Mi tren de vida y el tren de vida que creen que llevo.
Buenas a todos. Todo ha empezado comiendo. Mi madre se lamentaba de lo mal que nos va con la frutería y ha empezado a hablar de los trabajos que podía hacer una vez cerrada la frutería (se da por hecho de que cuando haga un año, la frutería se cierra). Yo odio que mi madre trabaje (pataleta de niñato) y siempre se lo digo. Y ella siempre me contesta que me tiene que mantener a mí. Eso me hace sentir a mí muy culpable. Hemos acabado de comer y ahí se ha quedado la conversación.
Allá las 17:00 me he bajado con el albornoz para ducharme y me ha preguntado que dónde iba, que por qué me duchaba tan pronto. Yo le he contestado que me duchaba ya porque a las 18:00 venía la niña que le doy repaso y a las 19:30 quedado para ir al teatro con Telma y que luego iríamos a cenar y a tomar algo por ahí. Ha estallado la guerra.
“Tú te estás pasando. Ese tren de vida no lo puedes llevar. Fallas, teatro, comidas, cenas…Te estás pasando y mucho.” A mí eso me ha afectado mucho ya que cuando me quedo en casa por falta de dinero mis padres se empiezan a preocupar. Me ven triste dicen. Y a veces no se equivocan. Además ella ha reaccionado así porque está muy agria desde lo de la frutería. La pobre no levanta cabeza y lo paga con nosotros. Yo le he contestado que qué es lo que quieren. Que salga, que me quede en casa…Todo ha acabado así: mi madre me ha dicho que asiente la cabeza, que no toda la vida es color de rosa y que me centre más. Pobre ilusa. No sabe que todo lo que hago es para evadirme, que en el fondo estoy triste y no sé por qué. Siento muy a menudo vacíos en mí (últimamente no es el caso pero vaya, seguro que pronto cae otro bajón). Y yo no sé cómo explicárselo. No quiero que ellos me vean más triste.
Yo estoy triste. Ellos me ven feliz. Si yo les digo que estoy triste, ellos estarán más tristes y eso me hará más triste a mí. No sé si me explico (Vaya proyecto de filólogo que estoy hecho…)
La verdad es que últimamente, con las Fallas y todas estas cosas me había sentido muy bien. Estaba feliz. Tenía más ilusión por todo. La discusión hoy con mi madre me ha hecho que vuelva a pensar sobre todo: qué estoy haciendo con mi vida, si lo estoy haciendo bien, si lo estoy haciendo mal…En fin, todo eso.
Me voy al teatro, a ver si esta noche me duermo pensando en mí o en algo que no me haga sufrir por mí.
Un abrazo a todos.
Allá las 17:00 me he bajado con el albornoz para ducharme y me ha preguntado que dónde iba, que por qué me duchaba tan pronto. Yo le he contestado que me duchaba ya porque a las 18:00 venía la niña que le doy repaso y a las 19:30 quedado para ir al teatro con Telma y que luego iríamos a cenar y a tomar algo por ahí. Ha estallado la guerra.
“Tú te estás pasando. Ese tren de vida no lo puedes llevar. Fallas, teatro, comidas, cenas…Te estás pasando y mucho.” A mí eso me ha afectado mucho ya que cuando me quedo en casa por falta de dinero mis padres se empiezan a preocupar. Me ven triste dicen. Y a veces no se equivocan. Además ella ha reaccionado así porque está muy agria desde lo de la frutería. La pobre no levanta cabeza y lo paga con nosotros. Yo le he contestado que qué es lo que quieren. Que salga, que me quede en casa…Todo ha acabado así: mi madre me ha dicho que asiente la cabeza, que no toda la vida es color de rosa y que me centre más. Pobre ilusa. No sabe que todo lo que hago es para evadirme, que en el fondo estoy triste y no sé por qué. Siento muy a menudo vacíos en mí (últimamente no es el caso pero vaya, seguro que pronto cae otro bajón). Y yo no sé cómo explicárselo. No quiero que ellos me vean más triste.
Yo estoy triste. Ellos me ven feliz. Si yo les digo que estoy triste, ellos estarán más tristes y eso me hará más triste a mí. No sé si me explico (Vaya proyecto de filólogo que estoy hecho…)
La verdad es que últimamente, con las Fallas y todas estas cosas me había sentido muy bien. Estaba feliz. Tenía más ilusión por todo. La discusión hoy con mi madre me ha hecho que vuelva a pensar sobre todo: qué estoy haciendo con mi vida, si lo estoy haciendo bien, si lo estoy haciendo mal…En fin, todo eso.
Me voy al teatro, a ver si esta noche me duermo pensando en mí o en algo que no me haga sufrir por mí.
Un abrazo a todos.
CERRADO
Este blog permanecerá cerrado hasta el día 20 por motivos personales.
(Las Fallas me llaman. Os invito a todos a que vengáis a Valencia a las Fallas. Son para mear y no echar gota. Un non-stop.)
Un abrazo.
(Las Fallas me llaman. Os invito a todos a que vengáis a Valencia a las Fallas. Son para mear y no echar gota. Un non-stop.)
Un abrazo.
Mi fin de semana. 2ª Parte: Sábado y domingo.
El sábado transcurre con normalidad. Me levanto tarde, ayudo en la frutería a mi madre, como arroz de pescado, veo una película (“La carta” de Bette Davis. Normalita.) y luego me ducho. Me llama una amiga para quedar por la noche. Quedamos. Salimos a cenar y nos pegamos un gran festín. Cuando vamos a pagar no nos llega y decidimos irnos sin pagar, pero el encargado, acechante desde una esquina del restaurante e intuyendo nuestras intenciones, se acerca e inocentemente dice “¿en efectivo o tarjeta?” yo le doy cabizbajo mi tarjeta y me apeno de lo aceleradamente que está menguando. Después nos vamos al casal de una falla donde tocaba su novio. Entramos. Previamente ella me advierte de la gente que me voy a encontrar (oboístas, trompetistas, “alguna zorra que le tira los trastos a mi novio”, clarinetistas, saxofonistas…Lo normal, vamos).
Yo me canso pronto y le digo que me voy a mi casa. Cojo el coche y me voy. Cuando llego a mi casa me doy cuenta de que no llevo bolso y consecuentemente tampoco llaves de casa, móvil, dinero…Horror. Yo y mi maldita manía de llevar las llaves del coche en el bolsillo y no en el bolso. Si las hubiera llevado en el bolso no me lo hubiera dejado por cualquier sitio. Me digo “no pasa nada, mi madre se despertará y me abrirá, ya que siempre me oye cuando llego…”. Iluso de mí. Casi fundo el timbre, hago añicos la cristalera de la puerta, convierto en giratorio el picaporte…Hasta tiré piedras a la persiana del balcón, que da a su habitación. Nada. Chillo “mamá, papá”, para que sepan que soy yo y no les quepa la mínima duda, ya que igual se piensan que es un ladrón o que mi tía la borracha ya ha vuelto a llegar ebria al pueblo (antecedentes en el post de ayer). Nada, no me abren. Ya ha pasado media hora. De repente, la puerta de enfrente de mi casa se abre. Es mi vecina. Su vida es una mezcla de tranquimazines, whiskys, una abuela bruja, un abuelo quejita, una madre atormentada, una hermana horrenda y una sobrina medio marciana. Así está la pobre, majareta perdida. La tía me pregunta que qué hago y yo le contesto con humor, pero la tía se empieza a reír de mi en mi cara. Descaradamente. Ruidosamente. En mi cara. Me cabreo profundamente. Ya está. Cojo el coche y me voy al pueblo de al lado, donde vive mi hermana los fines de semana (aún no está casada pero tiene la casa, con lo cual sólo va a la casa a jugar a médicos [ginecólogos, más concretamente]. Mi cuñado se sorprende, pero yo se lo explico y entonces me da las llaves de mi hermana, las de mi casa. Llego a mi casa y llamo a mi amiga “Aurora, ¿me he dejado allí el bolso?”. Me alivia su respuesta. Me echo a dormir.
(Zzzzzzzz….)
Domingo de buena mañana me despierta mi madre como cada domingo para acudir a la caseta de mi abuela a pasar el día con mis 15 tíos y tías y mis 14 primos. Qué ilusión. Les explico a mis padres lo que me pasó anoche como muy afectado y ellos se lo toman a risa. La verdad es que hoy yo también. Vamos a la caseta. De camino intento leer “El sombrero de tres picos”, que me lo han mandado a la facultad, pero me resulta imposible. Leo dos artículos de El País Semanal que me dejó Aurora. Me encantan. Uno es de cuando Ava Gardner visitaba España y otro es del nacimiento de la música disco en los 70 y del Studio 54 con fotos de Rod Stewart, Grace Jones, Dalí, Bianca Jagger…Cómo me hubiera gustado ir a esa discoteca. Llegamos a la caseta. Allí hablo con mis primos de varias cosas: con la mayor de qué fotos de su boda quiere que le imprima en papel fotográfico, con otro de las drogas que se metió anoche, con otra de pasarela de los Oscar, con otro de las fiestas populares del pueblo...Bastante entretenido la verdad. De fondo se oye a mi tía ya cargadita de vino exigir ginebra para el café (la pobre no tiene remedio). Comemos todos paella al sol. Y eso le afecta a mi tía. Nada más comer se pone a cantar y a bailar repetidamente “Ai llast guont chu sei ai lof llu”, mítica de Stevie Wonder. Los menos catastrofistas nos reímos y los otros lloran el cambio de mi tiíta en cuestión. “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, dice un tío mío.
Yo me bajo antes de la caseta porque he quedado para ir al teatro con Diana, mi amiguísima. Me ducho con la música a toda paleta (“Walkabout”, lo nuevo de Najwa Nimri. Sobre todo “I like it”. Temazo.) Cojo el metro y me reúno con ella. Sorpresa, también viene su amigo el actor en potencia bisexual. Me llevo un gran chasco. No es como me lo imaginaba. Está bastante empanado y es un poco borde. No sé. Vemos la obra: Frankenstein. A mí me gusta pero no en demasía. Sorprende lo cerca que estamos del escenario; casi olemos el aliento de los actores. Cojo un taxi para ir a donde tengo el coche, bastante lejos del centro. Volviendo con el coche ponen en la radio “Da ya think I’m sexy?” de Rod Stewart y me emociono. Abro las ventanillas y todo. Voy a coger una pulmonía, pienso. Pero me da igual. Llego a casa. Ceno.Telma me llama. 46:58 minutos nos tiramos hablando, comentando sobre todo lo acontecido el viernes en torno a nosotros, Darío y Sofía. Cuando acabamos de hablar bebo leche fría y para dormirme me pongo en el ordenador “La soga” de Hitchcock. Me duermo antes de que aparezca James Stewart, imaginaos. Mañana será otro día. Muchísimos abrazos a todos.
Yo me canso pronto y le digo que me voy a mi casa. Cojo el coche y me voy. Cuando llego a mi casa me doy cuenta de que no llevo bolso y consecuentemente tampoco llaves de casa, móvil, dinero…Horror. Yo y mi maldita manía de llevar las llaves del coche en el bolsillo y no en el bolso. Si las hubiera llevado en el bolso no me lo hubiera dejado por cualquier sitio. Me digo “no pasa nada, mi madre se despertará y me abrirá, ya que siempre me oye cuando llego…”. Iluso de mí. Casi fundo el timbre, hago añicos la cristalera de la puerta, convierto en giratorio el picaporte…Hasta tiré piedras a la persiana del balcón, que da a su habitación. Nada. Chillo “mamá, papá”, para que sepan que soy yo y no les quepa la mínima duda, ya que igual se piensan que es un ladrón o que mi tía la borracha ya ha vuelto a llegar ebria al pueblo (antecedentes en el post de ayer). Nada, no me abren. Ya ha pasado media hora. De repente, la puerta de enfrente de mi casa se abre. Es mi vecina. Su vida es una mezcla de tranquimazines, whiskys, una abuela bruja, un abuelo quejita, una madre atormentada, una hermana horrenda y una sobrina medio marciana. Así está la pobre, majareta perdida. La tía me pregunta que qué hago y yo le contesto con humor, pero la tía se empieza a reír de mi en mi cara. Descaradamente. Ruidosamente. En mi cara. Me cabreo profundamente. Ya está. Cojo el coche y me voy al pueblo de al lado, donde vive mi hermana los fines de semana (aún no está casada pero tiene la casa, con lo cual sólo va a la casa a jugar a médicos [ginecólogos, más concretamente]. Mi cuñado se sorprende, pero yo se lo explico y entonces me da las llaves de mi hermana, las de mi casa. Llego a mi casa y llamo a mi amiga “Aurora, ¿me he dejado allí el bolso?”. Me alivia su respuesta. Me echo a dormir.
(Zzzzzzzz….)
Domingo de buena mañana me despierta mi madre como cada domingo para acudir a la caseta de mi abuela a pasar el día con mis 15 tíos y tías y mis 14 primos. Qué ilusión. Les explico a mis padres lo que me pasó anoche como muy afectado y ellos se lo toman a risa. La verdad es que hoy yo también. Vamos a la caseta. De camino intento leer “El sombrero de tres picos”, que me lo han mandado a la facultad, pero me resulta imposible. Leo dos artículos de El País Semanal que me dejó Aurora. Me encantan. Uno es de cuando Ava Gardner visitaba España y otro es del nacimiento de la música disco en los 70 y del Studio 54 con fotos de Rod Stewart, Grace Jones, Dalí, Bianca Jagger…Cómo me hubiera gustado ir a esa discoteca. Llegamos a la caseta. Allí hablo con mis primos de varias cosas: con la mayor de qué fotos de su boda quiere que le imprima en papel fotográfico, con otro de las drogas que se metió anoche, con otra de pasarela de los Oscar, con otro de las fiestas populares del pueblo...Bastante entretenido la verdad. De fondo se oye a mi tía ya cargadita de vino exigir ginebra para el café (la pobre no tiene remedio). Comemos todos paella al sol. Y eso le afecta a mi tía. Nada más comer se pone a cantar y a bailar repetidamente “Ai llast guont chu sei ai lof llu”, mítica de Stevie Wonder. Los menos catastrofistas nos reímos y los otros lloran el cambio de mi tiíta en cuestión. “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, dice un tío mío.
Yo me bajo antes de la caseta porque he quedado para ir al teatro con Diana, mi amiguísima. Me ducho con la música a toda paleta (“Walkabout”, lo nuevo de Najwa Nimri. Sobre todo “I like it”. Temazo.) Cojo el metro y me reúno con ella. Sorpresa, también viene su amigo el actor en potencia bisexual. Me llevo un gran chasco. No es como me lo imaginaba. Está bastante empanado y es un poco borde. No sé. Vemos la obra: Frankenstein. A mí me gusta pero no en demasía. Sorprende lo cerca que estamos del escenario; casi olemos el aliento de los actores. Cojo un taxi para ir a donde tengo el coche, bastante lejos del centro. Volviendo con el coche ponen en la radio “Da ya think I’m sexy?” de Rod Stewart y me emociono. Abro las ventanillas y todo. Voy a coger una pulmonía, pienso. Pero me da igual. Llego a casa. Ceno.Telma me llama. 46:58 minutos nos tiramos hablando, comentando sobre todo lo acontecido el viernes en torno a nosotros, Darío y Sofía. Cuando acabamos de hablar bebo leche fría y para dormirme me pongo en el ordenador “La soga” de Hitchcock. Me duermo antes de que aparezca James Stewart, imaginaos. Mañana será otro día. Muchísimos abrazos a todos.
MI FIN DE SEMANA. 1ª PARTE: Viernes.
Este fin de semana ha sido muy especial. No han transcurrido grandes cosas pero las que han transcurrido han contribuido extrañamente a crear en mí una paz interior y una cierta felicidad a la cual no soy muy propenso. Lo voy a contar todo con pelos y señales (más señales que pelos, por favor). Todo, todo, todo. Porque hasta los más ínfimos detalles son importantes, dada su hilarancia o se transcendencia. Tías borrachas, amigos descubiertos, vecinas retrasadas, obras de teatro y sesiones de Dicciopinta y marihuana se dan cita en la gran aventura de mi fin de semana.
Todo empieza el viernes de madrugada. Me despierto sobresaltado por los gritos de un hombre “Vaig a cridar a la policia! (Voy a llamar a la policía)”. Mi curiosidad desmedida me llevó a levantarme de la cama y enterarme de quien chillaba en la calle. A medida que me acercaba a la puerta los gritos se oían de más cerca y al final, asustado, opté por no asomarme a la puerta y subir a la terraza y asegurarme de no ser visto. Cuando iba a subir a la terraza, mi hermana, chillando desde su cama, me dijo que dejara de hacer ruido y me acostara. Tuve que hacerlo porque mi hermana tiene muy mala leche. “Celia, ¿oyes esos ruidos?”. “Cállate ya y a dormir”. Ahí se quedó la cosa. Al día siguiente me despierto y le pregunto a mi madre y a mi hermana si habían oído algo. Ambas me contestaron que no. Yo me fui a la facultad tan tranquilo y mi curiosidad quedó insaciada. No por mucho tiempo…ja, ja, ja [carcajada de miedo].
Las clases en la facultad transcurren con normalidad, con aburrimiento. Cabe destacar que no veo al filólogo inglés de mirada verdosa ni al madurito preguntón. Cuando me voy a subir al coche para volverme a casa me suena el móvil. Es mi amiga Telma. Quiere que vayamos a la mascletà (typical fallas in Valencia) y coma con ella y con Darío, un amigo suyo (Aclaración: a ella le encanta él, es guapísimo de verdad, pero a mí me da que es gay, por razones que luego explicaré). Yo acepto encantado, me apetece. Vamos a la mascletà (mucho ruido, como de costumbre; poco agobio, raro). Luego vamos a comer juntos y nos reunimos con un amigo de ellos que no me cae nada bien. Hablan sobre qué harán en Pascua y no se deciden: Oviedo, Bilbao, París…El amigo que me cae mal se va porque tiene clase y no sacan nada en claro. Luego vamos con coche al piso de Darío. Allí oímos música (su música: Gloria Gaynor, Rocío Jurado, Mónica Naranjo…Esto cuanto menos constituye una pista consistente sobre su sexualidad no?). Él está muy raro, como triste (es la típica persona fría, inexpresiva que se siente sola. Padece de ansiedad). Decidimos qué haremos esa noche: ir al piso de la hermana de Telma, que esta vacío porque la susodicha hermana se ha ido a vivir a Asturias; y allí cenaremos, veremos una película en blanco y negro o haremos algo. De repente llama Sofía, una intimísima amiga de Darío de la cual Telma está celosísima por la relación que llevan (son dos personas solitarias, que solo se tienen el uno al otro en la soledad de la urbe. Duermen juntos y se cuentan secretitos. Si esto no es otra pista que venga la Virgen y que me lo diga). Telma y yo la llamamos “pseudonajwa de pacotilla”. Total, que se viene, con el enfado consecuente de Telma. Bueno, nos vamos al piso los cuatro con mi coche. Cuando llegamos empezamos a fumar marihuana y luego vamos a cenar al chino. Hacemos la típica gracia de pedir puntillas con limón a la pobre china y ésta nos mira extrañados. Ya es típico en nuestras cenas. Nos hace tanta gracia…Bueno luego volvemos al piso y seguimos fumando y jugando al Dicciopinta (consiste en adivinar palabras haciendo dibujos, el Pictionary de mercadillo, vamos). Se nos hacen las tantas entre risas y miradas cómplices y a las 5 cogemos el coche para llevarlos a su casa (Darío y Sofía duermen juntos en casa de Darío, importante apunte). Y al volver Telma y yo comentamos la noche larga y tendidamente, entre dudas, aclaraciones, pajas mentales y demás. Me fui a mi casa. Cuando llego a mi casa está mi madre despierta y coge y me cuenta que los gritos del hombre la noche anterior eran de un taxista que había dejado a una tía mía hermana de mi madre (es una tía díscola, alcohólica, que vive con mi abuela y mis otros dos tíos solteros y siempre nos está haciendo sufrir). Resulta que mi tía vino toda ciega de Valencia y se metió en casa y no salió a pagarle. El pobre taxista llamó insistentemente al timbre y mi tía, que cuando bebe triplica su fuerza y su mala leche, salió a pagarle, pero a pagarle con el palo de la escoba. Según cuenta mi abuela, le dio palazos en la cabeza y en el coche hasta que se cansó. Madre mía.
Aquí acaba el viernes. El sábado y el domingo los relataré mañana. Lo especial del día radica en que estuve con gente como yo, aislado de mi gente habitual. Desconecté y me sentí muy bien toda la noche. Además fue la reafirmación de mi amistad con Telma, a la que adoro. Muchas gracias por leerlo todo. ¿Valía la pena?. Os dejo la llave, no la perdáis, que ya os contaré mañana lo que me paso con la puñetera llave el sábado. Un abrazo a todos.
Todo empieza el viernes de madrugada. Me despierto sobresaltado por los gritos de un hombre “Vaig a cridar a la policia! (Voy a llamar a la policía)”. Mi curiosidad desmedida me llevó a levantarme de la cama y enterarme de quien chillaba en la calle. A medida que me acercaba a la puerta los gritos se oían de más cerca y al final, asustado, opté por no asomarme a la puerta y subir a la terraza y asegurarme de no ser visto. Cuando iba a subir a la terraza, mi hermana, chillando desde su cama, me dijo que dejara de hacer ruido y me acostara. Tuve que hacerlo porque mi hermana tiene muy mala leche. “Celia, ¿oyes esos ruidos?”. “Cállate ya y a dormir”. Ahí se quedó la cosa. Al día siguiente me despierto y le pregunto a mi madre y a mi hermana si habían oído algo. Ambas me contestaron que no. Yo me fui a la facultad tan tranquilo y mi curiosidad quedó insaciada. No por mucho tiempo…ja, ja, ja [carcajada de miedo].
Las clases en la facultad transcurren con normalidad, con aburrimiento. Cabe destacar que no veo al filólogo inglés de mirada verdosa ni al madurito preguntón. Cuando me voy a subir al coche para volverme a casa me suena el móvil. Es mi amiga Telma. Quiere que vayamos a la mascletà (typical fallas in Valencia) y coma con ella y con Darío, un amigo suyo (Aclaración: a ella le encanta él, es guapísimo de verdad, pero a mí me da que es gay, por razones que luego explicaré). Yo acepto encantado, me apetece. Vamos a la mascletà (mucho ruido, como de costumbre; poco agobio, raro). Luego vamos a comer juntos y nos reunimos con un amigo de ellos que no me cae nada bien. Hablan sobre qué harán en Pascua y no se deciden: Oviedo, Bilbao, París…El amigo que me cae mal se va porque tiene clase y no sacan nada en claro. Luego vamos con coche al piso de Darío. Allí oímos música (su música: Gloria Gaynor, Rocío Jurado, Mónica Naranjo…Esto cuanto menos constituye una pista consistente sobre su sexualidad no?). Él está muy raro, como triste (es la típica persona fría, inexpresiva que se siente sola. Padece de ansiedad). Decidimos qué haremos esa noche: ir al piso de la hermana de Telma, que esta vacío porque la susodicha hermana se ha ido a vivir a Asturias; y allí cenaremos, veremos una película en blanco y negro o haremos algo. De repente llama Sofía, una intimísima amiga de Darío de la cual Telma está celosísima por la relación que llevan (son dos personas solitarias, que solo se tienen el uno al otro en la soledad de la urbe. Duermen juntos y se cuentan secretitos. Si esto no es otra pista que venga la Virgen y que me lo diga). Telma y yo la llamamos “pseudonajwa de pacotilla”. Total, que se viene, con el enfado consecuente de Telma. Bueno, nos vamos al piso los cuatro con mi coche. Cuando llegamos empezamos a fumar marihuana y luego vamos a cenar al chino. Hacemos la típica gracia de pedir puntillas con limón a la pobre china y ésta nos mira extrañados. Ya es típico en nuestras cenas. Nos hace tanta gracia…Bueno luego volvemos al piso y seguimos fumando y jugando al Dicciopinta (consiste en adivinar palabras haciendo dibujos, el Pictionary de mercadillo, vamos). Se nos hacen las tantas entre risas y miradas cómplices y a las 5 cogemos el coche para llevarlos a su casa (Darío y Sofía duermen juntos en casa de Darío, importante apunte). Y al volver Telma y yo comentamos la noche larga y tendidamente, entre dudas, aclaraciones, pajas mentales y demás. Me fui a mi casa. Cuando llego a mi casa está mi madre despierta y coge y me cuenta que los gritos del hombre la noche anterior eran de un taxista que había dejado a una tía mía hermana de mi madre (es una tía díscola, alcohólica, que vive con mi abuela y mis otros dos tíos solteros y siempre nos está haciendo sufrir). Resulta que mi tía vino toda ciega de Valencia y se metió en casa y no salió a pagarle. El pobre taxista llamó insistentemente al timbre y mi tía, que cuando bebe triplica su fuerza y su mala leche, salió a pagarle, pero a pagarle con el palo de la escoba. Según cuenta mi abuela, le dio palazos en la cabeza y en el coche hasta que se cansó. Madre mía.
Aquí acaba el viernes. El sábado y el domingo los relataré mañana. Lo especial del día radica en que estuve con gente como yo, aislado de mi gente habitual. Desconecté y me sentí muy bien toda la noche. Además fue la reafirmación de mi amistad con Telma, a la que adoro. Muchas gracias por leerlo todo. ¿Valía la pena?. Os dejo la llave, no la perdáis, que ya os contaré mañana lo que me paso con la puñetera llave el sábado. Un abrazo a todos.
Tres Adonis y una utopía
Tres Adonis. Tres. Un prefilólogo inglés del cual no sé ni el nombre, un prefilólogo hispánico que me tiene mareado y un aspirante a actor que va de pasota y quiere ser cool. Esos tres me gustan.
Del primero me encanta su cara de buena persona y su mirada verde y penetrante. Se le ve una persona romantiquísima, afable y de gran conversación. En época de exámenes lo veía todos los días en la biblioteca con su portátil chupando Internet comunitario. Nos cruzábamos miradas. Yo acudía a la biblioteca y me pasaba algún rato indagando en Internet para estar cerca de él y verlo con más detenimiento. Un día de esos vi que hacía un trabajo de George Bernard Shaw (del cual me tuve que leer el año pasado su famoso Pygmalion, obra en la que se basa My fair lady, de George Cukor y con Autrey Hepburn como inolvidable proyecto de mujer refinada). Bueno que me voy por los cerros de Úbeda hablando de cine…El caso, ahí intuí que hacía Filología Inglesa (que hacía filología lo sabía porque ya lo había visto en la facultad). Otro día vi en su portátil que estaba haciendo un trabajo sobre algo. Un epígrafe decía The Queensberry Scandal. De algo me suena esto. Coño, si es el escándalo que llevó a Oscar Wilde a la cárcel, cuando se supo que mantenía una relación con Lord Alfred Douglas, el hijo del marqués de Queensberry. ¿Cosas del destino? El caso, me encanta. Me gusta su cara. Intuyo que también su forma de ser. Y como le guste Oscar Wilde, ya es la repera.
El otro es filólogo hispánico de pura cepa y sin lugar a dudas. Viene a muchas clases conmigo. Es el típico madurito (bien entrada la década de los 20), que no lo estoy llamando viejo, sino que extraña en una clase donde la mayoría son gente de 19-20 años. Se sienta solo y en muy pocas ocasiones con sus compañeros, ya que estos vienen de uvas a peras como dice mi amiga Lola de Cuenca. Yo lo observaba. Era misterioso. Un día, entrando en un descanso de clase, un compañero suyo me llama y me pregunta que si les puedo dejar algunos apuntes, ya que tienen huecos (typical universitary). Yo se los dejo encantado. Al día siguiente me los devuelve el madurito en cuestión y me dice que él me puede dejar los suyos si quiero. Total que me los deja y me apunta su número de teléfono y su nombre en la primera hoja de sus apuntes. Yo me quedo un poco parado. No sé cómo interpretarlo, ya que no estoy acostumbrado a que me tiren los tejos y por tanto no sé reconocer la situación de tiramiento de tejos. Pasan los días y hablamos, nos vamos conociendo. Es muy majo. Pero un día que me pregunta de dónde soy me suelta que él tenía una novia en el pueblo de al lado con la que llevaba 4 años y que un año antes lo había dejado. Tantas pistas y tan equívoca la solución. No sé.
El tercero es un amiguísimo de una amiguísima mía de la cual hablaré mucho en este blog. Estudia primero de Arte Dramático, es bisexual y tiene mucho morbo. Sólo lo conozco en fotos pero me atrae cantidad y sé que llegará el día en que coincidamos porque ambos somos amiguísimos de la Amiguísima en cuestión. Es cool pero dice que el es pasota. Es cinéfilo, muy maduro y atractivísimo.
Mi corazón y mi líbido andan por estos caminos adonisíacos. No creo que ninguno sea la persona que quiero a mi lado y que me proteja como bien define Javi, pero para pasar el rato no están mal.
Un beso a todos y nos vemos por aquí. Os devuelvo la llave de mi baúl.
Del primero me encanta su cara de buena persona y su mirada verde y penetrante. Se le ve una persona romantiquísima, afable y de gran conversación. En época de exámenes lo veía todos los días en la biblioteca con su portátil chupando Internet comunitario. Nos cruzábamos miradas. Yo acudía a la biblioteca y me pasaba algún rato indagando en Internet para estar cerca de él y verlo con más detenimiento. Un día de esos vi que hacía un trabajo de George Bernard Shaw (del cual me tuve que leer el año pasado su famoso Pygmalion, obra en la que se basa My fair lady, de George Cukor y con Autrey Hepburn como inolvidable proyecto de mujer refinada). Bueno que me voy por los cerros de Úbeda hablando de cine…El caso, ahí intuí que hacía Filología Inglesa (que hacía filología lo sabía porque ya lo había visto en la facultad). Otro día vi en su portátil que estaba haciendo un trabajo sobre algo. Un epígrafe decía The Queensberry Scandal. De algo me suena esto. Coño, si es el escándalo que llevó a Oscar Wilde a la cárcel, cuando se supo que mantenía una relación con Lord Alfred Douglas, el hijo del marqués de Queensberry. ¿Cosas del destino? El caso, me encanta. Me gusta su cara. Intuyo que también su forma de ser. Y como le guste Oscar Wilde, ya es la repera.
El otro es filólogo hispánico de pura cepa y sin lugar a dudas. Viene a muchas clases conmigo. Es el típico madurito (bien entrada la década de los 20), que no lo estoy llamando viejo, sino que extraña en una clase donde la mayoría son gente de 19-20 años. Se sienta solo y en muy pocas ocasiones con sus compañeros, ya que estos vienen de uvas a peras como dice mi amiga Lola de Cuenca. Yo lo observaba. Era misterioso. Un día, entrando en un descanso de clase, un compañero suyo me llama y me pregunta que si les puedo dejar algunos apuntes, ya que tienen huecos (typical universitary). Yo se los dejo encantado. Al día siguiente me los devuelve el madurito en cuestión y me dice que él me puede dejar los suyos si quiero. Total que me los deja y me apunta su número de teléfono y su nombre en la primera hoja de sus apuntes. Yo me quedo un poco parado. No sé cómo interpretarlo, ya que no estoy acostumbrado a que me tiren los tejos y por tanto no sé reconocer la situación de tiramiento de tejos. Pasan los días y hablamos, nos vamos conociendo. Es muy majo. Pero un día que me pregunta de dónde soy me suelta que él tenía una novia en el pueblo de al lado con la que llevaba 4 años y que un año antes lo había dejado. Tantas pistas y tan equívoca la solución. No sé.
El tercero es un amiguísimo de una amiguísima mía de la cual hablaré mucho en este blog. Estudia primero de Arte Dramático, es bisexual y tiene mucho morbo. Sólo lo conozco en fotos pero me atrae cantidad y sé que llegará el día en que coincidamos porque ambos somos amiguísimos de la Amiguísima en cuestión. Es cool pero dice que el es pasota. Es cinéfilo, muy maduro y atractivísimo.
Mi corazón y mi líbido andan por estos caminos adonisíacos. No creo que ninguno sea la persona que quiero a mi lado y que me proteja como bien define Javi, pero para pasar el rato no están mal.
Un beso a todos y nos vemos por aquí. Os devuelvo la llave de mi baúl.