tras la cortina de humo
se puede describir una ilusión, un miedo, un sentimiento? podrías describir un sueño?
Acerca de
¿A alguien le importa quien sea?Lo que importa son los sentimientos, las ilusiones, los miedos y los sueños. Por ellos me conocereis.A mi. Al alquimista
Sindicación
 
...una de rabia... otra de ira...
Hoy, cuando me siento en mi sillón orejero y pongo mis pies sobre el puff, no consigo relajarme. Ni siquiera al prender ese cigarrillo que va con el sillón. Ni ese café que va con el cigarrillo.

No es, digo, esa sensación de relax la que me llena, la que percibo. Es una sensación de ira. De rabia. Con el mundo. Con la familia. Con los amigos. Conmigo mismo.

Doy vueltas al café. Es algo mecánico. El azúcar ya está disuelto hace tiempo. Y está frío. Un sorbo. Lo aparto. No me gusta frío. Al menos tan frío como se ha quedado.
El café frío, y yo caliente. ¿Por qué?

No consigo centrar esas sensaciones. Me preguntan, y no tengo respuesta. No la encuentro. No ha cambiado nada. El trabajo igual, o no. La familia, igual... o no. Nadie en mi vida especial. Pero ya hace tiempo que me convencí de que nadie que me gustara, se podría acercar a mí.

Me levanto para prepararme otro café. Éste sí espero saborearlo a la temperatura que me gusta. Saco el porta de la cafetera. Hecho el café pertinente. Lo engancho. Lo aprieto. Y le doy al botón. El café humeante empieza a salir por el agujero. Ya está.

Me voy a mi butaca.

Un cigarrillo.

El azúcar al café. Unas vueltas.

Me recuesto.

Un día te levantas. Y estás de mal humor. No hay una razón. Pero estás. Parece que todos se ponen de acuerdo para hacértelo un poco más difícil. No son cosas importantes. Pero, si estás así, todo te influye. Mi jefe llevaba ya tiempo tranquilito. Pues estos días, ya no lo está. Espía, y espía. Y exige. Tu familia, parecía un tiempo tranquilita. Pues, no. Parece que se empeñan en hacerte las cosas más difíciles. Machacan y machacan.

Sales a cenar con unos amigos. Tiempo sin verles. Hay que poner al día. Y revisar las cosas que han pasado en los últimos meses, me sienta mal.

Otra vez. Un par de vueltas. Una calada a este nuevo cigarrillo. No pasa. No consigo que esa rabia interna disminuya.

He cambiado la sonrisa, por la cara hosca. No me sale sonreír. Si lo hago, me siento un farsante. Así que no lo hago.

Otra calada. Un sorbo. De café. Cortado. Solo una gota de leche.

Y el teléfono no suena estos días. Ni falta que hace. ¿O sí? Pero da igual. Tampoco es cuestión de amargar al valiente que marque mi número.

Un amigo me aconseja hacer algo. Comprar. Un piso, unas camisas, un libro. Pero no tengo fuerzas de hacer cosas importantes. No tengo empuje ahora. Ni nunca. Pero ahora menos. ¿Para qué? No voy a disfrutar de nada de lo que compre. Tengo cientos de libros pendientes de leer. Comprados, pero sin quitar el plástico. Un piso, no lo iba a habitar ahora. No tengo fuerzas para embarcarme en eso. No tengo fuerzas ni para sacarme unas fotos para renovar el carnet.

Acabo el café.

Acabo el cigarrillo.

Me quedo amodorrado.

Me duermo.

Quizás mañana sea el día. El día que vuelva a cambiar el ceño fruncido por una leve sonrisa.

Hoy no tengo abrazos. No tengo besos. Pero puede que mañana, sí sea el día. O puede que sea pasado. O al otro.

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.


 
Una plaza, una conversación, un silencio, un amigo...
Un perrito se acerca. Intenta subirse encima de mí. Pero el pobre no lo consigue.
Buen tiempo. Unos rayos de sol. Calorcito.
Una plaza. Escondida. Pequeña.
Un banco. De piedra. Enfrente, una fuente.
Un libro.
Unos pajaritos ponen banda sonora.
Un chico, saca fotos incansablemente. Con trípode. Fotografía ropa. La pone en el suelo, con distintas formas y composiciones. Y le da al botón. Una chica se acerca, y le da un beso en la mejilla. Apenas para un segundo para devolver el beso, y sigue mirando por el visor.
Un cigarrillo.
Un chasquido del encendedor. Un Zippo.
La primera calada.
Las piernas cruzadas, estiradas.
Él llega.
- ¿Te conozco? – dice.
Una sonrisa. En los ojos.
Me levanto. Un abrazo. Fuerte. Largo.
Otra calada.
Nos sentamos.
Hablamos. De ti, de mi, de ellos.
Una calada.
- ¿Comemos? – digo, o dice.
Y nos levantamos.
Tenemos suerte. Comemos rápido. Para volver a la plaza.
Otro banco. También de piedra. Uno al lado del otro.
Un cigarro.
Un chasquido. Un encendedor. Zippo.
Una calada. La primera.
Y una conversación. Sobre él, sobre mí, sobre quererse a uno mismo, sobre qué hacer mañana. Arreglamos el mundo. Nuestras vidas. Mostramos anhelos. Miedos. Temores. ¿Ilusiones?
Y un silencio.
Y otra conversación. Risas. Sarcasmo, ironía.
Y otro maravilloso silencio. Un silencio compartido.
Unos perritos llegan para saludarnos.
El tiempo pasa. Volando. Como cuando estás a gusto.
Se levanta. Es la hora.
Un abrazo.
Un “te quiero” en la mirada.
Otro “te quiero” en la sonrisa.
Un placer. Mutuo y compartido.


Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

 
Me vuelvo a sentar en mi butaca...

Hacía tiempo que no me sentaba en esta butaca. Que no ponía los pies encima del Puff. Que no removía este café, calentito, humeante. Con una gota de leche.

Hacía tiempo que no perdía mis pensamientos por la inmensidad del espacio. Que no dejaba vagar esta mente que llevo sobre los hombros, por la inmensidad del espacio, del tiempo.

Y hoy es un buen día. Podría haber sido hace unos días. Pero chueca, y su madre, Ya.com, decidieron funcionar de esa manera en que nadie los puede ver. Es como para indicarnos a los que nos alojamos en estas páginas, que nos busquemos otras habitaciones en otras casas. Es una pena que, un sitio que debería ser referencia para hombres gays, de toda condición, no funcione bien. Y dé menos prestaciones y menos facilidades que cualquier sitio como blogger ó wordpress. Un día puede que haga esa mudanza, a otra habitación, en otra casa. Aunque la verdad, para lo que escribo últimamente...

Enciendo mi cigarrillo. La primera calada, esa, en la que enciendes el cigarrillo, profunda, embriagadora. Esa calada que hace que, recuestes la cabeza sobre la butaca, descansando el cuello. Y que hace que, después de mantener unos segundos el humo dentro de tus pulmones, lo sueltes despacio, con un suspiro de satisfacción, de relax. Los pies subidos en el puff. Con las piernas cruzadas. El cigarrillo en la mano izquierda. En la derecha, esa cucharilla, dando vueltas a ese maravilloso café. Y la mente...

Aquí, relajado, intento pensar en todas esas cosas que me ponen nervioso, que me alteran. Para verlas de diferente forma. Intento observar a ese amigo. Ese que puede que lea un día este post. Ese amigo que, estará intentando leer esto sin que su madre se entere de lo que está leyendo. Una madre que, está sentada cerca de su ordenador. Para ver. Y si puede, escuchar.

Un sorbito. ¡¡Humm, qué rico me salió el café!! Una calada. El humo subiendo. Una voluta ha hecho el pino. Otra, ha dibujado un violín.

Las cosas aparecen y desaparecen de la cabeza, sin descanso. Situaciones que, son agobiantes en un instante, puede que al instante siguiente, sean un mar en calma. Sólo hace falta encontrar la forma de templar las cosas. Cosa nada fácil. Pero muchos tenemos la mala costumbre de comernos las cosas. De quedárnoslas dentro. ¿Para que vamos a preocupar a ese amigo, a esa amiga? ¿Por qué vamos a resultar patéticos?

¡Este café está delicioso!

Amigos. No es fácil poder llamar, sentir a alguien así. Como un amigo. Pero, si podemos sentirlo así, es porque nunca resultaremos patéticos a su vista. Porque siempre tendremos su hombro para llorar. Porque nos gustará que llore en nuestro hombro. Y hace tanto bien... Y cuesta. No es fácil. Pero es necesario.

Se acaba el cigarrillo. Descansa ahí, en el cenicero de cristal. Se acaba el café. Siempre para dos. Para mí, y la persona que me acompaña hoy en mis pensamientos.

Tengo que seguir escribiendo una historia. Iñaki, Arnau, Perro, Jose, Israel... todos deben seguir escribiendo su historia. Una historia que puede parecerse a la tuya. O a la de él. Historias que parecen a veces inverosímiles. Pero la vida, es inverosímil. Puede ser tu historia la que escriba. O la de él.

No hay que olvidarse de una cosa.

Que dejarse abrazar y besar, hace las cosas mucho más bonitas.