

O puede que haya tenido yo alguna reacción equivocada en algún momento. Fue un finde intenso en emociones. En sensaciones contradictorias. Creo que además, quiere que corra demasiado en muchas cosas, y yo no puedo correr. Me caería de morros. Y creedme, tengo una vista muy fea con los morros ensangrentados. Y soy cobarde. Muy cobarde.

Una columna de humo sube. Y sube.

Me gusta ver como se eleva. Las figuras que hace. ¡¡Mira!! Parece que es la cabeza de Sherlock. Y ¡no me lo puedo creer! Es la cabeza de él. ¡Qué guapo es! En fin.

Algo ha cambiado. Hay algo que no alcanzo a comprender. Tengo sensaciones. Algo ha cambiado. Quizás deba recluirme en mi torre de marfil.

Apuro el café. Bajo la pantalla del portátil. Me miro los pies desnudos. Subo otra vez la pantalla, que hemos quedado que el relato erótico iba a ser mañana. Una última calada. Apago el cigarrillo. Me quedo pensando en esta situación. Ojala sean paranoias mías. Y si ha cambiado, que sea para mejor. Y las explicaciones a mis paranoias lleguen un día de estos.

Todo es demasiado complicado.

Seco mi lágrima. La del ojo derecho. Apago el cigarrillo. Voy a cerrar el portátil. El relato erótico para mañana. Sí. ¿Os he dicho que tengo unas piernas muy bonitas? ¿Y largas? ¿Y unos pies preciosos? Y que tengo…?

Me he equivocado por un momento. Perdón. Esto es lo que tiene el orujo en el café. Me he pasado en la dosis, ya ahora confundo las cosas. Pensaba que estaba en uno de esos chats, o haciendo mi perfil en alguna de esas páginas. Y lo raro es que no entro en chats, y no tengo perfil en ninguna de esas páginas.

Definitivamente, voy a cerrar el portátil. Algo cambió sí.

Pero antes de cerrar el portátil, dejadme recordaos que, hay que dejarse besar y abrazar, que todo será más bonito. Y yo hoy, necesito esos besos, y esos abrazos, precisamente para que todo sea más bonito.



 
... de dolor y de compartir
Hoy puede ser un gran día.
Sí, un día en que, unos cuantos que yo me sé, decidan sacar ese dolor, esa desesperación que tienen dentro.
He parado un segundo en mi trabajo para escribir estas líneas. Es una buena excusa que me pongo a mi mismo para holgazanear unos minutos. Luego tocará correr, pero correremos con gusto. Esto último puede ser interpretado de múltiples formas. Pero no. No es de esa forma. ¡Que más quisiera!. ¡Y que fuera con ayuda externa!. Pero hoy no toca. Tampoco tocó ayer. Ni tampoco... mejor... dejamos esta disquisición.
Sentimientos. Exteriorizarlos. Ser fuertes.
Es un buen momento para dar una vuelta al café. Pero me conformaré con emitir alguna que otra voluta de humo. De mi cigarrillo.
La sociedad, en general, ve mal que los hombres exterioricemos nuestro dolor. Debemos ser fuertes. Alex. Amanuense. Yo mismo. Y alguno más que yo me sé. Parece que los demás deben beber de nuestra valentía. Nos cuesta exteriorizar nuestras emociones. Una sonrisa nos sirve de cortina de humo. Una sonrisa falsa. O un baile desenfrenado. O unos gin tonics de más. O lo que toque.
Pero llega un día. ¿Qué día? Ese. O aquél. Un día en que no nos podemos levantar porque nos duele el corazón. El alma. Los ojos nos escuecen de aguantar tanta lágrima. Y ese día, todo se derrumba. El vacío que el dolor nos ha producido en nuestras entrañas lo abarca todo. No sentimos nada dentro de nosotros. No somos nada.
Pensamos que, la gente que tenemos cerca, no necesariamente en lo físico, también en lo virtual, no podrán soportar vernos tristes. Vernos llorar. Pero muchas veces, los que nos quieren, lo que no soportan es que no confiemos en ellos para llorar, para desahogarnos.
Pensamos que, si son más jóvenes, no están preparados. Que, porque somos más mayores, no podemos defraudarles. Debemos ser duros. Y en general nos sorprenden, si llegamos a intentarlo. De la capacidad de cariño que tienen. De la visión tan acertada que también son capaces de aportar a cualquier situación. Y de lo bien que soportan sus hombros nuestra cabeza para llorar. Sus caricias reconfortan también. Porque si nos quieren, estarán.
Si somos nosotros más jóvenes, pensaremos que nos tildarán de bobos, o débiles. Que no nos entenderán. Que pensarán que son niñerías. Y también nos sorprenderán con su capacidad de empatizar. De meterse en nuestra piel. Porque nos quieren. Y eso hace que cualquier barrera que en un principio pueda existir, desaparezca.
Y si son de nuestra edad, da igual, tampoco confiaremos. Porque pensaremos, que... ¡para qué molestar! Que los amigos no están para eso. Y yo en cambio pienso que, los amigos somos mucho más felices si, a esos que queremos, les podemos ayudar aunque sea solo escuchando, o dejando que lloren en nuestro hombro.
Es un buen momento de nuevo para dejar que el humo suba, y suba... y suba.
Mis ojos lo sigue en su ascenso.
Veo como los hilillos que forman en un principio se hacen menos duros. Van formando una unidad con el aire. Se difuminan. Como el dolor cuando lo compartimos.
Muchas veces, esa fortaleza aparente, sólo es una muestra de debilidad.

Déjate besar y abrazar, que todo será más bonito.

 
de dedos que caminan solos...
Tengo muchas cosas de las que hablar. Muchas palabras, sensaciones se agolpan en mi mente. Pero estoy cansado. Muy cansado.

El trabajo no dignifica, lo juro. Cansa.

No puedo dar ni vueltas a mi café. No puedo hacer siquiera que mi columna de humo preferida, se eleve hacia el cielo, para hablar con los ángeles.

Pero mis dedos tiene hoy vida propia. Solos... escriben. No están guiados por mi maltrecha cabeza.

Esto podría ser otro interludio. Pero menos loco, porque la locura debe ser un poco racional para que sea locura, y mi cabeza no racionaliza hoy. En realidad tampoco lo hace el resto de los días. Pero disimulo. A veces incluso creo que podría haberme dedicado a la escena. Un actor de prestigio y fama, que no es lo mismo. Y firmar autógrafos a la salida del teatro. Ver mi nombre en grandes carteles luminosos en plena Gran Vía... ALQUIMISTA...

Mis dedos siguen escribiendo. Solos. Suavemente se mueven sobre el teclado. Como a veces lo hacen sobre la piel de él. Acariciando esa suave piel. Tomando la temperatura de esos pequeños pezones. De ese estómago tan atractivo... y no tiene cuadrados ni tabletas de chocolate... pero es su estómago... liso, maravilloso. Y esos mismos dedos penetran con delicadeza en el ombligo, su ombligo. Esos mismos dedos que recorren suavemente el contorno de su boca, de sus labios carnosos, humedeciéndose con su saliva. Esos mismos dedos que entran en esa pequeña caverna, cuya lengua los envuelven y humedecen. Esos mismos dedos que luego acarician sus muslos, fuertes, pero sin músculos excesivos, que hacen que él pegue un respingo cada vez que pasan suavemente por su interior. Esos dedos que juegan con sus rodillas, por delante, por detrás. Que llegan a sus pies, y bordea suavemente cada uno de sus dedos. Que hacen cosquillas al pasar casi sin posarse por su planta, que bordean esa pequeña montaña que hace el hueso en el tobillo. Esos dedos que pasean pos su culo, por el culo de él. Que se adentran poco a poco, primero en el desfiladero que hacen esos dos mofletes. Y que más tarde jugarán en la entrada de la gruta.

Esos dedos que...

Esos dedos que escriben solos. Porque estoy cansado. No, esto ya lo había dicho antes. Pero es un hecho. Redundante, pero un hecho. Y él no está ahora. Y como no pueden acariciar estos rincones, no pueden bordear su sonrisa, sus lágrimas, sus orejas, algo tienen que hacer.

Y han decidido escribir.

Y han escrito.

Espero que ahora, quieran ellos solos, dar vueltas a mi café. A su café. A nuestro café. Al café para dos.

¿Quieres tomar café? Mis dedos te invitan.

Y dejaros abrazar y besar, que todo será mucho más bonito.



 
de besos y abrazos...
No tengo ganas de nada.
Estoy tirado en el sofá.
No quiero ver a nadie.
Me siento culpable.
Me siento mal.
Me encierro en mí mismo. El corazón me duele. Me duele el alma. Me duelen los ojos. De llorar o de evitar las lágrimas. No puedo más que mirar al pasado. No puedo más que recordar las cosas bonitas que nunca volverán. Los errores, que no sé si fueron tales. Las cosas que salieron mal. Los abrazos, los besos que nunca más podré dar.
No quiero que me besen. Que me abracen. No quiero que me toquen suavemente en el brazo. No quiero que me cojan la mano. No quiero notar la barba en mi mejilla. Ni una piel suave. Todo me recuerda a ese que no quiere tocarme. Todo me recuerda a ese que no puede darme un abrazo de verdad. O un beso sin poner remilgos. Todo me recuerda a ese que no está y que nunca me lo podrá dar, aunque quisiera.
Yo quisiera que ese me cogiera de la mano. Que viniera a la cama y me abrazara por detrás. Yo quisiera ver su sonrisa, quisiera ver esa mirada de cariño sin reservas. Quisiera que me pasara la mano por mi cara, que mi mano acariciara suavemente la suya. Una caricia que no quiere decir nada, pero que en realidad quiere decir mucho. Quisiera que fuera ese que no está, ese que no regresará nunca. Si no es el beso de ése, el abrazo de ése, no quiero ninguno. Porque todos me recordarían a él. Todo me recordaría que no lo tengo. Todo me recordaría que nunca será otra vez.
Me duele el alma. Me duele el corazón. Me duelen los ojos, de llorar, de evitar las lágrimas, de ser fuerte, de intentar que todos a mi alrededor bailen, rían, canten, sueñen... Y no puedo gritar. No quiero que nadie me vea así. No quiero dar pena. No quiero que nadie se preocupe. No quiero que nadie vea mi culpa en mis ojos.

No tengo ganas de nada.
Estoy tirado en el sofá.
Estoy encerrado en mi habitación. Y lloro. Pero no me sirve de nada. Porque llorar, también, es algo que hay que hacer con alguien. Hay que derramar las lágrimas en el hombro de alguien. Hay que gritar en el oído de alguien. De alguien que nos quiera, que nos aprecie. De alguien que lo sienta como si fuera él quien llorara, quien gritara. Pero ese no quiere que le toque. Ese hace un respingo de rechazo. Ese no está.

Alguien llama a la puerta.
No me apetece abrir. No quiero que me vea nadie. No quiero ver a nadie. Me siento culpable.
Alguien llama a la puerta.
No.
Alguien llama a la puerta.
Me seco las lágrimas. Me levanto trabajosamente del sofá. No puedo con el peso de mi dolor, de mis recuerdos.
Abro la puerta.

Ahí está él. Otro él. Pero él también. Miro a sus ojos, y veo su cariño. Veo sus ojos húmedos. Este nuevo él, podrían ser ellos. O aquél. Masculino o femenino.
Y vuelvo a mirar a sus ojos. Y vuelvo a comprobar el cariño que hay en ellos. Compruebo que no les importa que llore, incluso compruebo que quieren que llore en sus hombros, en su pecho. Que no necesito esconderme. Que quieren abrazarme. Que quieren darme un beso de buenos días, como todos los días. Que quieren tocarme suavemente el brazo, desnudo, simplemente para que compruebe que están ahí, para que note, también dentro de mí, que están conmigo. Y veo en sus ojos que les preocupo. Qué nadie ve mi culpa más que yo. Que hay más cosas que el pasado. Qué sí que quiere cogerme de la mano. Que no hay edades para apoyar, para querer, para acompañar. Que mi dolor es el suyo. Y que... debemos compartirlo. Y que el futuro es, lo que toca.

Abro los brazos. Él da un paso adelante y entra en la habitación. Nos fundimos en un abrazo. Le doy un beso. Me da un beso. Lloro. Llora. Es un abrazo fuerte. Es un beso suave. Es un cariño, enorme. Es un amor, inconmensurable.

Y mi dolor se atenúa. Y mi alma respira un poco. Mis ojos se relajan. Lloran. Pero ya no me duelen. Mi corazón late con más seguridad. Quiero notar ese suave roce de su mano en mi brazo. Quiero llorar en los hombros de él. Porque él llora conmigo. Quiero gritar, susurrando al oído. Lo necesito.

Un abrazo. Un roce. Una caricia. Un beso. Una lágrima. Un susurro. Una sonrisa. Una mirada de amor, de cariño. Las tenemos miedo. Creemos que somos menos por buscarlas, por darlas, por aceptarlas. Creemos que tenemos que ser fuertes. Y en realidad, cuando las rechazamos, cuando las huimos, cuando nos escondemos de ellos, es cuando más débiles somos. No ganamos nada evitando a las personas que nos quieren. Evitando esos pequeños gestos de cariño, de afecto.

Déjate besar y abrazar, y acariciar, y mirar, y acompañar, y llorar, y reír, y sonreír, las cosas, seguro, serán mucho más bonitas.

 
y el armario le pilló con la boca abierta...
- Mamá, me voy.
- Hugo, ven, a ver como te quedan esos pantalones nuevos. Así saludas a Vicentita.
- Hola, Dña. Vicenta – Hugo se acercó a la butaca donde estaba sentada Vicenta, la amiga de su madre, para darla dos besos.
- ¡Pero que alto estás! ¡Sí tienes barba ya! – dijo maravillada Vicentita, al notar que Hugo rascaba cuando le dio los besos.
- Vicenta, pero que cosas dices, que tiene ya 22 años. El Domingo cumple 23 – apunto la mamá de Hugo.
- Huy, ya me parecía... fíjate que no le echaba más de 18 años..
- ¡Vicenta!
- Bueno señoras, me voy ya que llego tarde. Me están esperando los amigos.
- Déjame ver... sí, te quedan bien los pantalones. Me gusta ese color naranja.
- Mamá, son rojos.
- No nos pondremos de acuerdo... jajajajaja
- Huy, pero si llevas el culo al aire – apuntó Vicenta.
- Dña. Vicenta, que llevo bóxer, cualquiera que le oiga, pensará que se me ven los pelos del culo.
- Bueno, tu me entiendes. Pues ten cuidado que sabes que he oído en la tele que hay mucho marica suelto, a ver si te la van a meter... ya sabes...
- ¡Doña Vicenta! – Hugo no sabía si morderla, reírse, o salir corriendo.
- ¿No serás un marica de esos? – preguntó Vicenta interesada.
- ¡Vicenta!
- ¡Habría que meterles a todos en la cárcel!
- Vicenta, que cosas dices... – pero Vicenta no callaba.
- No, Jimena, es cierto. Esos maricas por ahí, metiendo.... eso.... ya sabes... puaggggggg... por ahí... y por allá... besando a otros hombres... barba con barba... puaggggg...
- ¡Vicenta! Pero mira que eres retrógrada...
- Pero Hugo, tú no serás de esos ¿verdad? – volvió a insistir Vicenta.
- Pues sí – Hugo no pudo aguantar - Pues sí, soy gay. Marica. Homosexual. Puto. De la otra acera. Y unos cuantos sinónimos más que podría citar ahora. ¿Pasa algo? Yo estoy muy feliz así. Mamá... lo siento... no quería decírtelo así... ¿a quien vas a llamar? ¿A papá? Mamá, bueno, déjame explicarte... no se lo digas todavía... No estoy preparado. De hecho no pensaba decírtelo a ti hasta que tuviera 49 años. Y a papá cuando yo tuviera ya 79. ¡¡Mamá!! – la desesperación se apropiaba por momentos de Hugo... ¿Por qué no se habría contenido? ¡Qué buen momento para quedarse callado. Su plan primero era mucho mejor. ¿qué diría su padre?
- ¡Calla! – acabó de marcar, se quitó el pendiente de la oreja para hablar más cómoda, y miró a Vicenta que todavía no había podido cerrar la boca del susto.
- ¿Pedro? Cariño... oye que no te preocupes. Hugo ya sabe que es gay. Sí, sí, me lo acaba de decir. No hace falta que te preocupes por buscar la forma de decirle que es gay. Ya se ha dado cuanta él solo. Sí, sí... no te preocupes. Ha sido él solito quien se ha dado cuenta. Vale, sí... ya le digo que mañana vamos a comer para celebrarlo. Vale, le digo que lleve a su novio. Vale... sí... te quiero... respira ya hombre... ¿Ves como acabaría por darse cuenta el solito? ¡Y tú preocupado porque no se daba cuenta! Ya te dije que era más listo de lo que tú creías... vale.. Un beso.

Los papeles cambiaron. Vicenta pasó a tener la boca cerrada. De hecho calló redonda desmayada. Hugo era el que se le había dislocado la mandíbula y no podía cerrar la boca. Sus ojos miraban incrédulos a su madre. Su madre sonreía orgullosa. Se levantó del sofá, y le beso profusamente.

- ¿No ibas a llegar tarde? No hagas planes para mañana, ya has oído a papá.

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Déjate abrazar y besar... todo será más bonito.
 
Pañuelos...
Refugiado como siempre tras mi cortina de humo, siempre con un café humeante, cortado con una gota de leche, sentado en mi butaca orejera, con mi mesita delante, con los pies apoyados en un taburete que algunos llaman pufffff, mi cabeza bulle, ebulle. Los puristas del lenguaje, me dirán que ebulle no existe como palabra en español. Pero me apetece usarla. Además, que narices, sabemos que quiero decir con ella. Decía, pues, que mi cabeza ebulle, casi humea más que mi cigarrillo.

Hoy podría hablar del Orgullo, como tenía pensado. O de los amigos que te fallan. O de cómo entender la amistad. O el amor. Incluso podía retomar la propuesta de campaña publicitaria sobre el uso del semen como crecepelo. O una erótica escena de sexo. O una recreación de aquella vez con aquél que era tan, tan, tan... y el bajón que me dio cuando sonó el despertador, y me di cuenta que todo fue un sueño.

Pero las cosas vienen cuando menos lo esperas. Y hoy el café, el refugio de mis pensamientos, me lleva por otros caminos.

No llevo buen año. Muchas desgracias ocurren a mi alrededor. Alguien cercano me dejó hace unos meses. De repente. Delante de mis ojos. Alguien cercano perdió también en accidente a su padre. De repente. Hoy, un amigo, con el que he pasado buenos y malos momentos, que hemos trabajado codo con codo, hemos reído, salido, bebido, me ha contado que, a su mujer, hoy, le han diagnosticado un cáncer.

Una buena calada. Un suspiro. Una vuelta al café. Un sorbo. Una lágrima.

Isabel. El otro día, hace una semana apenas tomé un café con ella. Hacía tiempo que no coincidíamos. Le tomamos el pelo a su marido, que llegó apresurado como siempre. Con su flequillo al aire. Compartimos unos momentos, escaseándome del trabajo un rato, de paso.

Hoy me la tengo que imaginar con un montón de tubos. Sedada. Unas pruebas este fin de semana, una complicación rápida, un diagnostico. Un año dando vueltas a un malestar en el pecho. ¿bronquitis? ¿aerosoles? ¿tos? Un año. Hoy, es cáncer. No operable. Los dos pulmones. El corazón no puede trabajar. La aorta apenas tiene sitio. ¿posibilidades? Ninguna. Si sale hoy, mañana... si la pueden desconectar... da igual. No se puede operar. No sé.

Una lágrima. Un sorbo de café. Un suspiro. Muchos recuerdos.

No siempre ha sido una relación buena. No es bueno idealizar las cosas. Pero ha habido buenos momentos. Muchos. No tiene un carácter fácil. ¿Qué más da ahora eso? No sé.

Me gustaría poder abrazar a Javi. Pero no es de abrazos. No es de besos. Es un macho. Duro, insensible. Para él, mariconadas las justas. Pero es de los pocos que ha puesto su mano en el fuego por mi. ¡Qué difícil es todo!

Una lágrima. Muchas lágrimas. Un sorbo de café. Un pañuelo. Una calada. Una cortina de humo. Siempre detrás.

Pero por mucho que duela, por muchas lágrimas, por muchos pañuelos que tengamos que usar, hay que seguir viviendo. Hay que seguir adelante. Hay que dejar atrás estas cosas. Hay que poner una sonrisa en nuestros labios, en nuestros ojos, en nuestro alma.

Un sorbito de café. Lo apuro. Una calada. ¿Una sonrisa? Mañana espero sea posible.

Déjate besar y abrazar... todo es más bonito.