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Ser una persona triste no significa estar siempre deprimido.
De hecho tampoco me considero una persona triste, sino más bien alguien que le da demasiadas vueltas a todo .
Marta dice que antes de hablar conmigo los tres pensaban que debía de ser un tipo super amargado, antipático, pero muy tímido, que conocerme ha sido una verdadera sorpresa. Lo primero fue mi voz, dice, ¡les sorprendió tanto cuando la oyeron por primera vez esa vez que me sacaron a la pizarra!. Esperaban un tono mucho más apagado y varonil y se encontraron con todo lo contrario, una voz juvenil, me dice, alegre, de alguien con quien se puede hablar . Ahora, apenas una semana después de habernos hablado por primera vez, es curioso como ellas parecen de pronto ser mucho más amigas mias que de Rafa, que ya ha empezado por su parte a entablar relaciones con otros chicos de clase, se ha apuntado a un torneo de fútbol con ellos incluso. Espero que no esté enfadado conmigo por algo que haya podido hacer o decir sin darme cuenta.
Sin embargo cuando cada dia entro en clase aún no puedo evitar mirar a ese sitio en la esquina en el que yo me sentaba antes y que ahora, desde que me hice su amigo, permanece vacio.
Desde entonces ocupo un pupitre diferente, un poco más adelante, siempre sentado entre ellas dos, que prácticamente no me dejan hacer nada sin que las informe previamente, siempre las tengo que acompañar al bar, a dar una vuelta por los pasillos para estirar las piernas, a comprar tabaco. A veces no me apetece lo reconozco.
Aún admitiendo que pueda ser una persona triste la mayoría del tiempo, eso no significa que me pase el dia llorando, deseando morirme y demás. Para nada. Claro que lo que tampoco soy, y esto si que es seguro, es esa persona tan alegre, despreocupada y siempre de buen humor que ellas creen ahora que soy. En situaciones como esta en la que me encuentro ahora, en una buena racha, siempre pienso lo mismo, que pronto pasará, cuando soy feliz o excesivamente feliz incluso, siempre me veo a mi mismo como una especie de huésped, alguien de paso , en transición por ese estado, que pronto volverá de nuevo a ser un tipo triste, en el caso que lo sea, que le da demasiadas vueltas a todo, mejor asi.
Quizás por eso no puedo dejar de mirar mi antiguo pupitre como he dicho, ¿quién sabe si en unos dias, en unas semanas o meses volveré de nuevo a verme sentado en él de nuevo sin que ellas me dirijan la palabra?
Hay veces además que en las que esa tristeza que parece que a primera vista transmito a los demás y que quizás lleve dentro de mi, me lleva justo al otro extremo de lo que soy y hace que cuando me pongo, me ponen alegre, llegue entonces a estarlo entonces mucho más que el resto de mis amigos situándome muy pero que muy por delante suyo. Y por eso puede que lleguen a pensar que estoy un poco loco, que he bebido demasiado, que me he tomado algo cuando en realidad no es asi. Igual que viceversa, aunque esto nadie lo ve, muchas veces cuando estoy triste a veces en el fondo hasta me apetece estarlo, alegre de estar triste. En el fondo creo que lo necesito, sentirme asi de frágil, de poca cosa, de solo incluso. Son cosas que la gente odia sentir pero que a mi no me desagradan del todo a veces.
¿Por qué me estoy enrollando de esta forma?. No lo sé. Simplemente porque ayer ,después de clase, aparcados en un costado de la estación de Sants Marta y Eva me pidieron que me quedara un rato con ellas, Rafa había quedado y tenía prisa por llegar a su casa. Estábamos los tres hablando de GH7, dentro del coche, imitando yo a Pocholo de vez en cuando y bueno, supongo que en esos momentos en que yo estaba supercontento, totalmente descontrolado y haciendo el bobo lo más inconscientemente posible, algo no muy diferente a lo anterior pasó por mi cabeza rápidamente, por supuesto sin que ellas lo notasen. Te ries exactamente igual que muchas otras veces de algo que han dicho, miras a través del cristal, bajas la mirada y bueno es en ese momento justo, cuando riéndote mucho pero menos, lo piensas, “en parte me gustaría ser como creéis que soy, es imposible sin embargo, pero de verdad me siento tan bien ahora mismo, desde que nos hemos conocido, con vosotras” .
Una llamada a casa para decirles que llegaré tarde, hecha en pleno vestíbulo de la estación de Sants unos minutos después, cerca de unos adolescentes gritones, mas que nada para que mi madre al oir sus voces piense que yo estoy con ellos, que son mis amigos, que me lo estoy pasando tan bien como se puede desprender de sus carcajadas, soy feliz y no hoy pasaré la noche junto a ella en el salón viendo la tele. Una visita a los baños a continuación, no hay duda, vuelvo a ser yo, nada más colgarla, rápida, ni interesante ni fructífera, como todas las que hasta ahora he hecho a estos servicios, tan sucios y llenos de abuelos pero a los que rara vez me resisto a entrar siempre que tengo tiempo de sobra.
Asi es como recuerdo el inicio de la noche una vez que ellas me dejaron marchar.
La cena en un Burguer King en Rambla de Cataluña, a solas, muriéndome de ganas de acabar junto a otro tio la noche, de besar otros labios, de tocar y sentir otro cuerpo, pegado al mio, un cuerpo que se arrime cada vez más a mi, pero poco a poco, un cuerpo que se acabe apoyando en mi y que al separarme las piernas con sus pies meta al menos una suya entre las mias y la empiece a restregrar contra mis huevos. Luego la habitual sesión de chat de muchos fines de semana , o víspera de festivos, en el cibercafé, con tan solo una idea en la cabeza, rodeado de muchos más aspirantes a lo mismo, a que algo excepcional ocurra en su vida cuanto antes mejor, algo sin ningún tipo de compromiso posterior si es posible, algo para lo que no sea necesario saber nada el uno del otro, no importe.
Y las citas fallidas, la segunda en unas pocas semanas, ¡que mal le dejan a uno la verdad!. Esperando en una de las puertas de la Fnac cerca a las dos de la madrugada, pensando una y otra vez que ese chico que baja por la calle en dirección a mi es por fin aquel con el que he quedado, desconociendo aún que soy objeto de una broma pesada por alguien que ahora está tranquilamente en su casa en el mejor de los casos, sino es porque a lo mejor vestido asi, tan formal, no le he interesado nada y al verme pues ha fingido entonces, continuado su recorrido, sin dirigirme ni una mirada más de las estrictamente necesarias.
El público habitual de la discoteca gay de la que todo el mundo habla y en la que todo el mundo ha estado, haciendo cola frente a la misma, la mayoría disfrazados, borrachos y muertos de risa. Mis deseos de tirarme a lo primero que me encontrara y me gustase transformados, o mejor dicho esfumados después del último plantón.
Cuando estoy con ellas la mera idea de salir como esta pasada noche lo he hecho, en busca de un polvo rápido y anónimo, como que me parece de lo peor, impropia de alguien como yo. En plena retirada hacia casa sin embargo es justamente lo contrario, la idea de salir con ellas y con el Rafa, en plan normal lo que se convierte en algo insoportable.
Hoy, después de haber dormido poco y mal, con dolor de cabeza, con ese mal humor tan característico que me invade cuando me he quedado con las ganas de echar un polvo, super agobiado por ellas que me han llamado para preguntarme algo acerca de unos apuntes que les dejé, por la facultad , por mis padres, por todos y cada uno de los dias que aún me quedan hasta las vacaciones.
Hoy no tengo más opción que encerrarme en mi cuarto y estudiar primero, hacer que estudio después.