2005
Sindicación
 
21


No me cansaba verlo tumbado sobre mi cama una y otra vez.

Hacía tanto calor que me levantaba cada media hora más o menos para beber agua y al volver de la cocina, al entrar a la habitación sentándome en la silla del ordenador me quedaba mirándole, como embobado, sin saber muy bien si aquello que me estaba pasando podía ser realidad o algo que como otras muchas veces solo ocurría en mi cabeza. ¿Tiene que serlo no? –me preguntaba- todo apunta a ello, el clásico pellizco, ya sabes, no hay nada que sea excesivamente ilógico o irreal. Sus ajustados calzoncillos de mil colores, su piel blanca, todo es perfectamente posible, normal, su ropa junto a la mia en el suelo, la caja de preservativos sobre la mesilla. El viento tímidamente entrando por la ventana. 28 Aug 2005 :22;48 Pm marcaba el reloj despertador.

Luego dejando el vaso sobre la mesa lo más silenciosamente posible siempre terminaba por volver a la cama y bajo las sábanas entonces me abrazaba a él de nuevo, que se daba la vuelta y me sonreía, abrazándose a mi también, que me decía en inglés “come here” colocando sus labios sobre los mios, recorriendo de nuevo todo mi cuerpo con sus manos. ¡Que suerte! pensaba. ¡Que suerte!, le mordía los labios, cerraba los ojos, sentía su polla contra mi estómago. ¡Qué suerte!.¡Quién me lo iba a decir a mi que
después de un sábado otra vez recluido en casa, bañándome en la piscina cada hora más o menos, tumbado en la hamaca, paseando por la terraza, observando el horizonte nublado, la playa vacia, oyendo golpear las pocas gotas de lluvia que cayeron durante toda la tarde contra el cristal de la ventana, escuchando por la noche, a la hora del último baño del dia, la voz de Santi Acosta procedente de la casa de al lado, iba a venir él, por sorpresa, dividiendo el verano, mi vida entera en dos partes, una antes de conocerle, otra después de conocerle!.


Vista ahora es la historia más excitante e increíble que jamás me haya ocurrido. Excitante porque su cuerpo lo era, sus labios ya para que hablar. Increíble porque de vez en cuando hasta tengo que tumbarme en la cama y colocar mi cabeza sobre la parte de la almohada que él uso para asegurarme que realmente ocurrió, oler su perfume aún presente, poco a poco irá desapareciendo ¿y entonces que me quedará de él?.... Las camisetas con las que nos conocimos, las hemos intercambiado, yo me he quedado con la roja sin mangas suya y él con una mía morada. También claro las fotos que nos hemos hecho en casa a lo largo de todas estas horas que hemos pasado juntos, guardadas en el ordenador: Yo sentado en la cama, con la sábana tapándome hasta la cintura, sonriendo después de nuestro primer encuentro en ella: los dos pasada medianoche cenando en la cocina, tenemos que poner muy juntas las caras, el levanta la cámara en el aire y espera que de esa forma salgamos los dos a la vez; yo con una toalla únicamente encima y cara de cansado ya de madrugada después de habernos bañado desnudos y medio borrachos en la piscina; los dos metidos ya en la cama, completamente borrachos, tumbados en la almohada, mi boca junto a su oreja, como si estuviera diciéndole un secreto al oido, uno de mis brazos rodeándole el cuello, el de nuevo levanta la cámara en el aire esperando de esa forma que salgamos de nuevo los dos, ¡que sonrisa más tonta saco por Dios! .


También quedan desgraciadamente, más que nunca además, ahora que el ya ha desaparecido, por último, la angustia, la tristeza y la alegría mezcladas las tres en igual proporción, dando forma a un nuevo estado de ánimo que nunca jamás antes yo había sentido. Si, porque no nos vamos a engañar, pese a todo lo que nos hemos dicho y prometido, asegurado el uno al otro que vamos a hacer, es más que probable que nunca ya jamás nos volvamos a ver, al separarme de él lo he empezado a pensar. Ohio no está cerca de Barcelona precisamente y el tiempo seguro que se encarga poco a poco de borrarlo todo, al fin y al cabo esa es su misión.


A esas horas,cuando hicimos esa última foto, sino recuerdo mal ya estaba empezando a amanecer pero al apagar la luz de pronto el colocó sus manos en mi pantalón de deporte y bajándomelo hasta las rodillas me colocó de espaldas a él..¡Que suerte! volví a pensar. ¡No quiere dormir!



Cierro los ojos.

Rubio y con el pelo un poco rizado. Con unas gafitas de universitario y un bigotillo típico de adolescente. Vistiendo una camiseta roja sin mangas, unos vaqueros llenos de remiendos de colores. Esa fue la primera imagen que tuve suya, cuando me precedía en la cola del del EasyNetCiberCafe y aún no sabíamos nada el uno del otro. Al darse la vuelta me acuerdo que los dos nos miramos a los ojos directamente. Yo había decidido pasar el dia vagabundeando por Barcelona y venía de un bufftet que hay en la Gran Via, básicamente a base de ensaladas y pastas básicamente, en el que había comido nada más abrirlo, la única hora casi en que no están todas las mesas ocupadas, puedes acceder fácilmente a la comida sin esperar incómodas colas, sabes además que nadie va a dejarte en el último minuto sin el postre que quieres. El no había encontrado un hostal libre la noche anterior y no había tenido más remedio que dormir de mala manera en el vestíbulo de la estación de Sants, ya de madrugada, después de una larga noche de fiesta en la que se había además gastado lo poco que le quedaba de dinero. Ambos, sin que lo supiéramos entonces, creo que entramos a ese local en busca de lo mismo, ambos desesperadamente, el no me quitó la vista de encima al pasar cerca de donde estaba sentado frente al ordenador, yo descaradamente me senté detrás suyo habiendo muchos más sitios libres.


Abro los ojos.

El mareo, el vértigo que me produce llevar ya tantas horas sin dormir, no muy diferente de aquel otro que sentí al ver como las cosas ocurren a veces por si mismas, también estaba en el mismo chat en el que yo estaba ,sin que tu tengas que hacer nada para provocarlas, rápidamente creí identificar un mensaje suyo al que rápidamente por supuesto contesté..

Easy19Bcn :“Yo tambien estoy en el Easy”.
Coolgay: Edad?
Easy19Bcn:Diecinueve recién cumplidos.
Coolgay: Lo mismo que yo. ¿Qué buscas?
Easy19Bcn; Lo que surja. Como eres?
Coolgay: Rubio, con gafas, camiseta roja, delgado tu?
Easy19Bcn: Mírame estoy justo detrás de ti.


Cierro los ojos.

Cerré los ojos un par de segundos y cuando los volví a abrir ya lo tenía enfrente mio sonriendo, parecía que había habido suerte, que yo también le gustaba. Me dijo su nombre, hablaba bastante bien castellano, yo me levanté y decidí por un momento tomar la iniciativa, darle un par de besos en la cara, justo antes de decirle mi nombre.

Abro los ojos



Fuimos a un Kentuchy a continuación, pues el no había comido aún. Luego dimos un paseo Rambla abajo, sin parar de hablar, por la Barceloneta también , hasta llegar a un Pans cerca del Hotel Arts donde tomamos un café, yo ya había decidido invitarle a casa y el venir, los dos caminábamos cada vez más juntos, sintiendo nuestros brazos golpeando el uno contra el del otro, no dejábamos de tocarnos a la menor ocasión, estábamos ya en resumidas cuentas de lo más calientes. Lo que vino después, nada más llegar a casa, tumbados sobre mi cama, después de cenar también o mientras nos bañábamos desnudos y al amanecer por último prefiero esta vez guardármelo para mi solo, pues de alguna forma ha sido completamente diferente, me ha hecho sentir cosas totalmente distintas a las que sentí en ocasiones anteriores. Me atrevería a decir que hasta ha sido “especial” sin saber aún muy bien lo que puede significar dicha palabra.


Poco antes de separarnos, este mediodía, después de haber comido, los dos salimos un rato al jardín y abrazados, el uno junto al otro, dejamos transcurrir en silencio, sin decir nada, esa última hora que nos quedaba por pasar juntos. Después de unos dias con el cielo encapotado, hoy los dos mirábamos el azul del cielo como ensimismados, el tiempo se nos escapaba. Estaba seguro entonces, ingenuo de mi, que nos volveríamos a ver. Le acompañé luego en el tren al aeropuerto, yo le miraba, el me miraba, no había nada que hacer parecíamos pensar, salvo que yo me vaya a Ohio o tu te quedes en Barcelona. En el último tramo del viaje el de pronto colocó mi mano entre las suyas y me dijo que prefería que no entrase al aeropuerto con él, que nos íbamos a poner los dos fatal sino. Al lado nuestro un chico de nuestra edad pero con un aspecto bastante pueblerino golpeó en las costillas discretamente a su padre que a su vez aviso a su madre para que no se perdiera nuestro espectáculo, el me dio un pequeño beso en la boca, diciéndome adios mientras el tren reducía su velocidad.

Cargados luego con sus maletas en el andén disimuladamente se quedaron esperando mirándonos, esperando inútilmente quizás otro beso. A la madre parecía darle igual pero el padre y el hijo parecían disfrutar de lo lindo. Simplemente nos abrazamos, un minuto más o menos y luego poco a poco comenzamos a separarnos.

El desapareció por la cinta transportadora poco después.

Antes de hacerlo le dio tiempo para mirar por última vez hacia atrás.


Sonrió acordándome de cuando yo esta mañana estaba pidiendo una pizza para comer por teléfono y mientras él no dejaba de meterme mano riéndose. Fue simplemente otra manera más que en ese momento se me ocurrió para no olvidarle. Una vez colgé el teléfono rápidamente puse en el equipo de música del salón “Tokio ya no nos quiere” de Lory Meyers. Solo quería a toda costa y antes de que él se fuera, meterle para siempre dentro de esa canción. Comenzamos a besarnos justo en los primeros acordes de guitarra y no dejé que se separara de mi hasta que la canción hubo concluido.

Creo que de momento lo he conseguido.


 
20


Me hubiera gustado tanto encontrar alguna huella de aquella última noche. Era imposible lo sé, solo basta tener en cuenta la de dias de playa que han pasado desde entonces, la de pandillas de chicas y chicos que habrán acampado también en ese mismo lugar, la de familias que habrán consumido alli mismo, sobre el sitio en que nosotros dos dormimos, su sábado o su domingo por entero. Pero no pedía mucho la verdad, me conformaba con poco, solo algún cigarrillo apagado en la arena, una botella de litro de cerveza que aquella noche dejamos abandonada apoyada sobre unas rocas, ojalá siguiera en ese mismo sitio, los restos de la cena, con eso me hubiera bastado, habría sido más que suficiente.

Me volví a tumbar allí mismo por primera vez desde principios de Julio y bocabajo sobre la toalla removí la arena , por si acaso descubría algo familiar bajo ella pero tampoco, no hubo manera. Asi que me di un largo baño. Buceé incluso. Al regresar volví a tumbarme de espaldas y tras pensarlo un par de veces decidí llamarle por fin, en vista de que él no lo iba a hacer probablemente nunca. La primera vez transcurrió el minuto de rigor sin que él respondiera. La segunda a los veintipocos segundos por fin contestó.

“Hola” le dije en un tono bajo, mientras las gotas de agua aún resbalaban por mi pelo en dirección a mi cara, “hola “ me contestó él secamente, ¿Qué quieres?. Saber un poco de ti , Joan, ¿podemos ser algo amigos no? -contesté en plan irónico y de pronto los dos nos quedamos sin saber que más decirnos por unos segundos. “Te tengo que dejar, creí que te había quedado todo claro ¿no?, bueno cuídate”.

Colgó secamente y entonces casi en el mismo instante en que lo hizo me acordé de una conversación suya de la que había sido testigo, este invierno, en la que él trataba de deshacerse de una chica que iba detrás suyo, sin perder las formas por supuesto pero mostrándose lo suficientemente cortante e impertinente como para que ella sospechase algo. Sus últimas palabras, es curioso como van poco a poco ahora encontrando su sitio, como voy descubriendo su verdadero significado a medida que el verano avanza. “Tienes que buscarte otra gente con la que ir”; Joan nunca quiso decir con ellas lo que al principio supuse, es decir que íbamos a vernos algo menos el año siguiente pero eso si, siguiendo siendo amigos. No, ahora lo veo todo claro, simplemente fué una forma edulcorada, más suave, de decirme adios, de finiquitarlo asi de golpe todo conmigo, de dejarme claro a su manera que ya no me quería volver a ver jamás a su lado. “Lo he intentado de verdad. Aquella noche en Palma me dije a mi mismo, “le prometí que a final de curso nos enrollaríamos si no estaba con alguna chica y asi lo vamos a hacer”. Pero luego por mucho que puse de mi parte compréndeme, no logré excitarme lo más mínimo teniéndote a mi lado en la cama ¿Te acuerdas?”. Ese será nuestro pequeño secreto supongo, tus palabras en la Nochevieja en el baño de tu casa frente al espejo, las mías también a tu espalda, esa noche meses después en que lo intentaste pero claro como ya me dijiste una vez, esa nochevieja precisamente, yo estaba en las antípodas de lo que tu podías llegar a considerar como un chico atractivo. Aunque no lo creas te entendí desde el primer momento.


Es curioso porque cuando a grandes rasgos pienso en mi vida el próximo año sin ti, las clases por la tarde, los fines de semana solo, las vacaciones acompañando a mis padres a algún sitio, no me siento especialmente triste. No creo necesitarte ya lo más mínimo en mi vida. Es sin embargo cuando me paro en los pequeños detalles cuando todo se me desmorona. ¿Ya no voy a ir nunca más a tu casa los viernes por la noche a ver alguna película?. ¿O al gimnasio, yo como siempre haré natación mientras tu te partes el pecho en la sala de musculación?. ¿Se han acabado para siempre los chocolates calientes en el invierno los domingos después del cine y justo antes de volver a casa pronto para poder empezar la semana con energía?. Ahí es donde me surgen los problemas. En cada una de esas pequeñas bobadas que los tres hacíamos juntos de vez en cuando.

Me quedé como atontado. Sin saber como reaccionar. Esperé unos minutos por si me llamabas pidiéndome disculpas o diciéndome que ya podías hablar. Luego en vista que no lo hacías recogí la toalla, la metí en la mochila y te dije adios para siempre situado sobre ese mismo sitio en el que los dos habíamos estado juntos toda una noche a principios de Julio. Adios repetí por si acaso al subirme a la bici. Adios, al cruzar bajo el puente, al atravesar la carretera, al coger el camino que lleva hacia mi casa, al entrar poco después en mi cuarto. Adios, definitivamente, mientras ayudaba a mi madre a colocar la compra, sin saber muy bien lo que hacía, como en una nube, con Depeche Mode sonando a todo volumen en mi cuarto.


Debería estar más que contento se supone. Hace unas horas que de nuevo mis padres de nuevo se fueron, aunque esta vez tan solo hasta el Lunes. Debería a estas horas tener la música a todo volumen, mi mejor ropa sobre la cama, estar,recién duchado, con mis calzoncillos más sexys únicamente puestos y ante el espejo calibrando mis posibilidades, a punto de salir de casa camino a Barcelona, de fiesta. Pero el caso es que llevó desde el martes como en otro mundo, mucho mejor que este, alguien dijo hace años que existen libros en los que uno se quedaría a vivir, “Tokio blues” debe ser uno de ellos. Últimamente no sé porque me afectan tanto estas cosas, veo una película, leo un libro y de pronto como que mis planes y deseos habituales desaparecen, se transforman en otra cosa, me acerco más al ideal que quiero ser y que como demasiado perfecto que es nunca seré. Se acaban sus páginas, dejas al protagonista despidiéndose de una chica y al cerrarlo vuelves de golpe a lo que es tu vida habitual, ya nunca más estarás alli, no participaras de ese mundo que se escondía entre sus páginas, ya no volverás a caminar entre todos esos veinteañeros japoneses, chicos y chicas, a subir a las montañas con ellos, no podrás por último sentir la soledad del protagonista como tu propia soledad. En resumidas palabras se acaban y entonces vuelves a ese punto de tu vida donde hace tres dias exactamente te desviaste, intentaste cambiar de camino y todo resulta de lo más desalentador, tal y como lo dejaste.


He desconectado el móvil después de comer. Creo que no podría soportar la voz de Boris al otro lado del teléfono, que comenzaría a devolver nada más escucharla. Me llamará como quedamos lo sé, con el no hay intriga. Hoy viernes lo último que me apetece es verle de nuevo. El ordenador ha estado apagado también hasta hace unos minutos, lo mismo que también hasta hace poco lo han estado todas las luces de la casa. Tras darme el último baño del dia en la piscina subí a mi cuarto y desnudo sobre la cama me hice la enésima paja compasiva del verano. Acurrucado luego sin vestirme me quedé dormido pensando en los restaurantes que al lado de la playa comenzaban ya a recibir a los primeros clientes que iban a cenar, imaginando a Javi a las puertas de su casa preparándose para empezar un fin de semana más, tan guapo como es también, con su capacidad de hablar horas y horas. Seguí subiendo y hasta vi mi casa a oscuras, rodeada de pinos, entre algunas otras casas más pero con algo de luz dentro de ellas, la luna se reflejaba en el agua de la piscina, una pelota roja navegaba sin rumbo fijo a merced del viento por su superficie. Y llegué por último a mi cuarto, observándome en mi cama tumbado, en forma de cuatro, desnudo, abandonado por mi vida y amistades pasadas, es decir por todos, con el pelo sumamente revuelto, la mirada perdida. De nuevo sintiéndome especial, diferente a todos, sin serlo quizás, condenado de por vida a lo mejor a seguir asi por siempre.

No recuerdo más. Me debí quedar dormido entonces.



 
19


Apoyo la cabeza contra el cristal, cierro los ojos una vez examinado el chico de turno frente al que me he sentado, morenito y con el pelo muy corto, en bañador y con una de esas nuevas camisetas del F. C. Barcelona sin mangas, muy guapo él claro está. No puedo más, estoy demasiado cansado, incluso para seguir contemplándole a escondidas. Guardo las gafas en los bolsillos. Me da por pensar en lo bien que estaría que yo también le gustara a él al menos una cuarta parte de lo que él me gusta a mi. Aunque al final no pase nada. Como una especie de moviola, de pronto rebobino las últimas horas de mi vida para volver a verlas, en busca de respuestas, motivos, pistas, quien sabe que más.


Películas

La taquillera era una chica de mi edad más o menos. Sin ni siquiera mirarme a la cara una vez que cogió el dinero pulsó un botón para a continuación depositar la entrada a mi alcance . Al darle las gracias por fin se decidió a mirarme a la cara y creo que se sorprendió de veras al descubrir a alguien tan joven como yo un lunes, en plena sesión matinal. Acto seguido por fin entré en el recibidor que por cierto huele como todos los recibidores de esta cadena de cines, estén en el barrio que estén. Tras localizar la sala 1 me encaminé hacia el bar donde pedí una Coca Cola y una chocolatina. El camarero era un hombre de unos cuarenta años con un uniforme de lo más ridículo. Se equivocó al darme el cambio. Pareció sentarle mal que se lo recriminara. Un poco más tarde, una vez que el acomodador hizo acto de presencia en el hall completamente desierto, cinco minutos antes del inicio de la película, por fin pude sentarme en mi butaca roja, situada en el centro justo de la sala. Necesito una película que no me vacie por dentro aún más de lo que estoy –pensé- la historia de un amigo que se enamora de otro es lo último que me vendría bien ahora. Quiero al salir del cine ser alguien más optimista, no alguien al que una película acaba de golpear en el estómago, encogido el corazón, inundado sus ojos con lágrimas inútiles, sin sentido. Quizás este invierno, si quizás este invierno cuando las cosas hayan mejorado, un dia me decida a venir a este cine o a cualquier otro a verla, a un horario intempestivo eso si, y al salir de la sala entonces sonreírme recordando estos dias , su locura , la irracionalidad que me guió en todos y cada uno de ellos, la sinrazón por la que me dejo siempre ganar. El próximo invierno puede pero no desde luego ahora. En cualquier caso cuando sea muy diferente a lo que soy a fecha de hoy -concluí mientras Bruce Willis ocupaba toda la pantalla conduciendo un viejo vehículo, en su última noche como policia, antes de jubilarse.


Abro los ojos de nuevo, el tren lleva más de cinco minutos parado en Bellvitge. El chico de enfrente también se ha quedado traspuesto. Es curioso como hasta a los más chulos como él cuando duermen se les pone hasta cara de buen chico, tímido, sin grandes cosas que decir o contar. Cierro los ojos de nuevos con la vista puesta en el Hospital de Bellvitge.


Almuerzo

Es al menos interesante verlo vestido de traje y corbata. Gana bastante, parece más delgado y joven. Ayer me mandó un mensaje por la tarde y hoy le llamé desde una cabina a la salida del cine. Estaba en Barcelona también, en su oficina y con bastante trabajo por hacer según me dijo pero podíamos quedar a merendar si quería alrededor de las cinco, “la cafetería de la última plante del Corte Inglés está genial para eso” fueron sus palabras textuales. Pensándolo bien hasta hoy Boris y yo apenas nos habíamos dicho algo aparte de lo estrictamente necesario. De sus palabras hoy he deducido que él no parece tener duda alguna en relación a lo “nuestro”, yo le gusto mucho claro pero también por otro lado está su novio, al que ha de ser aunque no siempre si al menos mínimamente fiel. Quizás podríamos quedar este fin de semana los dos, follar en su casa , y luego por la tarde cuando su novio vuelva de trabajar irnos a cenar los tres por ahi. Le he dicho que vale, a todo. Está pendiente además, me lo ha vuelto a recordar a la hora de pagar, que un dia yo me pruebe todos esos calzoncillos tan sexys que dice tener guardados para un chico como yo en su casa, delante de ambos, (no somos unos pervertidos solo te veremos, no te obligaremos a hacer nada que no quieras me ha dicho para intentar tranquilizarme supongo). Al salir del ascensor, camino de vuelta a la calle de pronto me ha hecho una pregunta de lo más extraña "¿De donde demonios has salido Alex?". Yo le he mirado y no he sabido muy bien que responderle.


No he conseguido dormirme pero estoy más descansado. A través del cristal se le ve reflejado. Sus brazos musculosos, el amplio pantalón corto típico de rapero, sus fuertes piernas. Lleva el pelo rapado por los lados y en la parte superior lo tiene rizado. Mirándole directamente a la cara me doy cuenta que probablemente sea pese a la camiseta del Barcelona un chaval marroquí, o sea un peligro, de esos que dicen que inhalan pegamento, se prostituyen, roban a las maricas viejas en sus propias casas, a las que les llevan engañados. Mirándole directamente a la cara no tengo más remedio que morderme los labios, cerrar los puños de lo bueno que está. Es mejor que vuelva a cerrar los ojos.


Madrugada


Hoy sin saber porque a las cuatro me desvelé por completo. Como siempre en el mismo momento de despertarme tenía una enorme erección. Bajé a la cocina en busca de algo de comida mientras el ordenador terminaba de encenderse y mientras todos inocentemente dormían no tardé mucho en encontrar en el chat alguien con quien cascármela. Un chico de Barcelona también que como yo no podía dormirse. Me llamó por teléfono entonces y lo típico, que si te voy a follar, que si te la voy a comer, en fin lo de siempre. De pronto, yo notaba que él estaba ya a punto de correrse, me pregunto que si me gustaba que me insultaran mientras me masturbaba. Por curiosidad le dije que lo hiciera. Empezó. Me corrí casi de inmediato. Me gustó mucho la verdad.
 
18


Estaba a punto de subirme a la bicicleta después de haberme dado un baño cuando de pronto se puso enfrente mio.

-Hola- me dijo con una cara como de estar medio dormida aún a media tarde, la típica de alguien que últimamente no descansa demasiado.

-Hola- le contesté mientras abría el candado, tímidamente pero mirándola directamente a los ojos y riéndome un poco.

-¿No te acuerdas de mi? me pregunto

-Pues no, sé que me saludaste el otro dia en a plaza pero nada más. No te localizo.

Entonces se giró hacia atrás no fuera a ser que por hablar conmigo su pandilla de amigos se olvidase de ella supongo. Cuando volvió de nuevo la vista hacia mi me fije en sus pupilas dilatadas, en esa sonrisa tan tonta que parecía tener como esculpida en la cara, sé de lo que se trata me dije a mi mismo, me resulta familiar. Tenía un poco de arena además pegada a su mejilla, probablemente había intentado echarse una siesta en la playa pero sus amigos no la habían dejado. Más y más detalles que me resultaron cercanos en ese momento, que me hicieron gracia, situaciones por las que yo había pasado, de esas tipo: estoy cansado, no puedo casi ni levantarme pero lo último que voy a hacer es no quedar con mis amigos por la tarde, dejar de ir con ellos a la playa simplemente porque no haya dormido nada. Nos tumbábamos en la arena y luego cuando nos bañábamos era raro el dia en que jugando nuestros cuerpos no se tocaban, en el que no sentía alguna parte suya, da igual cual, su brazo contra mi pecho, su piernas que se enredaban de pronto con las mias, su cara, sus labios a tan solo unos milímetros de mis labios, bajo el agua,cuando trataba de hacerme una aguadilla, sus testículos rozando mi cadera cuando emergía a la superficie. Solo por eso ya merecía la pena ir.

Fui tan estúpido hace un par de veranos, tan creído, tan ingenuo me planteo ahora...

-A ver escucha – con su dedo índice riéndose otra vez me tocó el hombro- imagíname con diez kilos más, el pelo moreno y largo, sin tetas..

-No sé, ahora no caigo

-¿Tu eres el amigo del Javi y del Joan no?

-Si

-¿No te acuerdas del año pasado en el Atlántida?. A mi amiga (dio un grito llamándola por su nombre, Alicia) le gustaba el Joan y a mi Javi. ¡Uy perdona!, ¿Cómo te llamas tu por cierto?


-Alex

-Pues eso Alex yo soy Cris


-Hola Alex –me dijo de pronto Alicia- que se acababa de incorporar a nuestra conversación, con su cara de sueño también, muy cansada, pero con un gesto entre serio y de aburrimiento a diferencia de Cris- ¡pero que morro tienes tia, no le cuentes nada, perdónala Alex ¡ ¿vale?

-A Alicia le encantaba el Joan –dijo Cris sonriendo, como si estuviera cantando una canción infantil- Aquella noche, tendrías que acordarte tio, estuvimos un ratito con vosotros pero la verdad no nos hicisteis ni caso


-Eramos muy feas entonces tia – dijo Alicia como arrastrando las palabras, lo mismo que una toalla por la arena de la playa- no sé ni como nos atrevíamos a salir de fiesta

-Si tia pero acuerdate – Cris le pasó entonces el brazo por el hombro a su amiga- que ellos tampoco eran nada del otro mundo. Eran unos...pueblerinos, os habíamos visto ya por aquí que lo sepas. ¿No te acuerdas de lo que nos reímos cuando los vimos aparecer?. Era una fiesta,¿de verdad que no te acuerdas Alex?, en la que casi todos los tios de la disco iban con pareo, super elegantes y vosotros que apareceís de pronto en vaqueros y camiseta... Fue tan fuerte que nos empezasteis a hacer gracia jaja


-Ah- en ese momento me quedé sin saber muy bien que decir.

-¿Y Joan no está este año?

-No, se ha ido a Málaga con su familia todo el verano

-¿Y tu?, siempre te veo solo en la playa,¿Ya no te hablas con Javi?

-No, bueno no lo sé, el tiene sus amigos y yo los mios

-Ah es verdad, que te vi el Domingo en el concierto de Fangoria en Castelldefels con otro chico que debe ser tu amigo ahora

-La verdad –Alicia fue la que empezó a hablar ahora- es que no pegabas nada con ellos. Nosotras lo comentamos.

-Ese chico tan delgadito- Cris rápidamente tomó el relevo con su cinismo ya habitual- con esas gafas, ese pelo que aún le debe peinar su madre, nos miramos las tres y pensamos, ¡que demonios pinta él en El Atlántida!, ¡con esos dos que se les ve que andan locos por pillar rollo con alguna tia, si seguro que es gay!

-Tia Cris – le recriminó Alicia con una mirada más abatida que nunca.

-¿Porque no cambias de look? mira – de pronto me cogió el flequillo, levantándomelo un poco- asi estarías mucho mejor. No te digo que te hagas algo radical pero no se puede ir ¿Cuántos años tienes?

-Diecinueve

-Uy te echaba menos...bueno pues eso no se puede ir a los diecinueve como si tuvieras doce aún, con esas chapitas en la camiseta de...

-Del Nitsa

-¡El Nitsa, eso está lleno de freaks y pastilleros!. Nosotras somos del Razz, yo pensaba que tu serías mas del rollo Arena, Dietrich, tenemos cantidad de amigos gays no te creas, mira a esos chicos que nos esperan –dijo señalando hacia sus amigos- hay dos por lo menos entre ellos que lo son ¿verdad Alicia jaja?.

-Ya, pero es que mi no me interesan los gays– dije mirando hacia Alicia tratando un poco de atraer su atención

-Bueno nos vamos – concluyó Cris de pronto agarrando a su amiga, enfadada, como si le hubiera puesto celosa que me fijara en ella, como tantos otros chicos lo habían hecho con anterioridad posiblemente- ha sido un placer hablar contigo- concluyó sarcásticamente

-Adios –les dije sin obtener respuesta, pues las dos ya estaban camino de la estación, a toda prisa, detrás de sus amigos. Parecía, por como corrían, que lo peor que podía pasarles era perder el tren, tener que quedarse aquí otra hora más.


Cuando llegué a casa el tiempo parecía haberse solidarizado con mi estado de ánimo. Se había levantado un fortísimo viento y unos nubarrones negros empezaban a ocupar la mayoría del cielo. Yo había estado pedaleando y pedaleando con todas mis fuerzas mientras y hasta incluso había hecho algunas locuras con la bici, de esas que me tengo prohibidas hacer. “Si seguro que es gay” esa era la frase que retumbaba en mi cabeza en cada una de esas locuras, la que también no dejé de oir nada más entrar en casa para encerrarme en mi cuarto poco después. El mundo parecía ponerse a girar a toda velocidad cada vez que la voz de Cris la pronunciaba una y otra vez, yo creía por unos segundos a continuación estar mareándome, a punto de que me fallaran las piernas, de caerme al suelo.¿Acaso lo sabe todo el mundo, lo llevo escrito en la frente?.
¿ No será entonces que lo que soy es un presuntuoso de mierda, creyéndome alguien especial, diferente tanto de unos como de otros, cuando en realidad lo único que hay frente al espejo es un maricón más, del montón, como todos, reprimido y resentido únicamente?. ¿Acaso no es, no ha sido durante todos estos años entonces patética, innecesaria y absurda mi representación?, si en el fondo lo saben, si está más que claro.

Abrí la ventana y me quite la camiseta empapada de sudor, luego el bañador. Tenía los boxer morados empapados también pero aún asi me los dejé puestos cuando me tumbé en la cama. El corazón me latía a mil, las piernas me temblaban. Me saqué la polla sin saber muy bien si hacerme una o no. Pensé en llamar a Boris, el viejo de Sitges, para que me la comiera esa misma noche a la salida del pueblo pero incorporándome al mirar por la ventana vi como las copas de los árboles se agitaban, se había levantado aún más viento, esa gran tormenta que nunca llega parece que por fin se va a producir recapacité, al menos asi mi madre no se pondrá pesada otro sábado más con lo de porque no salgo con alguien. Un rayo iluminó de pronto toda la montaña cuando estaba a punto de marcar su número. Empezó a oler a humedad. Dejé el móvil sobre la mesilla finalmente, cerré la ventana y empecé a tocármela un poco pensando en ese último polvo que habíamos echado los dos hacia una semana, en Joan y yo imaginariamente bañándonos desnudos primero, luego de costado tumbados en la arena, el me está follando, yo se la estoy chupando mientras al Javi, que también tumbado en la arena ha colocado su polla frente a mi boca y se la machaca y solamente cuando ya va a correrse me deja comérsela un poco. Cuando estaba a punto de terminar volví a pensar en Boris, en como al principio me suplicaba porque me corriera encima suyo. Abría su boca, mantenía los ojos fijos en mi, parecía no poder vivir sin que mi leche le manchara toda la cara ni un minuto más .

Luego, unas horas más tarde, ya de madrugada y en la ducha, sin saber porque, de pronto me ha venido a la mente aquel chaval del Nitsa, de hará unos cuatro meses más o menos. Llevaba una camiseta sin mangas ajustada con la bandera inglesa impresa. Nos habíamos mirado un par de veces en la pista de baile, incluso él se había chocado conmigo llevando unas bebidas hacia sus amigas. Nos pusimos a mear el uno al lado del otro. Vi como la tenía totalmente empalmada, como se la levantaba hacia arriba, seguro como estaba de que yo se la estaba mirando. No era muy grande pero me gustaba mucho la verdad. Estuvo un minuto asi, esperando que yo diera el primer paso supongo pero en vista tanto de que no lo daba ,como de la de gente que había por alli, al final optó por machacársela un poco sin llegar a correrse y después guardársela.

Yo seguí mirándole al salir del baño, el resto de la noche. Sin embargo él ya no me prestó la más mínima atención.
 
17



Los escenarios habituales en los que transcurren la mayoría de mis dias. Olvidados por unas semanas durante los meses de Julio y Agosto, hasta ahora siempre nos hemos ido fuera de Barcelona cuando llegan las vacaciones, pero que siguen ahí esperándome, inmutables, sabiendo que tarde o temprano volveré representar mi vida sobre ellos, en cuanto que el verano termine y todo vuelva a ser como siempre que termina el verano las cosas resulta que son:

El otoño, los jerseys de cuello alto, las botas de piel marrones, los primeros dias de la facultad, los proyectos que poco a poco dejo morir. El invierno, el abrigo negro del Zara, la bufanda roja, el vaho en los cristales de clase los dias lluviosos, la Plaza de Cataluña vaya cuando vaya siempre a oscuras. La primavera, la bolsa en bandolera, una camisa por fin de manga corta, visitas furtivas al Parque de Ciudadella alguna mañana que decido no ir a clase y todos que se enamoran de pronto de alguien que por casualidad pasaba a su lado, todos menos yo claro. Por último otro verano más a la vista, en el que poco a poco todos empezamos a creer en cuanto caen los primeros rayos de sol sobre nosotros, ¿Cómo resultará?, me pongo a imaginar, ¿Será el definitivo? : El verano y la playa de Barcelona, únicamente en fotos de postales destinadas a turistas eso si, pues estoy demasiado ocupado encerrado en mi habitación estudiando, medio desnudo gracias a ese calor tan agobiante y húmedo de Barcelona: el verano y los dias que nunca parecen terminar. Y yo que sigo estudiando sobre la mesa, de espaldas a la puerta, al pasillo, al salón, donde nadie puede molestarme un dia tras otro, un dia tras otro.


Esta pasada noche he dormido de nuevo en nuestra casa de Barcelona. Tenía algunas cosas que hacer hoy por la mañana y aburrido como estaba me pareció entonces la mejor idea, la única forma en realidad de poder llevar a cabo mis objetivos con total éxito. Lo primero que hice al entrar en ella fue abrir la ventana del salón para que el piso se ventilase un poco y luego casi a la vez, dirigirme a mi cuarto. Una vez dentro de él al encender la luz observé como todo alli seguía todo tal y como lo había dejado un dia a principios de Julio, increíble, con los horarios del curso pasado pegados aún con celo a la pared, los apuntes apilados sobre una carpeta, los bolígrafos y rotuladores sobre la mesa, la bata doblada en una silla, es decir como si nadie hubiera entrado, o el reloj se hubiera detenido ese mismo dia en que nos marchamos a Garraf. Me tumbé en la cama acto seguido y la verdad como estaba tan agobiado por el calor sin quererlo me quedé medio dormido un buen rato, hasta que el ruido de las fiestas del barrio, Gracia , me despertaron a eso de las ocho de la tarde, con hambre además, asi que rápidamente me dirigí al Mc Donalds que hay cerca de casa, en Diagonal con Paseo de Gracia a cenar un poco. Simplemente me pedí una hamburguesa que poco a poco empecé a devorar sagazmente ya en la calle, camino del centro, sin saber muy bien que iba a hacer una vez que llegase alli, era uno de esos raros momentos en que necesitaba ver gente a mi alrededor, andando por la calle, riéndose, paseando a solas una noche más. Finalmente tras pensármelo mucho y no entrar al Easy, no ir al cine, no hacer nada en definitiva aparte de caminar, decidí volver a casa, más que nada para estar fresco al dia siguiente. ¡Menuda estupidez de paseo! pensé.


Hoy nada más levantarme, muy pronto, me he dirigido hacia mi antiguo colegio y no porque le guarde o tenga algo de cariño por él. Tal y como sospechaba la piscina seguía abierta asi que me he sentado en la cafetería que hay en uno de sus costados a desayunar un café y un donuts. Está separada de ella por una enorme puerta corredera de cristal que en cuanto que la gente invade el solarium abren de par en par. Se veía a primera hora a un hombre con un mono azul barriendo el suelo con una escoba, aprovechando al máximo supongo esos escasos minutos que quedaban hasta que poco a poco los bañistas comenzasen a llegar. ¿Y aquí es donde vas a decidirlo? me pregunté mientras atacaba el donuts y revolvía el azúcar con el café. ¿Acaso no está ya todo decidido? me contesté en voz baja, como quitando importancia a la cuestión. Dos chavales acababan de entrar a desayunar junto a su padre, el cual por cierto no parecía estar muy contento con el estado en general de las instalaciones y amenazaba con darse de baja y apuntarse al Club Mediterrani como venganza. La chica que trabajaba de socorrista no tuvo entonces más remedio que escucharle educadamente en la puerta. Luego , en cuanto que se libró de él decidió de pronto lanzarse al agua para hacerse unos largos y ahi fue cuando me quedé totalmente en blanco, por unos minutos, observando como salpicaba con cada movimiento que hacía el borde exterior de la piscina. No es posible que lo haya decidido asi, tan a la ligera, con otras muchas cosas a la vez en mi cabeza me da por pensar ahora.

El caso es que las once ya estaba en la universidad. Nada más atravesar la puerta giratoria vi colocados en el tabón de anuncios, las fechas de los exámenes de recuperación de septiembre. Nada más subir a la primera planta y a la salida de la biblioteca me encontré de pronto con el típico grupo de pijos de esta facultad, chicos y chicas, que hablaban animadamente entre si, vestidos como siempre a la última moda, comentando ese último piercing que alguno de ellos se había hecho, ese tatuaje, que por fin decoraba ya tras mucho pensarlo la piel de uno de sus miembros. Me pregunté al verlos si todos aquellos trabajos tan fantásticos de los que en Junio hablaban, a la salida de los exámenes y que por cierto les habían conseguido sus padres para el verano o bien en su propia empresa o en la de un amigo, al final les habrían resultado tan pesados como se temían, tan aburridos e insoportables. Me da igual la verdad. Sus voces eran y siguen siendo realmente insoportables, me revuelven el estómago.

Fue realmente sorprendente que no hubiera colas en secretaría, que la chica de detrás del mostrador fuera para variar de lo más amable y me entendiera asi, de primeras, que todo fuera en definitiva tan fácil y rápido . Cuando tras darme mi resguardo le pregunté si había mucha gente apuntada ya, me dijo sonriéndome que no, que de hecho yo era el primero de la lista del programa de intercambios y que a principios del próximo mes sabría el resultado. Luego le pedí el otro impreso, por si las cosas no salían bien, es decir el del cambio de turno, ahora prefiero venir a clase por las tardes. Ella muy amablemente me lo dio.


Estoy cansado de Barcelona. Me da casi igual donde me puedan mandar. Lo que necesito es cambiar de aires. Londres estaría bien, París también. En realidad cualquier destino me basta.

Seis Euros, menudo robo, por un Cacaolat y una tarta de chocolate en una de esas cafeterías de diseño en las que te atienden pese a todo con mala cara, en las que sobre tu mesa nada más sentarte te encuentras un librito titulado “¿Es tu casa Feng Shui?, el Neo2 y demás basura idiotizante. Estoy harto de los moros que tratan de robarte en cuanto te descuidas, de las bandas de adolescentes latinos, de los turistas extranjeros que se cuelan en el metro aprovechándose de ti. Ya no aguanto a los locos que en los ándenes no dejan de gritar, a los vagabundos con su insoportable olor a sudor acumulado durante varios meses. Me carga de sobremanera toda esa gente que va siempre con tanta prisa y que a su paso está a punto de tirar al suelo a una mujer mayor y a un estudiante de Empresariales que después de haber estado toda la mañana de papeleos camina incluso hasta más despacio que ella. No quiero volver a ver más maleantes golpeando las máquinas expendedoras de bebidas hasta que consiguen su objetivo, una bebida gratis, no quiero volver a entrar en los baños más sucios de toda Barcelona para encontrarme dentro a un hombre medio subnormal, con unas gafas con unos cristales de un grosor enorme, un chándal sucio, que al pasar a su lado me toca el culo, me ofrece sin hablarme, simplemente enseñándomelos cuarenta euros por irme con él y que luego en cuanto que ve a otro chico más guapo que yo se olvida por completo de mi, sin dejarme ni tiempo para decidirme. Y la maldita facultad quiero perderla de vista también. En el peor de los casos, ir por la tarde que es justo cuando ellos no van a estar.

Creo que es algo parecido a "Hasta aquí hemos llegado".
 
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Alguien debería de explicarme porque últimamente cada sábado resulta peor que el anterior.

Hoy en concreto podría decir que he tocado fondo. Y eso que no me desperté del todo hasta pasada la una del mediodía cuando mi madre entró en la habitación para recordarme que Pau y Ana subían a comer con nosotros. No me apetecía ver a nadie para variar, ojalá la casa estuviera de nuevo vacia como al principio del verano ¿o fue solo un sueño? pensé. Cuando me enteré que además la estúpida de su hija iba a venir también sentí que ya no podía más, que a lo mejor tenía que dejar de disimular, volver a la cama y pasarme alli el resto del verano, para que todos se enterasen asi, de esa manera que el dia a dia me resulta cada vez menos soportable, que empiezo quizás a tener un problema, de los graves. No obstante, fui cobarde una vez más y opté por seguir adelante, metiéndome bajo el chorro de la ducha, en busca de las energías y las ganas perdidas prefiero no pensar donde. Volví a mi habitación una vez que terminé y en vista de cómo estaba la ropa del dia anterior, llena de restos de barro, no tuve más remedio que pedirle a mi madre que me sacase unos vaqueros, o que al menos sino me dejase comer en bañador. ¡Dios mio!, ¿Cómo es que te has ensuciado tanto los pantalones y la camisa? me preguntó. Me caí de la bici ayer – le contesté. Ella pareció creérselo.


Cuando a eso de las dos y media más o menos Pau y Ana aparecieron yo ya estaba preparado del todo. Acababa de poner la mesa según creo recordar y tumbado en una hamaca a la sombra notaba como las escasas fuerzas que tenía abandonaban mi cuerpo a toda velocidad. Solo quería seguir durmiendo. Llevaba puesto un viejo bañador rojo descolorido y una camiseta sin mangas del último Primavera Sound al que había llevado a Joan y Javier sin mucho éxito, a ellos solo les parece interesar Estopa últimamente, no dejan de cantar sus canciones, siempre hay una situación en la que alguna de ellas les viene como anillo al dedo. Me levanté para saludarlos y finalmente aunque nos sentamos a la mesa decidimos no empezar a comer hasta que llegase la niña de ambos con su novio. ¿Novio?, mi madre y Ana se pusieron a cotillear enseguida, que si no era aún muy pronto para hablar de eso pero bueno, al fin y al cabo debían serlo ¿no? pues se pasaban el dia juntos, iban a todos los sitios juntos y en cuanto que se separaban a la chiquilla se le ponía un humor de perros. ¿Es un buen chaval? , ¿Conoceís a sus padres?: Pau, me fijé, no pudo evitar poner una cara de desaprobación al ver por donde iba la conversación y cuando unos minutos más tarde aparecieron ambos, al verle a él comencé a entenderlo todo. Sin ser muy fea la hija de Pau y Ana es normalita, más bien tirando a rara, y en cambio él es....Bueno, el típico chaval guapísimo de catorce años de Sant Boi, que aparenta casi dieciocho y que “curra” en una fábrica de la zona Franca, que lleva unos vaqueros super ajustaditos, una camiseta sin mangas, con una medalla dorada sobre el pecho, una pulsera y un anillo enorme en el meñique .Lo que trato de decir es que ella debe tener un poco la sensación que le ha tocado la lotería, sin saber porque, con toda la razón además ,no desconociendo de antemano lo anormal de la situación supongo. Con su cara de durillo, de que a él nadie se le resiste, nadie le torea o le cae bien asi de primeras, estoy casi seguro de que para él solo somos éramos cuando hicimos las presentaciones “los viejos de mi novia, unos plastas pijines de mierda, otra pareja más viejos y el pringao de su hijo”. Pau disimuló como pudo una sonrisa al saludarle, mi padre también, yo ni siquiera me atreví a mirarle a la cara. Luego, como ellos se sentaron a mi lado, a lo largo de la comida, pude comprobar como la mayoría de veces en que los dos se hablaban lo hacían en un tono muy bajo , como para que nadie más pudiera oirlos y asi enterarse de aquello que se decían supongo. Sus móviles no dejaron de sonar, que no se me olvide, tenían planes más que de sobra para la tarde por lo visto. “Seguro que besa que te mueres el cabrito, que tiene un cuerpazo y un rabo de la hostia y que por eso has perdido los papeles por el, simplemente te ha hecho sentir algo que nunca antes había experimentado” le dije ,mentalmente eso si, repleto de envidia y frustración a la hija de Pau. De pronto vi como él le metía la mano por la parte trasera del pantalón, bajo la tanga y como ella le miraba sonriendo, como pidiendo más, pensando que nadie se daba cuenta de aquello.


No fue hasta la hora de los postres que salió el tema de las dos semanas que había pasado trabajado con Ana. Al principio muy inocentemente, anécdotas de clientes, lo típico. Luego la cosa se fue complicando y ella empezó a hablarle de José y Nacho, que eran nuestros compañeros de local, con los que parecía haber hecho muy buenas migas. A mi madre esto último le alegró de sobremanera y pidió más detalles. Ana, incapaz ya de parar le contó entonces lo de las fotos mías que había llevado para retocarlas y mi madre ni corta ni perezosa entonces sacó sus propias conclusiones, desgraciadamente algo erróneas, “claro se pasa el dia colgado de internet, seguro que quiere impresionar a alguna chica, ¡hijo, fíjate en la niña de la Ana, espabílate que se te pasa el arroz”. Fue en ese preciso instante en que deseé que la tierra me tragara cuando al bajar la cabeza avergonzado inconscientemente miré el paquete del novio de la hija de Ana, enorme,seguro que la tenía empalmada de las caricias que ella no dejaba de hacerle y ni que decir que también yo en ese momento me puse a cien. Me percaté unos segundos después, al levantar la cabeza de nuevo, de que los dos se reían incluso con mi historia, y que por primera vez en la comida ambos parecían prestar atención a algo, ser parte de la misma. Cuando mi madre un poco más tarde me pidió que lo acompañase al baño, acababa de preguntar por él, ni que decir que una historia con nosotros dos de protagonistas surgió a toda prisa en mi cabeza, yo de rodillas chupándosela en el servicio, poniéndole el culo, el finalmente corriéndose en mi cara con su típica cara de superioridad, como si me hubiera hecho un favor. Sin embargo la realidad fue muy diferente y apenas él puso un pie en el mismo cerró lo suficiente la puerta como para que yo no pudiera entrar detrás suyo, dejando eso si el suficiente hueco como para que alejándome un poco pudiera ver su espalda reflejada en el espejo mientras meaba. Me la empecé a tocar, sin atreverme a sacármela alli mismo mientras oía como meaba, sin dejar de mirar aquella espalda tan fuerte, aquel culazo tan apretadito. Luego de vuelta a la mesa notaba como pese a no haberme corrido las piernas me temblaban y también como un ligero mareo me impedía incluso hablar, estar atento a esa conversación que de pronto a todos interesaba, que estaba más viva que nunca.


Cuando a eso de las seis todos se largaron fue cuando empecé a agobiarme. El aburrimiento no me permitía como de costumbre hacer más de media hora lo mismo. Empezaba a escuchar música lo dejaba. Me metía en algún chat, me desconectaba pronto. Bajaba a ver la televisión, enseguida me aburría. Iba a la playa, me volvía a casa sin ni siquiera poner un pie en ella. Ya de noche mi madre, viéndome tirado en la cama empezó con sus reproches de siempre, o sea, que con la de amigos que había tenido ¿dónde estaban ahora? , que porque no llamaba a alguien, que lo mio no era normal en definitiva...Mi padre en el salón se lo tomaba con más tranquilidad eso si, diciéndola que ya vería como pronto se arrepentiría de aconsejarme salir más con los amigos pero mi madre cuando se pone asi se obstina y nadie ni nada la puede hacer cambiar de opinión.

Empezamos a gritarnos los dos, yo de un manotazo tiré la web cam al suelo, ella a continuación me echó en cara lo raro que era, me dijo que porque no llamaba a los dos chicos de los que le había hablado Ana para invitarlos a comer mañana y yo entonces ya harto de ella, de que viva en las nubes, me imaginé lo que podría decirle mas que nada para terminar la discusión, dejarla en ese mismo momento hundida, sin palabra alguna que añadir. Si, algo parecido a “ ¿Si quieres que los invite?, ¿Te ha dicho Ana que tienes treinta y muchos años, que uno de ellos se frotaba la polla contra mi culo, que probablemente solo me quiere follar y nada más? ..Aunque claro no te preocupes que si quiero follar ya lo hago con alguien de la edad de papá..”.

Obviamente me quedé en silencio mientras mi madre proseguía con su discurso de siempre y como de costumbre, al final del mismo, salía del cuarto malhumorada.A esas alturas es cuando ya da por hecho que lo siguiente que yo voy a hacer es encerrarme en la habitación, no salir de ella hasta la mañana siguiente.

Eso mismo es lo que hice en cuanto pude. Tumbado de lado en la cama, pensando en el novio de Ana, en Joan, en la de chicos que aún tendré que conocer y que me obsesionarán ,que pasarán de mi como de la mierda.

De pronto el círculo se completó. Me sonó un sms en el móvil. Encendí la pantalla y la habitación se iluminó un poco. Era de Jose....¡claro me había mandado el primer dia que nos conocimos una chorrada y por eso tenía mi número!

“Ola Guapo. Zorreando ya en la red?, A ver si nos vemos que me molas muxo.Besos.”
 
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-¿Perdona, como es que comes aquí todos los dias y resulta que nunca te vas de viaje?

-Es que trabajo cerca y me viene bien

-Ah, claro, ¿Y en invierno donde comes?

-Estoy trabajando aquí solo por unas semanas, normalmente voy a la universidad y como alli

-¿Entonces que, sacando unas perrillas para ti y para tu novia este verano? ¿no?

-No, no tengo novia

-¿Y eso?

-No, no me gustan las chicas ya sabe, a mi los chicos

-Ah, pues búscate uno pronto que sea bueno y que te quiera, que se venga a comer contigo, no es bueno que pases tanto tiempo solo

-Lo intentaré.



Acto seguido ella volvió a colocarse los auriculares y situando las agujas una enfrente de la otra siguió tejiendo su jersey, su bufanda, su chaqueta o lo que fuera. Yo poco después, una vez que me pareció que ya no iba a interrumpirme más, también hice lo mismo y la música de nuevo volvió a aislarme de toda la locura del Terminal Marítimo. Sentado en la mesa de la cafetería abrí el bocadillo, bebí algo de zumo y me dispuse por fin a comer. La gente esperaba más ansiosamente que nunca su turno para poder montarse en los barcos que los llevarían hasta las Baleares. He comprobado que a medida que avanza agosto, dia a dia, los pasajeros están cada vez mas impacientes por abandonar Barcelona, cuanto antes mejor, para iniciar de esa forma las anheladas vacaciones. Es como si el resto el año no fuera vida para ellos, tan solo se tratara de un aburrido trámite que hay que cumplir y punto .

El guardia de seguridad que en esos momentos hacía su ronda de vigilancia volvió a mirarla muy despectivamente, con cara de resignación. Parecía que le molestaba bastante tenerla todos los dias por alli. Probablemente odiaba su gastado vestido de flores rojas, su cara excéntrica: una vieja loca de unos sesenta y cinco años, siempre molestando , con su perro caniche a sus pies, haciendo ¿el que?, ¿una bufanda?,¿unos calcetines?, ¿Por qué demonios tengo yo que encargarme de esto? parecía pensar. La mujer de la limpieza que al mismo tiempo salía del baño con el carrito de las escobas a cuestas tampoco se alegró precisamente de verla sentada a mi lado. Aunque rápidamente como siempre se dirigió hacia el vigilante con la mejor de sus sonrisas, dispuesta una vez más a volverlo a intentar. El, puede que hubiera sido guapo en su juventud pero ahora alrededor de los cincuenta ya deja bastante que desear. Ella esta claro que desde siempre ha sido fea. La misma escena que se produce casi todos los dias y que no por ello deja de ser ridícula, pues a el tampoco le agrada lo más mínimo verla a ella y rápidamente sin apenas prestarla atención, apenas cruzando el saludo de rigor y un par de palabras de cortesía, siempre termina por poner rumbo hacia la planta inferior, huyendo, subiéndose los pantalones hasta las costillas casi, retocándose el pelo con las manos mientras baja por las escaleras. Está claro que aún se lo tiene muy creido, que hace años que no se mira al espejo, que cada una de sus decrépitas admiradoras secretas en el fondo cuando suspira por él hasta le alegra un poco el dia, le hace sentirse aún el rey del cotarro.

-Perdona – volvió a golpearme en el brazo- ¿y eso que te gusten los chicos como es?

-No sé, lo típico, ves a uno y te hace gracia, igual que con las chicas supongo

- Claro que tonta. No te molesto más.



Asi ha sido mi último dia alli, arriba, en la cafetería. Alrededor de las dos y media, como casi siempre. Hasta me dio algo de pena al terminar de comer, cuando tiré el papel de plata a la papelera y me despedí de ella. Mis dos semanas de trabajo en la tienda de Ana han tocado a su fin . Ella probablemente volvería alli el Lunes, con su caniche y su bolsa de plástico. Yo ya no estaría. Le dije adios con la mano y ella sin quitarse los auriculares me sonrió.

Acto seguido me lancé hacia Las Ramblas , desviándome poco después hacia el Corte Inglés de Puerta del Angel, en busca un chico, un ligue fácil de aquí te pillo y aquí te mato, en los baños de la segunda planta que son los que al menos tienen esa reputación. No hubo suerte. Chicos guapos si que había de sobra como siempre, pero ninguno finalmente dirigió sus pasos hacia alli dentro. La situación era de lo más ridícula, yo fingiendo interés en unos libros de antropología primero, de cocina después, simplemente para controlar quien entraba dentro. Luego subiendo y bajando por las escaleras mecánicas, recorriendo las plantas superiores, de deportes, en busca de algún tio superbueno al que seguir, tener vigilado por si acaso. Aburrido opté por entrar a los urinarios pero la verdad, aparte de un par de abuelos machacándoselas frente a las pilas, solo alcancé a ver un chico de unos treinta años, algo interesante, a punto de montárselo parecía con un señor mayor que le esperaba dentro de una de las cabinas. Me miró, lo mismo que yo a él. Pero ya debía ser demasiado tarde. Volví a intentarlo en los lavabos de Sants pero aquí el panorama resultó aún más descorazonador. Un oficinista con cara de no enterarse de nada trataba de llevarse a un morito dentro, sin pagarle nada, y fijaba mientras sus ojos en mi. Camino a casa, recién salido de El Prat envié un sms a la única persona que conocía que podía estar interesada en echarme un polvo esa misma tarde. No tardó ni cinco minutos en responderme, afirmativamente claro.

Nada más llegar a Garraf rápidamente fui a casa a ducharme y de ahí me dirigí hacia las afueras del pueblo que era donde habíamos quedado y el me esperaba, más que nada para no levantar sospechas. Esta vez no había traido el Bmw biplaza sino un 4x4 enorme de color verde metalizado que había aparcado justo en la esquina del aparcamiento. Nos dimos la mano, nos sonreímos y sin decir nada me invitó a subir al coche. Lo arrancó. ¿Te molesta esta música o el aire acondicionado?. ¿Vas cómodo con el asiento asi?, ¿Quieres tomar algo antes? me preguntó de un tirón, antes de ponernos en marcha. Le contesté que todo estaba bien y que de momento no me apetecía tomar nada .


Fuimos cerca de Cala Morisca y nos desviamos de la carretera parando entre unos pinos. Entonces el me pidió que saliera fuera del coche y que me apoyara contra la carrocería del mismo. El se bajo también poco después y se me acercó colocando su cuerpo contra el mio. Intentó besarme en la boca pero no le dejé y entonces comenzó a lamerme todo el cuello. Me bajó los pantalones piratas hasta el suelo mismo y colocó su cara a la altura de mis boxers acercando sus labios alli donde se notaba que estaba mi polla ya erecta, como queriendo besarla. Yo me quite la camiseta y al verme como lo hacía empezó a jadear y no tardó mucho en bajarme los calzoncillos del todo y empezar a chupármela de rodillas ante mi. La escena tenía su gracia pues a nuestra espalda, a no más de cien metros por la carretera no dejaban de pasar más y más coches, a lo mejor era eso lo que me ponía tanto. Paró entonces un momento para que me quitase del todo los pantalones y los boxers y los dejara en el asiento delantero , aprovechando el también esa pausa para desnudarse por completo. Me volvió a mandar que me apoyara sobre la puerta, ya completamente desnudo, esta vez agarrado a la barra del techo y primero de frente para seguir chupándomela, luego de espaldas. Entonces fué cuando intentó encularme pero debió notar que era virgen y que quizás ese no era el momento propicio asi que únicamente colocó su polla entre mis nalgas y empezó acto seguido a frotarla. “Quiero correrme en tu culo” me dijo unas cuantas veces. Empezó a sacudirse cada vez más fuerte hasta que de pronto, unas décimas de segundo antes de su jadeo final, note como un líquido caliente entraba bruscamente en contacto con mi piel y resbalándose caía más tarde sobre mis piernas. El siguió moviéndose durante unos treinta segundos más pero ya se notaba como su polla no estaba tan dura como antes, por su forma de respirar además parecía estar agotadísimo. Su leche seguía bajando por mi pierna, estaba a punto de llegar hasta el al mismísimo pie. Separándose un poco de mi pero siguiendo abrazado a mi igualmente por la espalda, los gestos típicos de ese momento en que haces sexo y nada más que sexo se vieron de pronto sustituidos por otros, no se si de cariño, no creo, o de simplemente un superficial y simple aprecio por la otra persona. Sus manos reposando ambas a la altura de mi estómago, sus besos, recorriendo mis hombros. Me colocó cara a cara frente a él y volvió a abrazarse a mi y no sé como me convenció para que le dejase besarme finalmente en la boca. El lo hizó por supuesto nada más aceptar yo durante un par de minutos, sin atreverse a meterme la lengua casi, pidiéndome además en una pausa que yo también le abrazase un poco por favor lo que tímidamente a continuación hice. Es curioso, recordaba como con aquel chico de Castelldefels o mi amigo el francés mis manos se deslizaban por sus brazos casi sin esfuerzo, su piel era tan suave, la forma de sus brazos como que invitaba a ello. Con él sin embargo no ocurría eso, la piel era aspera y rugosa, los brazos sin forma alguna. Finalmente comenzó a masturbarme y cuando a los pocos minutos me corrí vi como toda mi leche manchaba sus huevos, salpicaba sus muslos. Cerré los ojos, los dos sudábamos a mares del calor que hacía. Rápidamente, en ropa interior únicamente, los dos nos metimos al coche de nuevo. El me pidió que me tumbara, que colocase mi cabeza sobre sus muslos, boca arriba, nada de sexo me dijo, yo lo hice. Estuvimos un buen rato asi, sin decirnos nada, él me acariciaba la cara, el pecho, de vez en cuando introducía ligeramente su mano bajo mi calzoncillo. Yo mientras notaba como afuera cada vez había menos luz.

Tienes que venir a casa y conocer a mi novio me dijo, medio despertándome, pues estaba a punto de quedarme dormido.

Noté como el motor ya estaba en marcha.

Me incorporé del todo.

¡Claro! le contesté
 
14


Ana ha decidido que esta semana ya no vamos a abrir por las tardes.

De nada sirve estar preparados, yo detrás de la caja registradora, ella vigilando las revistas y la nevera, si luego a la hora de la verdad nadie entra a comprar, los oficinistas después de comer ya se han ido todos a sus casas, los turistas por la tarde ya están todos recluidos en sus lujosos trasatlánticos. Además como su hija ya ha vuelto del campamento en el que estaba no tiene más remedio que traerla a la tienda y eso es todo menos una ayuda para los dos. Tiene esa edad difícil, doce años, en que pone mala cara a cualquier cosa que le digamos tanto yo como su madre. Se pasa la mañana entera pendiente del móvil, esperando la llamada de un amigo suyo, cuando se supone que debería ayudarme un poco. Yo no digo nada, estoy seguro que su madre es consciente de ello pero aún asi, prefiere callarse o hacerse la tonta.


José entraba este mediodía con unos cafés a su local justo cuando nosotros ya estábamos cerrando el nuestro y se sorprendió mucho de vernos marchar. “No me habías dicho nada perra” le dijo a Ana, sacando su vena más ácida, para a continuación atacarme a mi “y tu ¿que pasa niño? ¿ya no pasas a vernos?”. Me quedé en blanco la verdad, sin saber muy bien que excusa ponerle, pero él rápidamente pasó a otro asunto (lo aburrido que era Nacho) y pronto de este a otro que ya ni recuerdo.

Nos separamos en el ascensor del aparcamiento, ellas dos camino hacia su coche y yo de regreso a Sants. Podría haberme quedado a comer en la cafetería del Terminal de Drassanes como otros días pero la verdad me apetecía llegar a casa lo antes posible.


Un chico gordito, gay casi seguro, y su amiga se sentaron enfrente mio en el tren. El no dejaba de reirse y de abanicarse tanto a si mismo como a ella. Ambos se sorprendieron cuando de pronto inconscientemente suspiré “¡Ay que coñazo Dios mio!” pero es asi tal y como me siento últimamente. Lo siento. Cuando en Viladecans volví a abrir los ojos, me había quedado traspuesto, ninguno de los dos ya estaba en el asiento de enfrente. En el andén de la estación de Gavá poco después los restos de la pasada noche del sábado aún eran visibles, los dos expositores del andén rotos, la madrugada del domingo, de vuelta a casa había visto como unos chicos los destrozaban a base de botellazos. Los restos de vomitera en uno de ellos seguían también alli, como si el tiempo no hubiera pasado. Sinceramente, debió ser una noche salvaje la del sábado pues los pocos chicos y chicas que el domingo iban en mi vagón apenas podían mantenerse en pie, no dejaban de preguntarme uno tras uno al subirse al tren por papel de fumar, o por algo de costo también.

Después de comer y de echarme una pequeña siesta por fin bajé al garaje y de nuevo me senté en la bici después unos cuantos dias sin haberme montado en ella. “¡Ay otra vez juntos, vaya mierda de verano!” susurré al salir de casa, justo al meterme en el camino hacia el pueblo. Fue curioso como entonces, un poco de ejercicio, hacer un poco el bestia, me hizo de nuevo ser algo más optimista, tener algún que otro plan para el futuro. Una hora antes en la cocina, me había sorprendido a mi mismo hablando con los electrodomésticos de lo triste que me encontraba.

Cuando llegué a a la playa no había mucha gente. Me alegré de verás, colocándome poco después lo más lejos de ellos posible.

Sin embargo a veces al destino también se debe aburrir y por eso le gusta gastar bromas.


Aquel chico que hace unas semanas me había pillado mirándole el paquete, que me había sonreído despectivamente desde sus casi dos metros de altura, alli estaba de nuevo ante mi sorpresa, entrando en la playa, apenas me había tumbado yo sobre la toalla, con una chica de nuevo acompañándole, dirigiéndose inoportunamente hacia mis dominios. Me miró directamente a la cara antes de detenerse para sacar la toalla de su mochila y tirarla al suelo a continuación. Cerré los ojos, pero no como normalmente lo hago sino con mucha más fuerza, y no por timidez, vergüenza o miedo, sino porque lo último que quería era ponerme caliente, otra vez , pues llevó asi desde el domingo, pajeándome cada cinco o seis horas , sintiendo además como cuanto más caliente estoy, más deprimido me encuentro también y la verdad empieza a ser algo insostenible. Giré la cabeza hacia otro lado. Seguí pese a todo con los ojos cerrados. Los minutos siguientes, según oí, no tuve más remedio que hacerlo, los empleo en ayudar a ella a colocar su toalla y en darle crema en la espalda principalmente. Luego, luego claro ya libre de más obligaciones fue cuando empezó con su pasado como jugador de waterpolo, sus aventuras en la liga universitaria, el entrenador en pleno invierno les obligaba a entrenar en la piscina descubierta, no les dejaba de gritar, de insultarles, les mandaba muchas veces a ducharse con agua fria, finalmente lo había tenido que dejar le comentó con una especie de pena muy fingida creo yo, “los colegas son los colegas y la juerga es la juerga” fueron sus palabras.

Mi baño unos minutos poco después no tuvo nada de especial, salvo el reencuentro en el agua con ese chico al que sus amigos de todos los veranos hasta este año han dejado de lado por haber engordado un poco. El domingo por la tarde había sido testigo de cómo se reían de el mientras jugaba con su hermano pequeño, uno o dos años más pequeño que él y delgado y esbelto como ellos. “Un donuts de chocolate más tio que estás en los huesos”, le decían haciéndole la vida imposible desde la superioridad que les daban sus cuerpos de gimnasio, sus bañadores de última moda, sus continuos éxitos con las chicas, seguro que si. Me dí cuenta hoy que era bastante mono de cara y que también me miraba, tristemente, con el agua a la altura de los hombros y el pelo revuelto, como si acabara de salir de bucear. Su hermano pequeño estaba de nuevo cerca suyo, aunque ya no jugaba con él, probablemente le habría perdido todo el respeto tras lo del domingo, “¿quién puede quedarse cruzado de brazos escuchando esos insultos, sin hacer nada? pues el tonto de mi hermano” pensaría. Su madre seguía afuera en la playa ajena a todo como la mayoría de las madres. Otra vez será me dije mirándolo por última vez, deseando de veras saber su nombre, un encuentro a solas con él.


Su bañador tan ajustado, su cara de pillo: Ambos me han bastado para encontrar nada más llegar a casa un motivo para hacerme otra y con esta van ya.... Podía haber encendido el ordenador y la cam, o incluso haber pensado algo más en él, en esas duchas de aguas fria de las que hablaba, pero la verdad, todo ese optimismo del principio de la tarde, de los pedaleos y derrapes, del polvo que levantaba a mi paso, ha desaparecido ya por completo dejando paso a lo de siempre otra vez. No tengo fuerzas para nada, apenas se me empalma y me sale ya leche de hecho, pero ahí que sigo.

Y mientras el mundo que no deja de cambiar ahí fuera, el mundo y sus habitantes en concreto, mi vecino por ejemplo, ese chico un poco mayor que yo y que antes no tenía amigos, que se pasaba el dia colgado de los libros de Tolkien según decía su madre a la mia, que por las noches paseaba al perro con una camiseta de Marilyn Manson puesta...Si de pronto se ha convertido, quien sabe porque, en otro hortera más, al volante de su Peugeot y con una camiseta con la bandera brasileña anudada a la cabeza, con una chica también a su lado. Tenía un algo que lo hacía especial, físicamente era una mezcla entre Tim Burton y Simon Gallup de los Cure. Me hacía gracia como había marcado sus fronteras frente al mundo real, frente a todos los imbéciles que lo rodeábamos. ¿Cómo es que ha acabado asi, escuchando a El Canto del Loco?. Quizás ahora sea más feliz que antes, haya aprendido incluso a sonreír.

A fin de cuentas ¿quién soy yo para decir a alguien lo que tiene que hacer o dejar de hacer con su vida?.













 
13


Luces rojas, azules y amarillas mezcladas entre si.

A la salida del cine todo parecía una especie de nebulosa.

Andaba demasiado ocupado dando todavía vueltas al final de la película como para darme cuenta o fijarme en algo o en alguien. Imaginaba lo que Joan y Javier hubieran pensado, me habrían dicho de haberla venido a ver conmigo “no vuelves a elegir nunca más tio, nunca más”. Pero claro, ¿qué puede importar eso ahora?, ¿acaso no da igual?. Estoy solo y nadie va a criticarme ya por la elección que hace unas horas hice, lo mismo que nadie me va a llevar tampoco luego a desayunar a alguna cafetería, dentro de un par de horas , justo al amanecer, muy poco antes de que salgan por fin los primeros trenes de cercanías de Sants y nadie me va a hacer compañía por último en el vagón de vuelta a casa, a punto de caer dormido.

Alguien me abrió la puerta de cristal sin pedírselo yo, supongo que para evitar que me chocase contra ella, y ahí estaba de nuevo, frente al calor sofocante de Barcelona a las dos de la madrugada, en una calle repleta de gente, todos más que preparados y listos para su noche de sábado, era el verano del año dos mil cinco en pleno apogeo.

¿Qué toca hacer ahora? me quedé pensando en el vestíbulo exterior del cine, ¿Dónde podría ir?. Los pocos espectadores que habíamos ocupado la sala y en que en la mayoría de los casos nos habíamos presentado alli dentro solos empezaron a desaparecer, incorporándose poco a poco a aquella masa humana que ocupaba la Ronda de la Universidad y que a velocidad uniforme, lenta pero constante, se desplazaba, camino a la Plaza de Cataluña.

Decidí de momento hacer lo mismo que ellos.

Extranjeros y estudiantes, para los que todas y cada una de las noches del verano es una fiesta, noctámbulos de fin de semana, adolescentes procedentes de algún barrio pobre, medio borrachos ya, un grupo de chicas en plena despedida de soltera, no tuve más remedio que meterme detrás de ellas, aguantar sus estúpidas canciones, con un grupito de chicos menores de edad por lo tanto a mi espalda, no dejando de gritar lo más escandalosamente posible, de sacar pluma, de repetir la palabra “maricón” una y otra vez, una y otra vez. ¡Quien pudiera, ójala, cambiar su adolescencia al menos en apariencia tan perfecta por la mia! me da por pensar ahora, en este momento de bajón en el que me encuentro, quisiera irme a casa pero no puedo, quisiera un amigo, alguien con quien follar y no lo consigo, el tiempo se agota.


Las luces rojas de los semáforos, azules de un vehículo de la policía que estaba parado a la puerta de una discoteca, en el arcén, amarillas de un local de comida rápida que cerraban ya cuando yo salí de él tras comerme un grasiento bocadillo y beberme una Coca Cola tamaño grande que espero que me mantenga despierto hasta el final. Como Scarlett Johansson en “Lost in transalation” empecé a poder distinguirlas por fin cuando de nuevo otra noche más me sentí un poco como ella , en medio de la diversión y la locura ajena, pero sin poder participar de la misma, totalmente aislado, caminado a mi propio ritmo, sin un rumbo fijo, lejos de Bill Murray. A lo largo de la calle, en plena madrugada, circulaban a gran velocidad coches relucientes, con la música a todo volumen, se veían chicos vestidos a la última moda en la puerta de los bares más in, bien bebiendo o bien repartiendo invitaciones a otros chicos, chicos cruzando la calle de lado a lado, chicos saliendo de las discotecas, chicos esperando para poder entrar a ellas y haciendo acopio de fuerzas devorando sagazmente los bocadillos que habían comprado a una muchacha china que por alli andaba, chicos con más chicos que se gritaban los unos a los otros, chicos cantando, pandillas de amigos en resumidas cuentas para los que a juzgar por sus caras, iluminadas únicamente por la luz de las farolas, la noche iba sobre ruedas. Tan diferentes a mi. Cerca de Gran Via cuando mi recorrido por aquella calle tocaba a su fin un hombre en la puerta de la sauna Casanova me ofreció pasar alli dentro gratis, con consumición incluida. Tímidamente le dije que no, me parece que con un par de hombres a mi espalda, pendientes de cual iba a ser mi respuesta. ¡ Que lejos estaba ya de mis intenciones iniciales, esas junto a las que me había subido al tren a las once de la noche y que consistían en ir al cine primero y luego a Salvation o un sitio parecido a conseguir algo!.¿Cómo demonios tan solo una película, y nada más que una película puede haber alterado tanto mis planes, haberlos cambiado por completo? En la puerta del Arena volví a encontrarme más jovencitos amanerados, mas lesbianas gritonas, todos como revueltos y un poco más lejos, sentados en un banco bajo los árboles una pareja de chicos fumándose un porro y besándose, mirándome al pasar, supongo que riéndose por dentro de mi cara de desaprobación, de mi timidez,”mira otra reprimida” seguro que pensaron.

03h57 am: esa es la hora que marca la pantalla del ordenador ahora mismo. Miro alrededor y este local me resulta ya tan familiar. Son muchas las noches de sábado, bueno en realidad tan solo cuatro contando esta, que este año me he visto obligado a pasar aquí y siempre por la misma razón, mi madre preguntando porque no salgo, mi madre averiguando si sigo siendo amigo del Joan, mi madre criticándome por estar siempre metido en mi cuarto frente al ordenador, como si no tuviera amigos. Hoy tenía pánico de contarle como están las cosas en realidad y una cosa ha llevado a la otra, por eso he vuelto, al EasyCafé , abierto las veinticuatro horas del dia, en pleno centro de Barcelona . La entrada, más iluminada que el resto del local, con su surtido de bebidas, chocolatinas y sándwichs que la gente que disfruta de la noche sabe que alli puede comprar siempre que quiera. El resto del local lleno de ordenadores y de un público noctámbulo y moderno como siempre, que ahora en verano y con estas temperaturas sabe que es imposible dormir, que las oportunidades surgen cuando menos te las esperas. El largo camino que siempre hago hasta entrar en él, hoy todos los edificios colindantes estaban cubiertos por andamios, otro símbolo más del verano, como si ellos estuvieran preparándose también para cuando todo se vuelva a poner en marcha en septiembre, quisieran tener el mejor aspecto posible para entonces.


Desgraciadamente unas chicas extranjeras ocupaban y siguen ocupando ese, el lugar en que yo estuve las otras noches, dos de invierno y otra de primavera, que quemé aquí. No he tenido más remedio que buscar acomodo más dentro, casi al final del local. Me solía sentar donde están ellas ahora, quitarme el abrigo negro y colocarlo sobre el respaldo, remangarme las mangas del jersey negro y dar entonces inicio a la noche. Hoy en pantalón corto, con zapatillas de deporte y una camiseta negra Puma sin mangas, esa es la única diferencia, más o menos he venido a hacer lo mismo. Sentado frente a la pantalla me he colocado los auriculares con la banda sonora de “Lost in Translation” sonando en ellos, he introducido mi contraseña, he abierto luego el messenger recibiendo apenas haberlo hecho dos ofertas para ciberpajearme, he entrado por último en el chat “Lexi19bcn” con la esperanza de echar un buen polvo para que vamos a engañarnos, sin esperar nada más a cambio.


“¿Algún chico en el Easy de Cataluña o cerca?” esa es la pregunta que siempre hago y que hoy he repetido hasta la saciedad y para que negarlo, siempre hay chicos de sobra, o bien perdidos en la madrugada como yo, o abandonados por sus novios y cansados de sus amigos, o visitantes de una ciudad extranjera o de una capital de provincias, pero eso si, todos con algo en común, tratando de encontrar desesperadamente compañía para lo que queda de noche y si la cosa se da bien pues para el amanecer y las primeras horas de la mañana, hasta el mediodia si acaso. En lo que va de noche por ejemplo ya he visto a un par de ellos levantarse y dirigirse rápidamente hacia la entrada del local y con ansiedad esperar alli a la otra persona, con la que han quedado, que al aparecer les ha mirado de reojo y como no le ha gustado aquello que ha visto ha optado por volver a su sitio dejándolos en la puerta de entrada, con cara de circunstancias de nuevo. No eran muy guapos ninguno de los tres la verdad y por eso no tengo muchas esperanzas, cuando vea uno bueno será entonces cuando yo me lance. Yo participé un par de veces en este juego hace meses y en la primera ocasión la otra persona ni llegó a presentarse: en la segunda, pues bueno, asi fue como conocí al chico con el que me fui luego a su casa de Castelldefels a dormir.

Lo bueno es que resulta prácticamente imposible deprimirse mucho aqui dentro, no se si es gracias a este ambiente que se respira siempre, cada madrugada, la luz artificial, el olor a café mezclado con el olor a chocolate, a colonia, el ir y venir de la gente por sus pasillos, las miradas que nos dirigimos los unos a los otros, la de mensajes que tienes que contestar por minuto. El caso es que los fracasos no importan, siempre te quedan ganas de volver a intentarlo de nuevo, la noche es muy larga aún, más o menos eso es lo que sueles pensar volviendo a repetir tu frasecita de siempre: “¿Algún chico en el Easy de Cataluña o cerca?”. Es como un mundo aparte.



Hace un rato ha vuelto a sonar por megafonía el mensaje de siempre, ese que te dice que no debes dejar nada en el suelo, o descuidado en la silla de al lado. Miro el reloj 05h35 am. Han debido ver a algunos morillos pulular por la entrada o incluso ya dentro del local. Es cuando lo suelen decir, más que nada para evitarse disgustos.


Por cierto elegí la película más que nada porque salía el protagonista de “Bye bye Lenin” y porque supuse que no habría mucha gente y el ir solo no llamaría demasiado la atención. Lo único es que no contaba con ese momento en que una de las dos señoras mayores, la que está medio enamorada de él, sin que nadie se de cuenta cuando le cortan el pelo al chico, coge del suelo un mechón suyo y se lo lleva al pecho, cierra los ojos, comprende lo imposible de su relación pero pese a todo no puede evitar sentir lo que siente por él: Me resulto tan familiar para que negarlo.


En fin, creo que es más que suficiente por hoy.
 
12


Me ha puesto una mano sobre mi hombro, acariciándolo ligeramente una vez. Casi a continuación ha puesto las dos, una sobre cada hombro, acariciándolos ligeramente también pero bajando esta vez casi hasta el codo, tratando de adivinar que tipo de brazo se esconde tras mi amplia camiseta, delgado huesudo y duro o bien musculado, con algo de forma, producto del gimnasio. Un escalofrío, mucho calor de pronto, más o menos eso he sentido. Por último y mientras trataba de retocar unas fotos mias que me había llevado, siguiendo eso si sus instrucciones, ha pegado por completo su cuerpo al mio, colocando su estómago contra mi espalda, apoyando la cabeza en mi hombro, poniendo su mano sobre la mia para poder guiar más rápida y efectivamente el ratón y asi no tardar demasiado en nuestra tarea. He sentido la forma de su polla contra mi culo, al principio en reposo pero en pocos segundos ya dura y ha sido Nacho, su otro compañero de tienda, que parece como una replica suya, treinta y tantos, muy delgado y con barba de tres dias, quien con una sonrisa entre burlona y desaprobadora le ha parado un poco los pies (“José tio....ya te vale...tenías que verte...”). El entonces ha retirado su mano de la mia, se ha separado por completo y yo poco a poco me he incorporado como he podido, con cuidado, estando bien seguro que los pantalones disimularan también mi erección, bastante fuerte, sin saber muy con que cara mirarle después de esto. Cuando unos minutos más tarde ha visto el resultado final, observando detenidamente foto por foto ha concluido “bueno pues ahora tan guapo ya sabes, a ponerlas en alguna página guarra y a ligar lo que Nacho y yo no ligamos”. Yo entonces me he reido como últimamente siempre me río, sin saber muy bien si hay motivo para hacerlo o no, como para hacerle compañía nada más, y he puesto como excusa que Ana probablemente me necesitaría ya en la tienda para poder dejarlos a solas en su local, seguro que se han puesto a discutir de nuevo. He salido bastante avergonzado un poco por todo y por nada a la vez. Está claro que él ha sabido leerme la mente a la perfección, ha adivinado hasta mis intenciones más secretas.


Macario, un chico de Burgos con el que últimamente chateo bastante me ha dicho que es normal, que a él también le pasó algo parecido. De pronto explotas, es su teoría, y pasas de un extremo a otro, de no tener amigos, de no interesar a nadie, de que nadie nunca te llame directamente al otro lado, donde todos van detrás de ti, no dejan de intentar quedar contigo, atosigándote a todas horas. Pero es cuestión de tiempo que las cosas vuelvan a torcerse me ha dicho, a la normalidad, asi que hay que aprovecharse al máximo de esos pocos dias en que la suerte está de tu lado y eres el centro en torno al que giran muchas otras vidas. ¿Por qué esto me pasa ahora y no hace cuatro o cinco años? le he preguntado. El no ha sabido muy bien como responderme. Depende, quizás hayas estado muy protegido por tu familia, metido siempre en casa, quizás no te aceptabas entonces a ti mismo como hoy lo haces y por eso tratabas de engañarte, fingiendo ser uno más, no te exponías demasiado. Más o menos eso es de lo que hemos hablado esta madrugada. El, aparte también me ha echado una buena bronca por irme, en sus propias palabras, con vejestorios y no con chicos de mi edad, por dejarme abusar y avasallar por ellos, por malgastar mi juventud en sus coches, con los pantalones bajados y la polla al aire. Su sitio son los cuartos oscuros, las saunas, los baños de las estaciones de tren. Yo no pinto nada con ellos me ha insistido; Búscate alguien de tu edad, ya sabes, no es tan difícil en estos dias . Es muy sencillo de hecho.


Joan no deja de tocarme el pelo, me sonrié, me pregunta si estoy, si me siento ya algo mejor. He retrocedido mentalmente, una vez que me he despedido de Macario y el ordenador va poco a poco cerrándose, a esa primera noche del viaje de fin de curso de este año, esa en que no paraba de vomitar por fumar demasiado con el estómago vacio, cuando me tuve que quedar finalmente en la habitación del hotel. Estoy justo en ese momento en que todos menos él se acaban de ir de fiesta y yo que me acabo de poner el pijama , al salir del baño veo como se ha metido en mi cama, justo en esos instantes cuando no sé muy bien que hacer. “Vente pa aquí hombre” me dice al ver como me siento en su cama, en plan reprimido, con las piernas cruzadas, encorvado hacia adelante y sin atreverme a mirarle. De camino, se destapa del todo y claro, como no es tan soso como yo y no usa pijama en verano, está ya en boxers, rojos y con su camiseta gris del Barsa alrededor del cuello. Al meterme alli dentro de pronto me doy cuenta que permanecer con las piernas dobladas bajo las sábanas es la única manera posible ya de disimular la brutal erección que tengo. En la tele echan “Homozapping” y cada vez que nos reímos nos miramos el uno al otro sin que yo sepa muy bien el porque, pero el caso es que lo hacemos. Y es justo cuando termina el programa, me acabo de acordar, cuando Joan me empieza a tocar el pelo y sonriéndome, me pregunta si estoy, si me siento ya algo mejor. Luego lo sigue haciendo durante las dos horas siguientes, pero con pequeñas pausas, cada vez más largas, justo hasta que ambos nos levantamos para ir al baño. Pasa ya más de una hora de la medianoche, nos damos cuenta, mientras desde el balcón de la habitación observamos en silencio la bahía de Palma. Yo aprovecho y le doy las gracias por todo, por quedarse conmigo, por ser como es y él entonces, superada una especie de incomodidad inicial, él entonces vuelve a reirse de mi, a acariciarme el pelo, pero diciéndome esta vez que es hora de irnos a la cama, que está tan cansado. Con la vista fija en la pared , siempre me ha dado vergüenza ver como se desnuda estúpido de mi, y mientras oigo como abre y cierra el armario, como coloca su maleta en la parte más alta del mismo , inicio mi particular cuenta atrás, pienso en lo que teóricamente es el paso siguiente, el más lógico y probable, el más deseado por mi también después de todo lo que ha pasado, es decir que el vuelva de nuevo a mi cama, se meta otra vez en ella , y esta vez si, me abrace y haga realidad de esa forma todos mis deseos de este último año, me llene la espalda de besos, la boca y la cara también, yo por mi parte esta vez me atreveré a tocarle algo, no rehuiré el contacto de mi piel con la suya como antes lo hice, me volveré un descarado. Sin embargo oigo como con cuidado destapa su cama y se introduce finalmente en ella apagando por último la luz. Buenas noches Alex. Buenas noches Joanet. Eso es todo. Eso debe serlo pues.

Discretamente me la machaco una vez que noto que se ha quedado dormido y cuando me corro la mano se me pringa por completo. Más o menos igual que hoy rememorando dos meses después esa vieja historia pero cambiándole en algo su final.


A la mañana siguiente Joan no dejó de preocuparse por mi, durante el desayuno, pidiendo incluso al servicio del hotel que me subieran una manzanilla, durante el resto del dia también. Por la tarde de vuelta al mismo, Javi bromeó y dijo que parecíamos un viejo matrimonio y mientras hacíamos tiempo en un jardín que había cerca , esperando a que los demás bajasen de sus habitaciones, en un momento dado Joan fingió que algo le había sentado también mal a él, tirándose al césped, justo a mis pies, haciéndose el muerto en broma. Yo le miré entonces sonriendo y ¡flash! Javi de pronto sin avisar me sacó una foto...


 
11

Parece como si estuviera de nuevo en el último mes de facultad. Cogiendo otra vez el tren a las ocho de la mañana, adormilándome luego en el vagón con la cabeza apoyada contra el cristal, con los pantalones piratas, la bolsa en bandolera sobre mis piernas pero fuertemente agarrada con mis manos no vaya a ser que me la vayan a robar.

Es que nunca te fías de nadie? - me decía siempre el Joan.

Tan solo es porque Ana me pidió el sábado si podía ayudarla estas dos próximas semanas en las que se queda sola en la tienda que tiene en el puerto de Barcelona, en una zona llena de oficinas, al lado del Maremagnum y la verdad es que no podía decir que no pues todos me ven, saben, que estoy tan aburrido este año..

Básicamente se trata de estar detrás de la caja cobrando las revistas, los bocadillos, las botellas de agua que compra la gente. Nada más. Ayer por la mañana me puso al corriente de todo, es bastante fácil, y por lo menos es generosa, una buena jefa, que en cuanto que ve que hay pocos clientes y que me aburro un poco me deja pasar a la tienda de al lado, de fotografia, donde tienen unos ordenadores modernísimos y al parecer no les importa que yo ande por alli, más bien todo lo contrario, muchas veces incluso es uno de los dos chicos que la regentan el que se pasa por nuestro local para invitarme a ver algo que me va a sorprender, me va a hacer alucinar en sus propias palabras. Los lunes es el dia que más trabajo hay me explicó ayer Ana, poco antes de irme a la tienda de los fotógrafos una vez más, y cuando debo de estar más atento, ya que hay muchos que intentan marcharse sin pagar, escondiendo las revistas por ejemplo en el bolso o , es increíble, bebiéndose las botellas de agua de la nevera, dejándolas luego de nuevo dentro pero vacias; Luego me tocó comer a solas, entre turistas desembarcando de los grandes trasatlánticos que hay atracados a nuestro lado, oficinistas consumiendo sus escasos tiempos de descanso, curiosos que todas las mañanas también se deben pasear por allí. Había mientras tanto unos chavales machacando sus monopatines , haciendo verdaderas piruetas en el aire. Yo estaba tumbado en el césped dando cuenta de mi bocadillo pero no por ello dejé de mirarles a ellos ,claro está, en cuanto que pude. Sin quitarles los ojos de encima más tarde cuando me bebí el yogourt . Hoy, martes el dia ha sido muy parecido, sino un calco al de ayer.


¿Por qué las chicas acaban asi, tan colgadas, de tios como ellos?. No lo sé. Sobre todo en casos como el de la primera, de vuelta a casa, trayecto en el metro hasta Paseo de Gracia, una chica de veinte años vestida en plan hippie, increíblemente guapa, es inexplicable,. ¿Porque suspirar por una caricia a ese vejestorio, hippie también, que ni siquiera se pone una camiseta al entrar al metro dejando al aire sus carnes caidas?. ¿Acaso no ve su pelo sucio, canoso, sus dientes amarillentos?. No lo sé, no la entiendo. En el otro caso, tren de cercanías, los dos se suben en el Prat, está más que claro, el tio es un chulito, es un bombón, que marca musculito, paquete y lo que haga falta. Yo también le consentiría todo la verdad.


Como siempre hoy el tren media hora después de salir de Sants llegó por fin a Garraf pero yo me quedé sin embargo plantado en mi asiento, para variar, contando nerviosamente los segundos que tardaba de nuevo en arrancar, observando la playa vacia, los tejados húmedos de las casas, pensando en que era como si el verano estuviera dándonos ya los primeros indicios de que un dia irremediablemente se acabará y a saber con que nos encontraremos después de él. Finalmente tras el pitido habitual continué ya algo más relajado mi trayecto hasta Sitges y ahora , es muy difícil de explicarlo lo se, pero es que cuando me llamó ayer por la tarde estaba tan deprimido, tan agobiado por tener que estar en la tienda las próximas dos semanas todas las tardes, me acordaba tanto de la playa, de mi habitación, los escenarios habituales de todas mis largas tardes de verano hasta ahora, me los imaginaba echándome al menos tanto en falta como yo a ellos, que le dije que si, que no me importaba quedar. Se trataba del hombre que me había llamado por teléfono el otro dia mientras me pajeaba, que ahora quería verme pero de verdad. Cuando me bajé en Sitges salí de la estación de tren y me senté justo en la parada del autobús. Observé el suelo de la plaza lleno de las hojas que habían caído de los árboles durante la tormenta, incluso hasta sentí algo de frio pero entonces un hombre de mediana edad y con aspecto extranjero que estaba apoyado nada más sentarme yo en el banco en un Bmw descapotable se acerco hasta mi, me hizo olvidarme entonces de todas mis consideraciones acerca el próximo otoño. “Hola, soy yo, pero que guapo que eres Dios mio!” fue su manera de romper el hielo. A mi no me disgustó del todo.

Nunca antes me había subido en un Bmw de estos biplaza y super deportivos. Estuvimos primero hablando un poco, lo típico, el tenía unos negocios de hostelería, yo estudiaba Empresariales etc, pero el no dejaba pasar ocasión alguna de acariciar mi pierna, acercándose poco a poco y cada vez más hacia la zona de la entrepierna. Como yo ya estaba bastante cachondo se lo planteé bastante directamente “¿te apetece chupármela?” y rápidamente él, como si llevase horas esperando esa frase, arrancó el vehículo y me llevó a una zona cercana del hotel Melia, ese al que tanto vamos Joan y yo cada vez que llega el festival de Cine Fantástico. Aparcó en una plaza muy retirada y yo en cuanto que detuvo el coche me abrí la bragueta y se la saque, totalmente empalmada ya, esperando únicamente a que él me la comiera lo mejor posible. Recliné mi asiento y me baje a petición suya los pantalones hasta las rodillas, el empezó a desabrocharme uno a uno los botones de la camisa, a chupármela poco después.Yo simplemente le dejaba hacer, la verdad, únicamente miraba al techo del coche, cerraba los ojos, observaba su cabeza moviéndose de arriba a abajo una y otra vez o como el vapor poco a poco ensuciaba las ventanas del coche. Cuando me empecé a correr el rápidamente levantó la cabeza y me la siguió machacando con la mano un poco más. Con toda mi leche en su mano entonces me pidió que le masturbara pero de pronto cambió de opinión, empezando por su cuenta a machacársela, no dejándome acercar mi mano a su polla. “Tienes una polla preciosa chaval, gordita, con un montón de pellejo, pero tan suave, me ha encantado chupártela... y esos muslos, seguro que eres un futbolista de cojones” me dijo tras una largo silencio que hubo tras terminar él de correrse. Yo no me atreví a mirarle mientras me lo decía, en parte por vergüenza, en parte porque parecía una especie de confesión, algo como muy íntimo suyo que quizás de haberme visto mirándole jamas me hubiera dicho. Era como uno de esos diálogos que hay entre un borracho y una persona que no ha bebido nada.“Cada vez que me lio con uno de vosotros, me dais la vida, me hacéis sentir tan joven de nuevo, con posibilidades aún..”


Como se me había hecho ya muy tarde a él no le ha importado luego acercarme hasta la misma entrada de Garraf. Antes de cerrar la puerta del coche me ha dicho que no me olvide de llamarle para de lo de ir un dia a su casa a montármelo con su novio también si quiero o sino hacerles a los dos un numerito de esos que monto en mi habitación. Yo le he respondido con una sonrisa, entre afeminada y tonta, que aún ahora no sé muy bien que significa.

Al entrar en casa mi madre me preguntó que de donde venía tan tarde.

Le contesté que había quedado con Javi.

Se lo ha creido parece.