Ellos
Ellos siguen su vida. Ellos no tienen nada que ocultar.Ellos sólo tienen que encontrar alguien especial, no es fácil encontrarlo, pero una vez lo encuentras sólo tienes que seguir el camino marcado, nadie te va a poner la zancadilla, y nadie te va a mirar mal por seguir el camino marcado. Tienen sus primeras citas, sus primeros besos, sus primeros cines, sus primeras relaciones sexuales, sus primeros viajes, y nadie les dice donde, ni cuando, ni como deben ser esas primeras citas, esos primeros besos, esos primeros cines… sólo hay que dejarse llevar por la marea y comportarse como el resto.
Desde hace no mucho tiempo una especie nueva ha surgido. Parece que hayan salido de bajo las piedras, como si no fueran de este planeta, como si nunca antes hubieran existido. Ellos los ven por todas partes y parecen extrañados, confusos, tanto que no se ponen de acuerdo, no actúan todos igual, no siguen un patrón. Algunos tratan de meterlos de nuevo bajo la piedra de la que creen que han salido, y a veces una simple mirada es suficiente para que estos nuevos seres vuelvan por donde han venido. Otros los observan discretamente, mostrando cierta curiosidad, intentando adivinar si realmente son, como dicen en la tele, iguales a ellos, aferrándose con fuerza al camino marcado y asegurándose de que en cuanto uno de esos seres se cruza en su camino todo el mundo sepa que ellos son normales, no sea que los vayan a confundir con esos bichos raros. Por último están aquellos que les miran con algo más que curiosidad, con recelo, fijándoles la mirada como si algo de dentro de ellos les dijera que su sitio está con esos seres, que su sitio está con nosotros.
Desde hace no mucho tiempo una especie nueva ha surgido. Parece que hayan salido de bajo las piedras, como si no fueran de este planeta, como si nunca antes hubieran existido. Ellos los ven por todas partes y parecen extrañados, confusos, tanto que no se ponen de acuerdo, no actúan todos igual, no siguen un patrón. Algunos tratan de meterlos de nuevo bajo la piedra de la que creen que han salido, y a veces una simple mirada es suficiente para que estos nuevos seres vuelvan por donde han venido. Otros los observan discretamente, mostrando cierta curiosidad, intentando adivinar si realmente son, como dicen en la tele, iguales a ellos, aferrándose con fuerza al camino marcado y asegurándose de que en cuanto uno de esos seres se cruza en su camino todo el mundo sepa que ellos son normales, no sea que los vayan a confundir con esos bichos raros. Por último están aquellos que les miran con algo más que curiosidad, con recelo, fijándoles la mirada como si algo de dentro de ellos les dijera que su sitio está con esos seres, que su sitio está con nosotros.