Recuerdo...
...ese día...
Empezamos pronto a trabajar. Acabamos tarde. Muy tarde.
Hubo problemas. La llamé. Y ella tuvo que venir corriendo desde otro establecimiento para ayudar. Dejó todo y vino. Y disimulando. Como si se aburriera y pasaba por allí por casualidad. No había que herir susceptibilidades. Los cocineros son muy susceptibles. Y más si es su cuñado.
Todo salió bien.
Luego, en el Pub, dónde había unos sillones de esos que te sientas y ni una grúa te levanta, con los pies apoyados en las mesas, de esas bajas, nos reíamos con las batallitas de ese día. Eran ya las 5 de la madrugada. Y acabábamos de sentarnos. Desde las 9 de la mañana, no estuvo mal.
Ahora estoy sentado en mi butaca orejera preferida. Con mi columna de humo. Mi cigarrillo en los dedos. Y mis pies apoyados en un taburete de esos.
Una calada. Una lágrima. De esas que no pueden salir. Esas duelen más.
Esta voluta de humo, la última, me trae otros recuerdos.
Porque todo no es color de rosas. Y también vienen a la cabeza esos tiempos de peleas, de incomprensiones. De celos. O yo qué sé. De meses de evitarnos. De hablar por medio de terceros.
Ahora, aquí sentado, no puedo recordar como empezó todo. Y mucho menos el por qué. Recuerdo que había un chico por medio. Alguien que me hacía tilín, y que me comió el seso durante años. Recuerdo ahora, conversaciones, puyas que lanzaba. E historias que luego llegaron a mis oídos sobre ellos. No recuerdo si eran historias de antes, o de después. O invenciones maledicientes. ¿Celos? ¿Pudieron ser celos?
Entonces hice intención mental de enterarme de todo algún día. Pero quizás, hoy, ya no vale la pena. Porque escribiendo esto, ahora mismo me está volviendo esa sensación de angustia. Esa sensación que tuve muchas veces entonces. Esa misma sensación que tengo ahora muy a menudo, pero no sé muy bien por qué motivos. Pero ese es otro tema.
Desde hace unas semanas, he vuelto al sitio dónde nos conocimos. Donde trabajamos, reímos y discutimos. Un sitio que, en los últimos años, no quiso volver a pisar por lo menos para trabajar. Su marido sí, ha vuelto. Una huida hacia delante, me temo. Porque es inevitable recordar muchas cosas de aquellos momentos. Revivir. Y recordar. Y tenerla presente. Es imposible no hacerlo.
Porque ella murió hace unos meses.
Y porque yo no estuve con ella en su enfermedad.
Porque no pude.
Porque no tuve cuajo para ello.
No puedo evitar que salga otra lágrima. Y otra. Mientras, apuro el café. Y apago el cigarrillo.
Hoy, necesitaría uno de esos abrazos que tanto recomiendo. Y unos cuantos besos.
Comentario:
Gracias Akira.
Los besos y los abrazos, siempre son bienvenidos.
Unos cuantos para ti.
Los besos y los abrazos, siempre son bienvenidos.
Unos cuantos para ti.
Comentario:
Si te sirve de algo, ahi tienes un abrazo y un beso mío, majo. Espero que te animes.
Hasta pronto y... eso, intenta ser feliz, te lo mereces.
Hasta pronto y... eso, intenta ser feliz, te lo mereces.