44 (1a parte)
Hacia tanto tiempo que no quedaba asi, de esta manera, que ya casi ni me acordaba que uno puede acudir a una cita sin nervios ni remordimientos. Seguro que no le van a dar plantón. Sin miedo a aquello que se encontrará, o se puede encontrar. Relajado en una sola palabra, tranquilo hasta cierto punto, sabiendo que aunque tendrá posiblemente que disimular muchas a veces a lo largo de la noche al menos no lo va a tener que hacer desde el principio de la misma, desde el mismo momento en que deje de estar solo, se encuentre con ese alguien que es probable que le esté esperando.
La última vez fue pues hará unos siete meses más o menos, cuando quedamos con la gente del colegio a la que hacía casi un año que no veíamos. No lo pasé mal del todo esa noche. Cenamos en un restaurante cerca del puerto deportivo y mientras que ellos recordaron una y otra vez los viejos tiempos, yo para ser sincero no dejé de pensar en los nuevos, aquellos que tenían que venir y de los que tanto esperaba. Incluso hasta estos primeros dias de libertad relativa en la Universidad, lejos de aquí, son desde luego mucho mejores que mis dias de escuela e instituto, junto a ellos – pensé varias veces a la hora del postre. Luego lo típico, fuimos a una discoteca horrible, nos emborrachamos y algunos hasta consiguieron enrollarse con esa chica a la que nunca tuvieron durante años el valor suficiente de atacar . Al despedirnos prometimos volver a quedar para cenar estas navidades. Supongo que muchos ya no irán, yo incluido. Seguro que a alguien más aparte mío también le pareció de lo más patética dicha reunión.
Ayer viernes, nada más salir del metro, en plena Plaza de Cataluña, no tarde ni diez segundos en localizar a Marta y Eva, cerca de donde está la cámara de televisión de la BTV. A su lado había también más gente de clase de los que únicamente sabía sus nombres, con los que hasta ayer nunca antes había hablado. Todos, ellas incluidas, - me di cuenta- parecíamos muy diferentes vistos asi, de lejos, cerca de la medianoche, algo más arreglados, dispuestos para salir de fiesta hasta la madrugada. No éramos ni por asomo los mismos que nos pasábamos las tardes enteras sentados en el pupitre tomando apuntes, consultando y subrayando libros, haciendo preguntas muchos con la única intención de lucirse, de ponernos al resto nerviosos.
A continuación y tras saludarlas a ellas no tuve más remedio que dar un montón de besos y apretar alguna que otra mano, en apenas unos pocos minutos, a toda prisa, más que nada porque ellas si que parecían dispuestas anoche a mezclarse con el resto de la gente, a no quedarse a solas conmigo durante horas. A mi tampoco me reconocían, es curioso, supongo que porque a excepción de mis lentillas azules había sacado de nuevo al Alex moderno y llamativo de casa, del armario, del cajón, de debajo de la cama con la única intención de sorprender a Rafa. Ya tocaba.
¿Dónde está Rafa? pregunté a Marta.
Señaló hacia la cabeza del grupo donde era efectivamente él iba, junto a otros dos chicos.
Rápidamente nos pusimos camino de un restaurante donde íbamos a ir primero de todo a picar algo.
Durante ese trayecto pensé si contárselo o no. Seguro que a ellas les parecería una bobada, algo sin importancia, todo lo contrario que a mi. Finalmente me lo callé. Era algo demasiado íntimo e infantil, no le darían la más mínima importancia me dije, Rafa me había pedido el teléfono esa misma tarde por si se animaba a venir y pasadas un par de horas, justo mientras me estaba duchando, me había llamado para ver donde habíamos quedado pues se apuntaba. ¡A mi, pudiendo haberlo hecho a cualquiera de ellos,era increíble!. Volví entonces a la ducha con el corazón latiéndome a mil por hora, incluso no recordaba si me había lavado al cabeza o no asi que volví a enjabonármela. Ahora me alegro tanto de no habérselo contado, les habría parecido tan patético seguro. A veces las cosas ocurren justo en el momento apropiado – pensé justo al pasar enfrente del Liceu - si me lo hubiera pedido justo cuando nos conocimos me habría pasado todas estas semanas esperando en balde una llamada suya, rogando cada vez que sonaba el teléfono por que fuera él quien me llamase. Asi ha sido todo más fácil, más rápido. Me ha gustado tanto la forma en que lo ha hecho además, en plan tímido, pensando que no lo iba a reconocer, diciendo su nombre “Rafa” y a continuación añadiendo algún detalle más para que lo pudiera situar “de clase, de la facultad ya sabes” .
Volví a la realidad cuando Marta me pidió que me pusiera a su lado más que nada para que un extranjero borracho le dejara de dar el coñazo.
Rafa seguía charlando animadamente en la cabecera del grupo con los mismos dos chicos de antes.
Empecé a sentirme fatal.
“¡Agárrame como si fueras mi novio tio que no muerdo!” me dijo Marta un poco histérica porque el extranjero seguía detrás nuestro.
La noche pronto empezó realmente a mejorar, cuando por supuesto dimos esquinazo por fin al borracho que martirizaba a Marta y sobre todo cuando nada más entrar al bar y al mirar a Rafa vi como el también me miraba a mi. Luego pasados unos pocos segundos, al volver a mirarle el seguía con sus ojos fijos en mi, no me lo podía creer. Marta y Eva lo saludaron y él vino hacia nosotros. ¿te sentarás con nosotras? le preguntaron. El contestó que si, que al lado mio por ejemplo. Sentí como que me caía hacia atrás, me mareaba, como que me temblaban las piernas. Todo a la vez.
-¡Qué cambiado que estás¡ me dijo sonriéndome , agarrándome del brazo, una vez ya en plena cena, sentados el uno al lado del otro.
-Tu también estas muy....guapo –me atreví finalmente a decirle, bajando la mirada, desviándola hacia la mesa, atento además a que Marta o Eva no estuvieran pendientes de lo que nos andábamos diciendo, sabiendo perfectamente que eso no era lo mismo que lo que él me había dicho sino algo más atrevido, quizás fuera de lugar.
Luego nos pasamos unos minutos sin decirnos nada y sin apenas mirarnos. Yo como que ya no podía hablar con nadie. Tenía tanto miedo además de que él notase que yo estaba temblando, que de repente se me había ido todo el hambre. Si hubiera estado empalmado en ese momento supongo que la cosa ahora me resultaría totalmente fácil de explicar pero no, no lo estaba, lo último que pensaba era en el sexo la verdad.
Miré a mi alrededor. Estábamos rodeados o al menos eso parecía de estudiantes extranjeros. Apenas había gente española alli.
Probablemente se trata de uno de esos sitios reservados para ellos casi en exclusiva, o también para grupos de gente que quedan como el nuestro por primera vez, sin apenas conocerse, extranjeros también al fin y al cabo pero en otro sentido, los unos de los otros- opté por pensar asi, en plan profundo.
De pronto mis ojos se encontraron con él que ajeno a que le miraba estaba hablando de algo con Eva. Llevaba el pelo a lo Beckham, un jersey azul marino, unos vaqueros iguales a los mios, es el chico perfecto – me dije- y una imagen de Joan pasó entonces fugazmente por mi cabeza, como despidiéndose de mi para siempre.
Parece que he encontrado a su sustituto, a ver si esta vez sale todo mejor.
Su voz pronunciando mi nombre de pronto resonó en mis oídos. Sentí como si pasará por detrás de mis ojos, llegara al centro de mi cabeza y desde alli bajase directamente al corazón acelerándolo de nuevo.
-Alex, venga come un poco que estás en los huesos me dijo riéndose.
Yo por supuesto también me reí mirándole a los ojos, exactamente como lo hacia él a los mios.
Luego fijé la vista en un cartel taurino que había enfrente de mi.
Tengo que tranquilizarme un poco pensé.
Me va dar algo sino.
43
¿Qué sentido puede tener el seguir quedando con alguien que me vuelve loco, al que cada vez que vea probablemente voy a encontrar más y más guapo? ¿Por qué he de continuar con una historia en la sé que de momento no tengo ninguna posibilidad, en la que dudo que algún dia pueda llegar a tenerla?
Dos semanas después, Genis, el chico de las afueras de Barcelona, y yo hemos vuelto a quedar, en el mismo sitio, casi a la misma hora que la otra vez. Con los mismos resultados también finalmente para mi.
Me estaba esperando justo a la estación de tren, de nuevo vestido con un chándal, pero esta vez de color verde, y con un plumas puesto.
Nuestra segunda cita ha sido más o menos, asi viéndola por encima, como una especie de fotocopia de la primera que tuvimos, algo más corta eso si. Yo solo tenía media hora para comer, él también tenía prisa me dijo luego.
Apenas vernos y darnos un par de besos, no sé si por miedo aún, los dos instintivamente como la vez anterior nos hemos metido rápidamente al centro comercial y más concretamente al Burguer para comer. He ido alli a verle, más que nada porque después de que el domingo me llamase y estuviéramos los dos a continuación más de una hora hablando por el móvil de todo tipo de temas, ingenuo de mi creía tener alguna posibilidad con él, es decir, de acabar por fin tirado en su cama, con su polla dentro de mi boca, en su habitación de adolescente, llena de posters de chicas, nada más que por eso.
Creo.
Nos hemos sentado este mediodía en una mesa diferente a la de la otra vez, en la esquina opuesta para ser más exactos, y ha sido precisamente al hacerlo él, al quitarse Genis el plumas cuando ha comenzado el espectáculo. Una camiseta blanca muy ajustada y sin mangas que le marcaba unos pectorales perfectamente moldeados a la vez que dejaba al aire unos brazos perfectos o casi. Unos calzoncillos negros sobresaliendo por la parte superior del pantalón al levantarse en busca de servilletas y unos abdominales bajo la camiseta de esos que te impiden seguir respirando, han sido ambos, los responsables del mismo. No es necesario decir que inmediatamente mi cabeza, a partir de ese mismo momento, se ha puesto ya a pensar por su cuenta, ajena a todo, se ha situado supongo en otro mundo, totalmente imaginario por supuesto en el que cuando él volvía a la mesa y aprovechando lo vacio que estaba el salón se metía la mano en el paquete y tras sacársela delante mio me invitaba a comérsela en el baño, en plan salvaje, los dos con los pantalones bajados, yo con su polla en mi boca y machacándomela al mismo tiempo en plan bestia.
Por supuesto no tuve más remedio que volver a la realidad nada más sentarse él de nuevo conmigo en la mesa y como he podido, he tratado de disimularlo todo lo mejor posible, riéndome si ha sido necesario hacerlo de sus historias tan extravagantes y divertidas a veces supongo, terminando sus frases para que pensara que estaba atento a lo que decía, volviéndome a reir. Pero en el fondo todo ha sido una mentira, una mera fachada porque mientras los dos echábamos el tomate a la hamburguesa, a las patatas, bebíamos algo de Pepsi Cola yo en realidad como que seguía en el baño, sentado en el retrete frente a él, esperando ansiosamente ese momento en que él que por fin se corriera en mi cara, emitiendo entonces un gemido de placer, ese otro momento también en que me dijera algo parecido a lo bien que yo había estado o cuanto había disfrutado mientras me acariciaba la cara o el pelo con su mano, una vez finalizado todo.
Un tal J ha sido por último el capítulo final de su historia de hoy, curiosamente además ese que lo ha estropeado todo entre nosotros supongo. Se trata de un pastillero con el me ha dicho que se ha pasado todo el sábado follando en su casa. No he escuchado mucho más la verdad.
Pasados unos pocos minutos y como Genis también había quedado con él casi a la misma hora que conmigo he llegado incluso a conocerle.
Resulta inútil y doloroso pensar porque él si y y yo no, evaluar aquello que él puede tener y de lo que yo carezco. De hecho creo ser bastante más guapo que él y sin embargo....Resulta triste, especialmente ahora, unos minutos después de haberle colgado, (el me ha llamado de nuevo, quiere que quedemos este viernes), aún tirado en la cama, tras habérmela machacado mientras escuchaba su voz al otro lado del aparato, pensando en lo de siempre, viendo en mi cabeza como él le comía el culo a Genis, se la chupaba, le follaba por último, yo curiosamente no participaba.
Es cerca de medianoche, y es muy triste y muy frustrante la verdad, mucho más una vez que ya te has corrido, que de nuevo, otra noche más tu mano presenta un aspecto de lo más repugnante.
Se supone un chico tan guapo como él debe eclipsar a los demás.
Se supone.
¡Sin embargo que guapo que estaba hoy Rafa!. ¡Como todos los lunes en realidad!, con la piel mucho más limpia, la cara más relajada, los ojos achinados, sentado en la mesa, repasando los apuntes, pasando un poco de Marta y Eva que se reían cerca suyo de algo.
A veces no sé muy bien de que van . La semana pasada cuando trate de averiguar si como sospechaba alguna de ellas dos había ligado con algún chico, lo único que obtuve por respuesta fue algo que me dijo Eva y que desde entonces cada vez que me dispongo a decirles algo suena en mi cabeza antes de empezar a hablar, como una especie de mensaje pregrabado de advertencia, de que debo ser cuidadoso; “Si hombre, a ti te vamos a contar algo con lo cotorra que eres!.
A veces, sobre todo al verlo de cerca, o después de haber hablado con él, me da por pensar que alguien debería venir para pellizcarme lo más fuerte posible en los brazos y asi, entonces conseguirme despertar del todo, evitar que tropiece de ese modo de nuevo con la misma piedra, que repita viejos errores del pasado. Me está volviendo a pasar con él, lo sé, cada dia que le veo por aquí en la facultad, irremediablemente noto como va a más, como escapa ya a mi control.
Quien sabe como terminará todo.
Hoy como casi todas las noches ya Marta y Eva me han acercado en su coche hasta la mismísima puerta de casa. Las dos llevaban hablando desde que habíamos salido a la Diagonal de lo feos que son la mayoría de los chicos de nuestra clase, yo soy “monín” en sus propias palabras, no sé muy bien donde me coloca eso. Cuando Marta paró el coche frente a mi portal curiosamente empezaron con Rafa, que si era feísimo, un cardo, horrible en resumidas cuentas.
Yo salté entonces inmediatamente en su defensa diciendo que para nada era feo.
Ellas dos se miraron entre si y se rieron.
Claro que es feo, no lo defiendas tio – me dijo Eva- tu eres mucho más guapo que él. No lo dudes.
42
Pequeños detalles.
Las patillas que se ha dejado crecer mi vecino de al lado, al que hacía meses que no veía, su mujer embarazada, nuestro saludo forzado al encontrarnos en el portal. Los dos van vestidos como adolescentes, él en plan rapero, ella con un chándal rosa, ambos probablemente hace ya bastantes años que cumplieron los treinta, se niegan a crecer.
Las líneas moradas, en un costado del vagón, esas que permiten distinguir aquellos trenes de cercanías que son nuevos, recién incorporados al servicio, de los otros que ya llevan años circulando, en los que tantas veces me he subido verano tras verano, siempre tan sucios, con el suelo desgastado por el uso.
La forma de su logo, las letras a un costado que con solo mirarlas te dicen que las zapatillas del chico de enfrente son una falsificación, una copia casi perfecta de esas otras carísimas y que desde hace un par de temporadas están tan de moda. Su cara, la típica de no haber dormido nada la pasada noche, de estar sumamente agotado pero aún asi dispuesto a todo.
Gente insignificante en mi vida, destinada a desaparecer.
Desde los chicos sentados a mi lado, buenos amigos, uno de ellos tratando de convencer al otro para que deje los estudios, no hay nada como ser comercial de Tele2 le dice, hasta ese otro chaval de unos doce años y gordito, pasando por supuesto también por ese chico que de pie no deja de mirar el móvil, con una cara muy triste.
También está la chica que tengo enfrente, de mi edad más o menos, vestida con unos vaqueros, una camisa a rayas rosas y blancas, y que hasta hace poco hablaba por teléfono con su novio mientras miraba a un pequeño bebé y probablemente solo pensaba en las ganas que tenía de acabar la carrera, casarse con él y tener uno propio, formar por fin una familia.
Los miro a todos por última vez antes de levantarme de mi sitio para bajar del tren y definitivamente me quedo con ella. Con la cabeza apoyada en el cristal de la ventana del tren me imagino siendo yo su novio, ¡qué feliz sería!, a la vez que me pregunto ¿Cómo y donde se conocen a chicas como ella, tan formales, tan diferentes de lo que todo el mundo busca?
No, no me olvido de ese chico con el que he intercambiado tantas miradas y que estaba sentado en el escalón superior, acompañando a una pareja de novios vestidos en plan rastafaris, con cara de aburrido. Era tan diferente a ellos. Al bajar del tren me he dado cuenta que ya nunca sabré que significaban sus miradas, probablemente ya no me lo volveré a encontrar jamás. Las mias si que sé lo que buscaban, aquello a lo que iban dirigidas.
Es solo un sábado por la tarde, otro chico más del que muy pronto ya ni me acordaré.
Desaparecer, no ser nada.
Esta tarde me he dado cuenta que estar solo, aislarse de la gente, la verdad no te lleva a nada, nunca te va a hacer más feliz de lo que eres, nunca va a hacer posible o más probable que tu vida mejore lo más mínimo.
Después de salir de la piscina esta mañana, de ir a la biblioteca a continuación a coger un libro, la verdad, si que creía aún, algo, muy poco ya en realidad, en esa idea. Por eso me inventé que había quedado con gente de la facultad a comer y asi se lo dije a mi madre, por eso pensé que podía estar bien ir a un centro comercial que acaban de abrir en Castelldefels a pasar la mayor parte del dia.
Obviamente no ha sido asi.
En cualquier caso lo único positivo de hoy ha sido poder observar a tanta gente de cerca, en profundidad pues todo el mundo va siempre con tanta prisa que es imposible hacerlo. Unicamente en el metro o mientras comen, al pararse un poco en resumidas cuentas, parecen querer darme esa oportunidad. Los ves sentados en la mesa de la hamburguesería, en el tren y resulta divertido ponerse a imaginar como serán , como vivirán sus vidas, lo que pensarán sobre esto y aquello, ¿podrían ser mis amigos? te preguntas siempre al final, justo cuando decides robarles un par de gestos que ellos hacen y que te gustan para ti.
Soledad
La comida en el Mc Donalds, sonriendo al pensar que mi madre probablemente piense que he quedado con Marta, esta semana me ha llamado dos veces a casa, su cabeza a veces va tan deprisa. Yo entrando a un montón de tiendas, planeando comprarme un montón de ropa, rediseñarme a mi mismo por completo para tener más éxito, saliendo finalmente sin embargo sin nada encima. Yo viendo a un montón de chicos guapísimos como siempre, inspeccionando los baños al seguir a uno de ellos. Yo adentrándome en el cine, apenas inaugurada la tarde, sentándome en una esquina de la sala semivacía, deseando que alguien se siente a mi lado y me la coma, necesito mi encuentro sexual de todos los meses desesperadamente, he escogido la película sin gana alguna, simplemente por hacer algo.
Amigos
“Hola soy Alex, quedamos hace un par de semanas, vimos la actuación de Madonna en tu casa no sé si te acuerdas, bueno llámame este fin de semana si quieres y quedamos”
Si, es cierto que lo intenté pero quizás debería haber sido más insistente, claro que debería haberlo sido. O quizás no. Seguro que siendo tan guapo como es ya ha encontrado a alguien como él y lo último en lo que esta interesado ahora es en conocer gente nueva.
No sé como no empieza a aburrirme ya. ¿Qué sentido tiene ?, ¿Por qué hacer las mismas cosas una y otra vez? me pregunto de vuelta a casa. Podría ir – recapacito- a ese bar donde sé que Joan y Javi siempre van a estas horas, además hoy hay futbol seguro que estarán alli. Podría verlos de lejos, oirlos, son las migajas lo sé pero quizás me basten.
Verguenza
No pensaba que iba a ser un libro de poesía.
Lo había cogido a toda prisa de un estante de la biblioteca por lo apropiado del título “Huir del invierno” y por que quien lo escribe suele hablar siempre de chicos maravillosamente guapos en venta, chicos heterosexuales a los que no les importa montárselo con otro chico entre otros muchos otros temas, en fin cosas de lo más interesantes.
Cuando abrí sus páginas en el tren rápidamente al ver que se trataba de un montón de poemas lo cerré de inmediato. No quería que ninguno de mis vecinos de viaje, los dos chicos, la chica, el chaval gordito, me vieran leyendo poesía, me daba tanta vergüenza. En realidad no creo ahora que nadie vaya a verme leyendo este libro pues de hacerlo, no sé si me gustará, lo haré como hace unos minutos, a solas, lo típico, en el baño, en la cama con el pestillo cerrado, antes de dormirme, por miedo a lo que puedan pensar de mi, no quiero sentirme un bicho raro, que me vean como tal, que mi madre piense que mi “novia” me está transformando.
Imaginación
En el fondo me ha pasado como muchas noches del año pasado, en las que me apetecía salir pero me tenía que quedar en casa y entonces me ponía a Chemical Brothers a todo volumen en los cascos.
Solo que ahora ha sido con una de las pocas poesías que he leido del libro .
Cierras los ojos. Tumbado en la cama te pones a imaginar
Es casi como si estuvieras por fin ahí fuera, en la mitad de una de esas inacabables noche en busca de sexo.
Es sin duda una època cruel
Porque exacerba la belleza y su ansia
Y nos echa a la calle sin motivo......
(Luis A. De Villena) www.luisantoniodevillena.com
Las patillas que se ha dejado crecer mi vecino de al lado, al que hacía meses que no veía, su mujer embarazada, nuestro saludo forzado al encontrarnos en el portal. Los dos van vestidos como adolescentes, él en plan rapero, ella con un chándal rosa, ambos probablemente hace ya bastantes años que cumplieron los treinta, se niegan a crecer.
Las líneas moradas, en un costado del vagón, esas que permiten distinguir aquellos trenes de cercanías que son nuevos, recién incorporados al servicio, de los otros que ya llevan años circulando, en los que tantas veces me he subido verano tras verano, siempre tan sucios, con el suelo desgastado por el uso.
La forma de su logo, las letras a un costado que con solo mirarlas te dicen que las zapatillas del chico de enfrente son una falsificación, una copia casi perfecta de esas otras carísimas y que desde hace un par de temporadas están tan de moda. Su cara, la típica de no haber dormido nada la pasada noche, de estar sumamente agotado pero aún asi dispuesto a todo.
Gente insignificante en mi vida, destinada a desaparecer.
Desde los chicos sentados a mi lado, buenos amigos, uno de ellos tratando de convencer al otro para que deje los estudios, no hay nada como ser comercial de Tele2 le dice, hasta ese otro chaval de unos doce años y gordito, pasando por supuesto también por ese chico que de pie no deja de mirar el móvil, con una cara muy triste.
También está la chica que tengo enfrente, de mi edad más o menos, vestida con unos vaqueros, una camisa a rayas rosas y blancas, y que hasta hace poco hablaba por teléfono con su novio mientras miraba a un pequeño bebé y probablemente solo pensaba en las ganas que tenía de acabar la carrera, casarse con él y tener uno propio, formar por fin una familia.
Los miro a todos por última vez antes de levantarme de mi sitio para bajar del tren y definitivamente me quedo con ella. Con la cabeza apoyada en el cristal de la ventana del tren me imagino siendo yo su novio, ¡qué feliz sería!, a la vez que me pregunto ¿Cómo y donde se conocen a chicas como ella, tan formales, tan diferentes de lo que todo el mundo busca?
No, no me olvido de ese chico con el que he intercambiado tantas miradas y que estaba sentado en el escalón superior, acompañando a una pareja de novios vestidos en plan rastafaris, con cara de aburrido. Era tan diferente a ellos. Al bajar del tren me he dado cuenta que ya nunca sabré que significaban sus miradas, probablemente ya no me lo volveré a encontrar jamás. Las mias si que sé lo que buscaban, aquello a lo que iban dirigidas.
Es solo un sábado por la tarde, otro chico más del que muy pronto ya ni me acordaré.
Desaparecer, no ser nada.
Esta tarde me he dado cuenta que estar solo, aislarse de la gente, la verdad no te lleva a nada, nunca te va a hacer más feliz de lo que eres, nunca va a hacer posible o más probable que tu vida mejore lo más mínimo.
Después de salir de la piscina esta mañana, de ir a la biblioteca a continuación a coger un libro, la verdad, si que creía aún, algo, muy poco ya en realidad, en esa idea. Por eso me inventé que había quedado con gente de la facultad a comer y asi se lo dije a mi madre, por eso pensé que podía estar bien ir a un centro comercial que acaban de abrir en Castelldefels a pasar la mayor parte del dia.
Obviamente no ha sido asi.
En cualquier caso lo único positivo de hoy ha sido poder observar a tanta gente de cerca, en profundidad pues todo el mundo va siempre con tanta prisa que es imposible hacerlo. Unicamente en el metro o mientras comen, al pararse un poco en resumidas cuentas, parecen querer darme esa oportunidad. Los ves sentados en la mesa de la hamburguesería, en el tren y resulta divertido ponerse a imaginar como serán , como vivirán sus vidas, lo que pensarán sobre esto y aquello, ¿podrían ser mis amigos? te preguntas siempre al final, justo cuando decides robarles un par de gestos que ellos hacen y que te gustan para ti.
Soledad
La comida en el Mc Donalds, sonriendo al pensar que mi madre probablemente piense que he quedado con Marta, esta semana me ha llamado dos veces a casa, su cabeza a veces va tan deprisa. Yo entrando a un montón de tiendas, planeando comprarme un montón de ropa, rediseñarme a mi mismo por completo para tener más éxito, saliendo finalmente sin embargo sin nada encima. Yo viendo a un montón de chicos guapísimos como siempre, inspeccionando los baños al seguir a uno de ellos. Yo adentrándome en el cine, apenas inaugurada la tarde, sentándome en una esquina de la sala semivacía, deseando que alguien se siente a mi lado y me la coma, necesito mi encuentro sexual de todos los meses desesperadamente, he escogido la película sin gana alguna, simplemente por hacer algo.
Amigos
“Hola soy Alex, quedamos hace un par de semanas, vimos la actuación de Madonna en tu casa no sé si te acuerdas, bueno llámame este fin de semana si quieres y quedamos”
Si, es cierto que lo intenté pero quizás debería haber sido más insistente, claro que debería haberlo sido. O quizás no. Seguro que siendo tan guapo como es ya ha encontrado a alguien como él y lo último en lo que esta interesado ahora es en conocer gente nueva.
No sé como no empieza a aburrirme ya. ¿Qué sentido tiene ?, ¿Por qué hacer las mismas cosas una y otra vez? me pregunto de vuelta a casa. Podría ir – recapacito- a ese bar donde sé que Joan y Javi siempre van a estas horas, además hoy hay futbol seguro que estarán alli. Podría verlos de lejos, oirlos, son las migajas lo sé pero quizás me basten.
Verguenza
No pensaba que iba a ser un libro de poesía.
Lo había cogido a toda prisa de un estante de la biblioteca por lo apropiado del título “Huir del invierno” y por que quien lo escribe suele hablar siempre de chicos maravillosamente guapos en venta, chicos heterosexuales a los que no les importa montárselo con otro chico entre otros muchos otros temas, en fin cosas de lo más interesantes.
Cuando abrí sus páginas en el tren rápidamente al ver que se trataba de un montón de poemas lo cerré de inmediato. No quería que ninguno de mis vecinos de viaje, los dos chicos, la chica, el chaval gordito, me vieran leyendo poesía, me daba tanta vergüenza. En realidad no creo ahora que nadie vaya a verme leyendo este libro pues de hacerlo, no sé si me gustará, lo haré como hace unos minutos, a solas, lo típico, en el baño, en la cama con el pestillo cerrado, antes de dormirme, por miedo a lo que puedan pensar de mi, no quiero sentirme un bicho raro, que me vean como tal, que mi madre piense que mi “novia” me está transformando.
Imaginación
En el fondo me ha pasado como muchas noches del año pasado, en las que me apetecía salir pero me tenía que quedar en casa y entonces me ponía a Chemical Brothers a todo volumen en los cascos.
Solo que ahora ha sido con una de las pocas poesías que he leido del libro .
Cierras los ojos. Tumbado en la cama te pones a imaginar
Es casi como si estuvieras por fin ahí fuera, en la mitad de una de esas inacabables noche en busca de sexo.
Es sin duda una època cruel
Porque exacerba la belleza y su ansia
Y nos echa a la calle sin motivo......
(Luis A. De Villena) www.luisantoniodevillena.com
41
Asier vive junto al mar y está en los huesos como yo.
También como yo es fan de Star Wars y ha terminado por acostumbrarse, ya le gusta estar solo.
Asier vive en una ciudad al norte con fama de lluviosa y hoy en Barcelona, desde el mediodía no deja de llover a cantaros.
Asier es gay y su madre lo tenía que obligar a ir a clase cada dia. Hasta que descubrió lo que pasaba no podía entender como a su hijo le costaba tanto acudir al colegio, mezclarse con los otros chicos.
A mi, que tampoco me gustaba ir a clase, nunca me tocó sufrir o pasar por todo eso por lo que Asier afortunadamente ya ha dejado atrás. Tan solo por que ellos, mis amigos, fueron en aquellos días como una especie de paraguas, de protección y defensa frente al resto del colegio.
Siempre que no me atreviera a traspasar o a hacer determinadas cosas sabía que no habría problemas.
Fue un poco como estar a prueba.
Estaba advertido de antemano, conocía perfectamente lo que me esperaba en caso de no seguir sus normas, lo veía en otros cursos todos los dias, en las caras de otros chicos que me miraban con envidia, chicos sin mi suerte, sin amigos que les pudieran ayudar como a mi.
El otro dia, al ver hablando a Asier en un programa de la 2, sentí como que en el fondo y pese a las apariencias, las cosas no han cambiado demasiado. Sigo a prueba.
Luego cuando el reportaje terminó, me tumbé del todo en la cama y tapándome con el edredón, entonces, de costado, mirando hacia el flexo, sin hacer nada más, únicamente esperando que mi madre por fin me llamase a cenar, descubrí horrorizado una cosa, aún puedo ser inoportunamente de lo más tierno e ingenuo, tenía unas ganas enormes de dormir abrazado a alguien, a él en este caso, de darle un par de besos y taparlo después también con mi edredón, de sentir toda su cara contra la mía, su cuello sobre mi hombro, sus manos acariciando mi espalda. Sino me bastará con algún chico parecido –pensé- que pueda haber en Barcelona, que seguro que lo hay. Lo difícil será eso, primero encontrarnos, luego mostrarnos tal y como somos, sin miedos ni reparos como de costumbre.
No puedo perder más el tiempo me dije a mi mismo cerrando los ojos, imaginándome haciendo aquello que debería de hacer en vez de seguir medio dormido tumbado en la cama, sin más, es decir encendiendo el ordenador nerviosamente, buceando entonces en una página de perfiles cualquiera, en busca de él, mi chico.
Por fin mi madre cerca de las once nos llamó a cenar.
Mucho más tarde de lo habitual.
Sentados en la cocina, frente al televisor, una vez que ya hemos tomado la sopa y comido el pescado, a la hora de los postres, la verdad es que hoy los tres hemos vuelto a hacer lo mismo de siempre, lo de todas las noches incluida esa, no lo digo como algo malo, creo que hay cosas mucho peores que la rutina, de hecho empiezo a sentirme a gusto en ella a veces.
Mi padre leyendo el periódico, lo más normal es que durante el dia no tenga tiempo de hacerlo. Mi madre recogiendo la mesa y preguntándome por como me van las cosas en la facultad, si lo llevo todo al dia, recordándome lo importante que es sacar buenas notas, que los profesores se lleven una buena impresión de mi. Yo cambiando de tema en cuanto que puedo, hoy preguntándole si ha habido alguna respuesta por parte de la Campos a las declaraciones del sábado por la noche de Bárbara Rey, los dos cuando la vimos no nos lo podíamos creer, por fin alguien en la televisión que es tan directo y tan claro pensamos
Después de cenar, aunque suelo irme directamente a la cama la mayoría de las noches, a veces, sin embargo consigo quedarme a estudiar un poco. Más que nada por miedo a suspender y porque también me saca de quicio ese pasotismo que todos tienen o que mejor dicho fingen tener los lunes al volver a clase. Como si la carrera les importase una mierda y lo importante fuera mostrarse lo más asqueados posible porque el fin de semana haya terminado, resacosos y aburridos. Me estoy empezando a obsesionar de nuevo, lo sé, con lo mismo de siempre, es decir con que tengo que sacar mejores notas que ellos, es decir quienes sean mis amigos en ese momento, Marta Eva y Rafa este año. Sino menuda vergüenza pienso, vaya pérdida de tiempo, he fingido no escucharles pero creo que tanto Marta como Eva, o al menos una de ellas, se ha enrollado con un chico este fin de semana y mientras Rafa no dice nada pero su amiguita también no ha dejado de hacerle las visitas de rigor. Todo el mundo durante el intermedio se pone al corriente de lo que ha hecho el sábado o el domingo y no es que esté loco, al menos eso creo, es que sé que todo es mentira, una pose, porque luego estudian como cerdos, tienen el resto del dia para hacerlo, no como yo. Simplemente no puedo quedarme también atrás, a remolque suyo también en esto, alguna compensación he de tener ¿no?.
Yo andando en bicicleta,este pasado verano, totalmente dominado por el sexo. Asi es como me imaginé que podría empezar un reportaje en la tele sobre mi. Estaría sentado en la playa y comenzaría a hablar pues de lo único que en el fondo sé hablar, del Joan, de cómo al principio pensé que no era nada grave y de cómo poco a poco empecé a darme cuenta de que todo había terminado entre nosotros, a medida que el verano iba poco a poco pasando, yo me dejaba besar y manosear por perfectos desconocidos, como una especie de venganza. Mi cara por supuesto aparecería oculta durante el todo reportaje, yo no soy tan valiente como Asier.
Esto es lo malo de tener la cabeza siempre en otra parte. Que te tumbas en la cama, a medianoche te pones a escuchar música y de pronto te das cuenta que son casi la una, asi que tienes apenas cinco horas para dormir.
Mañana volveré a estar agotado. Una vez más.
40
Un ratón de biblioteca, uno de esos que cuando terminan las clases y como no tiene nada mejor que hacer se recluye en ella. Puede parecer peligroso pero en el fondo, es tan cobarde que das una patada en el suelo y ya verás como sale corriendo. Ahora en noviembre como nadie entra a ella se siente como pez en el agua, sentándose alli donde quiere, no teniendo que compartir la mesa con nadie, seguro de que nosotros no vamos a ir a molestarle, a interrumpir sus horas sagradas de estudio, pero en un par de semanas cuando entremos alli por primera vez nos mirará de mala manera, con superioridad ya verás, cada vez que hablemos, como recriminándonos algo, pero nunca se atreverá a ir más lejos claro, pues es tan cobarde. No te preocupes.
Un maricón que como le gustaría meternos mano y follarnos a los dos pero no puede, no le vamos a dejar, pues se limita a criticarnos con sus amigas en cuanto que nos damos la vuelta. Por eso es mucho mejor que sepa de ti tan solo lo imprescindible, es una víbora. Lo tenías que haber visto hace tan solo unas semanas atrás, cuando nadie le hablaba, ¡era tan patético!. Ahora yo no sé que se cree, tan solo por haberse hecho amigo de esas dos, en el fondo no es más que un pijo más típico de esta facultad, siempre con sus vaqueros de marca, su chaquetita negra de terciopelo, su cara de niño bueno, de no haber roto un plato, pero lo dicho, no te fies. No se muy bien que se cree.
Algo parecido a esto debe ser lo que Rafa piensa de mi. Al menos es lo que yo he podido deducir hoy, en la cafetería, cuando estando con otro chico y conmigo, no ha hecho más que darme la espalda cada vez que le contaba a él algo acerca de una cita que ha debido tener o va a tener este fin de semana con alguna de clase, o bien el otro chico empezaba a contarle, le hacía alguna que otra confidencia también acerca de esa misma chica o alguna otra. Luego los dos se reían y bueno como que entonces volvíamos a la normalidad, a hablar los tres, de algún profesor, de una clase aburridísima que había tenido lugar hace unos pocos dias, de lo típico en resumidas cuentas.
Estábamos sentados en una mesa de la cafetería, poco antes de entrar a la última de las clases y él como todos los viernes venía mucho mejor vestido que lo habitual, señal de que queda después de clase con alguien para irse de fiesta, ¡que pena que no sea conmigo!.
A Marta y Eva les pregunté hace dias si tenía novia y me dijeron que no. Yo en ese momento me quedé más tranquilo pero claro, que no tenga novia no significa que vaya a ser gay, o que lleve una vida ejemplar.
¡Claro debe ser la chica esa con la que habla muchas veces, una bajita y que lleva siempre coleta! caí en la cuenta de pronto. Me puse tan triste al imaginarles a los dos enrollándose esta noche mientras yo probablemente esté en casa, al darme cuenta de lo estúpido que soy por preocuparme tanto por ser amigo suyo, por creerme que él es especial cuando ni siquiera lo conozco un poco, que estuve la punto de perder el hilo de la clase siguiente varias veces la verdad, pensando en él, mirando sus ojos, sus manos, de reojo también sus labios y el paquete por último. Una imagen mia comiéndole la polla alli mismo, estando él sentado en el pupitre y yo a su lado inclinado hacia la derecha, con la cabeza sobre su entrepierna y mis labios subiendo y bajando por ella se instaló en mi cabeza durante los cinco minutos finales de la última clase. Le entretendré con cualquier cosa pensé entonces en pleno ataque de optimismo, esperaré a que todos se hayan ido y entonces me lanzaré, se la comeré lo mejor posible, no necesitará nada más. Me empalmé como un tonto ni que decir tiene. Y claro ocurrió, la famosa chica bajita y con coleta siempre, vino a buscarle nada más irse el profesor de clase para llevárselo fuera y cuando él se despidió de mi hasta el lunes todas mis posibilidades de haber existido alguna vez, murieron en ese mismo instante, pasaron a la historia.
Efectivamente pude colocarme alli donde quise pues la biblioteca estaba prácticamente vacía a excepción mia y de unos alumnos del último curso que estaban haciendo un trabajo al final de la misma.
Me senté en una de sus esquinas, mi sitio habitual de momento y básicamente lo que hice fue ponerme a repasar los apuntes que había tomado en la última clase para ver si estaban claros y se entendían o eran un desastre y tenía que pedírselos a alguien.
Cuando salí de ella pasados unos minutos los pasillos de la facultad ya estaban casi a oscuras, totalmente desiertos, lo mismo que la avenida que hay justo a la salida. Como Marta y Eva además no han podido hoy venir a clase por unos problemas que tienen con su casero, me dirigí hacia el metro como antes lo hacía, solo, la verdad, llevaba para entonces toda la tarde super aburrido, echándolas de menos para que negarlo. Pensé incluso en llamarlas al móvil pero al final no lo hice, igual se pensaban que quería algo más. En su lugar llamé a mi madre justo antes de meterme en la estación para decirle que llegaría en una media hora a cenar, una buena manera de comprometerse, llegaré a casa y me cambiaré, me pondré el pijama, no iré a parar a la Plaza de Cataluña o cualquier otro sitio del centro para lo de siempre, aunque ganas no me faltan pensé.
A veces soy un cabrón la verdad.
No me acuerdo de su nombre, solo sé que no era muy guapa y que yo tampoco le caía muy bien. Era una de esas primeras chicas que tras haberlo intentado por todos los medios había conseguido finalmente su premio, es decirse enrollarse con Joan. Con el tiempo la verdad terminé por acostumbrarme a ellas, aprendí a no tomármelo tan a la tremenda .Fue un viernes o mejor dicho una madrugada de sábado. El caso es que estábamos en un bar a punto ya de irnos a casa, terminando de desayunar casi y bueno a la hora de levantarnos de la mesa yo vi como ella se dejaba olvidadas junto al servilletero unas gafas de sol que debían de ser bastante caras.
Pensé en decirle algo de inmediato pero finalmente me callé. Estaba claro que no hacía lo correcto pero de alguna forma en ese momento hasta me pareció de lo más justo.
Se trataba de una especie de venganza más o menos pues era insoportable, bastante arrogante y además esto era lo más importante, llevaba toda la noche sobándole, apartándole de mi lado para conducirlo luego a una esquina de la discoteca para darse el lote los dos. Seguro que para entonces, las seis de la madrugada más o menos, ya lo habría conseguido, habría tenido muchas ocasiones para tocarle un montón de veces el culo, el pecho, para haber tenido su lengua en lo más profundo de la boca, incluso para hasta haberle manoseado el paquete, como para no haberlas aprovechado .
En fin, en aquel momento nadie en el mundo podía desearle más que como yo lo hacía y ella sin embargo lo había conseguido y yo no.
Luego, pasados unos minutos, ya en el metro, al darse cuenta de que las había perdido se desencadenó por supuesto todo el drama y ella se puso a llorar, a gritar como una loca. Joan trató entonces de calmarla e incluso la abrazó delante de todos, dándole un beso en cada mejilla lo que para élla, estúpida que era, pareció no ser suficiente.
Sentado enfrente suyo, en ese mismo instante, me alegré tanto de haberme callado.
39
¿Por qué dijo que era guapillo si en realidad es guapísimo?
No creo que sea por falsa modestia, sino más bien porque hasta ahora tampoco ha quedado mucho de esta forma y aún no esta muy seguro, no ha medido del todo sus posibilidades, tan simple como eso.
Sentado en un banco justo a la salida del metro tal y como habíamos quedado por teléfono anoche , con un pantalón de chándal negro y una camiseta ajustada morada, este mediodía lo vi por primera vez y entonces no me lo pude creer, a veces me la juego tengo que reconocerlo. Estaba no ya en la otra punta de Barcelona sino más allá, fuera de Barcelona incluso podríamos decir, cargado con mi mochila eso si para disimular, cara a cara por fin con el, el chico con el que yo me había pasado la tarde anterior intercambiando mensajes, una vez que había decidido responder a uno que había mandado por su cuenta a una de esas emisoras locales de televisión donde solo ponen videos de música en plan bakala y baladas ñoñas de vez en cuando, y en donde en la parte inferior de la pantalla puedes ver como las chicas buscan chicos, los chicos chicas, las chicas chicas y a veces como él, los chicos buscan chicos. Yo llevaba tumbado en mi cama toda la tarde para cuando lo lei por primera vez, el más o menos lo mismo pero en la suya, los dos estábamos muy aburridos supongo, por eso le respondí enseguida, sin dudarlo apenas, por eso el me contestó casi de inmediato. Ah, por cierto, la mentira está vez ha sido decirle a mi padre esta mañana que necesitaba salir a las doce y media de la oficina para ir a hacer un trabajo a la universidad.
¿Qué ocurre cuando en una de estas citas a ciegas de pronto te encuentras con un chaval guapísimo, de diecisiete años?. Pues como que todo el cuerpo se te revoluciona de inmediato e incluso llegas a albergar alguna esperanza, a pensar que detrás de cada una de sus sonrisas lo que hay no es algo muy distinto a que tu le gustas también a él, que no le importaría montárselo contigo ya mismo. Ya vendrá después si viene el tiempo para las decepciones ¿no?.
Fui yo quien dio el primer paso, quien se acercó a él y le comenzó a hablar. El a continuación me dio la mano sonriendo. A los pocos minutos de haber entablado ya una digámoslo asi, conversación , casi al mismo tiempo la verdad sea dicha, como telepáticamente, los dos de pronto decidimos dirigirnos mejor a un centro comercial que había alli cerca, al lado de la estación de tren, en vez de quedarnos en medio de la gente, que con solo vernos podía a lo mejor sospechar algo raro. Como él no tenía dinero para tomar nada, se había gastado todo su presupuesto mensual en unas zapatillas Nike recién compradas que llevaba puestas, yo le invité a una Coca Cola y un Mc Flurry que compartimos los dos. Necesitaba urgentemente sentarme en algún sitio la verdad, relajarme un poco, las piernas empezaban a temblarme, me sentía algo mareado de los nervios.
A través de los cristales, nada más ocupar nuestra mesa al lado del ventanal, me di cuenta de que aquel barrio era bastante pobre y que estaba lleno de coches o bien en venta o bien destartalados ya por completo, aparcados en las aceras, de motos a las que les faltaba una o las dos ruedas incluso, de macarrillas también, la mayoría de ellos distribuidos por varios bancos de un parque que se veía desde nuestra mesa.
“¿ A que están todos buenísmos? -me dijo él de pronto al ver como yo no les podía quitar el ojo de encima. Me limité a reírme un poco. La verdad, era bastante curioso, le comenté, pues había un grupo de chavales guapísimos al menos asi, vistos desde lejos, que no dejaban de hacer pesas y abdominales alli mismo, apoyándose en un banco, gritándose , pasándoselas de uno a otro, desafiándose supongo a ver quien hacía más y enfrente suyo había otro grupo, pero de ancianos esta vez, como en contraposición a ellos , repartidos entre dos bancos, mirándolos, intercambiando de vez en cuando alguna frase con ellos, contándoles batallitas acerca de lo fuertes y atléticos que eran de jóvenes, desafiándolos a su manera, en broma supongo.
Me quedé en blanco mirando como uno de ellos se quitaba de pronto la camiseta y enseñaba al resto su musculatura, tanto tiempo que para cuando volví a intentar centrar mi atención en lo que me decía Genis (el chico con el que había quedado) ya era demasiado tarde para enterarme de aquello de lo que estaba hablando. El como que lo notó de nuevo y se rió, sin enfadarse conmigo en apariencia al menos, diciéndome “Si quieres te presento a alguno de ellos aunque como soy el maricón del barrio no te garantizo que salgas vivo de alli o sin que te partan la cara”.
¿Te han llegado a pegar alguna vez? – le pregunté muerto de curiosidad y bueno, él comenzó a contarme una historia demasiado larga la verdad a la que tampoco esta vez de nuevo presté demasiada atención pues apenas iniciada yo había descubierto de pronto a un hombre de unos cincuenta años que vestido como con una vieja chaqueta militar sentado justo al lado nuestro, nos dibujaba en un cuaderno, a nosotros dos y a los chicos que levantaban las pesas también.
“Necesito dar una vuelta” le dije.
Recogimos la bandeja e inmediatamente volvimos a la calle.
Creo que el momento clave llegó cuando a continuación y caminando hacia su casa los dos nos preguntamos lo que nos habíamos parecido físicamente el uno al otro de cero a diez . Yo entonces claro, volví a ser tan estúpido e ingenuo como a veces lo suelo ser, y le dije sin apenas pensármelo antes que un diez. El entonces me lanzó la mas sorprendida de sus miradas, añadiendo a continuación, mirando antes al suelo, apretando los labios, que yo para él era un seis probablemente, pero que bueno, tratando de arreglar la situación, que en realidad no me podía juzgar, porque simplemente yo no era su tipo y a él no le gustaban todos los tios, solo algunos en plan Jesús Vazquez o Ricky Martín.
Cuando finalmente entramos a su casa, (estaba tan empeñado en enseñarme la actuación de Madonna en los premios Mtv que tenía grabada y que había sido genial según me dijo), su madre que andaba en bata en la cocina nos miró a los dos con cara de sorpresa y le recordó a él que su padre estaba durmiendo la siesta, que no podía poner la música muy alta. Asi que los dos tuvimos que refugiarnos en el salón y una vez cerrada la puerta sentados en el suelo verla casi sin volumen para no despertarlo. Pareció decepcionado cuando tras repetírmela por segunda vez le dije que tenía que irme a clase, que ya me había perdido la primera hora y que no era plan. Pensaba que podíamos ir cine por la tarde me dijo . Lo siento – me excusé- otro dia si quieres.
Nos hemos despedido finalmente en el mismo banco en el que unas horas antes nos habíamos conocido personalmente, ya dándonos un beso en cada mejilla, aunque sin sonreírnos esta vez , quizás con cara de aburrimiento los dos.
La verdad estaba bastante enfadado, con él y conmigo mismo también, pues me había perdido la primera clase y dándome prisa incluso ya veríamos si llegaría a la segunda.
¿Acaso me interesa tener un amigo gay con el que sé que no puedo tener sexo? pensé. ¿Realmente tiene algún sentido salir por esos locales si no es para buscar únicamente alguien con quien enrollarme?. Me encantaría ser como ellos pero la verdad es que no lo soy y todas y cada una de las veces que he ido a alguna discoteca gay me he sentido como un marciano alli dentro, rodeado de musculitos, chicos guapísmos, chicos feísimos de lo más descarado. Lo dicho solo es sexo y nada más que sexo lo que creo que busco. Y en muchos casos si es posible no volver a ver a aquel con quien me lo he hecho, mas que nada por vergüenza y arrepentimiento desgraciadamente. Todo lo que va más allá como que me incomoda. En mis planes desde luego no figura pasar un fin de semana si y otro también metido en toda esa locura. Como mucho una vez al mes que es más o menos cuando ya no puedo aguantar más.
“Eres mu majo.Menkanto kncrte” ; nada más salir del metro e iniciar el camino hacía la facultad mi móvil vibró al recibir este mensaje suyo.
“Tu tb y muy guapo” le contesté.
“Un beso majo” me replicó el.
“Otro pa ti” le respondí.