140
14h18
Ella tiene unas manos muy blancas y con los dedos muy alargados y también, lo siento por ella, un novio de lo más plasta aunque muy guapo, lo que supongo que ayuda o de alguna manera lo compensa todo.
Está sentada a mi lado y cuando le pilló mirándome ella disimula cerrando los ojos y finge que se está relajando. Cuando soy yo el que soy descubierto por ella entonces me pongo a mirar hacia la calle, Paseo de Gracia y hago como si la cosa no fuera conmigo.
El mientras se encarga de todo, es decir, de guardar cola en la hamburguesería, recordar aquello que su novia quiere y pedirlo finalmente a la chica de turno. No parece muy complicado y ella parece agradecérselo, el que la deje estar sola, porque asi, no tiene porque pensar en el siguiente tema a sacar para cuando el actual se agote, no tiene que fingir que le importan sus historias, su vida, puede dedicarse únicamente a sus cosas, que son las verdaderamente importantes, nada que ver con las nimiedades que le preocupan a él según su punto de vista.
Cuando vuelve a donde estamos, nada más dejar la bandeja con los menús de ambos en la mesa le da un beso en la boca. Ella cruza los brazos entonces, como lo que es, alguien muy formal, una buena chica que no pega ni con cola con él.
-¿Se quedaron tus padres muy decepcionados conmigo?. Tengo la impresión de que esperaban a una especie de Elsa Pataky y bueno, aparecí yo
-No, ¡que va!, les encantaste, ¿no lo notaste?
-Me vendiste muy bien ante ellos, demasiado a lo mejor.
-Les dije la verdad, que mi chica es la mejor chica del mundo, la más guapa y que ya sabes, que te quiero un montón.
Mira de nuevo hacia abajo y cierra los ojos al oir esta última frase, finge relajarse, como hacía cuando yo le pillaba observándome y él entonces comienza a hablar, muy sonriente, a contarle sus últimas aventuras nocturnas, sus porros, las chicas que tiene detrás y a las que él tan gustosamente rechaza. Menudo pesado, tanto que creo que al rato a ella le duele la cabeza terriblemente, o que la hamburguesa no le está sentando demasiado bien. Todo es horrible gracias a sus historias de siempre ¡como no! seguro que piensa, hasta que gracias a Dios hace una pausa en las mismas para ir a comprar los postres. Ella no quiere nada pero él se va a atiborrar de helado para variar.
Ella, una vez que está sola, respira hondo y me mira primero a mi y muy tristemente a continuación hacia el suelo, preguntándose quizás, en ese momento, si a toda la gente le duele tanto como a ella que la dejen, porque si la respuesta es negativa lo tomaría hasta en consideración, es decir se lo plantearía ya mismo . “Tu y yo somos muy diferentes”. “No estoy segura de lo nuestro”. “El problema es mio no tuyo”. “No estoy pasando por un buen momento”.
Hay miles de frases típicas, que las chicas y chicos no dejan de decirse los unos a los otros y que nunca dejarán de lanzarse entre ellos en situaciones parecidas a la suya.
Esa es su mejor baza.
15h07
Después de la pareja de la chica quizás a punto de dejar al chico y del gay prepotente pero feo que ocupa sus sitio después de ellos, con el carnet gay de puntos repleto de puntos, escucha a Shakira a todo volumen, lleva unas enormes gafas de sol, se nota que no ha dormido todavía, mira al resto del mundo con una prepotencia increíble, justo cuando está a punto de expirar el plazo de las tres de la tarde que me he fijado para largarme de alli, con los cinco minutos de cortesía como siempre, de pronto aparece él, mi remedio, el milagro que esperaba .
Es uno de los muchos turistas que hay en Barcelona, rubio, de mi edad, con una cara muy sonriente y que bajando las escaleras solo puede dirigirse a los baños de la planta inferior.
Me levanto, llevaba media hora esperando un momento como este.
Su mano tapa toda su polla es lo primero que me doy cuenta al ponerme a su lado en los meaderos.
No lleva ropa interior es mi segundo descubrimiento. El trozo de sus piernas que deberían cubrir sus calzoncillos está al descubierto y como se ha desabrochado el pantalón y este se le cae un poco, prácticamente se le puede ver toda la cadera también y bueno me estoy poniendo a cien.
No voy a verle la polla, presiento justo cuando un montón de piel se acumula en lo que debe ser la punta de la misma y sobresale por entre sus dedos. El se echa hacia delante y atrás el pellejo una y otra vez, ¡Por favor que se la vea solo una vez! pienso yo que ya estoy con la mia descapullada por completo, empujándola hacia abajo, acariciándomela disimuladamente y disfrutando como un enano de lo poco que puedo.
Tiene unos huevos enormes que le veo cuando colocándose la polla hacia arriba finalmente comienza a abrocharse los pantalones y la bragueta de nuevo.
Pienso en ellos cerrando los ojos una vez que se ha ido y no tardo ni diez segundos en correrme. Al apartarme de la pila una nueva corriente de agua se lleva toda mi leche y yo claro, también me abrochó los pantalones de nuevo, tras el par de escalofríos habituales en estos casos.
Y como cabía esperar aquello que era tan excitante, ahora que pasado ese momento cumbre, resulta patético, como yo.
Es decir, la historia de siempre, con el arrepentimiento de siempre también, con la culpa como de costumbre al menos en estos momentos, también como sentada sobre mis hombros.
“No voy a hacerlo nunca más”.
La frase mil veces usada ya.
En la que por cierto no creo lo más mínimo.
16h30
Paraísos.
De vez en cuando todos descubrimos uno.
El último mio, durante las pasadas vacaciones, el gimnasio a esa hora de la tarde en que desgraciadamente ahora estoy en la tercera hora de clase. Normalmente puede haber uno o dos chicos guapos en los que me fijo pero ¿qué ocurre cuándo ese número llega a ser de ocho nueve o diez?, ¿cuándo no sabes de entre ellos a quien elegir, cuando resulta que puedes verlos en bolas a casi todos luego en la sauna o en las duchas?.
Desgraciadamente sin embargo nunca pasa nada y con los años parece como que la distancia entre el mundo real y el mundo tal y como me gustaría que fuera, se agranda y los chicos van a su bola, ni me miran y de sus conversaciones deduzco que tienen novia o les gustan las tias. Nunca vienen solos además, sino en grupo lo cual hace imposible cualquier acercamiento por mi parte.
El Corte Ingles fue uno de los primeros paraísos que descubrí. Cientos de tios buenísimos del extrarradio las tardes de los sábados comprándose ropa, discos, acompañando a sus amigos.
Desgraciadamente solo los viejetes de siempre, o los gays feísmos que incluso te miran por encima del hombro, ¡ como si ellos no estuvieran ahí por lo mismo que yo!, acuden religiosamente a los baños para lo que yo quiero. Puede que haya algún tio bueno de vez en cuando, debe ser entonces que yo no tengo la paciencia necesaria.
Esta tarde en la sección de DVDs un chico le comentaba a sus dos amigos, preocupado, algo acerca de una irritación que le había salido en la polla. Ellos trataban de tranquilizarlo diciéndole que claro, como follaba tanto últimamente. Tendrían unos dieciséis años y me deprimió un montón, me sentó fatal sin saber la razón, que ese chico follase ya tan joven como era, tan guapete.
19h00
Rafa ya conduce el coche de Marta.
Como predije lo suyo va muy en serio.
Ni siquiera me saluda cuando ella y Eva se bajan del mismo.
Marta me dice que tengo mala cara, de cansado. Yo mintiéndole le digo que anoche salí y que no he vuelto a casa hasta las diez de la mañana. Al menos que cuando se lo cuente a su novio lo sepa, me he olvidado de él.
El tiempo estudiando pasa muy deprisa, sin darme cuenta de pronto son las 23h35 y Rafa toca abajo en el portero automático de mi casa, pues ha venido a buscarlas.
Soy yo quien contesta y por lo menos, menos da una piedra, oye su voz de nuevo.
Marta y Eva se despiden de mis padres y de mi con un beso casi a continuación.
23h49
Salgo de la ducha. Me pongo el pijama, unos calcetines blancos recién lavados.
Me meto en la cama.
El gato se coloca a mi lado.
139
Pudo haberse conformado con humillarle por no tener ni idea de lo que había explicado solamente la semana pasada. Pero no, tal y como cabía esperar, a él (espero que no seas tú, nde2) le faltó el tiempo, para aprovechándose de la situación, entonces, revolver la máxima mierda posible y por eso , en cuanto que lo detectó y pudo, se puso manos a la obra , a buscar la frontera, o sea ese dia en el que su alumno le había perdido el hilo definitivamente, para asi, una vez localizado, poderle atacar sobre seguro y hundirle definitivamente.
Retrocedió hasta mediados de diciembre y tras tantearlo un poco, ante las evidencias que percibió, desde entonces el camino estaba ya libre, él a continuación desplegó todas sus armas brutalmente contra X, buscando el propósito antes dicho.
Nosotros entonces nos enteramos de todas sus notas, es decir de todos sus suspensos y fuimos también testigos de como más tarde, finalmente colocándolo contra la pared, comprobando que estaba vencido y sin posibilidad alguna ya de resistencia, para terminar le preguntó que ¿Qué es lo que se podía hacer ahora con él, con un desastre como el que había descubierto? . Y a mi me dio pena su falta de capacidad de respuesta, la de X. , aunque por otra parte que se cebase en él de esa manera, no lo negaré, me beneficiaba, pues ya no le daría el tiempo suficiente para elegir otra víctima que hundir en la tarima ese mismo dia como acababa de hacer con X.
Es un superhombre que en dias tan frios como estos aparece en mangas de camisa.
Es un “triunfador”, puedes comprobarlo por su coche cuando viene en coche, por su moto cuando viene en moto, por la ropa tan cara de marca que lleva, por cada cuanto renueva sus portátiles y le ves de pronto con el último modelo que ha salido al mercado, por el respeto con que el resto de profesores le trata pese a doblarle la edad casi.
Es el típico profesor que cuando tienes clase con él, todos los minutos y segundos de ese dia giran en torno a esa hora y media que parece como que le pertenece en exclusiva. Pasas el resto del dia calculando cuanto queda aún para que empiece la clase, para que termine.
De esos que cuando ves como continua explicando y termina de preguntar respiras profundamente.
De esos que cuando no tienes clases con él todo es completamente diferente y puedes hasta pensar en otra cosa que no sea su asignatura, la lista sobre su mesa y su bolígrafo dorado moviéndose por ella hacia arriba y abajo.
X se sentó poco después delante mio, mirándome antes de hacerlo como nunca me había mirado hasta ahora.
X es muy guapo y es una lástima que cada vez que abre la boca solo lo haga para decir tonterías, para difuminar esa imagen de chico solitario y sensible que yo me formé de él hace tiempo, en los primeros dias de clase que parecía no conocer a nadie.
X en el descanso entre clase no se fue al baño como yo hubiera hecho tras una humillación como esa.
X se fué con sus amigos al bar agarrándose a lo único que le quedaba, o sea, a la posibilidad totalmente ilimitada de insultarle y llamarle de todo a ese que lo había desarmado y desnudado académicamente hablando delante de todos. Era un hijo puta etc etc oí como decía muy precavidamente.
Y mientras, él por fin salió de clase, en mangas de camisa, con su abrigo gris de Burberrys bajo el brazo.
Y ante mi sorpresa, entonces me dirigió una mirada y una sonrisa, y un guiño, a mi que estaba sentado en el ultimo peldaño de la escalera esperando a que Marta y Eva salieran del baño.
“Adeu Alex” oí incluso como me dijo al pasar a mi lado.
Nunca saluda a nadie, ¿significa eso que le caigo bien, o que el próximo dia voy a ser yo contra quien va a arremeter? le pregunté a Marta nada más volver a verla.
J. es un caradura.
Revolviendo el arroz tres delicias en la sartén en la cocina de casa, preparándome la cena pensé eso.
J se aprovecha, me suelta toda su mierda, para dedicar todas sus energías a intrigar, a las rencillas internas que todo el mundo tiene alli con casi todo el mundo.
A las once y media tumbado en la cama, en chándal , viendo la televisión, con el portátil al lado, me ratifiqué en mis conclusiones.
Primer bip a las 23h35 , o sea primer mensaje suyo, que enciende el ordenador a esa hora.
(¡Que cabrón, tendría que decirle algo, pararle un poco los pies o por lo menos soltarle una indirecta)
Segundo, tercero, cuarto y quinto bip, o sea segundo tercero, cuarto y quinto mensaje suyo, tan solo un minuto después a las 23h36.
(No puedo más, ¿Cuándo saco tiempo?, ¿Ahora o mañana, levantándome media hora antes?. Todo es una puta mierda tio, mi futuro, mi vida, no puede ser esto, tiene que estar en algún otro sitio, desde luego no en Barcelona, con él, trabajando alli.)
Silencio más absoluto a continuación, por experiencia sé que no va a haber ya más bips, o lo que es lo mismo más mensajes suyos.
( Veamos, en realidad no tengo mucho sueño, en cuanto que me incorpore además el gato vendrá a sentarse en mi regazo, eso estará bien . Si, lo miraré todo antes de dormir, odio levantarme antes de tiempo. Eso si, ¡que cretino que eres Alex, en que mierdas te metes!)
138
Los que dicen que no escucho al corazón están en lo cierto.
Cada vez que se pone a hablar no puedo evitar el sentir un cierto desasosiego al oír como repite una vez más lo mismo de siempre.
Su mera voz por si sola ya me aburre, me hace sentirme de lo más incómodo, porque parece haberse quedado colgado tres años atrás por lo que me dice, como si el mundo no hubiera cambiado nada desde entonces .
Es como si fuera alguien que viste y a escucha únicamente música de los ochenta ahora que no estamos en ellos, o un nostálgico de los noventa, o alguien que echase de menos algo que ni siquiera llegó a ocurrir.
A veces, sin embargo, es cierto, lo reconozco, si que le concedo voz y voto.
Es en esos momentos en que mi cuerpo parece empequeñecerse de lo solo que me siento o estoy, o más bien podríamos decir he dejado que me dejen al rechazar todos sus planes. En esos momentos si, en los que como ya digo, él se me pone a dar consejos y yo no tengo más remedio que escucharle y entonces asentir en la oscuridad a todo aquello que me reprocha y me dice que debo cambiar. Pero la verdad , basta con que me ponga un poco en movimiento para que el resto de las partes de mi cuerpo también reclamen entonces la palabra y el protagonismo, y a partir de ese momento, entre todas sus voces, ahogan ya, hacen inaudible, aquello que mi corazón inútilmente trata de expresar.
Además, ¿qué sentido tiene escuchar a tu corazón cuando nadie lo hace ya?.
Ninguno.
Mis pies mientras, me presentan una queja por lo incómodo de los zapatos y mis ojos me reclaman un descanso. Y mi pelo echa de menos, me comenta, los dias en que cada dos o tres meses cambiaba e color, cuando no había un trabajo en el aparentar. Y mi corazón, ¿qué más importa lo que diga ya?, pues nada desgraciadamente.
Su voz resulta ridícula frente a todas esas otras voces, como yo lo soy cuando ciegamente le hago caso y hago el imbécil.
Dice siempre más en vez de decir menos, se extralimita, no piensa bien las cosas antes de que salgan de su boca, en resumidas cuentas es un desastre.
Marco, aquel chico portugues que quería ser mi novio hace casi un año, si que escuchaba a su corazón. Escuchaba. Hoy, esa misma persona que me acusaba de ir con gente de lo más superficial es uno más dentro de ese engranaje que él tanto criticaba, con sus modelos extravagantes, su pluma fingida, quien lo ha visto y quien lo ve, sus gestos altivos y el desprecio que se desprende cada vez que nos cruzamos de sus NO MIRADAS y sus NO PALABRAS hacia mi.
Pero yo ya aprendí y por este orden a mentir y a ser frio.
Y nada de esto puede ya quitarme ni un minuto de sueño.
El miércoles a la una del mediodía salía de unas oficinas cercanas a las Ramblas a las que había ido a entregar unos documentos.
Disponía pues, como no tenía que volver al trabajo, de cerca de una hora para mi.
Comencé a pasear por ellas después de casi un mes de no haber puesto los pies por alli.
De toda la gente que había comiendo en las terrazas me llamaron la atención un señor de unos cincuenta años que había junto a un chico de mi edad más o menos, a los que al pasar a su lado les estaban sirviendo una de esas paellas precocinadas que les venden como auténticas. ¿Será su padre?, no lo creí entonces por la forma en que se miraban, ¿Serán amantes?, el chico tenía aspecto de norteamericano como él, asi que no me pareció probable que fuera un ligue que se echara la noche anterior –comencé a pensar una vez que los dejé a ambos atrás. ¿Qué habría pasado conmigo si hubiera aceptado la invitación que me hizo Boris el verano pasado para irnos a Ibiza él y yo? , ¿hubiéramos comido también juntos como ellos dos en una terraza junto al resto de los turistas?, ¿seguiríamos hoy viéndonos?, ¿sería mi vida mejor o peor de lo que lo es ahora?. Monté también una pequeña historia en mi cabeza tratando de responder a todas esas preguntas, pequeña porque de pronto los gritos de unos moros “peleándose” entre ellos llamaron mi atención. Los típicos timadores, me di cuenta nada más verlos de cerca, a la espera, tratando de llamar la atención de todos aquellos que se acaban de bajar de los cruceros y que se creen más listos que ellos, que pese a las advertencias que les hacen a bordo los van a desafiar en el juego de los tres vasos y la bolita creyendo que van a ganarles y no, que va, para nada.
Había un chico muy guapo sentado en las escaleras de la Placa del Teatre. Al pasar a su lado me pregunté si sería uno de los muchos chaperos que en teoría pululan por Las Ramblas. Tenía el pelo largo y rizado,un monopatín a sus pies, iba vestido con un chándal azul oscuro y , al pasar unos segundos más tarde detrás suyo me di cuenta que para quien quisiera, también dejaba al aire un gran trozo de su espalda, de una piel muy blanca, y la parte superior de unos calzoncillos blancos también, Calvin Klein creo. Pensé en quedarme por alli cerca para ver como funciona todo eso pero finalmente no lo hice. Tenía un hombre marroquí también detrás suyo, apoyado en el monumento, manoseándose sin disimulo alguno el paquete y sin quitarle la vista de encima. Di una vuelta más, volví a verle la cara y seguí camino del metro. Podría haber sido mi amigo, podría haberme enseñado a follar, podríamos los dos habernos convertidos en inseparables, yéndonos a vivir, a viajar siempre juntos, podría haber cambiado mi vida, haberla puesto boca abajo para luego colocarla de nuevo en posición normal pero más llena y divertida....
Me gusta tener tiempo libre, caminar, estar de pronto por circunstancias de la vida en una calle en el que en teoria no pensaba que ese dia iba a estar, dejarme llevar por la imaginación, dejarme llevar por la imaginación que en el fondo ¿no es sino escuchar un poco al corazón?, ¿o no, pues es algo completamente diferente, algo que tu tienes siempre bajo control, que nunca puede dejarte fuera de juego ante los demás?
No lo sé la verdad.
137
Tocaba la guitarra.
En mi pequeña habitación, sentado de costado en la cama, casi siempre mirando al suelo o sino, en su defecto, con la vista clavada en una Union Jack que tenía pegada con chinchetas en la pared.
Y también cantaba a veces , o mejor dicho susurraba. Siempre en falsete, con los ojos cerrados, como tratando de concentrarme en aquello que hacía o todo lo contrario quien sabe.
Me grababa en un radio casette cada vez que mis padres me dejaban solo en casa. Luego tocaba escucharme en los cascos, entonando yo esas “canciones” que eran mías y solo mías, y para que negarlo, todas o casi todas ellas me gustaban mucho la verdad pero me temo que más por la persona a la que estaban dedicadas y las circunstancias en las que habían nacido que por su calidad.
En un año (2002) llegué a componer unas treinta.
Escribía en la portada del cassete los títulos de la mismas y el dia y la hora a la que estábamos.
Luego pasaba las letras a limpio en una agenda de la Fnac que tenía, poniendo su nombre a bolígrafo rojo y escribiendo en tinta azul debajo la letras completas, estribillos y parte central, y al final de las mismas, en color negro el dia o el mes en que habían sido compuestas.
Y ya para finalizar, guardaba todo al final al fondo del armario, dentro de una vieja caja metálica de galletas que por cierto también contenía algunos preservativos a los que yo sabía que era imposible dar uso a corto plazo pese a mis intenciones, como el resto de mis amigos, y cuatro o cinco llaveros de publicidad de la empresa de mi padre y de otras empresas que no tenía ni idea a lo que se dedicaban.
Primero fue una guitarra española
Era de segunda mano y por eso no me importó mucho deshacerme luego de ella.
La estrené en uno de los cuartos de los bajos de la parroquia a la que mis padres todavía van a misa. Yo, por supuesto, no quería ir alli a aprender a tocarla, no me interesaban nada las rancheras, Serrat, los villancicos, los boleros o Perales. Eramos dos chicas muy feas y yo y un cura claro está. Todos los sábados por la mañana durante un curso escolar que fue lo que aguanté.
En Junio del 2003 al terminar el colegio vendí esa, mi primera guitarra, me acuerdo y mis padres entonces me compraron por fin una eléctrica. Y a veces es curioso lo que puede llegar enseñar a mostrarte de ti mismo un objeto inanimado que de repente entra en tu vida, no por casualidad pero tampoco por algo muy diferente a ella.
Había un par de chicos en el colegio que tenían cada uno de ellos un grupo de música.
En septiembre del 2003, nada más reiniciarse las clases, los dos andaban buscando respectivamente como locos un guitarrista. Yo me los cruzaba por los pasillos pero fuí incapaz de decirles algo la verdad, pues no eran de mi clase, hasta ese, el dia en que finalmente si que me atreví a hablar con uno de ellos que me dijo que ya era demasiado tarde, que “mi puesto” ya había sido ocupado. No obstante, si que me dio el teléfono de ese otro chico por si acaso, pero al cabo de unos dias cuando por fin le llamé más o menos él me vino a decir lo mismo, bueno no exactamente lo mismo, porque al intentar averiguar en que grupo de clases estaba y quien era, yo como que le corté entonces, deseando mantener mi anonimato a toda costa, en vista que no tenía sitio para mi, no sé muy bien porque tipo de vergüenza o miedo.
Y seguí tocando ya digo a solas en mi habitación, mirando al suelo o a la bandera inglesa, y cantando en falsete también y grabando cada vez que mis padres se iban de casa.
Más o menos compuse otras treinta hasta que por fin llegó el verano del 2004.
Nunca dije nada a Joan que era mi mejor amigo entonces que tenía una guitarra eléctrica. La escondía bajo la cama cada vez que subía a casa.
Muchas de esas tardes, mirando al mástil o a mis dedos colocados de una determinada forma sobre el traste, empecé a sentir cosas muy extrañas por primera vez. Fue como como si ella, la guitarra, a medida que me iba conociendo me las fuera susurrando.
“Nunca tocarás en un grupo o serás como ellos, estás condenado a estar solo, triste y nada más”.
Dejé de “componer” en el otoño del 2004 nada más entrar en la facultad.
Apenas he tocado la guitarra desde entonces.
La primavera siguiente al leer un dia por aburrimiento esas letras que yo mismo había escrito, al escuchar mi voz en los cascos de nuevo, sentí vergüenza ajena.
Asi que poniendo a salvo únicamente de entre todos sus contenidos los cuatro o cinco llaveros sin usar que había dentro, encerré de nuevo pero esta vez definitivamente dentro de la caja de galletas, junto a los preservativos, la agenda y las cassettes de las canciones. Y a continuación, envolviéndola en una bolsa de plástico, decididamente tras bajar a la calle, la tiré a un contenedor claro, para de esa forma, nunca más saber ya de ellas,de esas canciones, y de ellos, todos esos requisitos que yo reunía por completo para acabar tal y como tanto temía acabar.
Pero no, no tiré o regale o vendí la guitarra a nadie a continuación como cabía esperar.
Mi madre cada vez que hace limpieza en mi cuarto, o quiere que la haga yo, estas pasadas Navidades por ejemplo, siempre me lo propone. Ocupa mucho espacio me dice, está cubierta de polvo y ya no la uso, por lo tanto ¿para que la quiero?.
No lo sé la verdad pero el caso es que sigue aquí, bajo la cama, con una cuerda rota y las otras cinco totalmente desafinadas supongo.
Quizás la vuelva a necesitar un dia. Nunca se sabe.
En mi pequeña habitación, sentado de costado en la cama, casi siempre mirando al suelo o sino, en su defecto, con la vista clavada en una Union Jack que tenía pegada con chinchetas en la pared.
Y también cantaba a veces , o mejor dicho susurraba. Siempre en falsete, con los ojos cerrados, como tratando de concentrarme en aquello que hacía o todo lo contrario quien sabe.
Me grababa en un radio casette cada vez que mis padres me dejaban solo en casa. Luego tocaba escucharme en los cascos, entonando yo esas “canciones” que eran mías y solo mías, y para que negarlo, todas o casi todas ellas me gustaban mucho la verdad pero me temo que más por la persona a la que estaban dedicadas y las circunstancias en las que habían nacido que por su calidad.
En un año (2002) llegué a componer unas treinta.
Escribía en la portada del cassete los títulos de la mismas y el dia y la hora a la que estábamos.
Luego pasaba las letras a limpio en una agenda de la Fnac que tenía, poniendo su nombre a bolígrafo rojo y escribiendo en tinta azul debajo la letras completas, estribillos y parte central, y al final de las mismas, en color negro el dia o el mes en que habían sido compuestas.
Y ya para finalizar, guardaba todo al final al fondo del armario, dentro de una vieja caja metálica de galletas que por cierto también contenía algunos preservativos a los que yo sabía que era imposible dar uso a corto plazo pese a mis intenciones, como el resto de mis amigos, y cuatro o cinco llaveros de publicidad de la empresa de mi padre y de otras empresas que no tenía ni idea a lo que se dedicaban.
Primero fue una guitarra española
Era de segunda mano y por eso no me importó mucho deshacerme luego de ella.
La estrené en uno de los cuartos de los bajos de la parroquia a la que mis padres todavía van a misa. Yo, por supuesto, no quería ir alli a aprender a tocarla, no me interesaban nada las rancheras, Serrat, los villancicos, los boleros o Perales. Eramos dos chicas muy feas y yo y un cura claro está. Todos los sábados por la mañana durante un curso escolar que fue lo que aguanté.
En Junio del 2003 al terminar el colegio vendí esa, mi primera guitarra, me acuerdo y mis padres entonces me compraron por fin una eléctrica. Y a veces es curioso lo que puede llegar enseñar a mostrarte de ti mismo un objeto inanimado que de repente entra en tu vida, no por casualidad pero tampoco por algo muy diferente a ella.
Había un par de chicos en el colegio que tenían cada uno de ellos un grupo de música.
En septiembre del 2003, nada más reiniciarse las clases, los dos andaban buscando respectivamente como locos un guitarrista. Yo me los cruzaba por los pasillos pero fuí incapaz de decirles algo la verdad, pues no eran de mi clase, hasta ese, el dia en que finalmente si que me atreví a hablar con uno de ellos que me dijo que ya era demasiado tarde, que “mi puesto” ya había sido ocupado. No obstante, si que me dio el teléfono de ese otro chico por si acaso, pero al cabo de unos dias cuando por fin le llamé más o menos él me vino a decir lo mismo, bueno no exactamente lo mismo, porque al intentar averiguar en que grupo de clases estaba y quien era, yo como que le corté entonces, deseando mantener mi anonimato a toda costa, en vista que no tenía sitio para mi, no sé muy bien porque tipo de vergüenza o miedo.
Y seguí tocando ya digo a solas en mi habitación, mirando al suelo o a la bandera inglesa, y cantando en falsete también y grabando cada vez que mis padres se iban de casa.
Más o menos compuse otras treinta hasta que por fin llegó el verano del 2004.
Nunca dije nada a Joan que era mi mejor amigo entonces que tenía una guitarra eléctrica. La escondía bajo la cama cada vez que subía a casa.
Muchas de esas tardes, mirando al mástil o a mis dedos colocados de una determinada forma sobre el traste, empecé a sentir cosas muy extrañas por primera vez. Fue como como si ella, la guitarra, a medida que me iba conociendo me las fuera susurrando.
“Nunca tocarás en un grupo o serás como ellos, estás condenado a estar solo, triste y nada más”.
Dejé de “componer” en el otoño del 2004 nada más entrar en la facultad.
Apenas he tocado la guitarra desde entonces.
La primavera siguiente al leer un dia por aburrimiento esas letras que yo mismo había escrito, al escuchar mi voz en los cascos de nuevo, sentí vergüenza ajena.
Asi que poniendo a salvo únicamente de entre todos sus contenidos los cuatro o cinco llaveros sin usar que había dentro, encerré de nuevo pero esta vez definitivamente dentro de la caja de galletas, junto a los preservativos, la agenda y las cassettes de las canciones. Y a continuación, envolviéndola en una bolsa de plástico, decididamente tras bajar a la calle, la tiré a un contenedor claro, para de esa forma, nunca más saber ya de ellas,de esas canciones, y de ellos, todos esos requisitos que yo reunía por completo para acabar tal y como tanto temía acabar.
Pero no, no tiré o regale o vendí la guitarra a nadie a continuación como cabía esperar.
Mi madre cada vez que hace limpieza en mi cuarto, o quiere que la haga yo, estas pasadas Navidades por ejemplo, siempre me lo propone. Ocupa mucho espacio me dice, está cubierta de polvo y ya no la uso, por lo tanto ¿para que la quiero?.
No lo sé la verdad pero el caso es que sigue aquí, bajo la cama, con una cuerda rota y las otras cinco totalmente desafinadas supongo.
Quizás la vuelva a necesitar un dia. Nunca se sabe.
136
A. miró lo más lejos que podía, que no era mucho, y vió su mesa de estudio llena de libros, apuntes, cuadernos y una calculadora sobre todos ellos, como vigilándolo todo.
En uno de sus extremos estaba su ordenador apagado y justo al incorporarse de la cama, ayer, al verlo A. más de cerca, se percató de ello. Habían pasado esas dos semanas que se había marcado como plazo, en las que se había propuesto encenderlo solo para comprobar el correo y nada más.
Ahora toca volver se dijo despejándose un poco.
A. se sentó entonces, en plena madrugada, frente a él y le dió por pensar que, aunque por un lado parecía que habían pasado años desde la última vez que había actualizado ese, su blog que alguien más leía al parecer, por otro lado también podía llegar a sentir justo todo lo contrario, es decir, que todavía estaba cansado y aburrido de seguir contando sus penas y alegrías de esa, la única forma en que lo hacía y sabía hacer de momento, no había descansado lo suficiente. Su vida por lo que contaba (o mejor dicho no contaba) a la gente que le rodeaba, era una vida sin grandes oscilaciones o pasiones, muy lineal. No tenía excesiva confianza con nadie, unos conocían un trozo de su vida, otros otro, pero nadie tenía una visión de conjunto de la misma. Asi que era mejor antes que guardárselo solo para él mismo contarlo todo en un anónimo blog pensó de nuevo a modo de justificación.
Decidió que en su vuelta escribiría acerca de alguien que hubiera conocido durante esas dos semanas de ausencia que había tenido.
Podría elegir entre él , alguien que pertenecía al mundo real, al que habría tratado en persona, de tu a tu, o aquellos otros que nacieron también en dicho mundo real pero cuya trayectoría transcurría luego en su mayoría dentro de su cabeza, o finalmente incluso podía decantarse por aquellos que nunca existieron, que nacieron una tarde aburrida en su cabeza y que nunca jamás podrán llegar a tener existencia fuera de ella.
Se decidió finalmente por la primera opción, pues los del segundo y el tercer grupo se dió cuenta le deprimían tanto ahora, era tan frustrante el pensar que nunca se materializarían o de hacerlo no lo harían tal y como el quería.
I. había aparecido por primera vez en su vida gracias a Genis como no.En la noche anterior al Año Nuevo, dentro de una cafetería donde todos habían quedado para merendar. Era el típico chaval supercerrado aún, que no había salido apenas por el ambiente.
A. se dió cuenta que le miró varias veces entre taza y taza de chocolate, entre partida y partida de dardos. Asi que A., sobre todo en vista de la erección que aquello le provocaba, finalmente se le acercó para decirle cualquier tontería y bueno, aquello y una desastrosa partida de billar por parte de los dos fue el comienzo de todo.
No era la primera vez que A. "triunfaba" con alguien recién llegado, luego eso si todos encontraban algo más interesante y la historia encontraba el final por si misma.
Además y como A. es muy torpe en eso de la seducción y muy lento e indeciso también, por eso no fué que hasta casi hasta el final de esa noche A. e I. no se enrollaron. A las cinco sino recuerdo mal por fin A le besó en la boca a I. que entonces no le apartó de él, como A. temía, sino más bien todo lo contrario pues atrayéndolo hacia si y metiéndole la mano bajo el vaquero I. le empezó a hacerle una paja y entonces A. se dió cuenta que....I. se la habia sacado, sin verguenza alguna, estaba todo demasiado oscuro para que alguien se la viera pero pese a todo....
No era muy grande pero si que estaba muy húmeda y empalmada, tanto que apenas quedaba espacio entre la polla y el pubis de I. para que A. metiera la mano y se la pudiera machacar también. A se moría de ganas de chupársela a ratos, pero como estaba ya a punto de correrse como que no lo iba a hacer. I. se corrió en su mano antes de lo que A. esperaba, no mucho pero si super densa su leche. A los pocos segundo A. lo hizó también pero dentro de los boxers pues le daba verguenza sacársela fuera como I. le había insistído una y otra vez.
A. e I. pasaron la nochevieja juntos. En la casa de A. en el Garraf que estaba helada de frio por cierto a excepción de su pequeño cuarto, sin que sus padres supieran nada por supuesto.
A. le comió la polla a I. cinco veces e I. a A. tres veces, como buen novato mordiéndola en vez de chupándola, clavando los dientes en vez de acariciándola con la lengua.
I. se corríó en la cara de A. e I. en la de A.
A. se corrió en la boca de I. dos veces e I. en la de A. otras dos.
Ambos lo escupieron.
I. tenía diecisiete años y A. a veces pensaba en eso pero luego procuraba olvidarlo, a base de meterse su polla en la boca, besarle alocadamente.
A. intentó dar por culo a I. pero por inexperiencia no lo consiguió, lo mismo que I. después a A. fracasando también por el mismo motivo.
A. recordó entonces una vieja historia y sujetándole las piernas hacia atrás, A. le echó algo de champán a I. por los huevos para a continuación, al comenzar a caerle por el culo, ponerse a comérselo fuera de si, super excitado, durante unos cuantos minutos.
I. le hizo lo mismo después.
A A. le encantó humillarse delante de I. unas veces, sentirse su dueño otras.
A las ocho de la mañana los dos por fin ya decidieron ponerse a dormir.
A. estaba nervioso por si sus padres por sorpresa iban a darse una vuelta por la casa.
A. al volver pensó decirle por lo menos alguno de los cumplidos que uno tras otro se le pasaban por la cabeza a I. pero sin embargo se calló. Aquello que en unos momentos parece lo mejor, visto luego en perspectiva no es sino ridículo, eso si que lo tiene ya más que aprendido.
A le dió una semana a I., sabía que le volvería a llamar para repetir.
Luego probablemente I. ya no llamaría más.
Y A. pues como que tampoco lo haría.
