... un desierto, un grito, un espejismo...
Un sorbo de agua.
Estoy reseco. Bebo y bebo y no sacio la sed. Como si hubiera pasado la semana en el desierto.
Desierto.
Algo me viene a la cabeza. Una idea. Un run-run.
Puede que en verdad, esté pasando una temporada en el desierto. Puede que lleve una temporada en el desierto. Puede que lleve toda la vida anclado a este desierto.
Vives. Sí, vives. ¿O vegetas?
Respiras. Es un síntoma de que vives. Es una vida física, mecánica. Sigues adelante. Es la costumbre.
Pero vives por dentro ¿sí? ¿no? ¿Es todo una fachada?
Tienes amigos. Unos cerca, otros en la distancia. Amigos... ese oscuro concepto tan mal utilizado, tan minusvalorado a veces, tan sobrevalorado otras.
Amigos. Que te apoyan. Que te escuchan. Es más fácil escuchar a alguien que esté feliz, contento, que baile una muñeira o se arranque por soleares. O que baile una jota, y cante jondo. Jondo o no jondo.
Al final, siempre, prevalece esa imagen que tienen de ti. Esa imagen por la que te conocieron. Sí aparentas felicidad, y desprendes optimismo, algún día, siempre, sin poder evitarlo, llega el momento de llorar. ¿Por qué? Te preguntan. Será porque no avanzas, porque no te ilusionas... ¿Hace falta una ilusión para vivir? ¿Hace falta una meta con letras, puntos y comas, para vivir?
Un día. Cualquiera. Con o sin causa. No hace falta. Y todo te parece negro. Todo es negro. Todo es una mierda. Tú eres una mierda. Soy una mierda.
Quizás llega un día en que solo quede tu optimismo para los demás. Y no te queden ni las migajas para ti.
Pero tú eres alegre... ¿cómo has llegado a ese punto? ¿lo soy?
No lo sabes. Y quizás, tampoco lo necesitas. Necesitas gritar. Un grito desgarrador en la noche. O en la madrugada fría, heladora. Pero tú eres alegre. No puedes gritar. Pero quieres gritar...
Un grito sin nadie que escuche, no es un grito. Pero nadie escucha. Tú no puedes gritar. Nadie escucha. No hay nadie.
Un suspiro.
Una calada a mi cigarrillo.
Dos.
Se me pierde la mirada. Allí. En ese punto.
La vista se nubla. Los oídos se cierran.
Es un desierto. El horizonte es todo igual. Nadie aquí, nadie allí. Ni siquiera estoy yo.
Un sorbito de agua.
Estoy reseco.
Sí. Estoy en un desierto. Sin oasis. Sin agua. Sin ese que monta un camello y te pasa un trapo mojado para humedecerte la lengua. Ese que imperceptiblemente, cada día está más lejos. Cada día finge más contigo. Ese que, ayer escuchabas las historias que contaba a otros, y que hoy, escuchas esas mismas historias, pero te las cuenta, me las cuenta a mí.
Otro sorbito de agua. Pero este agua no sacia.
Un día creí ver un oasis.
Era un espejismo.
Cada día soy más conciente de ello. Y es duro. En el fondo lo sabías. Pero el saberlo cambia. Lo cambia todo.
Apago el cigarrillo. No recuerdo cuando lo encendí. Apenas recuerdo un par de caladas. Cuando se me perdió la mirada allí.
Apuro la botella de agua. Un agua que no sacia.
Cierro los ojos.
Una lágrima.
Un suspiro.
Oscuridad.
Sueñas con una caricia. Pero te despiertas asustado cuando compruebas el repelús que le produce. El asco que notas en su mirada.
Una lágrima. Dos.
Quiero gritar, pero estoy afónico.
Da igual. No hay nadie que escuche. Y si escucha por lástima, eso no es escuchar.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
... Capítulo XII: Secretos con gottitas de miedo... (por tatojimi)
Al final fue por la tarde cuando quedó con Jose. Por la mañana se levantó tarde. Muchas cosas que hacer, poco tiempo. Y menos ganas. Al final todo quedó en unos recados para sus abuelos. Y un rato en el parque. Leyendo sentado en la hierba.
Había quedado con él a las 5. En el “Buencafé”. Le gustaba el sitio. Solía ir cuando no quería encontrase con sus amigos. Era una cafetería con mucho estilo, de las que no solían utilizar sus amigos. Todo en madera, con muchas mesas, unas redondas, otras rectangulares. Y unas sillas muy cómodas. No tenía apenas ventanas, con luz indirecta en las paredes, que realzaban las fotos artísticas que había por todos los huecos, y lámparas encima de cada mesa. Las fotos la cambiaban de vez en cuando. A veces colgaban cuadros. Como pequeñas exposiciones. Por la noche solía tener actuaciones de jazz. Tenía que quedarse algún día a escuchar alguna actuación. Siempre lo decía, pero nunca encontraba el momento. Un día se lo tendría que proponer a Jose. A su abuelo le molaba ese tipo de música y a él, de tanto escucharla, también le empezaba a llamarle la atención. Pero eso, también, era un secreto. No creía que sus amigos supieran apreciar tal afición.
Pero Jose era un poco distinto del resto de sus amigos. Por eso se había decidido a quedar con él allí. Era “especial”. Un friki casi. Por lo menos así lo consideraba el resto. No gustaba a muchos. Pero le soportaban porque él le “protegía”. No, no era gay. Pero le gustaban cosas que a los demás no. Le gustaba la poesía, leía a los clásicos, a Shakespeare, iba al teatro ¡¡con sus padres!!, cuidaba de sus hermanos pequeños. Les esperaba para ir a casa con ellos, no le avergonzaba. Y a pesar de todo ello, era un buen deportista. Jugaba bien al Fútbol y muy bien al Tenis. Había incluso ganado algún campeonato provincial. Y era muy callado, y no le gustaba beber, ni salir por la noche...
Y esa forma de ser tan peculiar, y el no ser especialmente guapo, le habían granjeado una fama de raro. Y, cuando alguien coge esa fama, muchos se apartan. Cuando no te machacan.
Pero ellos dos, se hicieron buenos amigos. Y como los demás respetaban a Israel, al final ese respeto se había extendido a Jose.
Israel se sentó en una mesa. Dejó su bandolera en una silla. Sacó de ella “Veinte años después” de Dumas. Le encantaba Dumas. Había conseguido comprar esa continuación de “Los Tres Mosqueteros”, que llevaba tiempo buscando. Y la estaba devorando. Se quitó su chaqueta, y se fue a la barra a pedir. Un café bombón. Como casi siempre a esas horas. Otra rareza que casi ninguno de sus amigos tomaba. Herencia de su madre...
- ¡Hola! ¿qué tomas?
- Un bombón, please.
- ¿Unas galletitas? ¿Para acompañar?
- No me da el presupuesto, soy pobre...
- Invita la casa...
- ¡Thanks! ¡Bien! Entonces sí...
- Manejas idiomas... ¿O es para parecer más cool? – el camarero siempre sonriendo.
- Por ser cool, sin duda. No me saques de ahí. Bueno y del “Of course” – y lo dijo esto pronunciando todo lo mal que pudo.
- Ya veo
El camarero se fue hacia la cafetera, para preparar el café de Israel. Éste se le quedó mirando. Le había visto varias veces allí, pero ahora, no sabía por qué, le sonaba de otra cosa. Pero no lograba situarle.
- ¿Nos conocemos de algo? – le preguntó cuando regresó con el café y el platito de galletas.
- Hombre, vienes a menudo, te he visto varias veces.
- Sí, pero hoy no sé, tengo la... me parece que hoy me suenas de algo más...
- Habrás tenido mala noche. O guay, llena de alcohol y sexo, y confundes las situaciones. A mi me pasa a veces…
- Será eso, que me sentó mal la copa del Noa.
- No conozco ese sitio. ¿dónde está?
- Nada, es un sitio de ambiente.
- ¿Eres gay?
- Sí, claro.
- ¿Claro?
- No he visto muchos heteros en un sitio de ambiente.
- Tengo amigos que de vez en cuando van a esos sitios.
- ¿Tú no?
- ¿No qué?
- ¿No vas?
- No. No salgo mucho. El trabajo. Hoy estoy haciendo turno extra.
- ¡Qué rollo!
- Viene bien la tela.
- ¡Hola! – Jose se había acercado sin que Isra se diera cuenta.
- ¡Hey tío!
Israel se volvió y abrazó a Jose. Al separarse se dieron una pequeña palmada con la punta de los dedos. Mano derecha, contra mano derecha. Era su forma especial de saludarse.
- ¿Un bombón? – le dijo Israel.
- No tengo pasta.
- No problem. Pago yo.
- No, que siempre estás pagando..
- No seas gil. Pon un bombón, porfa – dirigiéndose al camarero.
- Voy, voy. – dijo alejándose.
- Ten. Tu bolsa.
- Thanks titi. Mi abuela me va a echar la bronca. Estará la ropa...
- Tu abu no se enfada contigo, si es más guay…
- Sip. Es muy buena. ¿Al final fuiste de tiendas? – Israel siempre tendía a cambiar de tema cuando se hablaba de su familia.
Pero Jose se había girado hacia la puerta. Miraba como nervioso. Inquieto. Israel le dio una palmada en la espalda.
- Tío, que estoy aquí.
- Y yo aquí.
- No estás.
- Sí...
- ¿Qué pasa?
- No, nada...
- Jose.
- ¡¡Que no!!
Pero su mirada decía otra cosa. Israel le conocía bien.
De repente salió corriendo hacia los servicios, que estaban al fondo.
- ¡Jose!
Israel le siguió con la mirada. Al volver de nuevo la cabeza hacia la puerta, vio entrar a unos chicos. Les conocía del barrio de Jose. Eran tres. De unos 19 ó 20 años. Uno debió ver a Jose entrar en los servicios. Dirigió a sus amigos hacia allí. Israel se puso en medio.
- ¡Quítate marica!
Y el que parecía el líder, le intentó apartar de un empujón.
- Será si se me pone.
- A lo mejor te pongo los cojones de corbata si no.
- O te los pongo yo a ti.
- ¿Y también me los vas a poner a mí? – dijo otro de los chicos.
- ¿No se vale tu amigo solo? Un macho contra un pobre marica... ¿Y no va a poder? ¿Necesita ayuda de sus amiguitos? – esta última palabra la pronunció separando exageradamente las sílabas, e imprimiendo el máximo tono de ironía que pudo.
- Contigo no va nada. Queremos al marica de tu amigo.
- Si quieres algo con mi amigo, dímelo a mi... soy su representante.
- ¿Os lo montáis?
- ¿Celos?
- Yo no quiero nada con maricas. Pero tu amigo le ha chupado la polla a mi hermano. No quiero maricas en mi familia. Ya le he estampado la cara a él. Me queda la mierda esa que se ha escondido en el servicio. Cuando acabe con él, ni su puta madre le va a conocer. Y como se le ocurra acercarse a Tony, le mato...
- Creo que eso no va a ser posible. – dijo Israel poniéndose más en medio y con los brazos en jarras.
Uno de los chicos le empujó hacia la barra, mientras otro le ponía la zancadilla. Y el tercero disparaba su puño hacia su cara. Israel logró mantener el equilibrio, apoyándose en la barra, aunque tiró los cafés que acababa de poner el camarero, y esquivó el puño, aunque de refilón le dio en su hombro. Dio un pequeño salto y al girar le dio una patada al que le había empujado. Pero no pudo esquivar otro puñetazo que le dio el líder. Cayó al suelo, y entre los tres le empezaron a dar patadas.
- ¡Camarero!
Gritaba desesperado mientras los tres se afanaban en darle golpes donde podían. Israel no dejaba de moverse y soltar patadas, algunas daban en su objetivo, pero no podía esquivar todos los golpes que le dirigían.
Pero a su grito no contestó nadie. El camarero parecía que se había esfumado.
- ¡Ayuda!
Pero los demás clientes, en número escaso, no se movieron de sus sillas.
Entró un chico. Al ver la escena, soltó su mochila que llevaba colgando sobre un hombro. Fue corriendo hacia donde estaba Israel en el suelo. Empujó al que le estaba dando patadas en ese momento, y apartó al líder que estaba con el puño preparado. Israel aprovechó el breve respiro, se levantó y dio un puñetazo en la nariz al tercero. Jose no pudo resistir y salió también del servicio. Dio un salto sobre el líder, hasta caer con él al suelo.
El chico que había entrado el último sujetó a uno de ellos.
- Si no te quedas quieto ahora mismo, te hago papilla los huevos. ¡Tú elijes!
Diciendo esto puso su mano en el paquete, apretando algo más que ligeramente. Israel agarró al líder y le puso contra el suelo, cogiéndole un brazo y retorciéndoselo. Jose, después de recibir varios golpes, logró que, el otro, y al ver a sus compañeros reducidos, saliera corriendo.
- ¡Mírame la cara, imbécil! – decía el chico, verdaderamente alterado. - Cómo vuelva a verte atacando a alguno de estos chicos, te juro que te machaco la cabeza. Y ahora vais a salir los dos de aquí, a buscar a tu amiguito, y a ir a joder a vuestra madre, si os mola.
- ¡Esta me la pagarás, jodido marica! – dijo mirando a Jose. – Ya te pillaré sin tus amiguitos...
- Si me lo dices a mí, ten cuidado que a lo mejor me las pagas tú a mí. – contestó el chico. – y si te portas bien – le susurró justo en el oído – no diré a nadie que te has empalmado cuando te he apretado el paquete con la mano… ¡¡Hummm!! La tienes apetitosa… y veo que te gusta el sexo duro – y le guiñó un ojo.
Mientras decía esto, le miraba los bolsillos hasta que encontró la cartera. La abrió y buscó su DNI.
- Adrián Mazuelas Picón. Y vives en la calle Constitución, 5. Mírale la cartera al tuyo, rubito.
- No te preocupes, se llama Carlos Jiménez García. Y vive en la misma calle, en el número 19 – contestó Jose.
- ¿Os conocéis?
- Es una historia larga.
- Y ahora, vais a salir despacito por la puerta, y si os apetece pegar a alguien, lo hacéis entre vosotros. O mejor os la cascáis, a ver si os relajáis.
Poco a poco les fueron soltando. Se levantaron. Su cara era una mezcla de vergüenza, impotencia y odio.
- ¿Qué ha pasado aquí? – dijo el camarero saliendo de la bodega.
- Nada, estos que ya se iban, que tenían ganas de tocar los huevos a la gente.
Los dos, chicos, Carlos y Adrián, se dirigieron poco a poco hacia la puerta.
- ¿No has oído nada? – dijo Israel al camarero, visiblemente enfadado – Podías haber ayudado. Si no llega a ser por éste, me parten la jeta.
- Estaba en la bodega y desde allí...
- ¿En la bodega 10 minutos? Esos mismos podían haberte entrado a robar y ni te enteras. ¡Una mierda! Tú estabas ahí esperando a que pasara, cobarde de mierda.
- ¡Eh! Qué yo no tengo la culpa – se disculpaba el camarero.
- Bueno, no discutáis. Ponme un Menta, anda. ¿Qué tomáis vosotros?
- Teníamos unos bombones... pero están en el suelo.
- Rodrigo, pon otros dos bombones.
- ¿Rodrigo?
- Se llama Rodrigo.
- Tú...
Y se quedó mirando al camarero. Rodrigo...
Éste se dirigió hacia la cafetera, para poner los bombones y el menta.
- Me llamo Hugo, aunque me suelen llamar Perro.
- ¿Perro? – dijo con cara divertida Jose – Con ese nombre, no se si irme con los que venían a pegarme.
- Tú mismo. Pero para la próxima, no te salvo el culo – dijo guiñándole un ojo.
- Ya me explicarás lo del hermano de ese gil. – apuntó Israel.
Jose bajó la cabeza.
- Creía que éramos amigos. Y si eres gay, no veo porque no me lo has contado. Sabes que yo lo soy. Y creo que soy tu mejor amigo. Creía que…
- No os enfadéis. Vamos a sentarnos y charlamos. No me habéis dicho vuestros nombres – interrumpió Perro.
- Israel
Lo dijo alargando la mano para estrechársela. Pero Perro abrió los brazos para rodearle y darle un abrazo.
- Yo Jose. Pero puedes llamarme mierda.
- No, te llamaré bobo – y repitió la operación con él.
- Rodrigo, un plato de esas galletas... y sin dinero por medio.
- Pero que costra eres...
- Costra y pobre, ya me conoces. Pero el más guay del universo. Sentémonos en esa mesa – les dijo a sus nuevos amigos.
- Que clientela más selecta tengo hoy… todos pobres.
- Vamos a aquella, que tengo mis cosas.
- ¿Qué lees? ¿Veinte años después? – a la vez que cogía el libro de la mesa. - ¡¡Guay!! ¿Te gusta Dumas? Estoy releyendo Los tres mosqueteros. Me molan sus novelas.
- ¿Sí? Yo pillé este hace unos días. Tenía ganas de leerlo.
Y estuvieron un rato hablando de las novelas de Dumas. Jose no participaba en la conversación. Rodrigo, el camarero, acercó los cafés a la mesa, a la vez que limpiaba un poco los destrozos de la pelea, y los cafés derramados. El resto de la clientela, volvió poco a poco a sus cosas.
- Ten – dijo Rodrigo a Israel, dándole un botiquín y una toalla – límpiate un poco y cúrate esa herida de la ceja.
- Gracias – dijo Isra, con cara de desprecio.
- Sí, yo te ayudo – era Perro quien se ofrecía. - ¿Tú tienes alguna herida? – dijo mirando a Jose.
- No, estoy bien – siempre sin levantar la cabeza.
Se levantaron los dos y se fueron al servicio. Jose les siguió con la mirada. Cuando desaparecieron por la puerta, se levantó y cogió su mochila y se encaminó a la puerta.
- Oye, no te vayas así – dijo el camarero.
- Diles que me encontraba mal y que me voy a casa.
Rodrigo salió otra vez de la barra, y se encaminó hacia donde estaba él. Le puso suavemente la mano sobre la cara, y le hizo un pequeño gesto con el dedo pulgar, acariciándole suavemente. Jose, inconscientemente, inclinó su cara hacia la mano de Rodrigo hasta aprisionarla suavemente entre su cara y su hombro.
- No te vayas, te sentará bien hablar con tus amigos.
- Ahora no puedo, necesito llorar. Y coger fuerzas para explicarle a Israel.
- Es tu amigo...
- No puedo... lo siento... diles que... lo que te de la gana.
- Si quieres hablar, ven un día y charlamos.
Jose le miró a los ojos. Y vio dulzura, un poquito de miedo, y mucho de vergüenza.
- Tú... ¿El valiente? ¿Me vas a escuchar?
Rodrigo apartó la mano con un gesto adusto. Bajó la mirada. Se dio la vuelta para volver a la barra.
- Perdona – Jose le sujetó por el brazo.
- No importa – Rodrigo no se volvió. – No estoy orgulloso de mi hoy. En realidad nunca.
- ¿Trabajas mañana? ¿A que hora?
- Mañana libro. Apunta mi teléfono y me llamas. Por la tarde podríamos quedar a tomar una cerveza.
Y le dio su teléfono. Jose le dio un toque para que tuviera el suyo.
- ¿Te llamas Jose?
- Sí. Así puedes apuntar el número. Te llamo y charlamos.
- Espero tu llamada. ¿Qué les digo a tus amigos?
- Lo que quieras... da igual. He quedado como el culo con Israel. Me voy.
Sin darle tiempo a reaccionar, se acercó a Rodrigo que no se había vuelto del todo, y le dio un beso en la mejilla.
Y salió del “Buencafé” sin volver la vista.
Rodrigo se quedó mirando hacia la salida. Un cliente le reclamaba en la barra. Se fue hacia ella, justo cuando Israel y Perro salían del servicio.
- ¿Jose? – le preguntó Israel al comprobar que no estaba Jose ni su mochila.
- Se fue. Estaba avergonzado. Dijo que necesitaba llorar.
- Es...
- Tranki, Isra. Déjale. Necesitará pensar. Dale un par de días.
- Perro tiene razón – apuntó Rodrigo.
Israel le miró con cara de asco.
- No le mires así – Perro dándole un pequeño golpe en el brazo.
- Es que... ha sido cobarde...
- Como el resto de la gente que estaba aquí.
- Pero tú...
- Hoy me pillaste en momento justiciero. Mañana a lo mejor me la hubiera comido.
- No sé ...
Israel se sentó en la mesa. Perro se sentó al lado.
- ¿Siempre llevas la cabeza casi rapada?
- No siempre – contestó Perro – Se me cae el pelo y así disimulo. Antes lo llevaba más largo y ensortijado.
- Me gusta tu pearcing.
- Gracias. ¿A que mola?
- Es guay. Mi abuela no me deja ponerme uno.
- ¿Tu abuela?
- Vivo con mis abuelos.
- ¡Hostia! ¿Por?
- Es una larga historia.
Perro se echó hacia atrás para reírse.
- Hoy todo son historias largas. Tengo tiempo. Al menos veinte minutos. Mis orejas están impacientes.
El Móvil de Perro sonó. Lo sacó, miró la pantalla, y dejó que siguiera sonando.
- Ya le llamaré luego. Te escucho.
- Es todo tristeza.
- Me gustan las tristezas. Yo soy muy triste.
- No me lo pareces.
- Va, va... como dice un amigo. Lo soy. Va... vamos... – dándole un suave codazo en el brazo.
E Israel, bajó la cabeza, y con una voz apenas audible, empezó a hablar.
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Capítulos anteriores:
Capítulo I: el comienzo
Capítulo II: Canalla continúa la historia
Capítulo III: Akira lo escribió
Capítulo IV: Arnau e Iñaki, con Mario como sombra
Capítulo V: Arnau y Joaquín, by Tatojimi
CapítuloVI: Iñaki y Mario, con nuevos protagonistas
Capítulo VII: Israel es el protagonista
Capítulo VIII: Arnau y Joaquín, a la mañana siguiente
Capítulo IX: el despertar de Iñaki
Capítulo X: todo lo que se podría arreglar... o cuando todo es cuesta abajo.
Capítulo XI: Rodrigo (por tatojimi)
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Ya hemos llegado al capítulo XII. ¿A dónde llegaremos? ¿Quieres decidir por dónde sigue la historia? ¿Cual es tu personaje preferido?
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
... de alcohol, petas, personajes e historias... o ¿semos o no semos?...
Me he levantado esta mañana.
En realidad solo hace unos minutos. Porque madrugar los sábados es cosa de pobres. Ahora que lo pienso, tengo algo de eso, de pobre. Pero un día, es un día.
O madrugar los sábados y domingos es cosa de pirados.
…
…
…
…
Me he quedado pensando un rato al respecto, y he de confesar que también, tengo algo de pirado. Pero un día es un día.
Es demasiado pronto para rodearme de esa cortina de humo que tanto me gusta. Que disimula mis rasgos, que distorsiona la realidad que me rodea para poder aprehenderla de una forma distinta. Tiene mi cortina de humo la misma función y los mismos efectos que un proceso de descomposición de la luz.
Pero mi garganta me indica que es mejor dejarlo para un poco más tarde. Con el segundo pelotazo de la mañana. Si no llego al segundo pelotazo, porque por alguna casualidad de la vida, no hay ni siquiera primer pelotazo, ya cambiaremos los objetivos sobre la marcha, que para eso siempre, siempre, hay tiempo.
Y como no tengo esa “mi protección”, veo las cosas a mi alrededor y estoy preocupado. El primer punto que me preocupa es si el último whisky de ayer era de garrafón (cuestión esta que, tampoco tiene mayor misterio… era directamente alcohol de quemar) o que me pasé con la ración de hierba.
Y luego ya, después de haber decidido que estoy fatal, y que la noche de ayer tiene muchos claroscuros, en lugar de pasar por la prensa digital, me doy una vuelta por la blogsfera, que es como una esfera de blogs, o algo así. Veo chicos que necesitan un empujón, que necesitan una palabra de apoyo, que vean que no están solos. Y siguen solos.
Luego me acerco a otros blogs. Compruebo que el tema de la semana es un chico que se hacía pasar por quien no era. Se creó una personalidad ficticia. Nada nuevo. Posiblemente un nombre que no era el suyo. Predecible e imaginable. Y a lo mejor se alargó el pene unos centímetros. El mundo está lleno de pollones. Y presumía de pijo. Pues fíjate. El caso es que este chico, se convirtió en el rey de chueca. El tercero más leído. Y eso que el nombre de su blog es francamente impronunciable. A lo Mary Poppins y su supercalifr...
Todos parece que hablaban de él. Muchos le comentaban con delectación. A esos el suelo que pisaba, era digno de ser besado. Iago decía que la mierda era buena para el colesterol, y algunos hacían racioncitas para tomar por la mañana en ayunas. Y tenía otros que, lo único que les apetecía es que se tirara desde un barranco. Y se lo decían, sí. De la forma más directa y ruda posible. Con formas que, hacen que, siempre pierdas la razón. O sea, la típica pelea de gallitos, o de egos. Pero todos estaban pendientes de él. Los aduladores que pensaban que con ellos sería distinto y el personaje este caería en las redes de sus encantos, léase un más o menos meteisaca, o un café en La Lupe, y los que ya habían comprendido que, el personaje, iba a seguir siendo personaje, y nunca persona. En el camino hubo heridos. Algunos graves. Hubo algunos a los que enamoró. Sabiendo que, ese amor nunca pasaría de la pantalla. Y cuando te enamoras y ni siquiera quieren conocerte, parece que se rompe algo dentro de uno. Y alguno se rompió.
Y va uno y pone en su blog, que este personaje es un personaje. Que si no es, que si no tiene, que si no, que si no, que si no,… Pero ¿dónde están los es... es... se llama...? Confidencialidad. Peligro de meterse en problemas. Así, cambiamos un personaje por un relato. Algo me gusta de su gesto: lo hace por defender a un amigo. Uno de los heridos por las flechas virtuales. Recuerdo una vez que yo no fui capaz de hacer lo mismo con la misma contundencia. Por eso tiene mi respeto. Pero de momento, no deja de ser un personaje destapado por una historia. Igual de irreales los dos. Igual de dañinos los dos.
Y todos van a hacer leña del árbol caído. ¿Hay algún placer mayor que pisar al ídolo de ayer? Los que hasta hace unos días aplaudían sus post sin apenas leerlos, ahora le apedrean. Todos se unen al linchamiento. Todo vale. Los insultos, las malas formas, el chabacanismo. Todos levantan las banderas de aquellos caídos en la lucha. De los que enamoró. Seguro que todos ellos, lo de las banderas, en su momento, escribirían estas mismas opiniones en sus blogs. O en algún comentario. Seguro que los heridos, recibieron en su momento esos apoyos incondicionales. Y sus amigos, esos, los de banderas, dejarían de visitar y escribir en el blog de Iago. ¿O es que entonces todavía Iago estaba en la cumbre?
Y ahora echo de menos a los amigos de Iago. ¿Dónde están? ¿Por qué no escriben intentando poner otro punto de vista? Al fin y al cabo, presumían de ser sus amigos. ¿O era por que tenían ellos mismos esperanza? ¿O será miedo?
Y luego llega el otro tema. Un científico. Premio Nóbel. Ha dicho que, un día se demostraría que los negros son genéticamente más tontos que los blancos. Eso estaría bien, así, las madres que vayan a tener un niño negro, al saber este dato y comprobar que van a ser menos listos, podrían abortar. Igual que, según el mismo científico, podrían hacer las madres de los que vayan a ser gays. Por eso de los nietos, y las caquitas que se iban a perder como abuelas.
Me voy a por un pelotazo. O los dos que me hacen falta para esconderme detrás de mi cortina de humo favorita.
Me duele la cabeza. El último vodka de ayer, me sentó fatal. ¿O fue Whisky? Oigo en mi cabeza lloros. Y risas. No distingo si los lloros son de los heridos por las flechas, o del personaje. No distingo si las risas son del personaje, o de los lapidadores.
Y mejor, creo que, el lunes, o el martes, o el miércoles... colgaré este post, cuando se me pase completamente los vapores del barril de ron. ¿O fue vodka? No vaya a ser que me equivoque, y lo cuelgue en el blog del fantasma de la ópera.
Mamá, ¿hubieras abortado de saber que iba a ser gay y gustarme la Ginegra? Ains, que mala es la hierba. Sobre todo si la ha pisado una vaca.
Dejaos besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
... Capítulo XI: Rodrigo (por tatojimi)
Poco a poco se desperezó.
Estaba un poco desorientado.
Todo lo que había ocurrido la noche anterior era como una gran nebulosa. Mucho alcohol. Algún peta de más. Mucho sexo.
Estiró los brazos y chocó con otro cuerpo que dormía a su lado. Se incorporó un poco para comprobar quien era. Tonteó con muchos y no recordaba con quien el final se había ido a la cama. Era Chema.
Volvió a tumbarse y cerrar los ojos. Poco a poco todo fue ocupando el espacio que le correspondía en su mente. Cómo llegaron los dos a la pensión de Marta, su amiga, y como entraron en la habitación que siempre ocupaban.
Chema era... bueno, no sabría ponerle una definición exacta. Podría, de alguna forma, considerarle un amigo. Tenía casi 46, los cumpliría dentro de unos días, el martes en concreto. Se juntaban cuando las circunstancias les ponían en el mismo camino. Y eso en los últimos meses había sido en varias ocasiones. No era amor, ni nada de esas tonterías. No había compromisos. Pero en algún lugar de su mente, reconocía que, le tenía un cierto cariño. Era sexo solo. Pero no. Tampoco lo era.
Chema cambió de postura. Le miró por un instante. Dormía plácidamente. Sonrió. Pensaba en que, con todos los partidos mucho más jóvenes que había tenido ese día, con mucho mejor cuerpo, al final había vuelto otra vez a sus brazos. Y es que le daba un plus de cariño, de complicidad, que los demás no le daban. Y de vez en cuando necesitaba ese... algo.
Con mucho cuidado, para no despertarle, Rodrigo se levantó. Después de ir al servicio, se sentó en el quicio de la ventana. Seguía desnudo. Encendió un cigarrillo y se puso a mirar por la ventana, a través del visillo. Una típica mañana de sábado. Se fijó en esos señores que, con su chándal, paseaban distraídamente. Seguro que nunca habrían hecho uso del chándal para hacer deporte. ¿O esos paseos del sábado eran deporte? Unos chicos, también en chándal les adelantaron con prisa. Llevaban el mismo modelo. De un equipo de fútbol. Una señora se paró a hablar con los señores. Iba cargada con las bolsas de la compra. Era una disculpa para descansar un poco los brazos y cotillear un poco. Una chica paseaba a su perro, un Bobtail muy cariñoso, que se paraba a saludar a todos con los que se encontraba. Los señores y la de la compra, no iban a ser una excepción... y movía el culo mostrando su contento por haber encontrado una audiencia tan cariñosa que le dieran caricias. Por este lado de la calle, apareció un chico que le sonaba. Llevaba gafas de sol, de esas negras. Llevaba un cierto aire de satisfacción. Ya le reconoció. Era Mario, el que le entró en el Noa y le dejó por el chico rubio. Un día esperaba conseguir llevárselo a la cama. Tenía fama de dominante. Pero él creía que, un día, sería él el que le dominara... al menos una noche.
Miró fugazmente a la cama. Chema se había movido ligeramente, estirando el brazo. Estaba buscándole inconscientemente. Le gustaba abrazarle cuando dormían juntos. Al no encontrar su cuerpo, se acomodó ocupando toda la cama.
Volvió su mirada otra vez a la calle. Esta vez no miraba, solo pensaba. En que esa tarde debería trabajar unas horas en el bar. Este finde libraba, pero Isabel, la jefa, le había pedido que hiciera unas horas. No se lo podía negar. Era buena tía, y el dinero le vendría bien. Luego, esperaba volver al “Noa”, o al “Víbora”. O al “Flipper”. Eran sus preferidos. Esas escapadas y los consiguientes líos de después, eran los únicos momentos en que se permitía ser gay. El resto del tiempo, era un chico tímido, poco sociable, sin apenas amigos. Sin amigos. Esos sitios, le permitían hacer lo que quisiera. Procuraba no repetir con ninguno de sus líos. No quería entablar ningún contacto con ellos más allá de una buena sesión de sexo. La oscuridad, y un look cambiado, evitaban encuentros indeseados después. Chema era la única concesión que se daba. Él le daba las raciones de sexo distinto, con ciertas dosis de cariño, que, en ocasiones necesitaba. No había peligro con él. Era de una ciudad distinta, y encima estaba casado. No le daría ningún problema en cuanto a encuentros incómodos. Ni había ninguna posibilidad de futuro.
Le tenía un cierto cariño. Tenía muchas de las cosas que él creía que, llegado un momento, buscaría en una pareja. Era gordo, sí, y peludo. Y tenía muchos más años que él. No era su tipo físicamente hablando. Pero tenía esa capacidad de hacer que, el que estuviera a su lado, se sintiera querido. Y aunque de momento, había renunciado a ese sentimiento, en el fondo, por lo menos de vez en cuando, lo necesitaba. Y eso era cada vez con más frecuencia. Últimamente, en la relación sin ataduras que tenían, casi siempre que coincidían en un Pub, acababan yendo juntos a pasar la noche. Al principio de conocerse, alternaban mucho más sus parejas. Se encontraban, charlaban un rato, tomaban una copa, y unos días se iban juntos pero otros muchos, se iban a la caza de otras presas.
Miró de nuevo a la cama. Vio que Chema se había despertado y le miraba. Le gustaba esa mirada. Tenía mucho cariño dentro. No pudo evitarlo y sonrió.
- Estás guapísimo ahí, sentado, en penumbra, desnudo...
- Antes decías que no te gustaba mucho mi cuerpo.
- Es cierto. Tienes demasiado pelo... jajajaja... y me gustan mucho más musculados.
- Y más jóvenes....
- Jajajaja... no te creas. Pero tú pareces mayor... cuando te conocí pensé que tenías al menos 28.
- Huy, madre... pues ayer ese Mario... el que vino a meterse en medio... ¿te acuerdas? – Chema asintió con la cabeza – ese me echó solo 20... pensaba que tenía su edad....
- Ese creo que ve lo que quiere...
- No, al revés, suele preferir mayores que él. Les gusta dominarles...
- ¡¡Hummm!! Un chico con complejos solucionándolos a base de machacar a los que se encuentran en el camino...
- ¿No le habías visto por ahí? Es muy conocido.
- Alguna vez le he visto. Pero tiene algo que no me atrae... y ayer en los cinco minutos que estuvo pegado a mi polla, porque mientras discutía contigo me puso el culo pegando a mi polla, consiguió que se me bajara totalmente. Vamos, creía que la pobre se iba a quedar a vivir al lado del estómago...
- Jajajajajaja, que exagerado... pues está bueno el cabrón...
- Sí lo está... pero esos aires... me producen nauseas... Oye... ¿No me das un beso de buenos días? – y Chema puso un mohín de chico malote...
Al que Rodri no se pudo resistir, y con una sonrisa sincera se acercó lentamente a la cama, moviendo sus caderas ligeramente, se fue acercando a la cama, puso su rodilla izquierda en la cama y se agachó... hasta llegar a los labios de Chema, dándole un suave piquito, seguido de otro, y de otros, hasta acabar en un tórrido beso, y sus lenguas cambiando de boca en cada instante...
- Eso está mucho mejor – apuntó Chema, separándole ligeramente para mirarle a los ojos...
- ¿Y lo vamos a dejar ahí? Mira como tengo la minga...
Chema alargó la mano, buscando el miembro de Rodrigo...
- Ciertamente, esta chica quiere un poco de guerra...
- ¿Y la tuya?
Y Rodrigo se lanzó hasta abrazar a Chema y quitarle las sábanas de encima, y buscando el pene de él. Y lo encontró también con una dureza que...
- Pero ¿tenemos tiempo? – le dijo riéndose Chema... le estaba haciendo cosquillas el condenado... cosa que aún le ponía mucho más caliente...
- Uno rápido... jajajajaja. Hasta la tarde no trabajo...
- Yo tengo que irme para llegar a comer a casa...
Pero le miró a Rodrigo... y no pudo por más que acercarle a él y besarle apasionadamente. Alguna excusa se inventaría para llegar un poco más tarde a casa. Así que empezó de nuevo a recorrer con su lengua cada milímetro de la piel de Rodrigo...
- Un día te recortaré todo este pelo que tienes... – le dijo Rodrigo...
- Si vienes el martes, como regalo de cumpleaños te dejaré recortármelo – le dijo picaronamente Rodrigo.
- ¡Joder! No me esperaba esa propuesta… Eres... un cabrón... sabes que no puedo, aunque...
Y Chema se paró un momento, se puso a pensar, y al final...
- Hecho. Ya me inventaré algo. El martes celebramos mi cumpleaños. ¿Traes tú la maquina o la traigo yo?
- Jajajajaja, has caído... no te has podido resistir... jajajajaja
- Eres...
- Calla, anda, y bésame...
- ¿Estás bien Rodrigo? Estás especialmente cariñoso hoy... no sueles ser tan... – Chema buscaba las palabras...
- Deja de decir chorradas... vamos a al ducha me apetece hacerlo allí...
- Huy que bien... así hacemos la lluvia dorada...
- ¡¡Guarro!!
- Es mi cumple...
- El martes... hoy... si llegas antes que yo...
Y Rodrigo se lanzó hacia el cuarto de baño sin dejar que Chema tuviera tiempo siquiera de incorporarse...
- Eso es trampa...
- Calla y prepara ese culo...
- Prepara el tuyo... que ahora me toca a mi primero...
- Lo discutimos debajo del agua...
Chema volvió a pararse un instante, mirándole a Rodrigo. Hoy se estaba comportando de forma muy distinta a como otros días. Algo le pasaba. Pero de momento, decidió solo disfrutar de ese momento. Ya se preocuparía de ello el martes.
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Capítulos anteriores:
Capítulo I: el comienzo
Capítulo II: Canalla continúa la historia
Capítulo III: Akira lo escribió
Capítulo IV: Arnau e Iñaki, con Mario como sombra
Capítulo V: Arnau y Joaquín, by Tatojimi
CapítuloVI: Iñaki y Mario, con nuevos protagonistas
Capítulo VII: Israel es el protagonista
Capítulo VIII: Arnau y Joaquín, a la mañana siguiente
Capítulo IX: el despertar de Iñaki
Capítulo X: todo lo que se podría arreglar... o cuando todo es cuesta abajo.
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Si quieres escribir la continuación de la historia, ya sabes. El capítulo siguiente puede ser tuyo.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
...Capítulo X: todo lo que se podría arreglar… o cuando todo es cuesta abajo.
Empezó bien la mañana. Abrazado a Joaquín, salir a comprar el desayuno. Pero quizás, ahí empezó a torcerse. Joaquín, le conoce muy bien.. Y supo, al hablar de la ropa, y del tiempo que iba a estar en casa, que, Arnau no estaba seguro de nada.
Y Arnau, era consciente que, ese gesto suyo era un fiel reflejo de su alma. La confusión. La duda.
- Esther, no pongas ese color de fondo, no se puede leer bien el texto – dijo de repente Arnau por el manos libres con el que estaba conectado a sus colaboradores.
- ¿Y si lo aclaro simplemente?
- Prueba... me gusta la combinación.
- ¿Quieres que incluyamos también el proyecto que nos presentó Navarro?
- No, no. Quiero que solo vean el de Norman.
- Iñaki... – le intentó apuntar Chema
- ¿Tú le ves aquí? – contestó un poco molesto Arnau – Yo no.
- Pero...
- Solo el proyecto de Norman. Cita si quieres los otros 3, también el del Japonés. Y que Calatrava está también interesado en presentar una propuesta.
- Pero la locución...
- Que la haga Fernando.
- Huym, que nervios – dijo el aludido.
Mientras esta conversación tenía lugar, la presentación iba cambiando siguiendo las instrucciones de Arnau. Trabajaban a destajo. Faltaba a penas una hora para que los futuros mecenas de la Fundación y el Presidente de la misma llegaran a la sala de presentaciones de la empresa de Arnau. Aunque no pertenecía a la Fundación que gestionaba Iñaki, su empresa tenía muchos intereses en ese proyecto. Si salía mal, perdería también él mucho dinero. Así que, había que arreglar el desaire que Iñaki les había hecho en la comida, no presentándose o dando una excusa. Y se le ocurrió ofrecerles una presentación que estaban pergeñando como esbozo de una campaña posterior más grande, para captar fondos económicos y colecciones que ofrecer en el Museo que estaban proyectando.
- Quita toda referencia al BBVA, que no está confirmado... Esther...
- Vale, creía que ya estaban dentro...
- No, no lo están. Y ese color... Fernando, estoy escuchando la locución... dale un poco más de aire, no seas tan cansino... entona más...
- Ya, ya, pero es que este aquí te pillo...
- No te quejes... ¡¡Vamos!!
Encendió un cigarrillo. No solía fumar, y menos en la oficina, pero lo necesitaba. No eran buenos días. Lo de Iñaki, no funcionaba. Ayer, ya se había cansado de mentiras. De tirar del carro a base de bobadas y disparates dichos con la velocidad de una ametralladora. Cuando sonó el móvil y dijo que era Elena... ese tono solo lo tenía para Mario. Y con Mario, con ese Mario, solo se podía tener sexo. Y del duro. Y no era una historia corta, ni simplemente sexual. Ellos habían llegado al acuerdo de que fuera una relación libre. Arnau también había tenido ocasionales escarceos sexuales. Pero eso duraba ya unos meses. Y cada vez se le notaba más pillado con Mario. No le apetecía luchar con él. Y encima Mario. Y lo de esa mañana...
- Chema, llama un momento a Juan, y pregúntale si las cifras del concurso de arquitectos estaban auditadas.
- ¿No sería mejor llamar a Iñaki? A lo mejor se mosquea...
- Te he dicho que llames a Juan ¿ok?
- Huy, ¿estás bien? ¿Arnau?
- ¿Quieres llamarle? – le cortó Arnau.
- Vale, vale... veo que no soplan...
- Chema, mejor que te calles, que estás metiendo la pata – apuntó Esther
- Callaros todos ¡¡Joder!! – saltó ya cansado.
- Ejem.. perdón... escucha como ha quedado... a ver si está ya mejor – interrumpió Fernando.
- Voy.
Esa mañana... Arnau apretaba los puños sin darse cuenta, mientras recordaba lo que vio cuando llegó con Joaquín a la casa de Iñaki. A esos tres saliendo del portal con Mario. Fermín, Jose y Hugo. Fermín y Jose, dos de los más despreciables hombres que te podías echar a la cara. Ya les conocía, incluso se había acostado con ellos. Por separado y juntos. Antes de llegar Iñaki a su vida. Quería decir eso que, había sido una noche dura de sexo.
Pero a pesar de que la semana en lo empresarial iba a ser importante, no acababa de centrar esto sus pensamientos. Iñaki y él, los centraban todos. Incluso podría decir que, lo que verdaderamente lo centraba todo era él, Arnau, como centro absoluto del universo.
Llegó un mensaje a su móvil. Era Joaquín. Confirmaba su cita para cenar. Otro problema: Joaquín. La pasada, fue una noche maravillosa de sexo. Pero Joaquín le amaba. Se lo dijo ya hace años, cuando vivían juntos. Y seguía amándole. Lo notó anoche. Pocos de sus muchos amantes, por no decir ninguno, le habían hecho sentir querido, amado como Joaquín esa noche... y con pocos había disfrutado como con él, precisamente por ese toque de amor, de dulzura que le imprimió Joaquín, y que él mismo descubrió aplicándole a su partenaire.
- Fernando, échale huevos... pareces un niño de primaria leyendo en el encerado, todo nervioso, ante la clase…. Como si estuvieras oliendo a mierda por haberte cagado en los pantalones…
- ¡Joder! Te recuerdo que yo no soy...
- Ya lo sé, pero lo puedes hacer bien. Habla con convicción, como si te fuera la vida en este proyecto. En realidad te va la vida, o por lo menos el trabajo. Nos va a todos, así que...
- Estás hoy insufrible.
- Mirad un momento como queda la parte de las colecciones que tenemos confirmadas – cortó Alfonso – he encontrado imágenes nuevas y mucho mejores que las que teníamos.
Pero a Joaquín... le quería. Pero creía que no le amaba. Aunque tampoco le había dado la oportunidad en ese aspecto. Le había rechazado sin siquiera pararse un momento a recapacitar cuales eran sus sentimientos para con él. Y la verdad, era siempre el que estaba a su lado, el que le abrazaba cuando lloraba, el que le hacía reír cuando lo necesitaba...
- Hola Arnau – era Teo, su secretario, que acababa de llegar
- Ya era hora
- Arnau, que estaba en el pueblo, ya lo sabías...
- Perdona, estoy de mala leche. Prepara la sala, anda, para la presentación. Y pon alguna bebida
- Ya sé, no te preocupes. Voy.
- Y llama a Iñaki, a ver si te contesta. Ponte el auricular y lo...
Sonó el fijo. Era Mayte, diciendo que al final iba a poder acercarse. Mejor. Mayte era una pintora y escultora de reputado prestigio. Y una buena amiga de los padres de Arnau. Sería un gran apoyo por su prestigio.
- Iñaki no contesta – le apuntó Teo - ¿Sigo intentando?
- ¿Le llamas al móvil?
- No, a casa. El móvil salta el buzón. Le dejé mensaje.
- Sigue llamando a casa, por favor.
- Ok.
Y esto no ayudaba mucho. Joaquín. No se le podía apartar de la cabeza. Esta mañana, cuando volvió a casa con el desayuno, se le escapó ese gesto, que él interpretó acertadamente. Le conocía demasiado. Y no lo pudo evitar. La duda. Iñaki todavía tiraba de él. No podía evitarlo. Y se resistía a abandonarse en los brazos de Joaquín. Quizás por egoísmo. Si las cosas salían mal con él, no le quedaría ningún refugio. Una llamada en su móvil. Iñaki. Muy propio. Aunque le estaba llamando Teo, no se rebajaría a hablar con otro que no fuera él.
- ¡Ya era hora!
- ¿Cómo están las cosas?
- No muy bien. Jose Mª y Julián vienen para acá. Les prometí la presentación que hablamos, y estamos ultimándola a toda leche.
- Esa presentación sabes que no me gusta. Te lo dije.
- Vale. Ven aquí y les presentas el proyecto tú. Y arreglas lo que tú has estropeado.
- Me estás puenteando.
- Estoy tapando tus errores y tu falta de dedicación.
- Eso es una mierda de mentira – Iñaki estaba perdiendo los estribos.
- Mentira o no, seguro que Felipe no anda muy desencaminado en ese pensamiento
- Habrás ayudado tú.
- Seguramente – Arnau con tono de ironía – Tú sabrás lo que haces. Dentro de 40 minutos están aquí, sino antes. Ven y ofrece la visión que tu quieras.
- Pues sí, iré.
- Muy bien. Pero por si acaso, no te anuncio. No vaya a ser que te te llame Mario y corras a su vera con el rabo entre las piernas. O te surja...
- ¡Te estás pasando! Eres una puta maricona celosa.
- Sí, lo estoy. Y cabreado. Muy cabreado. No entiendo como me he podido equivocar tanto.
- Eso. Pregúntate...
- Me lo pregunto. Eso y otras muchas cosas. Pero no te preocupes. Ya sabré responderme. Y obrar en consecuencia.
- Eso suena a amenaza.
- No. Tú eres dueño de tu vida. De tus acciones, depende todo tu futuro. Y no digo lo nuestro. Hablo de tu trabajo.
- Eres un Hijo de Puta.
- Si tengo que serlo, lo seré. No lo dudes. No sabes hasta donde puedo llegar.
- Cada vez te pareces más a tu padre.
- Eso es un golpe bajo. Pero tranquilo. Con un poco de suerte te doy la razón cualquier día.
- No juegues con mi trabajo. Te lo advierto, capullo.
- No juegues tú con el trabajo y futuro de mucha gente. No eres un mindungui. De tu trabajo depende mucha gente.
- Yo cumplo...
- No cumples. Vente. Y demuestra que estoy equivocado.
- Ahora voy.
Y colgó.
- Juan nos envía las cifras.
- ¿Ha puesto pegas?
- Sí. Llamó a Felipe para que consintiera.
- ¡Mierda! Esto no le hará gracia a Iñaki. Se está cavando su tumba – apuntó Chema.
- Eso no es asunto tuyo – le dijo enfadado Arnau.
- Ya llegan – dijo Teo.
- Hazles pasar a la sala y sírveles algo. Chicos, ¿como estamos?
- En 10 minutos estará. Y que conste que se han adelantado.
- Eso da igual. Hay que tenerlo. A ver, empezamos a revisar...
- Arnau, te reclama D. Felipe – anunció por el interfono Teo, lo que quería decir que estaban delante.
- Ahora mismo salgo.
Arnau se levantó.
Se fue al cuarto de baño que tenía en el despacho.
Unas abluciones.
Un peine.
Una sonrisa al espejo.
Y salió.
- Hola Felipe. Habéis llegado pronto.
- No sabía ya que hacer. Tienen prisa.
- Viene Mayte para acá.
- Menos mal. ¿Con quien ha dejado a los niños?
- Ni idea, habló con Teo.
- ¿E Iñaki?
- Llegará en diez minutos.
- Mejor será. Tu novio me tiene contento hoy. No acabo de entender cómo es que no vino contigo a la comida.
- Bueno, hoy no estamos en nuestro mejor momento juntos.
- ¿Eso quiere decir que...? No entiendo vuestro lenguaje indirecto.
- Que nos hemos peleado. Hemos discutido. Y me he ido de casa.
- Eso está mejor. Y si me dices que te ha puesto los cuernos, será más claro. – Felipe era un hombre directo.
- Joder, Felipe. Eso es un golpe bajo.
- Es la realidad. Pero espero que, su nuevo novio, le deje tiempo para trabajar a partir de ahora. Me tiene contento. Y tentado estoy de darle la patada.
- Iñaki es bueno en su trabajo.
- Era bueno.
- Y lo sigue siendo. Todos tenemos a veces malas épocas – apuntó vehementemente Arnau.
- ¿Te ocuparías tú de la Fundación si te lo pido?
- Iñaki es la persona adecuada para...
- Te estoy haciendo una pregunta directa.
- Soy muy joven y no tengo preparación económica...
- Te estoy haciendo una pregunta. Para economista está Juan. Lo cual, ya sabes porque le habéis llamado. Contéstame a lo que te he preguntado ¿te ocuparías de la Fundación?
- Señores, perdonen – interrumpió Teo, mientras Felipe le atravesaba con la mirada – Mayte llegó y les reclama a ambos.
- Sí, vamos. Felipe, luego hablamos. Tenían prisa decías ¿no?
- El lunes vienes a mi despacho a las 10. Y piensa lo que te he preguntado. Y recuerda que no soy gilipollas.
Felipe enfiló hacia la sala de reuniones. Arnau se quedó pensativo unos instantes. Su mente echaba humo. Pero no era capaz de concretar ningún pensamiento. Pasaba de Iñaki, a la Fundación, de su padre, a Felipe, de su empresa, a Joaquín, a Iñaki…
- Arnau – y sintió un leve toque de Teo.
- Voy, sí… Gracias.
Y se dirigió con paso decidido hacia sus invitados. Les saludó efusivamente, y comenzó una charla intrascendente y con muchas bromas. Sus invitados se fueron acomodando al lado contrario de la pantalla.
- ¿Iba a venir al final Iñaki? – era Felipe quien preguntaba
- No es seguro. Ha tenido un problema en casa y…
- Hola a todos. Perdón por el retraso y por mi ausencia en la comida…
- Hombre, ya era hora…
- D. Felipe, no tengo excusa – y se acercó con la mano extendida hacia él.
- Esperemos que ahora nos expliques el proyecto a todos – apuntó Felipe evitando el gesto de Iñaki.
- Sí, precisamente traigo el portátil para explicarles los últimos datos…
- Bien, eso está bien. Lo veremos después de la presentación que nos ha preparado Arnau…
- No será necesario ver esa presentación. Además, no está hecha por mi equipo, así que no es representativa del espíritu de la Fundación, ni del trabajo de muchas personas.
- Perdona Iñaki – le atajó Arnau – pero las personas que trabajamos en esta empresa estamos tan implicadas en este proyecto como las que trabajan en la misma Fundación. Además…
- Ya lo sé, ya lo sé, seguro que vuestro trabajo es estupendo, pero de momento no me parece oportuno ver unos datos que no están contrastados por mi… si no te importa, déjame enchufar el portátil… bien… ahí veo las tomas…
- Teo, indícale a Iñaki por favor.
Y Arnau se ausentó de la sala. Sus puños le dolían de tanto apretarles. Se puso el auricular que le mantenía comunicado con su equipo…
- Chicos, gracias, pero creo que de momento la presentación no será necesaria.
- Pero Iñaki..
- Dejadlo por favor. Perdonad que os haya entretenido estas horas para nada. El lunes si queréis no vengáis. Nos vemos el martes.
- Arnau…
- Hasta el martes.
Y colgó. No le apetecía hablar con nadie. Pero tenía que volver a la sala. Entró despacio para no distraerles de las explicaciones que estaba dando Iñaki. Todo eran ideas sin desarrollar, que seguro se las había inventado esa misma mañana. Algunas ya las había estudiado con anterioridad y desechadas por poco realistas y económicamente inviables. Pero hoy no parecía que le importaba nada a Iñaki más que recuperar el prestigio perdido a toda costa. Hablaba más para Felipe que para los invitados. Felipe había adoptado una actitud inexpresiva. A la expectativa. Mayte atendía con un brillo de furia en los ojos. Pero José Mª y Julián, parecían convencidos por las ideas que exponía Iñaki.
Terminó. Iñaki bebió un largo trago del agua. Tenía la certeza de que había convencido a los inversores. Pero sabía que Felipe no estaba convencido y que Mayte no le apoyaría nunca más. Pero era prescindible. Encontraría otros artistas de prestigio, para sustituirla.
Unos últimos cambios de impresiones, concretar unas citas con José Mª y con Julián para la semana siguiente. Felipe les acompaña y salen. Mayte les sigue unos instantes después. Ni siquiera se despide de Iñaki. Éste recoge su equipo.
- Creo que será mejor que dejes de colaborar con nosotros. El lunes, me acercas toda la documentación que tenéis nuestra. Y preparas la minuta por los servicios que tenemos pendientes.
- Como quieras. Pero será el miércoles cuando te lleve todo lo que tenemos vuestro. Mejor así. Mañana pasaré a recoger mis cosas por casa.
- Deja las llaves en el recibidor. No estaré.
- Ahora si no te importa, debo hacer unas cosas antes de irme.
- Tenía que hacerlo… - intentó disculparse Iñaki.
- Se puede actuar de muchas formas. Creo que hoy ten has equivocado en todo. Y no es el error de esta mañana el mayor.
- Los inversores se han ido contentos. Eso es lo que importa.
- Es un paso. Pero les has engañado.
- Eso es mentira.
- No discutiré. El tiempo hablará. Si no te importa, sabes el camino.
Y Arnau se fue hacia su despacho. Escuchó como se cerraba la puerta después de salir Iñaki. Muchas cosas se cerraban esa tarde. Y no tenía muy claro si se abriría siquiera una pequeña ventana en su lugar.
Se sentó en su sillón. Un espíritu derrotado.
- Ha llamado Felipe. Dice que en lugar del lunes, que vayas a su despacho el martes. Y que quiere ver esa presentación.
- Gracias. Vete sin quieres.
- Te espero. Joaquín está ya fuera,
- Vale. Dile que me espere diez minutos. Déjame solo anda.
- Arnau…
- Gracias por todo… hasta el lunes. A ti no te puedo dar libre…
- Arnau…
- Chao
Y Teo agachó la cabeza y se fue. Ya hablaría con él el lunes.
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Capítulos anteriores:
Capítulo I: el comienzo
Capítulo II: Canalla continúa la historia
Capítulo III: Akira lo escribió
Capítulo IV: Arnau e Iñaki, con Mario como sombra
Capítulo V: Arnau y Joaquín, by Tatojimi
CapítuloVI: Iñaki y Mario, con nuevos protagonistas
Capítulo VII: Israel es el protagonista
Capítulo VIII: Arnau y Joaquín, a la mañana siguiente
Capítulo IX: el despertar de Iñaki
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Puedes decidir el futuro de los protagonistas. Escribe el capítulo siguiente.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
Y Arnau, era consciente que, ese gesto suyo era un fiel reflejo de su alma. La confusión. La duda.
- Esther, no pongas ese color de fondo, no se puede leer bien el texto – dijo de repente Arnau por el manos libres con el que estaba conectado a sus colaboradores.
- ¿Y si lo aclaro simplemente?
- Prueba... me gusta la combinación.
- ¿Quieres que incluyamos también el proyecto que nos presentó Navarro?
- No, no. Quiero que solo vean el de Norman.
- Iñaki... – le intentó apuntar Chema
- ¿Tú le ves aquí? – contestó un poco molesto Arnau – Yo no.
- Pero...
- Solo el proyecto de Norman. Cita si quieres los otros 3, también el del Japonés. Y que Calatrava está también interesado en presentar una propuesta.
- Pero la locución...
- Que la haga Fernando.
- Huym, que nervios – dijo el aludido.
Mientras esta conversación tenía lugar, la presentación iba cambiando siguiendo las instrucciones de Arnau. Trabajaban a destajo. Faltaba a penas una hora para que los futuros mecenas de la Fundación y el Presidente de la misma llegaran a la sala de presentaciones de la empresa de Arnau. Aunque no pertenecía a la Fundación que gestionaba Iñaki, su empresa tenía muchos intereses en ese proyecto. Si salía mal, perdería también él mucho dinero. Así que, había que arreglar el desaire que Iñaki les había hecho en la comida, no presentándose o dando una excusa. Y se le ocurrió ofrecerles una presentación que estaban pergeñando como esbozo de una campaña posterior más grande, para captar fondos económicos y colecciones que ofrecer en el Museo que estaban proyectando.
- Quita toda referencia al BBVA, que no está confirmado... Esther...
- Vale, creía que ya estaban dentro...
- No, no lo están. Y ese color... Fernando, estoy escuchando la locución... dale un poco más de aire, no seas tan cansino... entona más...
- Ya, ya, pero es que este aquí te pillo...
- No te quejes... ¡¡Vamos!!
Encendió un cigarrillo. No solía fumar, y menos en la oficina, pero lo necesitaba. No eran buenos días. Lo de Iñaki, no funcionaba. Ayer, ya se había cansado de mentiras. De tirar del carro a base de bobadas y disparates dichos con la velocidad de una ametralladora. Cuando sonó el móvil y dijo que era Elena... ese tono solo lo tenía para Mario. Y con Mario, con ese Mario, solo se podía tener sexo. Y del duro. Y no era una historia corta, ni simplemente sexual. Ellos habían llegado al acuerdo de que fuera una relación libre. Arnau también había tenido ocasionales escarceos sexuales. Pero eso duraba ya unos meses. Y cada vez se le notaba más pillado con Mario. No le apetecía luchar con él. Y encima Mario. Y lo de esa mañana...
- Chema, llama un momento a Juan, y pregúntale si las cifras del concurso de arquitectos estaban auditadas.
- ¿No sería mejor llamar a Iñaki? A lo mejor se mosquea...
- Te he dicho que llames a Juan ¿ok?
- Huy, ¿estás bien? ¿Arnau?
- ¿Quieres llamarle? – le cortó Arnau.
- Vale, vale... veo que no soplan...
- Chema, mejor que te calles, que estás metiendo la pata – apuntó Esther
- Callaros todos ¡¡Joder!! – saltó ya cansado.
- Ejem.. perdón... escucha como ha quedado... a ver si está ya mejor – interrumpió Fernando.
- Voy.
Esa mañana... Arnau apretaba los puños sin darse cuenta, mientras recordaba lo que vio cuando llegó con Joaquín a la casa de Iñaki. A esos tres saliendo del portal con Mario. Fermín, Jose y Hugo. Fermín y Jose, dos de los más despreciables hombres que te podías echar a la cara. Ya les conocía, incluso se había acostado con ellos. Por separado y juntos. Antes de llegar Iñaki a su vida. Quería decir eso que, había sido una noche dura de sexo.
Pero a pesar de que la semana en lo empresarial iba a ser importante, no acababa de centrar esto sus pensamientos. Iñaki y él, los centraban todos. Incluso podría decir que, lo que verdaderamente lo centraba todo era él, Arnau, como centro absoluto del universo.
Llegó un mensaje a su móvil. Era Joaquín. Confirmaba su cita para cenar. Otro problema: Joaquín. La pasada, fue una noche maravillosa de sexo. Pero Joaquín le amaba. Se lo dijo ya hace años, cuando vivían juntos. Y seguía amándole. Lo notó anoche. Pocos de sus muchos amantes, por no decir ninguno, le habían hecho sentir querido, amado como Joaquín esa noche... y con pocos había disfrutado como con él, precisamente por ese toque de amor, de dulzura que le imprimió Joaquín, y que él mismo descubrió aplicándole a su partenaire.
- Fernando, échale huevos... pareces un niño de primaria leyendo en el encerado, todo nervioso, ante la clase…. Como si estuvieras oliendo a mierda por haberte cagado en los pantalones…
- ¡Joder! Te recuerdo que yo no soy...
- Ya lo sé, pero lo puedes hacer bien. Habla con convicción, como si te fuera la vida en este proyecto. En realidad te va la vida, o por lo menos el trabajo. Nos va a todos, así que...
- Estás hoy insufrible.
- Mirad un momento como queda la parte de las colecciones que tenemos confirmadas – cortó Alfonso – he encontrado imágenes nuevas y mucho mejores que las que teníamos.
Pero a Joaquín... le quería. Pero creía que no le amaba. Aunque tampoco le había dado la oportunidad en ese aspecto. Le había rechazado sin siquiera pararse un momento a recapacitar cuales eran sus sentimientos para con él. Y la verdad, era siempre el que estaba a su lado, el que le abrazaba cuando lloraba, el que le hacía reír cuando lo necesitaba...
- Hola Arnau – era Teo, su secretario, que acababa de llegar
- Ya era hora
- Arnau, que estaba en el pueblo, ya lo sabías...
- Perdona, estoy de mala leche. Prepara la sala, anda, para la presentación. Y pon alguna bebida
- Ya sé, no te preocupes. Voy.
- Y llama a Iñaki, a ver si te contesta. Ponte el auricular y lo...
Sonó el fijo. Era Mayte, diciendo que al final iba a poder acercarse. Mejor. Mayte era una pintora y escultora de reputado prestigio. Y una buena amiga de los padres de Arnau. Sería un gran apoyo por su prestigio.
- Iñaki no contesta – le apuntó Teo - ¿Sigo intentando?
- ¿Le llamas al móvil?
- No, a casa. El móvil salta el buzón. Le dejé mensaje.
- Sigue llamando a casa, por favor.
- Ok.
Y esto no ayudaba mucho. Joaquín. No se le podía apartar de la cabeza. Esta mañana, cuando volvió a casa con el desayuno, se le escapó ese gesto, que él interpretó acertadamente. Le conocía demasiado. Y no lo pudo evitar. La duda. Iñaki todavía tiraba de él. No podía evitarlo. Y se resistía a abandonarse en los brazos de Joaquín. Quizás por egoísmo. Si las cosas salían mal con él, no le quedaría ningún refugio. Una llamada en su móvil. Iñaki. Muy propio. Aunque le estaba llamando Teo, no se rebajaría a hablar con otro que no fuera él.
- ¡Ya era hora!
- ¿Cómo están las cosas?
- No muy bien. Jose Mª y Julián vienen para acá. Les prometí la presentación que hablamos, y estamos ultimándola a toda leche.
- Esa presentación sabes que no me gusta. Te lo dije.
- Vale. Ven aquí y les presentas el proyecto tú. Y arreglas lo que tú has estropeado.
- Me estás puenteando.
- Estoy tapando tus errores y tu falta de dedicación.
- Eso es una mierda de mentira – Iñaki estaba perdiendo los estribos.
- Mentira o no, seguro que Felipe no anda muy desencaminado en ese pensamiento
- Habrás ayudado tú.
- Seguramente – Arnau con tono de ironía – Tú sabrás lo que haces. Dentro de 40 minutos están aquí, sino antes. Ven y ofrece la visión que tu quieras.
- Pues sí, iré.
- Muy bien. Pero por si acaso, no te anuncio. No vaya a ser que te te llame Mario y corras a su vera con el rabo entre las piernas. O te surja...
- ¡Te estás pasando! Eres una puta maricona celosa.
- Sí, lo estoy. Y cabreado. Muy cabreado. No entiendo como me he podido equivocar tanto.
- Eso. Pregúntate...
- Me lo pregunto. Eso y otras muchas cosas. Pero no te preocupes. Ya sabré responderme. Y obrar en consecuencia.
- Eso suena a amenaza.
- No. Tú eres dueño de tu vida. De tus acciones, depende todo tu futuro. Y no digo lo nuestro. Hablo de tu trabajo.
- Eres un Hijo de Puta.
- Si tengo que serlo, lo seré. No lo dudes. No sabes hasta donde puedo llegar.
- Cada vez te pareces más a tu padre.
- Eso es un golpe bajo. Pero tranquilo. Con un poco de suerte te doy la razón cualquier día.
- No juegues con mi trabajo. Te lo advierto, capullo.
- No juegues tú con el trabajo y futuro de mucha gente. No eres un mindungui. De tu trabajo depende mucha gente.
- Yo cumplo...
- No cumples. Vente. Y demuestra que estoy equivocado.
- Ahora voy.
Y colgó.
- Juan nos envía las cifras.
- ¿Ha puesto pegas?
- Sí. Llamó a Felipe para que consintiera.
- ¡Mierda! Esto no le hará gracia a Iñaki. Se está cavando su tumba – apuntó Chema.
- Eso no es asunto tuyo – le dijo enfadado Arnau.
- Ya llegan – dijo Teo.
- Hazles pasar a la sala y sírveles algo. Chicos, ¿como estamos?
- En 10 minutos estará. Y que conste que se han adelantado.
- Eso da igual. Hay que tenerlo. A ver, empezamos a revisar...
- Arnau, te reclama D. Felipe – anunció por el interfono Teo, lo que quería decir que estaban delante.
- Ahora mismo salgo.
Arnau se levantó.
Se fue al cuarto de baño que tenía en el despacho.
Unas abluciones.
Un peine.
Una sonrisa al espejo.
Y salió.
- Hola Felipe. Habéis llegado pronto.
- No sabía ya que hacer. Tienen prisa.
- Viene Mayte para acá.
- Menos mal. ¿Con quien ha dejado a los niños?
- Ni idea, habló con Teo.
- ¿E Iñaki?
- Llegará en diez minutos.
- Mejor será. Tu novio me tiene contento hoy. No acabo de entender cómo es que no vino contigo a la comida.
- Bueno, hoy no estamos en nuestro mejor momento juntos.
- ¿Eso quiere decir que...? No entiendo vuestro lenguaje indirecto.
- Que nos hemos peleado. Hemos discutido. Y me he ido de casa.
- Eso está mejor. Y si me dices que te ha puesto los cuernos, será más claro. – Felipe era un hombre directo.
- Joder, Felipe. Eso es un golpe bajo.
- Es la realidad. Pero espero que, su nuevo novio, le deje tiempo para trabajar a partir de ahora. Me tiene contento. Y tentado estoy de darle la patada.
- Iñaki es bueno en su trabajo.
- Era bueno.
- Y lo sigue siendo. Todos tenemos a veces malas épocas – apuntó vehementemente Arnau.
- ¿Te ocuparías tú de la Fundación si te lo pido?
- Iñaki es la persona adecuada para...
- Te estoy haciendo una pregunta directa.
- Soy muy joven y no tengo preparación económica...
- Te estoy haciendo una pregunta. Para economista está Juan. Lo cual, ya sabes porque le habéis llamado. Contéstame a lo que te he preguntado ¿te ocuparías de la Fundación?
- Señores, perdonen – interrumpió Teo, mientras Felipe le atravesaba con la mirada – Mayte llegó y les reclama a ambos.
- Sí, vamos. Felipe, luego hablamos. Tenían prisa decías ¿no?
- El lunes vienes a mi despacho a las 10. Y piensa lo que te he preguntado. Y recuerda que no soy gilipollas.
Felipe enfiló hacia la sala de reuniones. Arnau se quedó pensativo unos instantes. Su mente echaba humo. Pero no era capaz de concretar ningún pensamiento. Pasaba de Iñaki, a la Fundación, de su padre, a Felipe, de su empresa, a Joaquín, a Iñaki…
- Arnau – y sintió un leve toque de Teo.
- Voy, sí… Gracias.
Y se dirigió con paso decidido hacia sus invitados. Les saludó efusivamente, y comenzó una charla intrascendente y con muchas bromas. Sus invitados se fueron acomodando al lado contrario de la pantalla.
- ¿Iba a venir al final Iñaki? – era Felipe quien preguntaba
- No es seguro. Ha tenido un problema en casa y…
- Hola a todos. Perdón por el retraso y por mi ausencia en la comida…
- Hombre, ya era hora…
- D. Felipe, no tengo excusa – y se acercó con la mano extendida hacia él.
- Esperemos que ahora nos expliques el proyecto a todos – apuntó Felipe evitando el gesto de Iñaki.
- Sí, precisamente traigo el portátil para explicarles los últimos datos…
- Bien, eso está bien. Lo veremos después de la presentación que nos ha preparado Arnau…
- No será necesario ver esa presentación. Además, no está hecha por mi equipo, así que no es representativa del espíritu de la Fundación, ni del trabajo de muchas personas.
- Perdona Iñaki – le atajó Arnau – pero las personas que trabajamos en esta empresa estamos tan implicadas en este proyecto como las que trabajan en la misma Fundación. Además…
- Ya lo sé, ya lo sé, seguro que vuestro trabajo es estupendo, pero de momento no me parece oportuno ver unos datos que no están contrastados por mi… si no te importa, déjame enchufar el portátil… bien… ahí veo las tomas…
- Teo, indícale a Iñaki por favor.
Y Arnau se ausentó de la sala. Sus puños le dolían de tanto apretarles. Se puso el auricular que le mantenía comunicado con su equipo…
- Chicos, gracias, pero creo que de momento la presentación no será necesaria.
- Pero Iñaki..
- Dejadlo por favor. Perdonad que os haya entretenido estas horas para nada. El lunes si queréis no vengáis. Nos vemos el martes.
- Arnau…
- Hasta el martes.
Y colgó. No le apetecía hablar con nadie. Pero tenía que volver a la sala. Entró despacio para no distraerles de las explicaciones que estaba dando Iñaki. Todo eran ideas sin desarrollar, que seguro se las había inventado esa misma mañana. Algunas ya las había estudiado con anterioridad y desechadas por poco realistas y económicamente inviables. Pero hoy no parecía que le importaba nada a Iñaki más que recuperar el prestigio perdido a toda costa. Hablaba más para Felipe que para los invitados. Felipe había adoptado una actitud inexpresiva. A la expectativa. Mayte atendía con un brillo de furia en los ojos. Pero José Mª y Julián, parecían convencidos por las ideas que exponía Iñaki.
Terminó. Iñaki bebió un largo trago del agua. Tenía la certeza de que había convencido a los inversores. Pero sabía que Felipe no estaba convencido y que Mayte no le apoyaría nunca más. Pero era prescindible. Encontraría otros artistas de prestigio, para sustituirla.
Unos últimos cambios de impresiones, concretar unas citas con José Mª y con Julián para la semana siguiente. Felipe les acompaña y salen. Mayte les sigue unos instantes después. Ni siquiera se despide de Iñaki. Éste recoge su equipo.
- Creo que será mejor que dejes de colaborar con nosotros. El lunes, me acercas toda la documentación que tenéis nuestra. Y preparas la minuta por los servicios que tenemos pendientes.
- Como quieras. Pero será el miércoles cuando te lleve todo lo que tenemos vuestro. Mejor así. Mañana pasaré a recoger mis cosas por casa.
- Deja las llaves en el recibidor. No estaré.
- Ahora si no te importa, debo hacer unas cosas antes de irme.
- Tenía que hacerlo… - intentó disculparse Iñaki.
- Se puede actuar de muchas formas. Creo que hoy ten has equivocado en todo. Y no es el error de esta mañana el mayor.
- Los inversores se han ido contentos. Eso es lo que importa.
- Es un paso. Pero les has engañado.
- Eso es mentira.
- No discutiré. El tiempo hablará. Si no te importa, sabes el camino.
Y Arnau se fue hacia su despacho. Escuchó como se cerraba la puerta después de salir Iñaki. Muchas cosas se cerraban esa tarde. Y no tenía muy claro si se abriría siquiera una pequeña ventana en su lugar.
Se sentó en su sillón. Un espíritu derrotado.
- Ha llamado Felipe. Dice que en lugar del lunes, que vayas a su despacho el martes. Y que quiere ver esa presentación.
- Gracias. Vete sin quieres.
- Te espero. Joaquín está ya fuera,
- Vale. Dile que me espere diez minutos. Déjame solo anda.
- Arnau…
- Gracias por todo… hasta el lunes. A ti no te puedo dar libre…
- Arnau…
- Chao
Y Teo agachó la cabeza y se fue. Ya hablaría con él el lunes.
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Capítulos anteriores:
Capítulo I: el comienzo
Capítulo II: Canalla continúa la historia
Capítulo III: Akira lo escribió
Capítulo IV: Arnau e Iñaki, con Mario como sombra
Capítulo V: Arnau y Joaquín, by Tatojimi
CapítuloVI: Iñaki y Mario, con nuevos protagonistas
Capítulo VII: Israel es el protagonista
Capítulo VIII: Arnau y Joaquín, a la mañana siguiente
Capítulo IX: el despertar de Iñaki
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Puedes decidir el futuro de los protagonistas. Escribe el capítulo siguiente.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
... de discusiones y la suerte que tenemos...
¡Qué relax!
Estos instantes en que paras, te sientas, relajas los músculos del cuerpo, y piensas... y dejas que la mente vuele, y te mire desde fuera, desde ahí arriba...
Y siempre con un café. Cortado.
Y siempre con un cigarrillo en los labios.
Y siempre, dejando que los ojos sigan la estela del humo que sale de mi boca, lentamente, saboreando el sabor de mi cigarrillo rubio.
Y recuerdas. Conversaciones, momentos tristes, momentos alegres. Recuerdas risas. Y también lágrimas. Recuerdas momentos en que te angustiaste. En que el corazón se encogió. Recuerdas esas discusiones en las que saliste triunfador. O en las que te revolcaron en el barro. Discusiones todas, que casi siempre te dejan un poso amargo, porque cuando discutes acaloradamente, casi siempre pierdes los papeles, y acabas diciendo cosas que no pensabas. O sí, pero que deberían haber permanecido en lo más hondo de la neurona que te queda operativa.
Porque, dando vueltas al café, una, dos, tres, un sorbo, dejas la taza en el plato, recoges el cigarrillo del cenicero, donde estaba apoyado, y das una calada, despacio, y sueltas el humo, despacio, y tu cabeza te insinúa que sí, que siempre que has discutido, has perdido los papeles. Y eso te produce una sensación extraña, de angustia ahí dentro.
Una, dos, tres vueltas. Un sorbo de café. Das la última calada al cigarrillo. Lo apagas. Y te quedas mirando a ninguna parte. La mente sigue ahí arriba, mirándote con un cierto aire de superioridad.
Y te recuerda, mientras las últimas volutas de humo se disipan en la inmensidad de espacio, esa conversación con tu tía. Ella, mujer alegre, y vitalista. ¡Qué diferencia con tu padre! Parece que tus abuelos, repartieron mal al hacer los hijos. La alegría se la quedaron los demás. Tu padre se quedó con todos los puntos de la visión negra y triste. Con la poca vitalidad y ganas de hacer cosas. De viajar, de conocer. De disfrutar.
Y a tu tía, vitalista y alegre, se le escapan unas lágrimas. Le paso la mano por su mejilla. Y ella retiene esa caricia, aprisionando la mano con su pómulo y su hombro.
Recuerda las cosas buenas que tenemos. Y que no apreciamos. Recuerda que mi padre, que se ha alejado un poco, tiene unos hijos sanos. Y que tiene unas nietas sanas. Y que, hasta hoy, hasta hace un par de meses, ha tenido una vida sana. Sin problemas importantes. Y no sabe apreciarlo. No sabe disfrutar de eso. Está metido en un espiral de queja continua. Y mi padre tiene 5 años más que ella. Y sin cigarrillo, y sin café delante, solo una maleta, recuerda que ella tiene una hija casi inválida. Y un nieto que con veintipocos, le han operado 6 ó 7 veces. La última un transplante de hígado. Y que tiene otro nieto que, con 14 años, tiene una depresión, que ni los médicos saben como tratarla. Y ella lleva 4 operaciones. Y tiene que volver a operarse. La cadera. Y que va con un bastón. Y le duele si anda mucho. Y le cuesta entrar en un coche, por su cadera. Pero aún así, siempre es ella quien va a ver a todos. Y hasta hace poco, en coche. Y está viuda desde hace 6 años.
Apuro el café. Me recuesto unos instantes más en mi sillón orejero. Y dedico mis últimas reflexiones, antes de meterme otra vez en la vorágine de la vida, en hacer propósito de que intentaré, al menos, apreciar lo que tengo. Es difícil. Porque no sé por qué, lo malo, lo triste, suele estar más presente en nuestra mente. Y lo que anhelamos y no tenemos. Y parece que, lo que tenemos, no tiene ningún valor. Hasta que lo perdemos.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.
Estos instantes en que paras, te sientas, relajas los músculos del cuerpo, y piensas... y dejas que la mente vuele, y te mire desde fuera, desde ahí arriba...
Y siempre con un café. Cortado.
Y siempre con un cigarrillo en los labios.
Y siempre, dejando que los ojos sigan la estela del humo que sale de mi boca, lentamente, saboreando el sabor de mi cigarrillo rubio.
Y recuerdas. Conversaciones, momentos tristes, momentos alegres. Recuerdas risas. Y también lágrimas. Recuerdas momentos en que te angustiaste. En que el corazón se encogió. Recuerdas esas discusiones en las que saliste triunfador. O en las que te revolcaron en el barro. Discusiones todas, que casi siempre te dejan un poso amargo, porque cuando discutes acaloradamente, casi siempre pierdes los papeles, y acabas diciendo cosas que no pensabas. O sí, pero que deberían haber permanecido en lo más hondo de la neurona que te queda operativa.
Porque, dando vueltas al café, una, dos, tres, un sorbo, dejas la taza en el plato, recoges el cigarrillo del cenicero, donde estaba apoyado, y das una calada, despacio, y sueltas el humo, despacio, y tu cabeza te insinúa que sí, que siempre que has discutido, has perdido los papeles. Y eso te produce una sensación extraña, de angustia ahí dentro.
Una, dos, tres vueltas. Un sorbo de café. Das la última calada al cigarrillo. Lo apagas. Y te quedas mirando a ninguna parte. La mente sigue ahí arriba, mirándote con un cierto aire de superioridad.
Y te recuerda, mientras las últimas volutas de humo se disipan en la inmensidad de espacio, esa conversación con tu tía. Ella, mujer alegre, y vitalista. ¡Qué diferencia con tu padre! Parece que tus abuelos, repartieron mal al hacer los hijos. La alegría se la quedaron los demás. Tu padre se quedó con todos los puntos de la visión negra y triste. Con la poca vitalidad y ganas de hacer cosas. De viajar, de conocer. De disfrutar.
Y a tu tía, vitalista y alegre, se le escapan unas lágrimas. Le paso la mano por su mejilla. Y ella retiene esa caricia, aprisionando la mano con su pómulo y su hombro.
Recuerda las cosas buenas que tenemos. Y que no apreciamos. Recuerda que mi padre, que se ha alejado un poco, tiene unos hijos sanos. Y que tiene unas nietas sanas. Y que, hasta hoy, hasta hace un par de meses, ha tenido una vida sana. Sin problemas importantes. Y no sabe apreciarlo. No sabe disfrutar de eso. Está metido en un espiral de queja continua. Y mi padre tiene 5 años más que ella. Y sin cigarrillo, y sin café delante, solo una maleta, recuerda que ella tiene una hija casi inválida. Y un nieto que con veintipocos, le han operado 6 ó 7 veces. La última un transplante de hígado. Y que tiene otro nieto que, con 14 años, tiene una depresión, que ni los médicos saben como tratarla. Y ella lleva 4 operaciones. Y tiene que volver a operarse. La cadera. Y que va con un bastón. Y le duele si anda mucho. Y le cuesta entrar en un coche, por su cadera. Pero aún así, siempre es ella quien va a ver a todos. Y hasta hace poco, en coche. Y está viuda desde hace 6 años.
Apuro el café. Me recuesto unos instantes más en mi sillón orejero. Y dedico mis últimas reflexiones, antes de meterme otra vez en la vorágine de la vida, en hacer propósito de que intentaré, al menos, apreciar lo que tengo. Es difícil. Porque no sé por qué, lo malo, lo triste, suele estar más presente en nuestra mente. Y lo que anhelamos y no tenemos. Y parece que, lo que tenemos, no tiene ningún valor. Hasta que lo perdemos.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.